¿El amor es realmente tan fuerte?
- De camino a Mondstadt -
Childe permaneció un rato de pie cuando Lumine se dio la vuelta y entró al pequeño edificio de hospedaje. No se marchó hasta que ve que la aventurera se pierde tras la puerta de la entrada. Ya era un poco después de medianoche, su pequeña reunión se había extendido un poco entre conversaciones.
Ni bien Lumine llega hasta la habitación puede ver algo de luz bajo la puerta. Por supuesto, seguramente Noelle se preocupó y fue a visitarla y al no encontrarla… Abre la puerta y se asoma tímidamente. Se encuentra de inmediato con la mirada reprochante de Paimon levitando justo frente a su cara.
— ¡Lumine! —Paimon suena molesta.
— Pudiste avisar, me asusté mucho cuando vine a revisar si todo estaba bien y no te encontré. Si algo te pasara… —no tendría cara para volver a Mondstadt. Noelle se cubre la cara con ambas manos, intentando calmarse. Entonces se pone de pie y se acerca a la aventurera para verla de pies a cabeza. No tiene heridas visibles. — ¿Qué pasó? ¿Qué quería?
— Hablar, tal como dijo. Estoy bien. —Lumine toma las manos de Noelle y las aprieta en un gesto gentil para pasarle su confianza. Está bien. Le sonríe y Noelle suspira, más aliviada.
— ¿Hablaron sobre el señor Zhongli? ¡Lumine, eso fue peligroso! Si Paimon te pierde no sabría qué hacer…
— Estoy bien, solo quería hablar y pedirme algo. Más importante aún, necesito decirles algo. —Lumine camina con calma hacia la cama y toma asiento justo al borde. Noelle de inmediato acerca una silla y se sienta cerca, Paimon por otro lado se sienta justo en el regazo de Lumine y mira hacia arriba con atención. —Paimon, Noelle, él nos acompañará a Monstadt.
— ¿¡Eh!?
— ¡Pero señorita! Llevar a uno de los Fatui a Mondstadt… No será bien recibido, Jean podría enojarse…
— En realidad creo que no es una mala idea. Además, no puede refutarlo nadie, después de todo Mondstadt es la capital de la libertad. A mí también me recibieron sin conocerme de nada. Ven… Barbatos nos protegerá con su viento si algo malo pasa, ¿no?
— ¡Barbatos podría enojarse solamente por pensarlo!
— En realidad creo que a Barbatos no le importaría… —murmura Paimon con un gesto gracioso en la cara, de complicidad con Lumine.
Noelle cargaba sin esfuerzo alguno con un enorme bolso por sobre su hombro, todo repleto de pequeños regalos y dulces para sus conocidos allá en Mondstadt. Era increíble que una chica con un cuerpo tan pequeño y delgado fuera capaz de poseer tanta fuerza como para cargar con un mandoble y todavía equipaje extra sin sudar la gota gorda.
— ¿Dónde está Childe? Paimon no lo ve por ningún lado. —Paimon volaba hoy un poco más alto a lo usual y miraba hacia todos lados, poniendo una mano en su frente como si así pudiera alcanzar a ver a más distancia. — ¿Por ahí? No. Acá tampoco. ¡Ah, ahí viene! ¡Y el señor Zhongli también!
Lumine y Noelle voltearon a la dirección en la que Paimon señalaba, era cierto. Childe era bastante alto, sobresalía bastante. A su lado venía Zhongli a paso tranquilo, con ambas manos a su espalda y la vista tranquila y en alto. Lumine le sonríe apenas sus miradas se encuentran y alza la mano para saludarlos.
— Es agradable verlas bien. —Zhongli es el primer en saludar, y al notar la presencia de Noelle asiente lentamente con la cabeza en su dirección. — Buenos días. —Dice.
— Bu-Buenos días…
— Ah, señor Zhongli, ella es Noelle. Es una amiga de Mondstadt. —Pero eso seguramente ya lo sabe, ¿o no? Después de todo, comparten visión.
Noelle hace una reverencia rápida, el sonido metálico de su armadura llama la atención de ambos hombres. Childe nota lo pesado que luce todo… ¿Puede cargar eso con tanta facilidad?
— ¿Tienes una visión, señorita? —Cuestiona Childe, colocando una mano en su cadera. — ¿Cuál es? ¿Eres fuerte?
— Childe… —Advierte Lumine, cruzándose de brazos.
Childe le sonríe.
— Solo es curiosidad.
— Mi visión… ah…
— Es geo. —Responde Zhongli, acudiendo al rescate de Noelle. — ¿Es geo, verdad? Lumine me contó un poco sobre sus amigos. —Eso… eso es más o menos mentira, pero no es como que vaya a revelar su identidad. — Barbatos te ha bendecido con una visión fuerte. Eres afortunada.
Para Noelle, escuchar algo así de nuevo no sonaba exactamente como un cumplido. Lo que ella opina sobre su visión… Oh, ojalá pudiera apreciarla tanto como debería. Le agrada que baste para proteger a sus amigos, pero ojalá… ojalá hubiera sido anemo. Pero por alguna razón, escucharlo ahora la hizo sentir un poco de orgullo y le dedicó una sonrisa a Zhongli.
— ¿Viene a despedirnos, señor Zhongli?
— Sí, Childe me contó en el desayuno sobre su viaje con ustedes. Por favor, perdonen cualquier problema que pueda causar. Confío en que el arconte Barbatos sabrá lidiar con él si causa problemas.
— Mh… No me gusta que hables de mi como si no estuviera presente. —Aunque lo que dice suena un poco retador, la sonrisa amable no se le ha ido de sus labios. — En todo caso, gracias por venir.
Childe sabe que a Lumine le gustó ver a Zhongli y viceversa. Ah, esa aventurera le agrada a todos, ¿no es así? De cierta manera, a él también. Zhongli se ofreció a acompañarlos hasta las afueras de Liyue, y una vez pasado ese punto los cuatro siguieron su camino por su cuenta.
Si bien llegaron rápido a Liyue desde la posada Wangshu, ir desde Liyue hasta Mondstadt era una cosa completamente diferente. El camino fue largo, pero para nada aburrido. Quien más parecía divertirse era Paimon, pues con todo el dinero que Childe gastaba en cada parada en toda clase de cosas ella estaba sumamente feliz. Justamente ahora estaba tomando un aperitivo en un campamento improvisado. El atardecer caería pronto y no habían conseguido llegar hasta la posada en su primer día. Pero lograron despejar un lugar seguro rápidamente cerca de las ruinas en la llanura Guili. Demasiados ladrones de tesoros, pero nada realmente peligroso. Noelle y Childe se hicieron cargo con bastante facilidad.
Y ahora estaban sentados frente a un cálido fuego, bajo la protección de una construcción de piedra en ruinas. Noelle se había alejado para buscar frutos y Paimon la acompañó porque en sus palabras, ella era la mejor para saber qué frutas y bayas estaban realmente deliciosas.
— ¿Esto es viajar con otros, entonces? —Pregunta Childe en medio de su conversación casual.
— Sí. —Asiente Lumine, abrazando sus piernas hacia su pecho. La aventurera tiene una sonrisa pequeña en sus labios mientras mira el fuego arder sobre la madera. El sonido que hace cada crujido era muy agradable. — En el gremio de aventureros hay muchas personas muy interesantes. Y fuertes.
La sola palabra hace que Childe voltee a verla con una sonrisa pequeña en sus labios. Eso le interesa y lo sabe, lo dijo a propósito.
— Sé que conoces al arconte anemo. ¿Lo vamos a ver?
— Seguramente lo verás en la ciudad y ni sabrás que es un arconte. —Murmura Lumine, moviendo sus pies un poco para entretenerse. — Es caprichoso y descuidado casi siempre. Pero a veces sabe comportarse con seriedad. —Responde, y entonces una duda viene a su cabeza. Con un tono más tranquilo, Lumine voltea a verlo a los ojos. — Childe… ¿Puedo hacerte una pregunta sobre los Fatui?
Childe lo piensa un momento, y entonces se limita a encogerse de hombros y asentir, aparentemente desinteresado.
— La contestaré solo si no me compromete.
— Antes dijiste que querías vencerlos a todos, ¿si te desagradan por qué no los dejas?
Ah, la señorita le acaba de hacer una pregunta un poco complicado. Childe pensó por unos momentos su respuesta, y luego contestó: — Estar con los Fatui me ha dado mucha fuerza hasta ahora. ¿Entrenar con ellos? Lo tomaré. ¿Un engaño? También me apunto. La verdad, me da igual con quién sea, mientras pueda hacerme más fuerte.
Esa respuesta tan seria y segura hacen que Lumine se pregunte si realmente es tan malo. Parece… más egoísta, dispuesto solo a nutrir su poder sea el escenario que sea.
— Eh… Así que eres ese tipo de persona…
— ¿Pero tú no haces lo mismo? —Pregunta ahora él, mirándola con calma. — Viajas con otros y te haces más fuertes para encontrar a tu hermano, ¿no es así? Para hacerte más fuerte. Yo hago lo mismo para mí. Aunque tú estés en un camino más "correcto", al final es lo mismo. —Lumine permanece callada un rato, dándole vueltas a lo que acababa de escuchar. Pero Childe no se quedó callado, continuó hablando; — Para este punto los demás ya sabrán que estoy viajando contigo. Ah, me pregunto qué cara habrán puesto…~
El tono risueño del fatui hace que Lumine se ría en voz baja.
— Seguramente los sorprendió mucho.
— A mi me sorprendió. —Admite Childe, quitándose los guantes de las manos. — Creí que tendría que seguirte en secreto hasta que aceptaras llevarme contigo. Pero me dejaste acompañarte a la primera. Me dejaste acompañarte a la primera… —repite más bajo, como si apenas se diera cuenta. — ¿Por qué?
Childe acerca sus manos al fuego para calentarse y Lumine lo imita.
— Porque así puedo vigilarte.
— Eh~ Es una forma de verlo. Y yo podría estar aquí para esperar un momento en que estés vulnerable y acabarte. Le haría un favor a la Signora.
— No harías algo tan sucio… —Lumine levanta sus dos cejas y lo mira con curiosidad. — ¿O sí lo harías?
— Soy un Fatui. —responde Childe y se ríe de la cara de Lumine al instante que dijo eso. — Es solo para que lo recuerdes, no debes subestimarme solo porque ahora estemos hablando. Pero no te haría algo tan sucio a ti, si te hace sentir mejor. Eres especial para mí. —el tono bromista no le quitó importancia a lo que acababa de decir. Lumine se sorprende al escucharlo, Childe luce tan tranquilo y sincero. El castaño extiende una mano desnuda hacia ella y la pone sobre su cabeza para revolverle un poco el cabello rubio. El pequeño adorno de flor cae hasta su regazo. — Si algo te pasara a ti, yo me quedaría sin rival. No te atrevas a morir sino es por mí.
La sensación agradable en su estómago se torció en ese momento, Lumine le da un golpecito en la muñeca para que le quite la mano de encima y lo mira ahora con más enfado.
— ¿Cómo se supone que debo tomarme eso?
— Como un halago, ya que lo dije yo. No puedes ganar siempre, ¿sabes? Y ahora que lo pienso bien… —Childe extiende su mano nuevamente hasta recoger el pequeño adorno para el cabello de Lumine. — Hay algo en lo que te gané incluso antes de que nos enfrentáramos esa vez. —Murmura, y con cuidado vuelve a colocarle la flor a Lumine.
— ¿Ah sí? ¿En qué? —Pregunta, sobresaltada por le cuidado con el que Childe se comporta de repente. ¿Qué hace? Su corazón le comienza a latir con más fuerza ahora, ah.
— Soy más alto que tú.
— …
— ¿Mh? —Childe mantiene su sonrisa en la boca mientras la cara de Lumine se pone más y más roja. — ¿Miento?
— ¡Quita esa sonrisa de la cara!
— ¡Lumine!
Un grito alerta a ambos, quien por alguna razón se separan el uno del otro al instante como si estuvieran haciendo algo que nadie más debía ver. Lumine, con el corazón en la mano, voltea a todas direcciones hasta ver a Noelle acercándose con prisa a ellos, luciendo visiblemente preocupada. Paimon levitaba cerca de ella, con la misma prisa y sujetando una manzana con sus dos manos.
— Señorita Lumine, ¿Qué pasó? Te escuché gritar.
— ¡Paimon se preocupó!
Childe curvea ambas cejas y se ríe con voz débil, algo incómodo por la interrupción. Se estaba divirtiendo. Vuelve a colocarse los guantes, al menos esta vez Noelle no apuntó su arma hacia él.
— Señorita Noelle, solo estábamos conversando. Pero ya que volvieron, su opinión nos ayudaría con una situación.
Lumine voltea a verlo al instante, con una advertencia en su mirada. Que no se le ocurra…
Noelle por otro lado, se lleva una mano al pecho para calmarse un poco. Su pecho sube y baja por su respiración tan agitada, casi igual que la de Lumine por la vergüenza.
— ¿Llegué en buen momento? ¿Necesitan algo de mí?
— ¿Verdad que soy más alto que Lumine?
— ¡Tonto, eso se puede ver a simple vista!
— Por Barbatos…
Solo habían hecho una parada en todo el día, y eso fue al amanecer en la posada Wangshu para desayunar algo. Luego de ahí, todo había sido caminar. Varias veces pasaron cerca de la playa pero no se pararon a descansar ni por un instante. A esta hora la arena quemaría y seria más molesto. Pero la brisa marina sí les daba algo de alivio, sobre todo a Childe.
Pero cuando dejaron las tierras de Liyue, y comenzaron las de Mondstadt, se sintió distinto de repente. Era como si no corriera viento para él, solo siente la pesadez de su cuerpo y el cansancio en sus piernas…
No lo entiende. Había viajado miles de veces a otros lugares, pero por alguna razón seguirle el paso a Lumine era algo complicado. Dichosa Paimon que podía volar de aquí para allá. ¿Y por qué Noelle no se veía afectada en lo más mínimo? Cargando ese enorme saco y también el mandoble de Favonius…
— ¿Childe, estás bien?
— Paimon cree que tu cara está muy roja…
Lumine se detiene cuando Noelle y Paimon hablan, entonces se voltea para ver también a Childe. Tienen razón, luce algo rojo y cansado. Se acerca a él.
— ¿Estás bien? ¿Quieres algo de agua?
— Me vendría bien, señorita… —murmura Childe.
Noelle de inmediato saca de su saco de equipaje una pequeña cantimplora y se la acerca. Tal vez, como maid de los caballeros de Favonius, lo que está haciendo ahora no se vea bien…pero la necesidad y el deseo de ser servicial era más grande, además para la genuina bondad siempre ha sido desinteresada.
Childe acepta la cantimplora y la levanta por encima de su cabeza para entonces solo dejar caer el agua por encima. Cierra sus ojos, la sensación es agradable y aunque su ropa está húmeda ahora, siente el viento correr de nuevo. Eso fue extraño.
— Creo que Barbatos ya sabe que estoy aquí, huh.
Paimon y Lumine se miran entre ellas. Eso era una posibilidad…
— Se siente como si me estudiara. Es extraño. —Childe extiende la cantimplora vacía a manos de la maid y entonces se levanta el flequillo húmedo de la frente. Su ropa era un desastre, pero se secaría. Era obvio que alguien con una visión hydro como él no se sentiría del todo molesto por algo así. — Muchas gracias, señorita Noelle.
— ¡No es nada! ¿Puedes continuar?
— Claro que sí. ¿Falta demasiado? —Su voz sonaba un poco ansiosa y contenida, y su sonrisa se había vuelto un poco extraña cuando volvieron a retomar su caminata. Parecía hablar más para sí mismo. — Tendré qué agradecerle a Barbatos su estupenda bienvenida en persona.
— Childe…
El tono de advertencia de Lumine hacen que Childe de inmediato mejore el rostro y se ría otra vez, como es usual.
— ¡No falta mucho! ¡Paimon ve a lo lejos la mansión de Diluc!
— ¿El maestro Diluc? Oh, le traje un par de cosas. ¿Podríamos detenernos un momento? También traje algunos obsequios para Moke, Hillie y Adelinde… Si no es mucha molestia. —se apresura Noelle a aclarar.
— Sería bueno detenerse, seria nuestra última parada antes de Mondstadt. Tal vez él tenga ropa que pueda prestarte, Childe.
Childe niega con la cabeza. Desde el pequeño incidente ahora Lumine caminaba a su lado y no al frente, más atenta. Lo agradece, pero realmente no le molesta estar ahí un rato. El agua se secaría seguramente para antes de que llegaran.
— Señorita, si mi ropa mojada te incomoda tanto puedo quitármela para ti.
Tanto Paimon, como Noelle y Lumine gritaron al mismo tiempo:
— ¡No es necesario!
El viñedo del amanecer lucía espléndido con la puesta del sol. Cuando ellos llegaron justo hasta las puertas, las luces del interior ya estaban encendidas. Al tocar la puerta fue el mismo Diluc quien les abrió.
— Lumine… Señoritas. —Se corrige al ver a Noelle y Paimon. Diluc parece sorprendido. — No esperaba que regresaran tan pronto a Monstadt. Pudieron avisar, Jean quería recibirlas en persona. —Murmura, abriendo del todo las grandes puertas de madera para invitarlas a entrar.
— Y nosotros queríamos sorprenderlos, está bien. Con permiso. —Lumine es la primera en entrar, con la tranquila mirada de Diluc encima suya. Entonces Noelle con Paimon a su lado y finalmente Childe.
— Con permiso…
Otra vez esa sensación de estar entrando a la cueva del lobo. Childe no era tonto, ni despistado cuanto menos. Pero había algo más, a parte de esa mirada, que lo incomodaba un poco. Señor Diluc.
Como lo habían estado llamando "señor" en todo el viaje, pensó que sería un hombre viejo. No un hombre de su edad tan… atractivo.
— Disculpe, no creo que tengamos el placer de conocernos. —Murmura, echándole un vistazo rápido al interior acogedor de la mansión. Entonces voltea a ver a Lumine, nuevamente con esa linda y juvenil sonrisa suya. — Amaría que nos presentaras, señorita Lumine.
— ¡Ah, sí!
Noelle aprovecha este momento para apartarse y buscar a sus amigas por las habitaciones para darles sus recuerdos de Liyue, lucía animada.
— Childe, él es el señor Diluc. Es dueño de este viñedo y un buen amigo que hice cuando llegué a Teyvat. — Lumine pone una mano frente al pecho de Diluc al momento de presentarlo, y entonces se gira para ponerse de espaldas a Childe y hacer justamente lo mismo. — Señor Diluc, él es Childe. Él es… urmh… es complicado de explicar…
Ambos hombres permanecieron en silencio por unos segundos, estudiándose con la mirada de pies a cabeza con una mirada realmente sombría en sus rostros. Pero luego Childe sonríe como suele hacerlo y pone ambas manos sobre los hombros de Lumine, acercándola un poco más a su cuerpo en un gesto aparentemente amistoso con la aventurera.
— Con que el señor Diluc, eh. Es un gusto conocerlo. —Su sonrisa era tan grande que incluso cerraba sus ojos del énfasis, tan falso.
— …no puedo decir lo mismo. —murmura Diluc, aparentemente desinteresado. Pero esa máscara que tiene Childe era demasiado para pasarlo por alto.
Paimon se acerca a Lumine y le susurra al oído si realmente está bien dejarlos socializar, pero ella no contesta. El agarre de Childe en ella no es fuerte ni la lastima, pero así de cerca… Recordó cuando lo abrazó bajo el paraguas y estaba perdida en sus pensamientos.
— ¿Nos ofreces algo? Hemos caminado muchísimo, estamos cansados. ¿Vino, tal vez?
Diluc hace una mueca, pero las normas de su propia ética como vendedor eran innegables. Solo asiente.
— Claro, pero no traeré eso para ti, señorita. —Dice esto dirigiéndose a Lumine. Los pulgares de Childe le acarician los hombros suavemente, es extraño verlo. ¿Qué tipo de relación hay? — Todavía eres menor.
Esa última palabra la dijo con un énfasis que llegó bien hasta Childe, pero no lucía incómodo para nada. ¿Sabe?
Tomaron asiento en unos bonitos sillones mientras esperaban. Para Paimon y Lumine, Diluc trajo dos vasos de su mejor sidra de manzana. Para Childe, por otro lado, le trajo una botella de un tradicional vino de diente de león y cinco copas. Childe toma la botella y la examina.
— He escuchado cosas magníficas sobre los vinos de Mondstadt. Es todo un honor probar uno en el mismo lugar donde lo hacen. Gracias por le duro trabajo.
Mientras que Childe estaba sentado en una elegante silla individual, Lumine estaba sentada en un sillón más largo, con Paimon levitando cerca de ella. Justo ahí es donde Diluc se sienta muy a sabiendas de que la otra silla individual estaba vacía justo frente a Childe. Y pareció disfrutar la mirada fija de Childe.
— Mh. Voy a servir ahora.
Primero sirve la sidra en las copas de Lumine y Paimon, dejando una extra de sidra para Noelle cuando volviera. Entonces sirve el fino vino con especial cuidado sobre las otras dos copas.
Ni bien el espumoso vino toca sus labios Childe siente la frescura de las uvas de Monstadt y su sabor tradicional. El primer sorbo estuvo bien, pero el segundo y tercero fueron todavía más estupendos. No era para nada pesado, tenia un sabor dulce y vibrante y una textura perfecta. No le gusta admitirlo pero el "señor Diluc" hace bastante bien su trabajo.
— Vaya, es realmente delicioso. —Admite al fin, sonriente.
— Mh. —parece indiferente, al parecer el halago no le hizo mucha gracia.
Diluc lo probó con una cara seria, pero Lumine y Paimon parece que disfrutaron mucho la sidra. Ésta, diferente al vino, era solamente refrescante y burbujeante, deliciosa también.
— ¡Señor Diluc, tu sidra es la mejor!
— Sabe bastante bien… —dice Lumine con una sonrisa pequeña, limpiando algo de la humedad en sus labios con una servilleta.
— ¿En serio? Déjame probar.
Con delicadeza, su mano sujeta la de Lumine y él se inclina al frente. Acerca sus manos y pega sus labios a la copa de Lumine, bebiendo tan solo un poco. Cuando le suelta la mano, Lumine se ve avergonzada y acalorada.
— Tienes razón, también es deliciosa.
Cuando Childe para su lengua por encima de su labio inferior Diluc pierde un poco más de su paciencia. ¿Quién era este hombre y por qué se comportaba así con Lumine? Jean le tiene mucho aprecio, y como sepa que algo así está pasando seguramente se preocupe. ¿Y quién lidiará con la ansiedad de Jean? Él y Lisa, posiblemente. Diluc suspira en voz alta, visiblemente incómodo e irritado.
Noelle llegó en ese momento, visiblemente relajada y contenta. Rompió el ambiente tenso que se había hecho con su sola presencia. Comenzó una conversación con todos bebiendo, pero ni Diluc ni Childe podían relajarse del todo todavía. Finalmente Noelle dijo:
— Maestro Diluc, también traje algo para usted. Lo traje directamente desde Liyue, espero le guste.
— No era necesario que me trajeras algo a mí, muchas gracias.
Se trataba de una pequeña estatuilla de un ave regional de Liyue que Diluc colocó sobre uno de sus muebles como decoración. Era un lindo detalle, pero ya se estaba haciendo tarde y todavía les quedaba una última parada.
Al despedirse, Diluc sintió como si una sombra pesada estuviera abandonando su casa. Eso lo incomoda todavía mucho.
— ¿Quién diablos es ese sujeto? —se cuestiona Diluc, observándolos alejarse desde la entrada. ¿Tendría qué hacerse cargo de él luego?
— ¡Bienvenido a Mondstadt, Childe!
— Ah, por fin llegamos. Sanos y salvos, gracias al señor Barbatos. —Noelle parecía feliz, pasó por debajo de las puertas de la entrada a Mondstadt con muchísima alegría.
Childe y Lumine entraron al final, uno observando con curiosidad el lugar. Era muy diferente a Liyue, pero eso no era malo. Parecía un sitio más pueblerino, y además huele a vino. Sobre todo porque ahora era de noche y las tabernas estaban abiertas. La dulce voz del viento lo recibe y mueve sus cabellos con gentileza.
— ¡Ad Astra abyssosque! Bienvenidos sean nuevamente, viajeros.
— Ah, Katheryne. Terminé unos encargos…
Cuando Lumine fue hacia el puesto de la entrada con una señorita parecida a la Katheryne de Liyue, Childe se limita quedarse de pie esperándola mientras Paimon la sigue. Noelle se detiene también para esperar, y cuando Lumine reclama su recompensa y vuelve les sonríe a los tres.
— Ten, Childe. Es un pequeño gracias por lo que hiciste por nosotras en el camino.
Lumine deja el pequeño saco de moras en la mano de Childe, y aunque este trata de rechazarlo y regresarlo Lumine no tarda en caminar y adelantarse, evitándolo. Sin tener realmente de otra, Childe suspira y lo guarda en su bolsillo. Era un lindo gesto, pero no era realmente necesario. La sigue con prisa junto a Noelle.
— Cuando lleguemos al cuartel, le daré a todos sus recuerdos. Seguramente se pondrán muy felices.
— ¿No prefieres hacerlo mañana? ¡Paimon está cansada!
— ¿De qué puede cansarse una pequeña criatura como tú? ¿De volar? —Childe se ríe a carcajadas, inclinando la cabeza hacia atrás. — ¡Te envidio tanto!
— Oye, volar usa energía, ¿¡sabes!?
— Si espero hasta mañana no podré descansar hoy por la emoción. Necesito hacerlo ya. No es tan tarde. —Subían las escaleras con prisa, el ambiente pueblerino se había ido para ahora ser algo más medieval. Podía ver la enorme estatua de Barbatos en lo alto, extendiendo sus manos con gentileza.
Entraron en un edificio, Childe entró al último con algo de desconfianza. La cueva del lobo, otra vez esa sensación. Y seguramente no dejaría de sentirlo por un rato. Entra con cautela, cerca de Lumine. El interior es un poco menso acogedor, pero más serio. Algunos guardias del interior voltearon a verlos al instante, pero volvieron la vista al frente al reconocerlas. Asumieron, tal vez, que es un amigo de ambas.
La primera habitación era un sitio amplio
— Bienvenido a la sede de los caballeros de Favonius.
— Oh mierda.
La palabrota se le escapó, Childe se disculpa con una sonrisa en los labios y se ríe con algo de nervios.
— Lo siento, pero entenderás que se siente como si estuviera buscando los problemas.
Lumine asiente, puede entenderlo. Así se sintió cuando la geoarmada la buscaba en un inicio. Pero sería grosero dejar a Noelle ahora, ¿no? Aunque ya cumplieron el cometido de traerla hasta casa. Pero Noelle comprendía, tan solo se despidió de ellos y prometió buscarlos mañana.
Entonces Noelle se retira, subiendo con prisa y entusiasmo las escaleras a la segunda planta. Childe supuso que serian habitaciones…
— Espera un momento aquí. —La voz de Lumine lo saca de sus pensamientos, Childe voltea a verla. — Hablaré con Jean. Puedes esperar aquí. ¡Y no hagas nada! Paimon, cuídalo por favor…
— ¡Por supuesto, puedes confiar en Paimon!
En cuanto Lumine se va a una habitación, Childe aprovecha para ver con más atención la decoración del lugar. Camina unos cuantos pasos hacia la escalera, pero Paimon se interpone de inmediato en su camino, señalándolo acusadoramente.
— ¡Alto ahí! ¡No explores! Eso es grosero, ¿sabes?
— ¿Piensas detenerme?
Childe no tiene ni idea de la cantidad de personas en este edificio ni la clase de visiones que cargan consigo. ¡Su curiosidad estaba en punto de ebullición! Con confianza, sujeta una de las piernas de Paimon en el aire y estuvo a punto de empujarla lejos de su camino cuando el sonido de unos ansiosos pasos bajando las escaleras llamaron su atención.
— ¡Cuidado!
La aguda voz estalló en un grito cuando una chica de largo cabello castaño lo notó al final de la escalera, entonces uno de los extremos de su arco la hace tropezar cuando quiso detenerse en seco y Amber se va al frente. Childe alcanza a reaccionar, empujando finalmente a Paimon lejos de la escena y atrapando el cuerpo delgado de la chica. El cuerpo de Childe apenas y resintió el golpe, por suerte lo notó a tiempo y pudo poner un pie un poco más atrás para apoyarse.
— ¡Por Barbatos! ¿Están bien? Lo siento mucho, no te vi hasta que era muy tarde y- ¿Y tú quién eres? —Al fijarse mejor, la cara del muchacho no le resultaba conocida en absoluto. Al instante se separa de sus brazos y se pone recta, el lazo en lo alto de su cabeza se había desacomodado y aunque quería verse seria se veía realmente adorable. ¿Quién es esta chica?
— Estamos bien, señorita.
— Sí, Amber. Estamos bien. ¿Por qué tan emocionada?
Paimon interpretó el gesto de Childe como algo bueno, al parecer. Realmente iba a empujarla de todas formas, pero si logra verse bien con eso…
— ¡Paimon! Noelle dijo que Lumine también estaba aquí y quería saludarla, ¿dónde está? ¿Y quién eres?
— Es algo grosero preguntarle a otros su nombre sin presentarse primero, caballero de favonius.
El regaño hizo que las mejillas de Amber se sonrojaran, tiene razón. La chica lleva ambas manos a su cadera e infla su pecho con bastante orgullo.
— ¡Mi nombre es Amber! Como has dicho, pertenezco a los caballeros de Favonius. Y no pareces de Monstadt. ¡Identifícate!
— ¡Amber, él es Childe! Es un… amigo que hicimos en Liyue. Sí, un amigo. —ni siquiera Paimon sonaba muy segura cuando lo dijo la segunda vez. Childe se ríe y extiende una mano hasta Paimon, moviendo sus cabellos plateados en un gesto algo paternal. — ¡Hey, deja mi cabeza!
— Me llamaste amigo.
— ¡No es cierto, Amber, es un intruso! ¡Deshazte de él!
— Eh…
El pequeño conflicto tuvo qué detenerse cuando la puerta de la oficina de Jean se abre, saliendo nada más y nada menos que la propia Maestra intendente seguida de Lumine. Lo primero que Jean hace es encontrar a Childe con su mirada. ¿Es ese el Fatui? Barbatos seguía una filosofía de libertad hacia ellos y ella no pensaba contradecirlo, pero también como una protectora de la seguridad en Monstadt había algo que tenia qué dejar en claro.
Lisa salió al final, cruzada de brazos y con un rostro relajado y hasta divertido. Parecía que algo le agradaba en toda esta situación, seguramente ver a Jean tan motivada.
— Childe, onceavo de los Fatui, podrás estar libremente en esta tierra siempre y cuando la caballero honoraria Lumine no se aparte de tu lado. Y si causas problemas, la brisa del arconte Barbatos se hará cargo de ti.
Amber alza sus cejas.
— ¿¡Lumine trajo un Fatui a Monsdtadt!?
