III

En ese cuaderno había situaciones románticas de todo tipo. Desde lindas e inocentes como una confesión de amor o una tranquila caminata por la playa; hasta escenas más subidas de tono que incluían caricias en zonas erógenas, besos interminables y un sinfín de acciones que bien podrían inspirar a la mitad de los expositores de una Comiket. Era de admirar la cantidad de detalles narrados, la fluidez en las palabras y los lindos bocetos que acompañaban varias páginas, pero desde la perspectiva de Yuzu, resultaba una lectura muy incómoda al ser ella junto a Harumi las protagonistas de tales narraciones. Algo así solo podía ser obra de Nene. Entonces, ¿por qué Matsuri le dijo que leyera ese cuaderno? Aunque era imposible negar el talento de su kohai y ya conocía con que solía fantasear, leer esas pequeñas historias sobre ella y su mejor amiga resultaba… raro.

—¿Disfrutaste la lectura? —le preguntó Matsuri con una sonrisa de satisfacción en el rostro—. Hay cosas muy buenas ahí.

—No puedo creer que esto exista. ¡Son fanfics sobre mí y Harumi! —le reclamó Yuzu. Dejó escapar un suspiro para seguir hablando con calma—. Esto es de Nene, ¿verdad?

—Sí. Es muy talentosa.

—¿Qué pensabas al enseñarme esto?

—Esperaba que así encontraras la inspiración y el valor para declararle a Mei tus intenciones con ella —contestó Matsuri con su tono divertido. Aunque su rostro parecía no darle mayor importancia a la situación, por dentro estaba disfrutando cada momento.

—Eso ya lo hice hace mucho tiempo…

—Me refiero a tus intenciones actuales. Supongo que no le has dicho nada.

—No quiero incomodarle con esas cosas. Además —bajó la mirada con vergüenza. Sus mejillas se encendieron—, ¿cómo se supone que se lo diga?

—Para eso te di a leer el cuaderno —contestó la menor con malicia.

—¡Pero son fanfics, no una guía para intimar con tu pareja!

—Solo porque no encontré una. Pero estoy segura que debe existir por ahí un "Cómo tener tu primerea vez para dummies".

—¿Por qué esto tiene que ser tan difícil? —expresó Yuzu cubriéndose la cara con ambas manos.

Recordó entonces la primera Navidad que vivió con Mei y cuyos resultados fueron incomodos para ambas. En aquella ocasión estuvieron a nada de hacerlo en la sala pero fue la misma Yuzu quien rechazó aquel ofrecimiento. Si bien tenía sus razones para no acceder al ofrecimiento de Mei, ahora se preguntaba qué tan diferentes serían las cosas de haber aceptado o si de alguna manera podría recuperar esa ocasión. Por otra parte, tenía muy en claro que si las cosas hubiesen sido diferentes en ese entonces, tal vez su relación con su ahora prometida sería muy distinta. También estaba segura que si quería dar ese gran paso, ella debía ser quien tomara la iniciativa.

La gran pregunta era ¿cómo? Todo lo que había leído hasta ese momento hacia ver las cosas tan sencillas, aunque eso debía ser parte de la ficción. En la vida real algo tan intimo no podía ser tan simple, ¿verdad? Tanto en el manga como en ese cuaderno de Nene, ese tipo de interacciones entre chicas se daban con una facilidad asombrosa, sin embargo, la vida real era una cosa distinta. No podía simplemente saltar sobre Mei y comenzar a besarla hasta que ambas terminaran desnudas sobre el sillón o la cama al mero estilo de un doujin. Aunque la idea era atractiva y en su mente se arremolinaron situaciones de lo más comprometedoras, temía que algo así molestara de sobremanera a su amada.

—¡Yuzu! —le gritó Matsuri—. ¡Responde, te estoy hablando!

—¿E-eh? ¿Qué dijiste?

—Te atrapé —dijo la pelirrosada con una voz burlesca. Disfrutaba del momento—. Estabas pensando cosas indecentes, ¿quién lo diría?

—¡N-no es verdad! —intentó defenderse Yuzu, aunque el repentino sonrojo de sus mejillas y la dificultad para hablar solo le evidenciaron.

—A veces me sorprendes —contestó entre risas. Ver a su hermana mayor (como ella misma le decía) tan nerviosa era divertido. Al recuperar el aliento, su semblante cambió a uno más serio—. Yuzu, creo que complicas mucho la situación. Lo que sientes por Mei es completamente normal, no es nada de qué avergonzarse.

—Eso ya lo sé. Es solo que… no quiero incomodarle…

—Con esa mentalidad morirás virgen —comentó sin ninguna piedad—. Debes ser más asertiva.

Tal afirmación fue un baño de agua helada (con hielos incluidos) para la rubia. ¿Matsuri tendría razón? Sabía muy bien que Mei no daría el primer paso, no era su estilo aunque ya le había dado un par de sorpresas en el pasado. Pero ya estaban muy lejanos aquellos días en que ambas estaban confundidas y cometían actos imprudentes la una con la otra. No quería admitirlo, pero su "hermanita" tenía razón. Debía ser ella quien se atreviera a dar el gran avance, solo tenía que encontrar la manera. Para su buena suerte, su género favorito tanto en cine como manga era el romance; organizaría el día más romántico para pasarlo con Mei y tener el mejor final posible. Claro que podía hacerlo; tenía un cuaderno que era prueba de que sus planes románticos funcionaban, no en su totalidad pero sí en un alto porcentaje. Lo único que necesitaba era no acobardarse en el momento definitivo.

—¡Por aquí senpai! ¡Nene-chan! —gritó Matsuri.

—¿Llegamos tan tarde? —preguntó Harumi al ver que los vasos de sus amigas ya estaban casi vacíos.

—Para nada, es solo que cité a Yuzu antes para hablar de… ya sabes.

—Ya no le fastidies con eso —suspiró Harumi—. Yuzu no necesita que nadie se meta en esos asuntos.

—Está bien Harumi… no ha dicho nada que me moleste.

—¿De qué están hablando? —preguntó Nene con una autentica curiosidad—. ¿Me perdí de algo por visitar a mi abuela?

—Son cosas de chicas adultas —contestó Matsuri en un instante—. Nada del otro mundo.

—¡No soy una niña! Yo… —rugió Nene en un intento por defenderse de las palabras de Matsuri, pero se detuvo al mirar el cuaderno que Yuzu tenía frente a ella. Lo reconoció al instante y de su rostro desapareció todo rastro de color—. Ese cuaderno… Yu-yuzu-senpai… ¿dónde encontró ese cuaderno?

—Esto… —la incomodidad era evidente. Sin importar el descaro, deslizó el cuaderno antes Matsuri y optó por la mejor opción: decir la verdad—. Matsuri me lo prestó.

—¡¿Qué?! ¡Matsuri-chan! —chilló la menor del grupo—. ¡¿Por qué hiciste eso?!

—Solo quería que apreciara lo talentosa que eres —contestó con malicia, provocando más quejas de Nene.

Harumi aprovechó el escándalo armado por ambas para acercarse a Yuzu. A diferencia de la maliciosa pelirrosada, que aprovecharía cada momento para burlarse de quien fuera, ella sí estaba preocupada por su mejor amiga. No pensaba que su frustración llegase a un grado tal que le provocara cometer algún acto imprudente; la rubia podría dejarse llevar por sus emociones en algunos momentos pero nunca lastimaría a alguien. Su inquietud provenía de Matsuri y su mente malvada, pues con tal de divertirse era capaz de cualquier cosa y Yuzu estaba vulnerable.

—¿Qué tiene ese cuaderno? —preguntó con interés.

—Es mejor que no lo sepas —comentó Yuzu desviando la mirada. Los escritos de Nene le impedían ver a Harumi directo a la cara—. Solo son… ya sabes, historias que Nene hizo.

—Oh, ya me imagino —se limitó a decir. Matsuri ya había hecho de las suyas—. ¿Y cómo lo llevas con la presi? ¿Ya le dijiste algo al respecto?

—No… siempre me gana la vergüenza —confesó—. Y cada día se pone peor; suelo tener sueños eróticos con Mei y me despierto muy agitada. Le he dicho que son pesadillas.

—En verdad lo estás pasando mal. Pero no puedes seguir así, tan solo mira esas ojeras —la voz de Harumi se volvió suave. Entre la música navideña de la cafetería y los gritos de Nene, el tono con que hablaba se volvió un susurro de calma—. Sabes, es un asunto que deberían platicar juntas.

—Yo lo sé, es solo que no tengo idea de cómo.

—Vamos, Yuzu. Eres la persona que mejor sabe tratar con la presi. Lo importante ahora es que ella sepa lo que sientes pero también tú debes saber lo que ella quiere. Ustedes dos se quieren, seguro que podrán entenderse.

—Es curioso que tú y Matsuri coincidieran en eso. Aunque cada una lo dijo a su manera —sonrió y por fin le dirigió la mirada a Harumi—. Tienen razón, debo hablarlo con Mei. ¡No pierdo nada!

—Entonces, ¿ya podemos ir a la sex shop? —preguntó Matsuri con naturalidad. En respuesta, Harumi le dio un tirón de orejas.

—¡No fastidies!


En el apartamento de la familia Aihara las cosas estaban muy tranquilas sin Yuzu en los alrededores. Para Mei era más que obvio. No había risas estridentes, ni el fuerte sonido de los trastes de cocina, ni música a alto volumen con los éxitos de la semana; la televisión estaba apagada, lo que significaba un silencio absoluto en la sala. Tampoco había quien interrumpiera su lectura. El ambiente era perfecto para una tarde en compañía de sus libros. Si bien, estaba dispuesta a aprovecharlo, no tardó mucho en aburrirse.

La ausencia de Yuzu le hizo darse cuenta de dos cosas. En primer lugar, que ya estaba acostumbrada al ambiente ruidoso pero alegre que la rubia creaba a su alrededor. Las interrupciones ya no lo eran como tal; llegó a un punto en el cual no importaba si Yuzu gritaba de emoción por la escena de alguna serie o de frustración por no superar el nivel de un videojuego. Incluso llegó a tolerar toda muestra espontanea de cariño que solía recibir de parte de su prometida. Todo aquello que al conocerse era una molestia, dejó de serlo. Con facilidad podía escuchar lo que fuera de Yuzu, sin importar que se tratase de una rabieta o un abrazo, atenderla en caso de ser necesario y volver a lo suyo sin ningún problema.

Dejó su libro a un lado y caminó hasta la ventana para asomarse. El clima parecía apacible, algo bastante engañoso en temporadas invernales; basta una brisa para que cualquiera tiemble de frio. La calle estaba casi vacía y lo más llamativo eran los adornos navideños que por alguna razón decidieron colgar en el edificio de enfrente. Tornó la mirada de nuevo a la calle, con la débil ilusión de ver a Yuzu acercarse. Cuando vivía con su abuelo, Mei nunca esperaba su llegada; sabía que en algún momento de la noche él tendría que volver a casa pero nunca sintió la necesidad imperiosa de esperarle. En cambio, cuando era Yuzu la ausente, a veces percibía que el tiempo pasaba de manera más lenta y permanecía a la expectativa de su regreso. Vio la figura de una persona acercarse al edificio, pero al no tratarse de su pareja, desvió la mirada.

Lo segundo que notó en esos días era un extraño actuar en Yuzu. Con las fiestas de Navidad y Año Nuevo tan cercanas, esperaba que su actitud fuera de lo más festiva y no dejara de hablar sobre sus planes para esos días tal como había hecho el año pasado. Sin embargo, Yuzu no hablaba sobre pasteles ni de festejar con todas sus amigas en algún karaoke, ni siquiera mencionó planes sobre una cita o preguntarle si gustaba cenar algo especial. Eso era muy extraño en la rubia. Aquello sumado a las constantes pesadillas que le atormentaban en la noche eran señal de que algo le preocupaba.

Mei estaba en medio de sus reflexiones cuando sonó el teléfono. Contestó y al otro lado de la línea le habló la voz de la empleada de recepción. Había un paquete dirigido a ella y tenía que pasar a recogerlo.

—Pero yo no he pedido nada —respondió Mei.

—Aquí dice que va dirigido a usted y lo envía —la recepcionista hizo una pequeña pausa—, Matsuri Mizusawa. ¿La conoce?

—Matsuri… —repitió Mei—. Sí, la conozco. Ya bajo por el paquete.

Tras colgar, permaneció unos segundos en silencio. ¿Por qué Matsuri le enviaría un paquete en vez de entregarlo en persona? Con la duda en mente, bajó a la recepción sin saber la sorpresa que le esperaba.


¿Qué será ese paquete? Ya sabemos que Matsuri es capaz de cualquier cosa con tal de fastidiar a Yuzu, aunque también busca la manera de apoyarla.

Esto se termina en el próximo capitulo...

Nos leemos luego!