Todos los créditos y personajes pertenecen a Mizuki e Igarachi… la siguiente historia es de mi autoría con una finalidad de solo entretener… esperando le den la oportunidad.
CON TODA EL ALMA
JUGANDO CON FUEGO.
Aún no amanecía en la residencia cuando la manija de una de las puertas de la recámara se abrió dejando pasar a un caballero… se paró al pie de la cama y se disfrutó observándola, sus ojos recorrían cada parte de su cuerpo pensando en lo bella que era, se acercó a uno de los costados y enrollando un pañuelo en su mano la acercó a su rostro tapándole la boca, sus ojos se abrieron ante esa invasión buscando al dueño de esas manos.
- No grites ni intentes hacer cualquier estupidez ¿entendiste? - ella solo asintió con la cabeza intentando sacar la mano del hombre.
- ¿¡Qué haces aquí!? - su voz temblaba y tratando de recuperar un poco de aplomo lo miró con molestia.
- Tranquila cariño… me aseguré de que nadie me viera - y al observar el rostro de ella solo sonrió disfrutando de lo débil que podía ser.
- ¿Como te atreves idiota? - parándose para ponerse un bata sobre sus hombros – te exijo que en éste momento salgas de mi recámara - tratando de controlar su voz para no llamar la atención sabiendo que a esa hora la servidumbre ya se encontraba en sus labores.
- Lo que tengo que decirte no puede demorar… y no es por gusto que vine hasta acá, créeme Eliza… así que es mejor que te tranquilices y me escuches muy bien porque es muy posible que no te lo vuelva a repetir, así que - tomó una silla para acercarla hacia donde él estaba y con un ademán le pidió tomar asiento, pero ella se alejó de él yendo hacia la ventana - por favor… bien… como quieras… En éstos días y después de lo que platicamos en Chicago, me he puesto a pensar lo poco que voy a ganar haciendo el trabajito que me has encomendado.
- ¿A qué te refieres? - le preguntó con su clásica altanería.
- Hay fallas y no soy ningún idiota y como yo soy quien hará el trabajo he decidido hacerme a un lado.
- ¿Como? De verdad eres un idiota ¿o qué te pasa? Me imaginé todo de ti menos que fueras un cobarde - se levanta del sillón y se dirige a la pelirroja tomándola de las muñecas.
- ¡Fíjate muy bien en lo que dices Eliza!... Suelo ser muy paciente… pero también tengo límites en los cuales estoy seguro no quieres estar… y si deseas que yo haga el trabajo será bajo mis condiciones.
- ¡Tu trabajo ya está pagado! - zafándose de sus manos de una manera brusca - y es lo que ya habíamos convenido.
- Querida… el dinero es lo de menos ¿recuerdas? - se lo dijo con una voz melosa.
- Yo te propuse un trabajo y tú aceptaste sin siquiera pensarlo, al menos ten la decencia de ser responsable y cumplir con lo convenido.
- Si… en eso tienes razón… pero como te vuelvo a repetir yo aquí soy el experto y nada me costaría hacerlo por mucho menos… he diseñado un plan y hay más probabilidades de que todos ganemos.
- Conmigo ve al grano y háblame claro… Detesto que uses tantas palabras y no digas absolutamente nada - le dijo con impaciencia.
- Entonces tendremos un problema cariño - se acercó a ella tomando uno de sus perfectos y elaborados bucles.
- ¿Cariño? - se acerca a él propinándole una fuerte bofetada - no te permito que tengas esa confianza conmigo - señalándole el rostro con un dedo - no te he dado motivos para que los tengas.
Robert sobándose la mejilla se acercó de manera intimidante haciendo que Eliza retrocediera unos pasos atrás estremeciéndola con su cercanía.
- No…
- ¿No que cariño? - la tomó por la cintura besándola a la fuerza, hubo resistencia y lucha para evitar esa cercanía… pero su intención era tan minúscula ante la fuerza del pelirrojo.
- ¡Suel-ta-me! - luchaba con todas sus fuerzas con tal de romper el abrazo.
- Por el momento cariño… dime donde te espero… necesito platicar contigo - metió su mano dentro de su traje sacando un fajo de papeles - aquí tienes tu dinero… serán mis planes o no hay trato - los labios de Eliza se despegaron manteniéndola abierta… no podía creer que sus planes pudieran desvanecerse… no podía permitirlo, ésta era su oportunidad y no iba desperdiciarla
- ¿Te das cuenta lo estúpido que ha sido que vinieras a Lakewood? No puedo ni debo tener contacto contigo… tú solo tenías que…
- Asegurarme de que mi trabajo esté en marcha… ¿como pretendes que lo haga sin conocer el terreno que piso? No cariño… las cosas se hacen bien o mejor ni lo hagas… te espero en las caballerizas a las 10 de la mañana… si no llegas el sr. Andley sabrá tus planes… no me decepciones Eliza… deberías de saber lo que te conviene – acariciando una de sus mejillas.
Cualquiera que conoce la actitud altanera y déspota de Eliza Leegan no se imaginarían observar alguna vez la expresión de su rostro que ahora tenía… simplemente no pudo conciliar el sueño con lo poco que faltaba para que los primeros rayos del sol anunciaran su llegada… y mucho menos ante el hecho de sentirse amenazada… esa sensación simplemente no cuadraba con su orgullo, en esa muy íntima plática consigo misma estaba cuando la luz del sol la alcanzó… sentía que su ser bullía de enojo, rencor, rabia y odio… no le gustaba sentirse vulnerable ni amenazada pero ¿que podría hacer? Se sentía ajena a sí misma y manipulada por Robert… su plan simplemente no funcionaba y algo tenía que hacer.
Llegó la mucama para preparar el baño y arreglar la ropa de Eliza.
- Buenos días señorita.
- No se que tienen de buenos días ¿dónde está Katherine? Retírate y que venga ella.
- Sí señorita… compermiso.
Fue una sensación desagradable para la joven pues fue designada personalmente por la señora Elroy y como tal se dirigió a los aposentos de la anciana, tocó la puerta y una voz profunda y seca característica de una frialdad aún no perdida la hizo entrar.
- Señora Elroy buenos días…
- Buenos días Alice ¿alguna novedad? - mientras arreglaba el broche de su vestido.
- Sí señora… la señorita Leegan se negó a recibir mis servicios y me pidió que su mucama la asistiera.
- Muy bien Alice… en ese caso asegúrate de que asistan a la Srita. Britter, a la Srita. Dorothy, a la Srita. O'Brien y a la Srita. Candy.
- Sí señora… compermiso.
Los segundos y minutos pasaron sin piedad, toda la familia incluso los invitados que llegaron de Escocia, Inglaterra y Francia se preparaban para ir al comedor… ya terminada la faena de arreglo cada una de las chicas salieron de sus recámaras acompañadas…
- ¡Candy!... - ella volteó y al ver a Eliza siguió su camino la alcanzó y tomándola del brazo la volteó hacia ella - al menos sé educada y salúdame ¿o acaso ni eso has podido aprender en dos años con la Sra. Elroy?
- Eliza… - había molestia y fastidio tanto en su rostro como en sus palabras - ¿Qué quieres? Mira de verdad es muy incómodo siquiera cruzar palabra contigo así que si me disculpas… - se dió la vuelta caminando por el corredor
- ¿Sabías que después del desayuno habrá actividad de cacería de zorros? - El rostro de Candy palideció quedando prácticamente clavados sus pies en el suelo de madera – lo digo para que tengas precaución y no mates a tío William ¿recuerdas la forma en la que murió Anthony? - su voz melosa destilaba toda la maldad de la que era capaz.
- Por… ¿por qué eres tan mala? Por… - sus ojos verdes enrojecieron tratando de contener sus lágrimas
- ¡Por Dios Candy! Eres una chillona insoportable… sabes muy bien que en tus manos está poder evitar una desgracia… si tú quisieras claro… - rozando una mejilla se adelantó - nos vemos en el comedor querida.
Candy se quedó parada en medio del corredor sintiendo que todo un mundo se sostenía sobre sus hombros… su corazón latía como si acabara de hacer una carrera en la que su vida dependiera para llegar a su destino… todo su entorno desapareció desdibujando ante sus ojos escenas de ese fatal día cuando sintió que unos brazos se cerraban por la cintura.
- Buenos días mi amor ¿me permites acompañarte al comedor? - besándola en una mejilla… se dió cuenta que Candy tenía fija su mirada en un punto - ¿Candy? ¿Amor que tienes? - sus manos tomaron sus mejillas haciendo que lo miraran a los ojos - cielo…
- Albert… ¿por qué? - sus ojos verdes pedían una respuesta… pensó que ese temor ya lo había superado.
- ¿De qué me hablas Candy? Amor…
- La caza… los zorros…
- Amor… no tenemos que ir - el cuerpo de Candy comenzó a temblar, gruesas lágrimas surcaban su hermoso rostro y una mirada perdida se remontaba a ese pasado - Candy… mi vida contrólate amor… no iremos - la tomó de las manos y sintió a su contacto lo frías que estaban y las comenzó a frotar para darles un poco de calor con su aliento.
- Albert… - posando una mano sobre su pecho.
- Ven amor… te llevaré a tu recámara.
- No Albert… por favor… estaré bien - tratando de despejarse, caminando iban cuando la tía Elroy los interceptó.
- ¿Candice… William? Hija ¿qué te pasa? Estás muy pálida - posando su mano arrugada en la mejilla de la rubia.
- Tía… la llevo de regreso a su recámara no se siente bien.
- Albert… yo me siento bien solo fue la impresión - tratando de recomponerse.
- Candice… hija es muy claro que no te sientes nada bien… William por favor llévala a sus aposentos y haz que descanse… haré que les suban sus desayunos y no se preocupen con los invitados… los disculparé con ellos.
- Pero tía…
- Hija… no sé qué pasó o que te haya puesto así… lo platicaremos luego pero por el momento trata de controlarte y descansa bien o yo misma suspenderé todo si es eso lo que te está provocando estar en éste estado.
- No tía… - llevándose las manos a la boca - voy a estar bien… yo ya me siento bien…
- Por favor hija… dame ese gusto de verte bien, no seas testaruda y necia - tratando de convencerla.
- Claro tía - dedicándole una sonrisa - gracias.
- Ven amor… - llegaron a la recámara y se sentaron en el gran sillón que había en el recibidor - amor ¿que pasó? - cerrando con sus manos las de ella
- ¿Es cierto que habrá cacería? - había ansiedad en sus ojos por saber la respuesta.
- Candy… no era mi intención ocultarte las actividades que se harán hoy… amor escúchame… nunca permitiré ni te impondré a hacer algo que no te agrade, se lo mucho que te afectó en el pasado y por lo mismo esperaba ser yo quien te lo hiciera saber y evitarte así un mal momento - Candy se aferraba a su pecho tomándolo de las solapas del saco.
- Per… Perdóname… aaaaah - era muy doloroso e insoportable, quería acallarlo con sus manos sobre su pecho.
- ¿Candy? - la levantó en brazos para llevarla a su cama, su pequeño cuerpo temblaba - Candy… amor háblame… por favor mi vida… dime que sientes ¿que te duele? – la respiración de Candy se estaba dificultando, sus brazos se cerraban a su cuello, sacudía la cabeza.
- No… te... vayas.
- Amor aquí estoy… debo llamar al dr. Martin - trataba de zafarse sin lograrlo, su rostro escondido en el pecho de Albert ahogó un grito de dolor que emitía con desesperación haciendo que su cuerpo languideciera entre sus brazos - ¡Candy!... ¡Candy! – se levantó yendo hacia la puerta cuando se encontró con Dorothy.
- ¡Dorothy! - tomándola de los hombros - por favor trae la sales… Candy se ha puesto mal… dile a George que mande por el Dr. Martin… ¡no! - haciendo que la joven saltara - ¡el Dr. Bínett! Que venga él… por favor hazlo con discreción.
- Si señor… enseguida.
Regresó donde Candy se encontraba.
- Mi vida despierta - le acariciaba las mejillas dándose cuenta que de un momento a otro Candy ardía en calentura, fue al baño y mojando un paño regresó para ponérselo en la frente tratando de bajar la temperatura… tocaron la puerta y fue él quien directamente la abrió.
- Señor… aquí están las sales.
- Por favor Dorothy pasa y no te alejes de su lado… llenaré la tina con agua fría.
Al reaccionar Candy y verse así misma encamada y con el rostro preocupado de Dorothy todo un cúmulo de sentimientos empezaron a fluir.
- ¿Albert? - lo buscaba con la mirada.
- No Candy soy Dorothy… el señor William está preparando un baño para ti… Candy ¿que pasó? Hace un momento estabas muy bien - Candy trató de incorporarse - no te muevas tienes que descansar - puso su cuerpo de costado acurrucando su propio cuerpo tapando su rostro con la almohada, su llanto era copioso e intermitente trataba de liberar ese dolor que le aprisionaba el cuerpo.
- Dorothy… por favor… no sé ¿por qué? - la joven acariciaba su cabello mientras daba palabras de aliento cuando Albert salió del baño.
- Dorothy… - vió que Candy sollozaba haciendo que su cuerpo tuviera pequeños espasmos - mi vida - Dorothy se levantó
- Compermiso…
- No Dorothy… sé que ya no es parte de tu responsabilidad pero con respecto a Candy solo confío en ti… ayúdame q cambiarla hay que meterla a la tina - Candy los observaba a ambos… Albert tomó sus manos depositando un beso - mi amor hay que bajarte la fiebre… ya preparé la tina… yo estaré contigo mi vida - Candy solo asintió con la cabeza aceptando lo que Albert decía - esperaré afuera… por favor Dorothy…
- Por supuesto… - dirigiéndose a la rubia - ¿ves Candy? El señor William te ama por sobre cualquier persona - con debilidad ella asentía dándole razón a lo que la castaña le decía - ven… siéntate hay que quitarte el vestido… bien… colócate ésta bata.
- Solo quiero descansar…
- Muy bien, vendrá el doctor pero antes hay que bajarte la fiebre.
- Dame penicilina… con eso me repondré.
- Candy… no seas infantil… el que seas enfermera no quiere decir que deba facilitarte un medicamento - mientras le quitaba las horquillas del cabello y haciéndole dos trenzas - ¡listo! ¿Quieres que te acompañe al baño?
- No Dorothy… además ya no es tu trabajo servir.
- Lo sé Candy pero en éste momento todo el personal está en el comedor sirviendo… además no me molesta poder ayudarte… regreso en un momento pediré que te preparen una sopa - salió de la recámara y afuera ya esperaba Albert.
- Dorothy.
- Sr. William… ya está lista Candy… pediré algo para que desayune…
- Por favor Dorothy si te preguntan por ella solo di que está indispuesta.
Albert entró a la recámara tratando de llamar la atención de Candy - ¿amor? – Candy permanecía acostada de lado hasta que Albert llegó a ella para poder ver su rostro - amor… te llevaré a la tina… la he llenado con agua - la cargó, los brazos de Candy se aferraron a sus hombros tensando su cuerpo tratando de controlar los temblores que la fiebre provocaba en su cuerpo, su voz apenas se podía escuchar.
- Agua fría no… - los fuertes brazos de Albert rodearon su talle sintiendo como Candy se acurrucaba en ellos.
- Amor… solo será un momento - viendo que Candy no aflojaba sus brazos - Albert entró junto con ella a la bañera… sus pies desnudos tocaron el agua fría sentándose con su pequeña en brazos, al sentir la humedad en su cuerpo involuntariamente comenzó a sufrir temblores más intensos - amor… relájate… estoy contigo mi vida – mientras mojaba su largo cabello para refrescar su cabeza Dorothy entró al baño encontrando a Candy semiinconsciente en las piernas de Albert.
- Oh disculpen… no sabía…
- No te preocupes… ¿podrías pedirle a Alice que prepare ropa seca para Candy.
- Ya la he dispuesto - dándole la espalda a los rubios.
- Gracias Dorothy.
Manteniéndola sentada sobre su regazo, con inmensa ternura Albert trataba de cubrir el cuerpo de Candy cuando sus dientes comenzaron a castañear… después de que consideró el tiempo suficiente para bajar la fiebre se incorporó saliendo de la tina.
- Dorothy ven un momento.
- Dígame señor.
- Hay que quitarle la ropa a Candy… ¿Candy? - su cuerpo lánguido apenas respondía - ¿sabes si fueron por el doctor Bínett? - mientras le quitaban la ropa envolviendo su cabello con una toalla - por favor ocúpate de lo demás buscaré a George.
Con la experiencia que da la práctica Dorothy secó el cuerpo de Candy poniéndole ropa seca y cubriéndola en sábanas yendo a la chimenea para avivar el fuego y calentar el cuarto.
Así como entró Albert salió de sus aposentos en busca de George volteando su cabeza por ambos lados de los corredores.
- ¡ Dr. Bínett… George! - volteando al mismo tiempo
- Sr. Andley ¿dónde está Candy?
- Acompáñeme por favor - una voz lo detuvo en el corredor.
- ¡Sr. William! - Albert se apartó de George y del Dr. Bínett.
- Hna. María… Srita. Pony.
- Sr. Andley… - comenzó a hablar la Srita. Pony - la Sra. Elroy nos ha comentado que nuestra niña se encuentra mal.
- Buenos días… ya he enviado por el Dr. acompáñenme por favor.
- Gracias Sr. William - entraron a la recámara y quedándose en la antesala George, la Hna. María y la Srita. Pony.
- Dr.… acompáñeme - Albert abrió la puerta de la recámara haciendo pasar al Dr.… el joven galeno se adelantó poniendo su maletín sobre una mesita y sacando el estetoscopio.
- Dorothy - la llamó Albert
- Acaba de dormirse, la fiebre le ha bajado - poniéndose de pie y colocando la colcha de Candy.
- Gracias Dorothy… Dr.… - dándole el pase para que examinara a la rubia, el Dr. se acercó colocando su mano en la frente de Candy… ella se removió un poco al sentirlo.
- Me temo que tendré que despertarla… - mirando a ambos - Candy… Candy… despierta.
Albert sabiendo y teniendo la certeza de los sentimientos de Candy hacia él… no podía evitar sentir celos al ver la cercanía del Dr con su prometida… pero ganaba más el deseo de verla y sentirla sana.
- Dorothy… que pasen las madres de Candy.
- Claro… compermiso - salió de la recámara encontrándose con las monjas y George - Hnas.… pueden pasar… el Dr. va a examinar a Candy.
- Y dígame Sr. Andley ¿que pasó?
- Desconozco que le haya provocado esta crisis, lo único que sé por lo que ella me dijo fue por una actividad que se hará después del almuerzo… hace años tuvo una terrible experiencia durante una cacería de zorros… uno de mis sobrinos murió frente a ella al caer del caballo… pensé que ya lo había superado incluso me platicó cómo logró hacerlo en un viaje que hizo a Escocia… Dr… ¿que le está pasando? Candy nunca antes había sido enfermiza - había ansiedad en su rostro, quería saber de una vez por todas que pasaba con su novia.
- Muy bien… - tomó el pulso y la temperatura - ¿ha tomado algún medicamento?
- No doctor… al sentir la fiebre muy alta la metí a la tina con agua fría.
- Bien… Sr. Andley necesito que… - las madres de Candy entraron - perfecto ya que están presentes auscultaré a Candy.
- Dr… Esperaré afuera.
Durante todo ese proceso en el que Albert estuvo con Candy así como la presencia de las madres de la rubia, George y Dorothy se quedaron en el recibidor… ella de pie junto a la ventana fijaba su mirada al jardín de rosas de la mansión, en una plática consigo movía los labios orando en silencio… sus lágrimas mojaban sus mejillas cuando sintió que la tomaron del brazo.
- Dorothy… - ofreciéndole un pañuelo - todo estará bien… no hay nada por qué preocuparse - ella negaba con la cabeza - ven… acompáñame, lo que sea que tenga Candy es mejor esperar al doctor sentados - ella se sorbió la nariz con el fino pañuelo, ya sentados en el amplio sillón - y bien…
- Candy me preocupa mucho.
- Todos lo estamos Dorothy.
- Candy… desde el primer ataque cuando el joven Anthony murió… ha tenido otros.
- ¿Como?... Dorothy ¿lo sabe William? - ella negó con la cabeza.
- Yo le sugerí que se lo comentara al Sr. William… pero ella no quería preocupar a nadie y… - comenzó a llorar haciendo que George se acercara a ella tomándole la mano – me siento culpable… si algo llegara a pasarle…
- No va a pasar nada Dorothy.
- Sr. Johnson - entre sollozos su garganta se negaba a emitir alguna palabra.
- Dorothy… - tomando su rostro con ambas manos para que lo viera - ahora más que nunca Candy necesita de ti y de las personas que la amamos, no quiero verte sufrir… en todo éste tiempo que llevo conociéndote nunca te vi así - Dorothy al sentir la cercanía de George se retiró alejándose de él con el rostro sonrojado sus ojos estaban ensombrecidos por las lágrimas.
- Señor… yo no le he dado motivos…
- Por favor Dorothy… sé que no es el momento - se abrió la puerta del dormitorio de Candy de donde salió Albert, los dos voltearon a ver al rubio poniéndose de pie.
- William… ¿qué dijo el médico?
- Aún no sé - frotándose las sienes - Dorothy… ¿podrías pasar? Cualquier indicación que de el médico quiero que seas tú quien esté al tanto… ya que termine hablaré con él.
- Claro señor.
- Dorothy…
- ¿Si señor?
Negó con la cabeza - nada Dorothy… después.
- Compermiso.
Mientras Albert y George esperaban que el médico saliera Eliza llegaba a las caballerizas que aún en contra de su propia voluntad quería saber qué es lo que deseaba Robert hablar… con una mirada cínica y llena de lujuria parado y apoyándose de un poste sus labios se curvaron en una sonrisa a medias sosteniendo una pajilla entre sus labios esperando pacientemente a la pelirroja.
- Hola cariño… viniste.
- Mire Robert…
Una carcajada rompió la tensión que había en él - ¿mire? ¿Por qué tan formal cariño?
- ¿Que quieres?
- Oooh directo y sin tapujos ¿no es así?
- Tengo cosas más importantes que hacer - su rostro se tensaba a cada segundo que pasaba… sentirlo cerca le provocaba incomodidad y hasta cierto asco.
- Cariño… créeme lo que te voy a proponer será el mejor negocio del que te hayas hecho.
- Y bien… ¿cual es?
Se acercó peligrosamente a ella hasta acorralarla en la esquina de una de los establos - ¿porque acepte venir sola? - pensaba Eliza.
- ¡Idiota!
Como en otras ocasiones le fue tan fácil tomarla de la cintura y someterla, pese a la lucha por zafarse de él su voluntad era una nada, sus muñecas fueron aprisionadas por la fuerza de unas manos, acercó su rostro al de ella… su nariz rozaba su cuello gozándose del aroma que despedía su piel.
- ¡Suéltame imbécil! - por todos los cielos quería tener la fuerza… quería librarse de sus brazos, sin siquiera proponérselo lágrimas de impotencia se asomaban en sus ojos color miel.
Comenzó a besar sus labios, probar su sabor era lo más sublime - eres hermosa Eliza - y fue cuando sintió que un par de maxilares aprisionaban con fuerza su labio inferior hasta hacerlo sangrar, apartó el cuerpo de Eliza llevándose su mano a la boca y viendo el resultado de la mordida su enojo fue inevitable.
- Todo tiene un límite cariño - haciendo que de una cachetada el cuerpo de Eliza se tambaleara, el deseo insano que tenía por ella ya no lo podía controlar y posicionándose sobre éste comenzó a besarla con ímpetu.
- Por favor Robert… no lo hagas.
- Ruégame… implora… pídeme que me detenga - todo en él era salvaje… fue desabrochando los botones de su blusa haciendo que sus pechos vírgenes se expusieran a su deseo y comenzó a succionarlos dejando marcas inmundas sobre ellos.
- Por favor… - en su rostro había terror… miedo… impotencia y observando desde su altura se detuvo alimentando sus ojos con cada milímetro de su piel desnuda - mírame - su ronca voz hizo que se estremeciera - mírame y escúchame… serás mía y de nadie más… ese es el precio que pongo por quitar de tu camino a la mujer que tanto odias… créeme Eliza… créeme cuando te digo que tú lugar estará a la derecha del honorable William Andley - jadeando y controlando su deseo se levantó tendiendo su mano para ayudar a Eliza a ponerse de pie - no pongas esa cara - mientras le abrochaba la blusa - la próxima vez…
- ¡No habrá próxima vez idiota! - gritándole con todas sus fuerzas importándole muy poco quien pudiera escucharla.
- Muy bien… tengo una cita hoy a las 2 de la tarde con el señor Andley.
- ¡Eso es mentira! Él ni siquiera sabe que existes… ¡no eres nadie!.
- Nos vemos en el comedor - sonriendo con maldad.
- Espera…
- Ya esperé mucho tiempo por ti cariño… ese es el precio o no hay trato - tomó su mano queriendo depositar un beso cuando Eliza se zafó con furia.
Ella trataba de recomponerse no podía permitir que alguien la viera en ese estado – ¡maldición! No es posible… debe haber otra manera – retomando su camino a la mansión
CONTINUARÁ…
Mis agradecimientos a cada una de ustedes.
Loreley Andlay
Kata78
Nelly
Enamorada
Ana Isela Hdz
Elbroche
kecs
