¿El amor es realmente tan fuerte?

Capítulo especial

- Cartas -

El silencio se cernía sobre ellos, pero no necesariamente en un mal aspecto. Aunque silencioso, el ambiente era muy tranquilo. Lo único que se escuchaba era el sonido de la plumilla al escribir sobre la bonita hoja que Childe usaba. Se trataba de una carta para su familia allá en su tierra natal, escribía con una mano mientras la otra sujetaba un pequeño dulce a medio comer. Lumine, quien estaba sentada frente al escritorio donde estaba Childe, tenía un dulce exactamente igual en su mano. Eran los mismos dulces que Childe le estaba regalando a Lumine últimamente, y que no se enterara Paimon.

— Así que… —La voz de Lumine rompe con el tranquilo silencio, hacen que Childe deje de escribir por un momento y levante la mirada para darle su atención. Su sonrisa corta la invitaba a seguir hablando. — ¿Le has estado escribiendo a tu familia sobre mí?

Lumine apoya su codo en el escritorio y recarga su cabeza en su mano hecha puño, su sonrisa larga y sus ojos entrecerrados ponen en aprietos a Childe quien se aclara la garganta y desvía la mirada. Teucer habló de más…

— Sí…

— ¿Desde cuándo~?

— Desde que nos conocimos, si te soy sincero. —Admite por fin, ¿no hace calor aquí? Se recarga más en su silla y abanica su rostro sonrojado con la misma mano que sujetaba la plumilla, estirando un poco el cuello de su chaqueta con la otra mano.

Verlo avergonzado hace que la sonrisa de Lumine se alargue un poquito más, ¿qué rayos? ¿Le estaba aprendiendo mañas a Childe? No iba a llamarlo por su verdadero nombre ahora, ya que él ya le había pedido que lo mantuviera en secreto, pero se sintió tentada en usarlo para avergonzarlo otro poco más.

— ¿Les hablaste de nosotros, nosotros? —Repite la palabra, poniendo un énfasis especial en la segunda vez. El rostro del fatui se deformó de una forma tan específica que Lumine acabó riéndose en voz alta de lo adorable que era. ¿Cómo podía tener tantas caras? Lucir tan seguro, ser tan sarcástico, incluso ser sádico e insolente contra sus adversarios. Pero entonces ser así, tan fácil de avergonzar y tan dulce.

— ¡Sí les dije! —Oh no, por alguna razón gritó. No quería gritar, eso fue muy vergonzoso. Baja el rostro y toma un pequeño mechón de su cabello anaranjado, jugando con él al enredarlo en su dedo índice. Trata de ver su carta a medias para no mirarla a ella, obviamente. — Le escribí una carta a parte a mi padre, le dije que quería llevar a una linda hermana mayor para mis hermanos.

— ¿Hermana mayor? —Ahora es el turno de Lumine de colorearse de rojo y sorprenderse, ¿¡ah!? Lleva una mano a su pecho, su corazón de repente saltó de emoción. — ¿Estás hablando de-

— ¿De quién más? —Lo escuchó, su tono avergonzado. ¡Venganza! Childe levanta la vista y la enfrenta con una sonrisa más confiada y sus párpados a medio caer, sus ojos azules brillan con picardía. — ¿Sabes? A mi papá le gustó mucho la idea.

Era vergonzoso y emocionante escucharlo, su corazón abrazó ese sentimiento y por más avergonzada que se sintiera, asiente con la cabeza y para ya no hablar vuelve a tomar su dulce del escritorio para terminárselo. El fresco sabor de la mandarina llena su boca y sonríe por el agradable sabor. Childe hace lo mismo, él suyo era un caramelo más oscuro con un sabor un poco más serio. Toma finalmente su plumilla con la mano derecha, y la izquierda se estira sobre el escritorio hasta atrapar la mano de Lumine. Entrelaza sus dedos y así mismo termina de escribir su carta, relatándole a sus hermanos y a su padre el día que tuvieron cuando Teucer lo sorprendió al venir hasta Liyue para ver su… trabajo como vendedor de juguetes.

Atesorará este día, y lo enviará como dulces memorias con estos bocadillos directo hasta Snezhnaya.