¿El amor es realmente tan fuerte?
Capítulo extra
Empuja nuevamente sus dedos hasta los nudillos, la mano de Lumine aprieta sobre su brazo y la ve morderse el húmedo labio inferior. Una nueva contracción lo hace fruncir sus labios hacia arriba, ¿oh? Childe sonríe un poco torcido, sus pícaros ojos azules se entrecierran cuando la ve temblar bajo su cuerpo. ¿Era ya hora? El cuerpo de Lumine estaba cubierto por pequeñas perlas de sudor, su pecho entero por saliva y su vientre y muslos llenos de pequeñas marcas rojas que los besos de Childe dejaron en su paso.
— Ha… ¡Ah…!
Amaba esta parte, era el mejor momento para que su mano tomara más velocidad. El cuerpo completo de Lumine temblaba y se estiraba de una forma tan linda bajo su cuerpo. Se agarraba con tanta fuerza de él y tenia el rostro tan rojo, tan suplicante. Cumpliría todo, absolutamente todo lo que saliera de esos lindos labios rosados que lo llamaban. ¿Más? Sin problema, lo haría gustoso. Pronto el cuerpo entero de Lumine cae sobre la cama, ya no podía mantenerse sentada. Su cadera se levanta y aunque se cubre la boca con una mano, su gemido se escuchó bastante alto mientras se venía sobre la mano de Childe. Su mano, brazo e incluso el torso y muslos quedaron empapados por eso, ¿de nuevo? Lumine siempre hacia desastres difíciles de limpiar. Childe ríe, una extraña risa que mostraba cuán excitado estaba realmente.
— Tu querido señor Diluc se va a enojar~ —se burló, pero Lumine ni siquiera lo escuchó. ¿Cómo hacerlo? Sentía su corazón latir hasta en su cabeza, sus manos apretaban temblorosas la cobija bajo su cuerpo. Era cierto, se encontraban en una habitación en el viñedo de Diluc. Tras una larga misión desde Liyue a Mondstadt con los hermanastros, ellos acordaron que reclamarían la recompensa mientras ellos dos… descansaban.
Por supuesto, eso no era lo que estaba pasando.
Ante la falta de respuesta, Childe se toma la libertad de deslizar sus dedos fuera y probar su sabor al llevar sus dedos directamente hasta su boca. Desliza su larga lengua entre sus dedos y Lumine suspira sin darse cuenta, perdida en el lento movimiento de la lengua de Childe. Todavía trataba de normalizar su respiración pero, ¿para qué? Childe se quita con prisa la camisa color vino que vestía, pronto acompañó a su chaqueta que yacía desde hacía rato en el suelo de la habitación. Desabrocha el cinturón y lo desliza fuera, finalmente encargándose de bajarse el pantalón hasta las rodillas.
— Unh… Van a volver en cualquier momento, Childe…
Childe se aguantó las ganas de reírse, pero sus ojos brillaron juguetones y su sonrisa se alargó mientras le sujetaba ambos muslos con sus manos. ¿En serio creía eso?
Qué inocente eres, señorita.
¿Volver? Volver no, no pronto. Entendió perfectamente la mirada que Kaeya le dio antes de que se fueran a la ciudadela de Mondstadt. Si Lumine quería agobiarse pensando eso era su problema, pero él no iba a desaprovechar la situación luego de las dificultades que pasó en el reciente viaje para estar cerca de la aventurera. Coloca las piernas de Lumine sobre sus rodillas y se inclina un poco sobre ella. Recarga su peso en su mano izquierda, mientras la derecha viaja entre sus cuerpos hasta guiar su miembro hasta Lumine. El roce lo hace suspirar y a ella, temblar. Empuja con su cadera apenas un poco, lo suficiente como para entrar pero se queda quieto, aguantándose las ganas de entrar de una vez.
— Siempre te he dicho… —comienza Childe a hablar, sus manos van ambas a la cabecera de la cama justo detrás de la rubia. Lumine no puede ver cuán fuerte se agarra del mueble. — …que si algo no te gusta puedes simplemente patearme, ¿no? Esta es tu oportunidad para hacerlo.
Esperó, apenas unos segundos. Sus ojos azules inspeccionaban rápidamente el esbelto cuerpo de Lumine pero más que rechazo… La forma tan linda en que encorvaba su espalda y mantenía sus brazos hacia arriba, agarrando la almohada bajo su cabeza, exponía su pecho tan hermoso a la poca luz, a ojos del heraldo. No lo estaba rechazando, ella no quería parar. ¿Entonces para qué dudar? Finalmente terminó por balancear su cadera al frente y entrar las pulgadas que necesitaba para gemir junto a Lumine y conseguir un húmedo sonido por su unión. El crujir de la madera se escuchó bajo sus manos, ¿mucha fuerza? Tal vez, tenía dos semanas de no estar dentro de Lumine y ella estaba tan húmeda, tan caliente y apretada para él. La espera había valido la pena, la saliva se le amontonaba en la boca de lo líquida y caliente que estaba, deslizándose por su mentón sin que ella se diera cuenta. Era una vista tan sugerente…
Una mano sujetó bien la cadera de Lumine, la otra continuó sobre la cabecera por un rato al inicio. Fue fuerte, tal vez rudo, y aunque la entrepierna de Lumine se estaba resintiendo un poco por el fuerte comienzo al final la humedad ganó y sus dulces sonidos se escucharon por la habitación. Lumine nunca tuvo problemas en acostumbrarse a los ritmos fuertes de Childe, en realidad le gustaba. Realmente no era tan duro con su cuerpo, solo lo suficiente para complacer a ambos. Ella también esperó, espero tanto… Tanto que dolía, justo ahora dolía la forma en que su vientre se tensaba por cada golpe de placer en su cuerpo. Él era bueno, demasiado, una vez que conoció bien el cuerpo de Lumine no tardó en encontrar lo que le gustaba. Se deslizaba entre sus paredes con cuidado de siempre tocarla, incluso cuando entraba trataba de mantener una buena postura para no lastimarla al entrar. Tal vez era fuerte, pero no era despreocupado.
No llegaron al orgasmo cuando Childe sujetó su cuerpo y lo giró un poco, dejando la pierna derecha de Lumine bajo su cuerpo y la izquierda en el aire, sujetada tan solo por su mano en la parte de la rodilla. Con esta pose se rozaba más en su entrepierna cada vez que entraba, era delicioso. Lumine no podía callarse, sus agudos lloriqueos y gemidos opacaban los sonidos más gruesos y cortos de Childe, la humedad de su excitación escapaba de ella en chorreos desde su unión. ¿Le gustaba más así? La notaba más agitada, la pierna que mantenía en el aire temblaba un poco. Era lindo, todo de ella era tan lindo. Aunque tenía media cara escondida en la almohada, podía notar su comisura de los labios hacia arriba en una sonrisa y su mirada deseosa y brillante puesta sobre él. Oh, sí, había descubierto que a Lumine también le gustaba verlo en estos momentos. ¿No era perfecto? Al final, eran igual de pervertidos.
Abraza un poco más fuerte la pierna de Lumine contra su torso y se muerde el labio inferior, ella también había aprendido unos cuantos trucos con el tiempo. ¿Sabe cuánto ama que apriete así sus paredes cuando está dentro? Era irresistible, la cara de Childe se torció con una extraña mueca de placer, su risa se vio interrumpida por uno de sus gemidos. Eso lo mandó al borde, pero ella estaba igual. Childe la llenaba tan bien, era tan enérgico contra su cuerpo y tan sucio pero al mismo tiempo, siempre tenía tanto cuidado… Esta pose no la usaban muy seguido, tal vez por lo rápido que ambos se venían cuando la usaban. ¿Orgullosos? Un poco, tal vez.
— Señorita, si haces eso voy a… Unh….
Childe muerde suavemente la pierna de Lumine a modo de castigo, ella se sobresalta por esa acción y al final, termina motivándolo a darle una embestida un poco más profunda que la hizo encorvarse y gemir contra la almohada cuando se corrió. Lo apretó tan duro dentro de su carne que él terminó por derramar su semilla en su interior. Salió de su cuerpo segundos después, perdido en la bonita vista de esa entrepierna llena por él. Childe baja la pierna de Lumine con cuidado, y ni bien se inclina…
Lumine, quien nuevamente estaba intentando controlar su agitada respiración, da un salto de sorpresa cuando una agradable sensación la hace arquearse. Aprieta la almohada contra su pecho y se muerde el labio para ahogar un segundo gemido. ¿Acaso hace lo que piensa que hace? Al bajar la vista lo confirmó, Childe estaba justo entre sus piernas separadas haciendo de las suyas sobre su sensible entrepierna. Esa lengua era voraz contra su delicada carne, la hacia retorcerse y pedir por más mientras sus manos presionaban la cabeza de salvajes mechones naranjas contra ella. No era la primera vez que hacia algo así luego de terminar en ella, ¿algún gusto por limpiarla con su boca? Tal vez, ella no se quejaba, al inicio ser tocada luego de tener un orgasmo la lastimaba un poco de lo sensible que estaba pero ahora… fácilmente podría tener otro, esa lengua era experta en pulsar su botón más sensible para darle placer. Pero aguantó hasta el final, cuando Childe se incorporó de nuevo y limpió el último rastro de la comisura de sus labios con el dedo pulgar.
Childe se inclina sobre ella para besarla de nuevo, es tan suave pero su boca sabe a ellos… tal vez no era justo, pero Lumine aún no podía acostumbrarse a este sabor. Aún así lo mantuvo cerca de sus labios y lo recibió sobre su cuerpo de nuevo en un apretado abrazo. ¿Ya olvidó acaso dónde estaban? Normalmente insistiría por detenerse ahora y esperar a los demás, pero parece que se le había olvidado. Las pequeñas manos de Lumine comenzaron a tocar su espalda, era tan suave en su forma de tocarlo. Siempre lo hacia con la yema de sus dedos, le daba cosquillas a Childe y lo hacía reírse en voz baja y moverse un poco por la sensación. Era como un enorme animal domesticado, así lo veía a veces. A veces, el sexo con Childe la hacia sentir tan poderosa, era un gran honor ver que podía ocasionar tales reacciones en alguien tan fuerte y atractivo. Sus bocas se quedan quietas cuando se rozan de nuevo, y antes de que si quiera volviera a posicionarse contra ella Lumine lo empuja para hacerlo sentar.
Confundido, Childe se deja hacer. Lumine le ayuda a quitarse por fin el pantalón y antes de que pregunte algo, se sienta sobre él y con calma lo guía de nuevo hasta su entrepierna para sentarse. Las manos del pelirrojo se aferran a la cadera de Lumine y sus labios se tuercen un poco hacia arriba, también dejó medio caer sus párpados. ¿Eso le gustó? Todavía podía resistir correrse otra vez, con la vista tan exquisita que tenia Lumine cualquier chica lo haría. La noche apenas había comenzado.
Kaeya y Diluc, compañeros en cuestión, en realidad habían terminado de reclamar la recompensa hacía un buen rato, pero no regresaron, ¿para qué? Sabían lo que pasaba, incomodar no estaba en los planes de ninguno. Ni siquiera del mayor. Les darían su parte después, seguramente.
— ¿Realmente piensan que pueden engañarnos? —Diluc niega suavemente con la cabeza, lo esperaría de Lumine pero de Childe…
Kaeya ladea su rostro un poco, sonriente.
— Sí que son unos niños… —Se ríe en voz baja el moreno, sujetando la tarra con cerveza en una sola mano. La levanta un poco en dirección al pelirrojo y Diluc, aunque hace una mueca, levanta la propia y la impacta gentilmente contra la de su terrible hermanastro justo frente la cara de Rosaria, quien suspira y recarga su mentón sobre su mano. Sus dedos golpeaban impaciente la barra de madera en la taberna.
— Honestamente, ¿no deberían decirles algo? —pregunta ella en voz alta, no puede ser la única en preocuparse un poco por la caballera honoraria… ¿cierto? Aunque en su momento el mismo Diluc se sentía preocupado, con el tiempo y con un par de aventuras juntos… simplemente ya no sentía esa preocupación del comienzo. Ambos hermanastros se encogen de hombros al mismo tiempo.
— Fue un viaje muy pesado, además esto es parte de la aventura cuando tienes a un compañero sentimental. —Opina Kaeya, y el silencio de Diluc tan solo deja claro que no piensa muy diferente.
Rosaria hace una mueca y rueda los ojos, volteando en otra dirección.
— Hombres…
Paimon bebe en silencio un poco de la sidra de manzana que Diluc amablemente le había ofrecido para pasar el rato. Se había mantenido en silencio todo este tiempo, la verdad no había entendido por qué Kaeya insistió en que los acompañara hasta que escuchó su conversación de adultos…
