algunos de los personajes pertenecen a Mizuki e Igarachi y otros colados por ahí fueron invitados para relleno, tomando en cuenta que algunos tienen parte en la historia de los EEUU.
CON TODA EL ALMA
Capítulo 17.
TODA ACCIÓN TIENE…
Aquí estoy amor – le regalaba mil besos en su hermoso rostro a sabiendas que nada se la arrebataría de sus brazos, cuando más cerca estaban de la caída se regalaron mutuamente en sus miradas… bastando solo eso para saber, la sentía temblar y deseaba con todo su corazón que su calor fuera suficiente para arroparla – háblame amor… veme aquí estoy contigo Candy… cuando lleguemos… solo mírame y siénteme a mi amor – su ronca voz le despertaba los sentidos poniéndola en estado de alerta.
Albert… ¿Qué haces? ¡sácame de aquí! – escondiendo su rostro en el cuello del rubio, tenía demasiado miedo, se escuchaba más cerca la caída, sus brazos se apretaban con más fuerza hasta el límite de no poder respirar.
La inminente caída llegó y sus cuerpos abrazados traspasaban la velocidad en la que se encontraban sin que nadie pudiera poner un freno, Candy se aferraba al cuerpo de Albert sintiendo como la brisa mojaba sus cuerpos… todos los momentos vividos a lado de Albert pasaron frente a sus ojos… y mientras caían se deleitaba en cada una de esas imágenes sintiéndose afortunada… y justo cuando sus cuerpos se clavaron en el lago lo vió en esa recámara sin camisa y Eliza en el suelo desnuda, sintió como los brazos de Albert la sostenían y todo volvió a ponerse negro… él se impulsa junto con ella para llegar a la superficie, con la adrenalina recorriendo su ser, sabía que debía de actuar rápido para llegar a la orilla, con la fuerza sacada de su corazón nadó sosteniendo el frágil cuerpo de la rubia… la llamaba y le palmeaba suavemente sus mejillas y para cuando llegaron a tierra la colocó sobre el pasto, su basto conocimiento en medicina le ayudó a pensar fría y claramente, le alzó el mentón despejando su rostro de cabello insuflándole aire a sus pulmones alternándolo con masaje cardiopulmonar.
¡Candy! ¡reacciona! – otra bocanada de aire le hacía llegar a través de su boca - ¡Dios… no me hagas esto! – hincado a un lado de ella y sus manos sobre su pecho comenzó a sentirse desesperado - ¡Candy! – acercaba su oído a su pecho tratando de escuchar un latido, pero el estrepitoso ruido que hacía la cascada no lo dejaba escuchar comenzando nuevamente con el masaje… rayando ya en la pura angustia le hablaba y volvía a tratar una vez y otra vez… cansado se sentó y tomando el cuerpo laxo de la joven la abrazó acunándola y dedicándole sentidas palabras – amor… tu no… no te vayas – su cuerpo temblaba por el llanto, le acariciaba las mejillas… tomaba mechones de su cabello y aspiraba su aroma, la apretaba contra su pecho - ¡Caaaandyyyy! Fue el triste reclamo que gritaba al cielo… el duro reclamo que se hacía así mismo – amor… – columpiaba su cuerpo de adelante y para atrás gritando el nombre de Candy, se negaba una y otra vez la posibilidad de ya no tenerla junto a él – Candy… mi vida… ya no tiene sentido si no estás conmigo… amor… abre tus ojitos – los besaba con ternura – te juro amor… háblame cielo – le tomaba uno de sus brazos para que lo abrazara y caía desmadejado sobre su regazo… la pegó muy junto a él y su llanto se hizo más fuerte ahogándolo en su cuello – no… no me dejes ¡nooooo! – la sacudía y la volvía a abrazar – tú me prometiste… nos prometimos amor – cuando sintió que se removía en un espasmo vomitando el agua que había tragado, aflojó el abrazo para permitirle respirar con más libertad la volvió a colocar en el suelo y levantándose con el sol encima de ellos, se limpió las lágrimas que nublaban su vista y tembloroso recogió la frazada que momentos antes había dejado cerca – amor… abre tus ojos – comenzó a quitarle el camisón que llevaba puesto y con rapidez secó su pequeño cuerpo desnudo y poniéndole ropa seca, se levantó junto con ella en brazos y la llevó al auto, cuando llegaron a la pequeña cabaña que se mandó a construir la chimenea los esperaba con un gran fuego y colocándola en un sillón la acercó para que pudieran calentarse sus cuerpos… todo lo que sintió en ese tiempo le cobró factura, se sentía cansado, tembloroso y débil, pero no quería dejarla hasta saberla fuera de peligro… se quitó toda la ropa húmeda para ponerse una pijama seca y regresó donde ella estaba, le secó el cabello y se aseguró antes de tomarla en sus brazos que tuviera pulso se colocó junto a ella, el calor de la chimenea los abrazó a ambos y se rindió ante el sueño más profundo, ya era muy tarde cuando sintió que ella se removía acercándose más a él y en una silenciosa oración le dio gracias a Dios que se la haya devuelto, su torso desnudo la recibía regalándole con gusto su propio calor… el estruendo de un rayo lo hizo levantarse y buscar con que iluminar la estancia, afortunadamente todo se lo dejaron a la mano, se acercó a la cocina y sacó todo lo que había en un canasto y en nada se le dificultó prender el fogón para prepararle una buena sopa, regresó a ella con todo lo que pudiera necesitar cuando despertara, afuera llovía con urgencia y buscó almohadas y mantas para cubrirla para así evitar que se resfriara, no fue mucho el tiempo que espero para ver de nuevo ese par de esmeraldas, con paciencia espero sentado sobre la alfombra acariciando una de sus mejillas, ella se sentía desorientada y confusa y al ver Albert que trataba de impulsarse para sentarse en silencio la ayudó a hacerlo, aún se sentía muy débil.
¿Qué pasó? – fue lo primero que preguntó se tocaba la cabeza tratando de aguantar un fuerte dolor - ¿Albert?
pasó… – las palabras quedaban suspendidas en su garganta, se sentó junto a ella y la abrazó – ya pasó todo amor – sus lágrimas se hacían camino por sus mejillas cayendo en la coronilla de su pequeña, tomó su barbilla para regalase una infinidad de veces más el bosque de sus ojos – amor… tienes que comer – ella solo asentía, tenía la boca seca, sabiendo lo que se vendría después le pasó un plato de sopa y con paciencia le dio en la boca cucharada tras cucharada.
¿Te gusta? – ella asentía débilmente… pero no fue mucho lo que pudo darle pues nuevamente las arcadas regresaron revelándose ante la falta de alimento en su estómago – tranquila amor… date tiempo – y antes de que el sueño la venciera la hizo tomar un poco de té – ¿quieres descansar? – ella como en otras ocasiones afirmaba con su cabeza… Albert tomó impulso para levantarse pero una pequeña mano lo detuvo.
No… no te vayas – se sintió feliz al saber que ella lo quería a su lado y en esa misma posición apartó los trastes que había ocupado y se sirvió té.
Dejaré que se asiente un poco la sopa en tu estómago y te daré un poco de remedio para el dolor de cabeza… amor… me voy a levantar para recostarte – le acomodó las almohadas y acomodó la cabeza sobre ellas le tomó una de sus manos depositando un beso – amor… voy a descubrir tu rodilla… me dices si sientes dolor… el Dr. Bínett me ha dado éste ungüento para que se te aplique sobre ella.
Quédate.
Siempre amor… siempre – la abrazó de nueva cuenta velando su sueño… hizo a un lado su cansancio sintiéndose eternamente y por ese momento feliz…mientras le daba masajes en su rodilla rememoró todo lo que pasaron en la cascada y sus sentimientos se encontraron entre lo que pudo haber pasado si no hubiera tenido los resultados que esperaba y el sentirla entre sus brazos su corazón lo rebasaba en dicha… ya estaba entrando la noche cuando se vió obligado a despertarla.
Amor… Candy despierta mi vida – ella se pegaba más a su pecho abrasándolo por la cintura volviéndose a quedar quietecita – Candy es hora de tu medicina… anda amor despierta – abrió sus ojos pestañeando varias veces.
¿Por qué?
Es para evitar que te resfríes y aliviar el dolor de cabeza – le explicaba con ternura, se separó de ella levantándose del sofá y preparó la bebida, la sentó y con mucho cuidado le dio la medicina.
Está… amargo
Tómalo cielo… se te quitará el dolor de cabeza.
Tengo… mucho sueño.
Descansa amor… mañana regresaremos a casa.
Quiero quedarme – bostezaba mientras hablaba – quiero quedarme así contigo.
En la mansión.
¡que insensatez la tuya Archivald Cornwall! ¿Cómo permitiste que William se llevara a mi hija?
Tía… discúlpeme pero en ese caso es Albert quien tiene que darle las explicaciones.
¿A dónde se la llevó?
No tengo idea tía… solo sé que Albert estaba muy desesperado y me pidió que lo ayudara.
¿y no te has puesto a pensar en las consecuencias que podría tener si algo le pasa a Candice?
El me dio su palabra de que si algo llegara a pasar vendría inmediatamente y quiero pensar que todo va bien… confío en eso y en él.
Hay que ir a buscarlos – la mujer bullía de rabia.
Tía… ¿y donde piensa que puedan estar? No le recomiendo salir a ésta hora.
Archivald… tú viste como se encuentra Candice… llama a George por favor...
Pero tía…
Pero nada… ustedes me van a matar de los corajes que agarro… pide que me traigan un té por favor.
Alice… lleve a mi tía a su recámara… y prepárele un té para calmar sus nervios.
Si joven – la anciana lo veía con resentimiento.
Tía – tomándola de los hombros y dándole un beso en la mejilla – para su tranquilidad averiguaré donde se encuentran y cualquier cosa usted será la primera en saberlo.
Por favor Archie… no necesitamos más tragedias en ésta familia.
No las habrá tía… al menos no hasta que se le ponga un alto a Sarah y a Eliza.
Por el momento haremos lo que a ordenado William… ¡Dios mío! ¿Qué va a pasar?
Pasará que esperaremos a que regresen Albert y Candy… y créame no tengo ni la más mínima idea de donde puedan estar – agachó la cabeza – tía la próxima semana tomaré control en el banco… yo solo quiero que todo esté bien – su voz estaba cargada de sentimiento
¿que pasa Archie? De un momento a otro tú ánimo cambió.
Nada importante tía… es solo que… hay veces que las cosas que más deseamos no se dan como uno quisiera.
¿lo dices por Annie?
Si y no… pero bueno… vaya a descansar… yo me haré cargo de localizar a Albert... tía… no puedo estar seguro del porqué… pero Albert regresará con Candy.
Eso espero hijo… nunca me imaginé que ese par pudieran estar tan enamorados… y mi felicidad estaría completa si Stear y Anthony estuvieran entre nosotros – sus ojos se empañaron de lágrimas.
Lo estarán por siempre tía… mientras existan motivos para recordarlos siempre estarán en nuestros corazones.
Lo sé hijo… ve a descansar… que conociéndote como te conozco dudo mucho que hagas algo por hacer que William regrese ésta noche.
En ese caso la acompaño a su recámara.
Siempre tan caballeroso hijo.
De no haber sido por usted… seríamos un desastre.
Lo son hijo… aunque no lo quieran reconocer – Archie sonreía añorando en sus recuerdos los tiempos que pasó junto a su hermano y Anthony.
Ya era un poco más pasada de la media noche y aunque Albert se sentía más que rendido por el cansancio no quería dejarse llevar por el sueño… ella lo valía… valía toda su atención y amor, y aunque la sentía segura en sus brazos no dejaba de admirar cada rasgo de su rostro, el fuego de la chimenea los iluminaba y aún cobijados en la oscuridad no dejaba de observarla… no deseaba que la noche terminara pero en si sabía que debía de cumplir con la promesa que le hizo a George y a Archie… regresarían al medio día… por momentos la sentía removerse buscando calor en su pecho, y el tenerla así le estaba costando tener a raya su control para no sucumbir al calor que se hacía presente en su entrepierna y cuando eso sucedía el buscaba separase un poco de ella y se regañó a si mismo por tener esos pensamientos… la deseaba era muy cierto… pero en esas condiciones no se permitiría caer tan bajo, estaba recostado sobre su espalda cuando de golpe Candy se incorporó y un tanto desorientada quedó mirando a su alrededor.
Candy… amor ¿Qué pasa? – Albert la abrazó por los hombros.
¿Dónde estoy? ¡aaay! – un movimiento brusco de su pierna la hizo quejarse del dolor.
Cuidado… estás conmigo – se separó de ella para echarle más leña a la chimenea
Albert… tú… Eliza… – sus ojos se llenaron de lágrimas.
Candy… – él palideció al escuchar el nombre de Eliza… regresó para arrodillarse frente a ella cuando en medio de su debilidad Candy se abalanzó para abrazarlo por el cuello, y otro quejido lo sacó de esa hermosa realidad, la mantuvo abrazada con ella sentada en sus piernas – amor… te juro por mi vida que nunca te he faltado – lágrimas de felicidad mojaban sus rostros.
Lo sé… lo sé mi amor… per… perdona… me – el llanto convulso que tenía no le dejaba hablar – yo… yo – sentía que le hacía falta el aire – no… - lo abrazaba con más fuerza.
Candy – trataba de separarla de él… y ella solo sacudía la cabeza – amor… necesito que te calmes.
Sssi… per… perdona… me – sentía que la tomaba del talle para separarla pero no lo lograba.
Respira hondo amor… relájate – empezó a acariciar su espalda y dejó que ella sola aflojara sus brazos – te amo mi cielo… mírame – tomó su mentón para verle sus hermosos ojos – tranquila necesitas descansar bien… y la alfombra no es un buen lugar cómodo para ti… al menos no en éste momento – observó como un poco más calmada sus mejillas se ruborizaban y las besó con todo el amor del que era capaz.
Te… tengo sed – él solo sonrió.
Bien… déjame ir a traer agua y regreso – Candy no se le despegaba, cruzó su brazo por la espalda para no soltarlo – bien… eso quiere decir que me acompañarás ¿no es así?
No… no quiero – no dejó que terminara de hablar porque la tomó de sus labios… suavemente fue saboreándolos, tenía la urgencia de sentirla y por el momento los besos que le daba le bastaban… ella se entregaba con confianza y la falta de oxigeno hizo que se separara de él recostándose en su hombro.
Agárrate amor – se impulsó llevando a Candy en sus brazos – tomarás solo un poco… ya es pasada de la media noche… la verdad no se que hora es y necesitas… necesitamos dormir – le dijo sonriendo… ella se dejó consentir y regresaron juntos al cómodo sillón.
Los rayos del sol se colaban por la ventana sorprendiéndolos abrazados… tenerla así le daba la esperanza de tener un futuro junto a ella, abrió sus ojos y se fijó en cada uno de los rasgos finos y hermosos que poseía … su cabello suelto arropaba su pecho desnudo y con mucho cuidado de no despertarla se levantó colocándole una almohada entre sus rodillas y otra en su cabeza… salió un momento a tomar un poco de aire cuando escuchó el motor de un carro que se acercaba… alguien llegaba, rodeó la cabaña y se encontró con Alfred.
Sr. Andley buenos días
Buenos días Alfred… no esperaba a nadie por aquí.
Lo sé señor… el señor Johnson me ha pedido que le entregue ésto y pide su consideración para que le haga saber como sigue la señorita Candy.
Bien… de hecho… espérame un momento… necesito que les entregues en sus manos tanto a mi tía Elroy como a George unas misivas.
Por supuesto señor… tómese su tiempo – Albert entró y buscó en la pequeña alacena hojas y algo con que escribir, redactó una pequeña carta para cada uno y volvió a leerlas y sintiéndose satisfecho salió a entregárselas a su fiel mayordomo.
Aquí tienes… eso es todo y gracias por las cosas Alfred.
Estoy para servirle señor – inclinó su cabeza y se dio la vuelta, ya en el último escalón de la cabaña volteo para dirigirse de nueva cuenta a Albert – Sr. el Dr. Bínett ha enviado algunas cosas que pueda necesitar… todos en la mansión esperamos que la Srita Candy se encuentre bien.
Gracias Alfred… te aseguro que si lo estará.
Con su permiso señor.
Entró y tomando las cosas que le enviaron una la colocó en la cocina y la otra más grande en la mesa de centro, al destaparla se dio cuenta que era ropa para él y para Candy… había un sobre pero no le dio importancia – después… por lo visto no nos necesitan allá pensó dibujando una sonrisa en su rostro – volteó su rostro hacia ella y sus ojos se iluminaron al saberla junto a él y acercándose sin hacer ruido se inclinó para besar su frente – te amo Candy – le dijo en un susurro, se encaminó a la pequeña cocina y revisar lo que les habían enviado y no pudo sentirse más agradecido por que les mandaran un poco de sopa aún caliente, prendió el fogón y puso a calentar agua para el té y regresó con ella… con el motivo de que su corazón ya no lo sintiera como propio, tomó las cosas y subió a la planta alta para llevarlas a la única recámara que había, revisó que todo estuviera en su lugar y prendió la chimenea, entró al baño el cual hizo que le instalaran una tina la llenó con agua, de repente se dio cuenta que con todo y los cuidados que tuvo por que ella regresara se vió obligado a no darle intimidad y en su conciencia lamentó no haber mandado a traer a alguien que la ayudara en su aseo personal… él estaría más que dispuesto, la amaba a tal punto de respetar cada parte de su cuerpo… la adoraba y soñaba con el día en que fuera su mujer… pero tenerla así lo ponía en una situación de desventaja sabiéndola aún débil, sacudió su cabeza apartando de su mente esas ideas, cuando bajó de nueva cuenta la encontró aún dormida tocó su frente y se sintió complacido de que no tuviera fiebre y al contacto con su piel se removió abriendo sus ojos verdes encontrándose con la fuente de lo que significa su felicidad.
Buenos días pequeña… no era mi intención despertarte ¿Cómo te sientes?
Bien… solo me siento muy cansada y me duele el cuerpo.
¿quieres desayunar primero o tomar una ducha de agua caliente? – volvió a cerrar sus ojos – Candy… amor – entre su somnolencia le regaló una sonrisa.
Un baño primero – escondiendo su rostro entre la frazada que la cubría – Albert…
Dime amor – bajó la frazada descubriendo sus ojos provocando en Albert una sonrisa más amplia.
Perdóname – su rostro azorado se descubrió por fin ante Albert, se impulsó con sus brazos para poder sentarse y Albert la ayudó a hacerlo – no quise… no quise preocuparte… ayer que salí de la mansión… me sentí tan confundida – Albert la tomó con cuidado estrechándola entre sus brazos "Dios no recuerda lo que pasó" – una lágrima cayó entre sus cabellos.
No tengo nada que perdonarte amor… ¿te parece si tomas un baño y platicamos durante el desayuno? – ella solo asintió y con el dorso de su mano limpió sus mejillas sin que ella se diera cuenta – déjame ayudarte a subir a la recámara… te he preparado lo que puedas necesitar… si quieres ayuda solo háblame estaré cerca para lo que quieras, subió las escaleras con ella en brazos ayudándola a entrar al baño.
Gracias.
¿Hasta donde era consiente Candy de todo lo que había pasado después de haber presenciado aquella escena? Su preocupación se multiplicó al saber las causas que pudieron provocarle esa pequeña laguna de sus recuerdos ¿Qué procedía hacer? Decidió esperarla sentado en la cama hasta que ella saliera… el más que nadie sabía lo que era vivir sin recuerdos, y aunque Candy en apariencia actuaba de lo más normal esos casi cinco días marcaban la diferencia… aún cuando no sabía con seguridad si eso la perjudicaría, después de todo había caído en un estado de inconciencia… pero aún así se aseguraría que ella estuviera bien en todos los sentidos y ante todo le haría de su conocimiento todo lo que ha ocurrido después de esa desafortunada experiencia… se lo prometieron… y él cumpliría con decirle la verdad de todo lo que sucedió, se lo debía y ahora le tocaba a él cuidarla y protegerla de todos y de quien fuera, se levantó y de nueva cuenta se dirigió al baño, tocó y entró sin esperar que Candy le permitiera la entrada y viendo que apenas y podía moverse la ayudó a bañarse, le secó el cuerpo y le puso ropa limpia… todo en ella estaba al límite y sentía que en cualquier momento su cuerpo sucumbiría una vez más a la debilidad.
Quiero… lavarme la boca – él mismo le preparó y cepilló sus dientes con ternura.
Listo amor – la levantó en brazos y la sentó en la cama colocándole las almohada en su espalda – regresó por una toalla y tomando su cabello comenzó secarlo – ella lo miraba absorta en su belleza – te traeré el desayuno – la miró un poco apenado – por el momento solo podrás tomar sopas… Margareth te las ha preparado… ayer… fue muy poco lo que comiste ¿crees que puedas aguantar un poco más de alimento en tu estómago?
No tengo… hambre.
Eso si es una novedad amor – le sonrió dándole un beso en los labios – descansa y enseguida traigo tu desayuno… cierra tus ojitos y en un momento regreso – media hora después regresó con una mesilla y la puso en el buró, se sentó a su lado y tomándole el rostro le hablaba al oído.
Amor… Candy…. Despierta cariño – y como en otras ocasiones pestañeó varias veces para despejar su sueño, la misma rutina de sentarla y volverla acostar formó parte de ese día, acercó un pequeño sillón para así velar su sueño, se acordó del sobre que le enviara George y la comenzó a leer.
William.
Hoy amanecí con la ansiedad de tener noticias tuyas y la señorita Candy ¿Cómo está? Estoy seguro que ni tomaste en cuenta el sobre cuando lo viste y sin saber su contenido me enviaste alguna carta ¿no es así? – se le dibuja una sonrisa en el rostro a Albert – tanto así te conozco que de igual manera al no saber de ustedes doy por hecho que todo va bien, y si es así celebro por los dos que las cosas vayan según lo planeado.
He platicado con la Sra. Elroy acerca de lo que procede con respecto a la Srita Eliza y la Sra. Leegan y haciendo énfasis acerca de las investigaciones, te tengo malas y buenas noticias pero quiero que esas si me lo permites hacértelas saber cuando regreses.
Me es grato decirte que la vieja cabaña ya ha sido totalmente remodelada y aún haciendo caso a tu petición de conservar la fachada tal y como estaba déjame decirte que se ve excelente… William… todo está preparado tal y como lo pediste y te sugiero por el bien de los dos estén al menos el tiempo que consideres necesario para que la señorita Candy se recupere, Dorothy como el Sr. Grandchester han sido de gran apoyo al igual que la Srita. Annie y la Srita. Patricia.
Otra cosa y aunque creas lo contrario y conociéndote como eres le he pedido al Dr. Martin que vaya en la tarde a cerciorarse sobre la salud de la señorita Candy… pensarás que no es necesario, pero créeme la salud de Candy no es ni será un juego.
Todas las mañanas enviaré a alguien para que cubran las necesidades de comida y ropa.
William si está en condiciones hazle llegar mis saludos y sin otro al particular me despido deseando se encuentren bien ambos.
George Johnson.
Aún con la sonrisa dibujada en su rostro Albert dobló la hoja y volvió a guardarla en el sobre… observó una vez más el rostro de Candy y acarició su mejilla haciendo que se estremeciera a su contacto
En la mansión.
Sra. Elroy… ¿Dónde se encuentra William? ¿es que acaso no es de importancia que se aclare la situación de mi hija?
Adelante Sarah… siéntate por favor… tienes razón… y es precisamente de eso que estamos hablando el sr. Johnson y yo… como comprenderás y a falta de William por el momento me haré cargo de la situación… Hemos localizado al Sr. Schiff.
¿el Sr. Shiff? ¡¿y yo para que quiero a ese hombre?! ¡Quiero que el hombre que mancilló a mi hija pague por lo que hizo! – la Sra. Elroy estaba perdiendo la paciencia.
Sarah…
¿es que acaso no les importa?
¡Sarah! – le habló en voz alta haciendo que la Sra. Leegan fijara su atención.
El hombre que tú refieres es el mismo del cual yo te estoy hablando…
No… no puede ser… ese desgraciado se llama Robert Newton.
No Sarah… ese hombre utiliza un nombre falso para así desvincular la empresa de su padre de todas las fechorías y delitos que ha cometido… ¿Cómo es que lo conoces? – Sarah palideció al creerse descubierta.
¿se siente bien señora Leegan? Tome asiento – George le ofreció una mano para que lo hiciera – tómese ésta copa…
No – con mano temblorosa apuró el contenido de la copa – no… es solo… Sra. Elroy.
George… retírate por favor – espero que el hombre saliera – Voy a ser muy clara contigo Sarah – la interrumpió sin miramientos – con respecto a todo esto que está pasando y que por desgracia nos ha involucrado a mi familia y a mi… me apena en gran manera que Eliza haya sido atacada y sobre todo que sucediera en propiedad Andley… he enviado a traer a Raymond porque es conveniente que él esté presente acerca de las cosas que tengo que decirles – tomó una campana y la hizo sonar y de inmediato llegó Alice – trae el té y cuando llegue el Sr. Leegan hazlo pasar por favor.
Como ordene madame.
no comprendo Sra. Elroy… ¿Qué quiere decir con eso?
Sé paciente Sarah… y dime ¿Cómo se encuentra Neal? – Sarah la quedó viendo incrédula.
¿me pregunta por Neal como si lo que pasó mi hija no fuera algo tan horroroso?
Sabes perfectamente bien que Eliza ha tenido todas las atenciones… así que te sugiero que trates de controlarte…. Ustedes están aquí por que fui yo quien se lo pidió a William y como tal debo arreglar éste problema – dos toques en la puerta hicieron que guardaran silencio – Adelante.
Madame… el Sr. Leegan ha llegado.
Hazlo pasar por favor y que venga George – se levantó y se dirigió al escritorio de Albert, Raymond y George entraron juntos – por favor tomen asiento, George aquí a mi derecha. – el desconcierto en el rostro del Sr. Leegan se intensificó sin poder disimularlo – bien… aprovechando que está aquí Sarah vamos a aclarar y a dar solución a ciertos eventos que desafortunadamente han venido ocurriendo… Sarah… no creo que sea necesario que te recuerde todas las atrocidades que has hecho desde el momento en que Candice pisó la puerta de tú casa así como también la forma tan vil en la que tú y tus hijos me hicieron participe, de ninguna manera me estoy deslindando o justificado mi conducta… pero dado los recientes acontecimientos…
Sra. Elroy… yo no vine a escuchar lo que tenga que decir de esa jovencita… mi hija… - la Sra. Elroy levantó su mano para acallarla.
Todo ésta implícito Sarah… George… pásame el paquete por favor – George puso sobre el escritorio una caja la cual con sus propias manos iba abriendo – me vas a explicar ¿Qué significa esto?
¿A dónde quiere llegar con todo esto Sra. Elroy?
Todo es muy claro Sarah… ¿sabías algo de ésto Raymond? – el hombre hasta ese momento solo se mantenía en silencio y negó con la cabeza, la anciana le dio una papel para que la leyera… conforme sus ojos iban leyendo cada línea gotas de sudor escurrían de sus sienes – ¿y bien? ¿vas a negar que esa carta iba dirigida a tu hija?
Con todo respeto madame – alzando el papel entre sus dedos y con soberbia - ¿Qué tiene que ver mi hija con esto? ¿Cree usted que con esto va a intimidar a mi familia? ¡acudí a su llamado por mi hija! ¡mi hija! ¿Y ahora usted viene a restregarme en la cara éste mísero papel? ¡exijo hablar con William!
¿exiges? ¡exiges! ¡Tú! – señalándolo con el dedo – ¡eres el menos indicado para exigir nada!... George… los papeles por favor… todo me pude haber imaginado de ustedes… pero que trataran una y otra vez envenenar a mi hija…
¿su hija? – miró a Sarah y ella le confirmó con la cabeza.
Si… mi hija… y por el bien de ella y de mi familia haré lo que siempre debí haber hecho desde hace mucho tiempo… afuera está la policía esperando por ustedes… pero antes… me vas a explicar que significa esto – aventando sobre el escritorio unos papeles – y esta vez no vengas con la estupidez de no saber a que me refiero… creíste estar dos pasos delante de los Andley – el rostro de Raymond estaba pálido con un rictus amargo y de furia contenida – no te pediré que lo devuelvas, por que en éste preciso momento firmarás a nombre de tu hijo Neal… de hoy en adelante él se hará cargo en todo lo que se refiere a las empresas que levantaste en Florida, Boston y Nueva York.
¡no firmaré nada! ¡no puede obligarme!
Si que puedo Raymond… porque basta solo un llamado para que vengan por todos ustedes… en cuanto a ti Sarah – se levantó de la silla alargando su estatura hasta donde su cuerpo podía permitirle – revoco toda decisión de la herencia que legué en vida a tu beneficio… la cual haré llegar a alguien más productivo.
Sra. Elroy… ¿Cómo puede usted…?
¿Cómo? – sonriendo más para ella – lo hago con la autoridad que tengo de representar aún a ésta familia… tú y tú hija las enviaré muy lejos… donde nadie recuerde sus nombres con el tiempo… no se irán juntas si es así como lo piensas… George… procede con la legalización de los documentos…
¡de ninguna manera! – abalanzándose sobre ella – ninguna estúpida vieja me va a quitar lo que es mío – George que estaba muy cerca evitó que siquiera la alcanzara y bastó el sonido de una campanilla para que 4 personas más entraran sin avisar… era la policía.
Señores… juez Wilson… sírvanse a ser testigos de la sucesión oficial al Sr. Raymond Leegan quien beneficia a su hijo Neal Leegan.
Le juro Elroy que esto no se quedará así… deseo que constate en un documento que estoy siendo obligado y coaccionado a firmar un documento sin mi consentimiento.
Raymond… no te hundas más… la policía ya tiene todos los registros de los robos de los cuales has sido participe junto con el Sr. Shiff.
Sr. Leegan está obligado a reparar el daño que ha causado a la familia Andley y bajo la investidura que me otorga el estado de Chicago firme los papeles y acabemos de una vez con esto – acercándole los papeles.
¿Sr. Shiff? ¿de quien diablos me está hablando usted?
¿no tienes idea verdad?... no te preocupes te lo harán saber en la comisaría.
No tenía por que llegar a esto Sra. Elroy – su rostro desencajado por el enojo daba paso a la angustia de saberse arruinado.
¿Qué otra manera crees que hay? No había ninguna necesidad de hacer lo que hicieron y dado que somos nosotros los agraviados estoy en mi derecho de pedir cárcel para ti y tu familia – no pudiendo aguantar más Sarah se desmayó de la impresión – en cuanto a ellas y como antes lo dije serán recluidas en diferentes conventos… con la diferencia de que a Eliza se le enviará a México hasta dar con el paradero del Sr. Shiff… deseo que el daño que se le ha causado a tu hija sea reparado… pero eso no la exonerara de tener un castigo ejemplar – no había forma en la que Raymond Leegan saliera inocente de todos los cargos que en ese momento se le imputaban… firmó todos los papeles prometiéndose recuperar lo que consideraba suyo.
Sra. Elroy… ¿desea usted levantar demanda en contra del Sr. Raymond Leegan y la Sra. Sarah Leegan así como de la Srita Elizabeth Leegan?
Aquí el Señor George Johnson apoderado legal y abogado de la familia Andley en mi representación hará todos los trámites correspondientes para que se haga efecto.
Muy bien… en ese caso… señores… llévenselos – por primera vez en su vida Raymond Leegan experimentaba la pesadez de sentir grilletes en sus muñecas, vió como uno de los gendarmes levantaba el cuerpo de Sarah y la sacaba de la biblioteca.
Juez Wilson… ¿le sería posible que todo se llevara a la menor discreción? Usted comprenderá que aún hay una persona suelta y no deseamos alertarla.
Por supuesto Sra. Andley… será un beneficio a nuestro favor contar con la colaboración de su familia.
Gracias Sr. Wilson… George… acompáñalos a la puerta.
Con su permiso.
Cuando se retiraron Alice se acercó para ofrecerle un té… siendo testigo mudo vió como le temblaban las manos a la Sra. Elroy.
Disculpe madame… ¿desea que llame al médico?
No… estaré bien… puedes retirarte… dile al Sr. Johnson que venga – la joven solo asintió inclinando su cabeza… ¿qué más tenía que hacer para al menos quitar de su conciencia ese sentimiento de culpa que no la dejaba? Aunque le alegró de sobremanera saber que Candy despertó… no se sentía tranquila – "esos dos juntos" – sonrió dándose la oportunidad de desenterrar recuerdos de su juventud… en un pasado ya muy lejano.
Sra. Elroy… ¿madame? – la hizo sacar de sus pensamientos - ¿se encuentra bien?
Completamente… solo estaba pensando en que ya estoy muy mayor para afrontar situaciones como éstas.
No se preocupe… en tan poco tiempo hemos logrado que las cosas se esclarezcan… aunque…
¿aunque qué George?
Es sobre Robert… o el sr. Shiff… resultó ser una persona muy escurridiza y ha logrado escaparse.
¿Cómo… como es posible?
No tengo el más mínimo afán de preocuparla madame… pero es indispensable que sepa todo lo que está pasando… Alice… Alice ha encontrado en una de las recámaras de huéspedes la ropa del Sr. Shiff que lo inculpan directamente con el ataque que sufrió la Srita. Leegan… es la prueba que tenemos para presentarlo el día que se le capture, por el delito de violación en contra de la Srita. Leegan.
Gracias George… debo reconocer hasta ahora que mi hermano William – se persignó al mencionar su nombre – no se equivocó contigo.
Gracias madame.
¿sabe William acerca del plan de los socios?
No… lo que sabemos es el contenido del informe que me entregó el investigador… madame
Dígame…
¿está segura de dejar en manos del joven Neal las acciones que manejaba el sr. Leegan?
Si George… ya va siendo hora de que ese jovencito se haga responsable de algo que sea tangible… real… que sepa la carga que significa mantener a nivel las empresas que en ese caso su padre manejó… es lo que debe hacer… y es una lástima que Sarah pretendiera hacerlo un inútil… pero en fin tiene que pasar algo malo para que uno se dé cuenta de los errores que cometemos… pero si lo que te preocupa es como va a manejarlo… alternará estudios y trabajo… no pretendo que sea un ignorante con suerte manejando una fortuna – George apenas sonrió ante el comentario de la mujer, en ese momento Alice entró sin pedir permiso con el rostro pálido y con el mandil manchado de sangre, George y la Sra. Elroy se la quedaron viendo estupefactos.
¡Sra. Elroy… la Srita Eliza!
Hola chicas… Les cuento que me tocó 1er grado de preescolar, me tocó la sinfónica mundial de tanta llanto jajaja creo que los fastidié con tanta cantadera porque luego luego guardaron silencio. ¡felíz inicio de curso! Para los que tienen hijos apóyenlos con sus deberes… aunque no lo crean nos llevamos una buena friega planeando actividades.
De nueva cuenta nos leemos, espero que sea de sus agrados y si no… háganmelo saber tomo en cuenta sus opiniones. GRACIAS por sus opiniones.
Sandra Carreo
Eso es lo que esperamos todos… GRACIAS igualmente Sandra bendiciones.
Elbroche.
Espero que éste capítulo haya cubierto tus expectativas GRACIAS por tu mensaje.
Pivoine3
Me dio un tanto de escalofríos imaginarme en una situación similar… pero como es una mera fantasía… se vale… GRACIAS por tu opinión.
Kecs.
Ya se la estaba entregando a San Pedro… jajajaja… al contrario GRACIAS por leer la historia.
Loreley Ardlay
Me encanta el drama jajajaja… supongo que ya viene lo bueno… GRACIAS por leer mi intento de historia.
M A
¡que bueno que te gustaron!... al contrario GRACIAS por tu tiempo… espero sea de tu agrado.
Y a todas aquellas personitas que marcaron como seguidoras de la historia GRACIAS.
Nos leemos en la próxima.
Enhorabuena y bendiciones.
