28. Yo nací para quererte

A la mañana siguiente, tras ser avisados del cambio de hospital por Sakura, Iruka, Genma y Naruto aparecieron en el Ronald Reagan y poco después llegó también Linda, recién aterrizada desde Minnesota.

Al verla, Sakura sonrió y la abrazó y a continuación le presentó a Itachi. Linda y él se miraron a los ojos y la mujer, emocionada por lo que Sakura le había contado, murmuró:

—Gracias por quererla y por tu ayuda.

Itachi sonrió y luego intercambió una mirada con Naruto, que no lo saludó.

Luego todos entraron en la habitación de la niña, que sonrió contenta al verlos y, emocionados, ellos la saludaron y besuquearon. Algo más tarde, los médicos acudieron a buscarla para hacerle el cateterismo y todos la acompañaron hasta el quirófano. Sakura cogió la mano de Ayamé y no la soltó hasta llegar a las puertas del mismo, donde la enfermera les dijo que ya no podían continuar. Sakura se inclinó, besó la frente de su niña y dijo:

—Mami te espera aquí, ¿vale?

Ayamé asintió y, mirando a Itachi, preguntó:

—¿Te quitarás la barba?

—En cuanto salga del hospital y vaya a mi casa, ¡te lo prometo!

Ayamé, con gesto asustado, asió la mano de Itachi, la puso sobre la de Sakura y dijo:

—Cuida de mi mami mientras yo no estoy, ¿vale?

Itachi asintió. Y, tras darle un beso en la mejilla, añadió:

—Aquí te esperamos todos.

El doctor Gallardo, que se había unido a ellos, comentó:

—Tranquila; como ya sabe, le pondremos anestesia general y no sentirá nada.

Con una sonrisa en los labios, Ayamé les dijo adiós con la manita y cuando las puertas se cerraron, Sakura se abrazó a Itachi, que dijo:

—Ya has oído al médico, todo va a salir bien.

Sakura asintió y se sentó en una de las sillas, rodeada por las personas que la querían. Cuarenta minutos más tarde, las puertas se abrieron y sacaron la camilla con Ayamé dormida. Sakura se levantó rápidamente y el doctor Gallardo dijo:

—Todo ha ido bien.

Aliviada, siguió la camilla en silencio, acompañada de los otros y, una vez las enfermeras acomodaron a la niña en la habitación, se marcharon y los dejaron solos.

Sakura acarició el rostro de Ayamé con cariño. Era tan bonita y tan poquita cosa... De pronto, a Itachi le sonó el móvil, así que se disculpó y salió de la habitación para atender la llamada.

Al verlo desaparecer, Iruka le dio un azote a Sakura para que lo mirara.

—¿Ves como Dios aprieta pero no ahoga? —preguntó.

Sakura sonrió. Ella no era creyente, pero en aquel instante Iruka tenía razón.

—Lo veo... lo veo...

Genma, que todavía no entendía cómo se había producido aquel milagro, marujeó:

—Cuéntame ahora mismo qué te hizo cambiar de opinión y por qué lo llamaste.

Sakura les contó rápidamente lo ocurrido y Genma cuchicheó, en el momento en que Naruto salía de la habitación:

—Eres una chica con suerte; lo sabes, ¿verdad?

Ella asintió. Sin lugar a dudas, tenerlos a todos a su lado era una gran suerte y, sonriéndoles, murmuró:

—La suerte es teneros a todos conmigo.

Al salir al pasillo, Naruto vio a Itachi hablando por teléfono. Esperó con paciencia a que colgara y, cuando lo hizo, se acercó a él y dijo:

—Si le haces daño a Sakura o a los niños, te juro que te las vas a ver conmigo.

Itachi lo miró con el cejo fruncido y replicó:

—El que se las va a ver conmigo vas a ser tú si vuelves a acercarte a mi mujer con intenciones que no me gustan, ¿entendido?

Ambos se miraron unos segundos y, finalmente, Naruto le tendió la mano y dijo:

—Naruto.

La expresión de Itachi se suavizó, le estrechó la mano y contestó:

—Itachi.

Ambos sonrieron y, soltándole la mano, Naruto añadió:

—Gracias por lo que has hecho por Ayamé y por cuidar de Sakura y hacerle la vida más fácil. Es una buena chica y se merece todo lo bueno que le pase.

Ittachi miró a aquel hombre que en otro tiempo había competido con él por el amor de Sakura y murmuró:

—Gracias a ti por cuidarla hasta que yo llegué.

Esas simples palabras entre los dos hombres dejaron muy clara la situación.

Dos días después, Ayamé era intervenida quirúrgicamente.

Sakura estaba asustada, muy asustada. Saber que a su pequeña la estaban operando del corazón la tenía atenazada, pero gracias al apoyo de Itachi y al cariño de Linda, Iruka, Genma y Naruto consiguió no desmoronarse.

Todo salió bien. Los médicos estaban encantados de cómo había ido la intervención y cuando Sakura pudo entrar en la UCI para darle un beso, lloró de felicidad.

Ayamé estuvo cuatro días en cuidados intensivos. Cuatro interminables días en los que poco a poco fue mejorando. Cuando salió de esa unidad y la llevaron a la habitación, la niña sonrió al ver que la estaban esperando su madre, sus hermanos, Linda, Iruka, Genma, Itachi y Naruto.

Al cabo de tres días más, los médicos le dijeron a Sakura que si todo seguía igual, pronto le darían el alta. Aquello solo podía significar que Ayamé se recuperaba a pasos de gigante.

Una tarde, mientras Linda se quedaba con la pequeña en el hospital, Itachi y Sakura fueron a casa de ella para pasar un rato con los gemelos. Cuando los niños se durmieron, Sakura se sentó en el sofá donde él jugaba con el perro y preguntó:

—¿Confraternizando con Luis Alfonso?

Itachi rio. Nunca había conocido a un perro con un nombre como ese y preguntó:

—¿Por qué le pusisteis ese nombre?

Con cariño, Sakura tocó la cabeza de peludo animal blanco y negro y explicó divertida:

—Se lo puso Ayamé. Es la reina de las telenovelas y cuando decidimos adoptar un animalito y fuimos a buscarlo, nada más verlo, dijo mirándome: «Mamita, me quiero llevar a Luis Alfonso a casa». De ahí su nombre.

Ambos se rieron y, acariciando al animal, Itachi se mofó:

—Lo siento, colega, pero ella lo eligió.

Durante un rato, estuvieron jugando con él y luego Itachi preguntó:

—¿Ayamé sabe que no eres su madre biológica?

—Sí. Ella sabe que ambas teníamos una madre que se llamaba Mebuki, incluso tiene una foto suya en su habitación. Pero desde pequeña me llama mamita y con mamita me he quedado. A mí no me importa que lo haga. Es mi niña. La he criado yo y no creo que la quisiera más si fuera mi hija.

Itachi asintió y pensó que no tenía que haber sido fácil sacar adelante sola a esa pequeña.

—Estoy agotada —murmuró ella, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá.

—No me extraña, cariño —dijo abrazándola—. No paras y no dejas que te ayudemos.

—Eso es mentira —protestó ella—. Todos me ayudáis. Ahora mismo, Linda está en el hospital para que yo pueda estar aquí y ...

—Y en vez de quedarte a dormir y descansar, ya le has dicho a Linda que en cuanto Iruka llegue al hospital, ella se venga aquí con los niños y tú regresarás con Ayamé. ¿Cuánto tiempo crees que podrás continuar así?

Sakura suspiró. Sabía que tenía razón, pero pasar una noche alejada de ella le resultaba insoportable.

—Ya descansaré cuando Ayamé salga del hospital —respondió—. Te lo prometo.

—Hablando de eso —dijo Itachi—. He pensado que durante la recuperación de Ayamé podríais trasladaros a mi casa. Allí hay más sitio, más espacio para todos y...

—No.

—Cariño, piénsalo. En mi casa tengo unas comodidades que aquí no tienes y ...

—No.

—¿Quieres dejar de ser tan cabezota y pensar?

Sakura lo miró y dijo:

—Mira, Itachi, llevo casi dos semanas sin trabajar y, aunque mis jefes entienden lo que ha pasado con la niña, en cuanto Ayamé vuelva a casa he de reincorporarme.

—No lo voy a consentir.

—¡¿Cómo?!

Clavando la mirada en ella, Itachi declaró:

—No vas a volver a trabajar y menos en El Mono Rojo. Ahora yo me ocupo de ti y ...

—Pero ¿qué estás diciendo? ¿Ahora vas de superhéroe?

Molesta, Sakura intentó levantarse; sin embargo, Itachi no permitió que lo hiciera.

—No voy de superhéroe y entiendo que quieras trabajar —se quejó enfadado—. Pero no voy a permitir que mi novia tenga que seguir sirviendo copas y canapés por las noches.

—Es mi trabajo, Itachi, convéncete de...

—No. Convéncete tú de una santa vez de que eres mi novia e intenta entender lo que te digo. Ahora sé por qué trabajabas tanto y déjame decirte que, estando a mi lado, tus necesidades y las de los niños están cubiertas y ...

—¡No quiero que nos mantengas!

—Sakura, escúchame —pidió, cogiéndole las manos.

—¡Suéltame, Itachi! —Él no lo hizo y ella siseó—: No voy a consentir que nadie nos mantenga. Ya lo permití una vez y no salió bien. Me ha costado mucho conseguir estos trabajos y no voy a tirarlos por la borda porque a ti te dé la gana.

—Sakura ...

—He dicho que me sueltes —masculló enfadada.

Cuando Itachi hizo lo que le pedía, Sakura se levantó furiosa.

—¿Acaso mi trabajo no es bueno para ser la novia de Itachi Uchiha? —le espetó.

Él intentó explicarse mejor y dijo:

—Tu trabajo no tiene nada de malo, pero ¿qué crees que pensarán de mí cuando sepan que permito que mi novia se mate a trabajar? ¿Acaso no has pensado que en el momento en que lo nuestro trascienda a la prensa nos van a mirar con lupa?

—No quiero salir en la prensa.

—Sakura, soy un personaje público y en cuanto sepan que eres mi novia, saldrás.

—Joder...

—Y, créeme, te importará lo que digan. Y me importará a mí. Yo quiero cuidaros a ti y a los niños. Tengo medios para hacerlo, pero tú, por tu maldito orgullo, no me lo permites. ¿Acaso crees que te voy a dejar tirada en la cuneta? ¿Es que todavía dudas de lo que siento por ti?

Sakura no respondió. Itachi se levantó furioso y, señalándola con el dedo, añadió:

—Muy bien. Haz lo que te apetezca. Continúa siendo una mujer independiente, como quieres demostrarme que eres. ¡Adelante! Sigue trabajando como una mula, pero luego no te quejes si no nos vemos, o si la prensa dice auténticas burradas de ti o de mí.

Y dicho esto, se encaminó hacia la puerta y se marchó.

Ella se quedó sin habla. Era la primera vez que discutían así y de pronto Sakura se sintió fatal. Itachi tenía razón. Debía confiar en él. Debía darle una oportunidad a lo suyo y, corriendo, abrió la puerta. Desesperada, vio que ya no estaba en el descansillo, pero el ascensor aún no había llegado a la planta baja.

Como una loca, bajó los escalones saltando varios cada vez. Necesitaba detenerlo, necesitaba encontrarlo antes de que se marchara y, justo cuando las puertas del ascensor se abrían, ella llegó abajo.

—No te vayas... —suplicó, mirándolo sin aliento—. Por favor, no te vayas.

Itachi abrió los brazos y Sakura, acalorada por la carrera que se acababa de dar, se lanzó a ellos. Lo necesitaba. Necesitaba y quería a Itachi Uchiha con toda su alma y él, tras besarle la cabeza, murmuró:

—No me iba. Ya le había dado al botón de subida antes de bajar.

Al ver el botón de su planta encendido Sakura sonrió y Itachi la miró y preguntó:

—¿Me permitirás cuidaros, cabezota?

Ella asintió. Era lo que más deseaba en el mundo.