Capítulo 17

SAKURA

La finca Uchiha era una bella mansión que desprendía el tipo de elegancia italiana que la gente sólo podía empezar a imaginar. Cada centímetro de aquella finca estaba decorado intencionadamente justo con el tono adecuado para lograr que cobrara vida. Llena de historia, poder y belleza, era una de las visiones más espectaculares que había visto nunca.

Los paisajes que se veían desde cualquier ventana eran más arrebatadores que cualquier cosa imaginable. Los viñedos se extendían más allá de donde alcanzaba la vista, y las bajas colinas se alzaban hacia el cielo, formando un valle privado para el disfrute exclusivo del espectador. Allí el aire era limpio y olía a árboles y a uvas dulces.

No sólo amaba aquello porque parecía salido de un cuento de hadas.

Lo amaba porque era mi hogar.

Era el primer lugar al que había sentido que pertenecía. Crow era el hombre con el que había soñado casarme y pasar el resto de mi vida. Nunca pensé que pudiera confiar en un hombre después de lo que me había pasado, pero estaba claro que a Crow le confiaría mi vida. Sin importar lo que sucediera, podría contar con él.

Él me protegería.

El hecho de que hubiera otra persona tan dañada como yo lo hacía todo un poco más fácil. No me sentía tan rota, sabiendo que él también lo estaba. Él me entendía sin hacer preguntas, y comprendía cómo me sentía en cualquier momento del día sin yo tener que decírselo.

Volver a aquel precioso lugar era un privilegio, aunque sólo fuese de forma temporal. No habíamos hablado de lo que íbamos a hacer, pero sabía que me quedaría allí una temporada. Para mí no era seguro volver a Estados Unidos, cuando Bones podría volver a atraparme. Parecía que el único lugar en el que estaría a salvo era allí donde estuviese Sasuke.

Y aquello habría estado muy bien, si sus sentimientos fuesen los mismos que los míos.

Había salido de mi apartamento sin mirar atrás. Se había despedido por última vez y estaba preparado para dejarme en el pasado. Si entonces no me amaba, ahora tampoco lo haría. Ni lo haría en toda su vida.

Así que no podría quedarme allí para siempre.

Algún día tendría que marcharme. Hasta entonces, tenía intención de mantener mi corazón tan cerrado como me fuese posible. Nada podría hacer retroceder los sentimientos que ya ardían en mi corazón. Aquel amor no sólo existía en mi pecho, sino en todas partes. No podía borrarlo, ni fingir que no estaba allí. Pero al menos, podía evitar que continuara creciendo.

Sasuke se sentó a la mesa del comedor frente a mí, con el periódico de la mañana junto a él. Nos pusieron delante huevos, beicon y tostadas, además de tortitas de suero de leche. La comida allí era mucho mejor que lo que yo solía comer. Todo era fresco y sin conservantes. Los huevos habían sido comprados en el mercado aquella mañana, y el azúcar era puro. Estaba todo tan bueno que sólo por esa razón, no estaba segura de ser capaz de volver algún día a Estados Unidos.

En vez de leer el periódico como tenía por costumbre, se bebió el café y se comió el desayuno lentamente. Ese día no parecía tener demasiado apetito, y ni siquiera tocó las tortitas. Lars casi nunca le traía nada dulce, pero ese día sí lo había hecho.

Le eché una ojeada al periódico.

―¿No hay nada interesante?

―No lo sé. ―Dejó la taza sobre el platito―. No lo he mirado.

No me molesté en desentrañar su acertijo y continué comiéndome las tortitas. Aquella mañana me había despertado hambrienta, y daba la impresión de no haber comida suficiente en el mundo para saciarme. Ahora que Sasuke había vuelto a mi vida, mi apetito había vuelto, porque sentía una lejana sensación de felicidad.

―¿Puedo leer las tiras cómicas?

Arqueó una ceja antes de dar otro sorbo a su café.

―Nosotros no tenemos tiras cómicas, Botón.

―¿Cómo? ¿Entonces de qué te ríes?

Dejó la taza y me dedicó aquella expresión intensa típica suya.

Le sostuve la mirada sin reaccionar. Aquella mañana me estaba prestando una cantidad inusual de atención. No parecían importarle ni el periódico ni su desayuno. Sólo estaba atento a mí, sentada frente a él.

―A nadie le importan las cosas que pasan en el mundo. Sólo les importa cuánto odia Garfield los lunes, lo cual es irónico, dado que no tiene que ir a ningún trabajo.

―¿Quién es Garfield?

―Es ese gato naranja a rayas al que le encanta la lasaña.

La expresión de Sasuke no cambió.

―¿Y se supone que eso es gracioso?

―Es muy gracioso. Intentaré encontrar algo en internet para enseñártelo. Te encantará.

Se sirvió más café en la taza y después tomó un bocado de sus claras de huevo. Aquella mañana había salido a correr, pero no estaba comiendo más de lo habitual. No estaba muy segura de cómo un hombre que apenas comía y que se dedicaba a hacer ejercicio estaba tan musculado.

―Estoy deseándolo.

―¿Vas a trabajar hoy?

―No.

Ya llevaba casi un mes sin ir a trabajar, y todavía no había vuelto.

―No hace falta que te quedes aquí colgado conmigo. Estaré bien.

―Sé que no hace falta que me quede colgado contigo. –En sus ojos se reflejaba la diversión ante mi elección de palabras, que él nunca diría―. Es que quiero quedarme colgado contigo.

―Bueno, ¿qué quieres que hagamos hoy?

―Lo dejo enteramente a tu elección.

―¿Por qué yo? ―pregunté―. Tú eres el mandón.

Por fin, la comisura del labio se le levantó en una sonrisa.

–Supongo que no me importa dejarte tomar la iniciativa de vez en cuando.

―He visto una hamaca fuera.

Puso la mano sobre la mesa, esperando a que continuara hablando.

―¿Podemos tumbarnos en ella a leer? ―Yo solía pasar las tardes fuera mientras él estaba trabajando. El sol toscano me calentaba, invitándome a echar una siesta vespertina que se llevaba todos mis problemas. Para cuando me despertaba, él ya había vuelto de trabajar, y debíamos tener nuestra diversión.

Esperaba que rechazase la sugerencia, pero no lo hizo. Seguía medio sonriendo.

―Claro.

.

.

.

UNA PESADILLA me hizo revolverme entre las sábanas y le rogué a mi mente que se despertara. Bones me había atrapado y me forzaba a una vida de sometimiento y crueldad. Después de dar algunas vueltas más, por fin jadeé y me desperté.

El dormitorio estaba a oscuras, salvo por la luz de la luna que entraba por la ventana. Inundaba la habitación con radiante luz blanca, permitiéndome ver las puntas de mis dedos y la nariz en el extremo de mi rostro.

Respirando con fuerza y aún aterrorizada, extendí la mano buscando a Sasuke a mi lado. Necesitaba aquellos brazos fuertes para que formaran una jaula de acero a mi alrededor y me protegieran, tanto de Bones como de mi subconsciente. Pero cuando vi la cama vacía a mi lado, me di cuenta de que estaba sola.

Se había marchado.

Me enderecé y miré la habitación a mi alrededor, pero no lo vi por ninguna parte. La puerta del baño estaba abierta, pero no escuché sus pisadas dentro. Mi única compañía en la habitación vacía eran las sombras.

―¿Sasuke?

La callada llamada del silencio fue mi respuesta.

Salí de la cama y me puse con rapidez una de sus camisetas antes de ir a buscarlo. Mi primera suposición fue su estudio. Estaba lleno de whisky y coñac, además de contar con una cálida chimenea. Si no podía dormir y deseaba estar solo, allí es donde iría.

Salí al pasillo y localicé la puerta a la izquierda. Giré el pomo, entré y lo primero que vi fue a él, sentado en el sofá. Sólo llevaba puestos los pantalones del pijama y estaba inclinado hacia delante, con los brazos sobre los muslos. Tenía los ojos pegados a las llamas que bailaban dentro del hogar, reflejándose en las motas de sus ojos.

Cerré la puerta detrás de mí y me adentré en la habitación.

Él no se dio por enterado de mi presencia ni una sola vez, lo cual me indicó que había sabido que estaba allí desde el momento en que mi mano se había posado sobre el pomo.

―¿Una pesadilla?

―Sí. ―Me hundí en el asiento junto a él, enganchando mi brazo al suyo―. Parece que las tengo cuando tú no estás.

―Soy tu atrapasueños.

Descansé la mejilla en su hombro.

―Sí.

―Y tú eres mi atrapaluz.

Levanté la cabeza al no entender lo que quería decir. Contemplé su rostro de perfil, esperando a que me mirase.

No lo hizo.

―Tú espantas la oscuridad. Capturas la luz. ―Cuando se quedó en silencio, supe que aquella conversación había terminado. En la mesa había un vaso de whisky con dos grandes cubitos de hielo dentro. La licorera estaba junto a él, llena casi hasta arriba.

Aquella noche estaba de un humor particularmente sombrío, y yo no entendía qué lo había provocado. Habíamos pasado el día descansando en la hamaca y cenado en la terraza. No nos habíamos dicho gran cosa, pero era agradable simplemente estar juntos. Y ahora, estaba bebiendo como un descosido, solo en su estudio a las tres de la mañana.

―¿Qué pasa, Sasuke? ¿Qué te sucede?

Él cogió su vaso y le dio un largo trago. Se obligó a sí mismo a tragar, como si le enfermara el ardor que le bajaba por la,garganta. Cuando volvió a dejar el vaso sobre la mesa, derramó algunas gotas sobre el parqué.

―¿Es por Bones? ―susurré―. Sasuke, encontraremos un modo de derrotarlo. Sólo necesitamos un buen plan. –Le acaricié la espalda con los dedos, subiendo hasta la nuca. Le masajeé el pelo, sintiendo los suaves mechones deslizarse entre mis manos encallecidas. Él cerró los ojos un momento, casi disfrutándolo―. Algo se nos ocurrirá.

―No es eso... al menos, no en este momento.

―Entonces, ¿qué es? ―Dejé de mover la mano, esperando una respuesta.

Él dejó de mirar el fuego y volvió la vista hacia los cuadros que había en la pared. Los botones seguían marcando las imágenes de los viñedos, y estaban exactamente en el mismo sitio en el que solían estar. El resplandor de la chimenea iluminaba los detalles.

―Naori... Hoy hace dos años que murió.

Dejé caer la mano, apartándola de su espalda, en cuanto entendí lo que me estaba revelando. Nunca había sabido la fecha en la que había fallecido, pero había estado con él durante casi un año, y sabía que sería pronto. No hablaba de Naori muy a menudo, y cuando lo hacía, no decía demasiado.

―Lo siento.

―Bones sigue vivo. ―Sacudió la cabeza, asqueado―. No debería estarlo.

―Sucederá. Dale tiempo.

―Casi te atrapa, Botón. Tuve suerte de salvarte. Podía haber sucedido de forma muy diferente.

―Pero no fue así. ―Apreté mi brazo contra el suyo.

―Pero si hubiera sido así... No habría sido capaz de salir adelante. ―Volvió a sacudir la cabeza―. Me habría rendido en aquel mismo instante y me habría llevado un arma a la cabeza. Habría apretado el gatillo allí mismo, en la calle. Aunque Obito hubiera estado allí, habría dado igual. Nada me habría impedido quitarme la vida. ―Cogió el vaso y se lo acabó antes de estamparlo boca abajo sobre la mesa.

Yo le froté el brazo, esforzándome por consolarlo como me fuera posible. Las palabras eran inútiles cuando estaba así, medio borracho y deprimido. Aunque yo aportara luz, él no podía verla. Estaba hundido en el fondo de las tinieblas.

―Nos lo vamos a cargar y a conseguir la venganza que te mereces. Entonces podré irme a casa y vivir en paz el resto de mi vida. Todo saldrá bien.

Por fin se giró hacia mí, manteniéndome la mirada. Sus ojos no eran cálidos, como solían. Ahora los tenía más oscuros que el carbón. Sin proferir ni un solo insulto, me amenazó sólo mirándome.

―No te vas a marchar, Botón. Ni ahora, ni nunca.

―Cuando esté muerto, Sasuke. No mañana. ―Yo ya sabía que Sasuke no me dejaría irme hasta que fuera completamente seguro. Después de que hubiera despedazado a aquellos hombres, yo sabía que se había nombrado a sí mismo mi guardaespaldas a tiempo completo. No había un solo lugar al que yo pudiera ir sin que él lo supiera. No podía poner un pie fuera de la finca, y siempre estaba vigilada.

―Ni siquiera entonces.

Cuando entendí lo que quería decir, la rabia se apoderó inmediatamente de mí. Sasuke y yo habíamos llegado a un punto en el que éramos iguales. Yo no le debía ningún botón más, y él no podía darme órdenes como si fuera mi dueño. Yo no era su esclava, ni su propiedad, ni nada suyo. Y más le valía no olvidarlo.

―Tú no me dices qué es lo que tengo que hacer. Si quiero marcharme, me marchar...

―Te amo.

Me detuve en mitad de la frase y sentí un dolor insoportable introducirse en mi estómago, como si me hubieran disparado con un arma. No podía hablar porque se me había congelado la boca, y como si siempre hubiera estado al borde de las lágrimas, se me humedecieron los ojos. Me dolían los pulmones porque era incapaz de respirar. Había oído lo que me había dicho, pero era demasiado bueno para ser verdad. Era tan bueno que de hecho dolía. Era una provocación, un atisbo de mis sueños más descabellados.

―¿Lo estás...? ¿Lo estás diciendo por decir? ―Sasuke no me mentiría, pero haría cualquier cosa por mantenerme a salvo. En caso necesario, diría algo así para protegerme.

―Nunca. ―Me rodeó suavemente el cuello con la mano, deteniéndola sobre mi pulso. Cada vez que me palpitaba la vena, podía sentir la vibración contra su palma―. Perdí a Naori, y eso me dejó hecho polvo. La quería con toda el alma, y en cuanto desapareció, dejé de ser la misma persona que era. Pero la idea de perderte... me duele mil veces más. Llevo ya tiempo intentando negarlo, pero no puedo continuar haciéndolo. Sé exactamente por qué el dolor es insoportable. Sé exactamente por qué me consume en mis pesadillas... porque te amo. ―Apoyó su frente en la mía y cerró los ojos, respirando profunda y regularmente―. Ahora, me gustaría que tú me lo dijeras a mí.

El fuego ardía en la chimenea, produciendo el único sonido que se oía en la casa. Nuestra respiración llenaba el espacio, y el latido desbocado de nuestros corazones martilleaba a toda velocidad. Para cualquier otra persona, no era más que el sonido del silencio. Pero para nosotros, era el sonido de un nuevo comienzo.

No esperaba que fuese a pronunciar nunca aquellas preciadas palabras, aunque las sintiera. Ahora que lo había hecho, no pude contener mi reacción vulnerable. Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, deslizándose por mis mejillas como dos minúsculas cascadas. No había entendido cuánto necesitaba oírle decir aquellas palabras, hasta el momento en que lo había hecho. Aquel lugar era mi hogar: él era mi hogar. Era el único hombre que me había hecho sentir completa alguna vez. Era un sueño que nunca pensé que pudiera tener, pero por fin había bajado las defensas y me había permitido entrar.

―Botón. ―Se apartó y me miró a los ojos, con la misma expresión de siempre. Era una expresión oscura e intensa, no mi descalabro emotivo. Sus dedos no se apretaron contra mi cuello, pero me dio un pequeño tirón impaciente.

Por fin logré controlarme y me limpié las lágrimas con el dorso del antebrazo. Llorar era algo molesto y una increíble pérdida de tiempo, pero había cedido a ello. Cuando él se había marchado de mi apartamento, había hecho lo mismo y me había humillado delante de él. Después de vanagloriarme de ser más dura que el acero, me estaba desmoronando como un montón de hojas viejas.

―Yo también te amo.

Me limpió las últimas lágrimas con los pulgares y me miró con una nueva expresión en los ojos. Todavía tenía un aspecto sombrío y amenazador, pero diferente del que solía tener. Cuando lo conocí por primera vez, me pareció frío y aterrador. Mataría a cualquiera que se interpusiera en su camino y era implacable en su liderazgo. Intentando desesperadamente permanecer insensible y vacío de cualquier emoción, se volvió hacia el sexo y el whisky. Se negó a dejarme entrar, aunque él se me había metido dentro a varios niveles de profundidad. Pero por fin había bajado sus defensas y había dado un paso hacia la luz.

Había dado un paso hacia la luz conmigo.