¿El amor es realmente tan fuerte?

- La brisa que sopla sobre Mondstadt -


Salieron por la mañana luego de cocinar los suministros que les quedaban. Albedo pasó el desayuno con ellos y los acompañó hasta la mitad del camino, pero luego del puente Albedo regresó a su campamento mientras ellos continuaban. El ritmo parecía animado, Noelle tarareaba al frente de todos mientras Lumine y Childe permanecían hasta atrás, susurrándose cosas y riendo. Paimon iba en medio de la parejita y de la maid, con una cara sospechosa hacia el fatui y su amiga.

¿Por qué siente que están pasando muchas cosas y ni siquiera se está enterando? La actitud de Lumine hacia Childe ayer era horrible a esta hora, completamente enfadada y avergonzada. Pero hoy se le ve muy feliz, y a Childe más relajado y también risueño. Caminaban a la par, con la mano de Childe sujetando amistosamente a Lumine por la espalda.

Childe notaba la mirada de Paimon pero la ignoraba, pero Lumine no podía hacerlo tan a la ligera. Se sentía ligeramente culpable por tal vez ocultarle algo importante a Paimon pero, ¿no eran una pareja, no? Estaban… trabajando en ellos primero, tanteando si algo así es posible para empezar. Aunque las cosas que dijeron anoche desmentían esos pensamientos…

Había personas que realmente no estaban hechas para ser amigos y ya. Pero eso solo significaba que podían odiarse, o brincarse ese escalón y ser directamente algo más. Al parecer, algo así estaba sucediendo aquí.

— Noelle… —Paimon levitó hasta acercarse a la cara de Noelle, sorprendiéndola e interrumpiendo su bonita melodía.

— ¿Paimon?

— ¿No sientes que algo extraño está pasando allá?

— ¿Mh? —Noelle sujeta contra su pecho los apuntes de Albedo y disimuladamente voltea a ver por sobre su hombro a los dos aventureros, pero solo sonríe y vuelve la vista al frente. — Es maravilloso, ¿no es así~? La amistad es tan hermosa. Hay qué atesorar esos momentos.

— Eh…

Paimon no podía dejar de pensar que no era una amistad normal. Los sigue observando, y es justo cuando Childe se inclina hacia Lumine y le besa la frente que todas sus alertas se activan.

— ¡Más que amigos! —Grita, llamando la atención de los cuatro. Noelle se sonrojó al por fin entender, Childe solo enarcó una ceja y Lumine se cubrió la cara con las manos.


— Ni siquiera es la gran cosa, deja de hacer drama sobre esto, hadita. —Childe ondea un delicioso y brillante caramelo frente al rostro de Paimon, quien lo seguía irresistiblemente con la mirada. — ¿Cuánto cuesta tu apoyo, mh? En serio no la he obligado a nada como tú crees.

— Yo… No sé si pueda confiar en un Fatui… ¡Qué rico se ve! —Paimon lloriquea mientras echa patadas en el aire, resistiendo con todas sus fuerzas no tomar el dulce que le ofrecía Childe como soborno.

Un poco cerca, Noelle y Lumine entraban al laboratorio de Sacarosa dentro de la sede. Childe esperó afuera, ya que no le gustaba entrar a ese lugar y no poder retar a nadie a pelear. No tenía caso. Paimon por supuesto se quedó a su lado para cuidarlo y, bueno, también para interrogarlo a solas.

— ¿Por qué no? Si estuviera obligando a Lumine, me habría pateado el trasero directo a Liyue. ¿No?

— Bueno… su-supongo que tienes razón… ¡Está bien! —Le arrebata el dulce de la mano, ooooh. ¡Qué lindo! Una esfera grande de caramelo con un interior suave y cremoso a mantequilla y cacahuate. Paimon lo acercó a su rostro y restregó su mejilla en la brillante superficie. — ¡Es enorme!

— Trata de comértelo antes de que Lumine vuelva. —Aconseja, y Paimon inmediatamente se pone a la tarea.

La puerta de la sede se abrió de par en par y quien pensaron era Lumine, resultó ser la intendente Jean con un acompañante a su lado… ¿el señor Diluc? El mismo del viñedo de hace un par de días. Childe se sintió incómodo cuando lo vieron, y luego se tensó cuando ni bien se vieron Diluc caminó con él con pasos furiosos. En cuanto lo ve llevar una mano a su mandoble, Childe de inmediato pone a Paimon tras su espalda y saca su propio arco, apuntándole directo a la cabeza. La energía hydro se acumulaba en la flecha al igual que la energía pyro en la afilada hoja del arma de Diluc.

— ¡Ni un paso más! —Advierte Childe.

— ¡No tomes a Paimon como rehén, Fatui! —Le advierte Diluc, pero no se atreve a dar un paso más. Jean de inmediato corre hacia Diluc y lo sujeta del brazo, susurrándole algo en el oído.

— ¡Hey, Paimon no está siendo obligada, señor Diluc! —Paimon se asoma por encima de la cabeza de Childe, con el dulce a medio comer en sus manos. Tenia restos de caramelo en su lindo rostro. — ¡Childe no ha hecho nada malo!

— Ser un Fatui es más que suficiente. No debería estar aquí. —Cuando Diluc dice esto lo hace viendo fijamente a Jean, quien frunce las cejas en respuesta.

— Esa no es tu decisión. —responde ella de vuelta, apretando sus labios. — Está bajo la protección de Lumine y de Barbatos. Por favor no haga una escena aquí, maestro.

Sus ojos eran fuego, un fuego que parecía imposible apagar pero los de Childe no se quedaban atrás. Parecían estudiarlo, retrocediendo apenas un poco si lo veía necesario. Notaba que Diluc no estaba jugando. Realmente había un resentimiento profundo en sus ojos.

— ¿Qué asunto tienes con los Fatui? —Cuestiona Childe, apenas y viéndolo al rostro. Estaba más pendiente de su movimiento corporal. — Eras Diluc, ¿no? Nunca había escuchado tu nombre.

Comenzaban a llamar la atención de la gente, quien caminaba con prisa para alejarse de ahí al ver a dos hombres a punto de pelearse. Paimon estiraba la bufanda de Childe hacia atrás mientras que Jean seguía sujetando el brazo de Diluc con toda la fuerza que tenía para hacerlo retroceder igual. Pero parecía que ninguno de los esfuerzos de ambas tenían resultado, ninguno retrocedió.

— Ya basta. —Pide de nuevo Jean, esta vez más nerviosa. — Ya escuchaste a Paimon, no es un rehén. Deja de-

— ¡Los fatui no deberían estar aquí! —repite, bastó solo un poco de fuerza para que Jean lo soltara y retrocediera, asustada ante la fiereza en los ojos de su maestro. — Será mejor que te vayas ahora mismo.

— ¿Eh? Aún no me has contestado cuál es tu asunto con los Fatui. ¿Quieres pelear conmigo? ¡Bueno, seré feliz de aceptarlo! —Childe lleva una mano hasta su cinturón, mostrando con más orgullo su visión hydro. Esta chispirroteó por un momento en un tono más oscuro, morado. — Ni siquiera necesitaré esto para acabar contigo, ya que tanto lo pides. —Era su engaño electro. Los ojos de Diluc se abrieron con sorpresa. Su provocación tuvo su efecto, Diluc de inmediato se abalanzó hacia él.

Childe toma a Paimon por su capa y la empuja lejos de la escena justo a tiempo para sacar sus cuchillas hydro y cruzarlas bajo la hoja del mandoble para detener su ataque una primera vez. ¡Caliente! La energía pyro evaporizaba su hydro pero se resistía sin mucho esfuerzo.

— ¡Aléjate de aquí! —Le grita Childe a Paimon.

Paimon dio un par de vueltas en el aire por la fuerza con la que Childe la alejó pero apenas pudo incorporarse, sus ojos se abrieron enormemente. Tenía muy cerca del rostro el mandoble en llamas de Diluc y unas cuchillas hydro de Childe. Ambas armas estaban temblando en el aire por la fuerza que sus dueños ejercían contra el otro. Fue como si en ese momento su corazón se hiciera pequeño del puro miedo.

— ¡Ya basta! —Gritó Jean. — ¡Es suficiente! —pero sus gritos no eran escuchados. — ¡Ya basta! —Rogó, su mano temblaba por la fuerza con la que sujetaba su espada. No deseaba usarla, no contra su maestro. Por favor, Barbatos…

No podía acercarse lo suficiente como para recuperar a Paimon, estaba demasiado cerca. La desesperación se notaba en su rostro. ¿Pero qué más podía hacer? El sonido del viento se escuchaba provenir desde Jean, pero ambos hombres se movían tan rápido. Cuchillas y arco contra un mandoble, aunque Diluc se movía algo más lento que él era sumamente fuerte y pesado en sus ataques. El vapor de las reacciones entre ambos empezaba a levantarse por toda la plaza y la gente ya corría lejos con miedo. Los caballeros de Favonious, aunque se acercaron, tan solo se quedaban viendo.

Paimon trataba con todas sus fuerzas no verse involucrada, pero a donde fuera que volara parecía imposible, los caballeros tan solo estorbaban e inevitablemente regresaba a acercarse a la pelea.

— Lumine, ¡Lumine! ¡Ay! —le estaba costando alejarse del conflicto, aunque trata de volar más alto o apartarse los hombres se movían tanto que no tardaban en alcanzarla de nuevo y ponerla en el mismo problema. Tampoco podía ver muy bien con tanto vapor, y hacía calor. Se estaba desesperando, estaba tan asustada que se entorpeció un poco y el codo de Childe alcanzó a golpearla, empujando su pequeño cuerpo hasta una barda de concreto y haciéndola caer luego hasta el suelo por el sorpresivo golpe.

— ¿Eh? —Childe sí sintió el pequeño golpe que dio sin querer, y al darse cuenta estaba tan solo dos pasos al frente de una Paimon en el suelo que intentaba levantarse. El sonido del viento se rompió frente a él y su mente reaccionó rápido. Si a Paimon le pasaba algo Lumine se pondría triste, no podía permitirlo. Apenas y alcanzó a convertir su arco en cuchillas nuevamente para bloquear un ataque. — ¡Muévete! ¡Paimon, muévete!

Le dolía la cabeza y el golpe le hirió un poco su pierna, aunque Childe la protegía ahora ella no podía protegerse a sí misma en este momento. El mandoble de Diluc retrocedió, listo para otro ataque con su filo engullido nuevamente entre las llamas. ¿Es que acaso no la ve? ¿Tan furioso estaba con los Fatui? El calor del pyro ya le había provocado quemaduras en sus dedos. ¿Tendría que usar su engaño? No tiene tiempo para transformarse, si quería proteger a Paimon de esta iba a tener qué usar sus cuchillas de nuevo y tal vez iba a sacrificar sus manos por eso. Por su costado izquierdo, Jean se acercaba con rapidez hacia Paimon en un intento desesperado por salvarla. Como si no pudiera ser peor, Lumine apenas salía de la sede junto a Noelle y se quedó sin aliento al ver la escena a lo lejos.

El filo del mandoble finalmente se perdió entre las llamas y el vapor saltó hasta los cielos por la reacción, no se veía nada… Y entonces, un viento fuerte vino desde el centro y mandó por los aires a Diluc lejos.

— ¡Paimon! —Lumine por fin reaccionó, corriendo entre las personas que huían hasta el campo de la pelea. La niebla terminó de dispersarse con el viento de Barbatos, revelando a Childe sentado contra la misma barda donde Paimon había sido lanzada y a Jean abrazaba su pequeño cuerpo contra su pecho, también sentada contra la pared. Jean tenía fuertemente cerrados pero Childe no, veía a alguien entre la poca niebla que quedaba.

— Ay, no. Paimon... —Lumine se acerca a Jean y revisa rápidamente el estado de su amiga, ella temblaba de miedo, ¡de miedo! Y tenía lágrimas en sus ojos, de inmediato abraza a Jean y solloza en silencio contra su hombro. ¿Qué había pasado? Jean le pone una mano en la espalda para darle algo de consuelo a ambas con ese abrazo, pero su mirada ahora también estaba en el bardo que se interponía entre Childe y Diluc.

— Es suficiente. —Era una voz algo inmadura, tal vez. Pero al verlo bien, Childe pudo identificarlo como el arconte de Monsdtadt gracias a las viejas descripciones que Zhongli le había dicho alguna vez. Le daba la espalda a él, pero de frente a Diluc. — Casi lastimas a un inocente por tu ira, Diluc.

— Tú… ¿Qué? —Diluc se levanta del suelo con una obvia pesadez, las heridas que Childe le causó se notaban desde su rostro hasta los pies. Se apoya en su mandoble y cuando consigue levantar el rostro y ver más allá de Venti, solo puede asustarse al darse cuenta de que Lumine abrazaba a Paimon y a Jean mientras lloraba en sus brazos. Childe lo miraba aún con un reto en la mirada, compartía varias heridas con Diluc. — Paimon…

La pequeña abre sus ojos y alcanza a verlo, al ver el miedo en sus ojos azules se sintió peor. No pudo verla, no pudo verla… Lo último que supo de ella era que Childe la había alejado y lo demás fue demasiado rápido. Tal vez, si Venti no hubiera llegado, Paimon habría salido lastimada en serio.

Venti lo miraba con un sentimiento extraño en la mirada. No estaba decepcionado, pero sí algo triste por su ira cegadora. Tal vez Childe no era inocente tampoco, pero en este caso dejó de lado sus propios impulsos por proteger a la querida amiga de Lumine. ¿Y él? Él… se lanzó como un lobo directo por él, 10 minutos luego de saber que quien acompañaba a Lumine era realmente un Fatui. Su mente no podía procesarlo todo, en cuanto pensó en su padre y lo que le había sucedido temió que a Lumine pusiera pasarle algo parecido. Que no lo soportaría y que tal vez, fallecería incluso antes de cumplir su deber en este mundo de encontrar a su hermano. Y todo eso habría sido gracias a Childe, quien le devolvía la mirada con la misma rabia desde su posición.

Diluc baja la cabeza, su mano suelta la pesada lápida del lobo que se encaja en el suelo por su gran peso. Quien estuvo mal, al final, fue solamente él.

Cuando Diluc suelta su arma, Childe se da cuenta de que estuvo conteniendo la respiración todo este tiempo. Y no solo eso... También se da cuenta de que tenía un brazo extendido por el frente de Lumine y la intendente Jean, protegiéndolas. Estaba cansado, herido y sangrando pero aún así buscaba protegerlas.


— Esto es una mierda.

La catedral de Monsdtadt era un lugar muy amplio, su voz hizo eco en la pequeña habitación y Bárbara de inmediato le chistó la lengua para que no dijera una palabra así de nuevo. La médico estaba terminando de vendarle un brazo, mientras Noelle atendía a Diluc en una cama vecina.

Paimon estaba sentada sobre una silla cerca de Lumine, ya no parecía asustada pero sí bastante tímida y nerviosa con ambos. Childe la empujó sin querer la segunda vez, sabe que no tiene la culpa, pero el miedo que sintió fue tanto… Pensó que iba a morir. Venti estaba recargado contra la pared mientras veía a las dos señoritas trabajar.

— Tiene razón, lo es. —Diluc murmura desde la otra cama, estirando un brazo un poco en el aire hasta hacerlo tronar. Le dolía toda la espalda y el torso, tenia bastantes heridas delgadas en toda su extensión del torso y brazos por esas cuchillas. Para ser Hydro, eran bastante afiladas. — Están protegiendo a un Fatui.

— ¡La generosidad de Barbatos no distingue a su gente de esa manera! —Bárbara, sin darse cuenta, apretó de más los vendajes de Childe en su brazo por el enojo que sentía. Childe sisea por el dolor y Bárbara rápidamente se disculpa.

¿Pelearse así, poner en peligro a gente inocente? Porque claro, fue en un lugar público. Paimon y Jean no eran las únicas que pudieron haberse lastimado. Sí, es consciente de que le gritó a Diluc pero… ¡Qué enojo!

— Hablaré con mi hermana.

Una vez que termina, se levanta y se retira. Noelle se retira con ella sin decir nada, más nerviosa por la situación. Aún si hablara, no sabe qué decir. Los tacones de Bárbara sonaban demasiado fuerte contra el suelo por lo pesado de sus pisadas, tanta furia en alguien que normalmente estaba sonriendo y deseando protegerlos a todos… Fue una tontería, todos aquí lo tenían claro. Apenas Bárabra se fue, Venti cierra la puerta y se cruza de brazos, recargándose contra la pared.

— ¿Qué pasó?

— …

— ¿Qué no es obvio? Peleábamos.

Lumine pone una mano sobre una de las de Childe, algo herida por las quemaduras. Con su mirada suplicante él supo que era suficiente y solo suspiró. ¿Pero qué decir? Ni él ni Diluc querían decir algo realmente. Ni siquiera deseaban estar en la misma habitación.

— El señor Diluc me tiene en la mira desde que llegué. Supongo que en serio odia a los Fatui.

— No sabia que eras uno hasta hoy. Antes solo lucías sospechoso. Ahora sé que lo eres.

— ¡Oye, si no fuera por mi y ese bardo habrías lastimado a la pequeña amiga de mi señorita!

Diluc contuvo su respuesta en la garganta y lo miró con un profundo resentimiento, pero no podía decir nada contra eso. Era verdad. Finalmente mira a Venti, serio.

— ¿Por qué lo proteges?

— A mi tampoco me hizo gracia su presencia aquí. Pero mi viento lo ha seguido desde que llegó. Mi deber es proteger Monsdtadt de amenazas, no matar indiscriminadamente a cada persona sospechosa, Diluc. —Venti niega lentamente con la cabeza, visiblmente decepcionado. — Lo que pasó con tu padre y los Fatui no es culpa de él, de todas formas. —Ni de los Fatui, pensó Venti. Pero no era adecuado decirlo en este momento. No quería regañar a nadie, a Venti no le gustaba hacerlo. ¿No podían todos beber juntos y cantar y listo?

Lumine y Childe comparten una mirada, pero él niega con la cabeza al entender su curiosidad. No sabe a qué se refiere el bardo con ese comentario. Pero Diluc sí, y esa palabra caló profundo en él. Odia admitirlo pero es verdad. Eso fue simplemente culpa de su padre…

Venti suspira y entonces lo señala, echando la cadera hacia un lado en una pose algo cómica.

— Lo único que este chico ha intentado en Monsdtadt es pasar tiempo con Lumine. ¿Sabes lo desesperados que están? —Venti lleva una mano a su pecho y se inclina al frente, su cara interesante hizo que Diluc abriera los ojos con sorpresa y volteara a ver a los jóvenes. Lumine solo baja la mirada, y Childe chista la lengua. Lo sabía, esa brisa helada de aquella noche fue por el arconte Barbatos. — Pero ya ha causado suficientes problemas. Si vuelven a pelear y ponen en riesgo a más personas, los mandaré a volar lejos a ambos. —Amenaza, con una cara un poco menos amigable, incluso está cruzado de brazos.

Zhongli tenía razón, era difícil tomarlo en serio por su aspecto pero su voz era firme y su aura era, a final de cuentas, la de un arconte. La determinación de Childe comenzó a crecer nuevamente, quiere retarlo. ¿Será muy fuerte? Esa brisa mandó a volar a Diluc y él es casi tan alto como el. ¿Qué arma usará?

— Trataré de hablar con Jean para que ninguno de ustedes dos, idiotas, vayan a la cárcel. Y Lumine. —Venti abre la puerta pero se detiene para llamarla.

La chica voltea a verlo, expectante.

— Cuida que tu novio no se meta en problemas otra vez.


Venti no solo había hablado con Jean para dejarlos impunes de un castigo, sino también para permitir que Childe rondara más libremente por el pueblo. Ahora estaba terminando de pagar una habitación por dos días en el Gran Hotel Goth. Era un sitio un poco mas cómodo para sus gustos, sorprendentemente barato -al menos para él- y lo más importante, con intimidad. Aunque claro, no se atrevería a decir eso. Tenía heridas en su cuerpo que debía sanar, todavía le quedaba recibir una visita de Bárbara antes de decir que estaba sano de nuevo. Además…

Lumine estaba a su lado, con la cabeza baja y abrazando a Paimon contra ella. Lucía asustada, las dos más bien. No se atrevería a pedirle que se separaran por ahora. En realidad, pagó otra habitación para ambas.

— Vamos a comer.

Lo dijo en voz alta, Paimon se emocionó entre los brazos de Lumine y pudo volver a volar con ganas.

— ¡Sí!

Lumine sonrió, y ahora con sus manos libres toma la mano derecha de Childe con su propia mano para caminar juntos.

Por ese rato, todo se sentía bien y normal. Paimon recuperó su ánimo con la cantidad inhumana de comida que Childe pagó para ambas, y con esa sonrisa es que Lumine pudo volver a mostrar la suya propia. Era una sonrisa hermosa. ¿Tuvo tanto miedo? No sabe las cosas que ella pensó, pero se hace una idea. Ya perdió a su hermano después de todo y cada día que pasa era solo incertidumbre.

El día pasó por fin, estaba a solas en su habitación mientras bebía su segunda copa de vino. La habitación era linda y amplia, con un estilo… único. No demasiado decorado, pero cómodo, al fin y al cabo. Lo espumoso del vino le sentó de maravilla al inicio, la segunda copa ya era solo para pasar el rato.

Ya era bastante noche, la luna estaba en su punto más alto y las estrellas centelleaban para él. Estaba sentado en el margen grueso de la ventana, disfrutando de la brisa gentil que le acariciaba el cabello. Saber que ese bardo extravagante lo había seguido no era para nada nuevo pero esta vez se siente menos pesado el ambiente a su alrededor. ¿Tal vez no lo sigue ahora?

Siendo sinceros, la prioridad de Venti estaba ahora mismo en terminarse él mismo su propio vino en el viñedo del amanecer, mientras Jean y Diluc discutían junto a Lisa sobre lo que había pasado. Así que eso, Childe estaba libre por un rato.

Oh, bueno. Aprovecha la ocasión para sentarse en una silla frente al espejo y quitarse las prendas superiores. Las heridas lucían bien, esa chica con visión hydro era realmente hábil, la cita de mañana sería tan solo para terminar de limpiar y curar cualquier herida interna.

Las piernas le dolían un poco más, y sus manos todavía tenían un par de manchas pro las quemaduras. Pero puede moverse perfectamente. Era un alivio, significaba que mañana podría seguir explorando con libertad. Pero aún así… procesaba todavía lo que había sucedido, ¿por qué su cuerpo priorizó a Paimon sobre una victoria? Solo pudo pensar en que Lumine se pondría muy triste si algo le sucedía a su pequeña amiga. Pero el tirón de ira que sintió al final cuando Lumine se acercó… fue el mismo tirón que lo impulsó a extender su brazo para protegerlas con su propio cuerpo. ¿Esta era la fuerza de la que Zhongli hablaba? Porque si sí, era una mierda. ¿Sacrificarse por otros era hacerse más fuerte? Rueda los ojos, la verdad aún no lo entiende. Pero más vale que no sea eso porque sería una decepción muy grande.

— Mh.

Lleva la copa de nuevo a sus labios, sin ganas de ponerse la camisa de nuevo. Se apoya bien en la silla y deja que algo del dulce vino entre.

— Ese bastardo hace buenos vinos después de todo.

Sí, el conocido vino de diente de león del Viñedo del amanecer. Ironía pura.

Alguien toca su puerta desde afuera, ¿por la hora? Solo podían ser dos personas, y no cree que sea aquél hombre que viene a acabar lo que empezó. Así que solo quedaba una opción. Childe se pone de pie y se acerca a la puerta, quitándole el seguro y entonces abriéndola con su mano libre.

Sí, era Lumine. Alza las cejas, vino con un rostro bastante serio pero ni bien nota que no tiene una camisa sus mejillas se ponen rojas y voltea inmediatamente a otro lado.

— ¿Señorita?

— ¿Puedo pasar…?

Ella venía a hablar, eso era seguro. Childe se hace a un lado y abre más la puerta para dejarla entrar, cerrándola luego cuando entra. Se sienta de nuevo en la silla y sigue con su vino, en tanto Lumine se sienta en la enorme cama. Lucía tan pequeña ahí, era lindo. Deja la copa a medio beber en el suelo y estira sus brazos al cielo.

— Espera, tus heri-

— Estoy bien, esa niña es bastante hábil. Mira. —Childe se golpea el pecho una vez. — Estoy bien.

Al menos del torso y su brazo. Por otro lado, sus manos seguían heridas.

— ¿En serio estás bien? —Lumine se fija entonces en sus manos, eso… era otra historia. Pero mañana quedarían como nuevas, tal vez. Childe las esconde y Lumine se preocupa un poco más. Ladea la cabeza. — Childe, quería… darte las gracias. Hablé con Paimon sobre lo que pasó. Dijo que la protegiste dos veces y que por eso tienes tus manos así.

Childe se encoge de hombros.

— Las personas fuertes siempre cargan con las personas débiles, ¿o no? No te preocupes por eso.

Lumine suspira y junta sus manos sobre su regazo.

— ¿Duele mucho?

— No. No tanto. —Arden, y es bastante incómodo, pero eso no se lo iba a decir. Tiene el presentimiento de que iba a preocuparse también por él y algo que a Childe no le gusta mucho es la lástima cuando no la está buscando. Y eso solo cuando juega con ella. La cara indecisa de Lumine lo hace suspirar y levantarse, caminando hasta sentarse al lado de la chica. Pasa una mano por encima de sus hombros y la abraza contra su costado. — Todo está bien.

Lumine cierra sus ojos y se recarga contra su cuerpo. Aunque estaba preocupado, sus ojos no pudieron evitar desviarse más allá del rostro de la chica. Es tan enana a comparación suya, desde aquí ese escote… se ve prometedor, era innegable. Sobre todo porque ahora en lugar de su habitual vestido para las aventuras, ahora tenia una prenda más suelta y cómoda para dormir. Pero…

Acerca el cuerpo de Lumine un poco más hasta que su busto lo toca. Lo repite un par de veces, el pecho de Lumine se apretujaba contra el torso de Childe en un bote suave cada vez que la alejaba y volvía a acercarla.

— Son muy suaves, señorita.

— ¡Childe!

El pelirrojo le sonríe, y antes de cualquier queja la toma de los hombros y se inclina para besarla. Lumine se sorprendió, pero al cabo de un rato cierra sus ojos y corresponde el beso. Aunque está siendo cuidadoso, doblarse así era incómodo. Se queja en voz baja y Lumine se aparta de inmediato.

— ¿Estás bien?

— Sí, no es nada. —Murmura Childe, pero cuando se inclina de nuevo para besarla Lumine lo evita. — En serio estoy bien. —Repite ahora con una falsa sonrisa amable, pero eso no es suficiente. Lumine junta sus piernas y niega con la cabeza. Childe alza sus cejas. — ¿No quieres?

— No es que no quiera, pero… me preocupa que sigas herido.

— Oye, lo peor pasó desde que la niña de la catedral me curó. Puedo con- mph.

Otra vez lo calla al ponerle una mano sobre los labios, parece que la estaba avergonzando pues parece bastante sonrojada otra vez. Childe ladea la cabeza, y entonces se le ocurre lamerle la mano.

— ¡Ay!

Lumine quita la mano al instante, sorprendida, y Childe se ríe a carcajadas de su cara. Poco a poco, la risa de Lumine se le une. Childe se extiende sobre ella y la abraza, más tranquilo.

— Está bien.

Lumine cierra sus ojos y se aferra a su pecho, pero Childe se aparta y se levanta de la cama. Lumine, confundida, se queda sentada al borde de la cama.

— Ya pasaste por demasiada tensión por un día. Haré algo por ti. —Le toma una mano y la lleva hasta sus labios para besarla, luego la pone sobre la cama y ahí la aprieta con su propia mano. Aunque le pesa, alcanza a hincarse sobre el suelo y la mira desde abajo.

— ¿Childe?

— Si no te gusta, puedes patearme cuando quieras. —se acerca nuevamente a besarla y le pone ambas manos en las rodillas. La acaricia suavemente con sus pulgares mientras cierra sus ojos. Le duele, pero no era algo insoportable. Los labios de Lumine saben algo salados, ¿estuvo llorando con Paimon? Seguro la pasó mal… Fue un día extraño y desafortunado, pero él se haría cargo de compensárselo.

Poco a poco los labios de Lumine se aflojan un poco, haciendo el beso un poco más agradable para ambos. Ahora sí parecía quererlo. Sus pequeñas manos le acariciaban el cabello de nuevo, terminó quitándole la máscara y dejándola sobre la cama a un lado suyo. Childe abre sus ojos. Favor que le hace.

— No te preocupes por nada, señorita. —Murmura contra sus labios, dejando un último a modo de despedida antes de bajar hacia su cuello con un camino de besos. Sonríe cuando Lumine se ríe en voz baja y se encoge, ¿le da cosquillas? Eso era lindo, pero no es lo que busca. Abre su boca y su perfecta fila de dientes se ponen contra su piel de forma muy suave, obligándola a quedarse quieta.

Una de sus manos se anima a meter dos dedos bajo el tirante derecho de su atuendo y lo empuja lentamente hasta que cae por su hombro. Al bajar la mirada ese lindo par de senos lo provocaban bastante, su escote es perfecto desde aquí. Baja el rostro y retrocede un poco con su cuerpo para quedar de frente y entonces se inclina de nuevo hacia adelante. Nuevamente con la cara entre sus pechos, huh.

Lumine se muerde los labios y aunque le da mucha vergüenza, no aparta la mirada esta vez. Su respiración le da cosquillas.

— ¿Puedo bajarlo?

— …sí, está bien…

Childe se separa un poco y le baja el otro tirante. Lumine siente un insistente calor en su bajo vientre cuando la mirada de Childe se posa sobre su pecho desnudo ni bien le baja la parte superior hasta su torso. Cierra sus ojos, incapaz de verlo.

Su delgado cuerpo da un pequeño salto cuando una mano se posa sobre su pecho derecho, apretando un poco y acariciando. Se siente extraño… oh… Luminese muerde el labio y aprieta sus ojos cuando siente su respiración caliente sobre el otro. ¿Lo hará en serio?

Claro que lo hizo. Con sus labios, acarició la suave piel de su pecho izquierdo. Su pezón ya estaba duro, lo atrapa entre sus labios y observa atento la reacción de Lumine.

Está toda roja, era demasiado linda para sus ojos. Al apretar sus labios ella salta otra vez en su lugar y hace un sonido bajo. ¿Eso le gusta? Le encantaría ponerse sobre ella y jugar más cómodamente, pero por ahora no era posible.

— Childe…

Atrapa entre sus dedos el otro pezón y comienza un masaje suave, guiado únicamente por los sonidos de la chica. Si su cuerpo era inexperto, la mejor guía era la misma Lumine. Parecia que el gustaba cuando pasaba su lengua por encima porque cada vez que lo hacía, arqueaba su espalda para ofrecerse más a él. Se mueve tan solo para cambiar de lugar con su boca y mano y continua por un rato, los sonidos de la aventurera comenzaban a ponerlo creativo. Lamentablemente, Childe se quejó de dolor cuando hizo un intento por ponerse encima, asustando a Lumine de inmediato y haciendo que se separara.

— No, no… —se le escapó de la boca, literalmente. Childe frunce las cejas, caprichoso. — Solo fue porque me encorvé demasiado, creo que…

— Deberías descansar, Childe. —Lumine se abraza el pecho desnudo y baja la cara, avergonzada y sintiéndose culpable. Pero él niega, tomándola de las manos suavemente.

— Estoy bien.

Pero Lumine no lo mira al rostro. Childe suspira, pero una buena idea viene a su cabeza.

— Ah, qué remedio. Supongo que tienes razón…

Lumine luce decepcionada, pero asiente con la cabeza. Entonces se pone de pie y con toda la calma que puede encontrar ahora se recuesta sobre la cama en cuanto Lumine se pone de pie.

Childe acomoda una almohada bajo su cabeza y espera hasta que Lumine va a la puerta para volver a hablar:

— ¿A dónde vas? Ven aquí.

— ¿Eh?

— Que vengas aquí. No te vas a escapar.

Sorprendida, Lumine traga saliva. ¿Cómo que no se va a escapar? Si ya hasta estaba preparado para dormirse, ¿no?

Childe levanta un poco su mano y le hace una seña. Sin darse cuenta, Lumine se acerca a la cama de nuevo. Childe palpa su propio pecho.

— Arriba, señorita.

Sus mejillas se encienden, pero toma asiento en la cama. ¿La está invitando a dormir con él? ¿En la misma cama? Su cuerpo temblaba de nervios y excitación. Lo hará, está bien, puede con esto. Dormir no haría daño, ¿cierto? Levanta un poco su falda para subirse a la cama, y cuando está a punto de recostarse al lado de Childe él atraviesa el brazo para bloquearle el paso.

Cuando lo busca con la mirada, Childe le estaba sonriendo.

— En mi pecho.

Lumine se puso roja al instante.