Todos los créditos y personajes pertenecen a Mizuki e Igarachi… la siguiente historia es de mi autoría con una finalidad de solo entretener… esperando le den la oportunidad.
CON TODA EL ALMA
CAPÍTULO 2
ENTRE LA MALDAD Y EL DOLOR
Unos golpes sonaron en la recámara y Dorothy al no tener respuesta entró carraspeando la garganta de tal manera que Candy despertara.
¡Candy! ¿aún no te levantas? Tengo exactamente una hora para poder arreglarte y bajes a la cena.
Su cabellera adornada por bucles dorados se alborotó y como pudo se levantó dirigiéndose al cuarto de baño, ya dentro de la tina pudo despejarse de todo ápice de cansancio y sueño, cuando hubo terminado de asearse salió envuelta en una bata de baño… Dorothy ya la esperaba para empezar a arreglarse.
Dorothy… no es necesario que lo hagas yo puedo sola – decía mientras se secaba el cabello.
Candy sabes que es mi deber hacerlo… por favor hazme fácil mi trabajo o la tía abuela me retará.
Sabiendo que tenía la batalla perdida dejó que Dorothy terminara su trabajo, la joven se esmeraba por dejarla presentable haciendo que su cabello suelto se viera como una verdadera cascada de oro…
Dorothy… no me pongas mucho maquillaje sabes que no me gusta, no sé por que la tía abuela insiste en que me ponga todo esto – mientras destapaba los finos contenedores de polvos y esencias - ¡oh por Dios! Dorothy ¡soy un desastre con esto! ¡mira como dejé la bata! – mientras sacudía las manos y se levantaba para quitársela.
Permíteme Candy te pondré una toalla – mientras se la colocaba – no te preocupes solo enjuagaré tus piernas… y ya no tendrás ni rastro de polvo.
¡esto no se va a quitar! – tomando una esponja la pasó sobre sus piernas, la joven castaña la miraba ahogando su risa – Dorothy… si te vas a reír hazlo bien… ¡ooooh! mira ya salió todo.
¿ya ves? Ahora si regresemos porque hemos perdido mucho tiempo… y por favor ya no destapes mas frascos.
Jajajaja… Dorothy ¿Cómo pretendes que algún día aprenda a maquillarme si no dejas que toque todo esto? – el rostro de la castaña se ponía rojo al liberar una carcajada.
¿y todavía lo preguntas? Jajaja Candy lo mejor de todo es que tienes actitud… y supongo que algún día aprenderás… bueno ya basta que aún falta mucho por hacer – mientras le acercaba un vestido majestuoso digno de ella… tan bello como su rostro – Candy aquí están tus interiores… apúrate que no tenemos tiempo…
No me apures Dorothy… que sabes muy bien que no funciono bajo presión... ¿ya ves? ¡listo!
Bien déjame que te ponga el corsé… agárrate del dosel.
No aprietes ni jales mucho, quiero llegar con aire al comedor.
¡que ocurrencias tienes Candy! Solo no dejes que te escuche la tía abuela porque entonces si las dos tendremos que escuchar lo que tenga que decir… y aunque quisiera el vestido tiene que ajustarse a como te deje esta prenda… - mientras hacía un esfuerzo por dejar justos los amarres y escuchaba como Candy aspiraba aire – muy bien ahora el vestido… oooh Candy te ves bellísima… bien déjame ponerte algo en el cabello – la acercó al espejo y no podía creer como Dorothy podía hacer milagros con ella sobre todo con su cabello.
Gracias Dorothy… ni yo podría hacer esto por mi misma – mientras la abrazaba.
¡Apresúrate! Que te esperan en el comedor.
Candy a como pudo bajó corriendo las escaleras y al llegar a la puerta del salón se detuvo para recuperar aliento… sin imaginar que la tía abuela se encontraba justo atrás de ella.
¡Candice White! – la rubia dio un brinco del susto y llevándose las manos al pecho, cerró los ojos para escuchar una reprimenda - ¡por Dios Candice! Debes poner un poco de tu parte para llegar a tiempo a la cena… no hagas que sea imposible mi trabajo por corregirte…- y sin que la viera la anciana sacó la lengua de lado - bien ahora entremos.
Disculpe tía pensé que llegaba tarde – tomando asiento junto a ella - ¿poner de mi parte? ¡definitivamente no aprecia mi esfuerzo! – pensaba mientras una sonrisa se dibujaba en su bello rostro.
¿y esa sonrisa? Tenemos algunos invitados por eso es que pedí a Dorothy que te arreglara a tiempo.
Oooh no es por nada… solo me acordé de algo y… Gracias tía realmente me hubiera levantado tarde de no haber llegado Dorothy..
¿te gustó el vestido? – le preguntaba mientras se abanicaba.
¡claro tía está hermoso! – los ojos de la anciana la evaluaba asintiendo
Inmediatamente después Archie, Annie, el sr y la Sra. Britter y Albert entraban… grande fue para Candy la sorpresa y alegría que se levantó a recibirlos, que en contraste con Annie siempre y pese a los años no lograba superar su timidez. Y justo atrás de ellos Alfred el mayordomo entró al salón para avisar que la cena ya estaba lista para servir, Albert con la caballerosidad innata que le caracterizaba se dirigió a la Sra. Elroy para ofrecerle su brazo y así encabezar la procesión al comedor, no sin antes decirle a Candy al oído.
Espérame mi amor… vendré por ti – guiñándole un ojo y besando el dorso de sus manos.
Para la tía abuela fue un momento muy bochornoso que Candy esperara en el salón, pero tratándose de Albert y Candy su opinión casi sentía que no contaba y mas tratándose del patriarca – ya no tiene caso… esos dos son incorregibles – pensó para si misma.
Dirigiéndose al salón Albert encontró a Candy de pie juntó al gran ventanal, observando como la luz del sol se apagaba, la abrazó por la cintura, Candy acarició sus manos que se enlazaron sobre su vientre y sonriendo se volteó buscando los ojos de su príncipe amado quien se inclinó para darle un beso en la mejilla.
Te ves tan hermosa mi amor… vamos princesa nos esperan.
Llegaron al comedor y la llevó su lugar besando su mano, fue una cena agradable en donde se deleitaron de los mejores cortes de carne, ensaladas y vino… fue como una danza en donde cada movimiento se sincronizaba con el que estaba a lado, ya que hubieron terminado se dirigieron de nueva cuenta al salón de té y mientras los caballeros tomaban whisky hablaban de negocios, las damas se ponían al día sobre los avances que había para la esperada boda de Candy y Albert.
Candy… ¿Cómo te sientes? Ya falta poco para tu boda – preguntó la señora Britter sin dejar de tomar el té – los colores se le subieron al rostro de Candy y muy a su manera manifestó lo inmensamente feliz que se sentía, la plática giró en torno a la fiesta de ensayo y los preparativos de la ceremonia nupcial así como del los vestidos de las damas y la novia, y fue así como los minutos se hicieron horas por lo que el Sr. Y la Sra. Britter anunciaron su retirada despidiéndose de sus anfitriones, Albert, Candy y Archie los acompañaron a la entrada de la mansión.
Familia… yo me retiro… que pasen buenas noches, acompañaré a la tía abuela a sus aposentos – despidiéndose de un abrazo de Albert y un beso en la mejilla de Candy.
Hasta mañana Archie – dijeron al unisón provocándoles risa.
Amor… ¿quieres dar un paseo conmigo al jardín?
Claro que si amor… contigo voy al fin del mundo si me llevas.
Durante la caminata llegaron a una banca y bajo la inmensa luz de la luna que los iluminaba Candy se frotó los brazos ante una pequeña ráfaga de frio.
Cielo… disculpa mi imprudencia… déjame ponerte mi saco – la acercó a él pegándola a su costado para mantenerla abrazada ¡que bien se sentía estar junto a ella! – nunca me imaginé estar así contigo mi pequeña, me siento tan feliz a tu lado Candy – y con sus rostros frente a frente se regalaban a través de sus ojos todo el amor que por tantos años han esperado poder darse, Candy se cobijó en su amplio pecho escuchando los latidos del corazón de Albert. Y así en silencio se quedaron contemplando la quietud de la noche permitiéndole a sus ojos gozar de la luz que los iluminaba… fue un estornudo de Candy quien lo sacó de su trance – amor me temo que ya es hora de que entremos y nos retiremos a descansar antes de que enfermes de resfriado.
Nos quedemos otro ratito ¿si amor? Anda di que si… está tan hermosa la noche que si no fuera por este frio me quedaba a dormir aquí… - haciendo su clásico puchero.
No mi amor… y no me pongas esa carita que ya es hora de entrar… ven te acompañaré hasta tu recámara – tomando de su mano para ponerla en su brazo… sus ojos non se cansaban de ella, su cuerpo cada día quería más y así con esos pensamientos subieron las escaleras hasta dejarla en la puerta de su dormitorio – hasta mañana princesa… te amo – acercó su rostro al de ella buscando sus labios demandando el sabor de su aliento, iniciando con besos castos… pero él quería más y utilizando su lengua los abrió para entrar como un intruso sediento de su amor, sus manos recorrían su talle, acariciando su espalda y sus hombros, el calor de sus cuerpos se intensificaba cada vez más y entonces supo que tenía que parar… y con mucho amor y sutileza la separó muy a pesar de él… - te amo Candy… que descanses – dándole un último beso en sus labios.
Candy entró a su recámara tocando sus labios, sintiendo la tibieza de su aliento y el calor que nacía en su interior – le estaba esperando señorita… le dijo Dorothy dibujando una sonrisa en sus labios.
¡Por Dios Dorothy me asustaste! – y dirigiéndose a uno de los sillones de la antesala le lanzó un almohadón… y acercándose a su amiga la abrazó – ¡soy tan feliz Dorothy! Que a veces siento que solo es un sueño.
No es un sueño Candy… todo lo que estás viviendo es tan real que lo que más temo yo es que termines en ceder a su carne antes de que Dios bendiga tu enlace con el sr. William… y si así fuera mi querida amiga mi cariño por ti no cambiará… - Candy se sentía aludida ante el comentario de su amiga.
Pero Dorothy… yo no…
Lo sé Candy … bueno basta de plática tu ropa de dormir está dispuesta para que ya descanses – rompiendo el contacto de sus manos – déjame ayudarte a quitarte la ropa.
Gracias Dorothy… - la volteo para desabrochar el vestido y colocarlo sobre una silla.
Bien ahora el corsé… - y ayudándola con mucho esmero espero a que se quitara la ropa interior y se colocara el camisón – déjame trenzar tu cabello Candy o mañana es muy seguro que amanezcas con nudos en tu cabeza – le decía sonriendo.
No Dorothy… me incomoda dormir con trenzas.
Muy bien… en ese caso me retiro… que descanses y no olvides decir tus oraciones.
Gracias… tu también vete a descansar – dándole el ultimo abrazo del día.
Y mientras eso pasaba en el dormitorio… Albert ya iba en el segundo vaso de whisky… los besos de su amada se negaban a confundirse con el sabor de la malta y el alcohol… mirando el crepitar de la leña ardiendo en la chimenea se pensaba afortunado y feliz de tenerla a su lado… y con ese pensamiento se dirigió a su habitación cuando vió la tenue luz que lo llamaba como a un mosquito a su perdición… la puerta estaba abierta y con sumo cuidado entró cerrándola a sus espaldas acercándose cada vez más a su aposento… y recargándose a la pared observaba como Candy decía sus oraciones hincada junto a su cama… se acercó y junto con ella elevó una corta oración, tan ensimismada estaba que no se dió cuenta de quien estaba a su lado y persignándose se puso de pie no sin antes dar un pequeño grito.
¡Oooh Albert! ¿pero que les pasa hoy a ustedes? Primero la tía abuela cuando llegué al salón de té… luego Dorothy esperándome aquí… y ahora tú – su naricita respingona se pegaba al rostro de Albert reclamándole mientras él trataba de controlar el sonido de su risa.
Lo siento amor… no era mi intención asustarte – le decía en un susurro – solo pase a darte un beso – se acercaba hipnotizado por esos hermosos labios color de rubí – Candy se acercó y le dió un corto beso.
Listo amor… vete antes de que alguien venga y nos metas en un predicamento con la tía abuela – empujándolo con sus pequeñas manos.
No amor… así no – la tomó por la cintura cerrándola con sus fuertes brazos acercándola a su cuerpo, tomó sus labios e invadiendo su boca hizo que su beso cumpliera con su cometido de ser correspondido… Candy con los ojos abiertos observaba la avidez con que Albert la tomaba y perdiéndose en el dulce amargo sabor del whisky no le fue difícil corresponder con pasión y un poco de lujuria a la candencia de sus besos… - te amo Candy… ya no soporto estar sin ti… te deseo tanto. - Candy no podía articular palabra alguna su corazón y cuerpo se dejaban llevar por esa nueva sensación de sentirse amada, y así la llevó y poniéndola sobre su cama y su cuerpo sobre ella comenzó a besar su lozano cuello y es ahí donde nuevamente fue consiente de la desnudes de su princesa…que aún con su fino camisón sus pezones se manifestaron asomándose necios a través de la tela que correspondían a cada sutil caricia.
Al… Albert… te amo tanto… - y el silenciando su ardiente deseo le besó sus labios – con una de sus manos desanudaba el listón que no le dejaba admirar su estrenado anhelo de hacerla suya y con la otra delineaba su rostro, y por fin liberándose del nudo sus labios hicieron un camino húmedo de besos posándose sobre uno de sus pezones acariciándolo con su lengua - ¡Albert! – un grito ahogado en un susurro lo puso en alerta para ya no seguir profanando su inocencia, y bajando la intensidad de sus besos la abrazó con ternura hasta que sus cuerpos llegaran a la quietud y tranquilidad de la misma noche.
Perdóname mi amor… necesitaba sentir tu cuerpo… - Candy apretó mucho mas fuerte el abrazo secando su propio sudor en la camisa de su amado.
Te amo Albert… - su rostro escondido en su amplio pecho no dejaba de sentir lo mucho que lo amaba.
Candy… mírame amor… - ella negaba con la cabeza – amor… te deseo mas que nunca… pero si no paraba… entonces si habría que adelantar la boda porque mañana ya serías mi esposa… mi mujer… mía y de nadie mas.
Albert…
Dime amor
¿Te digo algo y no te ríes?
Prometo no reírme princesa… pero mírame – tomando su mentón con sus dedos.
Es que… me gustó estar así contigo.
¡Oooh cielo! Por un momento pensé que sería nuestra despedida.
¿despedida? – como pudo sacó su cuerpo el cual se encontraba aprisionado sobre el peso de su querido Albert, se incorporó sentándose sobre la cama - Aaaah no cariño… ahora me cumples y te tienes que casar conmigo – sus risas se unieron para acallar el deseo.
Amor… ¿y tú crees que me voy a negar a hacerlo? no cariño ahora más que nunca reafirmo mi amor por ti – la atrajo hacia su cuerpo – amor… tengo que irme… no podemos darle un disgusto a tía Elroy a estas alturas – lo decía mientras se levantaba.
Un ratito mas amor ¿siiii?
¿Y si alguien viene? ¿Qué pretexto he de dar para estar en los aposentos de mi prometida? ¿y si es tía Elroy?
¡Que nos libre Dios amor! Tienes razón… no podría vivir con eso en mi conciencia.
Te amo Candy… - basándole la frente
Te amo Albert…
Un día menos y la fecha se acercaba inexorablemente a la fecha esperada y en casa de los Leegan uno de los hermanos tramaba como de costumbre y de la manera más atroz quitar a Candy de su camino.
No puedo creer que después de todos estos años y a pesar de lo que hemos hecho para hacer quedar mal a esa recogida ante la tía abuela todavía siga como protegida de los Andley – decía Eliza.
¿todavía sigues con eso? Los años han ablandado a esa vieja y hagas lo que hagas y muy a pesar tuyo Candy será la esposa de William – le dijo con burla.
¡eso nunca! No lo voy a permitir
¿y como piensas hacerle Eliza? Porque hasta donde sé todo ya está listo… ¿o piensas un día de éstos tomar el té con ella?
¡eres un idiota Neal! Haré mucho más que eso y veremos quien se queda con el tío William
No creo que sea lo más sensato Eliza falta muy poco para la boda… si no me equivoco dos meses.
Tu lo haz dicho Neal faltan dos meses y es el tiempo suficiente para lograr lo que me he propuesto… de ti no espero mucho… te rendiste muy pronto.
Unos golpes en la puerta hicieron que cortaran con la conversación.
Adelante – dijo Eliza con voz autoritaria.
Sr. Y Srita. Leegan tienen visita – Neal se quedó sorprendido.
Yo no espero a nadie. – le dijo confundido.
Tu no pero yo si… así que retírate.
Neal se levantó de mala gana dirigiéndose a la puerta esperando ver quien era la visita de su hermana cuando su padre salió a su encuentro y le pidió que lo acompañara a su despacho.
¡Eliza querida! ¡Cuánto tiempo sin verte! – se acercó para darle un beso pero Eliza lo rechazó poniendo su mano entre ellos.
No te mandé a llamar por lo que tú crees, pensé que te había quedado claro que ya no me interesas.
Pero Eliza… después de lo que pasó entre nosotros creí que tú y yo… - una carcajada de burla taladraron los oídos del joven.
¡Por favor Robert! ¡ya supéralo! No me interesaste antes… menos ahora… además solo fueron unos besos.
La incredulidad se dibujó en el rostro del joven… no sabía que sentir… no sabía que pensar… pero era obvio que Eliza lo necesitaba y aprovecharía esa oportunidad de estar para ella pese a su rechazo y entraría a su juego… ya después tendría su turno… y entonces… solo entonces.
Muy bien… dime ¿Qué deseas? – una sonrisa llena de malicia se dibujó en los labios de Eliza y con una enorme satisfacción se dió cuenta que podía contar con él paro lo que fuera.
Querido… necesito que me ayudes a desaparecer a una persona – le dijo de manera directa y sin tapujos.
¡Eliza! – quedó asombrado el joven.
¡por favor! No pongas esa cara que bien sé a lo que te dedicas… no en vano te mandé a investigar – le dijo en torno de burla.
¡vaya! Así que esas tenemos querida Eliza… muy bien así está mejor… sin caretas – pensó el joven – si… pero jamás me imaginé que tú… bueno… pero en fin… dame un motivo válido para que yo haga ese trabajo.
Te pagaré bien… el dinero no es problema – le dijo altiva.
Te quiero a ti Eliza – fijando sus ojos al par de ojos amielados.
Hubo sorpresa… indignación… coraje en su reacción… pero sabía que tenía que ser cautelosa en su proceder – Robert… soy un lujo que no puedes tener… ¿lo tomas o lo dejas?
¿sabes? Has despertado mi curiosidad, dame más información y sobre todo dame un verdadero motivo por la que quieres que yo haga ese trabajo… mucho tiempo he pasado en esto, y déjame decirte que el dinero no es un motivo… no al menos en las personas de nuestra posición.
¿lo harás?
Vendré la próxima semana… piénsalo bien Eliza, para ti es un capricho… no para mi – y levantándose alisó su traje colocándose su sombrero.
En Lakewood Albert y George lidiaban con una batalla acerca de un contrato que por mucho beneficiaría a las empresas pero que también lo ponía tenso pues lo alejaría de Candy tres meses y eso después de realizarse la boda lo que significaría no tener luna de miel.
George… no puedo hacerle eso a Candy… es algo por lo que he estado esperando toda mi vida, y ahora que casi lo logro ¿vienes y me presentas esto? – había disgusto en su reclamo… aunque comprendía perfectamente que era parte de su trabajo evaluar inversiones.
Te entiendo William pero también significa tener nuevas alianzas con otros clanes – no desviaba sus ojos del documento.
Lo siento George… desde el momento que tomé la presidencia tengo la seguridad de que el consorcio, las empresas y el banco Andley las he mantenido estables desde mi llegada y no por un dividendo más dejaré que me separe de Candy por mucho tiempo – le dijo con enfado.
No es definitivo William… piénsalo y coméntalo con la Srita – le dijo con tranquilidad.
Ante todo Candy es mi prioridad y por nada expondré mi relación con ella… mucho tiempo me separé de ella en éste viaje… George…
Dime William.
Quédate a comer… no regresaremos a Chicago… he pedido que me traigan todos los pendientes ¿tienes los papeles que te pedí?
Claro… aquí los tienes – estirando la mano para entregárselos.
Fuera de la mansión Dorothy se dirigía a los linderos del bosque de la mansión, desde lejos divisó a Candy sentada en el pasto a la sombra de un frondoso árbol sosteniendo un libro sobre su regazo, cuando llegó a ella y con cautela la llamó.
Candy… Candy – tocándole el hombro – es hora de que regreses y la comida será servida y aún no te arreglas.
Gracias Dorothy… precisamente eso iba a hacer – mostrándole una amplia sonrisa.
Claro… como tu digas – uniéndose a la risa de la rubia.
En compañía de su fiel amiga llegó a su recámara y quitándose la ropa con ayuda de Dorothy se metió a la bañera disfrutando de la cálida humedad que le ofrecía el agua, posterior a eso y secándose su largo cabello comenzó a cambiarse.
Candy… ¿Qué te parece éste vestido? – extendiéndoselo en la cama para que lo viera.
Me gusta… sencillo pero elegante.
En ti todo se ve elegante Candy… voltéate para que te ponga esta prenda – mientras Dorothy le terminaba de amarrar el corsé la portadora de éste halaba aire para acostumbrarse a lo ajustado de la prenda.
Nunca terminaré de acostumbrarme a esto Dorothy… ¡es una tortura! Después de la boda me desharé de todas estas prendas… ¡Y con el hambre que tengo! siento que nada me va a entrar por la boca.
Jajaja… eres muy ocurrente Candy… ¡listo! Quedaste bellísima – dándole vuelta.
Es gracias a ti Dorothy – caminando hacia la puerta iba cuando se llevó una de sus manos al pecho - ¡Dorothy! – la joven volteo a verla y acercándose a ella la sostenía por los hombros – me duele ¡quítamelo! – desvaneciéndose en sus brazos y cayendo juntas al piso.
¡por Dios Candy!... ¡ayuda! – se levantó con dificultad dirigiéndose a la puerta, tan fuertes eran los gritos que Albert salió de la biblioteca y subiendo las escaleras de dos en dos se dirigió a la recámara de su prometida, Dorothy temblaba de pies a cabeza tratando de reanimar a Candy salió al pasillo cuando vió llegar a Albert.
¿Qué pasa Dorothy? ¡habla! – tomándola por los hombros.
La… Srita. Candy… - Albert entró a la recámara llegó a ella y levantándola en sus brazos la llevó a la cama.
¡Dorothy las sales! – la joven salió corriendo donde se encontraba la tía abuela.
¿Qué pasa niña porque tantos gritos? – preguntó la anciana.
Es la Srita. Candy se ha desmayado.
¡Dios! ¿será posible? – pensando en qué pudo haberle provocado ese desmayo.
Llegando a la recámara vió como Albert se afanaba en tratar de reanimarla, su rostro mostraba desesperación.
¡tía no reacciona! – tomándola entre sus brazos.
William… aflójale el corsé… ¡rápido hijo!
Pero tía… yo…
¡Es tu prometida! y es necesario que respire – con manos temblorosas Albert arrancó el vestido y volteando su cuerpo de lado aflojó el amarre de las cintas y aún así Candy no despertaba… Dorothy se acercó colocándole las sales en la naríz que al sentir el olor penetrante empezó a reaccionar débilmente y confundida abrió los ojos dirigiéndose a quienes se encontraban alrededor suyo hasta encontrarse con la mirada de su prometido.
Albert… ¿Qué pasó? – con los ojos llenos de lágrimas y un nudo en la garganta trataba de explicarle.
Amor… todo estará bien… - tomándola entre sus brazos apretándola a él cuando sintió que el cuerpo de Candy se aflojaba de nuevo.
Candy… ¡Candy!...Tía… ¿Qué le está pasando a Candy? – preguntaba con miedo en su rostro – ¡George! – gritaba cuando entró el hombre – por favor manda por el Dr. Martin.
Ya he enviado por él sr. William… - decía con tranquilidad – deja que la Srita. Dorothy se encargue de ella – tomándolo de un brazo para que salieran.
No puedo George... – zafándose del agarre – necesito estar seguro de que va a estar bien.
Esperemos afuera, el doctor vendrá y necesita encontrarla dispuesta.
Para Albert fue una eternidad la espera del Dr. Martín, no paraba de caminar de un lado a otro preguntándose que pasaba con su pequeña cuando abrieron la puerta.
Dr.… Candy… por favor dígame que tiene.
Primero cálmate muchacho espera a que yo termine de llegar… por favor que venga su dama de compañía o tu tía para examinarla.
Dorothy y mi tía se encuentran con ella.
Muy bien… tomate un whisky para que te relajes… no es conveniente dado al estado en que podría encontrarse Candy
Pasaron a la antesala de la recámara… Albert se alisaba el cabello… - ¿Por qué tarda tanto el doctor?... ya pasó mucho tiempo – no aguantaba la ansiedad por saber que estaba pasando dentro y entró con cautela – Dr. ¿Qué pasa? Dígame por favor – con una mano en el pecho.
Acércate hijo… iba a mandar por ti… necesitamos de tu ayuda, trata de tranquilizarte necesito hacer que Candy reaccione, hay que activar su respiración, su pulso está muy débil… tú haz trabajado en dispensarios médicos y después de mi eres el mas apto para ayudarme
Claro… dígame que hacer… - los pocos minutos que pasaron se hicieron pesados y densos y cuando lograron su cometido por reanimarla solo esperaron – Dr.… deseo llevarla a Chicago…
No Albert es muy arriesgado hay que esperar, por el momento hay que dejarla descansar… paciencia hijo… yo me retiro…
Dr. Martin por favor le pido que se quede hoy por cualquier necesidad…
No quiero dar molestias hijo – negándose con la cabeza.
Dr. – Albert y el galeno voltearon a ver a la autora de esa voz – no tiene caso que usted se retire… me sentiría mas tranquila si acepta la sugerencia de mi sobrino.
Siendo así acepto… solo déjenme enviar un recado al dispensario – salió de la recámara para hacer su cometido.
Dorothy… encárgate de instalar en un cuarto de huéspedes al Dr. Martin.
La tía abuela se puso de pie y acercándose a Albert lo tomo del hombro, él se encontraba afligido sosteniendo su cabeza con ambas manos – hijo me retiro no tiene caso que estemos muchas personas aquí… cualquier cosa házmela saber por favor.
Claro tía… no se preocupe.
Hijo… ¿bajas a comer o envío a alguien para que te traiga una sopa?
No tía… la verdad no tengo apetito – lo decía con desánimo.
Por favor William… para cuando Candy despierte necesitarás energía – trataba de convencerlo, después de todo y tras dos horas acompañando a Candy el rubio asintió a la petición de la anciana.
Llegó la noche y bajo la luz de las velas Albert observaba el rostro de Candy, no hubo motivo para que alguien tratara de alejarlo de su prometida y fue cerca de las dos de la mañana que ella despertó.
¿Albert?…
Amor… aquí estoy… - acercándose a ella y tomándole de la mano llevándosela a los labios – no vuelvas a hacerme esto pequeña… no… - sus lágrimas no dejaban de caer por sus mejillas, Candy se incorporó de la cama para abrazarlo.
Amor… descansa – mientras se apretaba a él, Albert sintió la piel desnuda de la espalda de Candy y llamó a Dorothy.
Por favor apóyala en lo que necesite… tratando se separarse de ella.
Amor… - le decía al oído – se te tuvo que quitar la ropa
Candy bajó su mirada a su torso y agradeció que la luz de la vela no hiciera notar su sonrojo y soltó el abrazo.
En un momento vuelvo… - besándole la frente
Después de un momento Dorothy salió de la recámara
Sr. la Srita. lo espera.
Gracias Dorothy puedes ir a descansar yo me quedaré con Candy.
Abrió la puerta y al acercarse vió que el cuerpo de Candy convulsionaba a causa del llanto.
Amor… ¿Qué tienes? – dirigiéndose a ella y evitando que se pusiera de pie – mi vida tienes que descansar.
Albert… no me dejes… - había súplica en su voz
Candy mírame amor – tomó su rostro entre sus manos – jamás… escúchame amor… jamás me separaré de ti… eres mía Candy y yo… - nuevamente las lagrimas lo traicionaron – yo no concibo mi vida sin ti, eres el amor de mi vida – y sentándose junto a ella en la cama Candy se aferró en un abrazó al cuerpo del rubio.
Te amo Albert…
Te amo Candy… - y así se quedaron hasta el amanecer
CONTINUARÁ…
Agradezco a todas las personitas que iniciaron apoyando éste pequeño gran proyecto. Alebeth, Kata78, elbroche, venezolana López, Ana Isela Hdez., Enamorada que por el momento sus apoyo me tiene muy emocionada… esperando por supuesto estar al gusto de sus expectativas… ya llevo aproximadamente 20 capítulos adelantados pero en lo que corrijo ortografía y edito ya sea para quitar o agregar, créanme que las mantendré en espera una vez por semana para actualizar capítulos.
