¿El amor es realmente tan fuerte?

- Epílogo -

Cuando Paimon despertó no deseaba moverse, este lugar era tan cálido y cómodo. Incluso el gigante brazo, que pasaba sobre su pequeño cuerpo, no era una molestia. Se gira en su lugar y vuelve a aferrarse al vestido de Lumine, quien entre sueños suspira y la abraza contra ella.

Era perfecto… Paimon restriega su pequeña cabeza en el pecho de Lumine, podría volverse a dormir de lo cómodo que era. Pero Childe tenía otro plan. Levanta a Paimon al sujetarla por su capa. Ella se despierta de nuevo, sobresaltada, y lo mira con ojos curiosos. ¿Eh?

— Me descuido un momento y tú… Pequeña hadita, ¿no estás demasiado cómoda?

— ¿Eh? Pe- Bastaaa, ¡Childe!

Su mano la sacudía de arriba abajo, desordenándole el corto cabello claro. Paimon se asustó al inicio, pero en realidad esto era divertido. Ella podía volar por su cuenta, ¡pero así, sentía cosquillas en el estómago! Su risa consigue la sonrisa de Childe, quien, recostado, sigue así por un rato.

Así eran las mañanas desde aquella noche. Ya habían pasado un par de semanas desde entonces. Ahora podía dormir con Lumine y Paimon sin problema. Y había ocasiones, como esta, en la que molestaba un poco a Paimon. Él estaba despierto desde hacía rato, recostado de lado mientras observaba a Lumine todavía dormir. Pero cuando Paimon se movió llamó su atención, y al fijarse en dónde se restregaba… No era celoso en realidad, pero con ella lo hacía más por jugar. ¿Qué clase de rival era Paimon en el amor? Para él, no era nada. En un buen sentido. La risa de ambos termina por despertar a Lumien, quien abre lentamente sus ojos y mira la escena sin ser todavía muy consciente de lo que pasaba.

Paimon se reía y extendía sus brazos mientras Childe la movía en el aire como si fuera un cometa, ya estaba sentado y la cobija había caído hasta su regazo. Podría pasarse horas viéndolo jugar así…

Paimon finalmente nota que despertó, y al instante extiende sus manos hacia ella. Hace algo de esfuerzo por volar hasta ella y Childe lo permite al soltar su capa.

— ¡Lumine!

— Buenos días. —Saluda Childe, sonriendo de lado cuando la viajera atrapa a Paimon en el aire y la abraza. — ¿Listas para hoy?


— ¿Qué te parece ésta?

Childe toma el papel que Lumine le ofrece y le da una leída rápida. Pero hace una mueca y lo devuelve al tablero, negando.

— Honestamente, hay que ser bastante flojo para pedir como asunto civil oficial dos pedazos de jamón para tu restaurante…

Lumine y Paimon suspira, era el tercero que rechazaba, pero tiene un punto siempre. A veces pedían cosas demasiado tontas. La viajera busco otro y extiende su mano para tomarlo.

— ¿Y que tal este?

Childe se lleva una mano al mentón, pero se frustra cuando lo lee. ¿Por qué siempre pedían ayuda para las cosas más tontas? Era tan solo un Mitachurl, podría derribar a uno de esos con tres flechas bien dadas. Se sentía tentado a rechazarlo también, pero… ya había rechazado varios y seguían donde mismo. Suspira, y al final decide quitar uno a uno cada papelito del tablero hasta dejarlo desnudo.

— ¿Qué haces?

— ¡Las haremos todas! Son demasiado sencillas de todas formas. —Contesta Childe, apilando los carteles sobre una de sus manos.

— ¿Van a llevárselas todas…? —pero pensándolo bien, podría volver a casa temprano para volver a dormir. Yu cubre un bostezo con una de sus manos, sus ojos se cristalizan por el bostezo. —Está bien, pero por favor váyanse ya. Asustan a las personas... —Opina la señorita Yu en voz alta, pero casi se ahoga con su saliva tras ver la gélida mirada azul que le dedica Childe. Está bien, ya entendió el mensaje…

Paimon y Lumine comparten miradas otra vez. ¿Era en serio? Pero luego sonríen, una con alegría y la otra con más determinación. ¡Esa era una buena actitud, Childe!

Era ya de noche cuando los tres entraron a la casa de te más famosa de Liyue. Todos los que los veían se quedaban asombrados por lo que llevaban, y fue el turno de Zhongli de asombrarse cuando, al encontrar la mesa en donde él estaba sentado, Childe deja caer un muy pesado y gordo saco de moras encima. La mesa entera vibró y el arconte tuvo qué tomar la taza para que no se derramara. Ni siquiera él podía creer lo que estaba viendo.

Como si no fuera suficiente, Lumine venia tras del pelirrojo arrastrando otro saco de iguales dimensiones.

— ¡Mire esto, señor Zhongli!

— ¿De dónde…- —Zhongli carraspea, estaba tan sorprendido que su tono sonó algo lamentable. Pero lo arregló pronto y volvió a hablar: — ¿De dónde consiguieron tantas moras?

— ¡Childe y Lumine hicieron todas las tareas!

— ¿Del día? Pero no hay tarea alguna que pueda conseguir estas recompensas…

— ¡De la semana! —Agrega Paimon, visiblemente orgullosa.

La sonrisa de Zhongli se transformó en una risa suave. Era estupendo verlos tan activos, ¿por eso no los encontró en la mañana, cuando los buscaba en el banco? Ahora lo entendía. Le da un sorbo pequeño al té. Recientemente era así, ambos estaban tan ocupados viajando de Mondstadt a Liyue y viceversa que apreciaba mucho cuando tenían oportunidad de visitarlo y de aceptar sus invitaciones para beber.

— Nosotros no las necesitamos, señor Zhongli. Por favor acéptelas.

— No diré que no. Pero por educación debo preguntar, ¿están seguros de eso?

— ¡Pero si acabas de decir que las aceptas!

Los jóvenes viajeros ríen por el reproche de Paimon, aunque el arconte quiera fingir que no la escuchó no podía hacer eso. Bebe en silencio, con sus mejillas un poco rosadas. ¿Pero cómo negarse a un regalo así? Childe corre una silla para Lumine y luego se sienta él a un lado, alza un momento la voz para llamar a una de las meseras y lee la carta rápidamente antes de escoger algo. Lumine hace lo mismo, y Paimon como era usual exageró su pedido un poco.

La cena pasó con una conversación fluida entre el grupo. Zhongli preguntó sobre sus nuevos planes, y Childe sacó inclusive un mapa para explicarle la nueva ruta que explorarían mañana en un viaje que seguramente duraría días. Señaló desde el Estanque Chingxu hasta las ruinas de Dunyu, pasando por el Paso Lingju. Sin duda, buscarían medallas de cazadores y ladrones de tesoros.

Podía entender perfectamente ese sentimiento de aventura. Pero no podía evitar sentirse un poco nostálgico. Sus dos humanos favoritos estaban juntos y eso era magnífico, ¿él también pudo haber vivido algo así? Sus circunstancias eran diferentes, lo sabe, pero el amor…

Tanto Lumine como Childe malinterpretaron la mirada nostálgica y triste de Zhongli, ambos de inmediato se inclinan sobre la mesa para acercarse más hasta él. El arconte al darse cuenta se sobresalte e inclina el cuerpo hacia atrás sin darse cuenta.

— ¡Señor Zhongli, por favor acompáñenos!

— ¡Maestro, seríamos más felices si nos acompaña a explorar!

— ¡Por favor, señor Zhongli! —Agregó Paimon, inclinándose también de esa forma exagerada.

Estos chicos… llenaban su corazón de gozo y de felicidad. Lo malinterpretaron, pero de todas formas consiguieron animarlo. ¿No lo estaban tratando como si fuera un niño? Los niños aquí eran ellos, no podía permitir que se preocuparan por él así. Pero los acompañará, y lo hará por tanto tiempo como le sea posible. Sus viajes continuarían llevándolos hacia toda clase de lugares, a veces iban solos los tres. A veces, los amigos que iban haciendo los acompañaban también, incluso Childe había hecho amistad con un par de jovencitos en Liyue que por casualidades de la vida, Lumine también conocía. Pero no importaba quiénes los acompañaran, siempre iban juntos. Y Zhongli sabía que siempre volverían para no solo contar sus historias, sino también para escuchar las suyas.

La ubicación de Aether seguía siendo un misterio, pero tanto Venti como Zhongli estaban seguros de algo. El príncipe del abismo tenía que cuidarse, porque ellos lo encontrarían un día de estos. Y Childe iba a cumplir su promesa, aunque le costara la vida.

Lo encontraremos y lo traeremos de vuelta así sea a rastras.