SNOW WHITE MEMORIES
Love Live no me pertenece, es propiedad de ASCII Media Works, el sello discográfico Lantis, y el estudio de animación Sunrise.
Historia basada en el doujin Snow White Memories de Inuzuka Bowl
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Las nevadas usaban el frío invernal para anunciar su llegada. No había rastros de hojas verdes, una muy ligera capa blanca cubría las ramas de los árboles y, si eras muy observador o lo suficientemente curioso, podrías ver el halo de aliento blanco acompañando las palabras.
Pero ella no observaba ese aliento o esas ramas. Ella estaba sumida en algunos recuerdos.
Ocho años después de graduarse, conduciendo alrededor de Chiyoda de regreso a casa del Hospital, tan solo ver a tres chicas con un uniforme similar a los de sus días de preparatoria, hizo que los recuerdos comenzaran a surgir. Al mirarlas llenas de energía y esperanza, notó que los lazos que las unían son mucho más fuertes de los que ella alguna vez tuvo.
Le hicieron rememorar el día de la despedida, cuando ella pasó a ocupar el lugar de las de tercero. Y los sentimientos que creía enterrados, regresan tan vívidos, como si nunca se hubieran ido.
Tres chicas con uniformes azules y corbatas verdes que sostenían un pergamino en sus manos. Había sentimientos de alegría, de tristeza y de triunfo entremezclados. Las tres miraban al frente, caminando firmes hacia la salida después de la despedida que las separaría.
¿Dónde estaba Maki en ese entonces? No estaba con el grupo de chicas que las esperaba en la puerta, y tampoco estaba en el grupo de menores que les decía adiós, llenas de lágrimas.
No.
Maki estaba lejos. El piano a sus espaldas y el silencio ajeno del salón, fueron los únicos testigos de sus sollozos de desdicha. No estaba afligida por ver partir a sus amigas, ni estaba de feliz de que lograran graduarse. Sus sentimientos eran mucho más complicados que aquellos.
Ella sentía que su corazón se partía en mil pedazos. Era tan cobarde, nunca se atrevió a revelar sus verdaderas emociones. El dolor resultante de su silencio sólo hacía más grande la angustia, odiaba que no tuviera el egoísmo suficiente para anhelar más. Se conformó con su sonrisa y con su presencia, dejando que la cegara por completo para no afrontar, el hecho inevitable de su partida.
Aquél día en la graduación, Maki no pudo armarse de valor para decirle a Honoka cuánto significaba para ella, cuánto la amaba.
Tal vez ese fue el detonante de que su mente le jugara una mala pasada. Las emociones que su corazón se negaba a olvidar, provocaron que, en un cruce cercano cuando estaba detenida esperando la luz verde, captara la silueta familiar de la chica de sus anhelos, caminando en la acera tranquilamente mientras sostenía alguna hoja en sus manos y una expresión de confusión en su rostro.
No podía decirlo con certeza porque apenas fueron segundos, pero algo en su corazón que comenzó a latir repentinamente, le dio la razón. Había visto a Honoka.
Intentó voltear, por supuesto que lo haría, para cerciorarse de que era ella. Pero un claxon le impidió apartar la mirada para ver a tiempo el semáforo poniéndose en verde, obligándola a reanudar la marcha.
¿Fue una ilusión? ¿Su mente le jugaba malas pasadas?
Se estacionó apenas encontró un lugar. Casi corriendo, regresó el camino andado, manteniendo la esperanza de encontrarla, de que no fuera una alucinación, pero por más que caminó varios metros, no la encontró.
Se sintió estúpida por creer que era ella. Tal vez la confundió, tal vez sólo deseaba que lo fuera. Mientras más lo pensaba, más tonto era, ¿qué haría Honoka ahí? No tenía sentido.
Sus caminos se separaron mucho antes de que pudiera darse cuenta.
Maki regresó a su auto y continuó su marcha hacia su departamento. Ya era tarde y el tráfico se hacía más pesado.
Sin embargo, la duda surgió en su corazón.
Día tras día condujo por el mismo lugar, lo más lento que el tráfico le permitía para asegurarse de echar un buen vistazo a todas las personas que pasaban por ahí. Incluso decidió dejar su auto en un estacionamiento privado y caminar desde ahí hasta su hogar. Sus ojos nunca dejaron de inspeccionar cada rincón y ventana, confiando en su memoria para poder reconocer a la chica. No pudo haber cambiado tanto, no podía ser tan diferente de las escasas fotos que tenía de los últimos años, ¿qué tan cambiada puede ser una persona de una foto?
Cuando ella se graduó, el contacto se mantuvo por los primeros meses antes de que sus estudios la absorbieran. Honoka se mudó a los dormitorios de la Universidad de Nagoya, para estudiar Ciencias Sociales y de la Comunicación. A 300 kilómetros de Akiba. No había forma de que se vieran, era incluso demasiado increíble, que su ex líder lograra entrar a una institución tan prestigiosa, como para arruinarlo haciéndola regresar sólo porque ella no podía lidiar con sus sentimientos.
La comunicación que tuvieron, al igual que con las demás que se graduaron, continuó con las video-llamadas, cambiaron a llamadas y, finalmente, a los mensajes. No es que pudiera tener algún resentimiento, ellas mismas estaban ocupadas con los remanentes de µ's, Rin como presidenta del club de idol, y ella, como Presidenta del Consejo Estudiantil. Hanayo fue la vicepresidenta en ambos.
La cantidad de solicitudes que recibían, la documentación al día de los clubes, el entrenamiento de futuras generaciones de idols, las juntas para fondos y eventos. Siempre se sorprendía de la cantidad de cosas que debían hacer en el día, y admiraba la destreza de Eli y Nozomi quienes, además lograron ser school idols. Claro que los tiempos cambiaron, el incremento de la popularidad del Love Live que cada año atraía más y más nuevos talentos era un factor importante también. Sin olvidar la preparación para ingresar a la Universidad.
Al final del día escolar terminaba, y finalmente podía usar su teléfono, apenas tenía unas pocas horas para ponerse al día con las demás. Entre tareas y hablar con todas, la comunicación fue lentamente acortándose.
Cuando se dio cuenta, apenas se mandaban mensajes. Incluso la frecuencia de ellos disminuyó. Estaban bien, cumplían sus sueños y metas, eso era lo único que debía importar. Era de esperarse que pasara y, aun así, no fue menos doloroso.
De todas sus amigas, trató de estar más al pendiente de Honoka, ya que, fue gracias a ella que había encontrado una parte de sí que creía perdida. Fue ella quien sacó a la Maki que se había refugiado en sí misma para protegerse, la llevó a una luz brillante y la hizo caminar con seguridad para reencontrar su propio yo. Amaba a la Maki que encontró, y amó a la chica que la buscó.
Pero justo como sucedió con las demás, los mensajes y noticias fueron cesando hasta que, un día, ya no hubieron más.
Todas en µ's hicieron su vida. Algunas lejos, como Kotori y Eli quienes se fueron de Japón para hacer estudios en el extranjero, y otras, se mudaron a ciudades lejos, tal como Honoka, Nico y Umi.
Solía coincidir con el resto, Rin y Hanayo seguían cerca de Tokio y podía verlas unos cuantos días entre semestres cuando estaba libre. Nozomi continuó algún tiempo en el santuario y cuando se graduó, siguió a Eli en Rusia.
A veces recibía pequeños regalos de Kotori desde París y una que otra postal desde el dojo de Umi, donde sabía que ya era maestra.
¿Habría cambiado algo si le hubiera confesado sus sentimientos? ¿Hubiesen seguido en contacto? ¿Podrían haberse visto más seguido? Para empezar, su amor ni siquiera podría haber sido correspondido.
A ella le costó muchas charlas con Nozomi y Nico para comprender qué era lo que sentía por la líder de µ's. El por qué una sonrisa suya bastaba para derribar sus defensas y apoyar cada locura, que al final era una victoria. La molestia que le generaba verla rodeada de otras chicas, la excesiva atención que recibía de las kohais; la razón de que le doliera en el alma cuando su sentido de inferioridad salía a flote, y buscaba la forma de animarla. La calidez que la embargaba su felicidad, y cómo cada toque le provocaba sonrojos y nervios.
¿Dónde surgió el amor? No estaba muy segura, a veces pensaba que empezó aquél día en la sala del piano, cuando sus ojos llenos de ilusión y su sonrisa brillante de confianza, le extendieron la mano para comenzar una maravillosa historia. El sentimiento creció cuando la miró practicar día tras día en esas interminables escaleras. El esfuerzo que hacía para ponerse en forma, los pasos torpes que fueron evolucionando con las coreografías y su voz, ¿existía algo más lleno de vida y armonía que su voz? Por algo fue el centro del grupo, porque la confianza que exudaba, la alegría y vitalidad, concordaban con su tono amable y melodioso.
Honoka tomó cada derrota como un mayor impulso para sobreponerse. Sin dejar atrás su personalidad despistada y algo vaga, ¿cómo podía negarse cuando sus ojos azules la miraban tan fijamente? Parecía que atravesaría su alma.
Ella fue un faro que le mostró un camino que creyó cerrar. El sendero al piano que tanto amó y de la que se sentía orgullosa, y que sus padres le obligaron a olvidar. Ella le mostró que era parte de su vida, un talento y un amor que valía la pena continuar. La reconocía por la verdadera Maki, y no por su apellido.
Su mundo se expandió. Más allá del piano, el seguir el ritmo, repetir los movimientos de las demás para montar una coreografía, entrenar su voz y ayudar al resto, usar trajes que nunca en su vida pensó que se pondría. Todo fue un estallido increíble a un mundo de colores.
Su vida en la preparatoria había sido únicamente estudiar y estudiar, tal como su padre decía, siguiendo sus instrucciones ciegamente.
Y de pronto, todo se puso de cabeza. De repente, había un montón de personas mirándolas cantar y bailar, gente que la apoyaba, que coreaba su nombre e imprimía cosas con su rostro para ondear.
Nunca había sentido ese gran palpitar en su pecho, esa felicidad.
Conocer a µ's y a Honoka, le hicieron descubrir cuán importante es que uno mismo escoja las cosas que le gustan.
Todo contribuyó al nacimiento de nuevas sensaciones. Le costó comprender que lo que sentía era algo más que sólo admiración y gratitud, que era amor, ¿cómo Honoka podría haberlo hecho? Ni siquiera parecía pensar en el romance, y, si alguna vez lo hizo, Maki pensó que no tendría oportunidad.
No cuando veía la admiración y cariño en sus ojos al mirar a Tsubasa Kira o a Sonoda Umi, una como la idol que le inspiró a iniciar su propia historia y quién se había hecho un lugar a su lado, ofreciendo consejos y apoyo. Y por el otro lado, la amiga de la infancia leal que creció a su lado y siempre estuvo en los momentos más críticos, desde las derrotas hasta las victorias. Ambas eran como los caballeros de Honoka, ¿podría ser Maki lo mismo para ella?
Estaba segura de que sólo la veía como una amiga igual que al resto del grupo. No destacaba, y lo único sobresaliente de ella fue la música que creó. No había dejado una marca en su corazón. Maki no la merecía.
Los días continuaron sin ningún éxito. Pensó que era un sinsentido continuar con ello, sólo fue su mente jugándole una mala pasada.
Tal vez era tiempo de dejar ir esos sentimientos, de olvidar lo que alguna vez fue un amor.
Necesitaba hacerlo.
Cada día, los recuerdos la hacían sentir más miserable y sola. Las practicas se volvían más pesadas y tediosas, y aún trataba de ocupar las más posibles sólo para que su mente se alejara del martirio.
Odiaba sentirse así, odiaba que aferrarse a un amor como el de su adolescencia no le dejara avanzar. Tenía que liberarse, dejar ir las noches de suspiros y tristeza.
Esta no era la Maki que quería ser. Tenía que superarlo. Arrancarse los recuerdos, la nostalgia y… seguir adelante.
Cada una hizo su vida, simplemente, ella no podía estar en la suya.
El día en que tomó esa decisión, en la última vez que dejaría su auto en aquél estacionamiento… escuchó su voz.
—¿Maki-chan?
Honoka estaba frente a ella, mirándola con esos soñadores y enigmáticos ojos azules llenos de sorpresa y felicidad.
Parecía un sueño.
Luchó por guardar la compostura e intentar que su sonrisa no fuera demasiado obvia. No quería que notara sus ojos empañados.
—¡Wow! ¡De verdad eres tú, Maki-chan! ¿¡Cómo has estado!? —Honoka ni siquiera le dejaba responder. Ahí estaba ella, dándole un cálido abrazo y dejando sus brazos sobre sus hombros con la familiaridad de siempre, cómo si no fueran dos personas encontrándose después de años—. Oye, ¿tienes tiempo? Justo buscaba un lugar para comer, ¿sabes de alguno cerca?
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Seguía creyendo que era un sueño. Apenas una hora atrás, decidió que se arrancaría los sentimientos que tenía por Honoka, y ahora, ambas estaban de frente, cenando en una pequeña cafetería.
Creció. Ya no quedaba nada de la adolescente despistada y de pinta holgazana. La mujer frente a ella irradiaba un aire de madurez y poseía una belleza resaltante. Su cabello, ahora amarrado en una única coleta larga, enmarcaba su rostro de una forma tan sutil y elegante. Su estilo también era diferente, el viejo aesthectic se transformó en uno formal y maduro que combinaba cada color y talla para resaltar su piel morena.
Se veía más hermosa que nunca.
El café nunca se había sentido tan delicioso.
—Entonces, ¿qué estás haciendo Maki-chan? Fuiste a la escuela de medicina, ¿verdad?
—Me gradué esta primavera, ahora estoy a la mitad del internado clínico en Juntendo—respondió. Su sonrisa no desapareció en ningún momento.
—¿Eh? ¿¡Toma tanto tiempo ser doctor!?
Maki bebió de su café antes de responder. La presencia inquieta de Honoka la ponía nerviosa. Agradecía que aún pudiera hablar sin tartamudear.
—La escuela toma seis años de estudio, el internado dos años y la residencia tres años más —explicó—. Todo eso suele ser a veces… ocupado y cansado. Me estoy especializando en medicina intensiva. La otra noche me llamaron para ayudar en una cirugía.
—Eso se escucha duro… pero suena como tú, se ve que te gusta, Maki-chan.
—Bueno… estoy aprendiendo mucho, eso es algo… satisfactorio.
Desvió la mirada, incapaz de soportar la admiración con que Honoka la halagaba. No sentía que fuera justo, no después de volver a abandonar el piano, luego de que se graduara de la preparatoria. Algo en continuar se sentía ajeno, cómo si una parte importante se hubiera apagado.
La presión de sus padres aumentó desde que µ's se separó. El futuro brillante que vio ya no existía y ya no había excusa para alejarse de lo inevitable. Su padre lo dijo claro una vez, mientras las actividades de idol no interrumpieran sus estudios, podría seguir en el club. Sin club, no tenía el coraje suficiente para negar su destino.
—¿Qué hay de ti? —preguntó, frenando los pensamientos deprimentes. No era momento para arrepentimientos, no con la chica frente a ella.
—¡Oh! —Honoka dejó la taza de café en la mesa y se puso a buscar en su bolso, hasta que sacó una revista con la portada de un grupo idol de chicos— trabajo como editora en la revista Seiyu Grand Price. Hice mi residencia ahí durante la universidad y, me ofrecieron un contrato cuando me gradué.
Verla tan animada y contenta la hizo sonreír de nuevo.
—¡Ah! Y el otro día entrevisté a Nico-chan, ¡mira!
Ella pasó página tras página hasta dar con esa parte, a la vista, en una foto que, ocupada la mitad de la hoja, una mujer de cabello negro y traje impecable estaba de perfil, mirando con una sonrisa tranquila hacia algún lado. Debajo había una leyenda que decía: Yazawa Nico, de idol a productor. Y mucho más abajo, en una esquina, la firma de Honoka Kousaka.
"¿Quién era ella?" pensó. La senpai que alguna vez fue su mejor amiga y consejera, lucía igual de irreconocible. El tiempo no pasó en vano, ¿cómo es que se perdió de tanto?
—Ella es increíblemente asombrosa.
—Wow —Maki estaba sin palabras. Parecía que las noticias que sabía de todas las pintaban de felicidad—. Todas están haciendo realidad sus sueños, todas son increíbles. —Su voz titubeó. Bajó la vista hacia su café y observó su reflejo en el. Sus ojos no tenían la misma chispa que veía en Honoka y en Nico— Pero yo…
—¿Te arrepientes? ¿De convertirte en doctor, Maki-chan?
Apretó los labios, sus manos temblaron, ¿podía arrepentirse a estas alturas?
—No —negó—, no lo hago. Es sólo que… la única razón por la que elegí este trabajo es por mi familia. No me gané esto por mi cuenta.
—¿De verdad piensas eso?
La voz comprensiva de Honoka atrajo su mirada. Ella la veía con ese atisbo de seriedad y emoción mezcladas, la misma mirada que solía lograba hacerla seguirla.
—No diría que serás una doctora sólo porque tu familia lo dijo, ya que… el que hizo todo ese estudio y esfuerzo, fuiste tú, ¿verdad? Si te esfuerzas al máximo, justo cuando puedes no hacerlo, es porque es lo que eres. Es tu vocación.
Esas palabras, Honoka siempre ha sabido las palabras que necesitaba escuchar.
De repente, las dudas de su mente se despejaron. El peso se esfumó de sus hombros.
Era una adulta ahora, podía elegir sin importar lo que su padre dijera. Tenía los ahorros, la capacidad. Siempre lo supo, que una parte de ella realmente amaba lo que hacía, ya no era una imposición, era su elección. Honoka nuevamente le dio ese poder de libertad.
Estaba a punto de agradecerle cuando ella volvió a hablar.
—Por cierto, ¿qué estabas haciendo por aquí tan tarde Maki-chan?
Los nervios la invadieron y sus mejillas se calentaron, ¿qué iba a decirle? ¿Qué dejó su auto en un estacionamiento para ir caminando y ver si se encontraba con ella? Era vergonzoso.
—Vivo cerca —decidió decir. Tampoco es que fuera mentira, estaban a dos cuadras de su apartamento, en el centro de Chiyoda—. ¿Qué hay de ti? Nunca te había topado antes.
—Ah —Honoka transformó su sonrisa en una traviesa que la hacía ver adorable—. Mi agencia abrió una nueva oficina por aquí y me transfirieron, pero ahora me queda muy lejos de casa. Y los trenes en hora punta son realmente malos, no puedo hacer eso todos los días. Algunas veces pierdo mi parada porque no salgo temprano, suelo quedarme en un hotel hasta el día siguiente. Estoy pensando en mudarme.
Su respuesta fue una gran sorpresa. Mientras más hablaba, su corazón se aceleraba. Una idea formándose en su mente a cada segundo.
—Aunque no es tan fácil como parece, esta área es muy cara para mí. Así que, supongo que no tengo suerte.
¿Podría decirlo? Las palabras que podrían cambiar su relación.
Aquél encuentro casual, y su encuentro ahora… no creía tener otra oportunidad de nuevo.
Tragó, su garganta se sentía seca, armándose de valor.
—Honoka —La llamó, su corazón estaba desenfrenado, alternó su mirada entre su café y ella, luchando con el sonrojo en su cara—, si tú quieres… ¿te gustaría en mi departamento?
Un vistazo. Honoka la miraba asombrada. Un sonrojo pequeño, muy sutil cubría también su rostro.
—¿Eh?
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N/A:
¡OH YES, AQUÍ TENSHI REPORTÁNDOSE SEÑOR!
Y hablando de reporte, les presento esta pequeño fanfic de apenas dos capítulos. Siendo ésta la primera parte y en el transcurso de esta semana tendré el final. Debo decir que hago un poco de trampa, ya que la historia está basada en el doujin mencionado arriba, que pueden encontrar en Dynasty Reader en inglés. Casi podría ser una traducción al español sólo que, abarcando más contexto, considero. Además de que, aunque amo el doujin con toda mi alma, siento que hace falta un final contundente con una buena respuesta de Honoka. Que es lo que trataré de hacer aquí.
Espero que esta versión sea de su agrado.
Necesitaba sacarlo de mi sistema para continuar viviendo ;D
Nos leemos~
