Capítulo 3
SAKURA
Neji tenía un apartamento precioso. Había mucho espacio y estaba limpio. Tenía dos dormitorios en extremos opuestos del apartamento, y yo no sentía que estaba estorbando porque había sitio de sobra. La cocina era grande, igual que la sala de estar.
–¿Qué tal has dormido? ―Cuando entré, él estaba sentado a la mesa de la cocina, comiendo cereales.
Yo llevaba un pijama que él me había prestado. Los pantalones eran demasiado grandes, así que me los había enrollado varias veces. La camiseta de algodón era suave y estaba limpia. Olía a hombre, y creo que eso me había ayudado a dormir.
Porque mi subconsciente había fingido que mi cuerpo estaba junto a Sasuke.
–Bien. ¿Tú? ―Me senté frente a él y me serví un cuenco de Fruity Pebbles.
–Genial. ―Tenía el periódico al lado, pero no lo cogió para leerlo. Sus ojos estaban posados en mí, estudiándome sin perder detalle. Cuando me había traído a su apartamento la noche anterior, no me había hecho ninguna pregunta. Se había limitado a hacernos la cena y a enseñarme dónde iba a dormir yo.
Yo se lo agradecí.
–¿Trabajas hoy?
–Sí. Me tomaría el día libre, pero acabo de empezar en este trabajo.
–No, no te sientas mal ―dije rápidamente―. Estaré perfectamente. Mientras tenga algunos Fruity Pebbles, todo irá estupendo.
Cuando sonrió, lo hizo también con los ojos.
–Me alegra que continúes teniendo el mismo sentido del humor.
–Me parece que a estas alturas ya es inherente a mi personalidad.
–Sólo quería decir...
–Sé lo que querías decir. ―Después de haber sido una esclava sexual, tendría que estar demasiado jodida por dentro como para encontrar una razón para reírme. A lo mejor habría sido así, de haberme quedado con Bones durante más tiempo. Estar con Sasuke me había recompuesto. Él me había demostrado que todavía podía disfrutar del sexo (y mucho) incluso después de que me hubieran violado―. Cuando suceden cosas malas, puedes permitir que te derroten o puedes superarlas. Yo he decidido hacer esto último.
Él continuó mirándome con ojos fascinados.
–Creo que es una buena actitud.
Añadí leche al cuenco y me metí una cucharada en la boca.
–Gracias por dejar que me quede aquí.
–Pues claro. Quédate todo el tiempo que quieras.
―Bueno, y ¿cuándo te mudaste aquí?
–Hace menos de un año. Cuando llegué a la ciudad, intenté llamarte para ver si querías quedar, pero no conseguí contactar contigo. Después de investigar un poco, descubrí lo que había pasado. Me dejó hecho polvo. ―Removió sus cereales con la cuchara, sin levantar los ojos―. Estaba preocupadísimo por ti. Lo que te pasó es simplemente espantoso. Ni siquiera puedo... ―Sacudió la cabeza y suspiró―. Esto no es lo que necesitas escuchar. Lo siento. Tengo que ser positivo.
–No pasa nada. También es traumático para la gente que se preocupa por mí.
Se comió algunas cucharadas más de cereales.
–¿Sabe Sasori que estás bien?
La policía debía de haberle hablado de mi antiguo novio.
―Sí. ―No quería hablar de Sasori, y desde luego no tenía ninguna intención de contarle a Neji lo que había pasado de verdad. Me exigiría que entregase a Sasori a la policía. Económicamente, yo aún no estaba preparada para hacer aquello. Prefería utilizarlo para lograr lo que me hiciera falta en vez de meterlo entre rejas―. Habíamos roto poco antes de aquello. Ya no estamos en contacto.
Neji no me hizo más preguntas al respecto. Debió de detectar que yo no tenía ganas de hablar de Sasori.
–En fin, ¿por qué te volviste a trasladar aquí? –Mantener la conversación superficial era bueno para ambos.
–Me ofrecieron un trabajo en el centro de la ciudad. El salario era demasiado bueno como para rechazarlo.
―Eso es genial. Me alegro por ti.
–Gracias ―contestó―. Sinceramente... Más o menos tenía la esperanza de que cuando me mudase, tú y yo podríamos... ya sabes. ―Apoyó los dos codos sobre la mesa y me miró―. He tenido algunas novias en el transcurso de estos años, pero ninguna era nunca la adecuada para mí. Supongo que continuaba comparándolas con lo que tuvimos tú y yo. No lo valoré de verdad hasta que se terminó.
Yo me quedé parada ante aquella confesión, no muy segura de cómo me sentía al respecto.
Él advirtió mi incomodidad.
–No espero que vaya a suceder nada nunca entre nosotros. Después de todo lo que has tenido que pasar, no me cabe duda de que será lo último que se te pase por la cabeza. No estaba intentando ligar contigo. Sólo quería ser sincero sobre mis intenciones al trasladarme aquí. Por eso me afectó tanto que te hubieran secuestrado. Me rompió el corazón.
–Ahora mismo no estoy buscando una relación. ―Debía dejar aquello claro para evitar malentendidos. Neji seguía siendo tan guapo como siempre, y nuestra relación había sido fantástica. Si no nos hubiéramos separado por culpa del trabajo, probablemente seguiríamos estando juntos. Seguramente ya nos habríamos casado. Pero en aquellos momentos no me sentía ni de lejos preparada para pensar en sentir nada por nadie.
Neji no pareció sentirse ofendido.
–Lo entiendo perfectamente, Sakura. Ahora no es el momento.
Yo suspiré aliviada al ver lo bien que se tomaba mi petición. Parecía sincero al decir que me estaba ayudando porque yo le importaba de verdad, y no sólo para enrollarse conmigo. Neji siempre había sido un hombre muy bueno.
–Gracias...
–Por supuesto. ―Se acabó los cereales antes de dejar el cuenco en el fregadero―. Salgo sobre las cinco. Haré la cena cuando llegue a casa.
–No pasa nada. Yo me ocupo. Pasaré por el supermercado ―añadí al advertir que el contenido de la nevera no me ofrecía muchas opciones.
Abrió la cartera y dejó dinero sobre la encimera.
–Vale. Toma algo de dinero.
–Yo lo pago. Pero gracias.
–Venga, Sakura. Por favor, insisto. ―Empujó el dinero hacia mí―. Déjame cuidar de ti durante un tiempo. Tú concéntrate exclusivamente en ponerte mejor.
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HABÍA PERDIDO todo lo que tenía después de ser secuestrada, así que tenía que empezar de cero. Había salido de compras a por ropa nueva y artículos de aseo. Por suerte, tenía el dinero que me había dado Sasori, porque comprarse un nuevo guardarropa no salía barato.
Tendría que conseguir un trabajo lo antes posible.
Para cuando Neji llegó del trabajo, yo tenía la cena preparada en la mesa y por fin llevaba ropa que me quedaba bien.
–Algo huele bien.
–Oh, no es más que mi perfume ―bromeé yo.
Él soltó una risita y dejó el portafolios sobre la encimera.
–Perfume con olor a comida... me gusta la idea. ―Llevaba un traje con corbata que hacía destacar los músculos de sus hombros y su pecho. Para mantenerse en semejante forma, seguramente tenía que entrenar todos los días.
–¿Qué tal el trabajo?
–No ha estado mal. Pero ya sabes, es trabajo. ―Se puso a mi lado frente a la cocina y observó el contenido de la cacerola―. Comida italiana. Qué bien.
Era la dieta a la que yo me había acostumbrado.
–Ya casi está lista.
–De acuerdo. Voy a cambiarme. ―Entró en su dormitorio y cerró la puerta.
Yo serví los platos y los puse sobre la mesa. No había comprado vino porque no sabía cuál era bueno. También había pensado que sería algo demasiado romántico. Agua estaba bien.
Él volvió con unos vaqueros y una camiseta y se sentó frente a mí.
–Gracias.
–De nada.
Empezó a comer y permaneció en silencio, con los ojos siempre puestos en algo que no fuese yo.
Yo sospechaba que lo hacía a propósito, para que yo no me sintiera incómoda. Rara vez me tocaba, y al acercarse siempre dejaba unos cuantos palmos de distancia entre nosotros. Nunca me abrazaba a menos que contase con mi permiso explícito.
–Hoy he enviado varias solicitudes de trabajo.
Él tragó rápidamente y se le fue por mal sitio. Tosió contra la servilleta hasta aclararse la garganta.
–¿Ya? No hace falta que te des tanta prisa en encontrar un trabajo. Este apartamento es lo bastante grande para dos personas.
–La verdad es que me gustaría volver a trabajar. Me encantaba mi trabajo.
–¿No has pensado en pedirles que te lo devuelvan en vista de las circunstancias?
–Ya lo he intentado. Hace un año contrataron a otra persona para mi puesto. No la pueden despedir. No sería justo.
–Qué lástima. Pero estoy seguro de que te saldrá otra cosa.
–Sé que sí.
–Aunque de verdad, no sientas ninguna presión por encontrar trabajo y un lugar para vivir. No lo digo sólo para ser amable. No hay razón para estresarse.
–Lo sé, Neji. Pero cuanto antes vuelva a la normalidad, antes empezaré a sentirme normal.
Él volvió a apartar la mirada, manteniéndola clavada en su comida.
–Hoy has ido de compras.
–Sí. ―Me miré la blusa―. Necesitaba ropa nueva desesperadamente.
–Estás guapa. Me gusta cómo te queda ese color.
―Gracias.
Se terminó la cena y se limpió la boca con la servilleta.
―Pues nada, estaba buenísimo. Gracias por haber cocinado.
–Pues claro. ―Llevaba sin cocinar un año. Me sorprendió acordarme de cómo se hacía.
–¿Quieres ver la tele? ¿O prefieres que salgamos a hacer algo?
No me apetecía rodearme de gente. Cuando vivía con Sasuke, rara vez veía a otro ser humano. Irónicamente, la verdad era que lo prefería así. Antes me encantaba encontrar gente interesante en la ciudad, pero ahora sólo quería estar sola.
–Ver la tele suena bien.
–Venga.
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ASÍ PASARON DOS SEMANAS. Neji y yo desarrollamos una rutina conjunta. Yo siempre tenía la cena lista en la mesa cuando él llegaba del trabajo, y él siempre lavaba los platos antes de irse a la cama. Después de cenar veíamos la tele o jugábamos a juegos de mesa. Él siempre mantenía las distancias, sentándose normalmente en el sofá de enfrente.
Yo fui a unas cuantas entrevistas de trabajo, pero no me llamaron después de ninguna. Con algo de suerte, encontraría un buen puesto. Estaba deseando volver a trabajar para devolver a mi vida algo de normalidad. Ahora mismo, carecía de propósito.
A principios de la tercera semana, empezaron los síntomas de la abstinencia. Había pasado de disfrutar de un sexo increíble a diario a dejarlo por completo. No pensé que me afectaría, por lo profundamente que me había herido Sasuke.
Pero sí lo hizo.
Me ardía la entrepierna de agresividad acumulada y mis labios sólo podían pensar en los suyos. Tenía la mente constantemente llena de fantasías de él penetrándome encima de mí. Me cogía del pelo con el puño y aplastaba su boca contra la mía.
Lo echaba de menos.
Mientras Neji estaba trabajando, tomaba prestado su portátil y veía porno. Intentaba tocarme mirando aquellos vídeos, pero nada me funcionaba. No lograba quitarme de la cabeza lo artificial que parecía todo.
Deseché la idea por completo y me quedé sin saber qué hacer. Podría acostarme con Neji, pero no quería traspasar aquella línea. Ahora mismo éramos dos buenos amigos y compañeros de piso. No quería arriesgarme a que aquello se estropeara. Quizá algún día podríamos volver a salir juntos, pero no era el momento adecuado. Por más que odiara admitirlo, seguía pensando en Sasuke.
Con el tiempo, dejaría de pensar en él. Antes o después, me costaría recordar su cara. Y un día, no pensaría en él, y ni siquiera notaría que ya no me acordaba. Entonces podría seguir con mi vida. Quizá sentar la cabeza, casarme y tener hijos algún día.
Quizá.
Intenté tocarme utilizando mi imaginación. Me imaginé a un tío bueno cualquiera con un cuerpo perfecto. Intenté mantenerlo en un nivel puramente físico para poder correrme. Pero a la fuerza, Sasuke se introdujo en mi mente y se hizo con el espectáculo. Me dio placer como solía, y yo me froté el clítoris con más fuerza al llegar al orgasmo, susurrando su nombre.
Me proporcionó tanto placer que no me sentí culpable. Lo necesitaba de verdad.
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NEJI ESTABA SENTADO en el otro sofá mientras veíamos la tele. Había puesto un partido de los Yankees porque era un fan del béisbol, pero no parecía interesado en el partido.
–Sakura, ¿te puedo preguntar algo?
–Sí, claro. ―Solía mantenerse apartado de temas incómodos, así que no vi qué mal podía hacer. Yo tenía una manta sobre las piernas y estaba en pijama y con el pelo recogido en un moño desaliñado. Neji ya me había visto antes sin maquillaje. Solía dormir todo el fin de semana en su casa.
–He encontrado algunos buenos terapeutas en el centro. Estuve comprobando su experiencia y titulaciones, y trabajan con víctimas en tu situación. A lo mejor podrías hablar con ellos de todo esto. Ya sabes... para que tengas a alguien que entienda cómo te sientes.
Era todo un detalle. Neji sólo estaba intentando ayudar y quería que yo fuese feliz.
–Eso es muy amable por tu parte, pero creo que estoy bien. ―No había terapia suficiente en el mundo para borrar lo que me había pasado. Debía continuar siendo fuerte y superarlo. Hablar sobre mis sentimientos y sobre el pasado sólo empeoraría las cosas. Y si confesaba que había desarrollado fuertes sentimientos hacia uno de mis captores, sabrían lo loca que estaba―. Estas cosas sólo necesitan tiempo.
–Conmigo siempre puedes contar para hablar si me necesitas. No puedo ni empezar a entender por lo que has pasado, pero siempre estaré dispuesto a escucharte.
―Eso también lo sé, Neji.
Cuando entendió que no pensaba cambiar de opinión, volvió la mirada hacia la tele.
Y pasamos en silencio el resto de velada.
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–DE VERDAD que no hace falta que te vayas. ―Neji me estaba ayudando a meter una de las dos cajas que poseía dentro de mi nuevo apartamento. Había encontrado un trabajo en una empresa de construcción, y sabía que podría pagar mis facturas a largo plazo. Era agradable que te esperasen en algún sitio por las mañanas―. Me parece que te estás precipitando. Te dije que no me importaba compartir contigo mi apartamento.
–Lo sé, pero necesito ser independiente.
–Pero si ni siquiera tienes una cama.
–Eso es lo siguiente de la lista ―dije con una risita.
–¿Y dónde vas a dormir esta noche? ¿En el suelo?
No había previsto aquel inconveniente.
–Sí... mañana la espalda me va a matar.
–Quédate en mi casa hasta que tengas algunos muebles. Eres más que bienvenida. De verdad.
–Ya has hecho demasiado por mí, Neji. Me sentiría mal abusando más de tu hospitalidad.
–Tonterías. Nos conocemos desde hace casi diez años. Es como si fuéramos familia.
Mi mirada se enterneció.
–Neji...
–Venga. No pienso dejar que te quedes aquí hasta que hayas metido algunos muebles. Si duermes en el suelo, te quedarás sin espalda. Y que yo sepa, la necesitas.
–De acuerdo. Me has convencido. Pero sospecho que sólo lo haces para tener a alguien que cocine en el apartamento.
Él se encogió de hombros.
–Psé... A lo mejor.
–Bueno, me llevo de vuelta una de las cajas. La otra no la necesito.
–Dentro de muy poco, este apartamento estará lleno de cosas. Y entonces te parecerá que estás en casa.
