¿El amor es realmente tan fuerte?

- No frente a Barbatos -

Todo pasó demasiado lento para su gusto, con un ambiente muy tenso e incómodo y tal vez, un poco agresivo. ¿Compartir mesa con caballeros de favonius? Ya no era solo meterse a la cueva del lobo, ¡Sino también convivir con ellos! Pero al mismo tiempo fue bastante estimulante ver todas esas miradas fierecillas hacia su persona. De solo acordarse se ríe.

Luego de un baño, ni bien salió ahí estaba ella otra vez, hablando con Lumine de algo que parecía importante. Pero se calló en cuanto lo vio a él.

¿Así que ella era la maestra intendente de Mondstadt? Era una mujer con una presencia firme y sofisticada, una apariencia bastante pulcra. Pero, aun así, la fiereza y confianza con la que le habló todavía lo tenía sonriendo, con alguna que otra frase pasivo agresiva. Fue justo como lo esperaba, con eso ya tenia a dos personas con los ojos puestos en él. Barbatos y Jean. ¿Y eso lo intimidaba? Para nada, lo hace sentir orgulloso que su fuerza sea reconocida y temida.

Ahora estaban en una habitación en la sede, justamente en la planta más alta y con dos camas pequeñas. Paimon no solía ocupar mucho espacio y ya estaba acostumbrada a dormir con Lumine, por supuesto.

— Señorita, ya deja de preocuparte.

— Sabía que Jean se enojaría, solo no esperaba que se enojara tanto… —murmura Lumine.

Paimon asiente un par de veces, sujetando uno de los bollos con carne con sus dos manos.

— Era inevitable, Lumine.

— ¿Lamento causar molestias?

— ¡No te disculpes si no lo sientes!

Cuando una almohada se impacta en su cara, Childe se ríe de forma ruidosa. A su risa pronto se le une una más suave y femenina, era la risa de Lumine. Childe se sienta de golpe, toma la misma almohada y la lanza de vuelta. Pero Lumine la atrapa en el aire y la abraza contra su pecho, sonriendo.

Cada uno estaba sentado sobre una cama diferente, en la misma habitación. Paimon estaba sentada sobre la única mesa, disfrutando de un bocadillo que sobró de la cena de hace un rato.

— Y ahora tengo qué ser tu niñera, incluso dormir juntos. ¡Qué injusto!

— En Liyue dijiste que no me separara de ti mientras estuviera en Mondstadt. Nada ha cambiado realmente.

— ¿De eso hablaron en su cita? Paimon pensó que invitarías a Lumine a cenar o algo así… Las cenas son buenas citas. —Paimon se pone de pie y levita hasta la cama de Lumine, sentándose justo sobre la almohada. — Si Paimon tuviera una cita, definitivamente amaría una cena.

Lumine curvea sus cejas, algo avergonzada. — Oh vamos, no fue una cita en serio… Childe, solo querías hablar, ¿verdad?

— No. Fue una cita. —Afirma él, con un rostro más pensativo. ¿Entonces debió invitarla a cenar a un restaurante bonito? Aquí, duda encontrar algo con la misma clase que un restaurante caro en Liyue. Qué molestia… Lo hizo mal, al parecer. Lleva una mano a su mentón, ignorando las quejas y negaciones de Lumine. — Pero no fue perfecta. No pude pelear contra la señorita.

— ¡Eso no se hace en las citas!

Childe sonríe, es otra de esas sonrisas grandes que muestran los dientes. Le gustó ese tono, es lindo que niegue tanto.

— ¿Qué se hace?

— Tú deberías saber. —Lumine frunce sus cejas. En realidad, ella no sale en citas para nada seguido. No estaba en sus prioridades, lo de esa noche… Ah, tenía curiosidad por saber lo que el señor Zhongli dijo, simplemente. Además claro de la culpa de que Childe estuviera en la lluvia esperándola… Pero era innegable decir que se divirtió, porque sí lo hizo. — ¿No tienes citas todo el tiempo?

— Claro que sí. Con deudores de los Fatui y del banco. Pero lo que pasa en esas citas no creo que te agrade mucho.

La sonrisa de Childe se tuerce cuando la sonrisa de Lumine se evapora con su frase.

— De todas formas, no salgo con mujeres de esa forma. Pero no fue tan mala, ¿o sí? Hablamos mucho, yo me divertí.

Escucharlo directamente de Childe hizo que su corazón se acelerara un poco, ¿él también se divirtió? Esa noche hablaron bastante, no solo de su hermano y los de Childe, sino también un poco sobre ellos. Fue una noche larga, y la forma en que la despidió después… Lumine no era una chica débil, pero aún así Childe la acompañó casi hasta la habitación solo para asegurarse de que llegara a salvo. Es un gesto que se aprecia de todas formas.

— Yo… sí me divertí…

— Eh…~

Los profundos ojos azules de Paimon se entrecierra con una mirada pícara hacia la aventurera, para ninguno aquí pasó desapercibido su sonrojo. Al darse cuenta, Lumine se pone de pie de un salto para apagar la luz y volver inmediatamente a su cama, ocultándose bajo la cobija.

— ¡Hora de dormir!

— Mh, buenas noches.

El silencio llenó la habitación en ese momento, pero aunque Childe sí se siente algo cansado su mente no lo estaba dejando descansar todavía. No le quedaba claro si era por el estado absoluto de alerta que siente al estar aquí, en una habitación de los mismísimos caballeros de Favonius, o tal vez por la presencia que sabe que está fuera de la habitación haciendo guardia gracias a él. ¿O tal vez era Lumine? Ya estaba oscuro, pero solo sentirla cerca hacia que su sangre hirviera en sus venas. ¿Ya estaría dormida?

Childe lleva ambas manos tras su nuca, recostado en silencio. La poca luz que entraba por la ventana le ayudaba a ver el diseño del mosaico del techo. Puede escuchar el bajo sonido de Paimon soñar, y también el sonido que hacen las telas cada vez que Lumine se mueve. Pero para su sorpresa, pronto la escucha levantarse.

Childe cierra sus ojos al instante, fingiendo dormir.

Lumine se sienta en la cama, tratando de ser tan silenciosa como un ratón. Levanta la cobija y sale lentamente de la cama, dirigiéndose a la mesita de noche para tomar la jarra de agua y servirse un poco en un vaso de cristal. No puede descansar, y no sabe si es por Childe o por lo acelerado de su corazón que no se callaba.

Al sentirse satisfecha, regresa el vaso al mueble y camina hacia su cama nuevamente pero se detiene para ver a Childe un momento. Luce tranquilo… ¿Cómo es que puede descansar? Decir esas cosas vergonzosas y salirse con la suya no una, ni dos, sino tres veces. Aprieta sus labios con algo de capricho y se acerca a la cama de Childe.

Diciendo esas cosas vergonzosas todo el día, ¿qué se piensa? Jugando conmigo…

Eso es, jugando con ella. Acercándose demasiado, diciendo esas cosas que le aceleraban el corazón y luciendo tan… encantador. ¿Pero hasta qué punto lo decía en serio? Childe era muy bueno fingiendo, ya se había dado cuenta de eso. Era un buen actor. No quiere que se vuelva un obstáculo…

Cuando las cejas de Childe se fruncen Lumine se pone alerta, pero se da cuenta de que es solo porque la brisa que entra por la ventana le movió el flequillo y tal vez le molestaba en la nariz.

Dispuesta a ayudarlo, Lumine extiende una mano hacia él.

Para su sorpresa, su mano es sujetada al instante por la muñeca. Lumine hace un sonido y trata de retroceder, sorprendida.

— ¿Childe? Creí que estabas dormido. —susurra, no pudo evitar el tono nervioso de su voz.

Precisamente por ese tono es que Childe frunce sus cejas y se sienta.

— ¿Qué ibas a hacer? —Pregunta con voz áspera, su agarre se vuelve un poco más apretado. — Señorita, ¿no ibas a jugar sucio, verdad?

— Claro que no. —responde, tratando de liberarse de su agarre. — Yo no- Nunca de esa forma.

¿Debería gritar por ayuda? ¿Por qué no la suelta?

— Cierto, tienes más honor que un Fatui. —Murmura Childe, pero aunque afloja su agarre aún no se digna a soltarla. — ¿Entonces qué…

Su pregunta muere en el aire cuando Childe la mira. Fue como si en ese momento todo en el mundo estuviera… perfecto. La luz lunar entrando por la ventana, la suave brisa que los acariciaba, sus labios húmedos…

Childe se quedó callado, sintiendo el latir de su corazón hasta los oídos. Lumine era… Si bien su personalidad era algo juguetona y jovial con la aventurera, pocas veces decía alguna que otra cosa en serio respecto a ella. Y ahora mismo, era innegable que era hermosa.

— Lumine…

— ¿Chi-Childe?

La mano libre del fatui acuna suavemente el rostro de la rubia, acariciando su suave pómulo con un pulgar. Tiene las mejillas calientes otra vez, eso le saca una risa suave a Childe.

Con la mano que la mantenía sujeta, Childe la atrae hacia su cuerpo y la abraza con fuerza. Lumine se sorprende, poniendo sus dos manos sobre los hombros de Childe como un acto reflejo. Ahora estaba hincada en la cama, con sus rodillas entre los muslos de Childe y el abrazo apretado del Fatui. La cara de Childe estaba justo sobre…

— ¿Qué estás haciendo? —Susurra Lumine, acalorada. El rostro del Fatui estaba justo sobre su pecho. Si está así de cerca va a escuchar su corazón acelerado y eso la hará ver débil…

Ya era tarde, con su propio corazón acelerado y ahora sabiendo que Lumine estaba igual, Childe levanta el rostro un poco y la ve con una sonrisa traviesa.

— Señorita… ¿Te gusta que te abracen?

Ver hacia abajo era sumamente vergonzoso, ¿es que acaso no se da cuenta? Estaba con la cara literalmente entre sus pechos. No, no… la intimidad de la situación la sobrepasaba un poco, terminó sonrojándose y mordiéndose el labio inferior.

¿Esto le gustaba? No puede decirse que se siente enojada porque no es así. Entonces la otra opción… El tacto firme del Fatui la hace saltar en su sitio, nuevamente sorprendida.

Las manos de Childe bajan lentamente por la cintura de Lumine hasta las caderas. Y se siente tentado a bajar más, pero sabe que si la molesta seguramente haga un escándalo y sería muy molesto que el guardia de afuera entre. Además, no hay qué despertar a Paimon. Childe dejar caer sus párpados un poco y amplía su sonrisa, sabe perfectamente en dónde está. Es muy suave, la piel de Ojou-chan es muy suave y cálida. Termina por cerrar sus ojos ojos e inhalar profundamente el olor de Lumine, sonriendo entonces contra su piel.

Su respiración caliente hace que Lumine cierre sus ojos y contenga su voz. Cosquillas… Sus dedos se aferran con más fuerza a las ropas grises del heraldo, acercándolo más a su cuerpo sin darse cuenta.

Esa era la respuesta que estaba esperando. O bueno, algo parecido. Con una mano, sujeta a Lumine por la espalda y la presiona gentilmente hacia su propio cuerpo, entonces separando sus labios para dejar un par de besos por el valle entre los senos de la aventurera. Puede oler ese dulce jabón que usó, a frutas. Irónicamente, no puede aventurarse demasiado ahora. No solo por si situación comprometedora con Mondstadt, sino por Paimon. Si se despierta, hará un escándalo y asustará a Lumine.

Aunque si reacciona de esta manera, incluso a él le va a costar mantener una buena compostura. Ni bien sus labios se separan de la piel clara, las manos gentiles de Lumine abrazan su cabeza y lo vuelven a acercar.

— Señorita…

Lumine no contesta, todavía con su respiración agitada cierra sus ojos y recarga su cuerpo contra el de Childe. Lentamente, el heraldo se inclina hacia atrás y se trae el cuerpo de Lumine consigo. Al quedar ambos recostados, Lumine se levanta un poco y lo mira desde arriba.

Su cabello castaño luce desordenado y la sonrisa que le da es bastante atractiva. ¿De qué se trataba todo esto? Avergonzada, lleva una mano a su pecho y trata de juntar sus piernas al recordar que tenía falda. Estaba sentada sobre el abdomen de Childe, con tan solo su ropa interior separando su piel desnuda de él.

— No haré nada que no desees. —Aclara, posando sus manos sobre las rodillas de Lumine en un toque firme. — Pero no creo que sea el momento.

— ¿Y por qué crees que yo querría…

Su voz se apaga cuando las manos enguantadas de Childe suben desde su rodilla hasta sus muslos, bajando lentamente otra vez. Esa caricia se siente bien… se muerde los labios, derrotada y avergonzada por haberse contradicho tan penosamente.

— Esto está mal. —dice Lumine, pero no le queda claro si lo dice para convencerse o no. Childe apuesta más a la segunda. — Eres un Fatui…

Pero esos ojos tiernos y seductores la invitaban. Lumine es joven, y si bien se preocupaba por su hermano no había hecho nada más que preocuparse por él desde que llegó. Algo por fin le trae tranquilidad, era normal querer… aferrarse un poco a ello, ¿no?

— Y yo debería destrozarte, pero ahora me pregunto cómo debería hacerlo. —Era un hablador, sin duda. Ni siquiera tiene tanta experiencia, pero tal vez sí al suficiente. Lumine parece bastante receptiva y sensible, le deja ver que ella no tenia mucha habilidad en este campo. Eso significa… — Puedo ganarte aquí también.

Las manos de Lumine, que estaban sobre el pecho de Childe, se cierran al instante en dos puños y su rostro avergonzado cambia a uno más determinado y molesto. Le da un golpe en el pecho.

— No todo es una competencia, Childe. —Responde, visiblemente molesta.

La risa suave de Childe baila en la habitación hasta oídos de Lumine, estremeciéndola de tan sensual sonido.

— Eso diría un perdedor. No creí que tú, señorita, serías… Mph.

Lumine posa un dedo sobre los labios de Childe para callarlo en cuanto Paimon hace un sonido desde la otra cama. Ambos voltean a verla, y para el alivio de ambos tan solo se dio la vuelta y se abrazó a la almohada que Lumine dejo libre.

— Te dije que no era el momento. —Susurra Childe, tomando ambas manos de Lumine con las suyas propias en un tacto suave. — Y no suelo hacer esto muy seguido, pero te ofrezco hacerte un favor.

— ¿Un favor?

Esta vez, apenas Lumine hace un esfuerzo por liberar sus manos Childe la suelta.

— Sí, un favor. Ya que sientes tanta curiosidad, ¿Qué tal si te cumplo una petición? Sin cuestionar, haré lo que quieras. Pero tendrás que dejarme matar al guardia de afuera.

Su voz se torció de tal manera mientras hablaba que a Lumine se le fue todo aire de los pulmones al escucharlo. ¿Por qué decía algo así en este momento? Esa mirada fría ya la había visto varias veces antes. ¿Hablaba en serio? Niega con la cabeza, y Childe entonces finge un rostro de pena absoluta.

— No pasará nada entonces... Entonces-

— ¿Sabes que una manipulación así no va a funcionar? —Lumine lo interrumpe, logrando una mueca en la cara del Fatui. Aunque tal vez es cierto que sí siente curiosidad… jamás lo dejaría matar a un inocente y menos frente a ella. No se lo perdonaría. Lumine, con toda la intención de levantarse y volver a su cama ahora sí, es detenida nuevamente por Childe cuando la toma de la cadera para empujarla hacia su abdomen nuevamente. — ¿Qué? Dijiste que no-

— No terminé de hablar. Si no es por eso, entonces lucha contra mi mañana.

Ese deseo y brillo nuevamente. Lumine se muerde los labios, indecisa. Esto era algo más a su alcance, pero conoce lo suficientemente bien a Childe como para saber que daría lo mejor de sí mañana. Pasó tiempo desde la última vez que pelearon, ella se ha hecho más fuerte. Pero él seguramente también. No podía aceptar eso aquí, sería peligroso.

— ¿Usarás tu engaño?

— ¿A Tartaglia? Por supuesto, mi linda señorita no merece lo peor de mí, ¿cierto? —Childe se ríe, pero al ver en la cara de Lumine que no parecía muy convencida su risa se detiene y muestra algo más de comprensión. — No quieres que lo haga. —Afirma, adivinando su expresión.

Lumine niega con la cabeza.

— No… Te meterás en problemas.

Childe alza una ceja. Con esa frase, ¿qué quiere dejar en claro? Que perderá, por supuesto. Su sonrisa se vuelve más larga, decide entonces sentarse y encorvar su espalda un poco hasta que su rostro queda en el cuello de Lumine.

— Me estás subestimando de nuevo, señorita… —susurra contra su cuello, sentir cómo las manos de Lumine se aferran a su ropa de nuevo no hizo nada más que motivarlo más. Sus labios se separan cuando él suspira, y la escucha a ella suspirar cuando sus labios comienzan a acariciar la piel suave de su cuello. — Podrías acabar muy mal si lo haces.

— ¿Me estás… amenazando…? —Lumine cierra sus ojos, encorvándose un poco. Estas cosquillas son distintas… son más profundas, van directamente hacia su bajo vientre. Ni siquiera intenta apartarlo cuando siente algo más caliente pasar por su cuello. ¿Era su lengua?

El calor del momento se les estaba subiendo a la cabeza a los dos. Las manos de Childe tomaron más confianza al tocarla, llegando incluso a meter sus dedos bajo la falda del vestido de Lumine. Ya que deberían estar durmiendo, la chica no tenia sus botas altas ni sus accesorios en los brazos. Ni él los suyos, ni su bufanda y ahora tampoco sus guantes porque acaba de quitárselos para sentirla piel con piel.

Lentamente se inclina ahora al frente hasta hacer que sea Lumine quien está recostada esta vez, con la cabeza casi colgando por el borde de la cama. Childe era muy alto a comparación, pero así estuvieron cara a cara cuando se incorporó para verla.

— ¿Puedo besarte? —pregunta con una voz líquida y aterciopelada.

Lumine no le contesta con palabras, pero lo abraza por el cuello y lo acerca a su rostro. Prácticamente era una invitación, ¿no? Y para alguien noble como Childe, era una grosería rechazar una invitación de una señorita a la que le tiene tanta estima. El heraldo cierra sus ojos cuando se acerca al rostro de Lumine y la besa con cuidado. Incluso en este momento siente su torpeza pero de hecho, le gusta que Lumine sea así de inexperta. Tal vez, en el caso contrario, se sentiría un poco molesto y celoso.

No es el momento, no es el momento…

Por más que se lo repitiera, cayó desde el momento en que Lumine gimió su nombre en el beso. Sus cejas se fruncen un poco cuando la última cadena de resistencia se suelta en su subconsciente, y aunque quería tener consideración… Lumine era hermosa, y al ser su rival -a sus ojos al menos- tenerla en una situación tan vulnerable lo hacía enloquecerse. Sus manos viajaron por las piernas de la chica hasta su cadera, pero por debajo de la cadera. Siente la tela de su ropa interior y mete los dedos por debajo.

— Tranquila, si tienes miedo golpéame. No voy a escaparme. —Le susurra cuando Lumine hace un sonido nervioso y hace el intento de cerrar sus piernas. ¿Muy atrevido para ella? Tal vez se apresuró, pero aún no lo ha rechazado, ¿o sí? Mira por un rato las expresiones de Lumine mientras le baja la ropa interior, y cuando logra quitársela coloca las pequeñas bragas sobre la cara de Lumine, en el aire. Las ondea como si acabara de conseguirse un premio, y el enojo de la rubia lo hace reír en voz baja otra vez. — Eres muy adorable, señorita.

— No juegues, Childe. —Advierte Lumine, pero la sonrisa de Childe solo se hace más grande.

— Jugar es lo único que quiero hacer ahora. —Responde, inclinándose de nuevo sobre ella para besarla.

Mientras Lumine va ganando un poco más de confianza, Childe no pierde el tiempo y con una mano le sujeta bien la cintura, subiendo luego hasta el escote para bajarlo un poco… Lumine se sobresalta, pero aunque está nerviosa se esfuerza un poco para no decir nada. Ella también quiere, siente curiosidad… Y no siente miedo.

Childe nota que el adorno de su cuello es más que un adorno y, de hecho, le estorba para bajarle el vestido. Se toma un momento para desabrochar el delgado accesorio y entonces sí. Mete un dedo en el espacio entre sus senos y el vestido y empuja la prenda un poco hacia abajo. No puede verlos, pero puede sentir esa suavidad contra su pecho. Oh… el cuerpo de Lumine es exquisito, sin duda. Quiere verlo, pero sabe que si lo hace Lumine terminará más avergonzada y posiblemente se escape de sus manos.

Por eso, mejor sentirlo, ¿o no? Lleva sus manos ahora a su propia ropa y desabotona los tres botones internos de su saco, quitándosela luego. Así, no sentiría tanta vergüenza, ¿o sí? Ya no era la única semidesnuda.

Las pequeñas manos de Lumine sobre su torso lo invitan a sentarse de rodillas y dejarse admirar, ¿su recompensa por ser obediente? La hermosa vista de los pechos de Lumine y su cara curiosa ante su cuerpo. Era una chica hermosa, y tan curiosa, todo esto fue un golpe directo a su entrepierna, que ya estaba empujando la tela de su pantalón allá abajo.

— Si tanta curiosidad tienes, puedes tocarme. —Aunque era una sugerencia, sonó más como una lujuriosa petición.

— Yo- ¿no te molesta?

— Me encantaría que lo hicieras.

Hablar entre susurros comenzaba a hacerse mas erótico, huh. Childe observa cómo Lumine se incorpora también y pasea sus manos por su torso amplio, pero entonces una brisa un poco fuerte entró por la ventana y logró que Lumine se abrazara a sí misma por el frío. Childe de inmediato la refugia en sus brazos, yéndose hasta la otra orilla de la cama y cubriendo el cuerpo de Lumine con el propio para que la brisa no le diera tan directamente.

Puede que haya sido una casualidad, pero para Childe ya iban dos veces que sentía lo mismo. No pudo evitar poner una cara de molestia y rodar los ojos, mirando con enfado hacia el exterior a través de la ventana mientras el cuerpo entre sus brazos se aferraba a él para sentir calor.

Childe extiende un brazo y alcanza a cerrar la ventana, resignado.

Barbatos, infeliz…

¿Así que no solo necesitaba el consentimiento de Lumine, sino la bendición del Arconte Anemo para poder llegar más lejos? Santo cielo, pensó que podría hacer de las suyas lejos de los ojos de Rex Lapis pero no es así. Parece que Lumine era la consentida de los arcontes, huh.