Capítulo 16

SASUKE

A pesar del agotamiento que me ardía detrás de los ojos, no conseguí dormir. Normalmente, cuando tenía a Botón a mi lado, me extinguía como una vela. Pero ahora me quedé sentado en mi estudio mientras acababa con mi suministro de whisky y coñac, en pantalones de pijama y con una camiseta negra.

Eran las cinco de la tarde, pero ella seguía dormida. Después de todo por lo que había pasado, no podía culparla por haberse quedado sin energía. La habían perseguido y cazado en su propia casa, para después drogarla y arrastrarla hasta un avión. Luego, un camión se había estrellado contra el vehículo en el que iba y la había enviado volando contra la puerta opuesta. Vapuleada y magullada, después de un día de descanso sus heridas probablemente tuvieran peor aspecto.

Se merecía el descanso.

Obito entró un momento después, con sus documentos debajo del brazo. Se dejó caer en el sofá, cogiendo de inmediato mi vaso de whisky. Se bebió medio vaso antes de poner la carpeta sobre la mesa.

Yo me serví otro, ignorando su leve falta de respeto.

―¿Qué noticias me traes?

―Los nuestros limpiaron la calle y se deshicieron de los cuerpos. Nos quedamos algunos de los coches. Después de una limpieza a fondo y de cambiarles las matrículas, tendremos más juguetes para el parque. También cogimos algunas armas bastante chulas que hemos añadido a la colección.

―¿Y la policía?

―Vinieron a ver cómo iban las cosas, pero no abrieron expediente. No son imbéciles.

―No son suicidas, quieres decir. ―Yo no me metía con la policía. Protegían a gente inocente por todo el país, haciendo su trabajo lo mejor posible. Los tipos como Bones y yo estábamos por encima de la ley, y sólo porque se interpusieran en nuestro camino, no quería decir que hubiera que acabar con ellos. Si se les daba una advertencia clara, por lo general se retiraban de nuestro territorio y nos daban la espalda. Además, no éramos más que criminales matando a otros criminales. No representábamos lo que se dice una amenaza para los ciudadanos italianos.

―Lo que sea. ―Se acabó su whisky, que era el mío, y rellenó el vaso hasta el borde―. No he sabido nada de Bones. No tengo ni idea de lo que anda haciendo.

―¿Nada de nada?

―No. ―Obito sacudió la cabeza―. Sospecho que no está en Italia. Probablemente esté reuniendo refuerzos para acabar con nosotros. Después de lo que le hemos hecho, estoy seguro de que quiere nuestras cabezas en bandejas de plata. O sea, ya le hemos quitado a Sakura dos veces.

―Si tuviera la polla más grande, a lo mejor conseguía que se quedara con él. ―Quería prenderle fuego a aquel tío y verlo arder. Perdía seriamente los estribos con la gente que le hacía daño a Botón, pero reservaba una ferocidad especial para aquel hombre. Me vengaría de lo que le había hecho a mi hermana, a mi familia y a ella―. Tenemos que cargárnoslo de una vez por todas. Si no lo hacemos, Botón nunca podrá volver a su casa y continuar con su vida.

Obito estaba a punto de abrir la carpeta cuando hizo una mueca y se volvió a mirarme. Tenía el gesto gélido como el ártico, e igual de inhóspito. Abrió la boca para proferir un insulto, pero cambió rápidamente de idea.

―Sabes qué... olvídalo. ―Volvió a sus papeles, y se puso a revisarlos.

―¿Olvidar el qué?

Él sacudió la cabeza, sin contestar.

―Obito, si tienes algo que decir, dilo.

Obito dejó la carpeta de golpe sobre la mesa.

―Después de toda la mierda por la que acabamos de pasar para recuperar a esa mujer, ¿de verdad estás dispuesto a enviarla de vuelta? ―Obito me había dedicado palabras hirientes antes, pero nunca las decía en serio. Aunque sus palabras no eran dañinas, su tono acumulaba una cantidad enorme de odio. En aquel momento me despreciaba, total y completamente―. Te llevaste por delante a una brigada completa de soldados tú solo para luego ejecutar a los supervivientes como un general de un ejército austriaco... ¿y todavía me vas a mirar a los ojos y a decirme que no estás enamorado de ella? ―La mirada gélida no desapareció ni un segundo mientras me fulminaba. Sus ojos color negro, idénticos a los míos, no contenían nada más que odio, sin una pizca de afecto. Mi hermano pequeño estaba realmente decepcionado conmigo―. No pienso seguir hablando de esto. Es cosa de maricones, de todas formas. ―Encontró el mapa de una de las fábricas de Bones y me lo pasó―. Creo que deberíamos atacar aquí. Es la que produce la mayor parte de su material, y si la destrozamos, lo atraeremos fuera de su escondite. Este tío siempre está en movimiento, así que tendremos que hacer que venga a nosotros.

Me quedé mirando el mapa, sin verlo de verdad. Las palabras de mi hermano me daban vueltas en la cabeza mucho después de que las pronunciara.

―Obito...

―Ya no voy a seguir hablando del tema. Haz lo que te dé la puta gana. Pero la próxima vez que necesites ayuda para salvarla o secuestrarla... o lo que mierda hayas planeado hacer con ella, no me llames. Porque si lo haces, no te ayudaré.

Obito no era un tío emotivo, y lo romántico no le importaba una mierda. Aquella situación con Botón le molestaba, pero yo no lograba descubrir por qué.

―Dime por qué esto es tan importante para ti. Y no me digas que es porque quieres que sea feliz. Tiene que haber algo más en este asunto.

―Te da totalmente igual, así que no finjas lo contrario.

Lancé el mapa sobre la mesa y le presté toda mi atención.

–Sí que me importa.

Él puso los ojos en blanco.

―No pienso mantener esta conversación contigo. Es estúpida y de nenas.

―Sea o no estúpida, necesitamos tenerla. Ahora suéltalo para que podamos seguir con nuestras vidas. ―Obito y yo no teníamos conversaciones profundas sobre nuestros sentimientos y cosas de esas. Nos limitábamos a trabajar juntos y a planear nuestros movimientos. La mayor parte del tiempo, él me molestaba a mí, y yo a él. Pero el vínculo de sangre que compartíamos nos mantenía más unidos de lo que ninguno de los dos estaba dispuesto a admitir. Ni siquiera habíamos hablado demasiado de Naori después de su muerte, pero de aquello sí que íbamos a hablar.

Obito se frotó la nuca, todavía con la misma mirada de irritación en los ojos.

―Pero luego no puedes restregármelo, ¿de acuerdo?

Aquello era lo único que se me daba bien.

―Claro. Dímelo y ya está.

―Vale... ―Se frotó las palmas de las manos, intentando poner sus pensamientos en orden―. Cuando trajiste aquí a Sakura, yo la odiaba. Tú sabías lo que quería hacer con ella. Viste lo que le hice, de hecho.

Apreté la mandíbula ante el recuerdo. Le había disparado en el brazo después de que hiciese daño a Botón, pero aquello no fue castigo suficiente. La única razón por la que seguíamos hablando era porque éramos familia. De alguna manera, aquel vínculo era más fuerte que mi odio.

―Pero he descubierto mucho sobre ella de tenerla todo el tiempo cerca. Es fuerte, poderosa y tiene una boca que haría a un soldado sentirse como una mierda. Tiene empuje, ¿entiendes? Completa nuestro trío.

Yo no tenía ni idea de a dónde iba a parar todo aquello, pero no pregunté. Esperé a que soltara sus pensamientos incoherentes, hasta que terminara por llegar al meollo del asunto.

―Si te casaras con ella, sería una Uchiha.

¿Quién había dicho nada de matrimonio? Yo no le había dicho aquella palabra a Obito en mi vida.

―Y... a mí me gustaría que fuera una Uchiha. ―Se volvió a frotar las palmas y bajó la vista hacia sus manos―. Nuestra familia no para de encoger. Un día, sólo quedará uno de nosotros. Pero Sakura puede ampliarla. Puede hacer que nuestra familia crezca.

Cuando por fin entendí lo que estaba intentando decir, no pude evitar que la sorpresa se reflejara en mi cara. Estaba grabada en mis facciones y no había desaparecido. A Obito no sólo le gustaba Botón. Quería que fuera una de nosotros.

―Ella podría ser mi hermana. Y podría darte hijos. Nuestra familia Uchiha crecería. Quizá, un día, volvería a estar completa. –Se encogió de hombros―. No sé...

―Si ampliar nuestra familia es tan importante para ti, ¿por qué no te casas?

―Porque no estoy enamorado de nadie. ―Se recostó en el sofá y cruzó los brazos delante del pecho―. Nunca he conocido a una mujer a la que pudiera conseguir tolerar. Sólo estoy con ellas para mojar y punto. Si alguna vez conozco a alguien sin quien no pueda vivir, puedes apostar el culo a que me casaré con ella. Pero seamos realistas, las mujeres como Sakura no crecen en los árboles. Dudo que encuentre alguna vez a una mujer así.

Botón era espectacular. En cuanto la había oído hablar, había tenido que hacerla mía. El fuego que ardía en sus ojos tenía algo que me atraía hacia ella. Yo había creído que quería hacerle daño yo mismo, pero al final, sólo quería protegerla. Fuese cual fuese el hechizo que tenía sobre mí, era poderoso. Tenía más control sobre nuestra relación del que nunca llegaría a imaginar.

―Son difíciles de encontrar.

―Entonces, ¿por qué dejas que se vaya?

Aquello ya se lo había explicado, pero al parecer, tenía que repetirme.

―Obito, nosotros no podemos amar a nadie. Si lo hacemos, terminarán muertos. Eso lo sabes. Y yo también lo sé. Es simplemente como son las cosas.

―A mí me parece que la cabeza de Sakura ya tiene precio. Así que, ¿qué más da?

Di un sorbo de whisky para disimular mi silencio.

―Tú ya la amas, y ella te ama a ti. ¿Qué importa que nunca lo digas en voz alta, con esas palabras? Ya lo demostraste ayer un millón de veces, cuando te portaste como un demente con todos los hombres de Bones. Simplemente, acepta el hecho de que está en tu vida, y no sólo ahora, sino para siempre. No le estás haciendo a nadie ningún favor mintiéndote a ti mismo. Pórtate como un hombre, Sasuke.

―¿Que me porte como un hombre?

―Sí ―saltó―. Un hombre de verdad no miente sobre sus sentimientos. Le dice a todo el mundo que ama a alguien, y desafía a sus enemigos a hacerle daño a la mujer que adora. Un hombre valiente tiene agujeros en su armadura, pero va con ella a la guerra de todas formas. Un hombre bravo no teme amar a alguien, aunque sepa que antes o después llegará el final. Eso es lo que significa ser un hombre de verdad, Sasuke. Esta estupidez a la que te estás aferrando es simplemente patética. Y eso es decir mucho, viniendo de mí.

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BOTÓN SE REMOVIÓ debajo de las mantas y se las subió hasta el hombro para combatir el frío. Sus ojos seguían cerrados y tenía los labios relajados, en paz. Rosáceos mechones de su cabello se extendían por la almohada, marcando como suya la mayor parte de la cama. Era minúscula, pero estiraba las piernas, acaparando la mayoría de la cama como de su propiedad.

Estiró la mano, palpando las sábanas que tenía debajo. Enterró los dedos en el tejido, buscando algo a lo que aferrarse. Cuando no encontró lo que estaba buscando, estiró más el brazo y dejó escapar un suspiro de frustración.

Verla sufrir era demasiado para mí, así que me deslicé entre las sábanas a su lado y permití a su mano encontrarse por fin con mi duro pecho. En cuanto las puntas de sus dedos sintieron la calidez de mi piel, se clavaron ligeramente en él, reclamándome como suyo.

Mi mano se encontró con la suya y entrelacé nuestros dedos. Las yemas de sus dedos eran pequeñas y suaves, de un tamaño que era casi la mitad del de las mías. Al contrario que la mayoría de las mujeres, nunca se hacía la manicura. Su apariencia siempre era limpia y sencilla. Apenas llevaba maquillaje, porque no lo necesitaba. Su piel clara y sus ojos de belleza natural eran más que suficientes.

Contemplé sus gruesas pestañas, esperando a que se agitaran. En cualquier momento, la reina de mi finca abriría los ojos para enfrentarse a un nuevo día. Exhausta por el infierno que se había desatado el día anterior, había dormido más de doce horas para recuperarse. Todavía me preocupaba que tuviera que ir a un hospital, pero ella me había asegurado que no hacía falta.

Finalmente, abrió los ojos. Luminosos y brillantes, relucían como gemas. La magia y la emoción se mezclaban con la bruma del sueño. Su belleza era incomparable y, a veces, simplemente no parecía real.

Después de que sus ojos me atraparan, sus labios se estiraron en una sonrisa perfecta. No enseñó los dientes, pero el gesto fue igual de poderoso. Se acercó más a mí hasta pegarse al contorno de mi costado, abandonando su lado de la cama e invadiendo el mío como una conquistadora. Se apretujó más contra mí y después me depositó un húmedo beso en el pecho. A continuación, el suspiro más bello escapó de sus labios.

Cada pequeño detalle podía conmigo, y estaba tan hechizado que me olvidé por completo de respirar. Mis pulmones se expandieron de inmediato con la profunda inhalación que necesitaba, y me quedé mirando a la mujer que me había hecho llorar hacía sólo unos cuantos días. Sin torturarme ni amenazarme, me había llevado a un nivel de emoción que nunca había alcanzado en mi vida adulta. Me había despojado de mi armadura hasta que no quedó nada más que piel y hueso. Me había hecho menos hombre, pero al mismo tiempo, me había convertido en la versión más fuerte de mí mismo que sería jamás.

Se volvió más hacia mí y me depositó otro beso en el pecho. Su labio superior se quedó pegado brevemente a mi piel seca antes de retirarse suavemente. Tenía el pelo revuelto y enredado de la noche anterior, pero le daba aspecto de una diosa del sexo que viviera para complacerme.

Trepó por mi pecho hasta que sus piernas rodearon mis caderas, y deslizó lentamente su cuerpo hacia abajo hasta que su sexo topó con mi glande. Presionó suavemente hasta que me introduje en ella, estirándola.

Gimió suavemente antes de morderse el labio.

Mis manos bajaron de inmediato hasta sus muslos, agarrándola con fuerza.

Ella continuó descendiendo hasta que estuve por completo en su interior, a tanta profundidad que podía sentir su cérvix. Tenía los pechos respingones y los pezones tan duros como el diamante. Su cintura no encerraba tantas curvas como antaño porque no había comido demasiado durante nuestra separación, pero seguía siendo tremendamente sensual. Se echó hacia atrás y se pasó los dedos por el pelo antes de empezar a frotarse contra mí, con una mirada traviesa en los ojos.

Joder.

Se mordió el labio y gimió mientras me aceptaba una y otra vez, tocándose, con el aspecto de las fantasías de cualquier hombre. Sus manos se aferraban a sus pechos antes de volver a enterrarse en su cabello, disfrutando al máximo de sí misma al tiempo que me satisfacía a mí.

Aquello era mejor que cualquier sueño.

Frotaba las caderas contra mí, enterrando su clítoris en mi pelvis. Casi al instante, se corrió sobre mí, empapándome con su lubricación y enviándome al paraíso. Su sexo se contrajo intensamente en torno a mi erección, ordeñándome con intención de quedarse hasta la última gota de la explosión que estaba a punto de abandonar mi cuerpo.

―Botón. ―Le pasé los brazos por debajo de los muslos, empujándola con fuerza sobre mi miembro. Cada vez que veía su boca formando aquella deliciosa forma de O, casi gritando por la intensidad de su orgasmo, quería correrme justo después que ella, liberando todo el deseo acumulado en mis testículos.

Se inclinó hacia delante y se aferró a mis hombros con sus largas uñas. Con una mirada de confianza, me miró directamente al alma mientras sus caderas continuaban balanceándose, introduciéndome en su interior. Tenía las mejillas sonrojadas debido al placer que sentía entre las piernas, y los pezones todavía erectos de excitación se arrastraban por mi pecho con cada uno de sus movimientos.

―Total y jodidamente perfecta. ―Le estrujé los muslos mientras me deslizaba en su interior, con la mirada aún clavada en sus bellos ojos verdes. Me había acostado con muchísimas mujeres que habían aceptado los oscuros deseos que les imponía. Algunas noches había vivido en una fantasía pura con mujeres más bellas que la noche misma. Pero esta mujer destruía sus recuerdos. Con su belleza, su fuerza y su resistencia, espantaba los fantasmas de todas y cada una de las mujeres con las que había entrado en aquella mansión. Ejercía su dominio de modos sutiles, conquistándolo todo... a mí incluido. Era la otra cara de mi moneda, la sangre que recorría mi corazón.

―Dámelo todo. ―Empezó a dejarse caer sobre mí con más fuerza, asimilando por completo mi miembro en su estrecho y pequeño sexo. Me clavó las uñas en los hombros y su respiración se hizo más profunda al engrosarse mi erección en su interior―. Lo quiero, Sasuke.

Yo gruñí desde el fondo de la garganta porque sus palabras me inflamaban. Cada vez que me suplicaba que me corriera, me resultaba imposible contener mi cuerpo. Sentí mi miembro arder con un placer delicioso que me recorría todo el cuerpo. Palpité en lo más hondo de su ser al liberar mi carga, ofreciéndole una oleada tras otra de mi esencia. Volví a gruñir, porque el placer era incontenible. Hundí los dedos en sus caderas mientras me dejaba llevar, con los nervios encendidos por el orgasmo que se extinguía.

Se apartó lentamente de mí y se llevó los dedos a su entrada. Jugueteó con su sexo hasta que mi semen goteó sobre las puntas de sus dedos. Como una golfa, se llevó los dedos a la boca y se los lamió hasta dejarlos relucientes.

―Joder, Botón.

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ESTABA DEBAJO DE LA DUCHA, lavándose el pelo y librándose de la suciedad que se aferraba a su piel. Tenía magulladuras tenues en los brazos y en las costillas, por donde la habían agarrado con fuerza como si fuera un perro. El corte que tenía sobre la ceja había dejado de sangrar, pero todavía tenía aspecto de doler.

Apreté el pecho contra su espalda y le pasé los brazos por la cintura.

―¿Seguro que estás bien? Siempre puedo llamar a un médico para que venga a la finca. ―Le pasé el cabello sobre un hombro y le di un beso en la sien.

―Sasuke, estoy perfectamente. ―Se dio la vuelta y echó la cabeza hacia atrás para poder aclararse la espuma del pelo―. He pasado por cosas peores. Ambos lo sabemos.

Se estaba refiriendo a la ocasión en la que mi querido hermano casi la había matado de una paliza.

―No pasa nada por admitir que necesitas ayuda. Un médico podría recetarte algo más fuerte que paracetamol.

―Deja de tratarme como si fuera de porcelana. Puede que me doble, pero no me rompo. ―Salió de debajo del agua y se escurrió el agua del pelo. Las gotas caían por el desagüe y el pelo húmedo le colgaba sobre un hombro.

Mi preocupación nunca desaparecería. Sólo con que se cortara con un papel, a mí me dolería. Se merecía una vida libre de dolor y preocupaciones. Lo único por lo que tendría que preocuparse era por qué vestido ponerse y por dónde iríamos a cenar. Debería poder mirarse las incontables cicatrices y tratarlas como si fueran pecas.

Salió de la ducha y se secó el cuerpo antes de empezar a secarse el pelo con el secador sobre el lavabo. Con una toalla envuelta alrededor del pecho, se pasaba los dedos por el pelo mientras el aire caliente soplaba entre sus mechones. Se concentraba en sus movimientos en el espejo, sin verse realmente.

En vez de lavarme el pelo y enjabonarme el cuerpo, me dediqué a observarla. En cuanto se alejaba de mi alcance, no le quitaba la vista de encima. El punto al que llegaba mi actitud protectora estaba alcanzando extremos alarmantes, y apenas podía contenerme para no esconderla en algún país extranjero, donde nadie podría encontrarnos jamás.

Cuando terminó de arreglarse, salió del cuarto de baño y yo me quedé sin nada que mirar. Salí de la ducha y me afeité antes de vestirme para la jornada. Botón encontró uno de sus vestidos dentro de mi armario, y estaba igual de guapa con él que cuando solía ponérselo.

―¿Qué te apetece hacer hoy? ―Me acerqué a ella por detrás y le di un beso en el hombro.

―¿No tienes que trabajar?

Le di otro beso, porque mis labios estaban hambrientos. Me acababa de montar como una amazona, pero yo quería más. Ella era todo lo que quería, y la quería todo el tiempo.

―No. ―El trabajo podía esperar. Ya había descuidado mis obligaciones hasta aquel momento. Unos cuantos días más no supondrían ninguna diferencia.

―Por mí no hace falta que te quedes. ―Me apoyó la parte de atrás de la cabeza sobre el pecho y levantó la vista hacia mí―. Lars jugará conmigo.

Le di un beso en la frente, sintiendo con ello tanta satisfacción como cuando la había besado en el hombro. El calor me sonrojaba la piel como carbones ardiendo.

―Yo quiero jugar contigo.

―¿Ah, sí? ―Se apretó contra mí, con el trasero directamente en mi entrepierna.

Le di otro beso como respuesta.

―¿Podemos dar un paseo? Quiero ver los viñedos.

―Lo que tú quieras. ―Le di la mano y salimos hacia el sendero que recorría las viñas. La cosecha acababa de finalizar, pero los viñedos estarían otra vez repletos de uvas en muy poco tiempo. El olor era exactamente el mismo, rebosante de verdor y del sol toscano. De la mano, paseamos entre las hileras.

Los ojos de Botón estaban encandilados con la vista que la rodeaba. No me miró ni una vez porque estaba hechizada por la plenitud que tenía a su alrededor. Con ese vestido y los largos mechones rosáceos cayéndole por la espalda, parecía una auténtica toscana.

―Pensé que no iba a volver a ver este lugar nunca más... sólo en sueños.

―¿Soñabas mucho con esto?

Sus ojos se desplazaron hasta la ladera de la colina que había más allá, donde se formaba una sombra sobre la hierba. Había una sola nube en el cielo azul, formando la única sombra que se divisaba en el paraje. Atrajo su atención durante casi un minuto, antes de volver a la conversación.

―Todas las noches.

―¿Soñaste conmigo? ―Sabía su respuesta sin necesidad de preguntar, pero quería escucharla de todas maneras. Quería escuchar que me adoraba, y que vivir sin mí era algo demasiado difícil de soportar. Me había derrumbado en el umbral de su puerta, y quería que ella se derrumbara por mí.

Su respuesta fue la misma que la de la pregunta anterior. Dejó de andar y se volvió hacia mí, con los vibrantes ojos comparables a las viñas que teníamos a ambos lados.

―Todas las noches.