¡Hola a todos! Decidí retomar una historia que escribí hace años sobre Digimon (Causalidades) y reescribirlo porque estamos en pandemia y al parecer no tengo nada mejor que hacer, jaja. Espero les guste este nuevo "take" en la historia. Dejaré la original un poco más para que me digan si les gusta esta nueva dirección que estoy tomando. Los capítulos procuraré subirlos los miércoles, así me pongo una meta y esperaré cumplirla.

DISCLAIMERS

Ni Digimon ni sus personajes me pertenecen. La historia es originalmente de mi cabeza y esa sí me pertenece por lo que no permito su reproducción parcial o total sin pedir permiso

La historia estará en rate M ya que tratará temáticas fuertes como traición, violencia, abuso y probablemente situaciones explícitas como Lemmon. Leer bajo su consideración. No todo el contenido será M rated, les haré saber siempre al inicio de cada capítulo para que puedan decidir si continuar leyendo o no. Porque lxs amo mucho


Los colores anaranjados de un amanecer sacro comenzaban a comerse el oscuro cielo dándole la bienvenida a un nuevo día, la alarma que parecía reafirmar el ciclo de los días marcaba las 6:00 AM dando inicio a la alarma que bien podría confundirse con graznidos. Taichi Yagami había elegido ese sonido para que le fuera imposible no despertarse, pero se subestimaba.

Yacía en su cama con las piernas enredadas en la almohada, los brazos en ángulos que cobrarían factura cuando por fin despertara de su sueño profundo. El cobertor adornaba el suelo, aunque cualquiera que supiera lo básico en diseño de interiores cuestionaría esa decisión. La realidad es que Taichi Yagami tenía el sueño pesado y constantemente revoloteaba en su cama causando más de un accidente a lo largo de su vida por las constantes caídas de la cama. Los graznidos continuaban siguiendo el patrón de su alarma punzante pero el moreno estaba sumido en su sueño.

—¡Taichi Yagami! ¡Por Dios! —resoplaba tras la puerta su hermana. Al menos la alarma servía para despertar a uno de los dos hermanos Yagami. —¡Levanta tu trasero de inmediato y apaga esa maldita alarma!

No hubo respuesta.

—Es Viernes, por un demonio. —se quejó sintiendo el dolor de cabeza apoderarse de ella. Golpeando el suelo con los pies se dirigió a su habitación, tomó un pasador de cabello y lo miró como si fuera su tesoro más preciado. —Taichi…

Abrió el cerrojo sin problema.

Cuando haces algo constantemente tus músculos memorizan el movimiento y lo repiten casi inconscientemente, como cuando ingresas la contraseña de tu celular o manejas a un destino destino constante. Esto era similar para Hikari, había abierto la puerta de su hermano tantas veces que se preguntaba por qué seguía molestándose en ponerle el pestillo.

Quizá le dan un falso sentimiento de seguridad.

Abrió la puerta con una fuerza producto de ser la hermana menor de un grandulón al que le gusta pelear y sujetó con ambas manos la pierna de su hermano, halando de él hasta que su trasero chocó con el suelo despertándolo por fin de su eterno descanso.

—¡Maldita sea, Kari! ¿Cuál es tu problema? —lloriqueaba sobándose la espalda. —Ya te he dicho que no entres a mi habitación.

—No lo haría si apagaras esa maldita alarma. ¿Al menos puedes cambiarle el tono? ¡Es tan insoportable! —apretó ambos puños y ella misma ahogó el sonido irritante.

—Ya te dije que me ayuda a despertar… —ya se había erguido por completo y estiraba sus extremidades en otro intento fallido de despabilarse del sueño. En cuanto estiró los brazos sintió un tirón y de pronto un hormigueo que le recorría de las manos a los hombros. Maldijo en su cabeza, otra vez había dormido mal.

—Pues no hace un muy buen trabajo. —Si alguien le tomaba una fotografía a Hikari y le mostraba su expresión ella misma se habría asustado. A pesar de ser tan menuda y corta de estatura tenía un temperamento sensible. —Métete a bañar tu primero. —sentenció.

—¿¡EH!? ¿Además de irrumpir ilegalmente en propiedad privada —Taichi se tomaba sus clases de abogacía muy en serio— quieres forzar a las partes afectadas a tomar un baño tan temprano?

Una vena brotó de la frente de Hikari, su paciencia no aguantaría mucho más.

—¿Qué día es hoy, Taichi?

El moreno parecía no tener idea de dónde venía la pregunta de su hermana. Esta, conociéndolo, sacó su teléfono mostrándole el calendario y la lista de cosas por hacer:

Agosto 1, Viernes.

—Yoga matutino

—Parar para comprar tampones

—Pasar a recoger las flores

—Recoger a "Meems" del aeropuerto.

—Entregar el avance de tesis.

La mirada de Hikari evolucionó de la furia a la cautela. Aunque no lo dijera en voz alta estaba preocupada por su hermano.

—Hikari… —el suspenso creciendo.

—Taichi, puedes hablar conmigo…

—¡Yo qué carajo necesito saber que necesitas comprar tampones! —el moreno había interrumpido a su hermana, que se palmeaba la frente.

—Nunca vas a cambiar, Taichi Yagami. —una risa sutil abandonó sus labios. Al mirarlo detenidamente notó como la expresión de su hermano se suavizaba y un deje de melancolía se reflejaba en sus pupilas.

Hikari lo miró enternecida y se preguntó cuántas veces su hermano había utilizado su sentido del humor para proteger sus sentimientos.

—Anda —le hizo un gesto con la cabeza para que saliera de su cuarto la invasora de privacidad. —Me arreglaré para pasar por las flores. Te veo abajo a las 7:00 en punto.

Con una última mirada Hikari abandonó la guarida de su hermano cerrando la puerta tras de sí.


Takeru estiraba sus brazos renunciando al sueño que segundos antes lo tenía bien envuelto, se frotó del rostro tallándose los ojos ayudándolo a enfocar mejor su vista. Miró el reloj que marcaban las 6:15 AM.

—Aún me quedaban 15 minutos más para dormir… maldita sea. —Desde que era pequeño su madre lo había acostumbrado a despertarse temprano y nunca había podido deshacerse de esa costumbre. Ni siquiera cuando tomaba o estaba enfermo. Estiró el brazo desactivando la alarma que rara vez cumplía su función.

Se quedó contemplando el vacío de la habitación por unos 2 minutos antes de volver a la realidad, calzarse las pantuflas y dirigirse a las escaleras para descender a la cocina. A paso apesadumbrado se arrastraba cuando un golpe sordo hizo que activara sus sentidos.

—Maldición —se sobaba con euforia la cima de la cabeza, se había topado con la esquina de la pared que daba inicio a las escaleras.

Cada agosto Takeru acostumbraba a pasar un mes con Yamato, era una tradición que se había establecido desde que su hermano mayor se había independizado de su padre. Aunque el departamento en el que vivía no era un desastre, en gran medida a la pulcritud de su hermano, el espacio estaba claramente diseñado por alguien que no conocía de arquitectura.

Una vez el dolor cedió bajó las escaleras agachándose esta vez. Ya conocía el desperfecto de esa pared en específico y le daba vergüenza admitir todas las veces que se había estampado con anterioridad. El pequeño departamento solo tenía una habitación que solían compartir cuando eran más pequeños, sin embargo apenas crecieron se volvió demasiado incómodo, así que Yamato optó por dejarle el cuarto y él dormir en el sillón de la sala.

Esperando encontrarlo ahí Takeru arqueó una ceja cuando vio el espacio vacío, ni siquiera había señal de alguna almohada o sábana que diera aun indicio de vida. Siguió su camino a la cocina, tomó cualquier vaso que encontró y lo llenó con agua del grifo que bebió con desesperación, escuchó una puerta abrirse y cerrarse. El pestillo siendo colocado. Pasos aproximándose a la cocina. Pasos alejándose de la cocina.

—No puedo dárselas… —apenas era un murmullo.

—¿Hermano? —inquirió Takeru sintiendo el nervio de que quizá alguien se había metido al apartamento de su hermano. Yamato nunca se levantaba tan temprano, ni siquiera para prepararse para sus presentaciones.

—¡No puedo dárselas! —el murmullo se transformó en un grito.

—Eh, ¿qué sucede? ¿Estás bien?

La imagen frente a Takeru parecía sacada de una película romántica con muy poco presupuesto. La sala, apenas iluminada por una lámpara barata dejaba ver la figura de su hermano envuelto en un traje negro desde el cuello hasta los pies y en su mano izquierda lo que parecía ser un buqué de rosas. Yamato se acercó hacia la cocina que contaba con una ligera mejor iluminación revelando el color de las flores: rosas rosas. Las favoritas de Mimi. Pronto todo tuvo sentido.

Se rascó la cabeza con notorio nerviosismo, el olor de la colonia que su hermano se había puesto se impregnó en el espacio. Se había puesto demasiada. —¿Quieres que yo…?

Ni siquiera pudo terminar la pregunta cuando su hermano asintió enérgicamente.

—Sí. Claro. Si vienen de ti seguro que las acepta. Genio.

Era definitivamente un cuadro ver a su hermano comportarse de esta manera, el siempre implacable Ishida parecía nervioso.

—Pero hazme un favor —el semblante de su hermano se endureció, Takeru sonrió ampliamente. Ese se parecía más a su hermano. —Cámbiate de ropa, que parece que vas a un funeral. Y, no más colonia. Apestas.

Un bufido fue la única respuesta que propició la silueta de su hermano que desaparecía por las escaleras.


El taxi dejó a los castaños en las puertas del aeropuerto después de cobrar la cuota y los despidió animosamente con la mano. Taichi tenía un carisma innato que lograba sacar conversación a casi cualquier persona, quizá por eso había escogido el camino de la abogacía.

—¡El ramo! —gritó Hikari preocupada a un Taichi que se despedía amigablemente del taxista. Entonces el moreno entró en pánico al notar que el ramo no estaba en su mano, sin perder más tiempo corrió tras el taxista logrando que se detuviera.

—¡Ah! Eso estuvo cerca —trataba de recuperar el aliento cuando hubo llegado a donde estaba su hermana que cubría su boca en un intento inútil por encubrir su risa.

—¿Por qué siempre tienes que ser tan despistado? ¿No te da pena? —decía la castaña que se amarraba al brazo libre de su hermano. —Al menos no has perdido tu condición física

El moreno alzó el pecho con orgullo sintiéndose todopoderoso.

No tardaron en encontrar a sus amigos que esperaban pacientemente, casi todos con rosas rosas y carteles en los que se leía el nombre "Mimi Tachikawa"

—Llegan tarde —reprendió Koushiro después de ver el reloj marcando 5 minutos después de las 8:00

Yamato Ishida notó que Taichi llevaba el ramo de rosas y frunció el ceño, miró a Takeru y este le lanzó una mirada a Sora, la única en el grupo que no llevaba ni flores ni cartel y Yamato simplemente bufó.

—¿Aún no ha llegado? —preguntó el moreno mirando a todos lados buscando a Mimi, tenía el estómago hecho un nudo de nervios. Estar en un aeropuerto esperando por Mimi era una sensación agridulce, le emocionaba verla nuevamente pero le aterraba volver a perderla como aquella vez.

—No, tienes suerte —esta vez habló un hombre larguirucho de cabello azul. —Princesa te habría matado si no estabas aquí cuando descendiera del avión

Todos soltaron una risa nerviosa. Joe tenía razón, después de todo. La palabra "Princesa" hizo eco en la cabeza de Taichi, él había bautizado así a Mimi, después de todo.

Habían pasado 15 minutos que se sintieron como una eternidad para todos cuando atravesó las puertas corredizas primero el capitán y luego las azafatas. Todos alzaron el rostro expectantes. Caras desconocidas seguían cruzando las puertas donde eran recibidos por sus familiares.

Los aeropuertos tienen esa magia en donde esperar se vuelve un tormento, el tiempo parece estirarse tanto que te preguntas si estás en el lugar correcto a la hora correcta. Pero todo vale la pena cuando recibes a alguien que no has visto en mucho tiempo.

Y Yamato Ishida que ya estaba fastidiado de esperar supo que todo había valido la pena cuando la vio en la distancia, con su cabello envuelto en un moño y sus ojos vidriosos de la emoción. Taichi vio como la sonrisa de Mimi creció cuando por fin logró identificarlos entre todas las personas.

La castaña olvidó todo el agotamiento que cargaba cuando vio a sus amigos recibirla con sus flores favoritas y carteles que coreaban su nombre, pedirle que contuviera las lágrimas sería una ofensa. El primero en acercarse a ella, con los brazos abiertos y sus flores favoritas en la mano fue Takeru, quien la envolvió en un cálido abrazo que la alzó unos centímetros del suelo aún cuando llevaba sus botas de plataforma.

Mimi no pudo contener más su emoción y le dejó un rastro de besos por el rostro. Takeru estaba tan diferente, su firme agarre no la iba a soltar tan fácil y menos cuando lo recibía con tal cariño.

Cuando por fin se dejaron ir el rubio le entregó el ramo y esta lo abrazó como si fuera el tesoro más preciado que le pudieran haber entregado. Yamato intentó ocultar su sonrisa; sí le gustaron las flores.

La castaña abrazó a Hikari, quien se veía mucho más madura desde la última vez que la vio. Después se abalanzó a Superior Joe con el rojo escociéndole la cara. Koushiro era el siguiente en la lista, Mimi podía jurar que estaba más alto. Sora la rodeó solamente con un brazo y una sonrisa extraña. Rodeó a Yamato con sus brazos pero éste le dejó quedarse así solamente unos segundos antes de deshacer el abrazo, el rubio miró a un par de hombres que charlaban en inglés a unos metros de ellos.

—Mimi —llamó Taichi capturando la atención de todos. Sintió que le temblaban las piernas. —Esto, yo… Te trajimos estas flores. Hikari y yo.

Estaba a punto de traicionarse a sí mismo pero se contuvo, admitir que aún estaba loco por Mimi Tachikawa sería la llave para desintegrar el grupo y quizá perderla para siempre, eso no era una opción.

—Gracias Tai —su suave voz le acariciaba el oído a Taichi, quien extendió las flores para que la castaña las tomara aunque tenía otros 3 ramos. —Son preciosas

Con las manos llenas había tenido que bajar su bolso de mano al suelo. —¡James! —llamó a uno de los dos hombres que platicaban en la distancia.

Un hombre joven, en sus treintas, se había acercado rápidamente a donde la castaña y sus amigos, hizo una pequeña reverencia sin decir palabra y todos le miraron con curiosidad,

—Can you help me with this, please? —dijo la chica en un perfecto acento estadounidense. El hombre de inmediato tomó su bolsa del suelo y los ramos de flores, antes de que se alejara en una reverencia la chica sacó una rosa de cada ramo. —Chicos, él es James. Mi chofer en Estados Unidos, no habla nada de español.

El hombre sin entender palabra solamente dio una sonrisa cohibida y salió en dirección a la banda para recoger las maletas de la castaña. El resto del grupo se miró entre sí.

—¡Michael! —Esta vez se acercó un rubio de perfectos rizos y ojos azul claro.

—¡Hola todos! —un fuerte acento adornaba sus palabras. —Soy Michael esposo Mimi.

Mimi Tachikawa sintió cómo el color le subía por el rostro en contraste con sus amigos, quienes sintieron que el color les abandonaba el cuerpo.

—¡No! No esposo —una risa nerviosa la invadió, apenas podía ella misma hilar sus palabras con sus pensamientos. —Solo estamos saliendo

Hikari no sabía si Mimi creía que hacer esa distinción ayudaría en algo, miró de reojo a su hermano que apretaba el puño intentando mantener la compostura mientras sus ojos gritaban que toda esperanza estaba perdida. Le dolía tanto ver a su hermano así.

—Sí, mucho gusto. ¿Qué les parece si nos vamos de aquí a un lugar más cómodo? Debes estar tan cansada Mimi —dijo la castaña en un intento de aliviar la incomodidad palpable en el ambiente. Todos asintieron al mismo tiempo menos Michael que estaba un poco perdido en la conversación.


El chofer de Mimi guió el camino hacia la inmensa casa en donde se estaría hospedando la castaña a las afueras de Odaiba. Un hermoso y amplio jardín les daba la bienvenida a los autos que desfilaban uno detrás de otro, James se detuvo momentáneamente frente a la entrada de la residencia permitiendo que Mimi y Michael descendieran primero, después continuó liderando la fila de carros guiándolos hacia el estacionamiento subterráneo.

Una vez allí James se bajó del auto y esperó a que el grupo entero descendiera de sus respectivos vehículos, Yamato se había ofrecido a darle un aventón a Taichi y a Hikari en su vieja camioneta, mientras que Joe había llevado a Izzy y a Sora en su carro que aún debía.

Todos miraron al rededor tratando de apreciar cada detalle del lugar, una enredadera cubría una de las paredes, los cajones del estacionamiento estaban limitados por columnas y el único carro estacionado era un BMW del año.

Vieron que James les hacía señas para seguirlo así que en grupo fueron detrás de él, una vez el sol los iluminó pudieron aprovechar mucho mejor el paisaje, aquel jardín parecía que era un parque adornado con árboles enormes y arbustos en forma de garzas. Además, una fuente central chispoteaba vívidamente. Taichi se acercó curioso a esta y descubrió que había peces koi nadando y que en realidad la fuente solo era una fachada para un río pequeño que cruzaba el jardín y se perdía de vista al darle vuelta a la residencia.

—¿Dónde coño estamos? —preguntó el moreno sin entender nada.

Las puertas los invitaban abiertas de par en par y cuando cruzaron el umbral fueron además recibidos por un burbujeante líquido en copas que les ofrecía una señora con una sonrisa cálida. Todos tomaron una copa menos Joe y Yamato que tenían que manejar de regreso.

James regresó al estacionamiento para descargar las maletas de la castaña.

Todos miraban atónitos el interior de la residencia, un candelabro colgaba justo sobre sus cabezas. Todo el espacio estaba hermosamente iluminado por ventanales que casi cubrían todo el largo de la pared. Un pasillo se abría ante ellos que daba a la sala, se veía la esquina de una chimenea. Entonces notaron un cuadro que colgaba a mediación de las escaleras: dos mujeres hermosas, ambas de cabello rubio y un hombre con expresión impasible, también rubio.

—¿Zoe? —preguntó extrañada la pelirroja.

—¡Bienvenidos a la residencia Orimoto! —Mimi bajaba las escaleras, se había cambiado de ropa a unos jeans y zapatos sin tacón.

—¿Esta es la casa de Zoe Orimoto? —preguntó Taichi con obvia sorpresa, recibió un codazo de su hermana que le decía sin necesidad de palabras que debía mantener la compostura.

—Una de tantas, sí. —dijo despreocupada la castaña. —Aún están terminando de construir el invernadero en el jardín de atrás pero, en resumen sí.

El padre de Zoe era dueño de una de las compañías más poderosas de tecnología en Japón y su madre venía de una familia de agricultores que exportaban a todo el mundo.

—¿Y te estarás quedando aquí? —volvió a preguntar el moreno que recibió otro codazo de parte de su hermana.

—Sí, me ofreció esta residencia para no tener que pagar hotel por los tres meses que estaré —sonrió apenada— somos casi como hermanas así que ustedes son bienvenidos también, aunque Zoe llegará pronto ya que está cerrando un caso.

—Es bastante buena —dijo Taichi refiriéndose a Zoe. Nunca había hablado directamente con ella pero era ya reconocida en el mundo legal, una abogada implacable que siempre se salía con la suya.

—Lo sé —dijo Mimi con orgullo. La conoció curiosamente en Estados Unidos, estuvieron toda la secundaria, preparatoria y universidad juntas. —Bueno, por favor pasen a la sala y pónganse cómodos.

Todos siguieron la guía de Mimi que se tumbó en el primer sillón que tocó. Estaba exhausta, la emoción de ver a sus amigos nuevamente no la había dejado dormir en todo el vuelo.

Sora se removía incómoda en el sillón, no le gustaba Zoe para nada. La conoció cuando se enfrentó en un problema legal con su boutique pues no había registrado el nombre legalmente y otra tienda con el mismo nombre la demandó. El proceso legal ni siquiera pudo escalar ya que cuando su abogado se enteró que iba contra la rubia le aconsejó que solo cediera. Estaba segura que la influencia de la rubia sería mucho menor si no tuviera "papis ricos" como Sora les llamaba.

—Te ves cansada, Mimi —aprovechó la pelirroja para empezar la conversación. —No debemos quedarnos mucho para que puedas recuperarte correctamente.

Así se irían rápidamente y no vería a Zoe.

—¡Ay no! Los he extrañado tanto… Han pasado, ¿cuántos años desde que no los veo?

—2 años —las miradas se posaron en el rubio quien había hablado más para sí mismo que para los demás. Mimi sintió que se le encogía el cuerpo.

—¡Deberíamos ir a un bar! —sentenció Hikari poniéndose de pie.

—¡Sí! —secundó Mimi, imitando a su amiga con determinación.

—Invitaremos a Miyako también —dijo la castaña con emoción.

—Eh, ¿no prefieren juntarse a jugar Xbox como todos los viernes? —dijo Takeru tragando saliva, no quería ver a Miyako después de lo que pasó entre ellos.

—¡Jugar Xbox es aburrido! —dijeron Sora y Mimi al mismo tiempo. Sora se calló a sí misma.

—¿Qué les parece si solo nosotras vamos al bar? Así Mimi nos cuenta todo sobre su esposo —se rió.

—Xbox en casa de Yagami entonces. —sentenció Yamato incómodo por el comentario de la pelirroja.

Parecía que Sora había invocado al rubio estadounidense porque justo se asomaba a la sala, sus rizos goteándole en el rostro.

—Agua… fría —alcanzó a decir captando la atención de todos.

—¡Michael! Es cierto, chicos… ¿puede Michael jugar con ustedes? —el brillo esperanzador en sus ojos le dio escalofríos a todos los varones presentes.

—Pe-pero —trató de argumentar algo Taichi aunque su mente no era tan ágil para pensar en una excusa tan rápido.

—Anda, Tai… ¡Así se pueden conocer mejor!

—Bueno… —Takeru tenía pensado negociar una salida con Michael en otra ocasión pero Mimi Tachikawa había decidido ignorar la duda en su voz y tomarlo como una aseveración.

—¡Ay! —chilló de alegría la castaña. —Takeru siempre me entiendes. ¡Excelente! Ya está dicho, esta noche saldremos las chicas y Michael estará con los chicos para que se conozcan y luego saldremos todos juntos. Es el plan perfecto.

La pesadumbre se posó en los hombros de los varones en el cuarto, un par de miradas asesinas dirigidas al menor del grupo. Aunque no duraron mucho, ese era el carácter de Mimi; salirse con la suya.


—¡TACHIKAWA! —imposible no reconocer esa voz.

—¡Zoe! —la castaña bajó de inmediato a recibir a su amiga con los brazos abiertos irónicamente ya que la que había llegado de Estados Unidos era Mimi.

Ambas muchachas se abrazaron hasta que les dolieron los brazos y las entrañas. Una vez Zoe se estableció en su cuarto ambas bajaron a la sala principal tomando una copa de vino tinto.

—¿Qué tal el vuelo?

—Estuvo bien, no dormí casi nada.

—Te dije que podía poner el avión de mis padres disponible… pero eres tan terca. —Mimi se encogió de hombros.

—No podía aceptar algo así, ya me recibiste a mi, Michael y James en tu casa…

—Que también es tu casa, Meems. —Zoe la miraba con dulzura. Su relación se afianzó en la secundaria, los padres de Zoe nunca estaban con su hija y Mimi siempre la invitaba a comer con sus padres. Pronto se volvió parte de la familia Tachikawa. En sus momentos más intensos de soledad siempre podía acudir a Mimi, sentía que nunca iba a pagarle lo suficiente.

Se sonrieron mutuamente y Mimi le contó el plan con las chicas de ir a un bar por la noche.

—Aunque me encantaría salir contigo en tu primer noche en Japón tendré que declinar tan tentadora oferta. Mañana me reuniré con uno de mis clientes que se metió en un jodido lío. ¿Qué no entienden de no hablar hasta que esté tu abogado presente? —ambas rieron— Además…

—Sora —dijeron al mismo tiempo y luego se rieron aún más.

—Es que, ¡me odia! —decía la rubia terminando su copa de vino.

—No te odia, solo…

—Vamos, me odia. —decía entre risas. —¿Qué tal todo con Mike?

—¡Dijo que somos esposos! —la vergüenza le subía el color a la castaña, ahora Zoe soltó la carcajada que llevaba guardando.

—¡Es terrible! Su pobre español. Dios mío. ¿Se quedará aquí?

—No, irá con los chicos. —la rubia silbó sorprendida. —Ya lo sé… no digas nada.

—Vale. Pero igual lo diré porque soy tu amiga. El corazón…

—…No se manda. —terminó la frase de su amiga, asintió y subió a su habitación para arreglarse.


Habían quedado de verse afuera de un bar en el centro de Odaiba, James manejaba como podía en el pesado tráfico de la ciudad que se convertía cada fin de semana en una fiesta, especialmente en el verano, cuando las escuelas cerraban por vacaciones y los antros y bares ambientaban las calles con la música a todo volumen. Por fin dieron con el lugar correcto, un bar con temática de rock de los ochentas donde hay música en vivo y cerveza barata. Hikari, Sora y Miyako ya esperaban en el estacionamiento.

Mimi se bajó del vehículo saludando a sus amigas desde la distancia, las tres alzaron tímidamente sus manos. Miró el establecimiento para devolver su mirada a las 3 chicas y pensó que curiosamente lo único que no había cambiado era aquel bar, aunque solo lo había visitado una vez. No supo describir con precisión cómo la hizo sentir aquel pensamiento.

James le dijo que la esperaría afuera y Mimi tomó las palabras de James como su señal para empezar el paso. Una vez estuvo lo suficientemente cerca sintió los brazos de Miyako rodeándole el cuello. Sonrió.

—¡Estás aquí Meems! ¡Qué alegría me da verte! —le devolvió el abrazo y saludó a Sora y a Hikari con un ademán de mano. —Quise ir a verte al aeropuerto pero me ocuparon en el trabajo y...

—Descuida, Yolei —como le decía de cariño— ¡Vamos a divertirnos!

Las cuatro muchachas gritaron al mismo tiempo y se dieron cuenta que la música en vivo se escuchaba incluso en el estacionamiento, reconocieron la canción de inmediato: Sweet Child O' Mine de Guns N' Roses.

Sin poder contener la emoción las cuatro chicas irrumpen en el establecimiento cantando a todo pulmón el coro, capturando la atención de todas las personas en el bar. A pesar de tener temática de rock ochentero ese bar era particularmente conocido por recibir a gente joven. Sora y Miyako eran clientes frecuentes del lugar, por lo que el barman las reconoció de inmediato y les señaló una mesa libre.

No tardaron en ponerles un tarro de cerveza a cada una, sin siquiera ordenarlo. Mimi se sorprendió al ver el tamaño del tarro.

—¡Sora y yo venimos todo el tiempo! —dijo Miyako a manera de explicación. Mimi miró a Kari inquisitiva.

—Oh —la risa nerviosa que soltó fue ahogada por el ruido de la banda en vivo—Yo solo vengo en ocasiones especiales

Sora, Miyako y Hikari se carcajearon mientras intercambiaban miradas pícaras, y luego miraron a Mimi quien estaba encogida en su banquillo sin comprender qué sucedía.

—Aquí fue la primera cita de Kari con Izzy —explicó Miyako haciendo sonrojar a Hikari.

—¿Qué? ¿Hikari con Koushiro? ¿Escuché bien o es la banda? —Mimi no podía con la sorpresa de enterarse que sus dos amigos estaban saliendo. No, no era que eran sus dos amigos era qué amigos eran.

Hikari la que siempre estuvo enamorada de Takeru y que estaba segura que Takeru le correspondía con Koushiro que había sido el admirador secreto de Mimi, dejándole e-mails anónimos durante años. Descubrió que era Koushiro porque, casualmente, Hikari lo descubrió hace uno años y le contó en confidencialidad a Mimi.

—¡Es una larga historia! —gritó Kari tratándose de hacerse escuchar entre la música. Se levantó y le encomendó su bolso y abrigo a Sora. —Iré al baño, ya regreso.

Mimi estaba por ofrecerse a acompañarla pero Miyako captó su atención, ya se había terminado su tarro de cerveza y se levantaba para acompañar a Hikari al baño dejando solas a Mimi y a Sora, una frente a la otra en un bar al que le era más conocido que la que fue su mejor amiga de la infancia.


La sala de los Yagami estaba tan desordenada antes de que llegaran sus amigos que cuando tocaron a la puerta Yamato, Takeru, Joe e Izzy no les sorprendió en absoluto. Todos llegaron con las manos llenas de cerveza, comida y botellas. Todos los viernes aprovechaban para juntarse en casa de Taichi para jugar videojuegos hasta la madrugada y se retiraban en la mañana del sábado, a veces salían a algún bar el sábado por la noche.

Izzy había fundado esa tradición haciendo torneos entre sus amigos y apostando cosas cada vez más ridículas, empezaron con apuestas pequeñas comiendo cosas asquerosas y ya habían llegado al punto de hacer el ridículo en público a quien quedara en último lugar. La única regla era que Izzy tenía prohibido revisar los cheatcodes del juego en cuestión.

Llevaban dos horas jugando, tomando y riendo cuando un pensamiento acaparó la cabeza de Taichi.

—Kido, ¿qué hora es? —preguntó sin quitar la vista de la pantalla. Estaba en un duelo de Street Fighter con Izzy e iba ganando.

—Las 9:55 —dijo Joe y todos se quedaron en blanco. —Maldición, limpiemos un poco antes de que llegue

Takeru, Yamato y Joe se levantaron de inmediato recogiendo las latas de cerveza del suelo y los envoltorios de papas fritas, intentando borrar las huellas de la traición. Taichi y Koushiro seguían hipnotizados en la pantalla.

—No sean imbéciles, esta ronda no cuenta. Ayuden a limpiar —escupió Yamato.

—¡Ah! ¡Pero si ya casi lo mataba! —chillaba Taichi dejando el mando en la mesita de centro y poniéndose a recoger con sus amigos.

—Después de todo esta fue tu idea… —le recordó Joe mientras se acomodaba las gafas por el puente de su nariz después de recoger una lata del suelo.

—No los vi protestando —el moreno se echó los brazos a la nuca en señal de victoria.

Nadie en ese cuarto quería lidiar con Michael así que cuando Taichi sugirió juntarse a las 8 y mandarle la invitación a Michael a las 10 nadie vio qué podría salir mal, después de todo no estaban obligados a llevarse bien, ¿cierto?


No habían pasado dos minutos desde que Miyako había acompañado a Hikari al baño y Mimi ya no tenía cerveza en su tarro, algo poco común en ella ya que solo le gusta un tipo de cerveza y ese definitivamente no era la que le sirvieron pero es que la atmósfera con Sora era tensa e incómoda, a pesar de intentar entablar la conversación parecía que ninguna tenía realmente nada que decirse.

Mimi había dado un trago largo intentando no pensar que en estos dos años que estuvo en Estados Unidos siempre que le llamaba por teléfono le decía que estaba ocupada con la boutique, siempre tenía un "timing" para encontrarla ocupada.

Tampoco entendía por qué no le devolvía las llamadas cuando estuviese disponible, solo se hablaban cuando una de las dos cumplía años. Aunque por la diferencia de horarios a veces significaba que se felicitaban a destiempo.

—Y, ¿cuánto llevas con Michael? —la pregunta la sacó de sus pensamientos.

—Llevamos 4 meses saliendo —dijo en voz apenas audible.

—¡Qué curioso! Lo mismo que Matti y yo. —dijo le pelirroja esbozándole una sonrisa que la castaña no supo descifrar.

Sintió que quería vomitar.

—Oh vaya, me he perdido de mucho… —dijo en tono melancólico, Sora pareció sonreír más ampliamente.

—Sí.

—Y Kari con Izzy

—Son tan lindos

—Lo imagino —Mimi estaba a punto de perder la cordura. —Iré por shots

Sora ni siquiera la miró cuando se levantó de su asiento, terminó de un jalón el contenido de su tarro y levantó la mano. El mesero le sonrió cálidamente y fue a traerle otro tarro.


Dieron las 10:00PM en punto y todos en la habitación se tensaron expectantes ante la llegada de Michael, aún no había llegado y todos ya estaban lo suficientemente abrumados. Se miraban entre sí esperando a que sonara el timbre pero nada pasaba.

Takeru revisó su celular abriendo la conversación con el muchacho, él había tenido que pasarle su número ya que los demás creían que era su culpa en primer lugar que el muchacho asistiera esa noche, además ninguno de los otros quería tener su contacto.

10:05PM

—Gracias por invitación, sí voy.

Incluso Takeru se había asegurado de mandarle la ubicación por escrito y por el mapa, no quería que Michael le dijera algo negativo de ellos a Mimi, lo último que quería es que la muchacha se sintiera mal.

Dieron las 10:30 y aún no había rastro del rubio. En este punto el alcohol ya había abandonado sus efectos en todos los presentes pues se dijeron que abrirían la siguiente cerveza hasta que el muchacho llegara, ya saben, para "aparentar que llegaron hace poco". Takeru pensó en marcarle directamente cuando el timbre de la casa Yagami sonó.

Todos se lanzaron miradas curiosas pero nadie se atrevía a levantarse de su asiento.

El timbre sonó varias veces más.

—Es tu casa viejo, tú eres el que deberías abrir. —Dijo Koushiro haciendo que el moreno hiciera berrinche. ¿Por qué él tenía que hacerlo?

Una vez más el timbre resonó y el moreno se puso de pie camino a abrir la puerta, tomó una bocanada de aire que esperaba le otorgara la paciencia que necesitaría seguramente. Abrió la puerta para encontrarse con Michael sonriéndole, llevaba puesta una playera con… ¿corbata? Taichi casi suelta la carcajada pero se compuso cuando vio que llevaba una caja blanca y cuadrada en las manos. Por eso había llegado tarde, claro.

—¡Michael! —dijo en tono mucho más animado que los chicos esperaban —¿Trajiste pizza? ¡Wow, dude!

Toda la atención se centró en el rubio que por fin se adentró en la sala de estar donde se encontraban los demás, quienes estaban babeando por el simple pensamiento de comer pizza. Era su debilidad.

—¿Pizza? —preguntó sin entender muy bien a lo que se referían, entonces miró la caja que llevaba en el brazo y se rió de la situación. Todos lo miraban confundido. —¿Cómo comer pizza en Japón cuando en America como todo tiempo? Esto es charades.

—¿Cha-ra-das? —repitió en español Takeru tratando de seguir el hilo de lo que decía Michael.

—Sí, ¡juego de mesa! Adivinar películas y series y canciones. Cool, huh?

Nadie se animaba a contestar.

—Tai pon CoD. —Yamato por fin rompió el silencio

El moreno solo asintió y sacó el disco de su caja para introducirlo en la abertura de la consola.

—¿Te perdiste al llegar? —preguntó Takeru con cierta curiosidad

—No, ¿por? —respondió sin leer el ambiente, todos estaban confundidos con las respuestas del chico.

—Eh, solo es que llegaste a las 10:30 y…

—¿Ustedes llegaron a 10:00? ¿Por qué? —preguntó extrañado y los demás prefirieron no contestar. —¿qué es CoD?

Izzy pensaba que debía tener algún límite los comentarios de Michael pero no sabía si estaba dispuesto a averiguar cuál era.

Call of Duty, ¿no viene de Estados Unidos? —contestó el pelirrojo

—Oh, claro. Eso lo juegan los freakys americanos —dijo reseñándole importancia.

—¿Ame… americanos? —dijo Joe para sí mismo. Sabía que los demás también se preguntaban lo mismo, ¿se llamaban a sí mismos americanos?

El incómodo momento parecía durar una eternidad así que Taichi simplemente se sentó en su lugar del sillón y los demás lo siguieron.


Hikari y Miyako regresaron del baño tomadas del brazo, la última tambaleándose graciosamente y con otro tarro a la mitad en la mano.

—¿Cómo lo consiguió? —preguntó Sora sorprendida de la capacidad su amiga para conseguir bebidas.

—Nos topamos a Jeff en los lavabos —Hikari rio —Pero no es la única —señaló el nuevo tarro que le habían traído a la pelirroja, ya iba por la mitad pero no lograba sentirse mareada. Quería precisamente esa noche soltarse un rato. Sora encogió los hombros sin poderse justificar.

Mimi regresó con cuatro shots en las manos cargándolos con cuidado de no derramar.

—¡Miren qué he traído! ¡Shots! —La castaña estaba sumamente orgullosa de haberles conseguido las bebidas a sus amigas pero ninguna tomaba el suyo.

—Eh, a Miyako no le cae muy bien mezclar alcohol. Probablemente terminaría vomitando y con una resaca de los mil demonios —contestó Kari apenada.

—Oh, claro. Entiendo… ¡no importa! —trató de recobrar la compostura. Era agotador intentar mantenerles el ritmo, siempre parecía fracasar. —Los tomaré yo

Y antes de que ninguna pudiera detenerla tomó de un jalón uno, dos, tres y al llegar al cuarto ya sentía el golpe del alcohol en su sistema. Mierda. Lo dejó en la mesa mientras las otras tres muchachas la miraban expectante.

—Iré al baño —anunció sin mirarlas y se fue en dirección equivocada. Hikari fue tras de ella para llevarla por el camino correcto.

Una vez dentro del cubículo con la puerta asegurada tecleó como pudo en el nombre de Zoe:

"Ayuda 10 minutos arma teatro y marcas y vamos y te debo una"

Esto tenía perfecto sentido en la cabeza de Mimi, que por el alcohol se le desacomodaban las palabras en su celular.

Se asomó del cubículo con precaución sintiendo que en cualquier momento descubrirían su plan, como una niña pequeña que hace una travesura y no quiere ser descubierta. Su sorpresa fue encontrar a Miyako en vez de Hikari recargada en el lavabo del baño, mirando al techo con el celular pegado en la oreja. Tamborileaba sus dedos en su pantalón y parecía que en cualquier momento se lanzaría a llorar.

—¿Takeru? ¡No me cuelgues! —el tono en la muchacha era desesperado. —No, tienes que hablar conmigo no podemos dejarlo así… ya sé que dices que solo fue cosa de una vez pero es que no puedo olvidarte…

Mimi estaba en shock en el pequeño cubículo que guardaba sus secretos. ¿Miyako y Takeru? ¿Por qué carajo nadie le contaba nada?

Una silueta se acercaba a la entrada del baño así que volvió a encerrarse y fingió que estaba sacando papel del rollo.

—¿De nuevo le estás hablando a Takeru? —era la voz de Hikari, sonaba herida y molesta. Mimi se asomó por la diminuta abertura del baño para ver a la muchacha colgarle el teléfono y sacarla de ahí.

Esperó unos minutos más antes de salir del cubículo. Cuando llegó a la mesa volvió a encontrar únicamente a Sora sentada mirando la banda y tomando su cerveza.

—Regresé —dijo la castaña, Sora le dedicó una única mirada y devolvió su vista a la banda. Acariciaba el tarro de manera peculiar, quizá el alcohol también haya hecho de las suyas con la pelirroja. —¿dónde están las demás? —preguntó nerviosa, quizá se estaría descubriendo a sí misma, no solamente había ideado un plan para salir de ahí además había escuchado conversación privada.

La pelirroja se encogió de hombros —Salieron a tomar aire —señaló el cuarto shot que Mimi no había podido tomarse; estaba vacío.

La castaña tamborileaba nerviosa sus dedos en la mesa, estaba esperando pacientemente la llamada de Zoe que la liberaría de tan incómoda situación. Estaba mareada y nerviosa, no coordinaba muy bien lo que pensaba. Entraron por la puerta Hikari y Miyako apoyada en ella, a pesar de que Miyako era más alta que Hikari. Venía limpiándose la boca y luego las lágrimas, a Mimi le dio un escalofrío.

Hikari sentó a Miyako en la mesa que se veía más calmada que en el baño y justo sonó el celular de Mimi.

La castaña contestó con velocidad entorpecida por el alcohol, deslizó la barra de contestar y puso el auricular en su oido.

—¡Zoe! ¿Qué pasó? —dejó menos de un segundo para que la otra línea contestara antes de volver a hablar. —¿En serio? ¡Claro, voy de inmediato!

Intentó hablar más fuerte aunque por su estado apenas distinguía su propia voz. Los shots estaban apilándose en su sistema uno tras otro. Sacó de su bolsa su pequeño monedero de lentejuelas y de ahí varios billetes que puso bajo el tarro aún con contenido de Sora.

—Debo irme chicas, lo lamento mucho es Zoe con una emergencia

Salió del lugar tambaleándose antes de que alguien pudiera decir palabra. Había dejado suficiente para pagar las bebidas de todas y una propina bastante generosa.


Salió del bar intentando componerse para ver a James, caminaba a paso apresurado con sus tacones resonando en el asfalto. Le mataban los pies y estaba segura que le mataría la cabeza. Intentó marcar el teléfono de James pero estaba en un punto donde ni siquiera podía ver bien la pantalla. eN su eufórico caminar su tacón cedió ante el peso y la caminata poco equilibrada haciendo que cayera directamente en el piso.

—Ugh, ¿por qué a mi me pasa esto? —se quejó haciendo pucheros como una niña pequeña. Las lágrimas ya estaban rodando por sus mejillas y ya no le importaba si se veía compuesta o no para que James la llevara a casa. Todo era un desastre.

Sintió unas manos posarse en sus hombros y ayudarle a ponerse de pie, de inmediato sus instintos de alerta se representaron y se giró bruscamente para encarar a la persona que osaba tocarla sin preguntarle primero.

—Oye, maldito imbécil, ¿qué crees que haces?

Sus ojos se abrieron como platos cuando identificó a quién tenía en frente.

—Armando un teatro, según tu mensaje. —Levantó su celular mostrándole el mensaje que ella misma había escrito y enviado.

—Pero… pero… Zoe

—Preferiría que me llamaras Matt. —elevó una de sus comisuras en una sonrisa. —Pero no me quejo, la verdad es que puedes decirme como te plazca.

La castaña le sonrió con todos los dientes y se lanzó a su cuello en un abrazo. El rubio sorprendido por el abrazo imprevisto tardó un poco en envolverle la cintura con sus brazos y enterrar su rostro en su cabello inhalando su perfume.

—Ven conmigo —le dijo al oído.


N/A: ¡Espero que les guste el capítulo tanto como a mí me gustó! le tengo mucho aprecio a esta historia y me parecía sumamente triste dejarla abandonada por ahí cuando puede llegar a ser algo divino. Me estoy divirtiendo mucho reescribiendo este fic y debo confesar que es algo así como un placer personal. Hace poco regresé a leer en esta plataforma y recordé la manera en que me sentía cuando era entonces una niña, tan emocionada por descubrir mundos en la cabeza de otras puedan sentir una fracción de lo que yo sentía entonces.

Besos, Alex.