Capítulo 5
SAKURA
Ya habían pasado dos meses.
Y yo estaba empezando a volverme loca.
Echaba terriblemente de menos el sexo. Echaba de menos la manera en la que Sasuke me agarraba con firmeza, penetrándome agresivamente. Echaba de menos la forma en la que sus fuertes dedos se enterraban en mi pelo, reclamándome como suya. Echaba de menos estar colgada del techo, mientras él me tomaba desde abajo. Echaba de menos sus besos.
Lo echaba de menos todo.
Necesitaba echar un polvo.
La masturbación ya no me bastaba. No era ni de lejos tan placentera, y después de algún tiempo, me sentía sencillamente patética. El porno tampoco me funcionaba, porque sólo fantaseaba con Sasuke. Y aquello no me ayudaba a pasar página.
Nunca me permitía pensar en él. Cuando estaba en el trabajo, su rostro acudía a mi mente, pero yo lo apartaba rápidamente de mis pensamientos. Cuando estaba en casa, me preguntaba qué estaría haciendo, pero después detenía en seco aquellos pensamientos. El único momento en que no lograba dejar de pensar en él era cuando me tocaba a mí misma.
Era lo único con lo que me excitaba.
Me había convencido a mí misma de que no era más que sexo. Nunca había disfrutado de un sexo tan bueno antes, así que no tenía nada con que compararlo. No era por el hombre en sí, sino simplemente por el paquete completo.
Neji se pasó por mi apartamento aquella noche con una caja de pizza en las manos.
―Vengo con regalos.
―Oh... Muy buenos regalos.
Entró y dejó la caja sobre la encimera.
―¿Tenías planes esta noche?
―Sólo una excitante cita con mi televisión.
―¿Te importa que haga de sujetavelas esta noche?
―Si a ti no te importa que te excluyan de vez en cuando.
Él soltó una risita.
―Para nada.
Cogimos la pizza y unas cervezas y vimos la tele sentados en el sofá. Como siempre, permaneció a cierta distancia de mí. Se esforzaba por dejar un espacio innecesario entre nosotros. Continuaba mirándome como a una víctima de violación, no como a una amiga ni como a una mujer por la que se sintiera atraído.
A mí no me gustaba aquella etiqueta. No quería ser vista de aquel modo. Aunque aquellos meses en cautividad habían sido los peores de mi vida, no me definían como persona. Seguía siendo la misma mujer que había salido de Nueva York.
Sólo deseaba que Neji me viera de aquella manera.
DESPUÉS DE TOMARNOS algunas cervezas y devorar la pizza, ambos nos relajamos. Él llevaba puesta su camiseta de antiguos alumnos de la universidad, que se ceñía a los músculos de su pecho y de sus hombros. Su pelo castaño oscuro hasta abajo del hombro estaba meticulosamente peinando en una coleta, y su rostro atractivo estaba rematado por una esculpida mandíbula y unos buenos pómulos.
Me sentía atraída por Neji.
Cuando habíamos estado juntos, yo lo adoraba. La ruptura fue dura durante los primeros meses. Lloré muchísimo. Y cuando descubrí que estaba saliendo con otra persona, me sentí muerta por dentro. Pero a medida que pasaba el tiempo, fue haciéndose más fácil. Y finalmente superé lo nuestro.
El sexo no estaba mal. A veces me corría. Él era tierno conmigo, siempre me hacía el amor, en vez de tomarme con dureza.
Yo sabía que él seguía sintiéndose atraído por mí.
Estaba preparada para levantarme y seguir con mi vida. Necesitaba un buen polvo y algo de cariño. Mi cuerpo ansiaba ser tocado. Mi piel se moría por recibir besos y suaves mordiscos. Mis muslos deseaban desesperadamente ceñirse alrededor de las caderas de un hombre. Quería tener calor y estar sudorosa y rodar por las sábanas. Sasuke seguramente ya me habría sustituido por alguna bella y exótica mujer, y probablemente ya nunca pensaba en mí.
Y yo no debería haber estado pensando en él.
Me levanté de mi sofá y me senté junto a Neji.
Él me miró al instante, sorprendido por la proximidad. Mantuvo las manos en el regazo, pero sus ojos recorrieron la curva de mis pechos bajo mi vestido. Apartó rápidamente la mirada, como avergonzado de haber mirado en primer lugar.
Él jamás daría el primer paso, así que lo hice yo. Le tomé la cara entre las manos y junté mi boca con la suya. La sensación inmediata fue de extrañeza. Sus labios no se parecían en nada a los de Sasuke. Eran más gruesos, y el vello no me rascaba la delicada piel. No había poder en su contacto. No sentía la dominación atravesándolo en potentes oleadas.
Después del asombro inicial, Neji me atrajo hacia sí y su beso se hizo más profundo. Sus fuertes brazos me envolvieron, haciéndome sentir segura. Era muy agradable sentir el calor del cuerpo de un hombre. Era un alivio sentirse necesitada y atractiva.
Me subí encima de él a horcajadas, presionando mi pecho contra el suyo y succionándole el labio inferior. Le pasé los brazos por el cuello, frotándome lentamente contra su erección a través de los vaqueros. El bulto era considerable, pero no tan grueso como el de Sasuke. Yo ya sabía cómo era hacerlo con Neji porque había estado con él cientos de veces, pero no pude evitar compararlo con Sasuke.
Le desabroché los vaqueros y le bajé la cremallera. Sus bóxers se interponían en mi camino. Tiré de ellos hacia abajo para liberar su miembro. Seguí besándolo, y nuestras lenguas bailaron juntas. Después me subí el vestido y aparté a un lado las bragas.
Neji me agarró de las caderas y me apartó ligeramente.
―Sakura, espera. ―Estaba sin aliento, con los ojos oscuros de deseo. Tenía el rostro ardiendo y las mejillas ruborizadas―. No creo que debamos hacer esto. ―Me amasaba las nalgas con las puntas de los dedos. Movía levemente las caderas, deseando frotar su sexo contra el mío. Sus movimientos contradecían todas sus palabras―. Quizá debamos tomarnos las cosas con calma porque... has pasado por mucho.
Yo estaba harta de que me mirara de aquella manera. Una vez en mi vida había sido una víctima, pero aquello ya pertenecía al pasado. Me había enfrentado a mis problemas y los había superado.
―Neji, estoy perfectamente. Deja de preocuparte por mí. Y ahora, ¿quieres follar o no?
Él cerró los ojos y respiró hondo antes de ponerse un condón y apuntar su miembro hacia mi entrada. Me cogió de las caderas y me hizo descender lentamente sobre su erección, gimiendo desde el fondo de la garganta al sentirme a su alrededor.
Era agradable tener otra vez a un hombre en mi interior. No era ni de lejos tan asombroso como cuando Sasuke me penetraba, pero yo tenía que dejar de pensar en aquellos meses que había pasado con él en Italia. Tenía que pasar página y encontrar nuevas formas de lograr placer.
Con suerte, Neji sería una solución.
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SONÓ mi alarma y yo gemí al silenciarla. Mi vida había adquirido cierta normalidad, y odiaba tener que madrugar por las mañanas, como había hecho siempre. Pero tenía un trabajo al que ir y facturas que pagar.
Neji gimió a mi lado, sin querer levantarse tampoco.
―Dejemos nuestros trabajos y vivamos de la beneficencia.
–Es la mejor idea que he escuchado jamás.
Me abrazó por detrás y me dio un beso en el cuello. Sus caricias siempre eran suaves. Aunque resultaban agradables, yo quería algo más enérgico. Deseaba que me mordiera la clavícula y me azotara el culo al mismo tiempo.
Pero nunca lo hacía.
Acercó los labios a mi oreja.
―¿Tenemos tiempo? ―Me estrujó el culo mientras me besaba el borde de la oreja.
―Para eso siempre hay tiempo. ―Me puse a cuatro patas y froté mi entrepierna contra la suya. Moví las caderas, deslizándome arriba y abajo, desde sus testículos hasta su glande.
Neji se agarró a mis hombros, gimiendo.
―Eres increíble, ¿lo sabes? ―Dirigió su sexo hacia mi entrada y me penetró de un rápido movimiento.
Yo me balanceé con fuerza contra él, deseando correrme antes de ir a trabajar. No todas nuestras sesiones de sexo terminaban en orgasmo, pero un tercio o así tenían un final feliz. A lo mejor aquel día tendría suerte.
Mi culo anhelaba ser azotado y deseaba que Neji me rodeara la garganta con los dedos. Quería que me ataran, me amordazaran y me follaran sin piedad contra el colchón. Quería sexo duro, igual que el que Sasuke solía darme.
―Azótame.
Él me penetró más lentamente.
―¿Quieres que te azote?
―Sí. ―Meneé el trasero.
Me dio una palmada en la nalga, pero resultó patética. Ni siquiera era una palmada. Era un toquecito.
―Más fuerte.
Volvió a hacerlo, pero igual que la primera vez, fue demasiado suave.
―Joder, Neji. Azótame con fuerza.
Me volvió a dar con la palma, pero seguía sin hacerlo bien. Era como una suave palmada.
―¿Así, nena?
―¿Eso te parece fuerte?
―No voy a darte más fuerte que eso. Te haré daño.
―Quiero que me hagas daño. ―¿Por qué no lo entendía?
Neji no volvió a pegarme. Se agitó en mi interior con mayor rapidez hasta correrse con un fuerte gemido.
Insatisfecha, lo sentí salir de mi interior.
Incómodo por mis últimas palabras, salió de la cama y entró en su cuarto de baño. Oí abrirse la ducha y el agua salpicando las baldosas del plato.
La entrepierna me ardía devastada, pero tuve que obligarme a salir de la cama. Sabía que Neji se había molestado conmigo porque no me acompañó hasta la puerta como solía hacer. Me vestí a toda prisa y me marché sin esperar una explicación. Si se había enfadado conmigo, me importaba una mierda.
ENTRÉ en mi apartamento y lancé el bolso sobre la encimera. Llevaba todo el fin de semana sin pasar por allí porque siempre me quedaba en casa de Neji. Su apartamento era más grande, y tenía un segundo cuarto de baño para poder dejar mis cosas.
Me duché y me preparé para irme a trabajar. Lo bueno de mi trabajo era que podía ir vestida de manera informal. Normalmente iba con unos vaqueros y una camiseta. Me puse unos zapatos planos antes de abrir la nevera e intentar encontrar algo para prepararme el almuerzo. Pero, como esperaba, no había nada. No recordaba la última vez que había ido a comprar comida.
Cogí el bolso de la encimera y advertí algo extraño junto a él. Había dos botones, uno dorado brillante y el otro idéntico a una flor de cerezo. Tenía un reborde de metal dorado. Ambos atrapaban la luz, con un aspecto vibrante en mi apagado apartamento.
Yo me paré en seco.
¿De dónde habían salido? ¿Los llevaba en un bolsillo de los pantalones que traje puestos en el avión? ¿Me los había traído desde Italia y se habían caído? ¿Pero cómo habían terminado sobre la encimera?
Se me heló la sangre en las venas.
Sólo había una explicación posible.
Sasuke.
