¿El amor es realmente tan fuerte?
- Que Barbatos los proteja -
Desde que Childe se unió en su viaje, Lumine había experimentado toda clase de cosas. Llegó a relajarse al lado de alguien a quien consideró un enemigo, llegó a reír con él, a preocuparse… y sintió también agradecimiento y alivio por su presencia. Pero esto era algo aún mas íntimo que lo anterior mencionado, ¿estaba bien?
Ceder así a sus propuestas, pese a su vergüenza, no era más que su propia culpa. Nadie la obligó a sentarse sobre su pecho. Nadie la obligó a soportar su vergüenza porque su curiosidad fuera más fuerte. Nadie la obligaba a quedarse aquí.
— Ah…
Se siente demasiado bien. Lo que hace, pese a lo vergonzoso que era, lograba que su espalda se encorvara por la sensación tan agradable que era el placer. Lumine tenía qué agarrarse de la cabecera mientras se mueve de adelante a atrás en un vaiven suave solo para no caerse. Las manos de Childe la tenían sujeta desde el trasero, ayudándola en sus movimientos al empujarla suavemente contra su boca. Claro que él no la dejaría caer, pero ella tenía esa sensación de todas formas.
— Childe…
Se sentía muy raro al comienzo, cuando le pidió que se sentara en su pecho pensó que solo quería una buena vista, pero realmente quería más que eso. Sus manos la recorrieron desde los muslos hasta su pecho cubierto, desnudándola de nuevo. Su vestido cayó hasta sus rodillas, pero oh, eso tampoco lo detuvo. Subió sus manos bajo la tela hasta su cintura y la atrajo más hacia el frente, más cerca de su cara. Lumine al instante había levantado su cuerpo, sorprendida por eso, pero al final Childe logró sentarla más cerca.
No tengas miedo, le dijo. Solo quiero hacerte sentir bien.
— Anh…~
Lo cumplió. La está haciendo sentir demasiado bien. Lumine se muerde el labio inferior y deja caer un poco su cabeza al frente, mareada por la nueva sensación. Jamás pensó que se sentiría así… tener un par de labios tan cerca de su intimidad, su lengua explorándola y sus manos masajeando sus glúteos. Era sucio por donde se viera, pero se siente tan bien…
Comenzó en un principio con su rostro tan cerca de su ropa interior y sus palabras dulces para calmarla, luego un par de bromas sobre lo húmeda que estaba y sobre la hermosa vista que tenía de ella mientras la tocaba con sus dedos. Es cierto, estaba húmeda y mucho. No se había resistido al torso descubierto de Childe, ni a su voz tan atractiva. Su corazón estalló en cuanto por fin hizo a un lado su ropa interior, Lumine resistió las ganas de cubrirse y su esfuerzo tuvo su recompensa. Pronto los suaves labios de Childe la exploraron de cerca. La sensación al inicio la sorprendió, pero conforme más húmeda se sentía también fue mejorando la sensación. Childe no podía moverse mucho, pero de esta forma podía hacerla sentir bien. De esta forma no necesitaba nada más que sus labios. Cada beso húmedo sonaba en toda la habitación, y sí era vergonzoso, pero también bastante estimulante. Ella tenía cuidado de no dejar su peso completo, pero Childe se lo ponía difícil si la empujaba a cada momento contra su rostro.
Una mano no tarda en abarcar toda la forma de uno de sus pechos y lo estruja suavemente. Ella no quiere por la vergüenza, pero termina abriendo sus ojos. También quiere verlo por más vergonzoso que pueda ser. Necesitaba verlo.
— N-No…
Lo sabía, los ojos azules de Childe estaban bien puestos sobre ella. Parecían un par de lazuritas recién pulidas, tan brillantes e hipnotizantes. ¿Qué rayos hacía? Mostrarse así, con estos sonidos vergonzosos… ¿Por qué no puede detenerse? Childe era suave, era amable con su cuerpo. Trataba a su cuerpo con mucho cuidado pero sus manos eran firmes y posesivas, la quería cerca de él. Amaba sus reacciones y actuaba para conseguir más de aquellos hermosos sonidos y estimulantes reacciones. Como amante, no esperaba que Childe fuera un chico tan atento. Pero lo era y no solo eso, era lo suficientemente bueno como para tenerla temblando por su lengua.
Quería enfrentarlo, preguntarle que qué tanto miraba y si se divertía, pero conocía todas las respuestas y la voz no le iba a ayudar. Entonces las manos de Childe van hacia sus muslos y los separa más, Lumine pudo ver lo que parecía dolor en su rostro por un momento pero ni siquiera pudo preocuparse cuando la lengua de Childe se deslizó de nuevo entre sus húmedos pliegues. Esa mueca seguramente fue por sus manos.
— ¡Mmh! —Ni siquiera apretando sus labios logró ahogar el sonido, fue alto y bastante claro. Childe cerró sus ojos en ese momento, disfrutando de los gemidos de Lumine y de su aroma tan cerca de él. Parecía un sueño hecho realidad por fin estar haciendo algo así con la aventurera… Demasiado obstáculos, y literalmente dolió, pero valía la pena. Definitivamente valía la pena. Las manos de Lumine pronto cubrieron las suyas propias, una en su cadera y otra en su pecho. Se aferraba a sus manos y era todavía más doloroso por las quemaduras, pero incluso eso valía la pena por verla agitarse.
Por su mandíbula se deslizaban algunas gotas de la humedad de la chica, o tal vez era su propia saliva. Cada vez se movía más, sentía su clítoris palpitar sobre su lengua y sus gemidos eran más altos y fuertes. Él mismo tenia qué separar sus piernas para que su erección no fuera tan incómoda en sus pantalones.
Diablos, era la segunda vez en el día que estaba así de caliente.
— ¡Ah!
Calor, ambos eran fuego ahora. Las manos de Lumine aprietan las suyas otro poco más, se aguanta la queja y la deja moverse a su antojo hasta que de repente, la cadera de la rubia se levanta un poco antes de volverse a presionar contra sus labios por las fuertes y placenteras contracciones en su interior. Su sabor le llenó la boca y él bebió como si estuviera sediento, bajando sus manos para atraparle los muslos y acercarla todavía más a él. Fue imposible beber todo, las sábanas estaban húmedas ahora al igual que su cuello y algo de su rostro. Algo sucio, pero no le importaba en absoluto.
El cuerpo de Lumine era un cúmulo de nervios expuestos al aire, no dejaba de temblar. Sin saber bien cómo, encuentra la suficiente fuerza para levantarse y sentarse entonces en el pecho de Childe. Su respiración estaba bastante errática, igual que la de Childe en cuanto Lumine se apartó de su rostro. Pero él estaba sonriendo. Lumine se pasa una mano por la frente para quitarse algo de su sudor, mientras que Childe se limpia la comisura de sus labios con un pulgar. Qué interesante sabor tiene su señorita.
Cuando Lumine por fin se atreve a verlo, Childe le sonríe de forma coqueta.
— Gracias por la comida.
— Ah… no digas cosas vergonzosas ahora… —Lumine se ríe en voz baja, se siente tan relajada y extrañamente feliz, cómoda. Se inclina hacia Childe y le deja un beso en la frente, luego otro en la nariz y finalmente en los labios. Sí es un poco extraño, pero seria muy quisquilloso no besarlo luego de lo que hizo, ¿o no?
Childe aceptó el beso con bastante gusto, sujetándola suavemente por la cintura. La ayuda a recostarse a su lado y ladea su cuerpo con cuidado para no lastimarse más. Mas cómodo, sujeta el lindo rostro de Lumine con una mano mientras el beso continúa.
— Ojalá pudiera hacer más… —Susurra sobre los labios de Lumine. Ella tan solo hace un sonido bajo, sin abrir sus ojos. Sus labios lo siguen esperando. — Mereces más. Odio ser tan débil.
Si pudiera hacer más, él no tendría que soportar esta erección. Realmente no eran dolorosas mientras no sean atendidas a medias, y en este caso ni siquiera se tocó. Iba a estar bien solo dejarlo pasar, pero ojalá no tuviera que hacerlo.
— Hey, no eres débil, Childe. —Lumine junta sus frentes y suspira, entreabriendo sus ojos. — Paimon dijo que la protegiste, no te defendiste por eso. Aceptaste una paliza por mi amiga. Gracias.
— Mh. —Eso no era un halago precisamente, pero iba a tomarlo. Cierra sus ojos de nuevo y vuelve a besarla con calma, colocando confianzudamente una mano sobre la cadera de Lumine. Se veía preciosa con ese camisón desarreglado, ni siquiera se había cubierto el pecho. A Childe le costaba concentrarse y no verlo demasiado, era muy vergonzoso sobre todo porque ella ve su cara ahora mismo y sabía hacia dónde apuntaban sus ojos. Cuando la escucha reírse solo puede sonrojarse ahora él, era inevitable.
— ¿Qué tanto miras? —pregunta, Childe la mira a la cara apenas Lumine se abraza el pecho para esconderse. No lo hizo por vergüenza, ahora solo juega con él.
— En el trabajo nunca se ven de estas. —responde, juntando sus frentes.
— ¿Ya no podré casarme?
Childe enarca una ceja, sonriendo de lado.
— No.
— Oh… —Lumine finge una cara de pena y Childe se ríe de nuevo, esta vez más animado.
El heraldo acerca el cuerpo de Lumine al suyo y acerca su rostro al cuello de la chica hasta que sus respiraciones vuelven a ser acompasadas y rítmicas. Cuando volvió a ver el rostro de Lumine ella ya estaba descansando. Los cubre a ambos con la delgada cobija y vuelve a abrazarla, acercándola a su cuerpo tanto como puede sin despertarla. Dormir con el enemigo… Desearía haber podido verle la cara a todos los otros heraldos cuando se enteraron de su viaje junto a Lumine.
Cuando la mañana llegó Childe sabía que no podía perder mucho tiempo en cama, pese a lo irresistible que esa idea sonaba en su cabeza ya que Lumine estaba justo a su lado. Ya que él despertó primero aprovechó la oportunidad para verla descansar por un rato. Lucia tan tranquila y hermosa, pero tal vez sea aún más linda cuando se enoja por su culpa. Eso además de muy lindo era también muy muy divertido.
Con cuidado, Childe mueve su brazo y le coloca bajo la cabeza una almohada. Ya que durmió sobre su bícep sentía el músculo un poco dormido pero se le quitaría pronto. Ya libre, se sienta y la cobija cae hasta su regazo. Oh cierto… lo de anoche fue bastante interesante, Lumine tenia el camisón todavía más desarreglado y su pecho estaba a la vista. Aunque se sintió tentado prefirió cubrirla con la cobija una vez estuvo de pie al lado de la cama. No temprano, no sin al menos comer algo. Se mira al espejo mientras se estira un poco. Su torso luce bien, las heridas eran historia pero sus manos aún se resentían un poco.
Le da una última mirada a Lumine antes de irse al cuarto de baño para una merecida ducha, más le vale empezar bien otro día en Monsdtadt. Trataría de no causar problemas para que ese bardo no esté en su espalda otra vez.
Lumine despertó poco después de que el agua del baño comenzara a sonar. Primero mira la habitación sin saber bien en dónde se encontraba, y entonces las memorias de la noche pasada llegaron a su cabeza una por una. Santo cielo, ¿en serio pasó todo eso?
Avergonzada, se sienta y se cubre con la cobija al darse cuenta de su desnudez casi absoluta. ¿Childe se duchaba? No es que no pueda verlo a la cara ahora, pero ella también necesita ducharse. Pero si se une a él Paimon podría notarlo, si conoce a su amiga sabe que se levanta temprano. Seria mejor unirse a ella y fingir que pasó toda la noche ahí. Tras acomodar bien su ropa, abre la puerta y se asoma. El pasillo estaba despejado. Bien. Sale de la habitación y cierra la puerta a su espalda, yendo con prisa hasta la puerta de su propia habitación para entrar en silencio.
Tal como lo pensó, Paimon seguía dormida. Estaba abrazada al vestido que Lumine usaba de diario. Lumine sonríe y se hinca a un lado de la cama, con su dedo le acaricia justo debajo de la nariz para molestarla un poco. Paimon se queja y se encoge más, ocasionando una risita de parte de la viajera. Termina por abrir sus ojos lentamente, confundida.
— ¿Lumine…?
— Aquí estoy.
— ¿No es muy temprano…? —Paimon cierra sus ojos de nuevo.
— Si no nos bañamos ahora, no alcanzaremos a desayunar.
Como si fuera la llave, en cuestión de segundos Paimon ya estaba flotando nuevamente.
— ¡Paimon no puede permitir eso! ¡El desayuno es la comida más importante del día!
Childe no había escuchado la puerta hace rato, así que cuando salió de la ducha ya vestido. Esperaba encontrarse con Lumine todavía en cama pero no fue así. Muy diferente a eso, la ventana estaba abierta y un recaudador fatui estaba de pie en el margen, observándolo. Al instante Childe vuelve a ver a la cama, confirmando que Lumine no se encontraba ahí. ¿Acaso…?
¿Dónde está Lumine?
Parecía solamente existir una respuesta. Childe de inmediato pone mala cara y se acerca con prisa hasta el recluta, tomándolo con fuerza desde la visión para empujarlo hasta la habitación. De la fuerza que uso, el recluta cayó en una rodilla frente a él. Lo levanta sin mucho esfuerzo, sujetándolo del cuello de su atuendo. El recaudador pone ambas manos sobre la muñeca que lo sujetaba, lucía nervioso pese a tener el rostro oculto por la máscara. Los ojos azules de Childe eran preciosos, pero cuando estaba enojado eran solamente afiladas armas de intimidación.
— ¿Dónde está la señorita que estaba en la cama?
— ¡No sé de que habla, mi señor! ¡La habitación estaba sola, por eso lo esperaba!
— ¡Con la verdad y una vez más! ¿¡Dónde está la chica rubia!?
— ¡Se lo juro, mi señor!
— Oh. —Childe cambia su expresión y lo libera, el soldado cae de rodillas nuevamente y se agarra el cuello al instante. Eso apretó mucho, jadeaba para conseguir el aire que le había sido negado en menos de un minuto. — ¿En serio?
Cuando el soldado levanta la mirada, el rostro de Childe era completamente diferente al de hacía un momento. Ahora sonreía, lucía inocente. La clase de chico que jamás haría algo malvado. No es la primera vez que trabaja con el onceavo heraldo, pero usualmente no era tan agresivo como los demás… El recaudador pyro tose un par de veces para aclararse la garganta, sentía que si hablaba así sin más su tono sonaría muy lamentable.
— Sí, mi señor. La habitación estaba sola.
Debe haberse ido.
— Está bien. ¿Qué quieres?
Le ofrece una mano para ayudarlo, él duda un poco pero la toma y Childe lo ayuda a ponerse de pie nuevamente con un fuerte jalón. Incluso le hace el favor de volver a acomodar su visión pyro en el atuendo oscuro, como si fueran camaradas. Nervioso, el soldado se pone recto de espalda y levanta el rostro con el poco orgullo que le quedaba.
— ¡Tengo un mensaje de la Signora para usted!
Childe se cruza de brazos y asiente, invitándolo a seguir hablando.
— Adelante.
— Lo necesitamos en Liyue en tres días para dar una charla a los nuevos reclutas. ¡Por favor, debe ser usted! O si no ella me va a… —el soldado vuelve a carraspear, seguramente no viviría para contarlo. — Insistió en que fuera usted, ya que los otros heraldos están ocupados.
Y una mierda están ocupados.
Sabe por qué debe ser él, porque seguramente los otros los desmotivarían o terminarían asesinados y en serio necesitaban reclutas. Childe suspira, acariciándose una sien con una mano.
— Entendido, tu mensaje fue recibido. Puedes irte. Pero antes de eso… —Childe extiende una mano hacia el recaudador, poniéndolo nervioso. Sujeta su máscara desde abajo y la levanta sin más. Memorizó su rostro en un santiamén y al verse satisfecho, sonríe y le baja la máscara de nuevo.
— ¿M-Mi señor…?
— Si mi mujer no está bien, te perseguiré hasta matarte a ti y a tus familiares.
Childe espera a que el soldado se fuera, y cuando eso pasa se mira en el espejo un momento. Ahí se reflejaba a un hombre molesto y algo sobresaltando. Pero cuando hace un primer intento por calmarse su rostro cambia por completo al mismo rostro amistoso y jovial que tenía casi siempre. Perfecto. Con renovado entusiasmo sale de la habitación tras tomar sus pocas pertenencias y busca directamente la habitación de Lumine y Paimon. Sentía nervios, ¿realmente la chica estaría bien? Toca la puerta un par de veces, tal vez más fuerte de lo que le hubiera gustado precisamente por esos nervios. Sintió un profundo alivio cuando la voz de Lumine contestó desde adentro, dándole el permiso de entrar.
Empuja la puerta un poco y se asoma. Ahí estaba ella, secándose el cabello con una toalla oscura sentada en la cama. Sus ojos brillan al verla y se acerca al instante a ella, tomando sus manos. Su lindo vestido estaba hasta sus rodillas y todavía no tenia sus botas, así que sus lindas piernas estaban expuestas.
— ¡Señorita! ¡Luces radiante y hermosa! —expresa, besando sus manos repetidas veces. Las mejillas de Lumine se colorean al instante.
— Childe…
— ¡Hey, Paimon también está aquí!
— Te ves como siempre, Paimon.
— ¡Oye!
Ni bien salieron del hotel Paimon los arrastró a ambos hacia El gran cazador para un almuerzo juntos. Con esos ánimos Lumine también parecía contenta, todo parecía haber vuelto a la normalidad. Excepto que la gente ahora los miraba, concretamente a él. La situación del Fatui cerca de la heroína de Monsdtadt llamaba demasiado la atención y la gente lo miraba con total desconfianza. Tal vez para algunos seria incómodo, pero Childe contestaba cada mirada con una igual de severa y fría. ¿Si tanto miedo le tienen, no deberían retarlo? Al menos así se divertiría un poco…
Como era usual, Lumine tenía pendientes en el gremio de aventurero así que la acompañó hasta ahí. Katheryne era amable incluso con él, cuando revisaba las tareas pendientes se fijó en que también había para Liyue. Cuando hojeaba esas hojas Katheryne carraspea para llamar su atención y luego le sonríe cuando Childe levanta la mirada.
— ¿Deseas unirte al gremio de aventureros?
— ¿Unirme?
— ¡Oh, eso sería una grandiosa idea! ¡Podríamos viajar más seguido! —Paimon le estira una de las mangas de su camisa, animada.
— Es verdad… —Childe se lleva una mano al mentón, pensativo. — Claro, ¿cuándo cuesta la inscripción?
— Nada. —Katheryne niega. — Solo necesito unos datos rápidos de tu parte.
Lumine lo esperó mientras sonreía, y cuando estuvo hecho oficialmente pudieron comenzar una brigada. A veces, a ella le gustaba trabajar sola de vez en cuando pero también sabe que en equipo era más divertido. Childe entonces regresa con ellas, con una hoja en su mano enguantada. Tenía una sonrisa grande en sus labios.
— Hey, mira este encargo. ¿No se ve prometedor?
Pone el cartel justo frente a la cara de Lumien para que lo lea, todavía con esa sonrisa en sus labios.
— Nos acercaría mucho a Liyue… —murmura Lumine, pero en algo sí tiene razón y es que es una recompensa bastante buena. Era escoltar a un par de comerciantes de regreso hasta el puerto de Liyue, personas importantes y diplomáticas. Pero luego de lo de ayer, ir a Liyue de nuevo no sonaba para nada mal. Lumine toma el cartel de manos de Childe y lo vuelve a leer con más cuidado. — Es muy bueno. —Dice por fin, y asiente con la cabeza. — Está bien, hagámoslo. ¿No te molesta por el hotel? Lo pagaste y todo…
— ¿Sí? No lo recordaba. —Miente, todavía con esa sonrisa en sus labios. La verdad es que le daba igual.
Tal vez fue un poco de manipulación de su parte, pero así no tuvo qué decir para qué necesitaba volver. Childe se mostró complacido por la respuesta.
— Vayamos entonces.
Katheryne los puso de inmediato en contacto con ambos diplomáticos, esas ropas típicas de Liyue la verdad fueron fáciles de ver. Reconocieron a Childe al instante y aunque se pusieron nerviosos en un principio la presencia de Lumine los calmaba a ambos. Xing Hu y Mao Mao era una pareja diplomática de mediana edad, y también una pareja sentimental. Aunque ni bien estaban por irse una voz gritó a lo lejos el nombre de Paimon y Lumine.
— ¡Un momento por favor!
Era la mismísima maestra intendente Jean, de Monsdtadt. Childe se puso tenso a su lado pero su sonrisa se mantuvo, detrás de Jean estaba Bárbara, corriendo más despacio y con la cara roja de esfuerzo.
— ¡No pueden irse así! —Exclama Bárbara cuando las hermanas llegan hasta ellos. — ¡Childe, aún no he terminado de curarte!
Oh, era cierto… La cita de hoy. Bárbara se toma un momento para recuperar el aliento, con sus manos sobre las rodillas. Buena médica, mala condición.
— No lo necesito, me siento bien.
— ¡Muéstrame las manos!
Con eso lo atrapó. Bárbara ve con disgusto las quemaduras de sus manos, ¿no le dijo que no las usara? Childe evitaba su mirada con evidente fastidio. Jean se ríe en voz baja, Bárbara podía ser algo delicada con estos temas.
— Te curaré y luego se irán, ¿bien? Los aventureros son tan temerarios, hermana… —Bárbara toma a Childe por un brazo y se lo lleva hasta debajo de la puerta de la muralla, con las otras chicas tras ellos. Su visión hydro brilla en el momento en que sus manos desnudas tocaron las de Childe con delicadeza.
— Así son los aventureros. —Opina Jean en voz alta, pero ¿cómo una idol lo sabría? — Caballera honoraria, ¿podríamos hablar un momento a solas?
— Por supuesto.
Lumine y Jean se alejan un poco del grupo para hablar.
Childe abre y cierra sus manos ni bien Bárbara lo deja libre. Ahora no tenia ni una sola marca, había sido un poco más severo aquí por todo ese pyro a su alrededor cada vez que bloqueaba los ataques para proteger a Paimon. Ahora se siente bien.
Se pone sus guantes por fin, pues no los había usado en la mañana por la incomodidad. Cuando Lumine vuelve Childe le sonríe y le muestra ambas manos enguantadas.
— ¡Mira, señorita! ¡Están como nuevas!
— Me da mucho gusto.
— ¡Es un alivio! Paimon aún se sentía algo mal por eso. Perdón Childe… ¡Esta vez, Lumine pagará todo por ti!
— ¡Oye! —se queja Lumine. ¡Era su dinero el que ponía en fuego!
— ¿Eh…~? Eso no es necesario.
Bárbara junta sus manos a la altura del pecho y sonríe enormemente. Otro trabajo bien hecho ahora sí. Dispuesta a irse, toma la mano de su hermana y se da la media vuelta pero Jean no avanza a su lado. Curiosa, Bárbara voltea a verla.
— ¿Hermana? —Pregunta, la mirada de su hermana es un poco extraña cuando la ve.
— Irás con ellos, Bárbara. —Dice Jean por fin.
— ¿Eh? ¡Pero- ¡Pero yo no sé nada sobre aventureros ni peleas, hermana...!
— Por eso mismo, creo que viajar un poco te hará bien. Además, ¿no dijiste que deseabas comprar accesorios nuevos en Liyue?
— S-S-Sí pero creí que tú vendrías conmigo… Además, no he juntado suficiente dinero para viajar, ¿no es Liyue muy caro? ¡Hermana!
— Childe se hará cargo. —Responde Lumine. Contestó eso sin siquiera pensarlo, eso consiguió que el heraldo se riera en voz alta.
— Así que ya lo decidiste, eh. —Childe se cruza de brazos, todavía con esa linda sonrisa en sus labios. — Por supuesto, me haré cargo de su hermana, querida Jean.
Jean frunce un poco sus cejas y mira a Lumine, ¿realmente confía en él? Pero la mirada de la viajera la tranquiliza. Jean acaba por suspirar y asiente.
— Caballera honoraria, lo dejo en tus manos, por favor. Que los vientos de Barbatos los guíen con bien hacia su destino.
Ante la imposibilidad de negarse, Bárbara infla sus mejillas. Pero su hermana se veía tan orgullosa por ella cuando finalmente dijo que iría. El corazón de Bárbara se llenó de felicidad, tal vez no iba a ser tan malo después de todo, ¿no? Lumine no se veía muy seguido por la iglesia para curaciones, tal vez tiene miedo por lo nuevo y no porque pueda salir herida realmente.
Con todo en orden, los cuatro se dan la vuelta y se preparan para partir. Un poco más adelante, en el puente, los dos diplomáticos terminaban de acomodar la carreta sobre el caballo. Al verlos, uno de ellos los saluda con una mano. Pero antes de siquiera avanzar otro paso…
— ¡E-Esperen por favor! ¡Viajera Lumine!
Una nueva vocecita los detiene, tanto Lumine como Paimon se dan la vuelta. Era Sacarosa, quien venía corriendo y arrastrando un gran equipaje. Venía corriendo hacia la entrada y se sujetaba los lentes con su mano libre.
— ¡Por favor! ¡Ah…!
Finalmente llegó hasta ellos, Childe se gira a tiempo para ver a una pequeña señorita jadeando frente a ellos. Bárbara al instante se pone a su lado para ayudarla a mantenerse firme. Si ella no tiene condición, Sacarosa menos.
— Albedo… Albedo-sama… —Se veía su dificultad para encontrar aire, pero cuando finalmente lo hizo pudo hablar apropiadamente. — ¡Terminé de estudiar las notas de Albedo-sama, por favor déjenme ir con ustedes! He traído mi material y-y… por favor. Albedo-sama me confió su investigación. Ha sido muy difícil y agotador terminar todo para poder salir a tiempo. Casi los pierdo.
Childe se cruza de brazos. ¿Otra más? Se estaba llenando de señoritas, ¿no había caballeros por aquí? Pero claro, no dijo nada cuando Lumine aceptó el apoyo de Sacarosa. Al final, terminaron colocando la maleta de Sacarosa en un pequeño espacio de la carreta de los diplomáticos.
— Señor Nobile, ¿no le gustaría ir arriba de la carreta con nosotros?
— No, mi trabajo ahora mismo es cuidarlos. No podré hacerlo desde adentro.
— ¿Pu-Puedo subir con ustedes?
— ¡Por supuesto! Te ayudo a subir.
— Gracias…
MaoMao iba al frente, tirando de las riendas del caballo, con Xing Hu protegida por el techo de la carreta junto a Bárbara y Paimon. Lumine y Childe caminaban juntos por el lado izquierdo y Sacarosa por el lado derecho, nerviosa por la aventura que los esperaba.
Ni bien abandonaron las tierras de Monsdtadt y comenzaron las de Liyue la noche ya estaba sobre ellos. Afortunadamente, alcanzaron a llegar a la posada Wangshu antes de que fuera más tarde. Solo hubo un contratiempo hace rato, pero Lumine y Childe se hicieron cargo con bastante facilidad. Sacarosa apenas y tuvo tiempo de lanzar alguna poción para ayudar un poco. Luego, Bárbara los encantó a todos con su voz. Tal vez su inexperiencia en las aventuras era obvia, pero sus habilidades curativas eran incuestionables. La consonancia entre dos hydro sentaba muy bien, todos se sentían vitalizados.
La pareja pagó su propia habitación y Childe, bueno, pagó por la habitación más grande para todos ellos. Con tan solo tres camas era obvio que habría que dormir juntos, ¿no? Pero no con Childe, quien se acomodó en un sillón grande en la habitación. Era lo correcto ya que estaba rodeado de solamente señoritas…
Sacarosa, Bárbara y Lumine salieron del baño todas al mismo tiempo, Childe mantuvo sus ojos cerrados hasta que Paimon le dijo que estaba bien. Ya estaban vestidas y refrescadas y ahora era su turno.
Se levanta del sillón y se dirige al baño para una merecida ducha. Cuando salió, Sacarosa estaba sentada en una cama frente a Bárbara mientras hablaban. La señorita de cabello verde tenia una bitácora parecida a la de Albedo en donde escribía casi sin ver mientras hablaban. ¿La estaba estudiando a ella, o algo así? Lumine estaba recostada sobre la cama con sus piernas extendidas y las manos tras su nuca, y a su lado estaba Paimon exactamente igual.
— ¿Éstas son conversaciones de chicas en una aventura? —Pregunta de repente, todavía restregando la toalla húmeda contra su cabello anaranjado. Ya estaba vestido, no le faltaría el respeto a tantas damas juntas. — Es muy casual. Casi no convivo mucho con mujeres normales.
Las únicas mujeres con las que solía convivir eran mujeres Fatui, y no eran muy conversadoras que digamos. En realidad, intimidaban un poco. Para nada tenían esta pizca jovial de las chicas de Mondstadt.
— ¿Eh? ¿Es así? ¡No lo sabía! —Bárbara se lleva una mano a los labios, sorprendida. — ¿Lo estoy haciendo bien, Lumine?
— ¿Mh? —Lumine abre uno de sus ojos y voltea a verla. — ¿A qué te refieres?
— Pregunto si lo estoy haciendo bien como compañera de aventuras. Es que… —Bárbara junta sus manos frente a su pecho y cierra sus ojos, sonrojándose. — Es mi primera vez.
— ¿Por qué no lees el manual del aventurero, Bárbara? —Paimon se sienta. — Lumine tiene una copia.
— ¿En serio? ¿Me lo prestarías, Lumine? —Ruega, poniendo tal vez los ojos más lindos que alguna vez alguno hubiera visto en la vida. — No quiero ser un estorbo.
— ¿De qué hablas? Bárbara, no tienes qué esforzarte tanto. Ya encajas. —Lumine le da una sonrisa, pero aún así busca entre su inventario el libro y se lo ofrece. — Si no estuvieras para curarnos, me lanzaría a pelear con más cuidado y sería menos eficiente. Gracias por aceptar venir.
— Lumine…
Todo era demasiado rosado para su gusto. Childe regresa al sillón y mira toda la escena desde su posición. Separa las piernas un poco y coloca sus brazos sobre el respaldo del sofá en una pose bastante cómoda. Demasiadas señoritas para su gusto.
— Oye, chica alquimista. —Llama de repente a Sacarosa, quien sacude sus orejas al verse llamada. Cuando voltea a verlo, Childe vuelve a hablar. — ¿Qué tal van tus experimentos?
— ¡Me alegra que preguntes! —Sacarosa se levanta de un salto de la cama y busca su maletín, lo abre y el sonido del cristal se hace presente. Eran sus materiales para expediciones, tenia todavía algunas flores que recogió en el camino en matraces con tapón para experimentar con ellos luego. La fauna de Liyue era muy hermosa, era inevitable sentirse atraída. — Albedo-sama me dio la teoría, pero no la experimentación. Te necesito para eso como sujeto de pruebas. ¿Está bien?
— Claro.
— ¡Aquí no! —Bárbara y Lumine gritaron al mismo tiempo, ambas con las cejas fruncidas.
¿El mal humor era cosa de rubias? Childe se hizo esa pregunta, sorprendido por el coro de gritos. Pero no era el único sorprendido. Sobre el techo de la posada, el guardián Yaksha estaba cruzado de brazos mirando hacia las estrellas.
— Los amigos de Lumine son muy ruidosos. —Murmura Xiao. Con tanta gente alrededor de Lumine no se le antojaba si quiera acercarse.
