Todos los personajes de Candy Candy corresponden y pertenecen en su exclusividad a Mizuki e Igarachi… lo que a continuación leerán es solo para entretener.
CON TODA EL ALMA
Capítulo 16.
CON LA ESPERANZA DE…
Las horas pasaban en una pesadez agonizante y ninguno de los que estaban en la antesala de la recámara de Candy se retiró siquiera a descansar… el Dr. Martin y el Dr. Bínett hacían lo posible por hacer que su conciencia volviera… que abriera esos hermosos ojos verdes, todos estaban en el límite de sus fuerzas nadie quería retroceder hasta que llegó la Sra. Elroy.
Hna. María… Srita Pony… Annie… Patricia… es necesario que vayan a descansar… ustedes también Sr. Grandchester, George y Archie… hijo – acercándose a Albert.
No tía… yo me quedaré… no pienso moverme… solo estoy esperando que salgan los doctores.
¿Dorothy se encuentra con ellos?
Si… ella está a su lado – el hubiese querido estar en su lugar… tomando su mano, saber la opinión de los doctores con respecto a su salud, pero sabía muy bien que como en otras ocasiones tenía que esperar – Paty… Annie vayan… Archie…
Si no les molesta deseamos esperar a lo que digan los médicos – había un angustia en su voz de la Hna. María.
También nosotras Albert… no podríamos.
Muy bien… en ese caso solo hay que esperar… tía… ¿sabes como se encuentra Eliza?
La ha atendido el Dr. Martin… ella… espero que se recupere… le ha dado unos calmantes.
Albert – Archie llamó su atención – no he querido tocar el tema por lo delicado… pero aquí habemos personas de confianza y es necesario levantar una demanda… Sarah se niega pero…
De ninguna manera se tiene que tocar ese tema y mucho menos en éste lugar – lo amonestó la Sra. Elroy.
Tía Elroy… hace unos momentos pasé a verla y ella en sus pesadillas ha dicho un nombre.
¿Cómo? – esa información le estaba siendo muy valiosa a la matriarca.
Si tía… y no me quito de la cabeza que es el mismo hombre que la ha venido acompañando siempre… se me hace muy extraño porque jamás lo volví a ver desde que dejamos el colegio San Pablo… hasta hace unos días.
¿sabes como se llama? – Albert era ahora quien más interesado estaba… por un momento pensó que al no tener respuestas todo se complicaría entre él y Candy, sonrió esperanzado - ¿Quién es Archie?
Eliza lo llamó Robert… pero hasta donde sé se llama Mortimer Schiff… pensé que le habías hecho llegar una invitación al ser hijo de Jacob.
No… pero hemos tenido alguno negocios con Jacob, la empresa financió su proyecto de ferrocarriles… no tenía idea… ¿sabes si se encuentra en la mansión?
Fue quien trajo a Neal en hombros hoy en la mañana… maldito… estoy seguro que algo tiene que ver con lo que le pasó a nuestra querida prima ¿a qué esta jugando éste tipo? ¿pero por que llevarte a la habitación de Eliza? ¿no crees que es muy rara la relación de esos dos?
Archivald Cornwall… esas no son maneras de referirte de Eliza y menos en ésta situación – él solo volteó los ojos.
Discúlpeme tía pero desde hace mucho Eliza y Neal han tratado de hacerle la vida imposible a Candy… y ninguno de nosotros puede decir lo contrario a excepción de sus madres y estoy muy seguro que esto está vinculado a esos dos.
Hasta que no tengas prueba de ello Archivald no puedes decir lo contrario, como tú bien lo dijiste y debo recordarte que no es el momento ni el lugar.
Lo sé tía y te pido disculpas por ello.
Los doctores Martín y Bínett salían de la habitación con cara de preocupación llegando hasta donde se encontraban los familiares de Candy, cuando Albert los vió su corazón se encogió presintiendo que malas noticias les haría llegar.
Sra. Elroy… Albert… – las palabras quedaban suspendidas en su garganta… el Dr. Martin tuvo que carraspear para aclarársela – Candy… Candy está muy mal… y mucho me temo que su corazón no soporte más… hemos logrado estabilizar su presión y la fiebre – Albert los miraba a ambos sin poder creer lo que escuchaba.
Dr. Martin…
Lo siento Albert… solo un milagro podría cambiar la condición de Candy… el que haya estado tanto tiempo bajo la lluvia corre aún el peligro de que le de pulmonía… le hemos dejado algunas indicaciones a Dorothy para su cuidado, si al menos lográramos que despierte… es muy probable que podamos cambiar su condición – para ese momento Albert dejó de escuchar lo que decían y se dirigió hacia donde se encontraba Candy… entró en silencio.
Dorothy… por favor – su voz salía entrecortada – déjame solo con ella...
Señor William… lo siento tanto – ella se encontraba igual de afligida, él le tomó las manos y la abrazó.
No puedo perderla Dorothy… no ahora – ella se separó un poco ante la sorpresa de esa muestra.
Sr…
Albert Dorothy… por favor.
Compermiso – sus ojos azules la siguieron y el se acercó un poco más a la cama… todo lo que tenía acumulado en el pecho salió sin pedir permiso, le tomó una de sus manos y con extrema ternura comenzó a besarla.
Candy amor… nos prometimos estar juntos… mi vida – su voz se cortaba con cada palabra – perdóname por no haberte encontrado antes… Candy… no puedes dejarme solo… no… no lo soportaría… no ahora que sé que estás conmigo… Martin dice que no lo lograrás… ¿le darás la razón? Amor… tú… tú no puedes hacerme esto – besaba la palma de su mano y con ella acariciaba su rostro – Candy… eres lo único que necesito para seguir viviendo… tú eres mi todo – se quedó observándola un largo tiempo bajo la luz de la lámpara que iluminaba la habitación, Dorothy entraba de cuando en cuando para poner más leña a la chimenea.
Albert… le he traído algo para cenar… a Candy no le gustaría verlo así… trate de probar bocado – animándolo.
Gracias Dorothy… ¿sabes si ya instalaron al Dr. Martin y al Dr. Bínett.
Si… la tía abuela lo ha ordenado.
Gracias… Dorothy… ve a descansar y llama a Margareth para que sea ella quien esté al pendiente.
Pero…
Candy se enfadaría mucho conmigo si permito que sigas insistiendo en estar sirviendo – volteó a verla dibujando una triste sonrisa – despierta amor.
¿Por qué no se va a descansar?
No Dorothy… no puedo sepárame de ella… pero ve tu…
Muy bien… compermiso.
Esa noche y todas las que fueran necesarias estaba dispuesto a estar solo para ella… necesitaba desesperadamente escuchar su voz, odiaba solo el pensamiento de saber que pudiera hacerle falta y cada segundo, minuto y hora lo invertiría solo para saber que ella estaría en su vida y de nadie más. Se levantó y casi corriendo ante la mirada atónita de quienes esperaban en la antesala se fue a la biblioteca tomó un libro y regreso donde ella yacía, sabía lo que le encantaba que le leyeran, muchas noches bajo la luz de la luna le narraba historias o simplemente hablaban de como les había ido en el día.
Amor… te voy a leer una leyenda – se colocó del otro lado de la cama y a ella la recostó sobre su pecho… tuvo cuidado de no lastimar su pierna y en una posición cómoda la atrajo hacia él podía oler su aroma a rosas… es tan único – espero que te guste – beso su coronilla y aclarándose la garganta comenzó a leer – La leyenda del hada Pressina y el rey Elinas. No hacía mucho tiempo que el rey Elinas de Albania, tierras que hoy conocemos como Escocia, se había quedado viudo… consolaba desde entonces su tristeza cazando en soledad sin albergar esperanza de encontrar el amor de nuevo. Cierto día ocurrió que se acercó a una fuente para beber y allí encontró a una bella mujer – besó la frente de Candy – que entonaba un canto igual de bello… su nombre era Pressina y resultó ser un hada… el rey se enamoró en ese mismo instante de ella y le pidió matrimonio… ella aceptó con una condición: no haz de visitarme cuando esté dando a luz le dijo a su futuro esposo. El rey y el hada se casaron y pasado un tiempo llegó el momento de tener descendencia… de un solo parto nacieron tres hermosas hijas la las que llamaron Melusina, Melior y Palatina. Pero sucedió que fue tan grande la alegría del rey que, olvidando la condición impuesta, entró a los aposentos de su reina justo en el momento en que bañaba a sus recién llegadas hijas. Pressina enfurecida desapareció llevándose consigo a las bebés y se escondió en una isla desde la cual podía verse Albania. No quería olvidar la traición de su esposo ni que sus hijas crecieran sin saber que por culpa de su padre la felicidad familiar ya no formaba parte de sus vidas. Como era de esperar, Melusina y sus hermanas odiaron a su padre cuanto tuvieron uso de razón y planificaron su venganza en secreto, habían ya cumplido quince años cuando finalmente secuestraron al rey y lo encerraron en lo más alto de la montaña Brandelois, pero la reacción de su madre no fue la que esperaban cuando eufóricas le contaron lo que habían hecho, Pressina montó en cólera y se enfadó sobre todo con Melusina, a la que consideró principal responsable, y la convirtió de cintura para abajo en serpiente condenándola además a vagar así por el mundo hasta que algún hombre quisiera casarse con ella bajo la condición de que no habría de verse nunca en sábado – intrigante ¿no crees amor? Candy… ¿me estás poniendo atención? ¿Cómo crees que hubiera sido la vida de ellos si el rey hubiera cumplido su promesa? Pero esa te la contaré en nuestra próxima lectura ¿sabes? Así como Pressina eres muy voluntariosa… pero con todo y eso te amo – la abrazó con ternura hasta que el sueño llegó a él, un par de horas después el frío de la habitación lo despertó e inmediatamente se levantó a avivar el fuego de la chimenea… cuando regresó a la cama Candy seguía sumida en un sueño del cual que no sabía como sacarla de ahí… se recostó junto a ella observando su hermoso rostro – regresa amor – muy dentro de él había angustia… pero lo más contradictorio es que se sentía con la ilusión de que ella despertaría para no separarse jamás.
Entre los nubarrones el cielo comenzaba a aclarase cuando abrió los ojos y lo primero que hizo fue cerciorarse que la temperatura corporal de Candy estuviera cálida a su contacto, se levantó y se sentó junto a ella en la cama, tomó una de sus manos y se la puso en el pecho.
Buenos días amor – besó su frente – es un buen día para levantarse de la cama – sus ojos observaban cada detalle de su rostro, con uno de sus dedos lo delineaba - ¿sabes? Contaré una y otra vez tus pecas hasta que despiertes… Candy… todos están esperando por ti… tienes que despertar amor… hoy… hoy se estaría celebrando la boda – sus ojos no dudaron en arrasarse en lágrimas – desde el día en que te pedí que fueras mi esposa… no ha pasado un solo día en el que no te imagine entrando a la iglesia con un hermoso vestido blanco… tu… tu vas caminando del brazo de George… Candy él realmente anhela entregarte a mi en el altar… no nos hagas esperar mucho – besa el dorso de su mano – la Hna. María y la Srita Pony… todos Candy… Todos esperamos por ti – unos toques lo sacaron de su ensimismamiento.
Sr. William… el doctor viene a revisar a la Srita Candy.
Haz que pase por favor… abre las cortinas… y dile al señor Whitman que todos los días corte una ramo de rosas y las colocas en la mesilla… no… no quiero que Candy esté a oscuras.
Como ordene Sr. William – abrió las cortinas y se dirigió a la puerta – Dr… pase por favor.
El joven doctor estimaba a Candy y parte de él o si no es que todo él sentía una gran fascinación por Candy desde el día que la conoció… aún recuerda el día que compartieron la pieza de un baile y nunca se imaginó que una chica como ella despertaría una grata impresión en él…y hoy al verla postrada sumergida en un sueño que parecía que no tenía fin, deseaba que todos sus conocimientos sirvieran para poder sacarla de esa situación… y el simple hecho de observar a un hombre como el poderoso William Albert Andley desvivir sus atenciones por ella lo hizo sentir que aunque buscara un intento… Candy regresaría solo a él… y a nadie más…
Buenos días Albert… ¿me permites revisar a Candy? ¿Cómo pasó la noche?
Por supuesto… bien… es solo que no despierta… quisiera llevarla a Chicago – el Dr. Bínett se acercó a la paciente y descubrió su pecho para escuchar los latidos de su corazón.
Albert… hay que ponerla de costado su respiración es errática y necesito escuchar sus pulmones – ambos hombres maniobraron para poder atender a Candy – bien… mandé atraer algunas cosas para suministrarle y es muy posible que en el transcurso de la tarde lleguen… es necesario que se le cambie de lugar dado que le aplicaré una solución para hidratarla y eso hará que orine con frecuencia a no ser que tenga la atención continua para asearla cada vez que lo requiera… Albert… la condición de Candy es delicada y moverla en esta condición sería contraproducente… el Dr. Martin traerá en unos momentos un respirador artificial… si es posible hay que despejar este cuarto para así traer los aparatos que se requieran… por el momento si llegara a presentar fiebre baños de agua fría es lo más conveniente – se levantó del borde de la cama – Albert… por el momento es lo único que puedo hacer… afortunadamente no hay hematomas que nos indiquen derrame interno, hay varas marcas en su espalda y piernas pero son los rasguños o escoriaciones que le provocaron las ramas – le alargó un pequeño tarro y descubrió una de sus piernas – éste es para aliviar la rozaduras de sus muslos, hay que darle un baño y después aplicárselo en las heridas, la rodilla aunque un poco inflamada se le aplicará cataplasmas de barro eso ayudará por el momento en lo que traen lo que requerimos… ayer que te retiraste ya no diste la oportunidad de explicarte… no hay fractura solo un golpe, su presión cardiaca se irá regularizando mientras no se presente alguna episodio que la haga bajar – Albert lo escuchaba sin dejar de observar a Candy – he pedido que se le suministren líquidos a través de una sonda que se introducirá por la boca… no es bueno para su organismo que esté desprovisto de alimentos… así que haremos lo posible al menos de manera rudimentaria para que Candy salga de éste cuadro.
Mikael… no puedo perderla…
No lo harás… en tanto nos coordinemos en su cuidado – poniendo su mano sobre su hombro – cualquier cosa me avisas… haré unas llamadas si me lo permites.
Claro… dispón de lo que requieras… George estará al tanto de cualquier cosa que haga falta para el cuidado de Candy – el Dr. guardó sus cosas en un maletín y salió y en ese momento Elroy Andley entraba un tanto afligida, gesto que no pudo ignorar Albert
Tía buenos días… - la mujer se acercó a el rosando con su mano su mejilla – por la cara que trae no quiero imaginarme que algo pueda estar sucediendo. ¿Qué pasa Tía?
Hijo hace tres días… debí decirte algo que está sucediendo – se apretaba las manos con fuerza – hijo… hace tres días Neal… me confió algo grave que implica directamente a Sarah y a Eliza… hijo… no encuentro la manera de disculparme por todo lo que está pasando Candy… y me siento tan responsable que no se como lo vayas a tomar.
Tía… hable claro por favor – a esas alturas cualquier cosa para él no se compara con el momento que está viviendo con Candy
Hijo… Sarah y Eliza han estado envenenando a Candy – toda la cordura de la que era capaz la anciana se cayó de golpe al observar el rostro de su sobrino.
¡de que me está hablando tía! – tomándola de los hombros.
Hijo – sus ojos y como nunca se los había visto rebosaron de lagrimas surcándose en las arrugas de sus mejillas.
Tía – volteó a ver a Candy – en este preciso momento exijo que me digas todo lo que sabes y hagas que esa mujer y sus hijos se larguen de mi casa – soltando a su tía se paseaba de un lado a otro escuchando lo que la anciana le contaba - ¡me importa un carajo como se encuentren esos dos! – siseaba entre dientes.
Hijo… Neal…
¡Los quiero a todos fuera tía!… y no quiero que por ningún motivo saber que aún se encuentren en mi propiedad como si no hubieran hecho nada ¿te das cuenta tía? La verdad – se apretaba el tabique de la naríz – no se como permití que vinieran… mire tía… no tengo cabeza para pensar en otra cosa que no sea Candy… dile a George que venga… ¡esto no se quedará así! – la anciana lo miró un tanto asustada por su reacción.
William… Neal…
¡no!
Escúchame por favor…
¿Cómo puede sacar todavía la cara por esos imbéciles?
Neal me ha ayudado a velar por la seguridad de Candy… él estaba tan afectado como tu.
¿y le creíste?
Si hijo… le creo.
Mire tía… por su bien espero que tenga la razón – le dijo un poco más calmado – pero esas sanguijuelas no se quedarán sin haber pagado por lo que han hecho… retírese y haga llamar a George y que venga Alice a atender a Candy… hay que sacar muebles de la recámara… todo cuanto pida el Dr. Martin y el Dr. Bínett hay que facilitárselo… en cuanto a esas dos se acabaron las contemplaciones tanto para Eliza como para su madre ¿entendido? – la anciana asintió segura que era la mejor decisión que se estaba tomando
George llegó tan inmediato como le fue requerido.
Buenos días William… la Sra. Elroy me….
George – no le contestó el saludo – necesito que en éste momento me localices a ese tal Robert… no me importa como le hagas… emplea a gente que lo haga pero hazlo de inmediato.
¿puedo saber que sucede? – le preguntó con cautela
¿Qué sucede?... ¡sucede que los Leegan ya me tienen harto!… ya estoy fastidiado que siempre sean ellos que atenten contra Candy – le resumió todo lo que la Sra. Elroy le contó – busca en toda la mansión… debajo de las piedras si es posible pero trae ante mi a ese hombre… en cuanto a Sarah y Eliza prefiero tenerlas cerca… no hasta que aclare todo esto… ¡por Dios! ¡En nuestra puta cara!... investiga todo lo que pasó en esa estúpida noche… quiero saber si hay implicados… lo que sea… y te juro George que si Leegan son cómplices haré que quede en ruina por toda su miserable vida…
Se hará como digas William… pero antes quiero disculparme contigo – su rostro aunque serio mostraba angustia por lo que estaba ocurriendo.
No George… tanto tú como yo y muchos otros caímos en esa trampa – se acercó a él tomándole de los hombros y mirándole a los ojos – no tengo nada que disculparte… y por favor que sea lo antes posible lo que te pedí.
Por supuesto… compermiso.
George – se volteó el inglés viendo que se acercaba a él para darle un fuerte abrazo – perdóname por mi actitud… se que no te gusta que te lo diga… pero eres lo más cercano a un padre… no… no quiero perderla.
Se como te sientes William… para mi no es un secreto lo que sientes y haz sentido por ella – se apartó de él – William… cualquier cosa que decidas hacer… cuentas conmigo.
Lo sé George… gracias.
Ahora si me permites… haré que busquen a ese hombre.
Todo lo que pudieron hacer por Candy para restablecerla y esperar que despertara se dio en un agonizante y lento goteo que iba entrando a su organismo.
Dr. Martin… ¿Por qué ponerle eso?
Albert… Candy estuvo expuesta al frío y a la lluvia por mucho tiempo… y en caso de que haya una infección pulmonar esperamos que la solución salina la contrarreste, al menos es lo que se ha venido utilizando últimamente desde que se descubrió el efecto que tiene para emplear en casos como el de Candy… ve a descansar – él de manera negativa movió la cabeza – estaré aquí para Candy… sabes que la aprecio mucho y mi mayor deseo es que esté sana… anda hijo… necesitas descansar para estar con ella… por que supongo que lo harás en la noche ¿no es así?
Gracias Dr. Martin… gracias por todo.
No tienes que agradecer… en todo caso todos estamos tratando de hacer que mi enfermera predilecta regrese – dándole una pequeña caricia en la mejilla – hijo al menos por hoy… Candy necesita privacidad y cuidados… el Dr. Bínett te ha explicado.
Lo sé… pero no quiero… le daré su espacio… pero no me pidas no estar con ella.
Hay muchacho… aunque tuviera el poder de hacerlo mis intentos solo serían eso amigo… ustedes han compartido tanto que estoy seguro y espero que todo lo que está pasando reafirme lo que en verdad sienten… solo con una condición permitiré que te quedes con Candy – Albert lo miró con recelo – ve a descansar… de otra manera no puedo permitir que te desgastes…
Gracias… Dr. Martin…
Dime muchacho.
Cuando Candy me vió en la recámara de Eliza – se apretó las sienes con las manos – ¿crees que haya retenido esa imagen?... es que si le hubieras visto sus ojos… la expresión de su cara… Dr. Martin… no quiero perderla – y ya no pudiendo más se dejó llevar por el dolor y el sentimiento, su llanto se antojaba desgarrador, no quería ocultar con ni ante nadie lo que sentía, el Dr se acercó y en un abrazo paternal lo consoló esperando el momento en que se desahogara.
Hijo… no dudo que Candy cuando despierte llegue incluso a reclamarte, pero tú más que nadie sabe que eso no pudo ser… si es necesario confróntala con la verdad… con tú verdad… es lamentable lo que ha pasado con la Srita. Leegan pero no dejes que nada empañe siquiera tu honor.
Gracias Dr… realmente he necesitado de los consejos de ustedes… me siento atrapado siendo inocente de lo que se me acusa y al mismo tiempo culpable por lo que le está pasando a Candy.
Hijo… no te culpes… en todo caso cuando Candy despierte ten por seguro que tendré una larga plática con ella… pero mientras eso pasa hay que esperar y tu descansar.
Pasaron dos días más y como el anterior… en su intento de suministrarle líquidos a su estómago su organismo simplemente se resistía a recibirlo… todo lo vomitaba provocándole espasmos en su cuerpo, Albert al tenerla abrazada por atrás sentía cuando se contraía sus músculos… miraba con angustia el rostro del Dr. Bínett mientras monitoreaba su frecuencia cardiaca.
Hay que retirarlo… no hay manera de que aguante el alimento en el estómago – con mucho cuidado le retiró la sonda de su garganta – Srita hay que darle un baño… Albert…
Gracias Mikael… yo me hago cargo… Alice prepara la tina con agua caliente por favor.
Después de bañarla y secarla bien la colocó en la cama, desenredó su larga cabellera besando de cuando en cuando su frente – te ves tan hermosa – secaba sus lágrimas con el dorso de la mano – amor – besaba su brazo amoratado a causa de las agujas que le suministraba líquido para hidratarla, se quedó sentado junto a ella observando su rostro… sacudió su cabeza y de nueva cuenta la tomó en brazos con una idea que le venía carcomiendo desde hace dos días y salió de la habitación encontrándose con Archie con los ojos rojos e hinchados.
Albert… ¿Qué haces? ¿a donde la llevas? – por un momento le pareció ver en el rostro de su tío una angustia casi demencial.
Quiero sacarla de aquí… Archie – su voz se ahogaba en un sollozo.
¡Albert!… no puedo permitirlo ella aún está inconsciente – interponiéndose para que no avanzara, el rubio apretó el abrazo aprisionándola más a su cuerpo.
Por favor… ya no sé que más hacer… ¡ayúdame! Solo quiero sacarla de aquí… solo será un paseo.
Tío…
Por favor – había suplica, los ojos celestes de Albert le dijeron mucho más de lo que sus palabras quisieran decirle.
Entonces déjame preparar algunas cosas… hay que cubrirla… aunque está fresco, para ella sería fatal… tu ya sabes lo que quiero decir… espérame aquí e iré a sacar una frazada – Albert asentía sin dejar de mirar el rostro de Candy le puso una bata más gruesa y la cubrieron bien – Albert… no podemos salir por la puerta principal… tía Elroy se encuentra en el salón… nos puede ir muy mal – se detuvo poniéndose frente a Albert – ¿estás seguro? Podría empeorar.
Archie… solo espero y quiero estar con ella… tenerla aquí no hará la diferencia si se le sigue atendiendo como hasta ahora… no es necesario que me acompañes… estaremos en la cabaña junto al río… conozco el camino – Archie levantó las cejas sorprendido - ¿Cómo crees que los evitaba a ustedes para que no me vieran? La mitad de mi vida la pasé en ésta mansión.
En ese caso… tengo que regresar… alguien tiene que cubrirte en lo que regresan ¿no es así? Así podré evitar que entren a su recámara… avisaré a los demás.
¡No! Solo a George dile… dile que tuve que hacerlo… Archie… con todo esto ¿Qué te pasa? ¿estuviste llorando?
Te contaré cuando regreses.
Ya era un poco más del medio día cuando salieron el sol calentaba débilmente, la metió al carro colocando su cuerpo y ya en posición se pusieron en marcha, la volteaba a ver a ratos sosteniéndola con su mano derecha… no tardaron en llegar cuando se dispuso a bajarla y ahí estaba esperando por ellos su música interminable cayendo sobre el lago, incontables de veces él fue a nadar y sabía lo profundo que era… le quitó la bata extra y la frazada dejándola solo con el camisón… y regresó su marcha para llegar al pequeño dique que sostenía la compuerta de piedra… fue ahí donde Archie la conoció… bajó del carro y tomó un lazo y con sumo cuidado lo amarró a la palanca y lo alargó hacia el río donde se encontraba una pequeña barca fue por Candy y ambos se colocaron en la pequeña embarcación sosteniéndola en su regazo y entre sus brazos.
Te amo pequeña – besó la punta de su nariz – regresa a mi amor – tomó el lazo y haciendo maniobras desató el pequeño bote, jaló de la palanca para liberar el agua de la pequeña presa, la fuerza con la que se liberó el agua lo agarró desprevenido haciendo que el bote se moviera con violencia librando en su camino algunas rocas, el viento golpeaba su rostro y arremolinaba sus cabellos y ambos sentados en la barca con Candy a cuestas la abrazaba con más fuerza… se dió cuenta de su imprudencia pero ahí supo en carne propia lo que sintió Candy aquella vez… pero hoy estaban juntos pero siempre sabría que habría una experiencia más que lo rebasaría a la suya… de repente la barca comenzó a dar volteretas sobre su base haciendo que sintiera mareos terribles… era tan insoportable que hasta los brazos le dolían de tanto apretar el cuerpo de Candy al suyo… se aferraba a esa única posibilidad de amarla tanto, cuando sintió que los antes lánguidos brazos se abrazaron con fuerza a él sintiendo la maravillosa calidez de su cuerpo, jalaba su chaqueta pegando su rostro al pecho de él, débilmente sacudía la cabeza esperanto que ese mareo terminara… se sentía en medio de un interminable remolino que la hacía dar vueltas sin cesar, abrió sus hermosos ojos verdes con verdadero susto observando el rostro de Albert, sus sentidos se agudizaron y conforme avanzaban escuchaba aquella conocida caída libre del agua de la cascada, por un momento pensó que ya no era parte del mundo y que solo estaba recordando los eventos que más le marcaron en su vida… pero al sentir la brisa del agua chapoteando a causa de la pequeña barca, dedujo que lo estaba viviendo en sus cinco sentidos, su cuerpo temblaba sabiendo el desenlace cuando llegaran al salto de agua… él solo la abrazaba inmovilizándola tomando su cabeza para evitar que viera donde se encontraban.
¡Albert!
Gracias chicas una vez más por prestarme parte del tiempo de cada una de ustedes para leer… espero que sea de sus agrado al igual que tonmo en cuenta sus opiniones.
Maribel.
Definitivamente Eliza con todo lo que tiene a cuestas algo tuvo que haber pagado y aunque ya estaba conciente de los planes con Robert no se imaginó que él fuera capaz en ese caso de violarla.
Guira14
Quiero suponer que aunque Robert cometió uno de los actos más despreciables que se le puede hacer a un ser humano y el haberse sentido rechazado por ella contribuyó a ese amor-odio hacia ella… pero al fin de cuentas una violación es un delito que se debe pagar.
Guets
Lo que le pasó a Eliza son las consecuencias de sus actos… no le puede ir bien al que por obras radica su mal… me dio mucho gusto que fuera de tu agrado el Capítulo.
Pivione3
Estoy de acuerdo contigo… pero con lo necia y voluntariosa que es Candicita, todo dependerá del tiempo que tenga para recuperarse y que todos la pongan como lacito de cerdito.
Elbroche
Jajaja… teniendo a su favor que estuvieran los representantes de los clanes Elroy supo muy bien como hacer para demostrar la inocencia de Albert… aunque estoy segura que para Sarah le hubiera caído de maravilla un yerno como él… y tomando en cuenta la época… creo que lo hubieran linchado… pero bueno servida.
Sayuri1707
Sorpresas y más sorpresas Sayuri… primero hay que revivir a Candy y luego las invito al bodorrio… jajajaja.
GRACIAS a cada una de ustedes que hacen posible que la historia sea importante como lo es para mí… si Dios lo permite nos leemos pronto.
Enhorabuena y Bendiciones.
