Todos los créditos y personajes pertenecen a Mizuki e Igarachi… la siguiente historia es de mi autoría con una finalidad de solo entretener… esperando le den la oportunidad
CON TODA EL ALMA
UN VIL ENGAÑO.
Nos ha impresionado mucho usted señorita ¿no lo creen así caballeros? – todos asentían admirando la belleza de Candy – me imagino lo orgullosa que se siente usted madame Elroy de su hija.
Por supuesto… aunque debo de confesarles que no me fue grato en un principio y finalmente tuve que aceptar su decisión… ella… ella siempre ha sido así… desde que llegó a nuestras vidas, pero puedo asegurarles que me siento complacida de que sea la futura Sra. Andley y matriarca del Clan.
Cualquier hombre se sentiría complacido madame y dígame señorita ¿piensa usted seguir trabajando en el hospital?
Por supuesto… no tengo ningún inconveniente… Albert y yo hemos platicado acerca de nuestro futuro y lo que esperamos, pero por el momento si estoy segura de seguir trabajando… claro tomando en cuenta que otras responsabilidades me esperan como esposa de Albert.
Me recuerdas mucho a los padres de tu prometido… Pauna siempre se refería a William por su segundo nombre y eso quiere decir que el amor que ustedes se tienen va más allá de cualquier contrato… muy bien señorita Candy… en estos tiempos una unión como la de ustedes es difícil de afianzar por medio del amor – aseveró uno de los invitados.
Me parece muy encomiable de parte suya señorita Andley, muy pocas personas logran impresionar a un grupo de viejos como nosotros… siempre esperamos lo mejor… y usted es una de ellas Milady.
El rostro de Candy se sonrojaba cada vez que la halagaban y no pudo contar con una mejor interrupción que esperaba la rescatara desde que empezó la jornada de celebraciones.
Señores… ¿me permiten? Deseo pasar este momento con mi prometida.
Claro Sr. Andley aunque estoy seguro que le esperan muchos años más para estar con ésta encantadora jovencita… excelente elección William.
Viniendo de usted Sr. Ford gracias… por cierto John a Laura la haz dejado un poco abandonada… a una dama tan hermosa como ella no se le deja sola.
Muy bien dicho William… Milady tenga por seguro que su seguridad y felicidad están garantizadas con el patriarca – tomando su mano y depositando un beso.
Gracias Sr. Rockefeller.
Amor… salgamos de aquí – tomando de su mano para colgarla en su brazo – te extrañé tanto.
Gracias Albert… hay veces que no se como actuar o que decir frente a toda esa gente… de verdad me haz librado… te amo.
¿Tan mala compañía son? En tu lugar no me preocuparía, los haz impresionado y por doquier ha habido buenos comentarios con respecto a ti.
Mmmm ¿de verdad?... – lo miraba con dudas – Albert… no quisiera hacerte quedar mal o avergonzarte… es tan poco lo que sé que a lo único que puedo limitarme es hablar sobre mi trabajo y mi origen.
Candy… si eso te hace sentir segura hazlo amor… eso no hará que te ame menos.
Si pero tía Elroy…
Ella entenderá amor… y para tú tranquilidad debo decirte que las esposas de mis socios, caballeros e invitados que ves por aquí de lo único que saben hablar es de los vestidos que están de moda… eso es lo que te diferencia de las demás amor… y esa es la diferencia que amo de ti Candy.
¿de verdad? ¿lo dices en serio?
Claro amor… - sus ojos azules la miraban con amor y devoción – por cierto… te extrañé tanto hoy que no quisiera soltarte… amor… - tomándola de la barbilla – nunca… pero nunca dudes del amor que siento por ti… ya estamos a unos cuantos días para que seas completamente mía… mi esposa… mi mujer… mía – y volteando su cabeza por ambos lados le dió un beso rápido en los labios – te amo Candy.
Vaya… vaya… vaya… robando besos como un adolescente – los rubios se separaron poniendo una distancia prudente entre ellos.
¡Terry!... me haz asustado, pensé que serían cualquiera de los estirados que hay adentro.
Jajaja… que no te escuchen pecosa… quita esa cara Albert que fue tu tía quien me envió a decirles como un vil recadero que ya pasen a la mesa… supongo que lo hizo con la mera intención de que me quedara claro que ante ti he perdido a la pecosa.
No digas eso Terry… eres de todo menos vil – lo dijo con pena
Jajaja ¿eso hizo? Jajaja vaya… creí que solo yo era el posesivo.
No te preocupes hermano… cualquiera estaría así y me queda más que claro que Candy te ama ¿no es así pecosa?
Terry… ¿podrías dejar de decirme pecosa? – mas que molestia a Candy le producía verdadera felicidad tener a su lado a las personas que más amaba – y si… amo a Albert.
Perfecto… realmente me siento tranquilo que ustedes estén juntos… tanto tú como Albert se merecen – en el rostro de Terry ya no había tristeza por ese amor perdido… había esperanza, resignación y dicha de saber que uno de los dos cumplió con la promesa que se hicieron hace mucho tiempo… tenían que encontrar la manera de ser felices, y Candy ya lo había logrado, lo olvidó y dió la bienvenida a alguien más a su corazón – bueno ya cumplí con la encomienda así que les voy a pedir que me acompañen… no se le vaya a hacer costumbre a la Sra. Elroy mandarme a buscarlos en lo que dan el si acepto – los tres se unieron en risas.
Ten la plena seguridad que no será así Terry… no hay ni habrá manera en la que nos neguemos a esa posibilidad.
La comida fue todo menos lo que pensó Candy… cada miembro y representante de los 20 clanes los recibieron con júbilo y celebraron su próximo enlace… esa fue uno de los acontecimientos más significativos e importante en la que Elroy pudo haber encontrado para no contrariar los deseos del patriarca.
William… ¿sabes de la importancia que tiene el enlace de ustedes verdad? – le preguntó el más anciano de los invitados - ¿está en los planes de ustedes cumplir con las tradiciones y ceremonias en Escocia?
Así es Mr. MacLaren todo se hará conforme a la fecha posterior a la ceremonia que tendremos aquí en América, así como mi padre y antes de él cumpliremos con los estatutos para legalizar mi unión con Candy en Escocia.
Y más orgullosos de ti no podríamos estar William… después de tantos años pensé que moriría sin que los Andley no cerraran el vínculo que los une a Escocia… salud por ellos – y todos levantaron sus copas a la salud de los presentes.
Gracias Mr. Mackenzie… es y será un honor cumplir por ustedes y mis ancestros.
Salud – vitorearon los invitados.
Nunca en la historia de un clan una pareja había tenido en pleno la participación de los principales representantes y jefes de los clanes de escocia… y no cabía duda que Albert y Candy estuvieran destinados a que un evento como ese los enlazaría en todos los modos y maneras posibles en el que puedan estar una pareja de enamorados.
Es y será un honor para la familia Andley a cada uno de ustedes como testigos de nuestro enlace matrimonial… y estoy seguro que de aquí en el futuro que nos espera será fortalecida – alzó su copa una vez más y brindó - ¡por la unión de los clanes!.
¡salud! – dijeron todos.
Señores… pasemos al salón a degustar un buen whisky… damas estoy segura que para las que gusten un té y porque la ocasión lo amerita un brindis es lo más apropiado.
Así como muchos invitados Eliza y Sarah se retiraron cada una por su lado a descansar o pasear en los jardines… Candy y Albert necesitaban aprovechar esos momentos juntos, caminaron como ya era su rutina desde que empezaron su relación entre los rosales que el Sr. Whitman hacía prevalecer aún después de la muerte de Rosemary y posterior a ella del querido Anthony.
Amor… esta noche saldré con algunos de los invitados al pueblo… no estaré para la cena.
Mmmm algo así me comentó Archie… ¿tienes que ir?
No cariño… pero he quedado con George y Archie… es una reunión de caballeros.
Mmmm ¿de caballeros? ¿puedo saber que harán?
Curiosa – besándole la punta de la naríz – supongo que brindar por ti… por mi… por nuestro matrimonio… ¿por qué amor?
¿habrán mujeres?
Quizá… pero la que me interesa está frente a mi.
Albert… de verdad no me agrada que vayas a un sitio como ese… Terry - habían celos en cada palabra, él la tomó de la cintura enlazando sus manos por la espalda – amor… no quiero ser egoísta o que pienses que estoy siendo posesiva, porque también ésta es tu noche… pero es que no quiero que vayas… Terry…
Haber dime… ¿Qué te dijo el nada despreciable de nuestro amigo Terry? Amor… no solo estaremos Archie, Terry y George, muchos de los invitados irán… incluso Mikael, por mi parte solo serán unas copas y convivir ¿desconfías de mi?
No amor… sabes que no… pero es… no sé como explicarlo… no quiero que te pase nada – Candy pasaba sus manos por las solapas del saco – Albert… prométeme que no harás nada de lo que puedas arrepentirte después…
Haber amor – había un poco de molestia en sus palabras, la dirigió a uno de los bancos del jardín - ¿a que le temes? ¿o es que Terry te dijo algo que no debió?
No, no, no… no lo interpretes de esa manera – jugaba con los pulgares de sus manos.
¿entonces?
Ya te lo dije… es… es esa sensación que tengo… Albert… eres el amor de mi vida… eres todo lo que necesito tener… no quiero perderte… no a ti – con la cabeza agachada trataba de poner a raya para que sus lágrimas no se asomaran por sus ojos.
¡oh Candy! – tomándola de las mejillas – no tienes nada que temer amor… eres la única persona por la que sacrificaría lo que tengo y lo que soy… nada… escúchame… nada se compara ni reemplazará todo esto que siento por ti – sus lágrimas la traicionaron y no dejaban de mojar su rostro.
Albert… - se abrazó a su cuello – perdóname amor… - no quise incomodarte – muy a su pesar la separó y mirándole a los ojos se embelesaba en cada una de sus facciones – solo… solo prométeme que te cuidarás… que… - Albert enredó sus dedos por sus largos cabellos y acercándose a sus labios le dio un beso cargado de ansiedad y hambre, no quería darle un motivo para desconfiar en él… en su amor.
No me va a pasar nada amor… si mi seguridad es la que te preocupa, sabes que George siempre tiene a alguien que nos cubra las espaldas.
Te amo tanto
Lo sé Candy… yo te amo incluso más que a mi vida – dándole besos cortos – además – separándose de ella y mirándola con intención de molestarla y divertirse a su costa – sé que no la pasarás tan mal con la tía Elroy y todas las invitadas – Candy abrió enorme sus ojos verdes
Albert… ¿en serio piensas que la pasaré bien cuando solo saben hablar de ropa, telas y cuantas cosas insulsas se les ocurren?
¿insulsas? Jajaja.
Albert no te burles… sabes que para mi no tiene importancia nada de lo que dicen… además tía Elroy desearía poder escucharme decir esas palabras – alineando más su espalda.
Amor… no tienes por que hacerlo, así como eres… eres perfecta para mi… eres todo lo que amo y amaré para mi vida – los ojos de Candy se iluminaban con cada palabra.
Aún así… para tía Elroy será sumamente satisfactorio que quede bien con los invitados.
Amor… créeme cuando te digo que la satisfacción de nuestros invitados está más que cubierta… durante la reunión y la comida he sentido celos de como te miran… de como te admiran… por que solo yo quiero que tengas ojos para mi… que tu atención se centre en mi y en nadie más – Candy acariciaba el rostro recorriendo los ángulos de su mandíbula - ¿has notado como tía Elroy prolonga su estancia en la reuniones?
Si… y estoy segura que es para cerciorarse de que no cometa ningún error.
Bueno… aparte de eso… jajajaja.
¡Albert! Estoy hablando en serio – dándole un pequeño golpe en el brazo.
Si amor lo sé… discúlpame – tomó sus manos para besar sus nudillos.
DENTRO DE LA MANSIÓN.
Tía Elroy… ¿me permite un momento? – la interrumpe Neal en medio de una plática con los invitados.
Neal estoy ocupada – había molestia en su semblante y voz.
No te preocupes por nosotros querida Elroy… seguramente será una buena nueva que te ha de dar tu sobrino
Gracias caballeros – se dirigen hacia uno de los rincones – espero que sea importante Neal, sabes muy bien que me molesta en sobremanera que me interrumpan.
Tía Elroy… de no serlo… créame que no lo hubiera hecho, aunque me gustaría que estuviera el tío William y Candy presentes, pues lo que tengo que decirles es sumamente serio y delicado.
Siendo así… vayamos a la biblioteca… allá tendremos más privacidad – llamó a una de las personas de servicio – Alice… que nadie nos moleste estaré en la biblioteca… si te pregunta por mi diles que estoy con un invitado.
Si señora.
Cuando llegaron Neal pidió a su tía que se sentara mientras el se dirigía a una pequeña mesa de servicio tomando dos vasos para servir whisky ofreciéndole uno a la anciana – Neal no creo que esto sea necesario… ¿Qué deseas decirme?
Tía por favor escúcheme, esto es más difícil decirlo para mi dado la gravedad de lo que está pasando.
Me asustas Neal… ¿Qué sucede?
Tía… seré franco y directo con usted pues no deseo que esto se prolongue por más tiempo – jala una de las sillas para sentarse frente a ella – tía… hace apenas unos días recibí un paquete a mi nombre y el contenido de esa correspondencia no tenía que llegar a mí.
Neal… ¿me interrumpiste solo para decirme que has recibido una correspondencia? En ese caso dirígete a Alfred – se levantó y se dirigió a la puerta.
Tía… alguien está envenenando a Candy – se lo dijo en voz alta.
La mano de la anciana quedo cerrada al pomo de la puerta… toda intención por salir de la biblioteca se desvaneció y volteando miró fijamente los ojos de Neal.
¿Qué estás diciendo? Se más claro Neal… esto es muy delicado ¿a quien acusas de querer atentar contra la vida de mi hija? – el silencio se interpuso como un fiel testigo de lo que anticipaba una tormenta – estoy esperando Neal.
Tía… tómese esto por favor…- la anciana de un solo trago bebió del contenido del vaso – tía no puedo permitir que le pase algo a Candy… no puedo callármelo porque no estoy dispuesto a ser testigo de esa atrocidad… porque al hacerlo me convierto en cómplice de Eliza tía.
¿Cómo? ¿tienes pruebas de ello?
Si tía… tía manda a Eliza a la mansión de mis padres hoy mismo, antes de que cometa una estupidez.
Dios mío… ¿Cómo es posible? ¿ella tiene conocimiento de que lo sabes?
Si tía… la he confrontado y la amenacé con que se lo diría a tío William – Elroy agarró de la pequeña mesa el vaso y se volvió a servir whisky.
¿Quién más lo sabe Neal? – el alcohol la ayudó a recomponerse y con una fría serenidad se dirigió a él - ¿irás con los demás caballeros al pueblo?
No tía… anoche me quedé vigilando a Eliza esperando que saliera de su cuarto o hiciera algo para acercarse a Candy… pero supongo que el que yo lo sepa la ha puesto en pausa… Katherine ha estado implicada en el suministro del veneno tía… no sé si lo ha hecho consciente del daño que provoca o si Eliza la ha persuadido sin que sepa de las intenciones de mi hermana… ella me confirmó que desde que Candy llegó a nuestra casa después de que Anthony, Stear y Archie la invitaron a la fiesta de bienvenida que usted organizó mamá había empezado a envenenarla todo por que pensaba que no era conveniente su presencia y mucho menos alejara la atención de Anthony hacia Eliza… y he llegado a la conclusión de que es por eso que la afección de Candy se ha venido agravando más haciendo las crisis más constantes…. Tía – tomándola de las manos – no le pido que sea benevolente con Eliza, e incluso con mi madre… no podía callármelo.
Haz hecho bien en decírmelo Neal.
Tía… ¿Qué va a hacer?
Por el momento mantener vigilada a Candy hasta después de que se realice la boda… mañana le pediré a William que saque a tu madre y a Eliza de mi mansión… hijo… no te sientas culpable por lo que pueda pasarle a ellas… si son capaces de hacer eso ¿Qué más podría esperar? Salgamos y hagamos de cuenta que no me haz dicho nada… mañana sabrán esas dos de lo que soy capaz.
Tía… si me lo permite quisiera quedarme a vigilar que Eliza para que no atente de nueva cuenta contra la vida de Candy.
Hijo… dudo mucho que Eliza haga algo… y más sabiendo que puedas decírselo a William o a mi.
Aún así tía… no me sentiría tranquilo si no lo hago.
Gracias Neal… Dios mío… bajo mis narices… en mi propia casa.
Tía… no quisiera que esto le provoque algún mal a su salud.
No te preocupes por eso Neal, a peores circunstancias me he enfrentado… pero jamás me imaginé que tu hermana fuera capaz de eso… ¿tienes el contenido del paquete?
Si tía… le pedí a Alfred que lo resguardara.
Muy bien… mañana a las 9 de la mañana te quiero aquí en la biblioteca para que me lo entregues ¿de acuerdo?
Si tía.
Muy bien… regresemos… por el momento tenemos una ventaja a nuestro favor… ellas no saben que lo sé… gracias Neal.
Tenía que hacerlo tía.
Lo sé hijo… y me da mucho gusto que lo hayas hecho… recompongámonos… por el momento y hasta mañana nadie debe saber ¿entendiste?
Si tía… permítame acompañarla.
Neal… ¿podrías quedarte esta noche? Por esta vez quiero confiarte la seguridad de Candy.
Claro tía… lo haré – embozando una sonrisa irónica de lado.
Eran por lo menos un grupo de 20 caballeros que subían a los carruajes dispuestos para dirigirse al pueblo… con mucha alegría Candy despedía a Albert con un beso en los labios.
Amor… estaré de vuelta mucho antes de que los rayos del sol lleguen a tu ventana y entonces sabré que estará mucho más cerca el tiempo para convertirte en mi amada esposa… te amo Candy… ese ha sido mi mayor deseo… estar contigo frente al altar.
Te amo Albert – refugiándose en la calidez de su abrazo.
Pecosa… te esperan adentro… la tímida y Patty no dejan de preguntar por ti – Candy puso los ojos en blanco y volteando a ver a Terry deseaba con todas sus fuerzas transportarlo a uno de los carruajes – deja a tú prometido en mis manos… deja que éste buen hombre saboree por última vez de su libertad.
¿Patty? ¿desde cuando ella ya no es para ti la gordita?
Bueno debo reconocer que en éste tiempo que no la había visto se ha puesto muy hermosa… si no le cayera tan mal la haría mi esposa.
Jajaja… ¿Patty contigo? ¿Tú con Patty?
Por que no… estoy seguro que para el duque de Grandchester Patricia O'Brien sería una buena esposa… hermosa, inteligente – suspiró provocando la admiración de los rubios – Albert ¿estás seguro de casarte con la pecosa?
No hay poder humano en la tierra que me impida hacerlo Terry... – habló con la seguridad de saberla suya.
Muy bien… supongo que ya se acabaron todas mis municiones en el intento de persuadirte… pero si alguna vez requieren de un consejo… siempre contarán conmigo ambos – el rostro de Candy y Albert valían más que mil soles iluminados a la distancia… definitivamente Terry les ha hecho pasar un buen rato.
Terry… necesitas regresar a Nueva York – le decía entre risas contenidas.
Oh si pecosita… pero eso será después de que me des la última estocada a mi corazón con el sí que le darás al buen Albert.
Ni lo dudes Terry… ni lo dudes – le dijo Albert entre carcajadas – salgamos de aquí – amor… estaré contigo en un par de horas – Terry lo jaló del brazo para conducirlo al carruaje.
Entre un brindis tras otro los jóvenes que acompañaron a Albert a la tan ansiada reunión de despedida estaban más que ebrios… muchos brindaban por sus propias vidas… otros brindaban por estar en América y algunos por el desconsuelo de un amor malogrado. La noche siguió su curso y con ella la necesidad de encontrarse en un lugar que les permitiera descansar sus cuerpos… uno a uno fueron conducidos para llevarlos de vuelta a la mansión con la promesa de seguir con la celebración esperando que con las pocas horas que les aguardaban para el amanecer pudieran seguir con la convivencia, y muy a pesar y con la pesadez que otorga el whisky en sus cuerpos, Albert se incorporó de la cama alertado por el aroma a rosas que inundaba la recámara… pero él no debería de estar ahí, un escalofrío recorrió el largo de su columna vertebral cuando escuchó unos sollozos que provenían ¿de su recámara? La tenue luz iluminó la estancia y por un instante de lucidez se vió a sí mismo en un lugar que no le correspondía y fue cuando la vió… la incredulidad de verse envuelto entre las sábanas con el torso desnudo lo despertó de golpe y ella dió un grito desesperado desgarrando el silencio al sentirse violentada, arrinconó su cuerpo desnudo deseando poder fundirse a la pared, sus rizos tapaban parte de su cuerpo, sus ojos vidriosos miraban fijamente a Albert… el temor que sentía en esos momentos no le permitían articular palabra alguna simplemente temblaba pidiendo dentro de si poder calmar sus ansias y salir corriendo… él no supo como ni en que momento pudo haber llegado hasta ahí, cada uno de sus sentidos se despertaron y al darse la vuelta para tomar su camisa reparó en la sangre reseca que impregnaban las sabanas blancas que cubrían al colchón, cuando en ese momento la puerta se abrió de golpe, Elroy, Sarah y dos ancianos del clan escocés que se dirigían al comedor entraron sin poder creer lo que sus ojos veían.
¡William! ¿Qué haz hecho? – y fue cuando de una vez por todas reparó en la situación en la que se encontraba.
GRACIAS chicas por sus comentarios… ya se va desenredando y saliendo a luz a los responsables de las dolencias de Candy… definitivamente nada es lo que parece, mucho se dice pero poco se hace en ésta historia.
GRACIAS nuevamente por esperar y ser parte un poco de mis locuras
Elbroche
Pivoine3
Enamorada
Kata 78
Balderas
Wall-e17
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