Capítulo III: La Guardiana de la Perla de Shikon
Kaede
Todo cambio esa noche que mi hermana se convirtió en la protectora de la esfera de los cuatro espíritus. Ese día, después que los exterminadores se marcharon, mi hermana y yo cenamos, durante todo ese tiempo ella se veía ansiosa, esa noche me dijo que no la esperara para dormir; mientras yo fingía estar dormida podía ver a Kagome armar un hermoso collar con la perla mientras recitaba unas oraciones, poco a poco el sueño me venció. Al dia siguiente me levante antes que Kagome se marchara, vi cómo se colgaba en el cuello el hermoso collar que había fabricado para la perla, lo escondió entre sus ropajes. Se acercó a mí, y fingí dormir, sentí como acaricio mi cabello.
-Kaede perdóname, siempre te pongo en riesgo- la voz de Kagome se escuchaba triste
Yo en ese momento no sabía porque Kagome se encontró así, no entendí sus palabras, no entendía el miedo que había detrás de sus palabras. En el transcurso de los días las palabras de mi hermana empezaron a tomar sentido.
Los primeros días yo no me di cuenta, no entendía la razón por la cual mi hermana había puesto un conjuro de protección alrededor de nuestra cabaña, no entendía por qué pasaba más tiempo en el templo orando y no comprendía por qué ya no quería que la acompañara a buscar plantas medicinales, me prohibió rotundamente salir de la aldea.
Todo cobró sentido cuando una tarde mi hermana llegó a la aldea cubierta de sangre, todos los aldeanos corrieron a auxiliarla, "estoy bien, no se preocupen por mi" dijo sonriendo, la sonrisa en el rostro de Kagome era distinta, usualmente expresaba dulzura e irradiaba amor, esta vez transmitía tristeza; hermana eres muy mala mintiendo…
"Pero Kagome-sama esta toda llena de sangre" dijo un aldeano, "Esta sangre pertenece a los Youkais que trataron de arrebatarme la perla", me acerque más a Kagome, y pude ver como el blanco de su traje se había teñido de rojo . "Hermana" la llame, ella me miro y me dijo "Kaede, vamos a casa", mi hermana me sonrió dulcemente, como si no hubo ocurrido nada.
Ese dia ayude a mi hermana lavarse toda la sangre que tenía encima, "Kaede, gracias por ayudarme ... esto te debe parecer muy desagradable", "para nada hermana" en esos momentos mientras lavaba su cuerpo, yo agradecía que mi hermana no tuviese ni un solo rasguño y que la sangre que cubría su cuerpo no le perteneciera.
Kagome
-¿Ha sido una semana difícil para usted Kagome-sama? - preguntó la señora que me acompañaba, nos dirigimos a atender unpart
-Creo que he tenido peores semanas- dije sonriendo con algo de incomodidad, ¿acaso me veo tan mal? - las cosas cambiaron bastante desde que se me encargo proteger esta preciada gema, pero poco a poco me he ido acostumbrando, y hasta podría decir que todo ha mejorado
Las cosas iban mejorando lentamente, de eso no tenía duda, pero jamás podría ser como antes; como sacerdotisa siempre me había visto expuesta a enfrentamientos con Youkais o malos espíritus, sin embargo ahora me había convertido en su blanco. En un inicio Youkais solitarios, demasiado confiados a mí parecer, se presentaban ante mí y expresaban su deseo por la perla, some incluso incluso que me atacaban when estaba desprevenida, que cobardes .
Ellos deseaban mi muerte, poco a poco su modo de ataque fue cambiando, ya no llegaban solos, se iban juntando para derrotarme… pero para su decepción, cada uno de ellos fue purificado, apuesto a que no esperaban encontrarse con una bella y poderosa sacerdotisa .
-¡Felicidades es un varón saludable! - dije mientras limpiaba el pequeño cuerpo que tenía entre mis brazos, lo envolví entre mantas, se veía tan tierno como movía sus manitas en mi dirección mientras lloraba a todo pulmón- hiciste un gran trabajo hoy- le dije a la feliz madre, ella me miro, se veía agotada, pero en sus ojos veía esa luz, a pesar de todo el dolor ella era feliz- creo que alguien te quiere conocer- el pequeño empezó a pegarse a mi pecho, buscaba su fuente de alimento. Se lo entregue a su madre
-Gracias Kagome-sama- al verlo lagrimas se asomaron por sus ojos- es tan pequeño, mami te quiere mucho- él bebe empezó a lactar, y miro con curiosidad a su madre- tiene los ojos de su papá- me dijo emocionada
Yo lo sabia, siempre lo supe… jamás podría experimentar el sentimiento de convertirme en madre… nunca podría sentir el dolor de un parto y la inmensa felicidad de conocer a mi bebé….
Un bebé… el producto del amor entre un hombre y una mujer. Era feliz siendo la sacerdotisa del pueblo, no podía decir lo mismo de ser la guardiana de perla de Shikon…, pero muy en el fondo, deseaba tener mi propia familia, amar y ser amada. Al parecer no era mi destino ser madre, ¿Verdad? Seré feliz el resto de mi vida protegiendo a los que amo, y sirviendo a los demás.
Cuando salí del hogar de la nueva feliz familia ya todo se encontraba oscuro, fui a la cabaña, se veían las luces del interior, Kaede seguro estaba despierta, al entrar percibí un delicioso aroma. Fui recibida por mi feliz hermana, mire alrededor y canastas con verduras.
-¡Hermana llegaste! Mira prepare la cena, es un caldo de verduras, tal como me enseñaste- dijo orgullosa- ven vamos, siéntate hermana
Ese dia Kaede me sirvió de su delicioso platillo, me contó que las señoras de la aldea en agradecimiento por su ayuda le regalaron las verduras que se encontraban en los canastos. Me contó todo lo que había hecho durante el dia, pero que niña tan activa, ¿En qué momento se volvió así? . Por mi parte yo le conté cómo ayude a la primeriza madre a traer una nueva vida al mundo, Kaede me pidió que la próxima vez la dejara ayudar, y yo acepte gustosa.
-Hermana, ¿Ya no me seguirás enseñando sobre plantas medicinales? - dijo Kaede con tristeza, esa pregunta no me la esperaba- Es que acaso soy un estorbo para ti…
- Kaede, jamás he pensado eso, por eso quiero que tú tampoco lo pienses- dije con tristeza, le tome de la mano- las cosas han estado difíciles últimamente… yo no me perdonaría si algo te pasara por mi culpa, solo quiero tu felicidad Kaede
-Hermana, yo soy feliz estando a tu lado, prometo que te hare en todo lo que me pidas, me esconderé, huiré si me lo pides o me quedare a tu lado ayudándote en lo que pueda. Por favor Kagome
-Déjame pensarlo
KAEDE
Los días pasaban, y Kagome seguía marchándose sola a cumplir sus deberes como sacerdotisa, por mi parte yo me dedicaba a ayudar a la gente del pueblo y los cuidados de la casa, trataba de no ser una carga para mi hermana, siempre la esperaba con la comida preparada, ella me decía que no era mi deber encargarme de eso, pero yo sabía lo cansada que se buscó y quería quitarle un poco de peso en sus deberes.
Desde ese dia no volvimos a tocar el tema, yo entendía que Kagome no quería exponerme a los peligros que ella enfrentaba, sin embargo no perdía la esperanza de volver acompañarla.
-¿Qué tal me quedo la cena hermana? - pregunte
-esta delicioso, pero ya no deberías cocinar, si sigo comiendo de tus deliciosos platos ya no me quedara bien mi hakama- dijo riendo
-para nada, tu traje te queda perfecto, y necesitas subir de peso- le dije sonriendo
-está bien hermana mayor- dijo de una manera tan seria, que me reí- Kaede, lo estuve pensando… y creo que ya es hora de que regreses a tus entrenamientos.
-¿Lo dices en serio? - estaba sorprendida ya la vez feliz
- sí, pero me debes hacer caso en todo lo que te diga, ¿de acuerdo?
KAGOME
Durante las mañanas Kaede me acompañaba en mi dia a dia, le enseñaba donde buscar plantas medicinales y su uso en las personas, me ayudaba a curar a personas que se encontraban herida. Le prestaba mi arco para que practicara, poco a poco fue mejorando su puntería, me siento tan orgullosa de ella. A veces nos olvidábamos de mis deberes como sacerdotisa y nos escapabamos a la cascada que se encontraba cerca de la aldea.
Kaede se había vuelto muy independiente, al punto que llegue a pensar que ella cuidaba de mí, ella se encargaba de preparar el almuerzo y la cena, claro que yo llegaba justo a tiempo para ayudar, el desayuno lo seguía preparando yo, porque por más que Kaede lo intentase seguía siendo una niña muy dormilona, y eso en cierta parte me alegraba.
En las tardes, unas horas antes de que el sol se oculte, encargaba a Kaede con la señora Nekota, esas eran horas peligrosas. Afortunadamente los talismanes que había puesto alrededor de la aldea nos mantenían a salvo de los Youkais que se encontraban deseosos de la perla, todos los días, al atardecer revisaba que los talismanes estuviesen en su lugar cumpliendo su función.
Dentro de la aldea todos se encontraban seguros, el problema era cuando salía de los límites. Si bien ahora los ataques ya no eran tan frecuentes, cada vez se hacía difícil derrotarlos, cuanto más pasaba el tiempo, el número de Youkais que venían para atacarme incrementaba.
Estaba caminando por el bosque, iba en camino hacia la aldea, hace unas horas había estado en una de las aldeas vecinas realizando un exorcismo. Debía admitir que muy rara vez tomaba decisiones equivocadas, muy pocas eran las veces en que las cosas no me salían como deseaba, y aunque no lo quisiera admitir en este preciso momento, estaba sufriendo las consecuencias de una muy mala decisión.
Antes de partir, el jefe de la aldea me había ofrecido ser escoltada a caballo y en compañía de uno de sus hombres de más confianza, yo ingenuamente pensé que no necesita ni al caballo ni a la compañía. Creí que iba a llegar a la aldea mucho antes que anochezca, que me serviría despejarme caminando por el bosque admirando su belleza, que un momento a solas conmigo misma para pensar estaría bien, gran error.
Mire al cielo, y sentí un nudo en el estómago, mis temores se estaban haciendo realidad, el cielo rojizo del atardecer poco a poco se teñía de violeta, aquel color anunciaba la maldad. Empecé a correr, tenía que acercarme lo más que pudiera a la aldea, las probabilidades de llegar a los límites del campo de seguridad que había puesto eran nulas, pero estaban más cerca de la aldea había más posibilidades de que los aldeanos acudan para socorrerme.
-no voy a llegar- dije con frustración, tenía que reconocerlo sentido miedo. Ya no tenía caso correr, ya los podía visualizar, una gran nube de Youkais se acercaba a mí, podía ver sus aterradoras sonrisas…
Tome una flecha y amarre en ella un talismán que traía conmigo, la volví a guardar junto a las demás, sería mi último recurso si las cosas se ponían muy feas, tome mi arco y una flecha, me puse en posición. Los Youkais me tenían rodeada.
-entréganos la perla Miko, y tu muerte no será tan dolorosa
-qué curioso que lo menciones, justo les iba a ofrecer tiempo suficiente para que desaparezcan antes que los purifique- dije sonriendo, tratando de mostrarme segura
-¡Miko insolente! - escuche que grito uno atrás de mí, pude sentir como se acercaba a toda velocidad, fui mas rápida, y antes que se acercara más le dispare
Tras eso, todos los Youkais que me rodeaban avanzaron a matar, conjure una oración y una luz en onda salió de mi dejándolos en un estado de confusión. Aproveche eso segundos y los purifique con mis flechas sagradas, los cuerpos caían a mi lado, y la sangre de los Youkais ensuciaban mis ropajes, me dolían mis manos, se sentían entumecidas y tenía pequeños cortes entre mis dedos.
Aún quedaban algunos Youkais, y ya había agotado mis flechas, había llegado la hora de usar mi arma secreta. Recite la oración que estaba escrita en el talismán y dispare hacia el grupo de furiosos Youkais que se acercaban a mí. Al impactar en ellos, una bella y calidad luz ilumino todo el lugar, mire a mi alrededor… todo había acabado.
La noche había caído, y yo me encontraba parada entre los restos de los seres malignos, respiraba rápidamente y con dificultad, me sentí débil, había usado bastante energía para purificar a cada uno de esos monstruos, me costaba estar en pie, me hubiera dejado caer de no haber sido por la presencia que percibía a mis espaldas. No podía identificar si era humano o Youkai… ¿Tan mal me estoy?
-¿Cuánto tiempo más planeas esconderte? - dije con determinación, ocultando lo débil que estaba, no recibí ninguna respuesta… gire mi cuerpo en la dirección donde percibía su presencia.
El oscuro ambiente en el que estaba fue iluminado por un relámpago, en ese corto período de luz pude identificarlo, se encontraba escondido en la rama de un árbol, no se dejaba ver, y a mi parecer no mostraba intenciones de atacarme… sentí como gruesas gotas de lluvia empezaban a caer… "Genial lo que me faltaba"
-¿Estas detrás de la perla de Shikon también?
-¿Perla de Shikon ?, y… ¿qué es esa perla? - al escucharlo me sorprendí, era la voz de un muchacho, su tono de voz me confirmaba que este ser no tenía ni la más mínima idea de quien era yo y del tesoro que me encargaba de proteger.
Hola, ¿como estan? Espero que bien. Gracias por leer mi historia
Hace tiempo no actualizaba, estoy tan feliz de poder hacer ahora.
Me siento un poco frustrada con fanfiction, me he dado cuenta que en los anteriores capítulos que he subido se han cambiado palabras, espero que esto no suceda en este archivo. Ya corregi las palabras que se cambiaron, espero q no las vuelvan a modificar, es realmente incomodo leer, y encontrarse con frases sin sentido, me disculpo por eso.
Gracias por darle una oportunidad a mi historia.
