13. La chica de ayer
Al llegar al estudio de grabación, se dirigió a la cabina donde lo esperaban los músicos y durante un par de horas estuvo solucionando varios problemas. Al acabar y salir de allí, se encontró con su cuñada Naori.
—No te esperaba hoy por aquí, ¿ocurre algo? —dijo ella, sonriendo y cogiéndolo del brazo.
Encantado de verla, Itachi la besó en la cabeza. Sin duda, Naori era de las mejores cosas que le habían pasado a su familia en los últimos años y contestó, mientras veía pasar a su hermano Utakata acompañado de Rick, el divo del blues, y a Sean.
—Me ha llamado Stevenson. Unos músicos tenían problemas con lo que debían grabar, pero ya está solucionado. ¿Y tú qué haces aquí a la hora de la comida?
Naori respondió:
—Había quedado para comer con Temari, pero me ha llamado para anularlo. Al parecer, ella y su churri tenían ganas de verse y ha pasado de mí. ¿Vas hacia tu despacho? —añadió. Al decirle Itachi que sí, ella dijo—: Pues te acompaño. Tengo libre hasta después de comer. Luego proseguiré con la grabación.
Cuando entraron, Itachi se encaminó hacia un pequeño armario, del que sacó una camisa limpia. Bajo la atenta mirada de su cuñada, se quitó la que llevaba y Naori comentó:
—No me lo digas: ¡noche loca!
—Digamos que divertida —respondió él.
Naori sonrió. Su cuñado era uno de los solteros más apetecibles de Los Ángeles. Era guapo, famoso, adinerado y eso atraía a todo tipo de mujeres.
—¿Quién es ella? —preguntó.
Al pensar en Sakura, Itachi se encogió de hombros.
—No la conoces.
—¡¿Seguro?!
—Segurísimo. ¿Comemos juntos?
Naori asintió y se fueron a un restaurante chino que les gustaba a los dos.
Durante la comida, rieron y comentaron mil cosas. Siempre que estaban juntos, el tiempo se les pasaba volando.
Cuando les llevaron la cuenta e Itachi fue a pagar, se le cayó un papel del bolsillo del pantalón. Naori lo recogió.
—Toma. Esto es tuyo —dijo, entregándoselo.
Él lo cogió y se lo guardó.
—¿Has jugado alguna vez al juego de adivinar? —le preguntó a Naori.
Ella parpadeó sorprendida. Con su marido jugaban a ¡Adivina quién soy esta noche!, un pasatiempo cargado de morbo y sensualidad, en el que podían ser miles de personajes, representados en sus momentos íntimos, por lo que respondió con guasa:
—Yo conozco un juego de adivinar, pero no sé si será al que tú te refieres.
Sin percatarse del gesto burlón de su cuñada, Itachi explicó:
—Es un juego de palabras incompletas. Tienes que rellenarlas para saber qué dice. —Y, sin más, sacó la nota de Sakura para que Naori la viera, y añadió—: Tengo que saber qué pone aquí. ¿Me ayudas?
Aquí está la parte que me corresponde por la habitación. 55 dólares.
Me voy a trabajar.
Chica arco iris
E_ ES U_ B_ E _ A_ A _ _ E, PE_ _ ES _ _ _ SE _ _ _ A DE Q_ E TE P_
E _ E S S_ _ E _ A _ ¡FA _ _ A _ _ _! A_ _ _ S Y HA _ _ _ A MA _ A _ A.
Naori miró el papel. Aquello estaba chupado, pero al leer el principio de la nota exclamó:
—¡Anda, mi madre! No me digas que dejaste que la chica pagara el hotel.
—Nooooooooo... por supuesto que no.
—¿Cincuenta y cinco dólares? ¿Solo te costó eso el...?
—Naori, por favor —la cortó él—, no preguntes.
—¡¿Chica arco iris?!
Molesto porque siguiera insistiendo, fue a protestar cuando ella rectificó y dijo:
—Vale... vale... no preguntaré más. —Y mirando los espacios en blanco, añadió—: A esto jugaba yo con mis hermanos hace años. Lo llamábamos el mensaje secreto. Era nuestra manera de comunicarnos sin que mis padres se enteraran. ¿Con quién juegas a esto, bribón?
Al ver en ella una aliada, Itachi le dio un boli y repitió:
—No preguntes.
—Ah, no... —respondió Naori sonriendo—. Si quieres que te ayude, primero me tienes que contar quién es la chica y ...
—Naori, no seas cotilla y ayúdame.
A cada instante más divertida, se acercó a él e insistió:
—Anda, venga... Dime quién es esa chica arco iris.
—¿Me vas a ayudar o no? —preguntó Itachi molesto.
Al ver su gesto, ella intentó no reírse y, tras meditarlo, dijo:
—Plan A, no te ayudo... Plan B, te ayudo pero solo si me dices su nombre.
Él maldijo en voz baja. Su cuñada era una auténtica bruja cotilla y siseó:
—Sakura.
—¡¿Sakura?! No conozco a ninguna Sakura. ¿Dónde y cuándo la conociste?
—Naoriiiiiiiii, me estás enfadando —resopló él.
Encantada, soltó una carcajada y, mirando de nuevo el papel, contestó:
—Muy bien, muy bien. Quita esa cara de Uchiha cabreado. Veamos, para saber qué pone aquí, me tienes que contar qué ocurrió anoche, porque sin duda estará relacionado con alguna cosa que quisiste saber ayer. ¿Algo que destacar?
Itachi la miró boquiabierto. Pero ¿cómo le iba a contar lo ocurrido?
Al ver su gesto, Naori entendió y, tras soltar una carcajada, le explicó:
—No te pido que me des los detalles más escabrosos de vuestro encuentro sexual. Dios sabe que no quiero conocerlos. Pero sí necesito saber de qué hablasteis, para descifrar qué te ha querido poner aquí.
Con cierto pudor, Itachi le comentó un poco sus breves conversaciones, sin decirle realmente quién era la chica. Cuando acabó, Naori parpadeó:
—No sé si lo que me has contado vale para algo, pero intentaré entender el mensaje secreto, ¿vale?
Itachi puso los ojos en blanco. ¿Qué hacía enseñándole aquello a Naori? Y, sobre todo, ¿qué hacía prestándole atención a aquella tontería que había escrito Sakura?
Durante un buen rato, Naori miró las letras concentrada y, con el bolígrafo, comenzó a escribir en una libreta que había sacado de su bolso.
—Ella firma como chica arco iris. ¿Te puso a ti algún mote, o te llamó de alguna manera especial?
—No.
—¿Seguro? Es que aquí hay una «F» que no consigo descifrar.
Itachi negó con la cabeza, pero de pronto sonrió al recordar algo.
—¡Me llamó fanfarrón!
—Uissss, ¡esa chica es lista! —se mofó ella y, tras apuntarlo en su libreta, lo miró con guasa y cuchicheó—: Wepaaaa.
—¿Qué ocurre? —preguntó él.
Naori miró a su cuñado divertida por lo que leía, y dijo:
—¿Le preguntaste si eras buen amante?
—No —mintió.
—¡Serás fanfarrón! —se mofó ella.
Itachi cogió el papel, lo arrugó y dijo:
—Se acabó. No pienso seguir con este juego tonto. Joder, que ya he cumplido los cuarenta para andar con estupideces de críos.
Naori se contempló las uñas y murmuró:
—Vale. Pues entonces no te diré lo que pone.
Itachi la miró. Ella sonrió traviesa y le guiñó un ojo.
Durante unos segundos, ambos se sostuvieron la mirada en silencio, hasta que Naori soltó una carcajada.
—Por el amor de Dios, Itachi, aunque tengas cuarenta años ¿no quieres saber lo que pone en el mensaje?
Lo estaba deseando, nada le apetecía más, pero negando con la cabeza, respondió:
—No. Ya no me interesa.
Naori apuntó algo en la hoja de su cuaderno, después la arrancó y, haciendo una pelota, la dejó despreocupadamente sobre la mesa mientras decía:
—Iré al baño un momento.
Itachi miró con curiosidad el papel arrugado y durante varios minutos se resistió a cogerlo y a mirarlo. Él nunca había sido un cotilla. Pero el puñetero papelito parecía llamarlo y, cuando no lo resistió más, lo hizo.
Gruñó al leer:
Ah, no... Uchiha... no. Si quieres saberlo, ¡me lo preguntas!
Irritado por la trampa que le había tendido su cuñada, volvió a arrugar el papel y, tras dejarlo sobre la mesa, maldijo en voz baja. Instantes después, Naori regresó, miró el papel y vio que no estaba como ella lo había dejado. Eso la hizo sonreír, pero no hizo ningún comentario.
Salieron del restaurante sin decir nada. Al llegar al coche, Itachi miró a Naori un par de veces con intención de preguntarle, pero algo lo frenaba. Joder, era un hombre maduro, ¿qué hacía atrapado por aquella tontería?
Sin embargo, al subir al coche, Naori, que lo conocía muy bien, soltó, mirándolo:
—El orgullo os va a comer vivos algún día a los malditos Uchiha. Tienes dos opciones: plan A, te tragas tu orgullo y me lo preguntas, o plan B, te envenenas con tu orgullo y te quedas sin saber lo que dice Sakura en su nota. No hay más alternativas.
Itachi resopló. Y, mirando a su sonriente cuñada, masculló:
—De acuerdo, tú ganas. Plan A. ¿Qué pone?
Naori sacó de nuevo su cuaderno y, tras abrirlo, declaró:
—Que conste que lo dice ella, no yo, ¿vale?
—Que sí, pesadita... que sí.
Divertida, comenzó a leer:
—«ERES UN BUEN AMANTE, PERO ESTOY SEGURA DE QUE TE PUEDES SUPERAR, ¡FANFARRÓN! ADIÓS Y HAKUNA MATATA».
Itachi se quedó boquiabierto al escuchar aquello y más al ver la cara de guasa de su cuñada.
¿Que se podía superar?
¿Qué era aquella tontería?
Sin saber qué contestar, se tocó la frente y Naori dijo:
—Uy ... uy ... creo que alguien no se quedó absolutamente satisfecha de un Uchiha, ¡qué escándalo!
Él apretó la mandíbula, a cada instante más molesto por su gesto guasón y sus comentarios. La notita no decía nada de lo que quería saber. Durante unos segundos, procesó la información, hasta que al oír la risa de Naori, se sintió ridículo y dos segundos después, reían los dos a carcajadas.
—Me encanta... Lo siento, Itachi, pero me encanta. Ese «¡Fanfarrón!» y el «Hakuna Matata» me hacen ver que no tiene nada que ver con las chicas con las que sueles ir. ¿Quién es? ¿Dónde la has conocido? Me la tienes que presentar, por favor te lo pido, Itachi.
Tras asentir, él arrancó el coche y, con una sonrisa en los labios, murmuró:
—Antes me voy a cobrar un premio.
