Todos los créditos y personajes pertenecen a Mizuki e Igarachi… la siguiente historia es de mi autoría con una finalidad de solo entretener… esperando le den la oportunidad.
CON TODA EL ALMA
CAPÍTULO 4
ENCARGO… BERRINCHE… DESEO.
MANSIÓN LEEGAN
Un nuevo día despuntaba, para algunos
¿ya supiste Neal? Preguntaba con sarcasmo.
¿a que te refieres? Contestó con una pregunta, mientras ojeaba las páginas del periódico.
Tío William se encuentra en Chicago – no dejaba de observar a su hermano quería ver su reacción
¿y que con eso? -. No dejaba de leer
Ayer tomando té con Deisy me comentó que vió a tío William en el hospital ¿y no sabes quien está internada en el Santa Juana?
No estoy para tus misterios ni adivinanzas Eliza – le dijo con fastidio.
Muy bien… - abanicándose con premura – es Candy
Neal se levantó del sillón… sus ojos castaños color de miel mostraron verdadera preocupación.
¿Candy?
¿Qué otra Candy conoces si no es la huérfana? Jajaja sabía que aún sientes algo por ella.
No digas tantas estupideces Eliza… ¿realmente no te cansas de fastidiar a los demás? – volviéndose a sentar.
¡Neal! – dijo asombrada – bueno… créeme que tratándose de Candy en realidad hasta lo disfruto… realmente me extraña tu actitud Neal, pensé que después del ridículo que te hizo pasar Candy al cancelar el compromiso contigo la aborrecerías más, hace unas semanas no parabas de hablar en contra de la tía abuela.
¿y que tiene que ver una cosa con la otra?
¡vaya! ¿ahora si tengo toda tu atención?
Las personas cambian Eliza… además eso pasó mucho tiempo – lo decía con sinceridad – no todo tiene que ser como uno quiera – de haberse efectuado esa boda… Candy me odiaría mucho más de lo que jamás a odiado a alguien…
Los débiles son los que no avanzan… y en éste momento lo que veo frente de mi es a un cobarde – un brillo de maldad se intensificaba en esa mirada tan parecida a la de su hermano, Neal sintiéndose inmensamente ofendido se paró y de unas cuantas zancadas llegó a su hermana la tomó del brazo haciendo que se pusiera de pie.
¡Retira lo dicho idiota! – Eliza trataba de zafarse sin lograrlo… sin creerlo vio determinación en esa mirada…
¡por favor Neal! No te enojes hermanito los dos sabemos que es verdad – aún en esa posición insistía en destilar su veneno.
¡imbécil! – zarandeando de su brazo y empujándola al piso.
Sarah Leegan iba entrando atraída por los gritos que se escuchaban en el salón.
¡Neal! ¿Qué haces? ¡es tu hermana por Dios! ¿Por qué le faltas el respeto de esa manera? - preguntó muy molesta.
Madre… a Eliza nada le ofende … y si quieres saber ¿Por qué? No tendría ninguna necesidad de faltarle a el respeto si ella – señalándola – no insistiera en fastidiarme cada vez que se le da su regalada gana… conpermiso yo me retiro.
Neal… ayúdame a sostener a tu hermana…
Con una sonrisa de medio lado – que se levante sola – dirigiéndose a la puerta
Pero Neal…
Pero nada madre…
Déjalo mamá… - ¡ayúdame! – mientras la levantaba y se alisaba el vestido – mamita tengo que salir… voy a casa de Deisy.
Que vaya contigo Mary
¡por favor mamá! No necesito compañía para ir a la casa de mi amiga
Aún así hija… no es bien visto que chica de sociedad salga sin dama de compañía.
Como desees mamá.
Tomó su bolso y salió del mansión, dentro del auto daba instrucciones a Mary para que no la acompañara.
John déjame con la modista y tú te regresas a la casa.
Lo que ordene usted señorita ¿a que hora vengo por usted?
A las 5 pero antes envía éste telegrama, Mary mejor espérame en casa de Deisy y entrégale éste sobre espera a que lo lea y que me envíe una respuesta.
Si Srita… ¿Dónde la espero?
¡Yo te esperaré idiota! Y no vengas hasta que te dé una respuesta… John la esperas y se regresan y ni una palabra a mi madre.
Si señorita.
Ya en casa de la modista Eliza escogía entre las finas telas que le presentaban.
Srita Leegan… ésta es nueva mercancía que nos acaba de llegar es seda pura – aunque a Eliza le encantaba llamar la atención y ser reconocida le fastidiaba tanto servilismo.
¿Tiene lo que le encargué? – lo decía ignorándola.
Por supuesto… ¿gusta verlo?
Por algo estoy aquí ¿no cree usted?
Acompáñeme por favor – subieron a un segundo piso en donde un pequeño ejército de costureras se esmeraban en realizar los vestidos más hermosos.
Aquí lo tiene… ¿Qué le parece?
Vaya… está hermoso… ¡maravilloso! Ahora si se lució madame – lo sacó con mucha delicadeza de la caja y con ayuda dejó que lo pusieran en un maniquí, sacó un sobre de su bolso – aquí tiene lo acordado, no tengo que decirle que lo mantenga en resguardo hasta que mande por él… ¿no es así?
claro… ¿desea tallárselo? – la plática se vió interrumpida por una de las asistentes.
Madame… Srita… su dama de compañía la busca – y levantándose se encaminó a las escaleras.
Madame Paquin… nadie que no sea Mary o yo vendrá por el vestido.
Salieron del establecimiento y con una actitud déspota pidió a Mary la respuesta, leyó el contenido y se dirigió a la joven.
Bien… regresa a la casa y asegúrate de que nadie te vea..
En el hospital.
Sr William… aquí tiene el pase de salida, cualquier situación hágalo saber, aunque estoy seguro que con los cuidados del Dr. Martín estará en buenas manos, le recomiendo no hacer viajes innecesarios que afecten a la Srita. White.
Gracias Dr. Bínett.
Candy… le he dado al sr. Andley una cita para éste fin de semana… no me mires así es nada más por rutina –rosando su mejilla - me dió gusto verte… aunque no en ésta situación claro, por favor cuídate… - tomó su mano dando un ligero beso – para Albert era mucho más que soportar esa libertad que se estaba tomando el doctor – compermiso buenas tardes.
Albert se acercó y tomándola del rostro le dió un beso en los labios.
¿lista para irnos amor?
Pensé que nunca lo preguntarías – acariciando su mejilla.
Tía Elroy ha venido ella te traerá ropa… hay que esperarla está platicando con el Dr. Lennard.
Contigo todo el tiempo que sea necesario amor – mirándolo con ternura.
Cielo… por recomendaciones estaremos en Chicago – Candy agachó la cabeza sabía lo que eso significaba, él se acercó más a ella al ver las lágrimas asomarse en sus ojos verdes.
Haré lo que sea necesario para estar bien amor…
Candy…
Solo abrázame amor.
Los golpes en la puerta hicieron que se separaran.
Adelante por favor ¡tía Elroy!... te estábamos esperando – regalándole una sonrisa.
Buenos días William… ¿Candice? ¿Cómo te sientes hija? Acercándose a ella.
Buenos días tía… bien solo un poco mareada… pero dijo el doctor que se me pasará
William… haz que pase Dorothy hay que ayudar a cambiar a Candice.
Pero tía yo puedo hacerlo sola – haciendo una mueca de lado.
Pero nada niña… hija estoy segura que puedes hacerlo, sé que eres una mujer independiente, eso lo haz demostrado innumerables de veces… pero resulta que tu salud amerita atención y cuidados… William retírate por favor.
Amor… estaré afuera – Candy solo asintió con la cabeza, él salió cerrando la puerta tras de si.
Candice ¿Qué es lo que te pasa? Creí que te encontraría con más ánimo.
Candy ya no soportó y comenzó a llorar a mares, acercándose la tía a ella abrió sus brazos para consolarla.
Tía… no habrá boda – la anciana se separó para verle el rostro.
Pero ¿Qué dices niña? – miraba en sus ojos buscando la respuesta ante esa duda.
Albert… me ha pedido… - sus sollozos eran un lastimero signo de lo que sentía en cada poro de su cuerpo.
Haber hija… falta muy poco y no encuentro motivo para que te pongas así… William me ha puesto al tanto de lo que te dijo… y él piensa que te sientes presionada… que no deseas casarte con él… él sufre igual que tú hija… y el solo hecho de pensarlo lo pone mal – Candy abrió sus ojos con sorpresa.
Pero tía yo no… es que… - las palabras se aprisionaban en su garganta.
Candice… con mis ojos he visto como Albert añoraba este momento… he sido testigo de su soledad, de su angustia el saberte perdida… de su inmenso amor cada vez que te ve… él solo quiere lo mejor para ti y por ningún motivo quiero que pienses que él no quiere nada contigo… no te aflijas…
Es que tía siento… - señalándose el pecho
Sea lo que sea que sientas no hay motivo válido para cancelar o posponer la boda – le decía mientras acariciaba su cabello y levantando su rostro – hija… todo está dispuesto para ese día… y entre más rápido te arregles y lleguemos a casa tu recuperación lo será también ¡anda… anímate! – Candy asintió llenándose de seguridad.
Gracias tía… ¿tía? – logrando la atención de la anciana – no quiero ponerme corsé
Oooh Candy por Dios… por ésta vez y en lo que te recuperas podrás prescindir de esa prenda
Gracias tía – una sonrisa amplia se dibujó en su rostro.
Las tres damas salieron del cuarto encontrándose con Albert.
Amor… tienes que usar esto – acercándole una silla de ruedas.
Pero Albert… - no la dejó terminar acallándola con un beso en sus labios.
¡William… Candice! Compórtense por favor… estamos en un hospital – mientras golpeaba el hombro de su sobrino con el abanico… él solo sonrió.
Mi vida… el tramo es largo y no quiero que desgastes energía, aún te siento débil – se lo decía con una voz y una mirada que para Candy era imposible no obedecer – además… he dispuesto éstas últimas semanas para estar contigo – los ojos verdes le devolvieron una mirada que iluminaba todo su amor y su propio ser.
¿de verdad Albert?
Claro amor… así que déjate consentir.
Llegando a la mansión todo el personal esperaba dispuesto para recibir órdenes y dar la bienvenida a la familia Andley.
Dorothy…
¿Si tía abuela?
Asegúrate que la habitación de Candy esté dispuesta como se ordenó.
Por supuesto madame.
William lleva a Candy a su habitación.
Tía sabes que no tienes que pedírmelo.
Pero tía… - ella solo veía como la anciana disponía y daba órdenes.
Pero nada Candice… bueno niña contigo siempre hay peros… hija mientras te encuentres convaleciente es mi deber decidir la manera en la que se te debe de atender – tomándole de la mano.
Amor… tía… Candy sabes que te preocupas… yo la llevaré ¿verdad amor?
Me parece bien… ¿sabes que lo hago por tu bien verdad hija?.
Si tía gracias – lo decía no muy convencida.
El auto se estacionó justo en la entrada de la magnífica residencia y al salir Albert tomó en brazos a Candy sintiendo lo liviano de su cuerpo.
Amor – mientras la estrechaba con ternura sobre su pecho – te amo Candy – subieron las escaleras mientras la mirada de la tía abuela los seguía.
EN LA RECÁMARA…
Albert… déjame en el sofá
Amor… tienes que descansar.
Por favor Albert – lo decía con seriedad – desde que salimos del hospital no han parado de tratarme como una inválida… ¡y no lo estoy! Puedo hacerme cargo de mi misma.
Albert la acomodó en el sofá poniéndose de cuclillas frente a ella.
Candy… no es intención de nadie tratarte como tu crees que te tratamos… solo queremos… yo quiero que estés bien – le tomaba sus blancas manos.
Se levantó de una manera brusca que hizo que Albert la siguiera con la mirada - ¡estoy harta! ¡Harta de sentirme así! ¡Harta de no saber que me está pasando!... ¡harta de estar encerrada! – sus ojos destilaban lágrimas… lagrimas de impotencia – su cuerpo sucumbió ante la presión que ejerció por levantarse tan repentinamente que cayó de rodillas.
¡Candy! Amor… déjame ayudarte… cálmate todo estará bien – levantándola del piso mientras la estrechaba contra su pecho.
Per… perdóname mi vida… es que todo esto me desespera – ambos se sentaron en el sofá y él pasando su brazo sobre su hombro la atrajo hacia su cuerpo.
Te entiendo Candy… solo tienes que tranquilizarte – la tomó de la barbilla para ver su rostro – tu no eres así amor… dime ¿Qué es lo que sientes?
Es que es por lo que me dijiste en el hospital – agachando la mirada
¿lo de posponer la boda?
Si
Mi vida… yo solo pienso en tu salud y mi mayor deseo es que estés bien
Es que… tengo una sensación que no me deja… siento que mi corazón en cualquier momento va a explotar… no sé por que… no puedo explicar – volvía a llorar.
Amor… mírame a los ojos ¿sabes que te amo verdad? – Candy asentía – eres mi vida pequeña y por ningún motivo quiero que pienses que voy a dejarte… eso… eso no va a suceder… mi vida aún así si mañana fuera mi último día mi corazón siempre ha sido tuyo desde que te conocí… ven acá amor – la sentó en su regazo acunando su cuerpo mientras se aferraba a ella, Candy subió un brazo sobre su hombro y puso su cabeza entre su nuca.
A eso me refiero… no quiero tener ese sentimiento de abandono.
Mi vida… aquí estoy y estaré siempre para ti – espero hasta que se durmiera para llevarla a la cama, salió de la recámara encontrándose con la tía Elroy.
¡Albert! ¿Qué haces ahí dentro?
Tía… - mientras estiraba los brazos.
Por favor William hay cosas que no deben de cambiar ¡esos modales por Dios!
Solo estoy cansado tía, iré a cambiarme necesito cerciorarme de que Candy esté bien.
William… para eso está Dorothy y el Dr. Martin.
Tía en poco tiempo Candy será mi esposa y solo estaré para velar su sueño.
¡Dios! ¿Por qué discuto contigo? Hijo… confío en que sabrás comportarte como un caballero y cuidarás de la virtud de Candice… no me des motivos para pensar mal… demasiado tengo con que la servidumbre cuchichee a nuestras espaldas – Albert tomó con delicadeza los hombros de la anciana depositando un beso en su mejilla
Tía… cuando perdí la memoria Candy y yo vivimos juntos por mas de un año… ¿no crees que pude haberme aprovechado sabiendo lo enamorado que estaba de ella?
Siempre sacas una justificación a tu proceder William… ya no discutiré contigo, me retiro… que pasen buenas noches.
Hasta mañana tía.
Durante la noche Albert se mantenía alerta ante cualquier movimiento o sonido que emitiera Candy y acostándose a su lado la arropó entre sus brazos, afortunadamente fue una noche tranquila y lo primeros rayos del sol iluminaron débilmente la habitación, Albert se levantó cuidando de no despertar a Candy y mientras se colocaba una bata llamó a Dorothy.
Buenos días sr. William.
Buenos días Dorothy… por favor cualquier cosa que requiera Candy facilítaselo, déjala dormir un rato más, me avisas inmediatamente si le pasa algo… estaré en la biblioteca.
Por supuesto sr.
Eran cerca de las 10 de la mañana cuando Candy despertó.
Hola dormilona… buenos días… te he preparado el baño en un momento te traeré tu desayuno ¿quieres que te ayude?
No… Dorothy – su voz sonaba como un susurro.
Si Candy.
¿Por qué me siento tan angustiada? – regresándose de la puerta se sentó en la cama junto a Candy y tomándole de las manos le preguntó
¿ya platicaste de esto con el sr. William? – la cuestionaba buscando su mirada.
No quiero preocuparlo – comenzaba a llorar
Candy… el sr. William te ama… y haría cualquier cosa por ti… ¿desde cuando te sientes así?
No es la primera vez que me pasa… pero ahora me ha sido más difícil sobrellevarlo.
Candy… no te pongas triste… platícalo con el señor y dile todo lo que sientes… es más estoy segura que son los nervios… todas las novias se ponen así… algunas engordan, otras enflaquecen y otras peor aún enloquecen – Candy sonrió ante ese comentario – dime que quieres desayunar y te lo preparo.
No tengo hambre… Dorothy ¿no me entiendes verdad? Es algo que no puedo controlar… siento miedo… angustia, tristeza… y ya no quiero sentirme así – poniendo su cabeza en el regazo de su amiga comenzó a llorar.
Llora Candy… llora si eso te hace sentir mejor…desahoga todo lo que estorba a tu corazón y cuando te sientas mejor será mejor que vivas el momento al máximo y aproveches las bendiciones que la vida te está regalando… tu no eres la Candy que llegó hace mucho a ésta familia… esa Candy que desafiaba a la misma tía Elroy por pelear el amor de sus sobrinos y de ella misma… se fuerte Candy… por que no sabes lo que la vida puede depararte… bueno o malo tu corazón debe guiar tus actos… y estoy segura que tu bondad pesa mucho más que cualquier cosa que pudieran hacer en contra tuya – fue hasta que Candy se calmó cuando Dorothy se levantó para retirarse.
¿Qué quiere de desayunar la señorita?
¡Dorothy! No te dirijas así a mi haces que me sienta mal.
Entonces deja de comportarte como una señorita caprichosa… eso solo lo veía con la Srita Leegan.
Noooo… - Dorothy solo reía al ver la reacción en el rostro de Candy – muy bien… entonces toma tu baño, traeré tu desayuno y enseguida vendré a ayudarte con tu arreglo.
Gracias Dorothy… no sé que haría sin ti.
Tienes que saber Candy… no desperdicies tu tiempo ni tu energía donde no debes eso debilita la mente y le da un peso a tu corazón… ¿entiendes lo que te digo? – Candy asentía - Se la misma Candy siempre habrán experiencias que duelan unas más que otras pero siempre encontramos el camino… ¡Dios! El sol ha se ha puesto… apresúrate porque al paso que vamos ya será la comida.
Dorothy salió y sabiéndose sola en la recámara se quitó la bata y el camisón dirigiéndose al baño y volviendo a salir para tomar unas toallas cuando la puerta se abrió.
Amor buenos días… Dorothy… - los dos se quedaron frente a frente… ninguno podía articular palabra alguna, para Albert era la versión más hermosa que Candy le estaba regalando sus ojos… no había morbo ni lujuria solo se sentía aturdido ante semejante visión.
CONTINURÁ…
GRACIAS a cada una de ustedes que me hacen el favor de leer mis intentos por ser escritora… jajaja (ni yo me la creo). Espero lo disfruten se aceptan opiniones, ideas… para mi son importantes.
Kecs
Kata78
Elico
Elbroche
Ana Isela Hdz
Alebeth
Eydie Chong
