Capítulo 8

SAKURA

Llegamos a su habitación del hotel. Estaba en la última planta del Hotel Plaza y era tan grande como una mansión. Una de las paredes estaba formada por ventanales del suelo al techo, ofreciendo unas vistas magníficas de la ciudad. Tenía una cocina completa y un comedor, lavadora y secadora, una piscina privada y varios dormitorios.

Era demasiado grande para una sola persona.

―¿No tenían nada un poco más pequeño?

Sasuke dejó mi bolsa sobre el sofá e ignoró mi pregunta.

―¿Quieres algo de beber?

―No.

Él se sirvió una copa de vino.

No me podía creer que estuviera en aquella habitación de hotel, a solas con él. No me podía creer que hubiese cedido a sus exigencias. Al principio no lo hice, porque no pensé que realmente fuera a hacer daño a Neji. Pero cuando noté que aquel brillo maníaco no desaparecía de sus ojos, me di cuenta de que lo estaba diciendo todo en serio.

Así que no me quedaba otra opción.

–Coge lo que te apetezca.

―Vale. ―Ya me sentía como si estuviera de vuelta en Italia. Lo único que faltaba era Lars.

Sasuke se terminó el vino antes de cruzar la sala de estar y detenerse delante de mí. Tenía los ojos ensombrecidos de deseo y quería ponerse manos a la obra sin perder más tiempo. Su mano se deslizó por mi cintura y me atrajo contra su pecho. Posó su frente en la mía y cerró los ojos.

Después se limitó a abrazarme.

Aquel contacto inocente resultaba inesperado, y yo también cerré los ojos para disfrutar de él. Sus manos me agarraban firmemente, pero no tanto como para no poder soltarme, si así lo deseaba. Su respiración era profunda y regular, y parecía haber alcanzado un momento de paz.

―Te he echado de menos, Botón.

El apodo me hizo retroceder a dos meses atrás. Recordé la última vez que habíamos hecho el amor en su cama. Entraba y salía de mí, con mis piernas rodeándole la cintura, y me daba unos besos apasionados que me provocaban escalofríos en la columna. En aquel momento, me conquistó. De tal manera que nunca lograría superarlo.

La emoción me atenazó la garganta, pero me negué a decírselo yo. Había confesado mis sentimientos una vez, y él se había alejado de mí. Nuestra relación nunca había vuelto a ser la misma. Él me veía como a una esclava, un artículo de su propiedad.

Y yo a él como a muchísimo más que eso.

Cuando no me oyó decirle lo mismo, abrió los ojos y me miró. Buscaba una respuesta en mi expresión, pero no logró encontrar ninguna.

Había bajado mis defensas cuando no tendría que haberlo hecho, y sólo había conseguido que me rompieran el corazón. Me negaba a volver a permitir que algo así sucediera. Él me estaba obligando a hacer aquello, y yo sólo estaba cooperando para mantener a Neji apartado de todo ese lío. Era un tío estupendo y no se merecía ser arrastrado a la pesadilla que era Sasuke Uchiha.

Los dedos de Sasuke se deslizaron por mi mejilla, sintiendo mi piel suave antes de ponerme la palma en la cara. Se inclinó hacia mí y me acarició los labios con los suyos, provocándome. Nuestros labios no llegaron a juntarse del todo, sólo se tocaron ligeramente. Después me besó en condiciones, cerrando un puño alrededor de mi pelo mientras cubría mi boca con la suya.

Y entonces lo sentí. Sentí el calor abrasador y el intenso deseo. Sentí mi cuerpo revivir, como siempre hacía cuando sus labios se posaban sobre mí. Me sentía a la vez viva y muerta, existiendo en una dimensión diferente que nadie más podría entender.

Nada era comparable a sus besos.

Me inclinó la cabeza hacia atrás tirándome del pelo, para tener mejor acceso a mi boca. Me succionó el labio inferior lentamente antes de meterme la lengua en la boca. Dejó escapar un suave gemido mientras la pasión ardía entre nosotros.

Yo también gemí.

Su otra mano me apretaba la cintura, reclamándome para sí una vez más. Estiró los dedos hasta rozar la parte superior de mi trasero y lo estrujó con firmeza, atrayéndome más cerca de él. Me devoró la boca con sus labios con sabor a vino y me guio hacia el dormitorio en la parte de atrás. Tenía una erección rutilante que sentía presionarse contra mi estómago. Yo sabía exactamente qué sensaciones despertaría cuando estuviera en mi interior. Jamás olvidaría aquel delicioso estiramiento que me hacía tocar las estrellas.

Me empujó hasta tumbarme sobre la cama y se quitó la camiseta. Su cuerpo era exactamente como yo lo recordaba. Flexible y tonificado, con músculos largos y marcados. Su piel parecía cincelada en piedra, y sus estrechas caderas desembocaban en un estómago más duro que el cemento. Era perfecto.

Me desabrochó los vaqueros y me los bajó por las piernas, sin prisa. Cuando los tuve alrededor de los tobillos, les dio un firme tirón y me sentó sobre el borde de la cama. Después de dejarlos en el suelo, se arrodilló en el borde y me besó el interior de los muslos.

Ya se me había olvidado que lo odiaba.

Eché la cabeza hacia atrás y me aferré a las sábanas al sentir cómo su boca se iba deslizando hacia el punto de unión entre mis muslos.

Pero luego me di cuenta exactamente de lo que estaba haciendo, y de por qué tenía que parar.

―Fuego.

Sasuke apartó las manos de inmediato y se puso de pie. Retrocedió un paso, dándome espacio de sobra. Si no hubiera pronunciado la palabra de seguridad, me habría presionado hasta romperme. Nada podría impedir que se hiciese con lo que quería. Pero una vez pronunciada la palabra, se lo tomó en serio.

―¿Qué pasa?

Me senté y junté los muslos. Estaba medio desnuda con Sasuke, y me sentía terriblemente culpable.

―Tengo que hablar con...

―No digas su nombre. ―Las venas del cuello de Sasuke adquirieron el aspecto de cables.

―Necesito hablar con él.

―¿Para qué? ―Sasuke se volvió a arrodillar.

―Tengo que romper con él antes. Esto está mal.

Él inclino la cabeza, irritado, con el pecho distendiéndose y contrayéndose, lleno de agresividad acumulada.

―No me había dado cuenta de que lo vuestro fuera tan en serio.

―No es así. Ni siquiera diría que estamos saliendo... sólo nos enrollamos.

Su mandíbula se apretó con más fuerza.

―Pero debería darle al menos un aviso de cortesía antes de hacer esto. Ha sido muy bueno conmigo y se merece algo mejor.

–¿Bueno contigo? ―Me puso las manos sobre los muslos y apretó con firmeza―. ¿Te importaría explicarme eso?

―Fue él quien presionó para que continuara la investigación. Quien les dijo a las autoridades que me buscaran en la Toscana. Se dedicó a investigar y no se rindió nunca. ―Siempre estaría en deuda con Neji por aquello. En todo el planeta no había ni una sola persona a la que yo le importase tanto como a él. Era lo más parecido que tenía a una familia―. Así que no puedo hacer esto antes de haber hablado con él.

Sasuke aflojó la tensión sobre mis muslos y después apartó las manos. Cuando le vi inclinar la cabeza y continuar callado, supe que no tenía ninguna buena razón para decir que no. No podía estar en desacuerdo con mi sentido de la lealtad.

―Está bien.

Mis labios todavía deseaban ardientemente los suyos. Hubiera querido que aquel beso continuara toda la noche, y también la mañana siguiente. Aquella era justo la clase de afecto y atención que yo anhelaba. Echaba de menos el calor abrasador de su cuerpo, ya que me mantenía caliente por la noche. Echaba de menos pasarle la pierna alrededor de la cintura como apoyo. Lo echaba de menos todo.

―Tengo algo que preguntarte.

―De acuerdo. ―Lo miré a los ojos.

―¿Te acostaste con él por obligación?

Aquella conclusión me dolió.

―Por supuesto que no. Lo hice porque quería hacerlo. –No era la respuesta que él quería escuchar, pero no pensaba mentir para hacer que se sintiera mejor―. Dos meses es mucho tiempo sin algo de contacto físico.

Sasuke apartó la mirada, claramente irritado por la respuesta.

―No tienes derecho a ponerte celoso. Si tú te hubieras acostado con alguien, a mí no me habría molestado.

Cerró los ojos, con el rostro contorsionado por una mueca.

–¿Ni siquiera un poquito?

―No.

―¿Ni siquiera después de todo lo que hemos pasado juntos? ¿No te habría importado una mierda?

Ladeé la cabeza y lo examiné con ojos nuevos.

―Te dije que te amaba. ―La emoción se coló en mi voz sin avisar. Sentí cómo me quemaban las palabras al salir. Se me llenaron los ojos de unas lágrimas que salieron de la nada, y volví a sentir aquel dolor insoportable una vez más―. Y tú me dijiste que no sentías lo mismo. Entonces fue cuando entendí que nunca habías sido mío. Entonces fue cuando entendí la auténtica naturaleza de nuestra relación. Así que no, Sasuke. No me importaría una mierda si te acuestas con alguien.

COGÍ LA MOCHILA DEL SOFÁ.

―Me vuelvo a mi apartamento.

Él se apoyó contra la pared con los brazos contra el pecho.

–¿Por qué?

―No tiene sentido que me quede aquí.

Él se acercó lentamente a mí y me quitó la mochila de la mano.

―No estoy de acuerdo.

Yo extendí la mano.

―Me da igual.

Dejó la mochila en el otro sofá. Para cogerla tenía que pasar junto a él.

―De acuerdo. Un botón. ―No pensaba trabajar gratis. Si quería algo de mí, tendría que pagarlo.

Bajó los párpados al oír mi petición.

―No.

―Entonces me voy. ―Podía quedarse con la mochila, si tanto la quería. Yo tenía más cosas en mi apartamento.

Sasuke se dio cuenta de que tenía que ceñirse a las reglas del juego o desistir.

–Un botón.

―Trato hecho. ―Extendí la palma abierta. Quería aquellos botones lo antes posible, para que todo aquello terminara. Esta vez debía protegerme muy bien el corazón. La última vez, me lo había robado sin yo darme cuenta. Ahora pensaba con mayor claridad, y quería que continuara siendo así.

Se sacó un botón del bolsillo y lo dejó caer sobre mi mano.

Cuando tuve mi pago, me acerqué a mi mochila y lo metí en uno de los bolsillos. Uno menos, ya sólo quedaban veintinueve. No íbamos a hacerlo, así que no estaba segura de para qué quería que me quedase a pasar la noche. Si tenía planeado seducirme para que me acostase con él de todas maneras, se iba a llevar una buena decepción.

―Cena conmigo. ―Se me acercó por detrás y presionó el pecho contra mi espalda―. Hay un sitio muy bonito al final de la manzana.

Al sentirlo pegado a mí, se me alteró la respiración. Cada vez que inspiraba, su pecho se expandía contra mí. Empecé a contar el número de veces que respiraba. Solía hacer lo mismo cuando estaba dormido. Contemplaba su hermoso rostro y contaba los latidos de su corazón.

―No tengo nada que ponerme.

Él me pasó un brazo por la cintura y me dio un beso en la nuca.

―Tengo algo para ti.

.

.

.

SASUKE PIDIÓ el vino y nuestra comida antes de entregar las cartas. Llevaba un traje negro con una corbata azul verdoso. El color de su corbata siempre contrastaba contra el resto de su ropa, en tonos oscuros. Era su característica, lo que lo hacía destacar aún más.

No me podía creer que estuviera sentada frente a él.

Pasar meses sin una sola conversación se hacía muy largo. Cuando llegué a la ciudad, me sentía terriblemente sola. Vivir en la bella residencia de Sasuke sin una sola preocupación en el mundo había sido la experiencia más liberadora de mi vida. Enamorarme de un hombre que me había recompuesto después de que me rompieran era lo único que me había permitido seguir adelante. Sin él, habría estado jodida para el resto de mi vida.

Pero nunca admitiría aquello ante Sasuke.

La debilidad no era mi punto fuerte, y era un aspecto de mí misma que rara vez enseñaba. La última vez que había permitido que sucediera, Sasuke me había roto el corazón. Me había abierto a él por completo y le había dicho dos palabras que deseaba poder retirar. Había sido uno de los momentos más humillantes de toda mi vida.

―Esta noche estás preciosa. ―Se me quedó mirando con aquella mirada suya, a la vez intensa y gélida. Nunca interrumpía el contacto visual, y me contemplaba con tanto interés como hostilidad. Era su manera de intimidar... y siempre funcionaba. Me di cuenta de que tanto él como Obito hacían aquello en cuanto entraban en una habitación. A lo mejor era algo típico de los Uchiha.

―Gracias. ―No le devolví el cumplido porque él ya sabía que era atractivo... y mortalmente, además. Y también sabía lo atraída que yo me sentía por él―. ¿Qué tal está Lars?

―Está bien. Te echa de menos.

―¿Ha dicho eso? ―Aquel hombre dulce siempre me había cuidado, y lo había hecho con una sonrisa. Se había convertido en una parte esencial de mi vida en Italia. Veía su cara cada mañana y cada noche.

―No exactamente con esas palabras. Pero sí.

―Bien... Yo también lo echo de menos. ―Echaba de menos todo de aquel lugar. Era una joya mágica en medio de la nada. Los viñedos eran tan bonitos como las gloriosas puestas de sol sobre las laderas de las colinas. El olor a uvas me acariciaba el olfato al abrir la ventana por la mañana. La comida siempre era perfecta, aunque nada se podía comparar con la compañía de Sasuke Uchiha―. ¿Qué tal está Obito? ―Él me había dicho que Sasuke me amaba, pero aquello terminó siendo un chiste cruel. Volvía a odiar a Obito con todas mis fuerzas.

―Igual de caraculo que siempre.

Solté una risita porque me hizo gracia la elección del término. Nunca le había oído decir nada parecido antes.

―¿Y el trabajo?

―Las bodegas van muy bien. Acabamos de terminar de cosechar, así que hemos completado un gran proyecto. Mi negocio con Obito sigue igual. El envío que hicimos el lunes pasado fue un éxito. ―Hizo girar su vino antes de dar un sorbo.

―¿Se sabe algo de Bones?

―Obito y yo hemos intentado encontrar su pista, pero nunca se queda demasiado tiempo en un sitio concreto. Debe de saber que andamos detrás de él.

―¿Quién era la mujer que me secuestró? ―Al salir de Italia subida a un avión con destino a Estados Unidos, no había llamado a Sasuke para decirle que estaba bien. Pero claro, tampoco tenía su número. Ni siquiera tenía su dirección. No tenía manera de ponerme en contacto con él. Y debía admitir que me había dolido que él nunca se hubiera puesto en contacto conmigo.

―Una cazarrecompensas. Bones envió un montón de ellos en tu busca.

Me estremecí involuntariamente ante aquel pensamiento. Aquel hombre estaba obsesionado conmigo, de una manera enfermiza. Había escapado de entre sus garras hacía un año, pero seguía buscándome.

―Ya veo.

Sasuke apoyó las puntas de los dedos en el tallo de la copa mientras me observaba. Examinaba cada una de mis reacciones, buscando las emociones que había debajo.

―Cuando los encontré, acabé con ellos. No deben preocuparte.

Me había leído el pensamiento, como siempre.

―No hacía falta que los mataras.

―Si no lo hubiera hecho, le habrían contado a Bones dónde te encontraron. Era algo necesario. ―Hablaba sin remordimientos, como si sólo fueran negocios―. No pretendo asustarte, pero Bones no va a dejar de perseguirte. Descubrirá dónde estás, y cuando lo haga, te volverá a atrapar.

Yo oculté mi inquietud dando un largo trago de vino. Prefería morir a ser otra vez una prisionera. Si tenía que volver a pasar por aquella tortura, me pondría una pistola en la cabeza y apretaría el gatillo. Ya había soportado aquello una vez, pero no podría hacerlo de nuevo.

―No pienso vivir con miedo. Si eso pasa, me mataré.

Aquella no era la respuesta que deseaba oír. Se le entrecerraron los ojos por la ofensa.

―No. Esa no es la solución.

―Entonces no tiene solución.

―Si vuelves a casa conmigo, nunca tendrás que preocuparte por ello.

Yo me quedé mirando mi copa.

―Botón. ―Su voz sonó suave, al contrario de como había sonado hacía un momento―. Te mantendré a salvo. Tienes mi palabra.

―¿Igual que me mantuviste a salvo de aquellos cazarrecompensas?

―Te habría recuperado. Estaba a sólo una calle de distancia cuando te escapaste.

―¿Por qué no me detuviste en el aeropuerto?

―No tuve tiempo. La seguridad de los aeropuertos es estricta. Para alguien a la fuga, era el lugar más seguro en el que estar.

Una parte de mí lo odiaba por no haberme detenido. Una parte de mí lo odiaba por haberme dejado marchar. Su indiferencia me había dolido tanto como su frío rechazo.

―¿Por qué no te has puesto en contacto conmigo?

―Asumí que no querías que lo hiciera.

―Pero después te presentas en cuanto empiezo a verme con alguien...

Su expresión no cambió. Continuaba igual de fría y estoica que antes.

―En los últimos meses, me he sentido... perdido. Cuando me voy a dormir, me sigo quedando en el lado izquierdo de la cama, aunque tú ya no estés. He dejado de comer en el comedor porque tú ya no te sientas frente a mí. No he entrado en tu cuarto desde que te fuiste. Lars mandó reparar la ventana, pero no la he comprobado. Cuando me voy a trabajar, no logro concentrarme. Continúo diciéndome a mí mismo que estos sentimientos pasarán. Pero no lo han hecho.

Contuve el aliento, bebiéndome cada palabra. Aquella era una confesión que yo no esperaba escuchar. Realmente sentía algo por mí, fuese lo que fuese. Mi ausencia no le había resultado indiferente. El tiempo que habíamos pasado separados le había resultado tan duro a él como a mí.

―Lars me dijo algo en lo que no he podido dejar de pensar. Y entonces me obsesioné comprobando tus coordenadas GPS. En base a tus movimientos, me figuré tu rutina. Cuando empezaste a pasar todos los fines de semana en Park Avenue, me imaginé lo que estaba sucediendo... y no lo pude soportar.

Sentí curiosidad por saber lo que le había dicho Lars, pero no me atreví a preguntárselo.

―Admito que mi entrada no fue la mejor. Si me hubieras dado un tiro, no te habría culpado por ello. Pero es que estaba... enfadadísimo.

―Como estaba yo cuando te vi besando a Suiren. ―Al mirar por la ventana la había visto besándolo en los viñedos. Entonces se apoderó de mí una furia inaudita. Nunca me había sentido tan desolada. La traición me dolió en lo más profundo.

―Ella me besó a mí ―corrigió él―. Y sí, así fue exactamente como me sentí.

―Parece que estamos en paz.

―No. Ni mucho menos. ―La tensión llenó el espacio que nos separaba. Flotaba con pesadez en el aire, recordándome lo traicionado que se había sentido cuando me acosté con Neji―. Yo nunca me había sentido celoso antes. ―Dio un largo trago para ocultar su enfado.

―¿Por qué no te has acostado con nadie? Dos meses es mucho tiempo... ―Sasuke era un hombre con necesidades muy concretas. Si no daba rienda suelta a sus oscuros impulsos, lo consumirían.

Dio vueltas al líquido de la copa, pero no se lo llevó a los labios. La posó junto al agua, con el oscuro vino a medio beber. Al levantar la mirada hacia mí, no logré descifrar su significado. No parecía enfadado, ni tampoco molesto por la pregunta.

―No quería hacerlo.

Esperé a que se explicara mejor, porque aquella no era respuesta suficiente.

Sus finos labios permanecieron juntos, negándose a dejar pasar ni una palabra más.

―¿No querías hacerlo? ―No me creía aquello ni por un segundo. Quizá me hubiera echado realmente de menos, pero el sexo no era algo emocional en su caso. Se trataba simplemente de un alivio. Para eso podía utilizar a cualquier mujer, no sólo a mí.

―No.

Mis ojos se estrecharon.

―¿Y ya está?

―¿Por qué es algo tan difícil de creer?

―No lo sé... A lo mejor porque Suiren se habría apresurado a cumplir cualquiera de tus deseos en cuanto se lo hubieras pedido. ―Estaba segura de que ella no habría tardado en enterarse de que yo me había marchado y se habría intentado meter en su cama más de una vez. ¿Por qué iba a rechazarla, si yo ya no estaba allí?

―Ya sabes el tipo de mujer que me gusta. Inteligente, fuerte y orgullosa. Ella no es ninguna de esas cosas.

―Pero antes te acostabas con ella.

―Eso fue antes de que mis gustos cambiaran. ―Me dedicó una mirada cargada de sentido.

―Entonces, ¿por qué no buscaste a otra con esos rasgos?

Él dejó la mano sobre la mesa y sus finos dedos golpearon suavemente el mantel.

―Como ya he dicho, no quería hacerlo.

Entrecerré los ojos, molesta.

―Me dejaste muy claro que nunca habías sido mío.

―Así era.

Todo lo que decía contradecía lo que había dicho en el pasado. Me dolía el cuello por aquel constante tira y afloja.

―Pero ahora lo soy.

La frustración me abandonó y el estómago se me tensó como respuesta. Mis ojos buscaron automáticamente su rostro, intentando detectar si mentía. ¿Había dicho aquello realmente, o sólo lo había imaginado?

Posó los brazos sobre la mesa y se inclinó hacia delante. Habló en voz baja, para que nadie más pudiera escuchar nuestra conversación. Me dedicó una mirada aterradora, pero también de una gran belleza.

―Y quiero que vuelvas a ser mía otra vez.

.

.

.

CUANDO ENTRAMOS EN EL DORMITORIO, se me acercó por detrás y me bajó la cremallera del vestido. Era negro, con un patrón de encaje. Se ajustaba perfectamente a las curvas de mi cuerpo, como si se supiera mis medidas de memoria.

Cayó en el suelo a mis pies.

Me desabrochó de inmediato el sujetador sin tirantes y lo dejó caer al suelo. Me pegó los labios a un hombro y me lo besó con suavidad. El vello de su barbilla aplicaba la fricción justa que tanto había echado de menos. Se fue desplazando lentamente hacia mi clavícula.

Y yo deseaba con ansia que me diera un pequeño mordisco.

Su lengua lamió la piel que recubría el hueso. Entonces me pellizcó con los dientes, dándome un mordisquito como cuando estábamos juntos en la cama.

No lo pude evitar. Gemí.

Me envolvió la cintura con las manos y después fue subiendo por mi estómago. Cubrió mis pechos con sus manos, masajeándolos con agresividad. Su boca pasó a mi oreja y escuché su respiración amplificada.

―Botón. ―Se me endurecieron los pezones y sentí sus dedos cerrarse sobre ellos y pellizcarlos con suavidad.

Arqueé la espalda contra su pecho, reaccionando de inmediato a su agresivo contacto. Había afirmado que no me acostaría con él aquella noche, pero mi determinación se estaba difuminando con rapidez.

Una de sus manos continuó sobre mis pechos mientras la otra descendió por mi estómago. Lentamente, sus dedos me acariciaron el ombligo y después se introdujeron bajo el encaje de mis bragas. Con suavidad, fueron acercándose a mi clítoris palpitante y se presionaron contra él.

Yo volví a arquear la espalda.

―Esto es mío. ¿Me entiendes? ―Sus labios se movieron contra mi oreja y su fuerte respiración me prendió fuego.

―Sasuke... ―Me rendí ante su control, pronunciando su nombre cuando no tendría que haberlo hecho. Echaba muchísimo de menos aquello. Lo echaba más de menos de lo que quería reconocer. Él se apoderaba del control de la situación, tomando las decisiones por los dos. Lo único que yo tenía que hacer era disfrutarlo.

―Me has echado de menos tanto como yo a ti.

―Sí...

Sacó los dedos de debajo de mis bragas y después tiró del tejido para bajármelo por los muslos. Cuando estuve desnuda, él se desvistió a mi espalda, quitándose el traje y la corbata. Se bajó los bóxers y los tiró de una patada al suelo.

Por más que deseara hacer aquello, sabía que no podía.

―He dicho que no.

Él me dio la vuelta hasta que estuvimos cara a cara. Me cogió agresivamente el pelo con un puño, agarrándome con la otra mano por la pronunciada curva de mi espalda. Me atrajo tan cerca de él que mi pecho se presionaba contra el suyo cada vez que respirábamos.

―Tu cuerpo y tu mente están en lucha entre sí. Y yo ya sé cuál va a ganar. ―Me levantó del suelo y me depositó sobre la cama debajo de él. Posó las manos a ambos lados de mi cabeza y me separó los muslos con los suyos.

―Ya me has besado. Ya me has tocado. ¿Qué más da? ―Entrelazó sus dedos con los míos y me inmovilizó las manos contra el colchón.

―Sí da.

Él bajó la cabeza hasta rozar mi nariz con la suya. Sentía su calmada respiración en la cara, y la manera en que me agarraba las manos dejaba ver su hambre de mí. Era un cazador, y yo su presa. Contempló mis labios varios segundos antes de besarme. Era un contacto más dulce que el que habíamos compartido antes. Se concentró en la textura de mis labios, dándome unos besos lentos que eran a la vez delicados y apasionados.

Mis labios se movieron inmediatamente contra los suyos como si tuvieran vida propia. Saboreé el amargor del vino y sentí cómo se me tensaba el cuerpo debajo de él. Entrelacé los tobillos rodeándole la cintura y deseé una noche de pasión desatada. El momento me recordó a todas nuestras noches juntos, haciendo el amor delante de la chimenea.

Él separó los labios de los míos, hasta dejar un par de centímetros entre nosotros.

A mí casi se me escapó un gemido porque su pérdida me resultaba dolorosa.

―Echo de menos oír cómo te corres. ―Su intensa mirada se encontró con la mía, desesperada y poderosa a la vez.

Mi entrepierna empezó a palpitar de inmediato. Llevaba mucho tiempo sin penetrarme, y yo anhelaba aquella sensación. Deseaba recuperar la conexión que una vez compartimos. Lo echaba más de menos de lo que jamás reconocería.

Me dio otro beso en los labios antes de descender lentamente por mi cuerpo. Me besó los pechos y el estómago. Sus grandes manos me abrieron las piernas para dejar paso a su boca. Me pasó la lengua por las caderas y después me besó el interior de los muslos.

Oh, Dios.

Debería haber interrumpido aquello, pero no lo hice. En vez de eso, me agarré a las sábanas que tenía debajo y me preparé para sentir su cálida boca contra mi piel. Me miró a los ojos mientras me daba besos acercándose cada vez más a mi sexo, jugando conmigo. Nunca estaba más atractivo que cuando tenía la cara metida entre mis piernas.

Finalmente, aplicó los labios contra mis pliegues, dándome un beso abrasador.

―Oh, Dios mío... ―Se me arqueó la espalda y enterré los dedos en el colchón. El éxtasis me recorrió el cuerpo al instante, haciendo que se me contrajesen los dedos de los pies y se me endureciesen los pezones. Sin ningún reparo, abrí más las piernas para recibir mejor aquella experta boca.

Me volvió a besar, y esta vez movió la lengua en círculos alrededor de mi clítoris. Utilizó una firme presión para devolverme a la vida. Besó y succionó la zona, proporcionándome la deliciosa masturbación que tanto echaba de menos. Volvió a succionarme el clítoris antes de agarrarme las manos contra las sábanas y entrelazar nuestros dedos. Me sujetó para que no pudiera moverme.

―¿Quieres que pare?

Sentía la cabeza ligera y no era capaz de pensar en nada más que no fuera aquella cálida boca contra mi entrepierna.

―No. ―Nadie podía echármelo en cara. Tenía a un hombre guapísimo entre las piernas que daba la impresión de disfrutar aún más que yo. Era la fantasía perfecta―. No.

Continuó moviendo la boca entre mis piernas, besándome con más fuerza que antes. Hacía magia con la lengua y me sorprendí retorciéndome y gimiendo para el hombre que me había roto el corazón.

Movió la lengua en círculos sobre mi clítoris aplicando más presión, tocándome justo en el punto preciso para hacer que me corriera.

―Dios... justo ahí. ―Retorcí mis manos bajo las suyas, pero no logré moverlas. Mis caderas se movieron de inmediato hacia arriba, sintiendo el empujón como un tren de mercancías. Era poderoso y cegador. Me daba tanto placer que no podía creerme que se me hubiera olvidado lo maravilloso que era.

―Sasuke... ―Ni siquiera me di cuenta de que estaba pronunciando su nombre hasta que no hubo remedio. Volvía a ser otra vez la esclava de aquel hombre.

Sus besos se hicieron más dulces mientras pasaba mi orgasmo. Lentamente, empecé a relajarme. Mis caderas descendieron y dejé de apretar los dedos contra los suyos. Mi respiración volvió a la normalidad, pero mis pezones continuaban erectos y tenía el pecho empapado en sudor.

Sasuke ascendió por mi cuerpo hasta que estuvimos cara a cara. Mis fluidos le cubrían los labios. Ver mi humedad reluciendo en su boca hizo que mis piernas le apretaran automáticamente las caderas.

Deslicé las manos por su pecho, sintiendo las estriaciones de los músculos. Deseaba hundir mis garras en él y no soltarlo nunca. Al instante, mi cuerpo le permitió poseerme. Aquel cordón invisible que me había unido a él una vez se me tensó alrededor de la garganta. Mi corazón estaba hecho de acero y nunca volvería a dejarlo entrar, pero el resto de mi cuerpo se postró ante él.

―Te deseo. ―Pegó su cuerpo al mío, con la gruesa erección presionando contra mis tiernos pliegues. Se frotó lentamente contra mí con el miembro palpitante y ansioso por estar en mi interior, goteando fluido preseminal sobre mí ya empapado sexo.

Me hizo falta toda mi fuerza para combatir los poderosos deseos de mi cuerpo. Ya había hecho demasiadas cosas con Sasuke de las que me arrepentía. El daño estaba hecho. Pero acostarme con él sólo empeoraría las cosas. Debía ser fuerte.
―Mañana.

Gruñó junto a mi rostro, con los ojos relucientes de desafío.

–Mañana ―repetí.

Por fin se apartó y se tumbó sobre la cama a mi lado. Su erección continuaba presionada contra su estómago, hinchada y lista para entrar en mí si cambiaba de opinión.

Yo no estaba segura de poder estar tumbada toda la noche junto a él sin ponerle las manos encima. Tendría que ponerse algo de ropa si quería que me quedara.

Apagó la lámpara de la mesilla de noche y el dormitorio se llenó de tinieblas. Después me abrazó y me apretó contra su pecho. Pasó una de mis piernas alrededor de su cintura y apoyó la frente contra la mía.

Mi brazo le rodeó el cuello por voluntad propia y yo cerré los ojos. Podía sentir su mirada sobre mí, la quemadura de sus ojos fijos en mi cara. No lo miré porque no me fiaba tanto de mí misma como para asomarme a aquellos ojos embrujadores. Estaba haciendo equilibrios junto al precipicio de la tentación. Si me inclinaba demasiado, caería de cabeza en el abismo conocido como Sasuke Uchiha.

Su voz profunda llegó a mis oídos.

―Buenas noches, Botón.

–Buenas noches, Sasuke.