¡Sorpresa!

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Empieza el día dándose una ducha muy temprano. En su rutina, incluye cremas y lociones para evitar que el tinte del cabello se caiga rápido y colocando mascarilla de crema en su cara. El que sea hombre no significa que descuide su imagen. Ha notado que Seiya, incluso Haruka, hacen cuidados intensivos en su cutis debido a que son figuras públicas — Y aun así se ven muy masculinos, o eso creo — ese pequeño chiste le provoca una risilla silenciosa.

Kelvin aún no se despierta y no quiere hacer ruido para provocar que su amigo se levante. Pensando otra vez en Haruka, recae nuevamente en los acontecimientos ¿cómo y cuándo fue que llegó en el momento preciso del ataque? La sola idea le preocupaba demasiado. Pero sabe que, con la incertidumbre en mente, no terminará pronto de arreglarse para ir a clases.

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El día anterior, el rubio había olvidado su pase de credencial en los vestidores junto con el pase de Mizu. El profesor se los dio, pero al estar entrenando ambos dejaron las credenciales en la mesita que estaba debajo del toldo.

Haruka recordó que lo había olvidado y se regresó por ellos. Cuando se dirigía de vuelta a su edificio, pasó por los vestidores y escuchó mucho ruido, digno de una persecución. Gritos como: "¡atrápalo!" y "¡te tenemos!", pero al escuchar "niño bonito", supo exactamente de quién se trataba.

Al despedirse de su compañero, la frustración y el sueño, le hicieron que se olvidara de entregarle su credencial a Mizu antes de subir las escaleras. Cuando lo recordó, él ya estaba en el segundo piso y no tenía intenciones de regresar. Sin embargo, lo hizo, ya que supuso que Mizu estaría buscando su tarjeta. Pero cuando regresó y vio que este entraba en su habitación (pues su compañero le había abierto) prefirió guardarla y entregárselo el siguiente día.

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Aún cobijado en su cama, boca arriba, recargando la cabeza en las palmas de sus manos en posición de mariposa, antes de levantarse se quedó todavía un rato repasando que una vez más lo eligieron a él para entrenar a un nuevo integrante. Excepto una sola vez eligieron a Rubeus, pero el entrenamiento que dio a su pupilo lo llevó a éste último al agotamiento físico y sobrecalentamiento. Definitivamente abandonó el equipo. Desde entonces Rubeus no está en los planes del entrenador para ser su segundo.

Esa era una de las tantas razones por las que su compañero lo aborrecía tanto. Afortunadamente no caía en las mismas formas de arreglar la situación, como Tigre; de solucionar todo a golpes, en lugar de eso, él entrena, entrena y entrena. Y no le dirige la palabra.

Pero eso… ¿Por qué le quitaría el sueño? Bueno, a decir verdad, Tigre no es el único que lo evita, todos en la escuela lo hacen. Por lo menos desearía tener una conversación de las competencias con su compañero y aligerar la carga para ambos, pero ni eso.

De cualquier forma, tiene que levantarse temprano para ir a clases.

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Para su mala suerte solo tiene tres veces a la semana clases de inglés, y el viernes no es uno de esos días. Así que no verá a la profesora hasta el martes.

Antes de salir del comedor revisa por si se encuentra a Kobayashi formado. Echa un vistazo en las mesas; nada.

Por momentos se le viene a la mente la idea de decirle que ya no lo quiere entrenar. Tiene muchas actividades en puerta como para que también le pongan a entrenar a un muchacho de nuevo ingreso.

Sale del edificio, el día de anterior no terminó la tarea de las clases siguientes, así que tendrá que terminarla en la sala de estudio de su edificio. Podría hacerlo en su habitación, pero posiblemente se escuche el ruido de los estudiantes en los pasillos, y eso lo desconcentra y fastidia un poco. Y aunque las habitaciones están hechas para que se evite escuchar el ruido de afuera hacia adentro y viceversa, cuando pasan gritando y el bullicio de los que salen de clases, es inevitable.

Entra a la sala de estudio, la cual está rodeada por vidrios que dejan entrar perfectamente la luz y da hacia un jardín donde no hay estudiantes, lo cual es perfecto para estudiar sin ruido. Algunas veces hay estudiantes recostados en los árboles del jardín que se visualiza, pero por fortuna, esta vez no hay bullicio.

Cuando se acerca a uno de los sillones del lado derecho cerca de la puerta a los jardines, se encuentra a Mizu junto con otros dos sujetos. Los dos están recostados en el sillón y Mizu con la cabeza apoyada en sus manos, con los hombros encima de la mesa y la vista puesta en los libros. Haruka lleva la tarjeta en los bolsillos y la saca rápidamente para entregársela.

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— Kobayashi — Mizu levanta la vista y se encuentra a un Haruka recién bañado, que la sorprende en la sala de estudio de su edificio, mientras ella repasa el reporte para el examen.

— ¿Qué sucede Tenoh? — observa que éste le estira la mano entregándole algo

— Ayer olvidaste… — quería decirle un "olvidamos", pero utilizar una oración en la que se involucrara a los dos juntos le parecía incómodo — tu credencial. Supongo que es la de tu habitación. Ten cuidado con tus cosas, de no haberla tomado yo pudo haber sido cualquiera. Y ni hablar de esos amigos que acabas de hacerte.

— Gracias, lo tendré en cuenta — toma la tarjeta y se la guarda en el bolsillo — Ya no tendremos que ir a reportarla, ¿verdad kelvin? — le pregunta al chico quien aún está recostado en el sillón.

— Así es, ya no tendremos que hacer todo el papeleo — Sin nada más que agregar, regresan su vista a los libros. Dejando al rubio aún de pie.

Si bien, Mizu considera que pudo haber sido más efusiva en su agradecimiento, ese aroma a shampoo de sandía y su rostro limpio...le resaltaba el bello rostro. Aunque después de unos segundos reaccionó a su último comentario — Pero los que mencionas, no son mis amigos — contesta con brusquedad.

— Bueno, como sea. Cuida tus cosas — responde de la misma forma, y ese leve momento que había sido tranquilo, se tornó un poco tenso.

Un "no es asunto tuyo" se le estaba escapando de los labios, pero fue agradable el gesto de llevarle la credencial hasta su lugar, ni decir de su defensa con los que ahora dice que son sus amigos. Así que prefirió tragarse una fase de su característico orgullo.

— No olvides llegar puntual al entrenamiento de mañana. El entrenamiento sabatino es más intensivo, son 5 horas.

— Lo recordaré.

— "Estúpido muchacho irresponsable" — piensa, al observar que mientras él habla, el otro muchacho no aparta la vista de sus libros. Pero ella lo hace para evitar reñir con su entrenador y que su venganza sea entrenarla excesivamente.

Haruka da un paso atrás para retirarse, pero una mano lo detiene.

— Espera Tenoh — se levanta y le suelta la manga de la mano al recordar la petición que tenía que hacerle. Y se arrepiente un poco de haber sido tan antipática unos minutos antes — ¿Mañana cuál es el horario que tenemos? — cuestiona un poco más amable.

Este se pone de frente al muchacho y cruza los brazos. — Hace no menos de un minuto acabo de recordártelo.

— Si, lo sé. Es solo que... — duda por unos segundos — este es el último fin de semana que pasaré con mis amigos — apunta hacia Kelvin y Kiba, quienes se van enderezando para visualizar mejor la situación — se van de intercambio a Alemania y teníamos planes.

— Además de irresponsable…— Haruka niega con la cabeza y esboza una sonrisa de ironía — Escucha Kobayashi, no es asunto mío. Yo solo debo cumplir con tu horario de entrenamiento, si tienes que irte, no es mi problema, consúltalo con el profesor. Yo no quiero perder ya mi tiempo.

¿A caso eso era una renuncia de ser su profesor? Sin kelvin ahí, todo se haría más aburrido así que Mizu no quería dejar de entrenar, le estaba gustando la idea hacer deporte después de clases. Además, Haruka tenía reputación de ser muy buen maestro. Pero también quería pasar tiempo con sus amigos antes de que se fueran ya que después de eso se quedaría sola. Pensó que tal vez no sería mucho problema si pedía un permiso, pero al parecer su profesor sustituto estaba en una temporada de alta demanda y se le notaba cierto grado de susceptibilidad.

Y en efecto, no era presunción, Haruka tenía más cosas por hacer que la mayoría de los estudiantes. Tenía que entrenar a Mizu, trabajar largas horas como modelo y actor, estudiar y además de eso, era temporada de entrenamiento para la selección.

— Como si tuvieras cosas más importantes qué hacer además de andar presumiendo. — como su característica principal, salía como humo de donde nadie se había percatado de su presencia.

— Como siempre inmiscuyéndote en cosas que no te corresponden.

— Y quien te dijo que me estoy involucrando. ¿Cómo es que un simple comentario ofende a tan grato "príncipe"? — sus últimas palabras las pronuncia de forma sarcástica. Cosa que no pasa desapercibido por nadie, pero el único que no se ofende es el agredido.

Mizu se sintió en una de esas extrañas situaciones en donde aparentemente la pelea es por él, o ella. Pero muy en el fondo se sabía, esos dos solo peleaban contra sus propios egos.

— Repito que no es tu asunto, y si fuera así, entonces tengo que comunicarles a los dos que renuncio a seguir entrenando a tan mediocre estudiante — Haruka con una aparente tranquilidad, sin poderse distinguir si es real o es forzada. En cambio, Nicolas solo sonríe.

— ¿Podría ser que su potencial es superior al tuyo y por eso le tienes miedo?

— Si fuera más alto que el mío entonces ni siquiera me tomaría el tiempo de entrenarlo, porque no lo necesitaría. Pero no tengo por qué preocuparme de lo que estés pensando. Yo no dispongo de tanto tiempo como tú para estar jugando en los árboles y edificios de la escuela.

— Si tú lo dices… — esa respuesta dejó abierta a cualquier afirmación o negación — pero te propongo que lo entrenes. Entrénalo y que saque todo el potencial que tiene — a Mizu se le comprime el estómago, ¿todavía más excesivo el entrenamiento? — si no lo entrenas de esa forma, o si renuncias a entrenarlo, pensaré que lo haces por miedo.

— Tus falsas amenazas no funcionan conmigo Kumada — se queda unos momentos pensando — espera… suena entretenido, aunque toda apuesta tiene su precio, ¿qué ganaría si consigo entrenarlo a todo su potencial?

— Déjame pensar, si gana la competencia local en primer lugar: renuncio a esta escuela. Pero solamente si eres tú quien lo entrena.

— ¡Porqué demonios son tan extremistas! — explota Mizu intentando hacerse notar un poco.

— ¡Silencio! — le gritan los dos al unísono.

— ¿Se les olvida que están hablando de mí? Hola! — levanta la mano y hace como si los estuviera saludando. Pero como si hubiera una pared de concreto, los otros dos continúan ignorándolo.

— Me gusta la propuesta. Que quede claro que yo no quería expulsarte.

— No lo lograrás Tenoh. Te rendirás antes de haberlo terminado de entrenar.

— Si pierde, seré yo quien se tenga que retirar.

— Lástima, yo no quería que te fueras — ambos se sonríen de forma extraña. Con una combinación de sarcasmo, ironía y diversión.

En unos segundos, como si hubieran terminado de sellar el pacto, se dan la espalda y se retiran. Nicolas camina hacia Seiya, quien estaba observando la escena desde lejos y Haruka se retira por los corredores del jardín. Mizu voltea a ver a sus compañeros y levanta los hombros — ¿Qué demonios pasó aquí?

Los otros dos reaccionan de la misma forma.

— Era como una batalla de dioses mitológicos…— se escuchaba decir a los que habían estado más cerca.

— Se veía cómo salían centellas de entre los dos — comentaba otro.

Atónitos por lo acontecido, Kelvin y Mizu cruzan miradas interrogantes.

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— Todos están hablando ya del reto entre Tenoh y Nicolas — menciona al sentarse frente a él en la misma mesa.

— Ya lo he sabido — suspira.

— Nicolas y yo estábamos pasando por ahí cuando escuchamos que le pedías un favor al atleta. Para ser preciso, las cosas sucedieron así:

"— Mira, ahí está Tenoh retando de nuevo a uno de sus deportistas le dije cuando nos detuvimos a observarlos — Ese muchacho no entiende que ellos deben tener vida después del deporte.

Ellos son responsables de lo que hacen, si no les gusta como los entrena deberían renunciar.

Es una pena, Kobayashi me cae muy bien. Además de que le di entradas para que fuera a ver mi concierto mañana. Tal parece que no va a poder".

— Y sin decir más, pasó todo lo que tú ya viviste. No sé qué fue lo que lo empujó a defenderte. No le caes mal, aunque tampoco creo que le caigas del todo bien. Quizá fue solo por contradecir a Haruka.

— Gracias — responde sarcásticamente al escuchar la "estima" que Nicolas Kumada le profesaba.

Mizu observa que el cantante parece muy listo y perspicaz, pero al parecer no se dio cuenta de que su amigo la defendió a ella por él. Conociendo a Seiya, debió hacer algún puchero inintencional que logró conmover a su amigo.

Interiormente agradece que la defendieran, pero gracias a ese gesto, la metieron en un problema más grande.

— Ni siquiera pude opinar. Y ahora, si gano o pierdo alguno de los dos saldrá de la escuela. Qué tontería es esa. No voy a participar en sus juegos infantiles, ya lo decidí. ¡Renuncio por voluntad propia al entrenamiento de Haruka Tenoh! — se pone de pie en forma firme y decidida dando un golpe con las palmas abiertas sobre la mesa.

Ese sentimiento de lucha y gloria ni siquiera le dura unos minutos. Al instante siente un escalofrío al escuchar una voz en susurro y una mano en el hombro.

— Tú no renuncias a nada — el muchacho nuevo voltea lentamente la cara con una pequeña gota de sudor en el rostro.

— Que… q…que yo… yo renuncio — carraspea un poco para poder terminar su oración.

— Siéntate — le responde sin reaccionar al nerviosismo del muchacho. Sentándose primero, y Mizu detrás de él, más de forma automática que consciente.

— Debieron por lo menos pedirle opinión a Mizu antes de hacer sus apuestas — Nicolas no responde y continua con sus alimentos.

— Es interesante — habla más para sí, que para los presentes.

Seiya y Mizu se miran, el último baja la mirada a su plato sin prestarle atención a su rebanada de pizza, por fortuna los viernes los consentían con alguna que otra comida chatarra. Enseguida voltea la vista hacia los jardines, apoya la barbilla en una mano y suspira.

La bella imagen que Seiya contempla no es típica de cualquiera, ni siquiera entre las mujeres. Por un momento esa pose tan común pero tan perfecta, como si fuera destinada para una foto de portada le parece conocida. No obstante, al no reconocer de forma inmediata a qué relacionarlo, lo da por olvidado.

— ¿Cómo es que estás comiendo eso? — le toma unos segundos a su vista hacia el jardín verse obstruida por el rostro de alguien más. De acuerdo a la leyenda es alguien que jamás creyó que se sentaría junto con ella o con Nicolas, y para hacer más corta la explicación, con nadie. Tal como si una panthera onca (jaguar) estuviera invadiendo el territorio de una panthera pardus (leopardo).

— Tenoh, tú… ¿qué haces aquí?

— ¿A caso crees que lo que consumes es una buena alimentación?

— ¿Qué? Pero… es viernes — replica, y al ver que tiene intenciones de quitarle su preciada pizza, levanta su charola hacia el lado contrario de su entrenador.

— El cuerpo no hace diferencia entre el nombre de un día u otro. Debes alimentarte de forma saludable. Siempre — reafirma.

— Qué cliché… — susurra por lo bajo.

— ¿Qué dijiste? — lo desafía a repetir su comentario, aun habiéndolo escuchado la primera vez.

— Que cliché, dije — esta vez repite de forma más firme, sin intimidación. Que ni crea que esa encantadora sonrisa espontánea la va a hacer doblarse.

A pesar de querer ocultarlo, no puede evitar mirarlo con reproche cuando le pone enfrente el plato de ensalada con milanesa de pescado y pasta. Mizu mira la mesa con un poco de desagrado, era lo que siempre comía cuando su manager le decía que tenía que adelgazar.

— Yo comeré esto — al contrario de lo que creyó que haría; de que lo defendería de nuevo, esta vez Nicolas tomó la charola que Mizu aún mantenía en el aire lejos de Haruka para evitar que se la quitara. Pero su "salvador" la traicionó y comenzó a comerla, mejor dicho, a devorarla.

— ¡Esto es un complot! — se levantó de su silla con la intención de retirarse.

— Deja de ser tan dramático y come — Haruka lo toma de la manga y lo hala hacia abajo para que se siente, como si se tratara de un cachorro que de repente había gruñido a sus dueños, un cachorro valiente.

Mizu voltea a ver a Seiya buscando consuelo y refugio, pero este solo voltea a ver a los dos custodios que están comiendo tranquilamente; uno a la izquierda y el otro a la derecha. Regresa la vista hacia su reciente amigo y solo sube los hombros, ni siquiera él, el gran Seiya Kou puede hacer nada esta vez.

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— ¡Vaya!

— Así es. — levanta su brazo formando un ángulo de 90 grados, haciendo que su músculo se vea más fuerte — Como lo ves, tengo unos brazos bien tonificados — Michiru se le acerca para decirle algo al oído, cuidando que nadie los escuche. Seiya mueve su cabeza curioso, acercándose al muchacho de cara linda.

— ¿Dónde consigues los esteroides para lograr unos como esos? ¿Ah? — Seiya se retira rápido, dejando ver un rostro totalmente ofendido.

— ¡Agh! ¡¿Cómo se te ocurre decir que son esteroides, niño?! — frunce el ceño en un intento fallido por parecer molesto y Mizu esboza una sonrisa de lado, copiando la postura que vio en uno de sus compañeros en el salón. Coloca sus manos en los bolsillos, separa levemente las piernas y la cabeza la pone de lado, levantando ligeramente su mentón, mientras que Seiya levanta uno de sus brazos y lo besa. Cosa que causa la risa de ambos — estos músculos son el resultado del trabajo arduo y el esfuerzo en mis ejercicios.

— Sí, sí. como digas hermano — responde.

De repente Seiya la toma por sorpresa y la jala hacia sí. Hace una llave de lucha libre, le sostiene el cuello, pero no aprieta y solo le rasca la cabeza.

— Suéltame... — apenas puede hablar por la risa — suéltame Kou — sus intentos son fallidos, ya que, en lugar de parecer molesta, parece como si le hicieran cosquillas en el estómago.

Seiya la suelta, casi aventándola sin piedad y ella termina a un metro lejos de él — ¡Puaj! tienes el cabello todo sudoroso — se mira las manos y Mizu solo levanta los hombros intentando recuperar el aliento y la compostura, se deja una mano en el vientre mientras termina de reír paulatinamente.

— Qué esperabas, acabo de terminar mi entrenamiento con el dictador.

Se encuentran cerca de la entrada a los vestidores y Seiya pasa una mano alrededor de él para introducirlo.

— Creo voy a evitar algún tiempo el entrar a los vestidores, aquella experiencia no me gustó mucho y no quisiera repetirla.

— ¡Vamos!, ahora vienes conmigo, no hay mucho que temer.

— "Precisamente" — piensa un tanto inquieta. — Las experiencias traumáticas tardan un tiempo en sanar, y para eso siempre es mejor evitar el lugar de los hechos.

— ¡Vah!, como digas — se resigna Seiya. — nos vemos después.

— Claro.

Si en verdad era cierto que ese muchacho tenía un secreto oculto, tenía la curiosidad por averiguarlo. Aunque sospechara realmente cuál era la situación, no quería sacar conclusiones tan rápido. Además, quería saber la razón por la que estaba en esa escuela.

— Seré paciente — piensa cuando ve alejarse a su amigo o posible amiga.

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— ¿Qué tal tu entrenamiento? — le pregunta su amigo de lentes grandes, al momento que se sienta al lado de él en el sofá negro.

— Supongo que he mejorado. Mi velocidad es buena — se queda sentada con los brazos cruzados observando la televisión apagada.

— ¿Te preocupa lo que pudiera pasar? — ella niega.

— No tanto como creía, no demasiado. Supongo que tendré que acostumbrarme, además, esto me sirve para practicar. Estar en el ojo público como hombre, es lo que me tendrá que ayudar para mejorar en mi carrera.

Kelvin había evadido la pregunta para evitar preocuparlos a ambos, pero la preocupación que sentía Michiru, no era demasiada como la que creía que tendría.

— Supongo que estos días que has estado aquí te has estado acostumbrando.

— Al principio tenía miedo, pero creo que mientras menos atención le ponga al asunto, más fácil es de llevar.

— ¿Qué tal te va con Tehon?

— Es muy difícil como entrenador, pero actúa con excelencia: siempre sabe lo que hace, y es el mejor en su materia; tal como lo dijiste.

— ¿Y Nicolas?, ¿cómo fue que te hiciste amigo de él?

— Fue a través de Seiya Kou. Pero no es precisamente mi amigo, fue por él por lo que me defendió — Kelvin levanta una ceja.

— ¿Sabes lo que te contestaré en este momento?

— Sip.

— ¡Es una historia con accidentes casuales! — repiten los dos al unísino y terminan por reír. Si alguien hubiera estado presente seguro que no entendería, pero ambos sabían lo que iba a decir el otro.

— Voy a dormir Kelvin — se levanta del sillón y se dirige a las escaleras — Nos vemos mañana después del entrenamiento con Tenoh. No logré dejar que me dejara faltar al entrenamiento, con más razón ahora que está en compitiendo con Nicolas... — da una media vuelta antes de subir por las escaleras y hace una pose recargando sus manos en su pecho ¡Por mí! — y simula un corazón con ambas manos, sonriendo como si le fueran a tomar una foto de portada. — y eso que soy un muchacho — guiña el ojo.

Kelvin sonríe, sabe que la muchacha bromea — Hasta mañana Mizu Kobayashi — Mizu no suele ser tan seria con él. Sabe que se ha estado absteniendo de ser tan efusiva como normalmente lo es ya que su entusiasmo o su carisma podría delatarla más como una chica. Se alegra un poco de saber que cuando él se vaya a Alemania el lunes, ella no se quedará tan sola — ¿o será eso de lo que tendré que preocuparme? — suspira.

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Por primera vez después de tanto tiempo de asistir al colegio, se presenta algo divertido por lo que estar en esa escuela. Él y Nicolas no se habían llevado tan bien, pero tampoco era que se odiaran, así que esa competencia estaba resultando algo fresco y diferente.

— ¡Vamos! ¡Una vuelta más y ya casi acabas! — habían estado entrenando desde las 6 de la mañana y ya eran las 10.

Haruka tenía programado el tiempo para las 9, pero debido a la petición que Mizu le hizo de querer pasar tiempo con sus amigos, él recorrió el horario dos horas antes, para que el joven atleta terminara más temprano sus actividades.

— Si acabamos de empezar, faltan otras diez horas.

— Deja de ser tan quejumbroso. Eres el más quejumbroso que he entrenado.

— Si me pones a entrenar a esta hora, como no quieres que me queje. Exijo hablar con las Naciones Unidas.

— ¡Ja! Naciones Unidas — dijo sin que Mizu lo escuchara.

El muchacho, quien venía corriendo hacia él, se detiene un poco para respirar y levanta la mano como si tuviera algo que decir — ¿o cómo era? ¿Consulado? ¿Derechos Humanos?

Aunque le da gracia su acción, Haruka suprime una sonrisa — ¡Ya, ya! —Y le indica con la mano haciendo un círculo para que regrese y continúe con su entrenamiento. Mizu continúa con su vuelta.

— Eres de lo peor Tenoh, hacer que el muchacho entrene a estas horas es una explotación. No cabe duda que eres un tirano — se va acercando y se pone a un lado de él, observando también la última vuelta de Mizu.

Por el traje de taekwondo que puede ver de reojo y la inconfundible voz, sabe de quién se trata. — Ya vienes a molestar, no intervengas en mi entrenamiento. Soy yo quien tiene que preocuparse por su condición física.

— Fue el trato, lo sé, pero aun así eres un negrero.

— ¿No lo dirás porque a ti no te conviene que lo entrene ni que gane la competencia?

— No ganará la competencia, eso sólo lo hice para darle ánimos al pobre chico. Pero no tiene condición. — Haruka resiente un leve disgusto por su comentario,

— ¡Ja! Entonces aquí el tirano no creo que sea yo.

— Dime, ¿sinceramente le ves habilidades al pobre chico? — da la espalda al campo y con su mano izquierda le toca el hombro derecho a Haruka, como si le estuviera dando sus condolencias — tú perderás esta competencia y te irás de la escuela. A él no le pasará nada, no te preocupes — Nicolas se retira sin esperar respuesta a cambio.

Quizá el muchacho no era su amigo, pero era su alumno y se sintió molesto sintiendo el rechazo como propio. El atleta estrella se mantuvo en silencio observando a su pupilo, no era como si fuera el mejor en su clase, y sabía que había otros atletas mejores que él, pero definitivamente quedaría en los primeros lugares, y aunque el trato había sido que ganara el primer lugar, realmente no le interesaba. Salir o quedarse en esa escuela no era realmente preocupante.

Ya antes de llegar ahí había cambiado de escuelas varias veces, pero eso había sido por acoso estudiantil; no en cuanto a golpes ni molestias por parte de sus compañeros, sino que había estado en escuelas mixtas, y el acoso de las chicas hacia él, era un tanto fastidioso y obsesivo. Por eso en esa escuela llegó con la intención de que todos firmaran un contrato de anti hostigamiento hacia él. Y aunque era solo de chicos, también tenía que tomar sus precauciones, ya que, en sus otras escuelas cuando dejó de hablarle a las chicas, éstas utilizaban a los muchachos para acercarse a él. Era agobiante y cansado.

Por eso, hasta cierto punto le era extrañamente refrescante el rechazo de Nicolas y Rubeus hacia él.

— ¡Kobayashi! Ya es hora de estirar — salió de sus pensamientos cuando vio en la vuelta que ya se estaba acercando hacia él.

— Que bien — corre agitado, pero controlando su respiración.

— Ya sabes lo que tienes qué hacer.

— Sí señor — realiza un saludo como soldado y lo hace de forma instintiva. Esta vez Haruka no realiza intentos por evitar reír.

Mizu no lo había visto reír de verdad desde que llegó ahí, solo sus sonrisas sarcásticas. Era algo grato de presenciar, aunque rápidamente Mizu apartó la vista.

— "Haruka Tenoh tiene una hermosa sonrisa" — pensó — definitivamente — soltó de forma inconsciente, aunque agradeció que el causante de dicha descripción no se haya dado cuenta.

— Cuando acabes podrás irte. Solo no olvides tus cosas.

— Sip.

No era que se estuviera enamorando de él, solo que… es de esas ocasiones en que ves sonreír a la persona más seria del mundo, y es como si estuvieras viendo un eclipse solar, bueno quizá no de forma tan exagerada, pero se le asemeja — tan bien que se le da sonreír de verdad. Seiya también siempre se ve bien sonriendo, y eso es casi todo el tiempo — sonríe al recordar a su sonriente amigo.

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Después de haberse dado una ducha, se dirigió a la biblioteca para terminar sus actividades lo más temprano que pudiera. Esa noche tendría que realizar una escena por la tarde para una película en la que estaba participando como pareja secundaria.

El ser modelo también le había traído trabajo como actor, aunque procuraba no participar en películas que demandaran muchas horas, ya que prefería dedicar su tiempo a entrenar. Estar en el campo era como si estuviera enamorado, y aunque esa sensación no la había tenido nunca, tal era la pasión que sentía por su deporte.

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— Onceava toma. ¿Quedan satisfechos con la escena? — cuestiona uno de los asistentes, un poco ya frustrado, pues la escena las diez veces anteriores había sido perfecta.

— Una última, sé que ésta quedó maravillosa, pero una última podría quedar perfecta. — Menciona Mina Aino. Aunque todos hacen el trabajo con bastante profesionalismo, muy en el fondo saben que las 11 escenas las ha pedido repetir solamente para estar cerca de Haruka pues la escena involucraba un abrazo de una pareja que después de ser amigos por mucho tiempo, cuando era la hora de despedirse, descubrían que no querían estar separados.

Una vez más repetían la escena:

— ¿No nos veremos por tanto tiempo? ¿Por qué tienes que irte? — cuestiona, mientras hace un gran intento por sostener sus sollozos.

— No… no tengo razones para quedarme — contesta el chico un poco decepcionado.

— Ya veo — responde ella al momento que baja la mirada — entonces… me voy Seong-Jin

Antes de que ella se diera la vuelta, el chico la alcanza y la toma de la mano, para después atraerla hacia sí, rodeándola con sus brazos y sosteniéndola contra su pecho.

— Eun-Yeong, me gustas…

Ella abre grandes los ojos ante la sorpresa. Continúa recargada en su pecho y se quedan así unos instantes largos...

— ¡Corte!

La talentosa rubia se queda recargada aún sin moverse, pero Haruka la sostiene de los hombros y con soltura la retira. — Gracias por el trabajo. Creo que ya quedó bien la escena.

— ¿Te parece?

— Absolutamente — responde sin vacilar.

Después de que corrieron los rumores de su supuesto romance, Mina no hizo más que seguir el juego, por un momento Haruka creyó que fue ella misma quien los habría inventado, ni siquiera era por sentirse vanidoso, solo que más de una persona se lo mencionaba; que era ella quien creó su historia de amor.

Pudo haber dicho que no era cierto y que era mentira, pero se abstuvo de decir la verdad por un tiempo. Quizá eso le retiraría el acoso escolar que sufría en ese entonces, aunque pronto se sintió mal por utilizar de esa forma a su compañera y prefirió aclarar la situación ante tales murmuraciones.

No obstante, ya había crecido bastante su ficticio romance como para que sus empresas tomaran partido y ventaja de la situación, utilizándolo para aumentar la audiencia y colocándolos como pareja secundaria de una novela dramática. Debido a que gran parte de los seguidores de ambos, comentaban que eran la pareja perfecta.

Haruka accedió al proyecto antes de saber que Mina sería su coprotagonista, cuando lo supo, ya era demasiado tarde como para retractarse. Su manager sabía muy bien que, de haberlo sabido, se habría abstenido de participar.

— Iré al concierto del grupo Three Lights, tocarán en el club que es exclusivo para nuestras escuelas ¿quieres venir conmigo? — le cuestiona con la esperanza de recibir una respuesta afirmativa.

— No…

— … ¡sí!, claro que iremos. — interfiere el manager de Haruka.

— Pues disfrútenlo, yo no podría acompañarlos.

— Haruka, él siempre tan propio — menciona dirigiéndose a Mina, quien está visiblemente ilusionada de que lo pudieran convencer — él solo lo hace porque no le gusta beber, si acaso lo hace se toma una copa y con eso se queda dormido.

— Ah, no importa yo tampoco bebo — suelta una carcajada, y sin poder disimular Alan y Haruka cruzan miradas. Ambos saben que la rubia no dice del todo la verdad, ya varias veces en las reuniones en bares que se hacían para celebrar los inicios o términos de proyectos, ella tomaba algunas copas de más. — Bueno, lo normal, solo una o dos copas.

— ¡Claro! Nadie lo pone en duda. — contesta Alan un poco nervioso.

— Entonces… ¿qué dices Haruka?

— No podría, lo siento. Y diviértanse.

— Aish este muchacho, de ninguna manera podemos convencerlo — se quedan los dos decepcionados cuando lo miran retirarse, dirigiéndose hacia su moto. — No va a cambiar, no tiene remedio.

— Por lo menos esta vez debió aceptar mi invitación ya que es mi cumpleaños. — lamenta la rubia.

— Seguro que no lo sabe — sonríe nervioso.

— Seguro que sí — contesta esta vez sin sonrisa alguna reflejada en su rostro.

— Feliz cumpleaños Aino — menciona cuando se coloca el casco de la moto ya lejos de ellos. Ambos lo sabían, por eso Alan quiso acompañarla al club, pero Haruka no iba a realizar ninguna acción que alentara a Mina a creer que tenía algún tipo de sentimiento por ella. Y lo admitía, si quería desearle su feliz cumpleaños, porque la consideraba buena pareja como coprotagonistas y quizá amigos en la vida real, admiraba que Mina siempre estaba sonriendo a todos, pero no tenía sentimientos románticos por ella, y no iba a confundirla.

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— ¡Deberías saber que no sé bailar Mizu!

— ¡Vamos Kelvin, sabes que yo tampoco! — es necesario gritar para poder comunicarse, la música es demasiado fuerte como para hablar con un tono más bajo.

— ¡Está bien! — no tienen que insistirle demasiado para bailar, sabían que sin pedirle demasiadas veces accedería. Además, Kelvin con Mizu se sentía más cómodo, sabía que los dos eran malos para el baile y harían el ridículo juntos.

Afortunadamente ni siquiera necesitaba bailar, lo único que hacían era brincar, no se requería algún tipo de coordinación.

— ¡Necesito agua!

— ¡Yo también! — después de permanecer bailando un largo rato, Mizu regresa a la mesa que tenían asignada frente al escenario, sudorosa y agitada, termina por sentarse seguida de Kiba. Kelvin se quedó bailando… mejor dicho, brincando.

— Es una suerte que hayas conseguido estos asientos Mizu, normalmente nos tocan los del final de la fila.

— Me los dio un amigo.

— ¿Te los dio? ¿De verdad?

— Si.

— ¿Y quién es él?

— Seiya, el vocalista.

— ¿Cómo puede ser? — menciona una chica detrás del asiento de Kiba. Iba pasando y se detuvo sin evitar irrumpir en la conversación.

— Y tú eres…— cuestiona Mizu levantando su ceja derecha con desagrado. ¿Cómo se atrevía esa chica a inmiscuirse en su conversación? Además, si hubiera sido un poco más amable quizá lo hubiera considerado, pero parecía que era más como si estuviera ordenando que formulando una simple pregunta.

— Serena Tsukino — estira la mano para saludarle. Mizu más por respeto que por gusto corresponde — ¿Cómo puede ser que el mismo Seiya te haya obsequiado estos boletos? ¿Sabes cuánto tiempo tardé en conseguir estos asientos?

— No lo sé, ¿una semana? — contesta sin mucho interés en su problema.

— ¡Dos meses! Vaya, sí que eres influyente. ¿Desde cuándo eres amigo de Seiya? ¿Y por qué te daría asientos de cortesía?

— Perdone señorita Tsukino pero…— interviene emocionado Kiba, luciendo su aspecto juvenil con la intención de invitar a bailar a la chica.

— … y si me disculpa, no es usted a quien me estoy dirigiendo — pero si lo que tiene de entrometida lo tiene de grosera. Mizu ignoró la descortesía con la que se dirigió desde un principio, pero en definitiva no está dispuesta a tolerar el desprecio hacia su amigo.

— Y si usted me disculpa señorita, era con mi amigo con quien yo estaba conversando. Así que si nos permite… — se levantó de su asiento — ¿Kiba me acompañas?

— ¡Claro! — sin siquiera despedirse, ambos se dirigen a la barra para pedir más bebidas.

— ¡Con qué descaro se retira sin responder a mi pregunta! — menciona levemente molesta y se retira a su asiento en donde se encontraban otras tres chicas, entre ellas Mina Aino, la actriz.

— ¿Qué sucedió ahí Serena?

— ¿Puedes creerlo?, ellos consiguieron los asientos directamente de Seiya. ¿Cómo pudo hacer eso? Nosotros estuvimos pidiéndole que hiciera algo para que nos dejaran estar en estos asientos sin tener que esperar tanto tiempo, pero dijo que era cosa de la administración del club. ¡Y además era para celebrar tu cumpleaños Mina! — termina con un puchero.

— No tendrías porqué molestarte Serena, después de todo tú tampoco le conseguiste boletos de primera clase para el fan meeting con Rei. — responde resignada la actriz.

— Pero es diferente, Rei ya tenía los boletos de entrada asignados.

— Sabes que yo podría haberte conseguido para él, sin embargo, fuiste celosa de que Seiya quería estar conmigo.

— Rei, eso no es cierto... — ambas la miraron fijamente — … bueno, bueno, quizá solo un poco. Y aunque el pobre sabe que no tiene esperanzas contigo, aun así, le sigues gustando.

— Y él a ti. — responde la chica de ojos violeta.

— ¡Ay sí! — suspira mientras lo ve cantar en el escenario.

— Serena no tienes remedio. ¡Pero olvidemos esto y vamos a bailar chicas! — Mina se levantó de su asiento y se fueron las tres a la zona de baile. Se le olvidó al estar con sus amigas del sillón a su derecha que estaba vacío, era el boleto extra que había pedido para Haruka, con la esperanza de que este fuera con ella.

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— Mizu, ¿qué te pareció mi concierto? — se acerca cuando ha terminado su interpretación en el escenario.

— Ahora si puedo formularme una impresión de ti y de tu grupo.

— ¿Y entonces?

— Todo parece que están capacitados para tocar en un concierto con más gente.

— ¡Aish! Este chico siempre hablando tan propio — con los nudillos le alborota el cabello a Mizu.

— ¡¿Qué haces?! Vas a despeinarme, ¿no ves que las chicas lindas me están viendo? — intenta peinarse y se acomoda los lentes.

— ¿Cuáles? ¿Las que están detrás de nosotros? — Le susurra Seiya, aunque Mizu sabe de quiénes habla, no quiere comentarle nada de lo sucedido.

— No, hablaba de otras. Pero hablando de tu música, la verdad es estupenda, no sé de dónde sacas esas letras. Parece que te inspiras mucho al escribirlas.

— Es cierto, las escribo yo y ya entre los tres le hacemos ajustes y damos la aprobación.

— Pues hacen muy buen trabajo…

— ¡Muchas gracias por habernos invitado Seiya! — espeta Kiba quien acababa de llegar del baño.

— ¡De qué agradeces! Ustedes son quienes nos representarán en Alemania como los mejores ajedrecistas, eso es emocionante.

— Así que Mizu ya te lo contó.

— No era necesario, ya toda la escuela lo sabe. Ustedes junto con otros tantos atletas de diferentes categorías se irán a Alemania para representar al país. Así que yo quería tener a los mejores en mi concierto. Bueno, solo Mizu fue el agregado.

— ¡Oye cómo te atreves!

— Ya, ya, recuerda que ellos no hubieran venido sin ti, por eso te tuve que invitar. — Mizu aparta la vista simulando una gran ofensa.

— ¡Que sucede muchachos! ¿De qué hablan sin mí? — se acercaba por primera vez en la mesa el que no quería bailar.

— ¡Kelvin!... — se emociona Kiba al ver a su amigo llegar — le estaba diciendo a Seiya que…

Kiba se sintió alagado al ser admirado por el mejor cantante de su generación. Y es que no era para menos, Seiya Kou tenía una voz increíble.

Mizu recurrió a Seiya porque no sabía cómo darles una buena despedida a sus amigos. Seiya propuso que, en su concierto al estar en primera fila, los nombraría como los mejores ajedrecistas de la historia. Y así lo hizo.

— Agradezco a todos haber venido, esta noche el grupo Three Lights se retira no sin antes agradecer a mis invitados especiales. Mis compañeros Kiba Kusuo y Kelvin Umino los mejores ajedrecistas de la escuela Hosokawa quienes han venido representando la ciudad en eventos nacionales y próximamente estarán representando a nuestro país junto con los presentes atletas de diferentes categorías a quienes podemos ver en nuestros asientos de cortesía; el día de hoy reservados exclusivamente para ellos — no hubo necesidad de pedir un aplauso, todos aplaudieron a los representantes internacionales que partirían en dos días hacia Alemania, unos por una corta estancia de competencia y algunos otros por una temporada más larga como Kelvin y Kiba. — Algunos alargando sus cuellos para verlos mejor, otros susurrando sobre quienes eran, algunos diciendo "yo lo conozco", "ese va en mi clase", etc.

Los reflectores apuntaban hacia las mesas donde se ubicaban, siendo siete en total, a excepción de la de Serena y una más en donde Mizu pudo ver que estaba sentado Nicolas.

La idea de Mizu le pareció emocionante a Seiya, el cual aprovechó para invitar a todos los concursantes, pero al ser Mizu quien se lo pidió, escogió los mejores asientos para ellos e hizo el nombramiento de sus amigos.

— ¡Mizu, nunca creí que algo así me fuera a pasar a mí! — Menciona poniéndose de pie junto con Kiba haciendo una leve reverencia a su izquierda y a su derecha y a las personas de atrás —. Ahora entiendo por qué me trajiste aquí este día.

— Eres el mejor Kelvin — aplaude con entusiasmo al ver que su amigo retiene cuantas lágrimas.

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— ¡Vaya, que noche! Ha sido de lo más emocionante — expresa Seiya. Ahora que ya no está tocando, ya solo ponen en el club música de fondo pues ya que el concierto ha terminado, los estudiantes comienzan a retirarse.

— ¿Te ha gustado la sorpresa Kelvin? — le cuestiona Mizu.

— ¡Muchas gracias muchachos!

— ¡Solo nos falta un brindis! — anima Kiba levantando su vaso sirviéndose un poco de una de las dos botellas que estaban sobre la mesa, le siguió Mizu y después Seiya. Kelvin toma la botella que estaba junto a él, pero se detiene al ver que alguien se acerca.

— Así que fue por eso que habías invitado a primera fila a estos muchachos ¿eh? — Antes de que se sirviera el último de los cuatro para darle un trago a sus copas, Serena se acercó a ellos antes de retirarse — Y yo creyendo que eras muy injusto. — menciona dirigiéndose a Seiya — Pero viendo las circunstancias, creo que te perdono. — Seiya ni siquiera tuvo tiempo de responder, cuando ya se había retirado.

— Ni hablar, no tengo idea de lo que quiso decir — Kiba y Mizu intercambiaron miradas y levantaron los hombros. — Y bien, brindemos — los cuatro chocaron sus copas y sorbieron el líquido — Los felicito muchachos, yo ni siquiera sé cómo se juega el ajedrez. Es todo un arte.

— Cuando quieras te enseñamos. — se entusiasma Kiba.

— Estaría gustoso de ello… esperen, Mizu ya me está contagiando su forma tan renacentista de hablar. Mejor voy por mis instrumentos, si quieren adelantarse, tengo que reunirme con mis compañeros. Los veo después.

— Gracias Seiya. — responde Mizu de forma sincera, este le da un golpe suave en el hombro, en forma de despedida. Seiya se retira y Mizu observa que solo antes de pasar del otro lado del escenario, su sonriente amigo se queda un rato más con Nicolas.

— ¡Nos vemos! — contesta Kelvin después que Seiya ya se ha ido y su amiga puede notar un acento distinto en su hablar.

— ¿Kelvin te encuentras bien?

— No lo sé Mi…zu, creo que me siento mareado — la chica no comprende la situación y se da cuenta de algo diferente.

— Kelvin, cerca de ti hay dos botellas, ¿de cuál te serviste?

— De la de refresco supongo… — responde con una voz soñolienta.

— ¡Dame tu copa!, — estira la mano y se levanta del asiento para dar un pequeño sorbo del vaso de su amigo — Kelvin… ¡esto es cerveza!

— ¿Qué no era refresco?

— ¡Ay Kelvin!, ¿cómo es que no pudiste notarlo? — se deja caer en su asiento resignada.

— ¿Qué sucede Mizu? — cuestiona quien hasta entonces solo había observado.

— Kelvin no puede tomar alcohol, con un solo trago se pone como si hubiera tomado toda la botella.

Hasta ahora entendía por qué todos hasta ese momento habían estado tomado un poco de cerveza de miel a excepción de Kelvin, quien solo tomó refresco.

— Las dos botellas estaban juntas, quizá la tomó desprevenido.

— Así parece Mizu, entonces ¿qué hacemos?

— ¿Podrías ir por algún chofer de la escuela? Y te espero en el estacionamiento.

— Tal vez tarde mucho Mizu, a estas horas casi no están disponibles por los alumnos que llevan a sus casas el fin de semana, además los que piensan en emborracharse los apartan desde antes.

— Esperemos y hubiera alguno disponible.

— Está bien, voy corriendo — la escuela no estaba lejos del bar, pero si tenía que recorrer algunas calles dentro de la colonia de la institución. Por fortuna había muchos estudiantes en las calles a esa hora, y siendo una zona segura por esa parte no se sentía preocupada por Kiba.

Varios le preguntaron por la situación y se ofrecieron a ir por sus carros, pero al estar bebidos, en la escuela no les dejaban sacar sus autos. Y Kiba agradeció pero sabía que era mejor ir por un chofer, alguien sobrio es más seguro.

Al llegar preguntó por alguno de los choferes, pero ninguno estaba disponible y los que habían apartado los carros ya se habían retirado cuando él salió del club.

— ¿Y ahora qué hago?

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Kelvin perdía total control sobre sí mismo cuando bebía una sola copa, ¡una sola copa!, Michiru siempre supo eso, por eso habían acordado que ninguno tomaría hasta emborracharse para regresarse seguros caminando, pero no había contemplado ningún accidente en el que Kelvin tomara cerveza.

Después de esperar unos minutos a Kiba, ella se mueve por sus propios medios, busca en el bar a alguien conocido pero ya tampoco Nicolas está en su mesa. Entonces se dirige hacia la puerta por donde Seiya se fue.

— Busco a Seiya Kou, ¿estará todavía?

— Los músicos aún están en sus cabinas, pero están descansando así que no se les puede molestar por el momento.

— ¡Demonios! — masculla.

— ¿Le sucede algo muchacho?

— Mi amigo es alérgico al vino — apunta hacia una de las mesas sin voltear, mirando de forma fija al guardia — … Bueno si eso existe — esto último lo dice más para sí misma que para el guarura. — y al tomar una bebida se puso como si hubiera tomado 10.

— ¿Cuál amigo? — arquea una ceja volteando al lugar que le indicaba, ya la mayoría se había retirado, solo unos cuantos quedaban pero en el lugar que ella indicaba ya no había nadie.

— …mi… mi amigo… — voltea para recorrer el lugar con la vista. — ¿mi amigo? Maldita sea Kelvin ¿a dónde se fue?

Creyendo que pudiera ser alguna broma, el guardia lo ignora. Aunque se queda con la intriga de sea ser cierto.

— ¿A dónde se fue? Si ni siquiera me tardé mucho — busca en los baños, y no ve nada. Regresa al salón y sale por la puerta principal. Kelvin llevaba como una calle de ventaja. Aunque se ve que puede caminar, de vez en cuando choca con la pared y termina tambaleándose. Mizu corre hasta donde se encuentra su amigo.

— Perdóname Kelvin, no te cuidé bien — menciona al llegar cerca de él.

— ¡Mizu! ¿Dó..dónde… esftafbas? ¡Queía… Queía que me ha..habías abrandonado!

— Eso jamás Kelvin, ¿por qué te saliste del club?

— Me abadofnaste. —, una vez pasada la preocupación, Mizu en lugar de enojarse comienza a reír por las letras mal pronunciadas de su amigo.

Mizu pasa la mano de Kelvin por detrás de su cuello y de esta forma lo sostiene. Comienzan a caminar a paso lento.

Kelvin se marea de vez en cuando lo cual Mizu tiene que sostenerlo fuerte para no caerse ambos. Al lado de la acera, se estaciona un auto.

Es muy diferente a los de los choferes, a los asignados en la escuela. Es un auto deportivo, le da la impresión que es del año. De color grisáceo con leves tonalidades de azul eléctrico. Mizu se inquieta un poco por no saber quién es el conductor. Pero puede estar casi segura que es alguien que mandó Kiba.

Agradecida está, pero está aún más sorprendida por saber quién es la persona que sale del auto. Es…

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Saludos! Ya no quiero prometer nada porque no sé si regrese pronto o tarde mucho tiempo sin actualizar. Perdónenme de verdad, perdón por mi inconsistencia pero ahora no cuento con computadora ni celular actualizado para escribir en la aplicación ;( tengo que escribir de forma infraganti en mi trabajo jajajaj

Pero gracias por sus reviews ! Saben que me hacen el día, agradezco mucho que me sigan leyendo a pesar del tiempo, pero como saben les dejo buenos capítulos jajja bueno por lo menos yo los disfruto mucho al escribirlos, al pulirlos para entregarles lo mejor de lo mejor y espero que ustedes disfruten mucho al leerlos.

jajajjaj y chan chan. Quién será el del auto deportivo? \ O0O \

Felices fiestas mi querida Vicky espero que también todos tus deseos y metas y proyectos se cumplan siempre. Perdón por el retraso y gracias gracias por seguirme aquí! Sigan alimentándome con sus reviews ¡! :3

Gracias a tod s! Besitos ¡! Ciao!

P.D. Por ahí me preguntaron si era de Italia, jeje pero no, soy mexicana! Pero me gusta mucho como dice Barbie en toy story en detrás de escena de la segunda película jajaja Así que nos vemos ¡!