¿El amor es realmente tan fuerte?
- Cabo del juramento -
Capítulo final
Cada aventura necesitaba un final, y por más pequeña que fuera como escoltar a dos diplomáticos, el final de la suya estaba terminando. Ese último día ocurrió más tranquilo, ya no salieron, sino que se quedaron todos juntos en una habitación, tan solo hablando y trayendo montones de comida a domicilio. La última noche la pasaron con bocadillos y largas conversaciones que terminaron hasta muy entrada la madrugada, luego de pasar una rica tarde en las aguas termales. También, fue la primera noche en que Childe pudo dormir junto a Lumine sin que absolutamente nadie pensara que estaba mal o algo parecido. Tan solo… se quedaron ahí, sentados juntos y dormidos el uno contra el otro. Lumine tenia recargada su cabeza en el hombro de Childe y él, a su vez, estaba recargado contra la cabeza rubia de la aventurera. Childe tenia una mano entre sus cuerpos, con la palma hacia arriba y la pequeña y linda mano de Lumine justo encima, vuelta un puño flojo.
Sacarosa fue quien los notó primero, llamó suavemente la atención de los otros para que guardaran silencio y miraran también. Paimon hizo un comentario sobre lo cansados que deben estar, Zhongli le pidió que los dejara descansar y Bárbara suspiró de una forma extraña, como una doncella enamorada. Era una linda escena. Pero Zhongli tenía razón, habría que dejarlos descansar. Hoy era la última noche después de todo. Fue el mismo arconte quien los cubrió con una cobija hasta el regazo. Aunque Childe aún estaba escuchando, no tenía energía ni ganas de moverse ahora mismo.
La puerta se abre, y a los pocos segundos se cierra. Paimon fue la única en quedarse con ellos, recostándose en el mismo sofá con su cabeza recargada en la pierna de Lumine. Descansaron juntos.
Se hizo un caos por la mañana, pero al final todos encontraron su turno para ducharse. Childe, como fue el primero, esperó junto a Zhongli a que las señoritas llegaran. Desayunaron todos juntos y finalmente, el arconte los encaminó hasta las afueras de Liyue. Ya era el momento de despedirse. ¿Pero por cuanto tiempo? Hablaban de eso hasta que Lumine, sorpresivamente, abrazó a Childe frente a todos.
— Voy a escribirte, señorita. Lo prometo.
— Estaré esperando… —Susurró Lumine.
El beso de despedida no fue tan dulce como los que ya habían compartido, pero se quedaría en la memoria de ambos de todas formas.
Esta era, seguramente, la primera vez en que despedirse de alguien aquí le incomodó tanto. Se separó de la calidez de los brazos de Childe cuando Paimon la llamó, y se esforzó por sonreírle al final. Él también sonrió, alzando su mano en el aire para despedir a las viajeras que regresaban a Mondstadt.
— Cuídense… —su voz fue tan baja, el viento no alcanzaría a llevarla hasta Lumine pero sí a Zhongli, quien le da un par de amistosas palmadas en la espalda. Era una despedida que pesaba, pero no era un Hasta nunca.
— Volvamos.
— Sí, maestro.
Pasaron días, pasaron semanas y finalmente, dos meses. Dos meses en los que ambos estuvieron ocupados pero nunca tan ocupados como para no escribirse. Childe cumplió su promesa, tal como lo dijo. Pero Zhongli podía notar que no se estaba tomando muy bien la distancia. A veces, Childe estaba muy irritado y solamente el trabajo lograba distraerlo. Específicamente el trabajo de Fatui. Había días en los que ni siquiera veía al heraldo. Por fin encontró una oportunidad para invitarlo a tomar con él, como siempre. Lumine había escrito hacía unos días y Childe todavía tenia problemas para escribir su respuesta. Tenía la copa a medio terminar mientras miraba con seriedad el papel sobre la mesa. Al verlo bien, Zhongli pudo notar que tan solo tenía la fecha y un corto saludo hacia Lumine. Parecía tener problemas.
— ¿Problemas?
— Maestro… ¿Qué sabes acerca del festival de las flores de viento? —Pregunta de repente, y deja la plumilla sobre la mesa.
La pregunta toma por sorpresa a Zhongli, y se toma unos segundos para hacer memoria. Entonces baja su copa y habla con calma;
— No demasiado. —Admite, inclinando un poco el rostro. — Se dice que es un festival para encontrar el amor, pero en realidad tiene varios significados. Es un festival bastante alegre, la gente de Mondstadt convive y participa en diferentes actividades. Recuerdo perfectamente que una de sus actividades era la arquería. —Zhongli sonríe, pensando que eso llamaría un poco más la atención del Fatui. De hecho lo hizo, Childe puso un gesto pensativo al recargar su mentón sobre su mano y mirarlo con más atención. — Supongo que estás así porque Lumine te invitó, ¿no? Son fechas de preparación.
— Sí, es exactamente eso. —Admite Childe, suspirando. — Quiero verla, maestro. Pero siento que estoy siendo un mal amigo. No he podido salir contigo como antes.
Muy posiblemente, lo estaban cargando de más encargos para que distrajera sus pensamientos de Lumine. Pero obviamente eso no estaba funcionando, solo había que ver la mirada de Childe ahora mismo que hablaban de ella para darse cuenta. La extrañaba.
— No me molesta para nada, entiendo que estés ocupado. —Y lo dice con toda sinceridad. Después de todo, para él, el tiempo era tan efímero en los humanos. Debería hacer más cosas que le gustaran. — ¿Por qué no aceptas la invitación?
— Maestro… Está bien. Dejaré dinero para ti y-
— No hace falta que lo hagas. —Dice rápidamente, logrando que Childe cerrara su boca para verlo con curiosidad. — Iré contigo.
Childe alza ambas cejas. ¿Lo hará? Era… era la primera vez que viajaría con Zhongli, no tarda en sonreír enormemente y poner ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia Zhongli. El repentino entusiasmo, y cercanía, de Childe consiguen que Zhongli incline su cuerpo un poco hacia atrás y carraspee.
— Si no te molesta que te acompañe, claro.
— ¡Para nada!
Viajar con Zhongli era muy emocionante, aunque era algo lento al luchar contra enemigos lo hacía bastante bien y mostraba cuán fuerte era todavía. ¡Qué motivado se sentía! Por cuestiones de tiempo, Childe le pagó a un pueblerino de las afueras del puerto por un viaje directo hasta la capital de la libertad. Los ladrones pensaban que la carretera escondería tesoros de intercambio, pero nada más alejado de la realidad. Escondían a un Fatui y al mismísimo Arconte de Liyue. ¡El pobre señor la pasaba muy mal cuando se veían amenazados! Pero ambos eran tan fuertes que se preguntó a qué clase de personas estaba transportando.
Llegó la primera noche de viaje, pero no podían continuar por la mula cansada. Lo mejor era descansar y así se hizo. Esa noche Childe se quedó recostado sobre el césped mirando el cielo por un buen rato. ¿Lumine recordará lo que le dijo? Sobre el cielo y las estrellas, sobre su familia viendo lo mismo desde donde fuera que estuvieran. ¿Estaría Lumine viendo le cielo ahora mismo?
Era extraño saberse enamorado, pero no era malo en absoluto. Esta sensación que hacia peso en su corazón, en su pecho. Era agradable en realidad. Pensó que abrir su corazón lo haría débil, pero no era así exactamente. Lo motivaba, como si se hubiera encontrado de una forma extraña. Aún así… no lo había dicho en voz alta. ¿Debería hacerlo? Solo de pensarlo se sonroja y resopla con vergüenza, dándose la media vuelta. Zhongli, quien hacía guardia en ese momento cruzado de brazos contra un árbol, lo nota y sonríe débilmente.
El viaje que les esperaba aún era largo, pero valdría la pena si este chico encontraba un camino con más luz para continuar con su viaje. O al menos eso pensaba él.
— ¡Muchas gracias, señor Nobile! Con este dinero podré alimentar a mi familia por semanas… ¡por meses! ¡En serio, muchas gracias!
El pesado saco de moras cayó justo sobre las manos del señor, tan pesado que se notaba que hacia un esfuerzo por cargarlo todo.
— No es nada, nos fuiste muy útil al traernos aquí con tanta rapidez. —Pese a que descansaron más de lo que le gustaría, no podía negar que hizo un buen trabajo al final. Llegaron en tan solo tres días. — Deberías buscar un lugar para quedarte, esa mula necesita descansar.
— ¡Lo haré!
— Y por favor, encuentre a un aventurero en óptima condición para que lo escolte de vuelta. —Ese era mucho dinero, Zhongli no pudo evitar preocuparse un poco por la seguridad del pueblerino. — El camino puede ser duro. Tenga cuidado por favor.
Lo llevaron hasta un lugar con establos donde su mula podría descansar, y ya con eso finalmente entraron en la ciudad. El rico y dulce aroma del vino estaba en el aire, así como una brisa fresca que movía suavemente sus cabellos.
Zhongli inhaló con profundidad, tenía… tanto tiempo de no salir de Liyue, que de repente salir así se sentía como una aventura nueva.
— Tenía años de no estar aquí. Me gustaría ver la catedral, ¿seguirá igual?
— ¿Catedral? Estuve ahí una vez. Es enorme y había mucho eco. —Childe se ríe a secas, era un desagradable recuerdo de cuando tuvo qué evadir una pelea que prometía ser bastante interesante por proteger a Paimon. Comienza a ver a su alrededor mientras caminan, queriendo encontrar a Lumine cuanto antes. Se encontró con Sacarosa, quien hablaba con un muchacho cerca de una mesa de alquimia. La chica se tomó el tiempo de saludarlo con una mano y de sonreírle. Ambos hombres correspondieron el gesto sin pensárselo. Se detuvieron un poco para saludar, pero Childe aún parecía ansioso buscando con la mirada por sobre cada persona en la plaza de abajo.
— ¿Buscas a Lumine? La vi arriba con el bardo Venti y Paimon. —Sacarosa se acomoda sus lentes. — Si la encuentran, ¿podrían decirle que necesito ayuda con algo?
— Por supuesto.
— Justamente íbamos a la catedral. La veremos en el camino. Vamos. —Childe sonaba impaciente, Zhongli se despide de Sacarosa mientras se deja arrastrar por el pelirrojo hacia las escaleras. Ahí la gente se amontonaba un poco, la mayoría también iban hacia arriba. Pero había alguien en especifico que cargaba cuatro cajas apiladas con sus brazos, parecía tener problemas. Alcanzó a atrapar la caja de hasta arriba cuando Noelle tropezó con otra persona.
— ¡Ah, lo siento mucho! ¿Señor Childe? ¡Señor Zhongli!
— Ten cuidado.
— Lo siento, es que hay tantas personas… Son días ocupados en la sede. Pe-Pero por favor, ¡disfruten del festival! ¡Salgamos más tarde!
— ¡Claro!
El mismísimo Capitán de Caballería de favonius los seguía con la mirada desde arriba, recargado en el mural de piedra. De entre todas las personas, había dos que no encajaban para nada. Forasteros, sin duda, y a uno ya lo había visto con anterioridad. Kaeya atrapó la misma moneda que lanzó en el aire y sonrió, su único ojo visible brillaba con una extraña emoción.
— Siempre viene gente muy interesante a nuestro festival.
— Así que los poemas de amor no son algo que se le de bien escribir a todo el mundo…
— ¿Eh~? ¡No te desanimes! Solo tienes qué dejar de pensarlo tanto, y sentirlo más. —Venti dobla el papel y se lo regresa a una señorita, quien lo acepta en sus manos y lo mira con atención. — Cuando puedas soltar tus emociones sobre el papel, ¡quedará mucho más emotivo! Siente con tu corazón las palabras que esa persona te hace querer gritar a los cuatro vientos. ¡Esfuérzate!
— ¡Está bien, maestro Venti! —La chica asiente con nueva determinación. — ¡Por favor espere mi siguiente poema, no me tardaré mucho!
— ¡Sï! Lo estaré esperando.
— ¡Pronto le pagaré sus clases!
Venti suelta una pequeña risita, más animado todavía. Se cruza de brazos y asiente efusivamente con su cabeza.
— ¡Música para mis oídos!
Paimon se cruza de brazos, estaba oyendo todo a una distancia prudente a un lado de Lumine. Se da la media vuelta para encarar a la viajera y suspira.
— Ese bardo de pacotilla solo se interesa por el dinero…
Lumine encorva sus cejas y se rie un poco.
— Las moras son necesarias. —Acepta Lumine. — ¡Debemos ayudarlo! Después de todo también necesitamos moras para continuar con nuestro viaje, ¿recuerdas?
Paimon asiente un par de veces con su cabeza. Por supuesto, la siguiente nación las estaba esperando.
— ¡Además, el vino no se compra solo! —Venti se unió a la conversación de pronto, llegando por detrás de Paimon con esa actitud efusiva y alegre. Toma una de las pequeñas manos de Paimon y la hace dar una vuelta en su lugar mientras se ríe. — ¡Así que sean unas buenas ayudantes!
Habían sido semanas ocupadas, donde reunían materiales y moras para mejorar su equipo para el futuro. Pero esta semana en particular estaba siendo bastante relajada. Con tanto trabajo en el festival, muchos de los aventureros ni siquiera podían salir de aventuras porque, ¡bueno, no había! Lumine estaba pasando por lo mismo justo ahora, y no podía ir contra la corriente y ya. ¿No merecía un descanso también? Paimon se quejó en voz alta, rogándole al bardo que dejara de marearla, y Venti así lo hizo. La pequeña se sujeta la cabeza con ambas manos y se queja en voz baja, y al abrir sus ojos…
¿Tenía acaso una visión? Podía ver a dos personas conocidas allá a lo lejos, terminando de subir las escaleras. Uno parecía interesado en la estatua de Barbatos, mientras que el otro buscaba con su mirada en todas direcciones hasta que sus miradas se toparon. Él de inmediato ubicó a Lumine y se apartó de Zhongli en un segundo.
— ¡Señorita!
Lumine, quien se había estado riendo de la situación tan adorable de Paimon, se calló al instante cuando una voz conocida la llamó. Esa voz llegó hasta su corazón, que comenzó una alocada carrera dentro de su pecho. ¿Pudo llegar? Se da la media vuelta justo a tiempo para toparse con Childe, quien pasa sus manos por debajo de los brazos de la viajera y la levanta del suelo sin mucho esfuerzo en un apretado abrazo. Lumine grita, sorprendida pero feliz de verlo otra vez. Pronto lo abraza por el cuello y empieza a reírse mientras él dice en voz alta cuánto la extrañó. La risa de Lumine sonaba tan clara y feliz, al igual que la voz animada de Childe.
— Oh… —Venti se lleva una mano al mentón, ¿qué pasó? No esperaba que su relación avanzara tanto en su tiempo en Liyue. ¿Acaso el culpable era ese cabeza de cubo? El mismo que ahora se acercaba a ellos, viendo la escena con unos ojos más tranquilos y alegres. Venti se cruzó de brazos, sonriendo de lado. — Mora- ¡Ah, no! Señor Zhongli, ¿es así? —Se corrigió a sí mismo, Lumine ya le había explicado anteriormente eso.
— Barbatos. —Saludó Zhongli, posándose justo a su lado.
La sonrisa de Venti se hizo un poco pequeña, niega suavemente con la cabeza.
— Ahora solo es Venti.
— … —Zhongli cruza sus brazos también, sin dejar de ver a esos dos. Childe ya había dejado a Lumine de nuevo en el suelo y hablaban, Paimon se contentó cuando el pelirrojo le mostró un dulce que le trajo.
— Lamento lo que le pasó a tu gnosis. —Dijo Venti de pronto, llamando la atención de Zhongli quien baja la mirada un poco hacia él.
— Está bien.
— Pensaba enviarte un regalo de consolación.
Zhongli enarca una de sus cejas.
— Es un gesto muy amable. Pero no hace falta. Estoy bien. —El castaño asiente con su cabeza. — El buen Zhongli se las está apañando bien como humano.
Claro, si apañárselas era tener a un buen amigo con dinero… Aunque Venti puede declararse culpable de lo mismo. ¿No era irónico? Grandes dioses, temidos por sus increíbles habilidades, dependiendo de las personas a quienes alguna vez protegían en guerras que duraban incluso meses. La risa de Paimon llama la atención de ambos, estaba jalando suavemente del cabello anaranjado de Childe y él se quejaba. ¿No le gustó el dulce? Lumine tenia una bonita sonrisa en sus labios, y no parecía nada incómoda con la mano del heraldo justo en su cintura, manteniéndola cerca de él.
Zhongli adivinó el gesto de Venti, no parecía tener alguna emoción al respecto.
— No te preocupes, el chico es seguro.
— No me preocupa él, me preocupan los Fatui que siempre lo siguen. —Murmura Venti, torciendo más sus labios. Tal vez Lumine no lo note pero en cada sombra de Mondstadt, siempre que Childe está aquí… — Me preocupa que un día decidan tratar de eliminar a Lumine. Childe no es el único heraldo de los fatui. No todos son tan buenos.
— ¿Experiencia personal?
Venti frunce sus cejas pero se esfuerza por sonreír. ¿Eso fue un ataque? Le da un golpe rápido en el costado, Zhongli apenas y frunce sus cejas un poco.
— No te metas con otro arconte en su tierra, eso es grosero.
— Lo siento.
— No me preocupa él. Pero francamente, Lumine es la enemiga número uno de los Fatui y del abismo. Me pregunto qué hará tu muchacho cuando tenga qué hacer una elección. ¿Crees que la escogerá?
Zhongli no tuvo qué pensarlo demasiado, bastaba con ver ese brillo en la mirada de Childe.
— Escogerá lo correcto.
— …tienes mucha fé en él.
— ¿Tú no la tienes en Lumine?
Venti se lleva una mano al pecho, visiblemente indignado.
— Por supuesto que confío en ella.
— Entonces debes saber que tiene absoluto derecho a vivir una vida, no puede vivir preocupada por su hermano y ya. Merece distraerse.
— Ella no tiene malicia.
Childe puede ayudarla con eso.
Childe conocer perfectamente el mundo del enemigo, sabía todo sobre las ocultas segundas intenciones de las personas. Aquello que no era obvio a simple vista, para él era como un libro abierto que podía leer a su antojo. Tenía esa facilidad a diferencia de muchos otros humanos. Para Venti, todo lo que Zhongli dijo tenía sentido y era cierto, Lumine merecía tener una vida propia. Tal vez no llegó a este mundo por decisión, pero ella escogió no derrumbarse en la desesperación y salir adelante. Era la primera vez que veía a la viajera sonreír de esa forma, tan distinto de las muecas de desesperación, miedo, sorpresa e ira que ya había visto con anterioridad. Tenía esperanza, y era algo muy valioso para su viaje.
No hubo oportunidad de contestar, el pequeño grupo ya se acercaba a ellos. Childe empujaba a Lumine con su cadera y ella se reía y le devolvía el empujón con la suya. Era lindo verlos jugar y reírse a pesar de que la historia de ambos era en sí un peso gigantesco en la felicidad de ambos. Tal vez… Zhongli no estaba tan equivocado. Pero mantendrá un ojo en esos dos de todas formas.
— ¡Señor Zhongli! Childe no me dijo que usted también vendría, ¡estoy muy feliz por verlos a ambos!
Zhongli le da una sonrisa a la viajera.
— También estoy feliz de estar aquí. Tenía tanto tiempo de no acercarme a Mondstadt. Aprovecharé la oportunidad para descansar.
— ¡Me parece bien! —Venti asiente enérgicamente, colgándose de uno de los brazos del elegante señor con traje. Su mirada y sonrisa pícaras ponen en alerta a Zhongli. — Te voy a enseñar mi taberna favorita, cabeza de cubo.
— Por favor, no te molestes. —Responde Zhongli, encorvando un poco sus cejas.
— ¡Bardo de pacotilla, deja de pensar en el vino por un momento!
— ¿Pero cómo no hacerlo? —Venti se ríe en voz alta y suelta a Zhongli, dando un par de vueltas en su lugar. Su capa se alza con elegancia en el aire mientras Venti extiende sus brazos a los laterales. Infló su pecho y gritó, con todo el orgullo que poseía, a los cuatro vientos: — ¡Es un festival importante para el vino! ¡Todo se trata del vino! ¡El vino es ilimitado en este festival!
La oleada de pena ajena que los cuatro sintieron en ese momento no podía expresarse con palabras. Zhongli se cubre medio rostro con su mano cuando la gente voltea a verlos, primero a Venti y luego a ese grupo que estaba a su alrededor. Cuando Childe sale de su sorpresa inicial, comienza a aplaudir mientras se ríe a carcajadas.
— ¡Sí! ¡Es un buen entusiasmo! —Aplaude el pelirrojo.
Zhongli camina con prisa para alejarse de ellos, no puede creer que su amigo le haga segundas a ese bardo borracho. Cuando Lumine lo nota, toma de inmediato la mano de Childe para llevárselo con ella tras el arconte geo.
— ¡Señor Zhongli!
— ¡Hey! ¿A dónde vas?
Zhongli comienza a caminar con más prisa todavía, hasta llegar al punto de comenzar a correr. Lumine corre al instante, ya no necesita arrastrar a Childe porque él también corre tras el arconte, todavía riéndose.
— ¡Espera, maestro! —Con una mano agarraba la mano de su señorita, y con la otra se presionaba débilmente el estómago. Jamás pensó que viviría para ver una actitud así en ese hombre.
— ¡Señor Zhongli! ¡Ay, Lumine! Espera, ¡no puedo volar tan rápido! —Paimon terminó siendo arrastrada también a la extraña persecución.
Cuando Venti lo notó, también rió en voz alta y comenzó a perseguirlos. Él iba hasta atrás, riéndose al igual que Childe. Aunque la sonrisa de Lumine era más pequeña, también estaba divirtiéndose. La atención que inicialmente había atraído Venti estaba haciendo que la gente sonriera al verlos y los niños, siendo lógicamente niños, pronto vieron la oportunidad perfecta para jugar.
La mano libre de Childe fue sujetada, cuando el pelirrojo voltea un poco para ver de quién se trataba era nada más y nada menos que un pequeño infante que se reía y lo miraba con ojos brillantes. Y a su mano, iba otra niña, que a su vez estaba agarrando la mano de otra un poco más grande. El bobo juego de Zhongli comenzaba a ser algo más grande, en el que más niños e incluso adultos se estaban uniendo. Cuando Childe llama a Lumine para que viera lo que pasaba, la viajera no esperaba encontrarse con tantas caras sonrientes tras ellos.
La sonrisa que más alegró su corazón en ese momento era la de Childe, quien la miraba con esos hermosos ojos azules brillantes y lucía sus aperlados dientes para ella. El juego terminó cuando Venti, usando como ventaja su propio viento, alcanzó finalmente a Zhongli y se lanzó a su espalda casi mandándolos a los dos al suelo. Ambos se reían, aunque el arconte geo lo hacía con más suavidad y un tono más grave que el de Venti, que era más escandaloso y alegre. Aceptó su derrota.
— ¡Eso fue divertido, caballera honoraria!
Una voz conocida la saca de su embobamiento con Childe, y parece que él estaba en las mismas respecto a ella pues incluso se sobresaltó. Childe soltó la mano del infante y se da la media vuelta para encontrarse con otros dos aventureros, un poco más bajos que él. Uno tenia un aspecto un poco descuidado y salvaje y el otro un atuendo un poco más abierto para las aventuras. Parecía bien preparado con todo eso sobre su cinturón.
— ¡Bennet, Razor! ¿Estaban aquí?
— Haha, ¡sí! Creo que fue mi culpa que atraparan al señor de elegante traje por allá. Tal vez hubieran seguido con la diversión por un rato más. ¡Lo siento! —Bennet junta sus manos frente a él y se inclina un poco frente a ellos. Los niños se ríen un poco por lo exagerada de su disculpa, ¿por su culpa? Eso no tenía sentido, ya que no fue Bennet quien lo atrapó al final.
— No. Divertido. Bennet bueno. —Razor asiente con la cabeza. — Bennet y Razor jugar.
Vaya, ese muchacho de aspecto tan descuidado tenía una voz un poco grave. Interesante.
— ¡Sí! —Dice uno de los niños que estaban cerca. — ¡Si se hubiera alargado mucho habría perdido lo divertido! ¡Muchas gracias, caballera honoraria!
— ¿No fue nada? —Lumine seguía riéndose, lo que acababa de pasar había sido tan espontáneo y divertido. Pero era hora de hacer presentaciones. Carraspea y se pone entre los hombres para señalar primero a Childe. — Razor, Bennet, él es Childe. Es un viajero de Snezhnaya, ¡y es mi compañero!
— Novio. —Agrega Childe, ofreciendo su mano hacia los viajeros. Razor frunce un poco su nariz al olerlo. Mh… extraño, pero no maligno. Al final es Bennet quien extiende su mano para ofrecerle un apretón de manos.
— ¡Bennet! Viajero experimentado, o al menos me gusta considerarme así. ¡Es un placer!
— Razor… Lumine Lupical. Cuidarla.
— ¡No te pongas celoso ahora! —Bennet se ríe y pasa un brazo sobre los hombros de Razor, acercándolo a su cuerpo en un abrazo bastante amistoso. Las mejillas de Razor se pusieron rojas en ese momento.
¿Celoso?
Childe se preguntó si debería preocuparse, pero la actitud de Lumine… No era necesario, tal vez Razor estaba celoso de la misma forma en que un hermano querría proteger a su hermana. Su sonrisa no cedió, en realidad se volvió un poco más gentil.
— Ya había escuchado sus nombres antes. Lumine me habló de ustedes. ¡Es agradable verlos en persona! Ahora he hecho un viaje algo largo desde Liyue hasta aquí, pero me encantaría salir de aventuras con ambos.
— ¿¡Eh!? Pero- Yo no creo que quieras salir de aventuras conmigo. —Nervioso, Bennet se rasca la nuca y mira hacia otro lado en una actitud algo distraída. — Verás, yo…
— Bennet perfecto. Salgamos, aventura. —Razor acepta, y su comentario consigue que Bennet se ponga recto de pronto y asienta efusivamente.
— ¡Sí, está bien! Salgamos en una aventura.
Pero esa aventura tendría que esperar. Ahora mismo lo que más deseaba Childe era pasar tiempo con Lumine, y aunque la viajera tuvo qué dejarlos por un rato porque tenia asuntos pendientes con Venti por el festival -dijo algo sobre unos poemas y sobre revisar tareas- así que Childe y Zhongli buscaron su hospedaje en el mismo hotel de la última vez, y tomaron una merecida cena entre ambos.
Casi caía la noche sobre ellos cuando Lumine los encontró. Estaban en el Gran Cazador, ni más ni menos. Zhongli la invita a sentarse y ambas señoritas lo hacen, Paimon sobre la mesa y Lumine sobre la silla.
— ¿Interrumpimos algo?
— Hablábamos sobre el vino. Es incluso más delicioso que la última vez. ¿Cómo está ese señor Diluc?
Zhongli hizo memoria, ¿escuchó ese nombre antes? Claro que sí, fue el sujeto que Childe mencionó en su historia aquella noche. No quiere parecer muy entrometido, pero…
— ¿Hizo las pases con Paimon?
— ¡Sí! —Paimon misma fue quien contestó, asintiendo efusivamente. — Él se disculpó conmigo cuando volvimos a Mondstadt. Dijo que nunca tuvo intención de lastimarme y que fue un accidente.
— Claro que no quería lastimarte. Iba por mí. —Childe bufa, rodando los ojos con diversión. — Seré feliz de darle una revancha apropiada. Ahora que entiendo lo que pasó, me gustaría provocarlo un poco. —Admite, sujetando su copa de alcohol en alto por un segundo. La mueve un poco en el aire, en círculos. — ¿Dónde está ahora?
Paimon y Lumine se miran. Pero no sabían exactamente, era casi de noche así que… ese caballero nocturno podría estar ya protegiendo la ciudad. Pero como era el festival, también era posible que estuviera en la taberna.
Y así era, cuando entraron a la taberna en cuestión el mismísimo Diluc era quien estaba tras la barra. Estaba un poco lleno, como era de esperarse, pero había una mesa que estaba dispuesta a aceptarlos. Venti levantó la mano ni bien los ve entrar, llamando su atención.
— ¡Por aquí~!
— ¡Bardo de pacotilla, ya te estás gastando el dinero que acabas de ganar!
— ¡Sí~! —Admitió con voz risueña, golpeando la mesa un par de veces. — ¡Acérquense! ¡Beban conmigo!
Los ojos de Diluc los siguieron muy de cerca cuando nota a Childe, pero no dice nada. Toma la bandeja y un par de botellas y va hasta su mesa.
— Tú eres joven, sidra de manzana para ti. Y también para ti. —Diluc sirve dos copas de sidra para Paimon y Lumine, y deja dos botellas de vino sobre la mesa. Venti canturrea un agradecimiento.
Diluc recoge las copas que Venti ya había vaciado con la intención de lavarlas, pero la voz del arconte geo tienen otra intención.
— Lamento las molestias que mi amigo causó, señor Diluc. —Dijo Zhongli de repente, Diluc se detuvo en seco y pareció contenerse por unos momentos. Pero acabó suspirando y asintiendo.
— También lamento las molestias de ese día. No se repetirá. —Promete.
— Qué mal. —Dice Childe en voz alta, visiblemente aburrido. — Quería pelear contigo.
— … —Los ojos de Diluc parecían fuego, pero era un fuego que se contenía para no devorarlo todo. Fuerza una sonrisa y se da la media vuelta de nuevo, volviendo a su lugar. No importaba, no ahora.
Venti se estira un poco sobre la mesa para tomar una de las botellas y se sirve una copa, lo hizo con tan poco cuidado que el espumeante líquido se desbordó un poco. Zhongli de inmediato quita sus manos de en medio, ese bardo borracho mancharía su traje. Venti susurra una disculpa y empuja suavemente la copa sobre la mesa hasta él, luego repite su acción y la empuja hacia Childe. Sonreía con bastantes ganas, con sus ojos verdes entrecerrados y algo pesados y vidriosos.
— No causes problemas o… O te detendré. Fatui malo.
Childe se ríe en voz baja, tomando la copa. Bebió apenas un sorbo, la copa estaba tan cerca de desbordarse que no le pareció extraño que se derramara un poco. Al menos no fue sobre su ropa pero ahora su guante estaba empapado. Lo retira y lo deja sobre la mesa. Lumine lo imita rápidamente con la sidra.
— Mejor incluso que la última vez que lo probé. ¿Señorita?
— Está rico. —Dice Lumine tras su pequeño sorbo a la copa con sidra, Diluc tenía una muy deliciosa variedad de bebidas.
Aunque Zhongli parecía no querer beber, al final lo hizo por acompañarlos y se llevó una grata sorpresa cuando, de hecho, el sabor era bastante bueno. No tenía pensado beber mucho, pero la mirada de Venti lo alentaba a seguir. Childe ya llevaba la mitad cuando finalmente decidió preguntar;
— Venti, ¿quién es tu amigo?
— ¿Amigo? —El bardo lo mira sin entender muy bien a lo que se refiere, Zhongli aprovecha esta oportunidad para dejar la copa cerca del bardo. — ¿Qué amigo?
— Creo que habla de mí.
Una nueva voz se hace presente, era Kaeya quien se acerca a su mesa con una sonrisa pequeña en sus labios. Kaeya pone ambas manos sobre la mesa e inclina un poco la cabeza a modo de saludo.
— Sí, hablaba de ti. No tenemos el placer de conocernos, pero debo parecerte interesante si llevas toda la tarde detrás de nosotros. —Childe deja caer sus párpados un poco. Lo estaba estudiando. Es el tipo de hombre despreocupado, pero con dobles intenciones en cada una de sus frases. Carismático, sin duda uno de esos dobles agentes. Es familiar con ellos. ¿Era de fiar? Al ver a Lumine, quien lo saludó tan alegremente, concluyó en que estaba bien relajarse. Pero tal vez no demasiado, sigue siendo un caballero de Favonius. — ¿Tu nombre?
— Soy Kaeya, Capitán de Caballería. Y ya conozco tu nombre. Todos en la sede lo saben. —Kaeya se encoge de hombros, con su presencia ahora la mesa estaba un poco más apretada con tanta gente alrededor. Zhongli no puede evitar sentirse un poco agobiado de pronto. — Childe, onceavo heraldo de los Fatui, ¿verdad? También conocido como Tartaglia y Nobile entre los diplomáticos de Liyue.
Al inicio, sí se había puesto algo incómodo ante el pensamiento de que conocía su verdadero nombre, pero cuando escucha su nombre en código se relaja y se encoge de hombros.
— Sí, así es.
— Causaste muchos problemas en tu última visita, ¿no es así~? Molestaste a alguien bastante problemático y huraño.
Lumine frunce las cejas, según como lo contó Paimon más bien fue al revés. Era la primera vez que veía a Kaeya atacar tan directamente a alguien. Pero Childe no pareció en absoluto incómodo, en realidad incluso lo invitó a sentarse. El caballero se sienta al lado de Venti, quien lo miraba con ojos entrecerrados y vidriosos.
— Tú debes ser Zhongli. Es un gusto.
Bueno, al menos parece un chico amable. Zhongli asiente y le ofrece su mano por encima de la mesa. Kaeya la acepta en un amistoso apretón, no pudo evitar fijarse en sus guantes. ¿No hacía calor aquí para usarlos? A menos claro que escondiera algo en esas manos. Cuando finalmente Kaeya decidió que era mejor divertirse un poco y usar una vieja estrategia suya, el ambiente mejoró un poco pero Lumine siendo la única mujer en la mesa comenzaba a sentirse algo incómoda. Por supuesto, este no era un lugar apropiado para señoritas. Por eso toma su mano y se pone de pie tras la primera copa. Toma sus guantes y se lo coloca de nuevo, el derecho aún sigue algo húmedo por el vino.
— ¿Salimos, señoritas?
Lumine encontró en su mirada azul una salvación, a la que definitivamente iba a aferrarse. Acepta su mano y se pone de pie también, Paimon levita igual cerca de ellos. Se despiden amablemente del caballero y los arcontes y salen de ese lugar aglomerado, aunque no sin antes dejar un generoso fajo de billetes sobre la mesa que casi hace que Venti se vaya de espaldas al suelo.
— Volveré en un rato, maestro. —Prometió, notaba a Zhongli algo incómodo por su ausencia.
Ni bien el aire fresco del exterior las recibe las dos suspiran ruidosamente y Childe se ríe en voz bajita.
— ¿Demasiado para ustedes?
Lumine, quien estaba pasando sus manos por su cabello, asiente un par de veces.
— Demasiado. —Confirma.
— ¡Huele horrible! —Se queja Paimon, cruzándose de brazos. Pero pronto su mueca de molestia se hace una sonrisa y levita alrededor de la cabeza de Childe, contenta. — ¡Vamos a jugar!
— ¿Jugar? Ya es algo noche para ese tipo de juegos. —Se ríe Childe, pero la insistencia de Paimon la hacen estirar de su extraña capa roja y lo obliga a seguirla. Lumine parecía estar de acuerdo, pues le toma una mano y también lo arrastra junto a la pequeña criatura que era Paimon. — Muy bien, ¿qué vamos a hacer? —Pregunta.
Lo llevaron a la plaza, ni más ni menos. No a la de Barbatos, sino a la que estaba cerca de la entrada. Lumine saca de su inventario una pequeña lira que lo hace enarcar una ceja. ¿Y eso? Entonces lo empuja a él a una banca para sentarlo, y Paimon toma asiento a su vez sobre una de las piernas de Childe.
— ¿Señorita?
Pero Lumine no contestó. Se puso frente a ellos y comenzó a tocar con calma algunos de los nuevos acordes que estaba aprendiendo. Una muchacha, que estaba cerca de ellos pero en otra banca, volteó la cabeza en su dirección cuando la música comenzó.
Childe escuchó con calma, manteniendo una sonrisa pequeña en sus labios. No era mala, pero algunas notas sonaron un poco extrañas. No conocía las canciones, seguramente eran de Mondstadt, pero tenía un poco de oído musical.
— Ay…
Una queja lo pone alerta, de inmediato sujeta a Paimon con una mano y se pone de pie para acercarse. Con su mano libre, hace que Lumine le muestre la mano. Era una cortada pequeña, por la cuerda de la lira. Se necesitaba un poco de fuerza para hacerla sonar bien. Childe suspira y la hace levantar esa mano para besar dulcemente la palma una vez.
— Déjame intentarlo. Dime qué tocar primero. —Pide, y Lumine le ofrece la lira. Childe se acomoda igual que hizo Lumine en ese momento y tocó un par de notas de prueba, con ayuda de los guantes no se sentía tan duro en sus yemas de los dedos. Asiente en señal de estar listo y entonces comienza a tocar tal como indica Lumine. Se equivocó un par de veces, pero al tercer intento el sonido que Childe estaba consiguiendo era tan armonioso y perfecto que Paimon aplaudió su gran esfuerzo.
— ¡Qué bonito! ¿Quién diría que el ricachón de Snezhnaya lo haría tan bien?
¿Ricachón de Snezhnaya?
No era un mal apodo, pero era divertido. Lumine toma la lira de nuevo y se cruza de brazos, sonriendo.
— Lo hiciste bastante bien, Childe.
— Por el arco. —Aclara él de inmediato, dándole una sonrisa. Al ver el rostro confundido de Lumine se apresura a explicar. — La cuerda del arco es dura, mis dedos están acostumbrados. Pero los guantes también ayudan. ¿Quieres intentarlo con estos puestos?
— Tus guantes… —Lumine toma una de sus manos, la izquierda, y toca la tela del guante oscuro que llevaba usualmente. Era distinto a los que ella usa. — Los míos son un poco más delgados…
— Porque son guantes para que la espada no se resbale de tu mano, no para las cuerdas. Ni siquiera te cubren los dedos. —Señala, enarcando una ceja. Eso era algo obvio.
— ¡Ah, Paimon tiene una idea! ¿Por qué no le pides algunos consejos sobre el arco a Childe, Lumine? ¡Aún no has podido conseguir más puntos que Fischl!
— ¿Oh? —Childe alza las cejas y su sonrisa se hace un poco más larga. ¿Consejos? — Pero el arco es el arma que peor se me da. ¿Qué consejos puedo darle a la heroína de Mondstadt, mh?
Lumine frunce sus cejas y le da un golpe rápido en el abdomen, riéndose a los pocos segundos.
— Falsa modestia, no me gusta.
Childe se ríe también.
— Te ayudaré. —Afirma, cruzándose de brazos. — Pero te costará.
— ¿Qué podría necesitar alguien con tanto dinero como tú, ricachón? —Pregunta Paimon, cruzándose nuevamente de brazos.
— Bueno, Ya que te enseñaré lo que sé sobre la arquería, me gustaría que tú me enseñaras lo que sabes sobre la espada. ¿Eso te parece adecuado?
Childe le ofrece su mano, y Lumine no duda ni un poco en aceptarla y estrecharla con la suya.
— Trato.
— Pero también enséñame a tocar la lira…
— Ya lo haces bastante bien. Cuando tus manos se acostumbren a la cuerda del arco, lo harás sin lastimarte. No te preocupes tanto, señorita~
Pasaron una parte de la noche sentados en las escaleras mientras hablaban sobre el arco. Childe le prestó el suyo, un Herrumbre, a Lumine para que hiciera intentos de disparar. Primero la hizo tensar la cuerda hasta que su mano aguantara, y luego la hizo practicar con flechas. La fuerza con la que disparaba no estaba mal, pero para un guerrero era bastante pobre.
Le prestó sus guantes y sí hubo una diferencia. Incluso le enseñó la forma adecuada de encerar la cuerda para hacerla más flexible y menos dura. Cuando consiguió un par de tiros apropiados, Childe y Paimon aplaudieron su esfuerzo.
Para ella, ya era hora de descansar. Childe mismo las llevó hasta la sede y se despidió con un corto beso sobre los labios de Lumine, prometiendo que mañana practicaría más con ella antes de su aventura con Bennet y ese muchacho de aspecto salvaje.
— ¿Childe? —Lo llama Lumine cuando se separan un poco, Paimon se cubría los ojos para darles algo de privacidad. Tenia sus pequeñas mejillas sonrojadas.
— ¿Mh? —Childe abre lentamente sus ojos y se pone derecho, todavía sujetando las manos de Lumine con las suyas.
— Estoy feliz de que hayas venido. —Dice, y la sonrisa tan hermosa que le da hacen que un agradable cosquilleo comience en su estómago. Childe inclina un poco su cabeza y le da una sonrisa igual de grande.
— Yo también. Ahora ve a descansar, yo tengo qué salvar a mi maestro de esos dos borrachos.
Lumine se ríe en voz bajita y asiente.
— ¿Nos veremos mañana?
— Por supuesto, vengan a desayunar con nosotros. —Invita, sus manos se sienten vacías cuando Lumine quita las suyas.
— Ahí estaremos.
Cuando Childe regresó a la taberna, encontró un caos. Realmente. Zhongli de inmediato se puso de pie al verlo y se escondió tras su espalda, incluso tomó su capa para esconderse. Como si fuera sencillo ocultar a un hombre tan fornido y alto como lo era él. Venti de inmediato lo sigue de cerca, colgándose de su espalda ni bien lo encuentra.
— ¡Zhongliii! ¡Solo una máaaaaas!
— ¡No! Ya has bebido suficiente, bardo borracho. —Zhongli sujetaba en alto lo que sería la sexta botella de licor para Venti, quien extendía sus manos hacia el cielo para intentar alcanzarla. Childe se apartó al instante en que la botella se inclinó un poco y derrama algo del licor sobre el suelo. ¡Su traje! Podía ver que ya era un poco tarde para Zhongli, tenia un par de manchas de Vino en las mangas y el cuello del suyo, incluso sus mejillas estaban levemente rojas. Al final Venti ganó, huh. — Deberíamos irnos ya.
Kaeya, quien aún seguía sentado en la misma mesa, se ríe al verlos y se pone de pie con otra botella a medio terminar.
— Puedes tomar de esta si quieres.
— ¡Pero esta tiene más! ¡Ah, la estás tirando!
— A ver. —Childe se estira un poco y consigue quitarle la botella a Zhongli, Venti tiene razón. Pesa, está casi completa. Pero no se la da al bardo como esperaba, sino que la lleva a su propia boca para beber un trago grande. Venti gimió, una queja por tal traición.
— ¡Eso era mío!
— Yo la pagué. —Dijo cuando fue suficiente, el alcohol lo golpeó un poco, pero ni siquiera con eso dejaba de sentir ese cosquilleo en su estómago. Era tan cálido y agradable. Suspira y se recarga un poco en Zhongli, quien de inmediato lo sujeta. — Pega fuerte. —Murmura en voz baja, haciendo que el arconte geo enarque una de sus cejas.
— ¿El vino?
— El amor.
— El amor… —Comienza Kaeya, por fin llegando hasta ellos. — …es un sentimiento fuerte, sin duda. Si quieres hacerlo más fuerte, sigue bebiendo de esa botella. —Anima, con un rostro aparentemente amable y amistoso. — ¿Te vas a unir a nosotros?
— No es tan fuerte como el de Snezhnaya.
Esa frase hizo que toda la taberna se callara al instante, inclusive Rosaria y Diluc, quienes hablaban en la barra, voltearon a verlos en ese instante. Diluc especialmente. Deja el trapo húmedo y una copa sobre el mostrador y se acerca a ellos, con una clara mirada de superioridad. Kaeya desvió la mirada hacia un feo cuadro de decoración, pero la sonrisa delataba cuán divertido se sentía realmente.
— ¿En serio? —Cuestiona Diluc.
— ¡El vino de Mondstadt es mejor! —Gritó un aventurero en la taberna, y un coro de "Sí" lo siguió. Childe comenzó las olas, ahora le tocaba enfrentarlas. Pronto un círculo se hizo a su alrededor, con Diluc al frente de todos ellos. Era simple, beberlo todo. Era más un reto, una muestra de superioridad. Pero él no se dejaría intimidar.
— Honestamente, ¿qué clase de hombre hace vino y no lo prueba? Es muy suave todavía.
Kaeya, amando un poco ver a su querido hermanastro en aprietos, robó una botella nueva de una mesa cualquiera y se la lanzó. Diluc la atrapa en el aire, visiblemente irritado por la provocación. ¿Sería prudente? Esto no era meterse en problemas, ¿cierto? Los ojos azules de Childe lo veían fijamente, le devolvió el reto.
— ¿Crees que lo haga? —Pregunta Venti, tenía su rostro recargado sobre uno de los hombros de Zhongli y miraba la escena con ojos cansados.
— Espero que no. —Responde el otro arconte. Pero supo que era una pelea perdida cuando Diluc destapó la botella de vino y bebió a la par que Childe.
— Maldita sea, ya váyanse todos de mi estúpida taberna…
— Cuida esa boca. —Kaeya ríe en voz alta, sujetando bien a Diluc cuando lo siente pesado de pronto. El pelirrojo estaba recargado contra el cuerpo del moreno, con la cabeza casi colgando de lo pesada e inflamada que la sentía. Ni siquiera podía abrir sus ojos, solo podía quejarse y gruñir. Kaeya lo sujetaba con un brazo sobre sus hombros y otro por la cintura, era la única forma en que su hermanito no caería.
Fue una batalla épica, pero el ganador no había quedado muy claro. Aunque sí podía verse que Childe no estaba tan mal, él si podía mantener sus ojos abiertos y esa sonrisa burlona en sus labios. Aunque a Childe lo tenía sujeto por la cintura y cerca de su cuerpo, a Venti tan solo lo tenía agarrado por la capa. Hacía rato que había perdido la consciencia y solo dormía, no puede quejarse del poco cariño que el arconte geo demuestra al llevarlo de esta forma.
— ¿Admitirás la derrota?
— ¡Nunca! Agh, maldición. —Diluc se lleva una mano a la frente, le punzaba tan fuerte. Estúpido alcohol. Si no fuera por Kaeya, posiblemente estaría recargado contra una pared pero no en el suelo, su orgullo no lo dejaría. — Los Fatui solo causan problemas, se lo dije a Jean…
Childe y Kaeya se ríen, uno por una extraña ternura y el otro por la victoria.
— Pelearás con él luego, te llevaré a tu mansión.
— Maldición, tu suéltame. No me agradas.
— Como digas… Caballeros, es suficiente para nosotros por hoy. —Kaeya inclina un poco su cabeza a modo de despedida. — Gracias por darme una noche tan divertida.
Lo decía con sinceridad, hoy pudo ver toda clase de expresiones vergonzosas de su hermanastro. Enserio la pasó bien.
— Tengan cuidado en el camino… —murmura Zhongli, y Kaeya solo levanta una mano en el aire en señal de que escuchó, pero no dejó de caminar. Diluc hacia su mejor intento por caminar también, pero más parecía que arrastraba sus pies y daba brincos torpes cuando eso pasaba. No esperaba humillarse tanto.
Cuando se perdieron de la vista de ambos, Childe finalmente pudo quejarse en voz alta del maldito dolor de cabeza que estaba sintiendo. Se sienta pesadamente en el suelo de la calle y se sujeta la cabeza con sus dos manos, pero aun así se estaba riendo.
— Ah, maldición. El sabor es tan suave que ni siquiera sientes cuánto alcohol estás tomando realmente. No sé cómo pude ganarle…
— ¿Qué hacemos con él?
— ¿Ah? Ah, él. No lo sé, dámelo. Lo tiraré en el puente. Ya quiero irme a dormir, maldición. Podría beberme el mar ahora mismo.
Paimon y Lumine hacen una mueca cuando ven que Childe deja caer el huevo crudo sobre su jugo de naranja. ¿Qué clase de combinación era esa? Incluso lo revolvió y se lo bebió sin siquiera pestañear. Childe deja el vaso vacío sobre la mesa y suspira pesadamente, acariciando su sien con una mano.
— ¿Estás bien, Childe?
— No te ves muy bien…
— Estaré mejor pronto, tal vez. —Responde sin abrir sus ojos, tenia sus cejas fruncidas y una mueca de fastidio que no podía esconder con su peculiar encanto. Al menos no por ahora. — Me duele la cabeza… Maestro, ¿por qué no me detuviste?
— Eres lo bastante grande como para saber cuándo algo está mal. —Regaña suavemente Zhongli, llevando la tostada con mermelada hasta su boca. Él no parecía afectado en lo absoluto, usaba ropa prestada de cortesía de Childe pues su traje… bueno, había que limpiar las manchas de vino.
— ¿Estarás bien para salir hoy? —Pregunta Lumine, inclinándose sobre la mesa hasta que su mano toca la frente de Childe. Caliente, pero no era fiebre. Era tan solo una cruda. — ¿Debería decirle a Razor y Bennet que no irás?
— No, ya le dije a Sacarosa que le daría a Albedo estas instrucciones…
— Iré con él, estará bien. —Tranquiliza Zhongli, pero su sonrisa no dejaba tranquila del todo a Lumine.
De todas formas, cuando los dos aventureros llegaron no pudo sino despedirlos y desearles suerte. Ella no podía ir, pues tenía pendientes con Venti todavía con el asunto de los poemas. Se encontraba en la plaza frente a la catedral mientras ella y Paimon saboreaban un batido, ya todos los estudiantes estaban aquí pero el bardo…
Se tomó su tiempo, pero cuando apareció frente a Lumine lucía molesto y, ¿mojado? De pies a cabeza, buscaba a alguien a su alrededor.
— Viajera… ¿dónde está tu novio?
— Fue a Espina Dragón con Zhongli.
— Bardo de pacotilla, ¿por qué estás mojado y… por qué hueles tan mal?
Lumine no quería decirlo, pero era algo fuerte. Venti refunfuñó algo que no pudieron entender.
Pasó toda la tarde hasta que pudieron verse de nuevo. Childe tenía ambas manos ocupadas cargando tantos artefactos como podía, como el único hydro del equipo parecía realmente contento de quedarse con todo. ¿Habrá conseguido algo bueno? Parecía que sí. Zhongli venia cruzado a su lado, de brazos y conversando con el muchacho del mandoble llamado Razor.
Lumine, quien hablaba con Venti en ese momento, se quedó callada y el bardo al instante supo por qué. Venti corrió hasta los chicos gritando algunas cosas extrañas. ¿Puente? Childe se reía y esquivaba cada golpe que le intentaba dar, aunque alguno de sus artefactos cayeron al suelo. Zhongl los recogió uno por uno con paciencia, tranquilizando al otro arconte. Finalmente Lumine y Paimon se acercan.
— ¿Cómo estuvo Espina Dragón?
— Fría. —Murmura Bennet, tocándose un hombro y moviendo un poco su brazo hasta hacerlo tronar. Lucía cansado.
— Lumine, bueno. —Contestó Razor, tenia el mandoble recargado sobre sus hombros y una mano en la cadera. — Yo entrenar. Mucho. Colmillos más fuertes. Mh.
— ¡Eso es increíble! —Exclama Paimon, flotando alrededor de Razor. No sabe exactamente cómo tomarse el halago, pero sí siente una pequeña sensación de orgullo.
— Te ayudaré con eso… —Lumine se acerca a Childe y sujeta la mitad de esos artefactos. ¿Tan bien les fue? Siente envidia, le habría gustado ir. Pero era hora de despedirse. Venti se haría cargo de eso, pero aun parecía algo molesto.
— Volver a casa. Amigo, gracias. Gracias. —Agradeció primero a Bennet, quien se rió y dijo que no era nada mientras le daba un par de palmadas en el brazo. Luego repitió el agradecimiento para Childe, quien asintió en respuesta. Fue el primero en retirarse, dándose la media vuelta y saliendo de la ciudad de Mondstadt. Lumine se preguntó si volvería al reino de los lobos. Muy seguramente sí.
Entonces fue el turno de Bennet, quien pone su pulgar arriba con una mano y la otra la pone sobre su cadera.
— ¡Eso fue divertido! Tenía mucho tiempo de no salir de aventuras con un grupo completo. Muchas gracias, Childe. ¡Señor Zhongli, nos veremos pronto!
— Cuando quieras. —Childe se despediría con la mano, pero aún tiene las suyas un poco ocupadas.
— Ten cuidado de regreso. —Contesta Zhongli.
Bennet estaba casi subiendo las escaleras cuando decidió hacerlo. Se detiene en seco y se da la media vuelta, levantando ambas manos al aire en forma de puños. El acto llama la atención del pequeño grupo, quienes lo miran con atención.
— ¡Aventura es aventura!
— ¡Sí!
Bennet se rió cuando Childe le hizo segundas, agarrando los artefactos como podía con un solo brazo para levantar su mano libre también al aire. El chico al final se retiró con una sonrisa y la sensación de que había sido uno de los mejores días de su vida. La mirada que Lumine le dio a Childe en ese momento, tan brillante y feliz, lo hicieron sonreír torpemente.
— ¿Qué?
— Encajas.
Un agradable cosquilleo en su estómago otra vez, últimamente siempre que Lumine le sonreía o le daba esa mirada se sentía así. Las mejillas de Childe se pusieron rojas, no contestó. Parecía tan manso que hasta el mismo Zhongli pensó que lucía adorable así.
El arconte geo le da un pequeño golpe en la espalda al arconte anemo, quien voltea a verlo no sabiendo bien lo que quería. Se acercan a los dos muchachos y Zhongli carga con los artefactos en manos de Childe.
— Toma esos. Vamos a dejarlos en el hotel por ti.
Venti, a regañadientes, toma los artefactos de manos de Lumine e infla sus mejillas con algo de reproche. ¿Por qué tenía que ayudarlo? Ese bastardo lo dejó en el puente toda la noche…
¡Era cierto! El plan de Lumine, se lo había contado a Venti cuando terminaron con los deberes. Pero aún así, ¿por qué tenía que ayudarlo?
— Gracias, señor Zhongli. Venti, te lo encargo, por favor.
Paimon pone sus pequeñas manos tras su espalda y con bastante calma, levita hasta ponerse entre Zhongli y Venti. Ya era hora, anochecería pronto.
— Que les vaya bien. ¡Nosotros nos vamos!
Paimon toma la manga de la chaqueta de Zhongli y también, la capa del bardo para llevárselos a rastras. Childe se ríe ante la cara de su maestro, tan confundido. Venti parecía resignado. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso Lumine y Paimon idearon algún plan para secuestrarlo? Lumine lo toma de la mano y lo anima a caminar hacia afuera de la ciudad.
— Vamos.
El camino no fue para nada aburrido, ambos estaban inversos en su conversación. Barbatos bendecía la noche con una brisa fresca, ¿será que vio que Lumine le dejó una botella de regalo por su ayuda y por eso se contentó?
Hubo un punto en donde Childe lucía confundido, mirando su alrededor. ¿Iban a subir?
— No me trajiste aquí cuando vine la primera vez.
— ¿Cómo hacerlo? —Lumine hace un sonido con los labios, parecido a un resoplido. — Pasaron tantas cosas, acababas de pelear con el señor Diluc… —Childe hace una mueca ante el recuerdo. — Y luego regresamos a Liyue en esa misión. —Sin mencionar también que su relación, en ese momento, no era tan estrecha como lo era ahora. — Ven, Noelle me contó de este lugar hacia poco. Estaba ayudándola a buscar lugares para citas. —Explica.
— ¿Oh? ¿Entonces me trajiste a una cita? —Su buen humor se hace más evidente, de nuevo estaba ese tono risueño y coqueto.
Lumine enarca una ceja. ¿Lo duda? Llevaban un buen rato caminando juntos, tomados de la mano y obviamente a solas. Pero quería escucharlo, lo sabe por esa mirada juguetona. Finge un rostro de seriedad.
— Sí, Childe. Esto es una cita.
La viajera se sintió conmovida cuando el heraldo, en lugar de alardear como haría normalmente, decidió darle una pequeña sonrisa sincera y apretar un poco más su mano. Aunque la luz de la luna era suave sobre ellos, podía ver que tenía las mejillas rojas. Childe era realmente lindo cuando quería.
Casi llegaban a la cima, pero Lumine deja de caminar al ver que, de hecho… no eran la única pareja aquí… No eran demasiadas, apenas tres parejas acomodadas en diferentes lugares de la cima. Noelle le dijo que este lugar era popular pero esperaba que por el festival estuviera un poco solo. Puede ver que no es el caso. Frunce un poco las cejas, ¿no seria algo vergonzoso con tanta gente? No sabia si para Childe sería así, pero para ella…
— ¿Señorita?
La voz de Childe la saca de sus pensamientos. Lumine levanta el rostro, confundida. Pero no puede evitar mostrar un rostro un poco irritado. Childe adivinó sus pensamientos fácilmente y alzó ambas cejas, sonriendo.
— ¿Te incomodan?
— No… —no iba a admitirlo, tal vez no era muy agradable. Pero entonces se mordió el labio y Childe entendió.
Lumine conocía esa mirada, y no estaba segura de si debería tener miedo cuando el Fatui soltó su mano y retrocedió unos pasos de ella.
— Toma tu espada. Vamos a divertirnos un poco. —Invita, y cuando saca su arco el gesto de Lumine se deforma un poco en una mezcla entre miedo y sorpresa. — Sh… —susurra antes de que si quiera dijera algo. — Nadie saldrá herido, lo prometo.
— ¿Childe?
¿Por qué te pones la máscara?
No permitiría que su cita con Lumine se arruinara, simplemente era inaceptable. Su capa comenzó a ondearse con la energía hydro y electro que brotaban de su visión, el cuerpo del heraldo se levanta unos pocos centímetros del suelo y fue ahí, frente al rostro sorprendido de Lumine, que se transformó en el onceavo heraldo de los Fatui, Tartaglia. La energía era tan fuerte que no pudo evitar retroceder unos pasos y sacar su espada, tal como lo pidió. ¿Lo decía en serio, realmente no iban a lastimar a nadie? ¿Esto estaba bien? Se cubrió la cara con ambos brazos al frente suya en forma de cruz, sus nudillos estaban casi blancos por la fuerza con la que apretaba su espada.
El estruendo terminó llamando la atención de las parejas, los gritos comenzaron. Algunos salieron corriendo de inmediato, gritando que qué diablos era esa cosa. Tan solo una señorita se quedó sola, temblando de miedo.
— ¿¡Qué es eso!?
— ¡Es la caballera honoraria!
— ¡Sálvanos!
¡Ese tonto!
Era una idea muy estúpida, pero ya estaba en esto también. Ya no había de otra. Lumine blandió su espada tal como Childe lo pidió y señaló a Tartaglia. ¿Dijo que no iba a lastimarlos, verdad? El enorme ojo de Tartaglia siguió con la mirada a los pueblerinos que corrían colina abajo con prisa, incluso vió con paciencia como la pobre señorita que fue abandonada caminó, a tropezones, por detrás de Lumine para huir con el resto.
— ¡Vuelvan a Mondstadt, yo me encargaré de esto! ¡Corran, corran!
Corrían algo lento para su gusto. La gigante lanza electro de Tartaglia impactó contra el suelo, pesada. Lumine lo esquiva con bastante facilidad, en realidad el golpe ni siquiera iba hacia ella sino al suelo. El fuerte retumbar del impacto ganó un nuevo coro de gritos, la estruendosa risa del heraldo se escuchó por toda la zona. No solo eso, también corrieron con más prisa. Alguno que otro caballero se cayó, ojalá uno de esos haya sido el desgraciado que dejó a la señorita sola.
Lumine esperó a que la mayoría estuviera casi a los pies de la montaña antes de girarse hacia Childe y gritar:
— ¡Tonto!
El enorme heraldo la observaba fijamente con ese gigantesco ojo, había encajado la lanza en la tierra y ahora estaba cruzado de brazos con tanta calma. ¡Sin vergüenza! Lumine lanzó su espada hacia la cabeza de Tartaglia, el mango lo golpeó y el sonido metálico se escuchó antes de la estruendosa risa del heraldo, tan bien se sentía que incluso inclinó la cabeza hacia atrás y exclamó a los cuatro vientos:
— ¿¡Viste sus caras!? ¡Oh, no! —Tartaglia de pronto se encorva hacia ella. Ese enorme ojo púrpura daba demasiada luz, Lumine cerró uno de sus ojos y le puso la mano sobre la máscara en un acto reflejo. — ¡Caballera honoraria, sálvanos! ¡Sálvanos, no podemos hacer nada!
Pero se da cuenta de que su risa no estaba siendo acompañada. Al fijarse mejor, Lumine parecía más bien… molesta. Estaba cruzada de brazos otra vez y lo veía con esa bonita mueca. Tartaglia inclina la cabeza, su risa también se detuvo.
— ¿No te pareció divertido? —Preguntó, la inocencia de su tono hizo que Lumine frunciera más sus cejas.
— ¡Nos meterás en problemas! Llegarán hasta Mondstadt y pedirán ayuda. ¿Y quienes vendrán? —Pregunta ella con un tono algo áspero, impactando su pie derecho sobre el césped en un gesto de molestia que hizo que Childe pensara en los conejos. Tartaglia era el triple de alto que Lumine, era enorme en todos los sentidos. Y aún así, ella podía gritarle así sin sentirse mínimamente intimidada. En serio esa era su chica.
— Pero tenemos tiempo antes de que eso suceda, ¿no? Ah…
El maestro Zhongli se enojará.
Tal vez no lo pensó muy bien, pero no iba a admitirlo en voz alta. Lumine cierra sus ojos cuando una cegadora luz emana del heraldo, y al volver a abrir sus ojos encuentra a Childe hincado con un gesto de molestia. Tal vez estaba molesta, pero ni siquiera ella tenia un corazón tan duro. De inmediato va hacia él para ayudarlo a incorporarse, aunque para su grata sorpresa no era tan lamentable como había visto ya en el pasado. Seguramente se debía a las pociones de Albedo. Pese a todo, Childe seguía riéndose de forma floja mientras caminaba con Lumine colina arriba.
— ¿Cómo pueden tener como novio a chicos tan débiles? Debieron quedarse y al menos tratar de protegerlas, o ayudarte. Pero prefieren dejárselo a una señorita tan linda.
En eso Lumine estaba parcialmente de acuerdo. Ella era la caballera honoraria, después de todo. Y había humanos sin visiones que tenían más problemas para defenderse de esta clase de cosas. Sí sentía algo de lástima por esa chica a la que abandonaron. Tomaron asiento justo en la cima del cabo del juramento, ¿era esto lo que deseaba, no? Era un buen lugar, Childe nunca había venido aquí. Childe se sienta a un lado de ella, todavía quejándose en voz baja.
— Les hice un favor haciéndoles ver la basura de compañero que escogieron. Pero supongo que no todos tienen tanta suerte como nosotros.
— ¿Sigues con eso? —Lumine sonríe y abraza sus piernas contra su pecho, dedicándole una mirada. — No hables de otros, ahora que por tu culpa tenemos el tiempo contado, al menos disfruta la vista conmigo por un rato.
Ese tono de reproche no pasó desapercibido, pero lejos de ofenderse Childe solo se ríe en voz baja. Está bien, mensaje entendido. Recarga su cuerpo suavemente en el de Lumine, así como ella se recarga en él, y dirige su vista hacia el cielo. Era tan claro, tan limpio de nubes. Podía ver todas esas estrellas en la lejanía, pero se sentía como si estuvieran tan cerca. ¿Si estira su mano, podría alcanzarlas? Pero él ya tenía a la suya. Al bajar la mirada, podía ver el rostro brillante de Lumine cuando se acurrucó a su costado, incluso sujetó su brazo con las dos manos.
— ¿Querías traerme aquí para ver esto, señorita?
— Sí… —Suspira Lumine, aunque sus ojos eran de un color bastante clarito y lindo, Childe podía ver las estrellas en ellos. — ¿No es hermoso, Ajax?
Childe entrecierra sus ojos cuando una agradable sensación pesa sobre su estómago, era eso de nuevo. Sus ojos brillaron con algo de alegría. Dijo su nombre, huh. Su verdadero nombre. Childe miró el cielo unos segundos más, pero no pudo evitar volver a ver a Lumine.
— Muy hermosa. —Admitió.
¿Hermosa?
Lumine se muestra confundida unos segundos. El fatui toma una de las manos de Lumine y la sostiene en alto mientras se inclina hacia ella. Cuando la viajera voltea a verlo, se encuentra con su repentina cercanía y sus mejillas se ponen rojas al instante pero no deseaba apartarse. Al contrario, Lumine cierra sus ojos y espera…
Childe no se hace de rogar, sujeta el mentón de Lumine para hacerla levantar un poco más su rostro y acaricia con sus labios el perfecto y suave par de Lumine en una caricia. Es Lumine quien termina separando un poco sus labios para besarlo. Era tal como la situación, tranquila y hermosa. Tal vez era demasiado cursi, pero Childe sentía como si estuviera en el lugar correcto ahora mismo. Y Lumine sentía exactamente lo mismo. Cuando el beso termina, no se apartan sino que Lumine busca un lugar en el pecho de Childe al abrazarlo, y él la acerca a su cuerpo con una mano sobre su espalda y un poco de presión.
— Te extrañé, Ajax…
La sinceridad de Lumine aún podía tomarlo por sorpresa. Childe recarga su mentón sobre la cabecita rubia y sonríe.
— Yo también te extrañé, señorita.
La abrazó por la cintura y se mantuvieran cerca por un rato. Conversaban, en voz baja, sobre las cosas que habían estado haciendo en las últimas semanas luego de que sus caminos se separaran. Lumine no tenia muchas novedades sobre la búsqueda de su hermano, había estado ocupada con las tareas diarias y eventos en Mondstadt para conseguir mejores ingresos para su viaje. Childe, por otro lado, había estado trabajando en el banco y junto a los Fatui, escuchando quejas ir y venir de los otros heraldos. Burlas incluso, pero eso no se lo dijo a Lumine. Ahora su reputación como Fatui era cuestionable, tal vez él no era el más cruel pero… era innegable que era de los más fuertes, y honorables. Aunque los otros Fatui ajenos a su equipo lo evitaran, al menos su equipo lo respaldaba. Eran leales, sin duda.
— ¿En serio están tan molestos porque viajes conmigo?
— Viajar es uno de los motivos, sí. —Childe hace un ademan con su mano, restándole importancia. No le interesaba mucho lo que pensaran. El primero ni siquiera había dicho algo. Childe la suelta para moverse un poco, terminó recostado sobre el césped y recargando su cabeza en el regazo de Lumine. Buscó en su rostro algún gesto de desaprobación pero no lo encontró, en realidad Lumine estaba cómoda así. Su mano va hasta la cabeza de anaranjados cabellos para acariciar un poco. La caricia era relajante. — En general, es por lo nuestro.
— Lo nuestro… —repite Lumine, y Childe asiente. Lucía tan cómodo y feliz, como si fuera un gatito buscando más caricias por la forma en que restregaba su rostro a Lumine.
Por unos segundos, los recuerdos de lo que los otros heraldos dijeron vuelven a su cabeza. Pero no era el momento de pensar en eso. Childe abre sus ojos lentamente y mira de nuevo hacia el cielo, dejando sus manos entrelazadas sobre su estómago.
— No sabia si iba a funcionar al inicio.
La repentina declaración de Lumine lo hace volver a verla. Pero ella no podía verlo luego de admitir eso, no sabía cómo iba a reaccionar Childe.
— No te culpo por pensarlo, yo tampoco.
Pero lejos de molestarse, parecía tranquilo. Lumine baja el rostro un poco para verlo. Él le está sonriendo, tan tranquilo. El corazón de Lumine se acelera, también le sonríe.
— Cuando descubrí que eras un enemigo en la Casa dorada, pensé que todo había terminado. Me agradabas antes, me ayudaste cuando necesitaba ayuda. Pero estabas dispuesto a herirnos a Paimon y a mí, no podía perdonártelo.
— Mh…
— Pero luego llegaste a ese restaurante, con todas esas preguntas tan extrañas sobre si era tonto o no tener a alguien a quién proteger. Sobre la fuerza y el señor Zhongli.
— Y luego ocurrió nuestra primera cita.
— Un desastre. Te dejé esperando en la lluvia
Ambos jóvenes ríen a la par, el recuerdo tenía un sabor divertido pero también, dulce. No fue mala del todo.
— Sabía que irías, así que está bien. Eres demasiado amable, si decidías no ir la culpa iba a matarte tarde o temprano.
Suena tan seguro de sí mismo, era irritante pero Childe tenía razón. Lumine enreda uno de los cortos mechones naranjas en su dedo y lo estira un poco a modo de castigo, Childe apenas se queja y luego se burla otro poco. Si hace eso en lugar de contestarle es porque le da la razón, ¿o no?
— No me arrepiento.
— ¿De?
— De haber ido. Gracias a eso pasó todo lo demás.
Childe alza ambas cejas y sonríe torpemente. ¿Lo decía en serio? Se sienta de golpe, sorprendiendo a Lumine quien se sobresalta al verlo de repente tan emocionado. Childe se gira un poco y toma las dos manos de la viajera, sujetándolas en el aire.
— ¿Lo dices en serio?
— Por supuesto, ¿tú te arrepientes?
— ¡Para nada! —Se apresura a decir.
Pero había tenido dudas tan extrañas todo este tiempo, sobre si su presencia resultaría una molestia o no para Lumine en el futuro. Sobre si valía la pena vivir algo tan claro y sincero con ella si después, podría ser abandonado por Lumine cuando algo malo sucediera. Pero estaba pasando, a sus espaldas. Prácticamente desde que comenzaron, y no parecía que ninguno deseara abandonar esto entre ellos. La felicidad que siente al saber que Lumine lo aceptaba no puede describirse con palabras. ¿Cómo llegó hasta su corazón? Viendo el pasado tal vez resultaba obvio, pero era una sensación tan increíble la que siente que no podía creérselo todavía.
Pero para Lumine, su expresión comenzaba a generarle dudas. ¿No reaccionó algo exagerado? ¿Estaba… mintiéndole? Curvea sus cejas hacia arriba y su sonrisa se opaca un poco. Al darse cuenta, Childe le sujeta el rostro con las dos manos y comienza a llenar su linda carita con pequeños besos.
— ¿Ajax?
— No me malinterpretes, estoy feliz.
Su tono alegre, su agarre tan dulce y los pequeños besos la hacen volver a sonreír. ¿Era así? Recarga su cabeza en las manos de Childe y se deja hacer, riéndose cuando le besa la nariz.
Finalmente ve esa linda sonrisa otra vez. Le sujeta las manos de nuevo y se sienta sobre sus muslos frente a Lumine. Se miran por unos segundos en completo silencio hasta que Lumine decide hablar.
— Tenemos una promesa, ¿no? Me pediste que te ayudara a derrotar a los Fatui y eso haré. Los derrotaremos a todos, juntos. —Comienza, haciendo que Childe se pregunte por qué lo dice tan de repente. — Lo repito ahora mismo aquí, en el cabo del juramento.
—¿Cabo del juramento? —Repite Childe, confundido. Pero no se tardó mucho en enlazarlo todo. Parejas, un lugar alto y cerca del cielo, juramentos… Este era un sitio para parejas, para que las parejas se prometieran cosas específicamente. ¿Eso era lo que hacían? Los grandes ojos de Lumine lo observaban con atención, esperando una reacción que no tardó en llegar.
Childe se cubre medio rostro con una de sus manos, sus mejillas le ardían de lo caliente que estaba su cara en este momento. ¿En qué clase de trampa adorable cayó hoy? ¿Lo trajo aquí para decirle este montón de cosas vergonzosas? La mirada brillante de Childe y la forma en que evitaba verla era demasiado adorable para ella, Lumine lo llama con suavidad y cuando él le dirige la mirada de nuevo, ella le sonríe.
— Las promesas… son muy importantes para mí, señorita.
— Algo oí. —responde ella, su sonrisa se hace un poco más pequeña y linda, dulce. — Escuché sobre un hombre que le dijo a un viejo arconte lo mucho que se esfuerza para cumplir las cosas que promete, así que solo jura cuando está realmente seguro de que va a conseguirlo. Si tú me prometes algo ahora… —Los párpados de Lumine caen suavemente, solo un poco. Esos ojos entrecerrados eran solo una trampa, Childe ya lo sentía. — …sabré que se hará realidad.
Prometerle algo a Lumine… Bueno, prometió que no dañaría a esos pueblerinos y no lo hizo. En toda su aventura se ha dicho que no lastimar a Lumine era imposible, ya que no sabía lo que el futuro les aguardaba. No siempre iba a depender de él, así que eso era igualmente imposible. Esos ojitos miel lo estaban esperando, tan esperanzados. Confiaba en él, podía verlo. Y estaba tal vez más enamorada que el propio Childe. ¿Qué sería apropiado? ¿Qué era lo que Lumine más deseaba en el mundo que él podía hacer por ella?
Lo sabía. Al sentirse listo, pasa su lengua por sus labios para humedecerlos y vuelve a sujetarle las manos con confianza.
— Estaré contigo por todo el tiempo que me lo permitas. Me esforzaré por ser un buen compañero, ¡el mejor de todos! Un gran aventurero, como tú. Seré el hombre en el que puedas confiar.
La pausa que hizo fué para ver la reacción de Lumine. Parecía contenta, feliz con su decisión de acompañarla en su viaje por Teyvat. Pero esto no era todo lo que tenía para decir, antes de que ella contestara Childe levanta una mano y posa su dedo índice sobre esos bonitos labios para callarla. Lumine estaba confundida, pero calló y esperó. La mirada de Childe cambió en ese momento, de dulce a seria. Ella lo merecía.
— Encontraremos a tu hermano, y lo haremos pronto.
Lumine contiene su respiración, ¿su hermano? No esperaba escuchar sobre él en este momento. Su rostro sorprendido no pudo disimularse, tampoco el temblor de sus manos entre las de Childe.
— Yo-
— Lo encontraremos y lo traeremos de vuelta así sea a rastras. —Prometió, pero su encantadora sonrisa cedió cuando los ojos de Lumine se cristalizaron en un instante.
Para Lumine, éste era un tema delicado del que evitaba hablar por cómo la hacía sentir. No lo deseaba, en serio no, pero su risa poco a poco se fue deformando en un amargo llanto que disparó las alertas de Childe quien de inmediato sujetó su rostro y la llamó, pero ella no pudo contestar. ¿Contaba con Childe? ¿Realmente le acababa de prometer que lo lograrían? Tal vez eran palabras, pero para ella significaban mucho. Casi nadie aquí se había ofrecido a ayudarla tan directamente, estaba… tan cansada de intentar e intentar y no encontrar nada… de ayudar a todos y que nadie la ayudara a ella. Lumine se lanza a los brazos de Childe, ocultándose en su pecho.
Por más cosas que él pudiera decirle ahora, esto era algo que necesitaba. Y cuando Childe lo comprendió finalmente pudo abrazarla y sostener sus sentimientos por ella. No tenia que hacerlo todo sola. Guardó silencio y la abrazó con fuerza, si lo que necesitaba ahora era esconderse y sentirse protegida, así sería. Una mano sobre su cabeza repartía caricias suaves, la otra sobre su hombro le daba el apoyo que Lumine necesitaba ahora mismo.
Meses habían pasado, meses en donde su propia vida estuvo en riesgo en más de una ocasión. Meses en donde no había sabido absolutamente nada de su mellizo, de si estaba vivo o no, de si la estaba buscando como ella lo hacía. Cuando Childe veía abajo, no encontraba a la implacable aventurera que no le temía a nada sino a una chica frágil y triste, pero también esperanzada y emocional. ¿Cuánto había soportado hasta ahora? Siempre sonriendo, manteniéndose optimista y siempre tomando el liderazgo. El llanto de Lumine era tan lastimero, tan agrio y triste. Escucharla estaba fracturando su corazón de una forma que nunca sintió, sentía su tristeza. Childe pegó sus labios a la frente de Lumine y la besó una y mil veces.
— Eres tan valiente…
Lo era, tan valiente por haber aguantado estos sentimientos tan pesados por todo este tiempo. Sus palabras hicieron eco en la mente de Lumine, ¿lo era? Estaba cansada, pensaba que era vergonzoso mostrarse así, pero… al mismo tiempo, sentía como si una carga pesada se estuviera desvaneciendo. El amor que estaba recibiendo estaba sanando un poco su dolor, la incertidumbre era una sensación que tal vez no se iría en un tiempo pero justo ahora…
— Eres tan amable, Lumine.
Su voz fue haciéndose más y más baja, Childe continuó con las tiernas caricias en su cabeza por un rato más. Ya no lloraba, pero no quería salir de su escondite. Y él tampoco iba a obligarla. La miraba con un cariño infinito, aunque ahora sus mejillas estaban rojas y húmedas, para él era hermosa.
— Seguramente cuando nos reunamos, querrá patearme el trasero por estar contigo. ¿No será divertido? —Pregunta, tentándola a propósito con la intención de hacerla reír. — Bueno, al menos para ti.
Por fin escucha la pequeña risa de Lumine otra vez. Ella se mueve un poco y descubre su rostro por fin, lucía cansada pero feliz. Aunque también algo tímida. Childe alza sus cejas y le sonríe de vuelta, feliz por verla un poco mejor.
— Quiero eso.
— ¿Patearme el trasero? —Childe alarga su sonrisa.
Lumine vuelve a reírse, esta vez un poco más animada. La viajera niega con la cabeza segundos después.
— Ver a Aether enojarse porque ahora tengo una pareja.
— ¿Ese es su nombre? Aether… —Repite, cerrando sus ojos por unos segundos. Cuando los abre, su rostro entero rebosaba de confianza. — Ah, nuestras batallas serán legendarias.
Era una tontería, el mismo Childe se reía de ello junto a Lumine. Aprovechó la oportunidad para sujetarle el rostro y limpiar los rastros de lágrimas con sus dedos pulgares. Le ordenó el cabello de nuevo y finalmente asintió.
— Listo, hermosa.
Antes de que se apartara, Lumine levanta sus manos y atrapa las de Childe en su rostro. Él la mira, curioso.
— Te quiero, Ajax.
De nuevo esa bendita sinceridad lo golpea con fuerza. No esperaba una confesión ahora, ¿qué rostro poner? Cualquiera sería bueno en este momento, pero escogió tal vez el peor de todos… Su sonrisa torpe se dejó ver, tan extraña y vergonzosa. ¿Lo quiere? Dijo que lo quiere, lo quiere… Era una sensación tan diferente a cuando uno de sus hermanos se lo decía, esto era cien… ¡Mil veces más vergonzoso! Pero también se sentía emocionado.
— Dilo otra vez.
La petición la toma por sorpresa, pero pronto se recupera y sonríe de nuevo. Lo hará.
— Te quiero, Ajax.
— De nuevo.
Lumine se ríe, pero asiente. Está bien.
— Te quiero, Ajax.
— Dilo de nue-
— ¡Tres veces son suficientes!
Childe soltó una carcajada, el rostro de Lumine era el mismo de siempre ahora. Tan enojada y enfurruñada, pero tan feliz y alegre. Las mejillas de la rubia se ponen rojas, ¿qué clase de cosas pedía en este momento? ¿Y ahora se reía? Era tan… ¡Era tan…!
— También te quiero, Lumine.
Tan encantador.
Maldición, la encontró con la guardia baja. Pronto fue su turno de sonrojarse con violencia. Tembló unos segundos, y luego se lanzó hacia Childe. Tal vez era peligroso por lo cerca que estaban del borde, pero Childe no permitiría que cayeran, ¿cierto? La atrapa en sus brazos y se ríe en voz alta, sujetándola con fuerza. Lumine sonrió contra su pecho y cerró sus ojos. La fresca brisa acarició su rostro y sus brazos, llevándose todas aquellas pequeñas dudas que pudiera tener. Childe la abrazaba con fuerza contra su cuerpo, disfrutando nuevamente del cielo desde aquí.
Nota especial de la autora: Este capítulo tiene un fanart hecho especialmente para cierta escena en el Cabo del juramento. Para encontrarlo, por favor visita nuestra página en FB con el mismo nombre de aquí: Comunidad SinJu. ¡Muchas gracias!
