Todos los créditos y personajes pertenecen a Mizuki e Igarachi… la siguiente historia es de mi autoría con una finalidad de solo entretener… esperando le den la oportunidad.
CON TODA EL ALMA
CAPÍTULO 5
PROBANDO EL DESEO.
Sus pies quedaron pegados al suelo, cada músculo en el cuerpo de Candy se negaban a moverse, sus ojos verdes se encontraron con el color de mar de sus ojos azules que absortos ante tanta belleza no dejaban de observarla, un cúmulo de muchas sensaciones desconocidas para ella empezaban a invadir su pequeño cuerpo… Albert despertó de aquella ensoñación al encontrar a su pequeña sin ropa.
Candy…. Amor… lo siento debí haber llamado a la puerta – dándole la espalda para no avergonzarla más.
Torpemente Candy cubría sus senos con las manos tratando de alcanzar una manta que estaba sobre la cama, dirigiéndose con prisa al baño, ya dentro miraba el reflejo que le devolvía el espejo lidiando con sus propios pensamientos.
¡Dios mío!... ¡me vió sin ropa! ¿Qué pensará ahora de mi Albert? ¿Por qué me tenía que pasar esto? – sus bucles de oro se volvían de una dirección a otra negando con su cabeza y tapando su rostro con sus manos - ¿Qué pasara ahora? – mientras tanto Albert estaba en la disyuntiva entre retirarse o permanecer en la recámara de Candy, tocó la puerta del baño y…
¿amor?... Candy perdóname por favor… no pensé… amor no quiero que pienses ¿sabes que te amo verdad? – no había respuesta – Candy… amor contesta – manteniendo su frente y las palmas de sus manos sobre la puerta de madera rogaba hacia sus adentros que nada cambiara entre él y Candy… y nada cambiaría es solo que el destino en sus innumerables caprichos de la vida confronta los sentimientos… la vulnerabilidad y la grandeza del ser humano en un acto tan íntimo como si fuera el más complicado.
Albert… déjame sola por favor.
Mi vida
Candy solo guardaba silencio sentándose en el piso abrazando sus piernas… su mente era un torbellino de pensamientos y dudas ¿Por qué? Se repetía una y otra vez.
Amor… dime que estás bien…
Por favor… Albert – su voz acallada en un susurro trataba de pasar por alto lo que acababa de sucederle… pero al recordar los hermosos ojos azules de su prometido haciendo una radiografía de su cuerpo, un pequeño gesto de satisfacción la hizo sonreír muy dentro de ella, sentía emoción, miedo pero sobre todo dudas de lo que aún tenía que vivir… aún tenía mucho que aprender… recordó la noche en que Albert entró a su recámara y la besó tan apasionadamente sintiendo que su cuerpo correspondía con un escalofrío que avivaba el deseo por estar con él… aún en esa situación sintió que sus mejillas enrojecían ante ese recuerdo.
Albert se retiró lo suficiente del cuarto de baño para darle privacidad cuando Dorothy llego con una charola con el desayuno de Candy.
Dorothy… por favor atiende a Candy.
Si señor - y se retiro apesumbrado - ¿Candy?... Candy… déjame pasar.
Se levantó lentamente abriendo la puerta – ¡Candy! ¿Aún no te bañas? Pensé que te encontraría dentro de la tina… déjame ayudarte la señora Elroy vendrá.
Por favor Dorothy… deja que yo me bañe sola
Muy bien… te espero afuera para arreglarte.
En la biblioteca sentado en la amplia silla detrás del escritorio tomaba un whisky sumergiéndose en sus pensamientos, por un momento recordó la veces en su época de adolescente las chicas siempre trataban de disuadirlo para que hubiera un encuentro, pero por una extraña razón un par de esmeraldas lo ponían a raya.
Candy… mi Candy… - rememorando el día en que la identidad del príncipe de la colina fue descubierta.
PASADO
Después de la gran impresión que hizo vivir a Candy al develar su identidad como patriarca de la familia que por ares del destino la cobijó bajo su tutoría y repudiada al mismo tiempo por la matriarca de la familia Andley nunca podría olvidar el día en el que decidió que en su vida él sería quien tomara las riendas y que por ningún motivo permitiría que nadie intervendría en ella… fue así y ante la presión de mantenerse vedado a la sociedad que esa voz tan conocida a sus sentidos lo hizo retroceder.
Bisabuelo William… - su voz y toda ella temblaba ante la expectativa de conocer a la persona que por años había esperado se presentara como el padre que ella esperaba tener, detrás de un magnífico escritorio de roble hizo girar la silla en la que se encontraba sentado, su rostro se develó ante la sorpresa de Candy - ¿Albert? ¿Por qué estás tú aquí Albert?
Hola Candy… - había tranquilidad y emoción en su voz
Albert… deberías de esconderte en alguna parte… si te ven podrían arrestarte y entonces si te meterías en problemas – Candy volteaba de un lado a otro asegurándose de que no hubiera nadie en esa habitación.
Candy… estoy cansado de seguir escondiéndome pequeña… mi nombre es William Albert Andley el patriarca de ésta familia.
¿William Albert Andley? – sus ojos verdes lo miraba con sorpresa, sentía que sus piernas no podían sostenerla más, cuando sintió que ante sus ojos la habitación y el rostro de Albert se desvanecían en la oscuridad y un golpe sordo la recibió en la mullida alfombra.
¡Candy! – Albert no tuvo el tiempo suficiente para evitar que el cuerpo de Candy colapsara por la impresión de conocer su verdadera identidad – Candy… Candy… despierta pequeña – su experiencia como voluntario en África le enseñó que en casos como esos la tranquilidad y un buen frasco de sales debía siempre de acompañarlo, cuando logró que despertara su cuerpo ya se encontraba reposando en la cama que hace algún tiempo fue de ella y sentado a su lado esperaba pacientemente que ese par de hermosos ojos verdes le devolvieran la mirada – hola pequeña - sin siquiera pensarlo Candy se incorporó abrazándose al cuerpo de su amigo – oh Albert ¡que alegría! Haz vuelto ¿Por qué me dejaste? ¿Por qué me abandonaste? ¡te necesité tanto! – la emoción volvió a ella recordando el fatídico suceso de haber perdido a uno de sus primos, y entre lágrimas le reclamaba su ausencia y fue cuando la realidad llegó a ella – Albert ¡¿tu eres el bisabuelo William?! ¿Por qué lo sé hasta ahora Albert? ¿Por qué no me lo dijiste antes? – sus ojos verdes buscaban una respuesta que satisfaciera su curiosidad… - nos prometimos confiar nuestras alegrías y tristezas ¿lo recuerdas?
Si Candy… y te pido disculpas por no haber cumplido con esa promesa
¿desde cuando recobraste la memoria Albert? ¡Dios mío! ¿te haz sentido bien?
Si Candy estoy muy bien – una sonrisa se dibujaba en su rostro.
Las lágrimas no daban tregua a los ojos de Candy simplemente fluían buscando reconfortarse con la presencia de Albert, al sentirla tan cerca él solo correspondió al abrazo acariciando su cabello… sentirla así en sus brazos le parecía un sueño no quería separase de ella, en ese momento todo su amor contenido comenzó a tener lógica en él, todos sus sentimientos reprimidos los liberó en ese abrazo y al igual que Candy sus lágrimas se hicieron un mudo testigo de su dolor, protegida por su amplio pecho y cobijada entre sus brazos todo empezó a ceder y tomándose su tiempo sus brazos aflojaron el abrazo sentían que sus corazones no se debían nada ningún reclamo… ningún reproche… solo había agradecimiento de saberse correspondidos… pero aún tenía que callar, tenía que estar seguro… tenía que hacerse del poder que le confería ser patriarca para que respetaran sus futuras decisiones.
¿Albert?
Dime pequeña…
Con todo esto se me ha olvidado decirte el motivo del porque vine a Lakewood – se incorporó de la cama y sentándose junto a él puso una de sus manos sobre la del rubio.
Candy… antes de que me digas ¿Qué te parece si vamos a cabalgar? Ambos lo necesitamos y cualquier cosa que sea que quieras decirme es mejor escucharla afuera que entre éstas cuatro paredes ¿Qué te parece? Anda dime que si – guiñándole un ojo.
Pero Albert… yo no vine preparada
¿sabes? Después de que yo me presentara ante tía Elroy en Chicago – rodó los ojos – pedí que se dispusiera todo para que tú y los chicos vinieran a pasar unos días de vacaciones y…- le acariciaba el dorso de la mano con el pulgar – y pedí que dispusieran un guardarropa para ti… lo que quieras estará en el armario ¿Qué dices?
Oooh Albert… ¡siempre piensas en todo! ¡claro que si!
Entonces te dejo… iré a arreglarme… te espero en las caballerizas.
El paseo por la propiedad les fue tan necesario que al estar en contacto con la naturaleza les hizo olvidarse de todos… solo eran ellos dos… se encaminaron al lago y sentados en la orilla uno a lado del otro remojaron sus pies, por un largo rato platicaron de todo y nada a la vez – y bien pequeña… ¿Qué querías decirme? ¿Qué pasó Candy?
Albert… ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué te hice yo para que me obligues a hacerlo?
¿de que me hablas Candy? No te entiendo – en su cara había asombro pero también tristeza - ¿de que me acusas Candy?
De que tú haz ordenado casarme con Neal – sus ojos verdes volvían a rebosarse de lágrimas
¡¿Cómo?! - su cuerpo reaccionó con coraje y levantándose la ayudó a Candy a hacer lo mismo – Candy ¿me crees capaz de hacer algo tan ruin? ¿y con Neal? ¿acaso no fuiste tú quien me contó todas las maldades que él y su hermana han provocado en ti? Candy… - había decepción en su mirada – Candy… yo no… no te haría algo semejante porque yo… yo – en ese momento Candy tomó su rostro y pudo observar y leer en el mar de sus ojos que él jamás le haría daño.
Albert… perdóname por favor… es que no sé que pensar… todo ha sido tan pronto… tu ausencia… el compromiso con Neal… tú en Lakewood… tú siendo el tío abuelo William… perdo… - un abrazo cálido de él le permitió convencerse que su acusación no tenía fundamento.
No tengo nada que perdonarte pequeña… si yo estuviera en tú lugar… pensaría lo mismo… Candy regresemos a la mansión se ha hecho tarde y no has probado comida – esto último lo dijo con determinación
Albert… no te enojes conmigo – se lo dijo agachando la cabeza
No Candy… no hagas eso – levantando su rostro por la barbilla – yo no podría enojarme contigo… pero si puedo asegurarte que ésto que te han hecho no tengo porque dejarlo pasar… Candy… te propongo que vayas al hogar así aprovechas a estar con la hermana María y la Srita. Pony… hoy mismo regresaremos a Chicago a poner en claro tu situación… nada ni nadie te obligará a hacer algo que tu no quieras… pero solo si tú quieres regresarás al hogar – besó su frente.
Oooh Albert gracias – lo abrazó por el cuello depositando un beso en la comisura de sus labios provocando en él un escalofrío a su cuerpo… y así fue como volvieron a montar los caballos de regreso a casa.
Los días pasaron… Archie, Annie y Candy regresaron al hogar de Pony ataviados de platillos que compartirían con los niños y con sus madres… ese día sería determinante para aclarar verdades y si su voluntad se lo permitía declarar por fin lo que su corazón ha sentido por más de 10 años… Albert le pidió a Archie que se adelantaran que él los alcanzaría… iba camino hacia el hogar de Pony y que mejor ocasión para encarar la verdad que velaba sus sentidos y su corazón, llegó a la colina favorita de Candy que fue ahí donde la conoció la primera vez y su memoria se rememoró los recuerdos más bellos de su adolescencia, tomo su gaita y al pie de la colina tocó la misma melodía que años atrás tocara para ella, se presentaría tal y como aquella vez iba vestido… con su kilt y tartán escocés y desde ese lugar pudo observar como todo estaba dispuesto para pasar un buen rato con las personas que más amaba y apreciaba… desde donde estaban Candy escuchaba el sonido que emitía la razón por la que alguna vez llamó a su príncipe de la colina, sus ojos verdes se entornaron buscando al autor de quien tocaba su instrumento favorito, subió corriendo la colina y cuando llegó no podía creer ni daba crédito a lo que sus ojos veían.
Albert… eres tú… siempre has sido tú… Dios ¿Cómo no me di cuenta? – los brazos de él se abrieron con gusto para recibirla como tantas veces lo ha hecho, sin pensarlo se refugió en su pecho sintiendo la seguridad que por tanto tiempo él le proporcionaba.
Candy… hay tantas cosas que quisiera poder decirte en este momento… ya no tengo nada que ocultar… todo lo que soy está aquí en éste momento contigo
Albert ojalá pudiera decirte que ya lo sabía… que tu rostro se me hacía tan familiar… pero jamás me imaginé que tú serías… que tú estarías siempre para mí… gracias Albert. – y tomándola del rostro besó su frente cuando fueron interrumpidos por los niños del hogar
¡Candy Candy! – la llamaba John – te estamos esperando.
Vamos Albert – bajando juntos tomados de la mano.
PRESENTE
Sus codos apoyados en el escritorio observaba y delineaba con sus dedos el rostro de Candy inmortalizada en una pintura – te amo – hablaba con el retrato, quería que cada letra o palabras habidas en su memoria definieran el sinfín de emociones y sentimientos que tenía por ella, se levantó y sirviéndose un whisky se dirigió a la amplia ventana, miraba al infinito sin darse cuenta que una rubia de ojos verdes lo observaba y presintiendo su presencia volteó hacia la puerta encontrándose con ella.
¡Candy mi vida! ¿Cómo te sientes amor? – dirigiéndose hasta ella, ella solo asintió con la cabeza sintiendo que sus mejillas se sonrojaban agachando la cabeza – Hey… levanta tu rostro amor… mi vida ayer, hoy, mañana y por siempre serás la dueña de éste corazón… Candy lo que pasó hace un momento…
No digas nada por favor – decía rozando sus dedos en los labios de él.
¿ni siquiera que te ves tan hermosa como ayer? – ella soltó una risa apenas audible, posando sus manos en su pecho – Candy… te amo – se acercó a sus labios, endulzando su aliento con tiernos besos, Candy se dejaba llevar correspondiendo sentía que su cuerpo reaccionaba como aquella vez en que Albert probó de sus pechos… sus besos se profundizaban más… experimentaba que la temperatura de su cuerpo subía sin estar enferma, percibía una adherencia casi carnal… sus fuertes manos se posaban en su cintura haciendo viajes ascendentes a su talle y rostro, tenía la seguridad de que Candy era su complemento… faltaba tan poco.
¡Albert! – lo llamó en un susurro ahogado por el placer.
Y cada segundo se hicieron minutos interminables y la intensidad de sus besos subieron dejando un camino de besos húmedos hasta llegar a su cuello deleitando a sus oídos con los gemidos que Candy emitía.
Te deseo tanto… - apretando el abrazo y así mitigar una vez más el deseo que su cuerpo quería saciar.
Albert… - sentía que el aire le faltaba – te necesito tanto – le decía arrastrando las palabras.
Amor… - tomaba su cabeza enredando sus bucles en sus dedos y con la otra la encerraba en un abrazo pegando su pequeño cuerpo al de él, la cargo entre sus brazos llevándola al sillón frente a la chimenea sentándola sobre sus piernas – mi vida – aspirando con profundidad el aroma de su piel y su cabello, la besaba, la estrujaba sobre su cuerpo ¡cuando deseaba quitarle en ese momento cada una de sus prendas para tenerla solo para él! Sus lenguas se buscaban, se demandaban y se encontraban una y otra vez, sus corazones latían en una misma sintonía por cada caricia que se regalaban – amor – trataba de controlar su deseo y mirándola a los ojos le regalaba el más infinito y puro amor que sentía por ella y tomándolo de los hombros la separaba de él – te quiero para mi sin reservas… sin prisas ni testigos u obstáculos… Candy se abrazó a su cuello entendiendo lo que él quería decirle, se quedó quieta permitiéndole a su cuerpo recuperar la tranquilidad que hace unos momentos tenían.
Lo siento Albert… no quise – sus labios acallaron sus palabras.
Candy… mi amor… el deseo que tu sientes también es mío… cada día se me hace más difícil contenerme a ti… - nunca antes se había sentido tan amada y deseada… nunca antes absolutamente nadie la había besado como el lo hacía.
Te amo tanto Albert…
Y con ese último razonamiento pensó en Terry… lo de él fue un beso robado… un beso de adolescentes, un beso que le permitió conocer lo que es el amor y al mismo tiempo el dolor… pero con Albert todo era un paisaje desconocido, una isla virgen sin explorar… con emociones, temores y mucha felicidad por compartirla con el hombre que jamás podría haberse imaginado compartiría su vida, y con un suspiro intermitente acariciaba sus dedos llevándoselos a los labios.
¿y ese suspiro? – le preguntaba divertido
Es por ti amor…
¿por mi? – y tomándola por la cintura la acomodó en sus piernas para que sus rostros estuvieran de frente.
Es… es por todo lo que me haces sentir, haz sido siempre una constante en mi vida y es por eso y por que te amo jamás te cambiaría por nada del mundo… lo haz sido desde que era una niña llorona de 6 años.
¿eras? Jajaja
No te burles… jajajaj - dándole un suave golpe en el hombro – te amo Albert.
Dime cuanto me amas… jugando con sus bucles dorados
Antes de saber que eras el tío abuelo William… jajajaja no hagas así los ojos que bien sabes es la verdad…
Si princesa… pero ya no me lo recuerdes por favor.
No te lo prometo pero trataré… - aprisionándola entre sus brazos le empezó a hacer cosquillas – jajaja Albert no lo hagas… jajaja ya no lo diré
Dejaré de hacerlo si me dices cuanto me amas – haciendo que el sonrojo en el rostro de Candy lo perturbara en sobremanera deseando poder besarla como lo hizo hace unos momentos – entre risas ella asentía con la cabeza.
Deja que respire – tomaba aire tratando de acomodarse el cabello, sus ojos verdes lo miraban fijamente – primero te amé con una ilusión de niña… eras mi príncipe de la colina, como amigo, como hermano… y hoy te amo como la mejor de mis realidades… te amo más de lo que una persona está dispuesta a amar.
Los ojos de Albert se humedecieron por las lágrimas al saberse correspondido abrazando a Candy contra su pecho haciendo que los latidos de sus corazones se sincronizaran en uno solo.
Mi amor… mi vida… nunca me imaginé al igual que tú que la vida me permitiera caminar a tu lado… sentirte tan mía pese a todo lo que hemos tenido que pasar. – Candy lo miraba con amor como queriendo memorizar a través de sus ojos cada parte de sus facciones por que muy dentro de ella sabía que sus almas se pertenecían
Cuando de repente escucharon la voz de la tía Elroy atrás de ellos haciendo que Albert se pusiera de pie y en el acto tirando a Candy al piso.
¡amor!.
