El plan era sencillo. Ir al desierto de Oklahoma, entrar a la base donde tenían todas sus pruebas, experimentos e información, y destruirlas.
El equipo en un principio había querido esperar a que Andy estuviera curada del virus, para no tener que lidiar con el tema de las pesadillas en el proceso. Pero Andy quiso que accionaran cuanto antes. Y finalmente, hicieron lo que ella quiso, porque en el fondo todos sabían que lo mejor era terminar el asunto lo más rápido posible.
Así que dejaron a David en lo de Copley, en Watlington, y luego tomaron un vuelo a Oklahoma.
Observaron la base por una semana. Andy quería tener todo estudiado a la perfección, y todos la dejaron guiar porque confiaban en ella.
— Nile viene conmigo, nosotras entraremos primero y por el frente para atraer la atención hacia nosotras. Después entrarán ustedes: Nicky y Quynh, ustedes irán por atrás, Booker y Joe, ustedes por el medio. Quiero que destruyan toda prueba que encuentren de nosotros. — Indicó ella a su equipo.
— ¿Qué hay de los guardias? — Preguntó Nile.
— Ellos saben de nosotros, si nos enfrentan hay que deshacernos de ellos. — Respondió ella.
A Nile todavía le costaba esa parte, no le gustaba eso de matar a quien se cruzara en el camino de ellos. Todos la entendían porque ninguno era fanático de matar, por más que sus misiones más de una vez los pusiera en esas situaciones. Y esta situación era extrema, por lo que iban a tener que arrasar todo a su paso.
— ¿Prefieres ir con Booker y que Joe venga conmigo? — Le ofreció ella una alternativa.
Nile agradeció que Andy le ofreciera otra opción, pero sabía que sin importar con quién fuera y cuál fuera su tarea específica, iba a tener que matar seguramente a alguna persona en el camino. Así que eligió lo que Andy había planeado en un principio, valorando que confíe en ella y la elija como su par.
— No, está bien, voy con vos, puedo hacerlo. — Aceptó Nile.
Se prepararon, desactivaron las cámaras de seguridad de la base y luego entraron.
Fueron avanzando y destruyendo todo a su paso. Nicky y Quynh se encargaron de destruir los documentos sobre investigaciones históricas de ellos, Booker y Joe se encargaron de destruir pruebas fotográficas y de video; y Andy y Nile se encargaron de cubrirlos y mantener ocupados a los guardias.
Luego, todos juntos se dirigieron al laboratorio. Allí destruyeron sus historias médicas, los experimentos que les habían hecho y el virus de los recuerdos.
— Ya están todos los explosivos colocados. — Informó Booker.
— Buen momento para irnos. — Dijo Nile ante eso.
Todos empezaron a moverse con intenciones de irse, pero Andy seguía revisando el espacio, como si estuviera esperando otra cosa.
— Andy. — La llamó Nicky. — Hay que movernos. — Dijo.
— Lo sé. — Afirmó ella, pero no se movió de donde estaba.
— ¿Qué sucede? — Pidió saber Joe.
— Es que tengo una sensación extraña. — Respondió ella, continuando su exploración del espacio. — Algo no está bien, estuvo todo demasiado sencillo. — Expresó su preocupación.
— Tampoco fue tan sencillo, ¿no viste todos los guardias a los que tuvimos que enfrentarnos? — Dijo Nile, negando con su cabeza.
— Seguiremos repensando esto, pero ahora es momento de irnos. — Dijo Nicky, intentando convencerla.
Finalmente Andy le hizo caso y avanzó con todos para salir de esa base. Estaban por llegar a la salida, cuando una voz sonó por todo el espacio llamando la atención.
— Andromache the Scythian y su ejército de inmortales. — Dijo la voz extraña. — Sabía que tarde o temprano iban a venir. — Comentó con satisfacción.
Entre todos intentaron identificar de dónde venía la voz.
— No van a poder encontrarme, no estoy allí con ustedes. — Les dejo saber el extraño.
— ¿Qué quieres? — Preguntó ella.
— Por empezar, tu atención. Tengo un pendrive conmigo donde tengo grabados tus recuerdos traumáticos. Sé todo de vos Andromache y estoy dispuesto a exponerlo al mundo, al menos que claro, estés dispuesta a vernos en persona. — Dijo, soltando las palabras lentamente.
— Eso es imposible, todas las grabaciones de mis recuerdos fueron borradas. — Dijo ella, chequeando con su equipo que así fuera.
— Ustedes piensan que borraron todo, pero lo que no sabían es que la doctora Kozak me pasó todos tus recuerdos por correo electrónico. Lo hizo hasta que la detuvieron y la mataron. Por lo que tengo casi todos, solo me faltan los de ¿los últimos cuatrocientos años? — Informó con calma.
— ¿Cómo sé que no lo estás inventando, que no es una estrategia que estás usando para ponernos una trampa? — Preguntó ella.
— Tendrás que tomar el riesgo o haré volar en pedazos la ciudad de Nueva York. Mi nombre es Liam Kozak. — Respondió esa persona extraña.
La voz no se escuchó más después de eso y los parlantes empezaron a hacer un ruido extraño, como si hubiera interferencia o estarían funcionando mal. El equipo salió de la base y luego detonaron los explosivos para destruirla.
Copley investigó a Liam Kozak. Era primo de la doctora Meta Kozak y efectivamente vivía en Nueva York.
El equipo viajó a Nueva York. No sabían si Liam estaba diciendo la verdad respecto a tener los recuerdos de Andy, pero era un riesgo que no podían correr. Sus recuerdos eran demasiado importantes como para que estuvieran en las manos equivocadas. Además tampoco podían arriesgarse a que en verdad estuviera preparado cómo para explotar la ciudad de Nueva York.
Una semana después de estar en Nueva York y recorrer cada rincón de la ciudad buscando a aquel hombre, finalmente dieron con él. Aunque lo dieron de una manera que todos habrían preferido evitar. Lo vieron en las noticias, Liam estaba en la quinta avenida y tenía la bomba con él.
Con la ayuda de Copley se lograron infiltrar en el operativo del equipo policial antiterrorista y de negociaciones en situaciones de toma de rehenes. Tenían que esperar las órdenes por parte de quien estaba a cargo del operativo o que se les diera el momento ideal para poder accionar. Mientras tanto era preferible que los mortales manejen la situación.
La situación estaba congelada. El problema era que la bomba tenía un censor que si a Liam le disparaban, haría que esta se activará.
Andy, finalmente perdió la paciencia. No le importó los protocolos, ni las formalidades. Ella pasó los controles y entró en la escena como si nada. Fue hacia el encuentro con Liam y lo apuntó con su pistola.
— Eres vos. — Dijo Liam, reconociéndola.
— Soy yo. — Afirmó ella. — Estoy acá como me pediste, así que quítate la bomba y terminemos con esto. — Pidió, aunque con la autoridad que lo dijo pareció más ser una orden.
— ¿Sabes por qué hago esto? — Preguntó él.
— ¿Importa? — Retrucó ella. — Conozco a la gente como vos, nadie que hace este tipo de cosas tiene buenas intenciones. — Agregó.
— ¿Y la gente como vos? — Cuestionó él. — Eres una máquina de matar. — La acusó.
— Lo soy, y estoy dispuesta a matarte si eso significa que no destruyas esta ciudad y las personas que están aquí cerca. — Admitió ella.
Mientras conversaban Andy fue avanzando estratégicamente, para hacerlo mover a Liam hacia donde ella quería. Había un pozo de electricidad o agua en medio de la calle, eso iba a servir. Estaba en reparación, tenía cintas y conos alrededor; por lo que significaba que la tapa estaba abierta.
— No entiendo porque mi prima estaba obsesionada con ustedes, como no se pudo dar cuenta el gran mal que son. Debería haber buscado la manera de matarlos, no de crear más personas como ustedes. — Expresó su bronca y enojo, su odio.
— Entonces mátame. — Lo desafió ella.
— Eso planeo. — Afirmó él. — ¿No te das cuenta que esa es la idea? Estuve viendo todos los recuerdos de tus muertes una y otra vez, y llegué a una conclusión. Si no hay cuerpo, no hay inmortal que pueda regresar a la vida. — Explicó mientras jugaba con los cables de su bomba.
Andy agradeció que ese hombre no haya llegado a ver los recuerdos de los últimos cuatrocientos años, porque si lo hubiera hecho habría comprobado que los inmortales sobreviven a las bombas.
Ese era el momento de accionar. Ella sabía que eso iba a doler, pero ella ya había sobrevivido a bombas anteriormente. No podía arriesgarse a que ese hombre activara la bomba en medio de la calle, haciendo que mueran personas inocentes. Así que abandonó su pistola y corrió al otro. Liam se sorprendió tanto de su reacción, que ni siquiera se defendió. Andy lo empujó y ambos cayeron al pozo. En la caída Liam activó la bomba.
La bomba explotó. El pozo mantuvo la mayor parte de la explosión contenida bajo la superficie, pero aún así el asfalto de casi toda la calle se rompió, saliendo disparado en el aire por el impacto. Hubo un par de heridos, pero por suerte nada grave ya que la policía había mantenido la calle despejada desde hace largo rato.
— ¡Andy! — Exclamó Nile, intentando de avanzar hacia la escena.
— No podemos ir por ella ahora. — Dijo Joe deteniéndola.
— Pero… — Comenzó Nile a protestar.
— Es demasiado peligroso. — La interrumpió Nicky.
— Ella va a estar bien, es inmortal. — Le recordó Booker.
— Ya ha sobrevivido a otras bombas. — Agregó Joe, buscando calmarla.
— Tenemos que encargarnos de que nadie la busque. — Dijo Quynh, al ver que la escena empezaba a volverse un caos.
— Podemos decirle a Copley que nos de un registro de radiación o algo del estilo, para mantener a policías, FBI, CIA, lejos de la escena. — Propuso Nile.
Era una buena idea, así que eso hicieron. Copley les consiguió documentación falsa que indicaba que eran un equipo antibombas del FBT. Ellos dieron un informe de que la bomba era radioactiva y por eso la escena debía mantenerse vacía, y la calle cerrarse por varios días hasta comprobar que fuera seguro poder transitar por ella.
Fue bastante estresante manejar esa escena. Pero lo lograron.
Lo que no lograron fue detener el impacto social de la acción heroica de Andy. Un vecino había filmado todo con su celular desde un edificio y lo compartió en sus redes sociales. El video se hizo viral. Y aunque no tenía sonido, las acciones se veían claramente. Andy había sacrificado su vida para que la bomba no explotará al aire libre y así evitar que hubiera heridos.
Además, gracias al video ella fue identificada como Andrea Smythe, la bombera griega. Por lo que iban a tener que evitar que Andy utilizara esa identidad y que no visitará Estados Unidos ni Grecia por unos cuantos años.
A Andy le llevó unas treinta horas regenerarse. Fue caótico y doloroso, pero estaba entera una vez más. Cuando despertó se encontró que no estaba sola, sino que Quynh estaba a su lado.
— Ya era hora de que volvieras por completo. — Le reprochó Quynh.
— Si, supongo que sí. — Coincidió ella. — Había olvidado lo doloroso que era esto. — Comentó, estirando sus músculos.
— ¿Estás bien? — Preguntó Quynh, con preocupación todavía presente en su voz.
— Estoy entera, así que si, bien. — Respondió ella, tomándose un momento para sentir cada parte de su cuerpo.
— Bien, eso está bien. — Aceptó Quynh, suspirando aliviada.
Quynh le entregó la ropa que tenía preparada para ella. Una vez que Andy estaba vestida, caminaron por los túneles subterráneos tomadas de la mano y recién salieron a la superficie cuando estuvieron lo más lejos posible de dónde había sido la escena con la bomba.
Decidieron ir caminando hacia el departamento donde las estaba esperando el equipo, porque Andy necesitaba eso para despejar su mente.
En el camino compartieron un par de cigarrillos. Se mantuvieron en silencio, ya que ambas estaban intentando asimilar todo lo que había ocurrido. En un momento, cuando pasaron por un bar, pudieron ver que en la televisión estaban pasando las imágenes de ella y Liam. Mierda, que haya quedado filmado y la hayan reconocido como "Andrea Smythe, la bombera griega" les iba a traer muchos dolores de cabeza.
Caminaron hasta llegar al puente de Brooklyn y se sentaron allí a ver el atardecer, esperando que eso pueda traerles un poco de paz. Luego, continuaron camino hacia la dirección.
Cuando entraron al departamento se encontraron con algo que no habían esperado y las hizo sonreír. Estaban todos los inmortales amasando pizzas con David y Copley. Andy le hizo señas a Quynh para que se quedara en silencio. Andy los miró un par de minutos, sin hacer conocer su presencia. Disfrutó de observar la dinámica. Ellos eran su familia y los amaba.
Los otros recién notaron la presencia de ellas cuando Amazonas dio un fuerte ladrido y salió corriendo al encuentro con Andy.
— Andy. — Dijo Joe con una gran sonrisa, viendo como ella acariciaba a su perra felizmente.
Joe corrió hacia ella y la abrazó, levantándola en el aire como siempre le gustaba hacerlo después de pasar tiempo separados.
Después fue el turno de Nicky, y el de Booker, y el de Nile. Incluso David y Copley también tuvieron sus turnos. Todos la recibieron con abrazos. Ella dejó que esa noche la cuiden, les dio ese gusto, se lo merecían después del susto que les había hecho sentir con la bomba. Hubo un par de reproches al respecto, pero fueron totalmente entendibles. Cenaron todos juntos y después para dormir en paz se turnaron para hacer vigilancia.
Al otro día se fueron a Bostón. La idea era quedarse allí un par de meses, hasta que el tema de la bomba ya no fuera una primicia.
— Bueno, hora de hacer mi magia. — Dijo Nile.
— ¿Estás segura de esto? — Preguntó ella.
— ¿Querés pasar todos los días encerrada en esta casa hasta que podamos irnos de este país o queres salir? — Pidió saber Nile.
— Quiero salir. — Respondió ella con sinceridad.
— Entonces confía, un cambio de look es lo que necesitas para no parecerte tanto a vos misma. — Aseguró Nile.
Andy confió y dejó que Nile le hiciera un cambio de look. Según ella esa era la mejor manera de que no llamara la atención, no parecerse a su yo de su video viral. Nile la tiñó, luego le secó el pelo y le hizo un peinado con bucles.
— Perfecta. — Apreció Nile su trabajo.
— Gracias. — Agradeció ella.
Se miró al espejo y se sorprendió al verse. Nile había hecho un buen trabajo, el color rubio platinado le daba una actitud totalmente diferente a su color natural castaño oscuro. Era raro verse así, ella nunca se había cambiado el color de cabello.
Respiró hondo y fue al encuentro con el resto del equipo para que dejen saber sus opiniones.
— ¿Y? ¿Qué opinan? — Les preguntó Nile, señalando a Andy, orgullosa de su trabajo.
— Increíble. — Dijo Joe, observándola maravillado.
— Hermosa. — Apreció Nicky.
— No te imaginaba rubia, pero me gusta. — Asintió Booker.
— Gracias. — Agradeció ella, porque sus reacciones habían hecho que se fueran sus nervios.
— Aunque tenemos un pequeño problema. — Advirtió Booker.
— ¿Cuál? — Preguntó Nile confundida.
— Que no sé cómo pretendes que no llame la atención cuando parece una estrella de cine. — Respondió Booker.
Todos rieron ante ese comentario. Luego empezaron a hacer chistes y compararla con diferentes actrices.
De pronto, Quynh salió de su habitación y llamó su atención. Le hizo una señas, indicando que quería hablar con ella.
Andy la siguió hacia el pequeño jardín que tenía. Ambas se sentaron en el pasto, compartiendo y disfrutando del silencio por un par de minutos.
— Te queda lindo el rubio. — Dijo Quynh, rompiendo el silencio.
— ¿Te parece? — Preguntó ella, sintiéndose algo nerviosa porque la opinión de la otra sobre su apariencia era la que más le importaba.
— Pareces una diosa. — Respondió Quynh con sinceridad.
— Gracias. — Agradeció ella. — Lo voy a tomar como un halago, aunque no me interesa ni quiera ser una diosa. — Agregó al ver la mirada curiosa de la otra ante su agradecimiento.
— Tengo algo para vos. — Dijo Quynh.
Quynh sacó su colgante de su bolsillo y se lo dio. Andy no sabía cómo reaccionar ante eso. Ese objeto había sido muy preciado para ella. Lo había usado como un amuleto, como un fiel recuerdo… para llevar siempre con ella un símbolo de la mujer que amaba.
— ¿Estás segura? — Preguntó ella.
— Si. — Afirmó Quynh y dejó el colgante en la mano de la otra. — Es tuyo y nunca te lo tendría que haber quitado. — Expresó su arrepentimiento.
— En realidad es tuyo. — Retrucó ella.
— Sabés a lo que me refiero. — Dijo Quynh. — En fin, no te hice salir solo por esto. Sino porque quería avisarte que llegó el momento de que me vaya. — Informó.
— Irte. — Dijo ella, como necesitando mayores explicaciones.
— Si, irme. — Repitió Quynh. — Necesito encontrar mi propio camino, necesito perdonarme y perdonar a la humanidad. Necesito sanar la locura y la furia que siento. Y eso no puedo hacerlo con ustedes. — Explicó con calma.
— Entiendo. — Aceptó ella tristemente.
— ¿Estás dispuesta a dejarme ir? — Cuestionó Quynh.
— Si sentís que eso es lo que necesitas para ser feliz y tener paz, claro que te dejo ir. — Aseguró ella. — Nunca obligaría a alguien a que se quede con nosotros si no quiere hacerlo. — Dijo intentando dar más fuerza a su argumento.
— Gracias. — Agradeció.
Quynh se levantó y comenzó a dirigirse a la casa. Andy no sabía cómo reaccionar, toda la situación se sentía tan final y eso la partía al medio. Estaba dispuesta a dejarla ir porque la amaba. Pero antes necesitaba algo que le diera fe, que la haga poder aferrarse a esos sentimientos una vez más.
— ¿Nos volveremos a ver? — Preguntó Andy, siguiendo a la otra.
— Me gusta creer que así será. — Respondió Quynh deteniéndose.
— Si alguna vez quieres encontrarnos… — Comenzó a decir ella.
— Puedo ir a alguno de los refugios que conozco y dejar un mensaje. — La interrumpió Quynh.
— Te amo. — Dijo ella con sinceridad.
— ¿De verdad? ¿Aún después de todo? — Cuestionó, su voz temblando un poco al sentir algo de miedo.
— Aún después de todo e incluso más, te amo. — Respondió con convicción.
La vio sonreír, realmente sonreír. Eso fue todo lo que necesito para atravesar el espacio que las separaba y besarla. Si se iba a ir e iban a estar separadas de vuelta por un tiempo indefinido, quería tener el recuerdo de haberla vuelto a besar. Se besaron lentamente, como si estuvieran guardando el beso en sus memorias. Se besaron demostrándose todo el amor que todavía había presente entre ellas.
Cuando se separaron para respirar, Quynh se despidió de ella y le dio un pequeño beso en la nariz. Luego, se hizo paso nuevamente hacia la casa.
— ¿Somos vos y yo? — Preguntó Quynh, volviéndose hacia la otra una vez más.
— Hasta el final. — Respondió ella.
Y eso era lo que Andy había necesitado para volver a tener fe. Esa era la promesa de que en algún momento, cuando la otra estuviera lista, se iban a reencontrar.
