Capítulo 7

SASUKE

No había llevado aquello demasiado bien.

Cuando vi a la coordenada GPS pasando los fines de semana en Park Avenue, uní los puntos y me di cuenta exactamente de lo que estaba haciendo. Estaba durmiendo en casa de alguien el fin de semana y volviendo a casa los lunes.

O sea, que se estaba acostando con alguien.

Don Park Avenue.

Hijoputa.

No estaba seguro de lo que me había pasado. Todo pensamiento racional había abandonado mi mente y me había transformado en un psicópata. Lo veía todo rojo, y la adrenalina me saturaba la sangre hasta alcanzar niveles peligrosos. Mis manos no dejaban de temblar, y se me cerraban en puños continuamente.

Antes de darme cuenta, estaba en un avión de camino a Nueva York.

No debería haberla emboscado de aquella manera, pero una vez más, no estaba pensando con claridad. Todo lo que sabía era que tenía que poner fin a su relación con Don Park Avenue. Tenía que parar aquello antes de que se enamorara de él. Porque si aquello sucedía, yo habría llegado demasiado tarde.

Estaba en su apartamento cuando volvió de trabajar. Era evidente que me estaba esperando, porque no reaccionó al verme sentado en el sofá. Dejó su mochila sobre la encimera y cogió una botella de agua de la nevera.

―¿Qué tal te ha ido el trabajo? ―La observé, de pie junto a la encimera, llevando una camiseta. Se le ajustaba al pecho y al esbelto estómago. Resaltaba la profunda curva de la cintura, pronunciando aún más sus caderas. Estaba todavía más buena de lo que recordaba.

–Bien. ¿Qué tal te ha ido sentado en mi apartamento?

Me encantaba que se hiciera la listilla. Lo encontraba extrañamente entretenido.

―Bien. Le he dado un repaso a tu cajón de ropa interior. Bonita selección.

Puso los ojos en blanco.

―Espero que eso no sea verdad. O te daré una paliza.

―Me gustaría verte intentarlo. ―Cuando se me había resistido el día anterior, me había puesto como una moto. Quería inmovilizarla contra aquel colchón y follármela hasta que gritara. Nunca había estado tanto tiempo sin echar un polvo. La abstinencia me estaba matando. Cuando mis dedos advirtieron lo húmeda que estaba, estuve a punto de ignorar la palabra de seguridad y de tirármela de todas maneras.

Por lo menos aún me deseaba.

―¿A qué has venido? ―Dejó la botella sobre la encimera y entró en la sala de estar. Llevaba unos vaqueros ajustadísimos que se ceñían a sus piernas, largas y delgadas. Nunca antes la había visto en vaqueros. En mi finca siempre se ponía vestidos―. ¿Por qué no llamas a la puerta, como hace todo el mundo?

―Ya sabes para qué estoy aquí. ―Ignoré su segunda pregunta―. ¿Cuál es tu respuesta?

Ella se cruzó de brazos, haciendo su escote más pronunciado.

Si no tenía cuidado, la doblaría sobre el sofá y me la follaría sobre la marcha.

―No me hagas repetir las cosas. ―Me puse de pie, pero no me acerqué a ella. Esta vez le daría espacio. El día anterior me había pasado. Tenía los sentimientos a flor de piel y fui incapaz de contener mi rabia.

―No.

Tendría que haber sabido que no me lo iba a poner fácil.

―Crees que es un farol.

―Sí.

―No lo es. ―Era una pena que no me creyese―. Haré que parezca un accidente. Un resbalón fortuito y un golpe en la cabeza contra la ducha. Y cuando lo superes y empieces a salir con otro tío, haré lo mismo.

Cuando advirtió la sinceridad de mi voz, su fuego se apagó. La fuerza que recorría constantemente sus venas se redujo a un borboteo.

―Entonces, ¿nunca voy a poder seguir con mi vida, porque vas a matar a todos los tíos que me gusten?

―Exactamente.

―Eres despreciable, ¿lo sabías?

―Sip.

Sacudió la cabeza y se apartó, alterada.

―Aunque consiga los botones que faltan, continuarás haciendo lo mismo.

–No.

―¿Te estás quedando conmigo? ―saltó ella―. Te has metido en un avión hasta aquí en cuanto te has enterado de que estaba viendo a otro. Amenazas con matarlo si lo vuelvo a tocar. ¿Tienes idea de la locura que parece?

―Te dije que no era un buen tipo. No estoy muy seguro de por qué te sorprendes tanto.

―Eres mejor que esto.

―La verdad es que no.

Soltó un gruñido de frustración entre dientes.

―Entonces, si me gano los botones que quedan, ¿desaparecerás sin más? Porque en cuanto acabemos, voy a volver con Neji...

―No pronuncies su nombre.

―Pienso volver con él en cuanto hayamos terminado.

Eso pensaba ella.

―Claro.

Estrechó los ojos, desconfiada.

―¿Y por qué no te creo?

―¿Cuándo he dejado de cumplir mi palabra?

Ella puso los ojos en blanco, sabiendo que estaba incumpliendo mi palabra sólo con estar allí.

―Sólo me quedan treinta botones. No durará mucho.

―Acepto lo que dure. ―¿Quería aquello decir que estaba diciendo que sí?

―De acuerdo. Perfecto. Pero en cuanto pague la deuda, no te quiero volver a ver.

Joder, aquello dolía.

–Estupendo.

–Vale.

El trato estaba hecho. Era mía otra vez. Sería mía hasta que me quedara sin botones.

―Haz tu equipaje y nos iremos.

―¿Hacer mi equipaje? ―preguntó despistada.

―Nos vamos a casa.

―¿A Italia?

―Sí.

―Yo no voy a ninguna parte, Sasuke. Tengo un trabajo.

―Te pagaré para compensarte.

Entrecerró los ojos ante el insulto.

―No quiero tu dinero. Quiero mi vida.

Yo tenía trabajo que hacer y negocios que supervisar en Italia.

–No puedo quedarme aquí.

―Bueno, pues yo no me puedo marchar.

Aquel era un problema con el que no había contado.

―Parece que esto no va a funcionar, después de todo.

No, sí que iba a funcionar.

―Haz tu equipaje. Nos quedaremos en otro sitio.

―¿Cómo? ―preguntó confusa―. Te he dicho que no me voy a Italia.

―Y me parece muy bien. Pero no te vas a quedar aquí.

―Sasuke, vivo aquí.

―Ya no. Ahora, haz lo que te digo.

―¿Qué te hace pensar que voy a hacer caso de lo que digas? –Cruzó los brazos delante del pecho y me fulminó con la mirada. Aquel fuego que tanto amaba volvía a relucir en sus ojos.

―No pienso follarte en esa cama. ―No tenía intención de tocar ni con un palo cualquier sitio en el que se hubiera tirado a Don Park Avenue. Quería hacer borrón y cuenta nueva, estar en un lugar en el que ella y yo pudiéramos empezar de nuevo―. Puedes volver aquí en tu tiempo libre, pero vas a dormir conmigo todas las noches. Por última vez, coge tus putas cosas y vámonos.