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Dulce Tentación.

Chapter VI: Adiós.

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Sábado, medio día. Gintoki giró la lleve y la puerta de su departamento se abrió, estaba a salvo en su zona de confort. El viaje escolar por fin había acabado, lo único que tenía en la cabeza era imprimir bastantes currículums además de la carta de renuncia, debía irse rápido de la escuela y de preferencia antes que Kagura abriera la boca.

Estaba más que claro que su paranoia no le permitiría dormir por lo que restaba del fin de semana, no dejaba de lado la idea de que Kagura ya les hubiera contado a todas sus amigas el detalle del beso. Sakata no podía dejar de reprocharse así mismo el ser tan inmaduro para caer en el infantil juego de una adolescente, por culpa de la pelirroja podrían quitarle su título, su profesión, básicamente cualquier posible oportunidad laboral por ser catalogado como un pederasta.

Movió el portátil a un lado, dejando caer pesadamente su cabeza contra la mesa.

—No, no, no. El buen Gin no es un jodido pedófilo, esa mocosa solo se aprovechó de que no había dormido bien. Mierda, no creo que me vaya a la cárcel por algo así ¿o sí?

Levantó ligeramente la mirada a la pantalla de su laptop, las ventanas de búsqueda que tenía abiertas eran: abuso sexual ¿Qué es?, condenas abuso sexual, condenas profesores por acoso, y, condena por relación alumno profesor.

—Quería ser como Shouyou y ni eso me sale bien. En verdad soy un jodido fracasado.

Dejó escapar un último suspiro, de lo que estaba muy seguro es que no quería volver a pisar un aula de clases, de momento estaría bien con cualquier empleo que le permitiera sobrevivir.

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A tres meses del inicio del período escolar habían cambiado algunas cosas, el árbol viejo y chueco en la entrada de la preparatoria fue talado, previendo los posibles riesgos de que se cayera con una fuerte tormenta y Kagura por primera vez tuvo la urgencia de llegar temprano a clases. Estaba sentada en su pupitre quince minutos antes que el reloj marcará las ocho en punto. Su estómago estaba hecho un nudo desde que regresó del viaje escolar. Ansiosa, esperaba a que diera inicio la primera clase de la mañana, pues quien la impartía era Sakata Gintoki, el culpable de sus crecientes nervios. La joven Yato no mencionó lo ocurrido con su maestro ni a su mejor amiga. Sabía que mejor que nadie lo peligroso de la situación, por el momento solo quería decirle a profesor lo mucho que cuidaría su secreto, pero no fue así. El permanentado no se presentó en el aula, en su lugar fue Takasugi quien entró al salón, informando a los jóvenes que Sakata se había reportado enfermo hace unos minutos, por lo que adelantaría su materia y así no tendrían clases durante la tarde. Shinsuke era maestro de historia, idolatrado por los estudiantes conflictivos ya que los incentivaba a no conformarse e incluso ir contra el sistema si era necesario, el pedagogo era un anarquista y estaba sembrando la semilla de la revolución en cada estudiante, ese fue su ideal al momento de elegir su carrera.

Kagura no estaba nada interesada en la primera guerra mundial, ni mucho menos en los aburridos tratados, su mente estaba ocupada imaginado a un tonto recostado bebiendo leche de fresa, riendo por usar una excusa tan gastada e incluso más vieja que la directora, siendo lo más impresionante que se la hayan aceptado, aunque cabía la mínima posibilidad de que realmente estuviese enfermo, pero como todos saben "los tontos no se enferman", a menos de que no sea tan estúpido como ella creía.

Durante el almuerzo La joven Yato en compañía de sus amigas se dirigieron a la cafetería. Las chicas se daban cuenta que la pelirroja lucía bastante distraída,sin saber que ella solo imaginaba como sería su reencuentro con Sakata. Sachan minutos atrás había propuesto ir a ver Gintoki y llevarle algunos chocolates para que mejorará pronto. Kagura se sonrojo abruptamente con solo escuchar su nombre y molestia de que su compañera quisiera ir verlo. Aunque nadie se apuntó a dicha "aventura". Kagura por su parte quería apoyarla, pero guardó silencio con tan solo ver a como Tsukuyo en compañía de Sakamoto tomaron un lugar en la mesa que estaba frente a ellas, no podía olvidar que la rubia también lo besó. Incluso tuvo la suerte de presenciarlo en primera fila. Su corazón se encogió de rabia, no podía evitar compararse con su maestra. Tsuki era hermosa a ojos de cualquiera, cuerpo perfecto, profesión y, lo más importante, su edad era más cercana a la del permanentado.

—¿Kagura, estás bien? —preguntó Soyo. Sospechando que algo pasaba, la pelirroja no tocaba su comida y estaba más callada de lo habitual.

—¿Quieres ir a la enfermería? —preguntó esta vez Tae.

—No, no es nada. Pensaba en las cosas que debo comprar para preparar la cena.

—También debo ir a comprar algunas cosas ¿vamos juntas? —añadió nuevamente Shimura.

Kagura asintió, disimulando la impotencia que le provocaba escuchar como Tsuki hablaba de ir a ver Gintoki.

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Gintoki se tomó el jarabe para la tos directamente del envase, para luego seguir revolcándose entre sus matas con el malestar general que traía consigo el refrió. Llevaba al menos dos días enteros sin lograr dormir, se pasó el fin de semana bebiendo solo en su departamento, pero cometió el grave error de tomar un baño e irse a la cama sin secar su cabello, ni su cuerpo además de cubrirse únicamente con la toalla que tenía enrollada en la cintura, no fue nada extraño que empezará a sentirse mal el domingo por la noche.

Pasaban de las seis de la tarde, planeaba prepararse la cena cuando escuchó que llamaban a la puerta. Sin ánimos, vio por la mirilla de puerta para ver de quien se trataba, casi le da un infarto al ver a Sakamoto, Tsukuyo, Katsura y Matsudaira.

—¿Lo saben? —susurró para sí mismo.

Un sudor frío recorrió su espalda, su mano temblaba mientras giraba el pomo de la puerta y su pulso aceleraba a cada segundo.

—¡Si que te ves mal! —saludó Tatsuma al ver la palidez de su amigo mientras entraban al departamento.

—¡Oye chico parece que hubieras visto un fantasma! ¿No habrás hecho algo malo eh?

El permanentado no sabía cómo reaccionar, sus malestares pasaron a segundo plano de inmediato ¿había escuchado bien? ¿El viejo lo sabía y esperaba que confesara? Recordó su laptop, lo suspendió al bajar la pantalla, pero no había cerrado los campos de búsqueda.

Sus colegas habían tomado asiento en el gran sofá, mientras que la rubia escogió uno de los individuales.

—¿D-de que hablan? ¿¡No ven que estoy enfermo!? No es una excusa para no ir a trabajar.

—El viaje escolar te superó —dijo Katsura con seriedad.

Gintoki escuchaba su corazón en sus oídos y empezaba a sentirse mareado. No recordaba si Zura siempre hablaba con la misma seriedad o si lo estaba inculpando.

—¿P-por qué lo dices? A mí me pareció bien.

—Hinowa nos dijo que te dormiste en el documental, jodido ejemplo para los chicos —se burló el más viejo.

—No había dormido bien además esos chicos antes que empezará el viaje ya estaban peleando.

—¿Kagura y Sougo? —preguntó la rubia.

—¡NO! —se dio cuenta tarde que sobre reaccionó al nombre de la pelirroja, pues tenía la mirada de todos encima —Okita y Hijikata. Okita fue quien agotó mi paciencia.

—Te dije que ese chico logró que una profesora renunciara —dijo Tatsuma.

—¿Por qué no lo sancionan? —insistió el de cabello rizado.

—Técnicamente "portarse mal" no es motivo de expulsión, fue decisión de ella irse además entró a una escuela privada, le va mejor allá. —continuó diciendo Sakamoto.

—No vinimos a hablar de eso —dijo Katsura cortando el hilo de la conversación.

Una vez más Gintoki se sintió contra la espada y la pared, sentía las miradas de todos encima de él. No estaba seguro si empezar disculpándose por cometer tal indiscreción, llorar por piedad o solo esperar a que ellos digan algo.

—Sabemos que eres descuidado —añadió Matsudaira— por eso te trajimos la cena.

Una sonrisa nerviosa se escapó de sus labios, tenía buenos amigos, claro, a menos que hayan ido con la intención de buscar pistas.

—G-gracias, no sé qué decir.

—Estás raro, sí que estás enfermo —se burló Tsukuyo.

Gintoki calentó la pizza familiar y los cinco cenaron sin mayores inconvenientes, dejando a un lado la creciente paranoia del dueño de casa.

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Miércoles, mitad de semana y Kagura aún no sabía nada de Gintoki. Iba de compras a una tienda que habían inaugurado en la mañana, si aún quedaban productos estarían a mitad de precio o incluso menos. Lo mejor es que estaba cerca de su casa, no tardaría más de diez minutos en volver.

Estaba en el pasillo de los chocolates cuando vio unos rebeldes rizos plateados. Pensó que podía ser su imaginación, ya que estuvo pensando en él un buen par de días. Inhaló, iba a hablarle, pero no estaba segura de que forma dirigirse hacia él.

Gintoki tomó la barra de chocolate con relleno de fresas y, al darse media vuelta, se encontró con los ojos azules que tanto dolor de cabeza le habían provocado. La expresión en su rostro imprimió a la perfección el temor y la sorpresa de verla ahí.

Las blancas mejillas de la muchacha adoptaban un tono rosa por los nervios de tenerlo por fin frente a ella.

—¿Vienes con alguien más? —preguntó el mayor con tono glacial.

—No. Y-yo quería hablarte —dijo torpemente atropellando sus palabras.

—¿Alguien lo sabe? —preguntó con cierta agresividad.

—No —soltó irritada.

—Niña, esto es serio.

—¡Kagura! —lo interrumpió— no soy una niña, que tú seas un idiota inmaduro no es mi problema. No tienes derecho de decir nada, pudiste rechazarme y no lo hiciste.

Estaba molesta, quería golpearlo y la presión en el pecho le provocaba unas insoportables ganas de llorar, lo espero por tantos días mientras que él solo pensaba en cuidarse la espalda. Dio tres pasos hasta que él atrapó su muñeca derecha, no se atrevía a verla a los ojos, pero no podía permitir que se marchará, así como así.

—Kagura. Debemos tener una charla de manera correcta.

—No me jodas ¡tú no eres así! ¿manera correcta, enserio? ¿Por qué lo haces incómodo? ¿No quieres que tu novia se entere o que lo sepa la directora?

—No hables tan fuerte, no sabes lo difícil que ha sido para mí. ¿Crees que es sencillo vivir con un error tan grande? —los labios de la joven se fruncieron, aguantando así las ganas de insultarlo únicamente porque un nudo en la garganta se lo impedía.

—¡Suéltame! No le diré nada a nadie, pero no vuelvas a tocar mi realidad —dijo finalmente en voz baja.

La situación era perfecta para Gintoki. Kagura no diría nada, su carta de renuncia estaba lista, en un par de meses podría abandonar la preparatoria y empezar de cero.

—No sabes lo difícil que es verte, pero es mejor así para los dos —dijo en un susurro casi imperceptible.

Un par de lágrimas escaparon de sus cristalizados ojos azules. Fue ingenua al pensar que su maestro la vería como una mujer. Sin decir nada, camino hasta las cajas con la intención de pagar su golosina, podía sentir la mirada lastimera de Gintoki sobre de ella, sin duda Sakata era incluso peor que el "Sádico". Nunca supo la razón para que Sougo no la tolerara, siendo que ella gustaba de él, aunque si podía imaginar la razón del porque Gintoki no estaba interesado, simplemente ella era otra de sus alumnas y el su profesor.


Gintama volvió :'3 y el Ginkagu es casi oficial (o eso quiero creer con las escasas palabras del calvo y Kamui en el capítulo 653)! por eso hay actualización. La última publicación fue 11-11-16, casi un año XD Lo siento :(

Espero que les gustará y me dejen un review :3

Saludos a todos. Nos leemos en 11 meses más (?)

PD: El titulo viene de Cerati... Pones canciones tristes para sentirte mejor (inserte notas musicales :v ) ;)