Capítulo 14

SASUKE

―Salid por esa puerta si no queréis que os corte la polla.

Escuché la voz distante de Botón enfrentándose a sus secuestradores. Los acentos de los hombres me dijeron quiénes eran exactamente. No conocía sus nombres, pero su origen era inconfundible. Trabajaban para mi mayor enemigo.

―Venga, Botón. ―Cerré los ojos y me concentré en la conversación amortiguada. Seguramente había dejado caer el teléfono al suelo, porque me resultaba casi imposible enterarme de algo, aparte del hecho de que estaba luchando por su vida. Si alguien podía salir de una situación como aquella, era ella. No se rendiría, pasase lo que pasase.

―¡No! ―Escuché la voz de Botón lanzar un grito derrotado antes de quedar en silencio. Bones habría dado instrucciones a sus hombres para que no le hiciesen daño, y desde luego para que no la mataran. Que no hablara sólo podía querer decir una cosa.

La habían drogado.

Colgué el teléfono y me puse de pie en el pasillo del avión. Estaba en un vuelo privado de vuelta a Italia, y ya estaba casi a medio camino cuando Botón me había llamado. Saber que estaba atascado en medio del océano sin posibilidad de ayudarla me destrozaba por dentro.

Tendría que haberme quedado.

O mejor aún, me la tendría que haber llevado conmigo.

Joder, aquello no era bueno.

Abrí el rastreador en el móvil y recé por que siguiera activo.

Ella no se lo había quitado, y con suerte, todavía le quedaba batería. Después de un minuto esperando la transmisión, su puntito apareció en la pantalla. Estaba moviéndose por las calles de Manhattan, de camino a la costa. Debía de estar en un coche rumbo al aeropuerto.

Joder.

Llamé a Obito.

―Ya era hora de que me llamaras...

―Calla y escúchame. Bones acaba de atrapar a Botón. Se la llevaron de su apartamento, y ahora están en marcha. Yo estoy metido en un puto avión y a medio camino de la Toscana.

A Obito le costó un momento reaccionar, probablemente porque lo que le acababa de decir era un bombazo.

―Mierda. ¿Qué hacemos?

―Yo voy a decirles que den la vuelta a este avión. ―Si Bones pensaba que me podía arrebatar a Botón, estaba tristemente equivocado. Moriría antes de permitir que le pusiera una sola mano sobre su pálida piel. Le había hecho las cosas más crueles y brutales, y como que había un infierno que no le iba a permitir que continuara con aquel tipo de abuso. No había logrado salvar a Naori, y lo lamentaba todos los días. No iba a permitir que a Botón le pasara lo mismo.

―Espera, no lo hagas.

―¿Que no haga qué? ―salté―. ¿Crees que me voy a quedar sin hacer nada? ―Me temblaban los brazos y no lograba parar quieto. A pesar de las turbulencias, recorría el pasillo arriba y abajo, obligado a mover los pies para dar salida a mi frustración. Botón estaba en peligro y yo no podía hacer nada para ayudarla. Aquella imposibilidad y desesperación me estaban volviendo loco. Ella me necesitaba, y yo no estaba allí para ayudarla. Si algo le sucedía, no me lo perdonaría nunca.

Jamás.

―Cálmate un segundo y piensa ―ordenó Obito―. Es evidente que la están trayendo a Italia. Por lo que yo sé, aquí era donde estaba Bones. Y para cuando te hayas dado la vuelta, ya estará a medio camino de Europa. Sencillamente, quédate donde estás.

Aquello me sonaba imposible en ese momento. ¿Cómo podía quedarme parado a esperar? Odiaba aquella sensación. Siempre que era necesario hacer algo, yo lo hacía. No perdía el tiempo andando de acá para allá. Yo era un hombre de acción. Siempre.

―¿Y qué pasa si se la están llevando a otro sitio?

―¿Aún lleva tu rastreador?

―Sí. ―Gracias al puto cielo.

―Pues dedícate a controlarlo. Te lo aseguro, se la están llevando a Roma.

―¿Qué te hace estar tan seguro? ―Llevaba todo el mes en Estados Unidos y no le había dedicado ni un solo pensamiento al trabajo. Había estado concentrado en conseguir que Botón volviera a casa conmigo... algo en lo que había fracasado.

―Ayer pasaron movidas importantes. Algún tipo de carrera armamentística. Ambos sabemos que es el tipo de negocio en el que estaría metido Bones.

Bones nunca dejaba pasar una oportunidad para hacer negocios, y no delegaba la gestión de los mismos en nadie. Siempre había sido un hombre al que le gustaba implicarse sobre el terreno. Obito y yo éramos exactamente igual. Teníamos graves problemas para fiarnos de las personas y no permitíamos que nadie más manejara los asuntos importantes.

―Cierto.

―Te lo garantizo, está allí. No va a irse a ninguna parte hasta que ella haya aterrizado. Va a querer...

―Suficiente. ―Me negaba a permitir que terminara porque mi mente ya iba diez pasos por delante de él. Imágenes de ella desnuda y golpeada me inundaban la cabeza como un enjambre de avispas. Era un fuego que ardía desde el interior hacia la superficie. La ataría y la amordazaría, y le daría palizas hasta dejarla llena de moratones. La idea era tan insoportable que lágrimas de rabia empezaron a quemarme en los ojos. Me agarré al asiento más cercano hasta que mis nudillos se volvieron blancos.

Obito se sobrepuso a la tensión.

―Aterriza y te iremos a recoger. Tendré a todos los hombres preparados para emboscar a Bones y a sus compinches. La recuperaremos, tío.

―Tenemos que recuperarla, Obito. Lo digo en serio. ―Si le fallaba, no lograría sobreponerme. Mi fin en esta vida era protegerla y mantenerla a salvo. Se había convertido en una parte esencial de mi ser, y yo entendía mejor que nadie por lo que había pasado. Las imágenes nunca dejarían de atormentarme, y al final, terminaría por ceder y suicidarme.

―Lo sé. Y lo haremos. Tú conserva la calma.

Aquello era imposible. En aquel momento, estaba en manos de hombres malvados. A lo mejor todavía no iban a hacerle daño, pero eso no quería decir que no fueran a hacerle otras cosas. La idea me puso tan enfermo que casi me puse a aullar en medio del pasillo.

―¿Sasuke?

Me senté en la silla más cercana porque me sentía débil.

―¿Hmm?

―Me quedaré al teléfono contigo. ―Obito se calló y no dijo nada más. Se oían voces de hombres de fondo, porque estaba en el punto de reunión. Estaban preparando las armas y las protecciones. No me ofreció falsas palabras de esperanza para hacerme sentir mejor. Hizo lo único que podía hacer.

Quedarse conmigo en mi sufrimiento.