Capítulo 2
SASUKE
Me quedaba horas mirando al techo.
Las sombras se deslizaban por las paredes mientras se iba haciendo de noche. A veces tenían formas. Una parecía una nube inofensiva surcando el cielo despejado. Otra se parecía a una mariposa.
Y otra era igual que un botón.
Aquella fue la que más tiempo contemplé, intentando descubrir si era real, o si sólo me empeñaba en que lo fuera. Se marcaban cuatro pequeños orificios en el techo, y la superficie redondeada hacía que pareciera exactamente un botón.
Dolía mirar aquello.
En un abrir y cerrar de ojos, el sol empezó a asomarse por el horizonte, llenando mi dormitorio de los suaves tonos pastel del amanecer. Yo dormía en un lado de la cama, porque me había acostumbrado a compartirla con alguien.
Botón.
Me levanté de la cama al darme cuenta de que ya no tenía sentido seguir tumbado allí. Me duché y me preparé para marcharme al trabajo. Tenía el cerebro muerto de agotamiento y me esforzaba por pensar con claridad. El sueño era un lujo desconocido para mí.
No había logrado pegar ojo desde que ella se fue.
Entré en mi estudio y encendí el fuego de la chimenea. No bajé a desayunar como tenía por costumbre. Mi apetito ya no era el mismo. Había unos cuantos botones encima de la mesa que había junto a la butaca, así que cogí uno y lo palpé con los dedos. Era uno de los pocos que me quedaban. El resto continuaba dentro del frasco que había en su antiguo dormitorio.
No los había tocado.
Me quedé mirando aquel botón especial que tenía en la mano. Tenía un reborde dorado por fuera, y una flor de sakura incrustada en el centro. No se me escapó aquella ironía. Era un símbolo de ella en todos los sentidos imaginables. Era como si aquel botón hubiera sido hecho justo para ella.
–¿Excelencia? ―Lars entró en el estudio con una mano a la espalda―. ¿Desayunará hoy aquí?
–Nada más que café.
–Por supuesto. ―Lars salió del cuarto. No me había preguntado por Botón desde que ella se había marchado. Sabía que se había ido, y que no iba a volver. Aquella era toda la información que le hacía falta. Ahora esa casa estaba vacía una vez más.
Excepto por las sombras.
Saqué el teléfono y comprobé la señal que continuaba emitiendo su tobillo. La comprobaba absolutamente todos los días para saber dónde estaba. Sólo era cuestión de tiempo que contratara a un cirujano para que le extrajese el dispositivo.
En aquel momento, la perdería para siempre.
Abrí la aplicación en el móvil y vi aparecer el puntito rojo en el mapa. Estaba dentro de un edificio en Park Avenue, en Manhattan. Central Park no quedaba lejos. El puntito no se movía, así que probablemente estaba durmiendo. En su zona horaria estaba en mitad de la noche.
¿Qué estaba haciendo en Park Avenue?
No estaba preocupado por su seguridad. Botón era una mujer inteligente y con recursos. Podía cuidar de sí misma sin ningún problema. No me necesitaba ni a mí ni a nadie para pasar la noche.
Pero yo sabía que no tenía el dinero que hacía falta para vivir en Park Avenue.
Y aquello quería decir que se estaba quedando en casa de alguien.
No podía ser un amigo, porque ella no tenía amigos. Tampoco era un pariente, porque de eso tampoco tenía. Tenía que ser un antiguo novio.
Se me llenó la boca de bilis.
La idea de que se estuviera tirando a otro me revolvía por dentro. Unas manos grandes acariciando su piel suave, y unos labios firmes besando aquella dulce boca. Sus piernas abriéndose para que un hombre la tomara bruscamente en el borde de la cama. Aquellas imágenes me atormentaban. Me sentí tan enfermo que ya ni siquiera quería el café.
Pero no tenía ningún derecho a sentirme así.
Ella ya no era mía. Y yo nunca había sido suyo.
