Miko Kagome
Capitulo I: La sacerdotisa de la aldea
Kagome
Se despertó y vio a su alrededor, todo estaba oscuro… aun no amanecía, la luz de luna le dio suficiente claridad como para ver a su aún dormida hermanita. Se vistió, peino su cabello y lo amarro con un listón blanco; miro a su aún dormida hermana y sonrió.
- - Descansa Kaede, tratare de regresar antes de medio día - susurro después de darle un beso en sus cabellos
Sentía tristeza por no poder estar más tiempo con su hermana, después de todo Kaede solo la tenía a ella en el mundo, sus padres habían muerto pocos años después de que Kaede naciera, por lo que su pequeña hermana solo tenía muy vagos recuerdos de sus padres. Kagome trataba de darle todo el amor que su hermana se merecía, y a pesar por todo lo que habían pasado, ella era feliz y deseaba que su pequeña hermana también lo fuera por siempre.
La luz de una vela iluminaba su camino, las cabañas aun se encontraban a oscuras y se sentía paz a su alrededor, los aldeanos aun dormían, sin embargo faltaba poco para que los primeros rayos del sol salieran y los aldeanos iniciaran con sus labores.
El templo se encontraba a mayor altura que la aldea, exactamente sobre una pequeña colina, para llegar a el tenía que subir por una serie de escaleras rodeadas de hermosos jardines y estatuillas sagradas, frente al sencillo templo se erguía un gran Torii de madera.
Años atrás, cuando Kagome tenía la edad de Kaede, había sido entrenada por el Kannushi de la aldea (sacerdote del templo). "Guardas un gran poder en ti Kagome, tu deber es proteger a los demás" aún recordaba las palabras de su maestro, sabía que ese era su destino, ese don que le había sido concedido ponía en sus hombros grandes responsabilidades. Ella era feliz sirviendo a los demás, no se imaginaba haciendo otra cosa. Tras la muerte de su maestro, quedaba en sus manos la protección de la aldea.
Se acerco al pequeño altar que estaba junto al templo y puso unas flores que había recogido en el camino, en ese altar se encontraban los restos de su maestro.
- "Han pasado dos años desde su partida maestro" pensó Kagome con tristeza, él no solo había sido su guía espiritual y mentor, él había sido como un padre para ella.
Flash Back
Una pequeña Kagome se encontraba en un amplio campo lleno de hierbas medicinales, a pocos pasos de ella se encontraba un anciano de mirada amable, era el Kannushi de la aldea, al cual Kagome lo llamaba maestro. Kagome le llevo con alegría un puñado de plantas medicinales y se las enseño a su mentor.
- - Maestro, ¿cree que estas puedan servir para curar las heridas del Sr. Shuhei?
- - Perfecto, estas nos ayudaran mucho- dijo sonriendo- has aprendido rápido Kagome, ¿te gusta saber sobre plantas medicinales?
- - La verdad si- dijo algo apenada, pero aun conservando su hermosa sonrisa infantil- me parece increíble todo lo que nos ofrece la naturaleza, que la cura a las enfermedades de las personas se encuentre aquí en el bosque, ¡es maravilloso maestro!
- - Me alegra que pienses así Kagome, como sacerdotisa uno de tus muchos deberes es curar a los enfermos- el anciano pudo notar un cambio repentino en la actitud de su discípula, de repente sus alegres ojos se tornaron tristes
- - Creo que aún me falta mucho por aprender, todos esperan mucho de mí- dijo casi en un suspiro
- - ¿Hay algo que te moleste pequeña?- Kagome movió a ambos lados su cabeza – Kagome sabes que puedes confiar en mi
- - Hace unos días, cuando fuimos al templo Yin Yang (donde supuestamente entrenaba Tsubaki) escuche que las mikos no pueden mostrar sus sentimientos ya que eso las hace más vulnerables, ¿Acaso eso significa que ya no puedo sonreír o llorar libremente? Yo quiero ser feliz, que los demás sonrían conmigo.
- - Kagome, tu alma es tan cálida y tus deseos siempre han sido sinceros. Durante todo este tiempo que he sido tu mentor, jamás he detectado algún sentimiento negativo en ti. Tu alegría contagia a los demás, y todos en la aldea amamos verte feliz, siempre has sido una niña muy amable, pero es inevitable sentir tristeza o miedo, y esos son los sentimientos que tú debes ocultar, ya que los seres malignos se podrían aprovechar de eso y usarlo en tu contra
- - Cuando dice seres malignos… ¿se refiere a los Youkai?- pregunto Kagome, a su corta edad ya había experimentado desagradables encuentros con esas criaturas terroríficas, siempre buscaban lastimar a las personas, y eso era algo que Kagome no podía permitir
- - En su mayoría, sin embargo no debes olvidar que alma humana es frágil y fácil de corromper, más adelante te encontraras con personas que pueden llegar a ser tan aterradoras como los Youkai
- - ¿Maestro todos los Youkais son malos?- Kagome sabía que estaba mal generalizar, pero hasta ahora todos los Youkai con los que se había topado eran crueles y despiadados, criaturas sumamente temibles
- - Kagome tienes una larga vida por delante, eso lo descubrirás con el tiempo- le sonrió – solo recuerda esto Kagome, no le temas a lo desconocido y no juzgues sin conocer, no hay razón para odiar lo que es diferente a nosotros, es su alma lo que importa.
- - ¿Su alma?- pregunto confundida – y si su alma es corrupta
- - Debes purificarla, debes sanar su alma
- - Yo daré lo mejor de mí para aprender de usted maestro- dijo decidida, tenía que reconocerlo era una niña con agallas, y sumamente dulce
- - Sé tú misma siempre Kagome, y no borres de tu rostro esa dulce sonrisa que te caracteriza- al escuchar eso Kagome río un poco. "Bueno, sonreír es fácil después de todo" pensó con inocencia – ahora anda a casa, tus padres te deben estar esperando. Nos vemos mañana en el Go-Shimboku para entrenar con el arco, esa va a ser tu arma ¿verdad?
Fin de Flash Back
"Siempre sonríe Kagome" sus palabras resonaban en su cabeza, Kagome sonrió, estaba muy agradecida con él, definitivamente no lo defraudaría. Después de todo amaba lo que hacia. Entro al templo para iniciar su día con oraciones para el bienestar de la aldea.
Kaede
Los rayos del sol levantaron a la pequeña niña, abrió sus ojos con flojera y recorrió con su mirada la habitación, su hermana no estaba… Se había prometido a si misma levantarse temprano para acompañarla a hacer sus deberes como sacerdotisa, a pesar de que Kagome le había dicho que no era necesario.
- - Hermana…- susurro con tristeza
Kaede salió de su cabaña y se dirigió hacia el templo, era bastante probable que su hermana se encontrara allí rezando.
- - Buenos días Kaede- la saludo una aldeana con alegría- ¿Buscas a Kagome-sama?
- - Buenos días señora Nekota, me dirigía al templo a buscarla
- - No la encontraras allí querida- respondió con amabilidad- hoy temprano los hombres de un terrateniente vinieron a solicitar sus servicios como sacerdotisa, al parecer un Youkai ha poseído a la princesa del palacio o eso fue lo que llegue a escuchar
- - ¿Sabe dónde vive el terrateniente?- Kaede quería ir con su hermana, tenía que acompañarla. La señora Nekota se sorprendió ante la pregunta, a pesar de su edad la niña era muy valiente, era de esperarse de la pequeña hermana de la miko más poderosa de la región
- - No Kaede, y de todos modos es muy peligroso que trates de ir por tu propia cuenta si eso estás pensando. Justo antes de irse Kagome-sama me encargo que te cuidara, así que… ¿Qué tal si me acompañas a traer un poco de agua?
Kagome
Los hombres del terrateniente habían llegado de improvisto, Kagome realmente no se esperaba que la llamaran ese día para realizar un exorcismo, tenía planeado pasar toda la tarde con su hermana, quería enseñarle a identificar plantas medicinales. Ya llevaban bastante tiempo viajando, la posición del sol había variado bastante desde que salió de la aldea, además sus piernas se sentían entumecidas, le preocupaba no poder llegar a la aldea antes del anochecer. Sabía que la señora Nekota cuidaría de Kaede, si es que ella no lograba regresar a la aldea a tiempo; Kaede podría quedarse a dormir en la cabaña de la señora Nekota sin problemas, pero igual sentía tristeza por no poder dedicarse a tiempo completo a la crianza de su pequeña hermana. Kagome sabía que Kaede entendía perfectamente que, como sacerdotisa tenia deberes por encima de ella, jamás se lo había reclamado, siempre había sido una niña muy comprensiva, y no contenta con eso hasta la ayudaba.
- - Kagome-sama, ya llegamos al palacio- abrieron la puerta del palanquín y la ayudaron a bajar- la llevaremos a ver al señor del palacio
La guiaron por un corredor largo que la llevo a un gran salón, allí se encontraba el señor del palacio junto a dos hombres, sus guardias de confianza, supuso Kagome.
- - Mi señor- dijo Kagome sentándose en el piso cortésmente con la mirada baja- ¿En que lo puedo servir?
- - Kagome-sama, la princesa del palacio hace tiempo cayó en un sueño profundo, han venido varios monjes y sacerdotisas, pero ninguno de ellos ha podido hacer algo por ella
- - Mi señor, si esta en mis posibilidades curar a la princesa gustosa lo haré- dijo Kagome con firmeza- me llevaría donde está la princesa por favor
El palacio tenía varios jardines, todos ellos con abundante vegetación y color, pero había un jardín que desentonaba entre tanta belleza… el jardín que se encontraba rodeando el cuarto de la princesa; se sentía un aura maligna en esa zona, las flores no crecían y las pocas plantas que habían estaban marchitas, en medio del jardín, frente a la puerta del cuarto de la princesa, había una estatua de una Diosa Inari que emitía mala energía.
Kagome entro a la habitación de la princesa, y se acercó a ella. Se veía tan palida y delgada.
- - Por favor, déjennos a solas- pidió Kagome, los guardias y el señor del palacio se retiraron
Kagome desvistió a la princesa, y observo un cambio de coloración violeta que nacía desde su mano derecha y subía hasta su hombro, disminuyendo progresivamente de color, finas líneas violáceas se extendían hacia su pecho, "una maldición… Probablemente la princesa fue maldecida a través de esa estatua de la diosa Inari". Kagome cogió una de sus flechas y envolvió un talismán en ella, recito unas palabras e introdujo la punta en la muñeca de la princesa, observo como la coloración violácea disminuía poco a poco.
Tardo bastante tiempo en que el brazo de la princesa regresara a la normalidad, la maldición había sido transferida al talismán que se encontraba en la flecha. La princesa empezó a abrir los ojos, Kagome retiro la flecha, y envolvió la muñeca de la princesa en una fina tela blanca.
- - ¿Qué tal se siente?- pregunto Kagome con amabilidad
- - ¿Quién es usted? ¿Qué me paso?- pregunto la princesa al encontrarse con los dulces ojos de Kagome, no sabía la razón pero verla le causaba paz
- - Me llamo Kagome, el señor del palacio me llamo para sanarte
- - Yo no recuerdo nada… - la princesa hizo ademan de querer sentarse, y Kagome la ayudo- me siento demasiado agotada
- - Su cuerpo ha combatido con una maldición, además hace días que no prueba bocado alguno- Kagome acomodo unas almohadas detrás de la princesa de modo que pudiese apoyarse en ellas- princesa, ¿Hay alguien que quisiera hacerle daño? ¿Ha tenido algún problema con alguna persona que usted recuerde?- Hubo una pausa larga
- - Yo me voy a casar- dijo elevando un poco la comisura de sus labios, sus ojos tenían un tenue brillo. Había algo ahí, ella no lucia completamente feliz, y Kagome pudo notar la tristeza- cuando Keita… mi guardaespaldas… se enteró de eso, enloqueció, dijo que no podía ser feliz con otra persona que no fuera el- la princesa derramo unas lagrimas
- - ¿Él te dio la estatua que está afuera?- pregunto Kagome, la princesa asintió
- - El ultimo día que guardo en mi memoria, Keita llego y puso la estatua frente a mi habitación, dijo que era un regalo de bodas… pero fue todo tan raro… sus acciones me decían que me olvidaría, pero lo último que me dijo fue… "Nunca serás feliz con ninguna otra persona"
- - ¡Princesa! ¡Princesa!- se escuchó una voz femenina que provenía del otro lado de la puerta- me alegra tanto que haya despertado princesa. Kagome-sama definitivamente usted es la mejor sacerdotisa de esta región- al escuchar eso Kagome se sintió algo apenada
- - Creo que está ansiosa por verte, ¿la dejamos pasar?- pregunto Kagome con una sonrisa de complicidad
- - Pasa por favor- pidió la princesa, al instante entro una chiquilla que aparentaba 15 años
- - El señor del palacio está en el salón principal esperando señorita, yo pasaba por aquí y escuche su voz, perdóneme por ser tan entrometida, me alegro tanto volver a oírla… por un momento pensé que también iba a morir
Al escuchar eso, Kagome y la princesa se sorprendieron, ¿También? ¿Acaso alguien había muerto mientras la princesa se encontraba en un profundo sueño?
- - ¿A qué te refieres? – pregunto la princesa
- - Antes de Kagome-sama… varios monjes y sacerdotisas vinieron a verla señorita… todos mencionaron que usted nunca más despertaría, y que le quedaba poco tiempo de vida, durante ese tiempo pude observar que el comportamiento del joven Keita cambio, lucia deprimido, por las noches lo escuchaba llorar y gritar… era aterrador- la muchacha se estremeció al recordarlo- un día… lo encontraron muerto en su habitación, se clavó una daga en el corazón
- - ¡No!- la princesa comenzó a llorar, Kagome atino en abrazarla, las lágrimas de la princesa humedecían los vestuarios de la sacerdotisa
Kagome ya lo entendía, o por lo menos tenía una teoría de lo que había pasado. Keita estaba perdidamente enamorado de la princesa, y puso en hechizo oscuro en la estatua, probablemente una inexperta miko oscura lo ayudo, pero sus planes no salieron como el esperaba, la intención de Keita jamás fue hacerle daño a la princesa, por lo menos no al punto de matarla. Al ver que el amor de su vida agonizaba por su culpa, se dio cuenta que no podían estar juntos en esta vida, así que prefirió morir junto a la princesa, solo que ella no murió…
Kaede
Ya era de noche, habían pasado bastante tiempo desde que el sol se había puesto… y Kagome aún no regresaba, ¿Acaso pasaría la noche en el palacio? Kaede estaba preocupada, si Kagome no regresaba tendría que dormir en la cabaña de la señora Nekota, la idea no le desagradaba, ya que era bastante amable con ella y siempre le buscaba alguna actividad que hacer para que no notara la ausencia de su hermana, sin embargo nada se comparaba con Kagome… la extrañaba.
Su hermana era diferente a cualquier otra chica de su edad en la aldea, muchas de ellas ya estaban casadas o en busca de algún hombre con quien iniciar una familia, todas buscaban lo mismo, tener muchos hijos y ser felices con su pareja por el resto de su vida… Kagome no podía permitirse eso, como sacerdotisa no tenía permitido amar de esa manera a un hombre, ella jamás podría tener una familia, si algún día ella se casaba tendría que dejarla sola, dejar sola a su hermana… Kaede no quería eso, no quería que su hermana se sintiera sola… La soledad podía llegar a ser muy terrible "Aunque probablemente eso no le importe a Kagome" pensó Kaede. Kagome siempre ponía la felicidad de los demás por encima de la suya, realmente era una mujer admirable, además de eso muy independiente, después de todo la había estado criando desde que murieron sus padres.
"Kagome onee-sama, es increíble. Mi mayor deseo es verla feliz para siempre" Kaede se fue quedando poco a poco dormida, inmersa en sus pensamientos…
- - Kaede, despierta- sintió que alguien le acariciaba sus cabellos, un dulce tacto que le traía paz, definitivamente era su hermana- sabes que ya estás muy pesada y no te puedo llevar cargada hasta la cabaña- dijo en un tono divertido
- - Hermana…- la pequeña abrió con flojera sus ojos y soltó una largo bostezo
- - Perdóname por no regresar ayer, el terrateniente considero que sería muy peligroso si viajábamos en plena oscuridad …
- - Pero ya estás aquí, eso es lo que importa- se puso en pie y la abrazo- te extrañe mucho
- - Yo también- correspondió su abrazo, el corazón de Kagome se había encogido ante las palabras de su hermanita "Perdóname por no ser una buena hermana mayor" – vamos a nuestra cabaña que te tengo una sorpresa… pero antes vamos a agradecerle a la señora Nekota ¿Si?
Ya en la cabaña Kagome llevo a Kaede hasta un baúl, Kaede no tenía ni idea de lo que era, usualmente su hermana no aceptaba pago alguno de los exorcismos que realizaba, sin embargo si aceptaba los regalos que la gente le quería dar en forma de agradecimiento, "Es de mala educación rechazar un regalo" decía siempre Kagome. Abrió la caja y se encontró con varias prendas de su talla.
- - ¿Son para mí? ¿Cómo?- sus ojos se iluminaron y su boca se curvo en una enorme sonrisa llena de sorpresa, Kagome estaba segura que su pequeña hermana estaba conteniendo sus ganas de gritar de alegría
- - La princesa me los dio para ti- dijo feliz al ver a su hermana sacarlos todos; antes de irse la princesa le rogó a Kagome que se quedara más tiempo, pero le explico que tenía que regresar lo más pronto posible a la aldea, por su linda hermanita que la esperaba; la princesa le regalo a Kagome esos trajes para Kaede, y antes de irse, le hizo prometer a Kagome que algún día volverían a verse.
Mientras Kaede se probaba las yukatas y kimonos que le habían regalado, Kagome le contaba la desafortunada historia de la princesa.
- - ¿Qué hiciste con la estatua? – pregunto con interés mientras acomodaba en un rincón de la cabaña su nueva adquisición
- - El palacio del futuro esposo de la princesa se encontraba al Noroeste del palacio donde actualmente reside, por lo que con la princesa tuvimos que viajar al Suereste, ahí enterramos la estatua junto con la flecha que use para eliminar la maldición, y tuve que sellar ese lugar. La princesa me pidió que no le contara a su padre sobre la persona que la había maldecido, ella lo amaba… pero no de la misma manera que él lo había hecho
- - Hermana eso no me parece amor, si la hubiese amado de verdad jamás la habría lastimado de esa manera, la princesa estuvo a punto de morir ¿verdad?- definitivamente para su edad Kaede era una niña muy lista- fue demasiado egoísta lo que hizo, que persona tan cruel
- - Aun así la princesa lamento su perdida, y me pidió rezar por su alma- dijo Kagome con serenidad mientras recordaba lo que le había dicho la princesa en aquel momento "A pesar de todo lo que paso, yo aún lo sigo queriendo. Nunca se lo llegue a decir… con él hubiera sido feliz, a su lado me sentía plena, no entiendo porque tuvo que llegar a ese extremo, yo si lo amaba"
"Después de todo un sentimiento tan puro como el amor, puede llevar a semejantes actos llenos de maldad. El amor puede hacer que los humanos cometan locuras" pensó Kagome "Afortunadamente, esa clase de amor... es algo que jamas experimentare"
25/06/2020
Hola queridos lectores, ¿Como se encuentran? Espero que bien. ¿Que año tan difícil estamos viviendo, verdad?
A inicios de la cuarentena volví a ver Inuyasha, una maraton de 2 semanas, después decidí leer el manga (Se los recomiendo). Amo el personaje de Kagome, definitivamente me parece que para su edad siempre fue muy madura y valiente. Siempre he pensado que Inuyasha y Kikyo no tenían un amor tan fuerte, puesto que ambos cayeron en la trampa de Naraku, y dudaron el uno del otro, y el resto de la historia ya la conocen.
Tras leer un Post de intercambio de roles y ver una imagen de Kagome vestida de sacerdotisa toda herida y Kikyo como estudiante de secundaria, me puse a pensar ¿Que tan diferente habría sido la historia si Kagome era la guardiana de la perla en la era del Sengoku?
En el manga y en el anime, no se nos cuenta mucho de la vida de Kikyo, se que fue difícil, y eso la llevo a tener esa personalidad tan fría (según yo), pero no olvidemos que ella tenia un alma pura, y bondadosa.
A falta de información sobre el pasado de Kikyo, decidí redactar en mi fic pequeñas aventuras que pudo haber tenido como sacerdotisa, de verdad espero que les guste, me encantaría poder dibujar bien para plasmar esta historia.
Aquí me despido, el próximo capitulo tratara sobre Inuyasha y la perla de Shikon. Espero poder publicar pronto.
Los leo! Acepto sugerencias e ideas.
Les envió muchas bendiciones en estos tiempos difíciles
ATTE: Princesa AdriRose
