Todos los créditos y personajes pertenecen a Mizuki e Igarachi… la siguiente historia es de mi autoría con una finalidad de solo entretener… esperando le den la oportunidad.
CON TODA EL ALMA
CAPÍTULO 7
FAMILIA, LAKEWOOD, TÚ Y YO
¡¿Pero qué significa esto?! - lanzando un fajo de papeles sobre el escritorio – me niego rotundamente ¿sabes a lo que me estás exponiendo?
Por supuesto… eres el único que puede hacerlo… ponte a pensar en las consecuencias que la guerra traerá sobre nuestros patrimonios, se habla de una gran debacle en la economía de los Estados Unidos
Pero… ¿por que a mi? - preguntaba tratando de mantener a raya su enojo
.
Bueno eres parte del Consejo y eso nos permite una ventaja para integrar nuestro proyecto al consorcio Andley.
¡¿Cómo te atreves?! ¡Estás hablando de mi familia!.
Una risa rayaba en la burla se hizo escuchar dentro de la oficina
¿Tu familia? ¿Acaso crees que no sé como has logrado duplicar tu fortuna? ¿Crees que no sé de las artimañas de las que te has servido?
¿De qué hablas imbécil? - lo dijo gritando tratando de imponer autoridad
Te estoy proponiendo proteger nuestro patrimonio
¡No lo haré! - lo dijo con seguridad
¿Es tu última palabra? - preguntaba con tranquilidad
Ni siquiera tengo que pensarlo… lo que me pides es desleal
¿Desleal? ¿Sabes siquiera lo que eso significa? No tengo que recordarte Leegan que nada de lo que se ha hablado aquí llegará a oídos de Andley… si lo entiendes ¿verdad? - Solo asintió la cabeza sin pronunciar ninguna palabra.
- Y he de informarte que ante tu negativa otra persona lo hará… pero en la protección de los bienes materiales del Consejo quedas fuera.
- Ni siquiera tengo que pedírselo… señores - inclinó su cabeza - que pasen buenos días.
Ya fuera del edificio llenó de aire sus pulmones para sacarlo con pesar, subió a su carruaje y sólo pensaba.
¿Pero cómo lo supieron? ¿Qué tanto saben? Necesito hablar con William -
¡Arthur! Llévame a casa
Como ordene señor
Sintió como el tiempo que se hacía a la mansión se prolongaba… sentía que cada uno de sus sentidos se adormecían - si se descubre la verdad estoy perdido ¡no! No es posible… tomé todas las precauciones - pensaba tratando de descubrir dónde estaba la falla, bajó del carruaje y ya lo esperaba el mayordomo.
Señor buenos días - no contestó el saludo… lo que más le apremiaba era aligerar el peso que sentía sobre los hombros.
¿Y la señora?
En el salón de té señor - tomando su abrigo y sombrero.
Sus pasos hacían un eco intensificados por la presión que tenía, abrió la puerta azotándola sin sentir la fuerza que aplicó en ella… el ruido llamó la atención de su esposa.
Pero… ¡querido! ¿Que pasa?
Lo siento cariño… hay que arreglar las maletas… salimos a Lakewood -se paseaba por el salón alisándose el cabello.
Pero querido ¿qué pasa?
¿No lo recuerdas? Es la boda de William y esa jovencita.
Querido… pensé que saldríamos dentro de dos días, hoy tengo que recoger mi vestido y el de tu hija.
¡No! - gritó nerviosamente… la mujer dejó su tejido dirigiéndose a su esposo.
¿Me dirás lo que está pasando? Y no me digas que no es nada o que todo está bien… porque es obvio que algo grave ha ocurrido.
Pasó sus manos por su rostro alisando su cabello hacia atrás.
¿Recuerdas sobre la transacción que hice a nuestra cuenta mientras William estuvo ausente? - le preguntaba mientras la veía los ojos castaños de su esposa.
Si… ¿que pasa con eso? - llevándose la mano al pecho.
El consejo ha descubierto la procedencia de cómo dupliqué nuestro capital.
Pero… ¿qué dices? ¿Cómo es posible? ¿Quién… quiénes? - cubriendo su boca con las manos tratando de ahogar un grito - Dios mío… ¿qué vamos a hacer si llega a oídos de la señora Elroy? ¡O de William! ¡Tienes que hacer algo!
¿Y qué crees que estoy haciendo? - dijo con desesperación
Discúlpame… tenemos que tranquilizarnos Afortunadamente nuestros hijos no se encuentran en casa… llegaremos a Lakewood tal y como lo habíamos planeado… - se dirigió al servicio y le preparó una taza té a su esposo - tómate esto y te sugiero que subas a descansar… en un momento más se servirá la comida y posterior a eso tenemos que hablar… Raymond… - acariciando una mejilla - todo estará bien.
Gracias cariño.
Sabes que estoy para apoyarte… hay que avisarle a Robert
¿Robert? - preguntó extrañado
Si… la persona que te dió los balances para que pudieras pasarlos a tu nombre
Pero… no es posible ¿qué quieres decir? - preguntó a la mujer - ¿cuántas personas hay involucradas?
Querido… las suficientes… anda termínate el té y ve a descansar.
Mansión Andley
Entre el bullicio y la algarabía de estar de regreso rumbo a Lakewood, cada uno de los integrantes formó grupos para irse en cada uno de los vehículos… mientras Albert y George estaban sumidos en sus propios asuntos con respecto a los movimientos que se habrían de hacer en el banco y las empresas Andley.
George
Si William
No creo que sea el momento oportuno… pero solo quiero decirte gracias… gracias por que en los momentos más difíciles y solitarios de mi vida siempre has estado conmigo… después de mi padre tú eres el mejor guía que alguien pudiera tener… y estoy seguro que de confiarte mi vida la apreciarías tanto como lo hago yo.
Los ojos oscuros de George se cristalizaron dejando un camino de humedad por sus mejillas - William… ven acá muchacho - lo abrazó con tal sentimiento que en algún momento de su existencia añoró que aquel niño huérfano heredero de una vasta fortuna, encontrara a una mujer que lo amara simplemente por ser él - William… sabes que siempre he de desear lo mejor para ti y Candy y no puedes imaginarte lo feliz que me hace poder entregarte a Candy como tu esposa… ámala y respétala William la vida no suele dar segundas oportunidades en el amor… ustedes nacieron destinados para estar juntos – y apretando sus manos deshicieron el abrazo - hay algo que quiero que consideres por favor -
Albert fijó sus ojos en el rostro de George - no me consideres como a un padre… soy demasiado joven para serlo y demasiado viejo para aceptarlo.
Jajaja… vamos George tenías 17 años cuando nací… no eres demasiado viejo – en esos momentos fueron interrumpidos por unos toques en la puerta.
Adelante
William… ya es hora hijo
Si tía en un momento vamos
Natalie llama a los chicos… es hora de partir
Sí señora
Varios minutos después venían bajando por la escalera hasta llegar al recibidor.
Bueno… ya que todos están presentes, Albert, Patty, George y Dorothy se irán en un automóvil… Candy, Annie, Archie y yo nos iremos en otro
Pero tía… pensé que Albert y yo… - no pudo terminar pues en los ojos de la anciana había determinación.
No Candice… después de que se casen tendrán toda una vida para estar juntos - Candy solo arrugó la nariz haciendo una mueca en señal de fastidio - por cierto Candice cuando lleguemos… la señorita Pony y la hermana María te esperan.
Oh tía abuela gracias - dirigiéndose a ella para abrazarla
Todos rieron ante el cambio de actitud que mostró Candy… le era muy fácil sonreír
Natalie… Katherine ¿están completos los baúles?
Sí señora
Candy se volvió a acercar a la anciana - tía…
Si Candice
Los vestidos no los fuimos a traer - dijo con aflicción
No te preocupes hija la señorita Gabrielle llegará a Lakewood… - cuadrando sus hombros - muy bien ¿qué esperan para tomar el lugar que les asigné?
Durante el viaje por tren camino a Lakewood las chicas se ponían al día sobre las cosas que harían llegando a la mansión, 3 largos días se hicieron y en general fue un viaje agradable, Archie ante el disgusto simulado de la tía Elroy bromeaba de cuando en cuando con Candy.
Archivald… ¿realmente te has dedicado a estudiar una carrera? - lo miraba con ojos inquisitivos.
Por supuesto tía - lo decía con solemnidad cruzando una pierna.
Un miembro de la familia Andley no se comporta ni tiene ese vocabulario
Tía… ¿usted cree que de fracasar como empresario… tenga posibilidad como actor? - Candy se lo quedó viendo seria - oh gatita lo siento… no quise…
Una risa fuerte e incontrolable se hizo escuchar dentro del vagón tanto así que Albert y George acudieron corriendo pensando que algo pudiera ocurrir.
¡Candice! Esas no son maneras - realmente estaba molesta la tía abuela.
Jajaja… lo siento tía… jajaja… ¿Archie actor? - su rostro con claros indicios de disfrutar el momento y a costa de su primo simplemente lo disfrutaba.
Candy… me ofende tu poca Fe - enarcando una ceja.
Sucesos como estos hicieron llevadero el viaje permitiéndoles llegar con buen ánimo a la estación de tren, ya durante el descenso los esperaban automóviles para llevarlos a la mansión y como en Chicago la tía abuela decidió viajando con Archie, Annie y Candy en su afán de mantenerlos quietos y ya para cuando llegaron a la majestuosa propiedad la tía Elroy salió casi corriendo del automóvil.
Candice… Archivald realmente hicieron que Thomas volara… y no lo culpo… aún siento que el corazón no me baja de la garganta - abanicándose con energía.
Oh tía Elroy - la abraza Candy- fue un placer viajar con usted.
Y como ya era parte de sus funciones el mayordomo y la servidumbre esperaban por ellos para ponerse a sus ordenes.
En lo que llegan los demás subiré a descansar… viajar con ustedes realmente me a agotado… Candice… sugiero que te comportes la hermana María y la señorita Pony esperan por ustedes en el salón.
¡Mis madres!
Candice… no corras - haciendo que de golpe Candy bajara la intensidad de sus pasos hasta llegar a su destino… con una emoción contenida abrió la puerta.
¡Srita. Pony! ¡Hermana María! - corriendo con los brazos abiertos.
¡Candy!... ¡Annie! Hijas… se ven tan hermosas - los brazos de la Srita. Pony la cobijaron como cuando niña - déjame verte
¡Hna. María! Que bueno tenerlas aquí - todo el amor contenido por el tiempo que no se habían visto fué liberado en un gran abrazo.
Mis niñas… nuestras hijas… nuestra Candy y Annie… se ven muy bien ¿cómo has estado? ¿Cómo te has sentido? No supimos de ti cuando te llevaron a Chicago fue la Sra. Elroy quien nos dió cuenta de ti - tomándole el rostro con ambas manos.
Oh hna. no fué nada… fue la presión ¡pero ya estoy bien! - con lágrimas en los ojos Candy no se cansaba de contemplar esos rostros que por años le dieron seguridad, y la hicieron sentir protegida y amada.
¿Hace cuánto llegaron? - mientras les servía té
No tiene mucho hija… Tom nos trajo
¿Él está aquí? - preguntó Annie y sus ojos se iluminaron
No hija… tuvo que regresar… ya sabes como es él - había decepción en su rostro, la tía Elroy iba llegando hacia donde ellas se encontraban.
Hermana María… Srita. Pony… que bueno encontrarlas sean bienvenidas, en un momento vendrá Alice para que las instale y posterior a eso se les avisará para que pasen al comedor… siéntanse cómodas… disculpen que no me quede ha sido un viaje muy largo compermiso yo me retiro.
No se preocupe Sra. Andley comprendemos - contestó la Srita. Pony.
Quedan en su casa y en compañía de Candice y Annie.
Gracias tía
En ese momento llega Alice para ponerse a disposición de los huéspedes - Hna. María… Srita. Pony acompáñenme por favor - dándoles pase para que la siguieran.
Nos vemos en la cena - dándoles un beso a cada una en la mejilla - y así se dirigieron nuevamente a la entrada de la mansión en espera de los demás y guiada por el aroma de las rosas llegó al jardín… su lugar favorito.
Candy… ¿te molesta si te dejo sola?
Oh no… no te preocupes - devolviéndole una cálida sonrisa
Unos brazos la atraparon por detrás besando sus cabellos azabache - ho… hola Archie…- cubriendo con sus manos las de él.
Hola Annie… Candy… te robo a ésta hermosa mujer - la llevó de la mano sin esperar respuesta.
Archie… antes de que se vayan…
¿Qué pasa Candy?
¿Sabes a qué hora llega el automóvil de Albert y los demás?
Archie y Annie se miraron y él sonrió - Candy - tomándola de los hombros - quita esa cara que ellos estarán a tiempo… pasa que nosotros nos adelantamos un poquito - Annie le dio un codazo - ya entendí amor - dirigiéndose a Annie - ¡oh mira querida… ahí van llegando!
Los ojos verdes de Candy se iluminaron cuando a lo lejos vió como Albert descendía del auto y sin esperar fué corriendo hacia ellos.
¡Albert! - lo llamaba con su inigualable alegría.
Amor - le dió un beso en los labios tomándola entre sus brazos apretándola contra su pecho - ¿acaban de llegar?
No amor - acariciando sus mejillas, sus ojos ya hablaban por ella - es que le hicimos muy poco tiempo
¡¿Como?!
Si lo que pasa… - dibujando una sonrisa en su rostro - lo que pasa que Archie y yo veníamos muy ruidosos y el chofer hizo más corto el viaje.
En el rostro de Albert se dibujó una sonrisa de complicidad imaginando a la tía Elroy junto a ellos.
Conociendo a tía Elroy ustedes dos se convirtieron en su pesadilla jajajaja - haciendo que la mirada de Candy se empequeñeciera de molestia - y dime amor ¿donde están todos?
Supongo que descansando de su pesadilla - volviéndose de espaldas y cruzando los brazos.
Jajajaja - cubriéndola con sus brazos - amor… es broma lo que dije… anda regálame una sonrisa - volteándola hacia él, con un brazo la atraía y con su otra mano tomaba su nuca buscando sus labios de rubí hasta encontrarlos y cubrirlos con sus bien delineada boca, su lengua abrió camino para saborear su fresco aliento - te amo - todo intento por seguir molesta se esfumó como la espuma - Candy – la rubia lo tomó por los cabellos acercando su cuerpo, sus mejillas se ruborizaban al responder con vehemencia cada beso - amor… ¿te sientes bien como para ir a la cabaña?
Siempre me voy a sentir bien si tú estás conmigo - besando su mejilla.
Bien - bajando sus manos por los brazos hasta tomar las manos de Candy - espérame aquí… voy por un auto
Camino a la cabaña Candy contemplaba lo hermoso que se veía el portal y el jardín de las rosas, su indiscutible aroma albergaba sus sentidos y entre más se alejaban la sombra de los imponentes árboles de Sauce y Roble les daban la bienvenida agitando sus ramas al compás del suave viento.
Amor hemos llegado - bajando del auto se dirigió donde Candy tomó su mano para ayudarla a descender, y así entrelazados por sus dedos caminaron hasta llegar a la cascada, Candy dio un suspiro. - ¿Y eso? - mirándola a los ojos
Este lugar me trae tan bellos recuerdos… Tú… Anthony, Stear.
Son nuestros recuerdos Candy… te amo tanto pequeña que sabiéndonos solos deseo que los días que faltan pasaran tan rápido para no seguir mitigando todo lo que mi corazón siente por ti - sentados sobre el pasto y juntos uno al otro sus pensamientos y deseos lo llevaron a recordar el camino de besos que una noche marcó en el cuello de su pequeña pecosa - ¡ven! Traje algunos bocadillos… ¡tengo hambre!
Candy dio un disimulado resoplido de alivio… su cuerpo deseaba poder ser tocado una vez más por su amado Albert… pero también sabía que no era correcto, las palabras de tía Elroy la perseguían a cada momento - amor… acabas de leerme el pensamiento.
Albert la levantó por la cintura dando vueltas, las manos de Candy se aferraban al cuello, riendo y disfrutándose de ese tiempo para ellos dos, sintiéndose ambos mareados la puso en el suelo y ya recuperados caminaron a la cabaña.
Albert…
Dime amor.
¿No crees que la tía Elroy se moleste por qué hemos venido?
No te preocupes amor… llegaremos a tiempo a la comida - ambos dirigiéndose a la pequeña cocina prepararon emparedados - lleva esto a la mesa amor - todo lo preparó en pequeñas porciones - amor… aquí tienes ¿deseas tomar vino?
Por favor… sabes Albert… extraño esos días cuando vivíamos en el Magnolia… sin presiones… sin lujos… solos tú y yo - tomando un sorbo del vino.
si amor… yo también… de no haber recuperado la memoria… aún sin haberte confesado mi amor en ese entonces era el lugar perfecto para estar contigo.
¡Oh Albert! - se levantó y abrazándolo por atrás le dió un beso en la mejilla para después sentarse en las piernas de su novio - te amo tanto.
Para Albert fué una sorpresa que Candy mostrara ese tipo de afectos cuando era él quien siempre buscaba tener un acercamiento íntimo con ella - Candy… amor creo que has tomado mucho vino - su cuerpo reaccionaba doblegando su deseo, Candy acercó sus labios a los de Albert dando todo su amor en cada beso, ambos se sentían tan frágiles, tan dispuestos que sus mentes nublaron cualquier ápice de cordura.
Albert… - besaba su cuello, tomaba con sus labios el lóbulo de sus orejas, sus pequeñas manos soltaban el nudo de su corbata, acariciaban el cabello de su nuca.
Oh Candy… - cada poro de su cuerpo se estremecía con sus caricias inexpertas que ella le regalaba - amor… no es correcto… tía Elroy confía en los dos… - la tomó del rostro y vió como se teñían en un sonrojo casi celestial - eres tan hermosa - no podía resistirse a tener el cuerpo de Candy tan disponible sólo para él, besó sus labios con una delicada demanda de que solo a él le pertenecían, los buscaba, los acariciaba, los saboreaba perdiéndose en la inigualable sensación de sentirse uno.
La levantó en brazos y la llevó a la cama, sus manos acariciaban su talle buscando la manera de tener contacto con su piel bajo tantos metros de tela liberando un rosario de besos en ella.
Candy… amor… necesitamos parar… has tomado mucho vino… no quiero aprovecharme de eso.
Solo quiero ser tuya… ¿no me deseas? - seguía besando su rostro.
El encima de ella acariciaba su rostro - Candy… con toda el alma
Ámame.
Haciendo presión sobre el cuerpo de Candy su lengua se paseaba por su cuello, tenues gemidos emitidos del fondo de su ser lo hacían proseguir con más persistencia… ella… ella sólo se dejaba llevar, sus manos estrujaban con delicadeza sus pechos perfectos, lamentaba que tantas prendas lo separaran de él… Albert cubrió con sus labios los de ella, exploraban con vehemencia cada centímetro de piel conquistada.
Amor…
Albert…
Sus fuertes manos curiosas bajaban hasta los delicados muslos de su prometida y subiendo su vestido hasta la cintura desabrochó las ligas que sujetaban las medias para así bajar su ropa interior… sin dejar de besar las mejillas de Candy su mano bajó hacia la intimidad de ella la sintió húmeda, la sintió dispuesta, se abrió paso con sus dedos suavemente hasta encontrar esa pequeña protuberancia que ha su tacto la sentía latir y con movimientos circulares comenzó a estimular su clítoris… Candy gemía y jadeaba, sentía que una tibia humedad salía de su cavidad vaginal, quería sentir alivio… sentía tanto placer… quería ser sólo de él, sus caderas y piernas temblaban ante su inminente primer orgasmo… su garganta deseaba liberar gritos de placer pero Albert la acallaba con besos profundos.
Candy… amor… déjame probarte… - ella no entendía a que se refería él, solo sabía que su cuerpo necesitaba y exigía mucho más, Albert arrastró el pequeño cuerpo a la orilla de la cama se hincó y abriendo delicadamente las piernas para no asustarla besaba el interior de sus muslos hasta llegar a esos pliegues sonrosados… Candy se sobresaltó y apoyándose sobre sus codos le dijo asustada.
¡Albert! ¿Que haces?... No… - su negativa quedó en el olvido ante una oleada de calor, su espalda se curvó en un ángulo donde descargaba el deseo de sentirse amada… él posando los muslos sobre sus hombros besaba la intimidad tenía una vista espléndida sabía que la estaba haciendo disfrutar.
Te amo Candy… eres mía… sólo mía.
Candy no lo resistió más… las caricias… los besos… la voz de Albert jugaron en su contra… sus labios acariciaban sus pliegues, su lengua sólo hacía lo que la intimidad de su pequeña pedía, a él no le era difícil embriagarse del aroma y sabor que el fluido transparente le regalaba.
¡Oh Albert!... Siento… siento… - no pudo terminar la frase porque un segundo orgasmo la hizo estremecer hasta la médula.
Dime que eres mía Candy.
Soy tuya amor.
Te amo Candy… amo todo de ti - besaba su intimidad hasta llegar a sus labios, Albert se colocó a un lado de Candy y de un sólo abrazo quería que su pequeña dejara de sentir algún tipo de remordimientos y vergüenza por lo que acababa de pasar, Candy aún con su rostro perlado de sudor lo escondía en el pecho de Albert - te amo Candy… nunca lo dudes… amor necesito ir al baño - sólo escuchó como gemía y gruñía sin saber lo que pasaba… fueron los minutos más lentos sin que Candy supiera que hacer, cuando por fin salió le ofreció un paño humedecido – ven amor… déjame limpiarte.
Albert… me da tanta pena.
No tienes por que mi vida - y guiando su mano limpió sus muslos así como también la parte que hacía unos momentos se había atrevido a profanar y tomando sus interiores la ayudó a vestirse, los ojos de Candy se humedecieron ante ese acto.
Albert… ¿crees que tía Elroy sepa lo que hicimos?
Albert la miró detenidamente y clavando sus ojos azules en ella pensó en lo afortunado que era en que tanta inocencia, amor, pasión y belleza pudieran ser parte de una sola persona… y esa persona era su Candy. - Amor… lo que acaba de pasar es una prueba más de lo mucho que te amo… de lo que nos amamos - tomó su rostro con sus manos - y lo que pase entre tú y yo será nuestra historia y de nadie más - sus labios ensamblan a la perfección… eran la combinación perfecta de lo que fueron… son y algún día serán – amor… tenemos que regresar ¿lista?
Si.
Afortunadamente para ellos, llegaron cuando todos aun descansaban del viaje, subieron las escaleras y tomados de la mano la acompañó a la recamara.
Te amo Albert.
Te amo Candy.
Para cuanto todos se levantaron ya era la cena la que se servía algunos familiares los esperaban, todos reunidos en el salón de té la tía Elroy daba ordenes a Natalie sobre los lugares que ocuparían cada uno de los invitados.
Margaret – la llamó con discreción e inclinándose hacia la tía abuela.
Dígame señora.
La cena está por servirse y no veo a Dorothy… infórmale por favor que la estamos esperando – Candy que estaba sentada junto a ella pudo escuchar la pequeña conversación.
Tía… permítame ir a mi, entiendo que para ella le puede ser difícil – le dijo con una mirada dulce que la anciana no pudo negarse.
Muy bien… pero no demoren demasiado.
Candy se levantó y se dirigió a las escaleras que llevan al segundo piso, llegó a la puerta y tocó… no hubo respuesta - ¿Dorothy? – volvió a tocar y al no tener respuesta entró con sigilo encontrándola sentada frente al tocador – Dorothy… te estamos esperando… - la chica realmente estaba mortificada.
Candy… siento que no es mi lugar… no me siento cómoda… para mi – Candy la interrumpió con un resoplido - ¿Por qué haces eso Candy? – con sus ojos castaños muy abiertos.
¿No fuiste tu quien alguna vez me dijo que aprovechara las oportunidades que me daba la vida? ¿eh?
Es diferente Candy
Dorothy… la tía Elroy mandó por ti – lo decía casi en un susurro… suficientemente alto para que la joven lo escuchara.
¿de verdad?
No tendría que mentirte… anda vamos ¿o vas a esperar a que venga tía Elroy?
¡0h no! – contestó casi con susto
Bien… entonces cambia esa cara.
Aunque la mayoría de las personas que estaban en el comedor eran desconocidos para Candy…en el ambiente se respiraba una felicidad incontenible, las miradas que se dedicaban Albert y Candy realmente de complicidad, amor y deseo.
Durante la cena muchos de los familiares se reencontraron y muy a su pesar de la tía Elroy entre un bocado y otro compartían sucesos y eventos pasados, ya concluida la cena la gran mayoría pasaron a las diferentes habitaciones asignadas, quedando Albert , George, la tía Elroy, Candy, la ama de llaves, el mayordomo y algunos miembros del staff de servicio.
Como saben en los dos días siguientes tendremos la fiesta de bienvenida a los invitados y demás familiares así como también la fiesta de ensayo, no está demás recordarles lo que espero de cada uno de ustedes, mañana se recibirán más familiares para alojarlos en la mansión, en total tendremos 70 personas de servicio, aún así he de reconocer que las condiciones en que encontré la mansión fueron las optimas, sra. Marsh será usted quien coordine los turnos de los empleados, si hay alguna duda ya saben a quien dirigirse y está bien sabido que sin mi consentimiento no hay cambios… se trabajará conforme a lo planeado… pueden retirarse a descansar.
Con su permiso – salieron haciendo una inclinación de cabeza.
Muy bien… me retiro, mañana será un día con mucho movimiento y necesitamos descansar… que pasen buenas noches.
¿me permite acompañarla a su habitación? – le propuso el caballero inglés.
Gracias George – sosteniéndose del brazo que le ofrecía – Candice… Albert no demoren en subir.
Por supuesto tía…. Que descanse – mientras le guiñaba un ojo a candy.
Amor… - le ofrece el brazo – te acompaño.
Albert… - lo tomó de las manos – lo que pasó en la mañana…
Me hiciste el hombre más feliz – tomó de su barbilla depositando un tieno beso – te amo Candy.
Albert… yo pensé que hice mal… mi comportamiento no…
Amor… - la tomó entre sus brazos apretándola contra su pecho – ayer confirme mi deseo de compartir mi vida contigo… que seas lo que siempre he deseado para mi… mi esposa
Albert – susurró su nombre – te amo tanto… después de ayer… después de ti… no se que sería de mi… ¿Albert?
Dime – mientras observaba su rostro
Acompáñame ésta noche
Candy… amor… ayer estuve a punto de hacerte mía… no quiero que pienses que me arrepiento de lo que hicimos ayer es solo que no quiere que hallan culpas ni remordimientos
Entiendo amor… es solo que en éste momento deseo estar contigo.
Ven amor… te acompaño – llegaron a la habitación – prepárate pequeña en un momento regreso
Gracias amor, dejaré la puerta abierta
Albert solo asintió con la cabeza y para cuando regresó Candy desenredaba su larga cabellera.
Te ves tan hermosa – a pesar de la tenue luz que irradiaba la vela pudo disfrutar del sonrojo de Candy – ven pequeña te acompañaré hasta que te duermas.
¡yo escojo la derecha!
¿queda algún otro lado? – con ayuda de Albert Candy ahogó una carcajada.
Pequeña… si quieres que te acompañe… por favor no pidas audiencia
Jajajaja
Candy tenemos casa llena – se acomodó en la cama y abrió sus brazos para recibir a Candy – duerme amor… mañana será un día largo.
Te amo Albert.
Te amo candy
