Después de que el Dr. Martin la auscultara le dio a Albert algunos medicamentos para que ayudaran a Candy a controlar los vómitos.

No te preocupes Albert es normal que después de casi una semana sin comer Candy presente un cuadro de anemia y deshidratación, sigue dándole sopas, frutas blandas y tés eso le ayudará… aunque si te soy sincero me parece realmente increíble encontrar a Candy despierta después del episodio que vivió en días pasados… con respecto a ese lapso de olvido que presenta no lo compares siquiera con lo que a ti te pasó, son dos casos diferentes, dale tiempo al tiempo Albert… aún con los años que tengo en la medicina, el cuerpo humano no termina siendo más que un misterio para mi… hay cosas que desconozco y quisiera darle solución y más tratándose de mi enfermera favorita… pero si quieres llevarla a Chicago sabes que cuentas con mi apoyo… y dime mi buen amigo… ¿Cómo te encuentras tú? ¿has hablado con Candy?

Bien… yo me siento bien… algo cansado… aunque funcionó lo de la cascada se que fue un imprudencia mía exponer a Candy… no dejo de pensar en eso… ¿y si no hubiera funcionado? Quiero decir… nunca he sido inseguro… pero cuando se trata de Candy… siento que toda la fortaleza que he erigido para ella… para los dos se viene abajo – había angustia en su rostro.

¡pamplinas! ¿te has puesto a pensar que Candy volvió gracias a ti? No busques respuestas donde no las hay… aunque te soy sincero… a veces pienso que nuestra querida Candy es de esas plagas no reconocidas de Egipto – ambos se rieron a carcajadas – es buena enfermera, bondadosa, alegre… pero es un catástrofe en la cocina – no paraban de reír – no se lo vayas a decir… no quiero ser víctima de su furia jajaja... hijo… por el momento la encontré bien… algo débil pero nada que no pueda solucionarse eso si ya hay que sacarla de la cama y te recomiendo que se den una caminata por las mañanas y en el atardecer, cuando ella esté descansando hazlo tu también, no sería nada bueno tener que atender a dos en lugar de uno… cualquier cosa házmelo saber muchacho… ¿has platicado con ella acerca de lo que pasó con la Srita Eliza? – insistió el médico.

No… aún no… por eso quería hablar antes con usted.

Hazlo Albert… tú más que nadie sabe lo que se siente vivir así… a ti no hay nada que te ate para que lo calles y a ella… – sobándose la mandíbula – digamos que Candy es muy… muy… no encuentro la palabra.

¿voluble? – lo miraba con diversión al Dr. mientras soltaban una carcajada.

Hay que reconocer que Candy es muy buena enfermera… pero con un carácter – ambos seguían riéndose.

Gracias Dr. Martin

No tienes nada que agradecer muchacho… ambos son muy importantes para mi y lo que pueda hacer por ustedes lo hago con mucho gusto – el joven se acercó dándole un fuerte abrazo – por cierto el Sr. Johnson vendrá por la Srita. Dorothy… muy linda jovencita, venía muy preocupada ¿te molesta que la haya traído?

No… en lo absoluto… al contrario fue lo mejor… Candy ha estado muy débil y le he ayudado a bañarse y no puede usted imaginarse lo que me ha costado contenerme… pero quiero que esté bien cuando regresemos a la mansión.

Me parece bien hijo… confío en que sabrás cuidarla… y cuando hables con ella no sientas remordimientos… es tu verdad y ella tiene que saberlo.

En la recámara Dorothy terminaba de ayudar a Candy a secarse, le puso un camisón tomó un peine y comenzó a desenredar la larga cabellera de su amiga.

Candy… ¿te digo algo? – mirándola por el espejo.

Claro… dime – volteándose para poder verla.

Estoy feliz de que te encuentres mejor… a todos nos has dado un susto enorme y que el Dr. Martin me haya permitido acompañarle para venir a verte me da la certeza de que en otras manos no podrías estar mejor que en las del sr. William… pero… – inclinó la cabeza.

¿pero que Dorothy?

No… – se aclaró la garganta, de repente la sintió tan seca – Candy no es apropiado que estés sola con el Sr. William – se lo dijo tan rápido que apenas Candy le alcanzó a pillar abriendo más sus hermosos ojos verdes – Candy… la tía abuela me pidió que viniera para que regreses conmigo… ¿lo harás? – había un poco de súplica en su rostro.

Dorothy… me siento bien aquí… te aseguro que entre Albert y yo no ha pasado nada… estaré bien – la joven castaña bajó sus hombros sabiendo que cuando a Candy se le mete una idea en la cabeza no hay poder que la haga desistir.

Bien – la volteó para seguir peinándola – déjame hacerte dos trenzas – Candy le tomó una mano besando su dorso.

Gracias Dorothy… eres una gran amiga.

Ni creas que me has convencido – regalándole una sonrisa – te traje sopa… la Sra. Margareth la ha hecho especial para ti… así que ahorita que termine de peinarte comerás – vió a través del espejo cuando Candy arrugó la nariz – ¿Qué pasa Candy?

Es que… – tomó las manos de Dorothy – no le vayas a decir a Albert… es que todo lo vomito – agachando la cabeza.

¿y crees que el Sr. William no se ha dado cuenta? Candy… en una situación como ésta no deberías callarle nada al sr. William… y más cuando se trata de tu salud ¿te han vuelto los dolores del pecho? Me di cuenta que tienes enrojecida esa parte.

No… no… me había dado cuenta… pero no… solo es el malestar del estómago y el dolor de cabeza.

En ese caso llamaré al Dr. Martin, todos queremos que estés de regreso en la mansión… sostente de mi brazo te ayudaré a llegar a la cama, el joven Grandchester te envía saludos… ¿sabes? Hace unos días he notado que el joven ve con otros ojos a la Srita Paty.

¿de verdad? Jajaja – rió quedamente – Terry y Paty… pobre Paty con lo engreído y majadero que es… pero a decir verdad él necesita una mujer como ella, Paty es una buena persona y merece que la amen como ella amó a Stear… y eso es lo que me preocupa.

¿Qué te preocupa?

Si está preparada para amar a otra persona que no sea Stear… y si Terry está dispuesto a ser lo que Paty desea de un caballero.

Bueno… a ella la veo algo evasiva con él… no sé como desconfiada…

¿y quien no? – y ambas se rieron.

iré a preparar tu comida.

Gracias Dorothy.

Cuando iba bajando las escaleras se encontró con ambos hombres.

Dorothy… ¿está despierta Candy?

Si Sr. William voy a prepararle su comida… Dr. Candy me ha pedido que no diga nada – el rostro de Albert se tensó.

¿Qué pasa Dorothy?

Ella no quiere comer… dice que ha estado vomitando todo lo que come.

No se preocupe jovencita Albert me lo ha hecho saber y precisamente a eso vamos… tráigale una taza de té… es para que pueda tomar el medicamento que le he traído… mucho me temía que eso iba a pasar… 5 días sin comer y sin que su cuerpo tenga actividad en algo le tenía que perjudicar… ella se pondrá bien… quite esa carita.

Compermiso…

Albert y el Dr. Martin entraron tratando de hacer notar su presencia… pero lo que encontraron fue a un ángel acurrucado abrazada a una almohada en la gran cama muy dormida, al verla, Albert dio un gran suspiro y con las manos dentro de sus bolsillos se acercó a ella sentándose a su lado.

Candy… cariño… despierta amor – pasándole una mano en su brazo – Candy – ella entreabrió sus ojos pestañeando volteando a ver a Albert.

¿Qué pasa?

Mi querida enfermera… vine a asegurarme de que tomarás el medicamento que traje – los ojos de Candy pasaron de Albert al Dr. Martin – no me mires así Candy… apostaré nuevamente mi carrera diciendo que eres una muy buena enfermera… pero muy mala paciente – ella dibujó una tímida sonrisa y ayudada por Albert se sentó en la cama – Dorothy entró con un vaso de agua y se la dio al Dr – gracias hija – le agregó un líquido pasándoselo al rubio – Candy se buena y tómalo todo… si es de un solo sorbo será mejor – ella se lo acercó sintiendo el aroma fuerte.

¿para que es?

Candy no hagas tantas preguntas y tómalo – cruzando los brazos sobre su prominente barriga – es para aliviar tu estómago…después de los vómitos tu estómago puede quedar irritado y esto te ayudará a no tenerlos… anda hija se valiente, si lo vomitas no te preocupes traje más – simulando tener un vaso y acercárselo a su boca, tapándose la naríz Candy se tomó todo el contenido dejando vacío el vaso arrugando de nueva cuenta la nariz – bien hecho hija.

Nada mal ¿no crees amor?

Lo dices por que tú no lo tomaste… ¡Albert! – tapándose la boca – al baño.

Aquí amor… en el cubo – ella sacudía la cabeza.

No – Dorothy se acercó para secarle la frente y las comisuras de la boca – gracias… ya pasó – cubriendo con sus brazos el estómago.

¿ya te sientes mejor? Recuéstate… Dr… la comida – Candy lo tomó del brazo negando con la cabeza y con temor en su mirada – amor – la tomó del rostro – cariño… todo estará bien… el medicamento tomará su tiempo y cuando te sientas lista tomarás el té ¿de acuerdo? – Candy asentía con lágrimas en los ojos, el Dr se acercó para tomarle el pulso.

Respira hondo hija… dime que sientes – ella solo negaba con la cabeza – bien… recuéstala Albert – puso el estetoscopio en su pecho – bien… en unos diez minutos tomarás el té… hija eres enfermera y sabes lo importante que es que tengas alimento en el estómago ¿no es así? – sin esperar respuesta el médico le dio las instrucciones a Albert de lo que debía de tomar y comer – estarás bien hija… anda regálame una sonrisa – Candy se sentó y le dio un abrazo al doctor – ¡vaya! Eso está mejor… por cierto… desde mañana la cama será tu enemiga, entre más ejercicio hagas irás recuperando energía – Candy les regaló una gran sonrisa – por hoy es todo… vendré mañana.

Lo acompaño Dr. Martin… Dorothy que se tome el té por favor – ella asintió acercándose a la cama de Candy.

Gracias hijo… no es necesario

Mientras bajaban el Dr. Martin le platicaba los pormenores que sucedieron en la mansión durante el tiempo que estuvo ahí – supuse que ya no era necesaria mi presencia… el sr. Neal afortunadamente no tuve más que darle unos cuantos puntos en la cabeza y aunque no es de mi incumbencia hijo es necesario que la Srita. Leegan… tú sabes a lo que me refiero… es realmente grave lo que le ha pasado… aunque también si me disculpas… no puedo pasar por alto lo que le han hecho a Candy, no me mires así muchas personas estaban dispuestas a contar lo horrorosos que son los Leegan… pero en fin me despido, vendré mañana – cuando llegaron a la puerta se dieron un abrazo y uno de los empleados lo llevó a la clínica.

Se quedó un rato en el pequeño porche dándoles un poco más de tiempo y privacidad a Candy y a Dorothy, pensaba en como abordaría el tema de Eliza, sabiendo lo frágil que se encontraba Candy ¿o es que acaso subestimaba su fortaleza? La recordaba siendo apenas una niña con una energía que superaba la de otros… muchas veces y a través de las paredes escuchaba a Stear, Archie y Anthony quejarse de no haber podido ganar una carrera en contra de ella… fueron tiempos oscuros y aunque esos grandes y hermosos ojos color verdes lo impactaron, en ese tiempo su inocencia la veía más que una niña… el tenía que esconderse para que no se supiera que él era el patriarca de la familia Andley, tomó un sorbo de la bebida que se había preparado, al pasar su mano por la mandíbula se dio cuenta que no había hecho nada por su incipiente barba de dos días, sentado en una mecedora recostó su cabeza y se abandonó solo por un momento al cansancio que sentía… no supo cuanto tiempo pasó pero para el fueron unos minutos cuando escuchó el motor de un automóvil que se acercaba y a lo lejos y comprobó que era George… bajo los pocos escalones y casi corriendo fue a recibir a quien por toda una vida lo reconocería como parte de su familia.

Joven William – ambos se dieron un fuerte abrazo – Dios mío pensé que nunca llegaría – Albert levantó una ceja - ¿Cómo estás muchacho? – se separaron dándose fuertes palmadas en la espalda.

Bien… más que bien – iban caminando hacia la cabaña – gracias por permitir que viniera Dorothy.

Sabes perfectamente que no decido por ella y aunque así fuera yo se lo hubiera propuesto sabiendo lo angustiada que se encontraba.

Gracias de todos modos… todo salió bien… que me hayas dejado uno de los autos a mi alcancé ayudó para trasladar a Candy… aún no puedo creer que lo haya hecho… me siento como si hubiera cometido una imprudencia al exponerla de esa manera… sentí la necesidad de confrontarla en su inconciencia a ese temor… pero cuando ya estaba ahí… sentí que mi arrebato le hubiera costado la vida… fue… fue terrible salir y creer que ya no sabría más de ella.

Pero está bien muchacho… y es gracias a ti.

Albert le contó todos los pormenores, todo lo que ha sucedido apenas en dos días – el que haya venido el Dr. Martin me ha tranquilizado un poco más pues de esa manera sé como debo plantearle lo que tengamos que platicar… nunca me imagine que todo lo que planeé para ella terminaría así.

¿así como? – se lo quedó viendo George extrañado.

A éstas alturas estaríamos en nuestro viaje de luna de miel.

No deberías de preocuparte por eso… tu boda se va a celebrar muchacho de eso debes de estar seguro – Albert lo miró interrogándolo con la mirada - ¿Qué? ¿no estarás pensando en ya no casarte con ella?

No es eso – relajó un poco sus facciones – solo que lo dices como si no supieras que aún tenemos muchas cosas que resolver.

Si estás tratando de preguntarme sobre lo que está pasando en la mansión… tómate tu tiempo que mucha falta te hace y estando con la señorita Candy estoy seguro que lo lograrás, no te preocupes todo está bajo control y en manos de las autoridades… por el momento lo que debe de ocuparte es el bienestar de la Srita. Candy.

George…

Dime.

¿no crees que ya va siendo hora de que me trates de una manera más informal? Han sido muchas veces que te lo he pedido, si lo haces por tía Elroy lo entiendo… pero por favor en momentos como éstos no deseo sentirme como parte del consorcio… simplemente soy Albert… y ya no soy un muchacho – George sonrió para si

Siempre lo serás para mi Albert… te lo dije antes y lo reitero ahora.

Ok… pero que no se te haga costumbre – sirviéndole otra vaso de whisky - ¿quieres pasar a verla?

Claro… si no lo hago madame Elroy no dudará en mandarme de regreso para que lo haga después del interrogatorio al que someterá a Dorothy nada más lleguemos – entraron a la estancia y subieron las escaleras llamando a la puerta de la única recámara, Dorothy les abrió pidiendo que lo hicieran en silencio.

Se ha quedado dormida después de haber tomado el té.

George se acercó sentándose en la silla más cercana a la cama tomó su mano y depositó un beso y encerrándola entre sus manos se la llevó a los labios y luego a la frente… Albert se dio cuenta que una lágrima resbalaba por su mejilla, pero sabiendo como era George no lo demostraría, colocó la blanca mano de nuevo sobre el costado de Candy y se levantó.

Disculpen… ya tiene color en sus mejillas… Dios Albert si que te arriesgaste – Albert apretó uno de sus hombros – cariño – dirigiéndose a Dorothy - ¿te parece si nos retiramos?

Pero no ha comido…

No te preocupes Dorothy me encargaré de eso nada más despierte.

¿me permite venir a verla mañana?

Por supuesto… sabes que no tienes que pedir permiso, de hecho vendrá el Dr. Martin para revisarla.

Gracias Sr. William – Albert asintió incómodo.

Los tres bajaron y se despidieron con la promesa de verse al otro día.

Para el Dr. Bínett el documento que tenía en sus manos era la respuesta que tanto esperaba… por fin sabría los resultados de los análisis de Candy, esperaba con ansias que amaneciera para así poder hablar con Albert, no era algo a lo que estuviera dispuesto a callar tratándose de algo tan horroroso, entre más leía más eran las dudas que se arremolinaban en su cabeza acerca de la relación de Candy con los Andley ¿Cómo lograban darle ese veneno? ¿Quién? Hasta ese momento él era ajeno a todos los problemas que tuviera esa familia… hasta el día que llegó al hospital en Chicago, sabía por muy buenas fuentes que Candy era un tesoro que resguardaban con una devoción inexplicable, pero entonces ¿Quién rayos la quiere matar? Era la pregunta que se hacía una y otra vez… acostado en la cama no podía conciliar el sueño… esperaba que para antes del medio día pudieran llevarle el medicamento, necesitaba ver a Candy, pero sobre todo y sabiendo el amor que le tiene Albert era imperioso hablar con él primero, se levanto y redactó una carta en donde ponía todos los pormenores que pudieran pasar en caso de que haya un responsable, lo colocó en un sobre y adjunto una copia de los análisis – bendita Flamie pensó – aún cuando no tenía preparado un informe ella ya se lo había dejado en el escritorio, sacó nuevamente la hoja y leyéndolo de nueva cuenta lo metió en un sobre y se dispuso a dormir… en pocas horas amanecería y no tenía caso esperar despierto.

Como un día atípico para Eliza y Sarah era un verdadero martirio estar encerradas, saberse limitadas en todos los aspectos les estaba cobrando a ambas la tranquilidad, les dejaban el desayuno en una pequeña mesa y así como entraba la servidumbre así salían en silencio… ese día en un arranque de desesperación Eliza arrojó el vaso de jugo en la pared y Sarah en su enojó le propinó una cachetada haciendo que su hija la viera con un rictus de furia.

Tienes que controlarte Eliza… ¿acaso piensas que la estoy pasando bien?

Pues yo te veo tranquila mamá – paseándose de un lado a otro.

Necesitarás estarlo hija… lo que se nos viene encima no es fácil…

¿fácil? ¿y lo que me sucedió a mi que mamá? ¿has hablado con la Sra. Elroy? – Sarah se acercó a su hija y casi en un susurro le comentó.

Lo que haga esa mujer me tiene sin cuidado… lo único que le importa en éste momento es esa estúpida trepadora – la tomó de los hombros y viéndose a los ojos – en éste momento lo que más me afecta es que nos encontremos aquí encerradas… necesito sacarte de aquí… debo terminar – en esos momentos hablaba más para sí que para Eliza.

¿terminar qué mamá?

Nada hija… nada… necesitas descansar – Eliza observaba como Sarah se acercaba a la ventana inmersa en sus pensamientos como muchas veces lo hacía cuando ellos le hacían maldades a Candy.

Con impaciencia vió llegar al mensajero y casi arrancándole el paquete de las manos entró a la mansión corriendo para tomar su maletín, tomó su auto y esperando que George aún no regresara de la cabaña se dirigió para allá con la compañía de Archie.

Dr. Bínett… permítame llevar el auto a mí…

Discúlpame Archie tenemos que llegar lo antes posible… Candy podría – las palabras se le quedaron en la garganta ante la posibilidad de que algo le pasara.

¿Candy que Dr.?

No me hagas preguntas en éste momento por favor… cuando lleguemos les explicaré todo – Archie se aferraba al asiento del auto pensando que en algún momento podrían quedar en el camino… una sonrisa de lado se dibujó en su rostro al acordarse de su hermano Stear.

Para cuando llegaron vió como George y Dorothy subían al auto listos para regresar a la mansión, se acercó y con rapidez bajo de su auto para llamarlo

Sr. Johnson… espere – al escuchar su nombre el hombre volteó y acercándose a él se dieron la mano.

Doctor Bínett ¿Qué sucede?

Necesito hablar con el señor Andley – los ojos castaños del Dr lo miraban con premura.

Cariño… ve con Candy y si está Albert dile que baje de inmediato… se prudente amor – Dorothy solo asintió subiendo las escaleras… inmediatamente después los cuatro hombres estaban afuera de la cabaña.

Disculpen que halla venido de esa manera tan abrupta pero es importante lo que tengo que decirles… ayer recibí los resultados de los exámenes que se le hicieron a Candy… Albert… a Candy la han estado envenenando – Mikael esperaba ver sorpresa en sus rostros y dedujo que ellos ya sabían – Albert…

Lo supimos hace dos días Dr. Bínett… Eliza… – contestó Archie

¿Por qué no me dijeron nada?... Candy aún corre peligro… Albert… lo que le han estado suministrando a Candy es cianuro… por eso es que ha tenido los episodios de desmayos… llévenme con ella por favor… traje un suero…

Pero explícanos primero

No hay nada que explicar cuando ustedes ya saben la razón del por qué Candy se ha visto enferma – Albert lo tomó del brazo para impedir que entrara a la cabaña - ¿te explico ahora o le pongo el suero? – había decepción y enojo en su mirada castaña – voy a necesitar que subas para contenerla… sentirá un poco de dolor – zafándose de su mano – guíame hacia ella por favor – Albert un poco avergonzado lo llevó a la recámara y ambos entraron, inmediatamente se dirigió hacia ella para tomarle la temperatura, sacó su estetoscopio para escuchar su corazón… una mancha roja en su pecho le llamó la atención – Albert… a esto me refiero cuando te dije que hay que actuar rápido… hay que despertarla – suavemente palmeó sus mejillas llamándola por su nombre – Candy… despierta Candy… siéntate atrás de ella y ponla entre tus piernas… despiértala en lo que preparo el suero.

Amor – Candy abrió sus ojos un poco desorientada – princesa – la sentó sobre la cama y sentándose atrás de ella la colocó como le dijo el Dr.

Pero… ¿Qué pasa Albert?

Amor… Mikael te pondrá un suero – el cuerpo de Candy se tensó entre sus brazos y abrazándola un poco más fuerte le habló al oído – estoy contigo amor… no temas.

Hola Candy – acercándose a ellos, la miró a los ojos y le sonrió – es urgente que te ponga éste suero… mientras te explico ¿de acuerdo?

Mikael… yo… yo ya me siento bien… solo estoy – se removía en los brazos de Albert – un poco cansada.

Candy mírame – ella estaba hasta roja del esfuerzo que hacía para zafarse de los brazos de Albert - ¡Candy! – devolviéndole la mirada – discúlpame por favor… el motivo por el que has tenido los desmayos es por que te han estado envenenando – Candy se quedó quieta, el sudor se hacía camino por sus sienes, el esfuerzo que hizo la dejó siquiera sin energías para seguir negándose – dame tu brazo… esto arderá un poco y sentirás mareos en lo que el liquido entra a tu organismo.

Mikael… el Dr. Martin le ha dado un medicamento para su estomago…

¿cada cuanto se lo ha administrado?

Hace dos horas doctor – contestó Dorothy.

Bien… en ese caso no hay motivo para que no lo haga… Candy… necesito que estés despierta ¿de acuerdo? – ella solo asentía… colocó un torniquete y palmeando su brazo encontró la vena en donde introdujo la aguja – no te muevas – conectó la vía haciendo que fluyera el líquido – bien… señorita

Dígame

Páseme el maletín por favor – sacó el estetoscopio – ¿desde cuando tienes la mancha? – le hablaba para mantenerla distraída

Ayer… Dorothy se dio cuenta… yo

Dime si te duele cuando oprimo – al acercar su mano Albert se la detuvo – déjame hacer mi trabajo Albert – Candy lo tomó de su brazo logrando que lo soltara, con las yemas de sus dedos comenzó a hacer círculos hasta que sintió cuando Candy se tensó volviendo a poner el estetoscopio – bien… mantenla 10 minutos más en esa posición… ¿Qué pasa Candy?

Me… ¿me dará vómitos?

No Candy… si te da mareos solo cierra los ojos y descansa.

Pasaron las 4 horas y ya anochecía cuando Mikael le quitó la cánula – eso es todo… si despierta dale un té eso la ayudará a mitigar la falta de alimento… sigan con la dieta del Dr. Martin alternando con carnes rojas y alimentos blandos eso le ayudará – ambos hombres salieron de la recámara.

Mikael… me disculpo por lo que hice hace unos momentos…

No hay nada que disculpar Albert… entiendo muy bien tu actitud… cualquiera que estuviera en tu lugar reaccionaría de esa manera… pero si te soy sincero, el que me hallan omitido sobre el envenenamiento si me molesta… Candy es mi paciente, y lo que menos quiero es que ella salga perjudicada y de verdad espero que en lo sucesivo no vuelva a ocurrir.

En eso estoy de acuerdo contigo… ¿crees que debería de trasladar a Candy a Chicago?

No… pero si me gustaría saber cuando fue la última vez que le suministraron el veneno a Candy… Albert… no se que es lo que esté pasando en tú familia pero de algo estoy seguro… Candy corre peligro si la persona que intenta matarla sigue suelta.

No… eso ya está bajo control… pero si tienes razón… no puedo exponer a Candy ¿vendrás mañana a verla?

No… parto ésta misma noche a Chicago… Albert si presenta algún síntoma como mareos, se le baja la presión o en ese caso siente dolor en el pecho recomiendo que el Dr. Martin evite darle el medicamento para el vómito, vendré la próxima semana para ver como sigue… el medicamento que le puse es una vitamina que a riesgo de envenenamiento por cianuro evita que su cuerpo colapse… tengo que retirarme si quiero llegar a tiempo… cualquier cosa házmela saber… tienes el teléfono del Sta. Juana.

Gracias por todo Mikael…

Es mi trabajo Albert – despidiéndose de todos, llegaron a la entrada y esperó a que se subiera a su auto y se marchara… George, Dorothy y Archie que aún seguían en la pequeña estancia lo esperaban para saber noticias.

Ella se pondrá bien – les dijo, George se acercó para darle un abrazo – gracias por todo.

Albert… ¿te molestaría si traigo a Paty mañana?

No… por supuesto que no… al contrario… mañana los esperamos, el Dr. Martin ha dicho que de pequeñas caminatas… estoy seguro que la compañía de ustedes le hará bien – todos se despidieron dejando a Albert en la entrada de la cabaña, subió a darse un baño y acostándose junto a Candy la atrajo a su cuerpo quedando dormido al instante.

Los siguientes días y bajo la vigilancia de Albert, Candy fue recuperándose tan rápido que era casi imposible pensar que su vida corriera peligro… pero para el rubio había algo que lo inquietaba de sobremanera y era que Candy no mencionara nada acerca de la boda o del ataque de Eliza, todas las noches la consolaba en sus sueños y limpiaba sus lagrimas tras decir solo tres palabras ¿Por qué Albert? Y supo que ya era momento de derribar de una vez por todas sus miedos a perderla o lastimarla, ese día como en los dos días anteriores se levanto muy de madrugada a darse un baño de agua fría y leer como lo hacía todas las mañanas, preparar el desayuno para ambos era algo que le satisfacía sabiendo que Candy aún se mostraba renuente en terminar un plato de sopa pero insistiría , cerca de las 9 de la mañana la vió descender de las escaleras con un hermoso vestido de gasa ligero, sus ojos sonrieron nada más verla y fue a recibirla.

Buenos días cariño – ambos se perdieron en sus miradas – lo primero es lo primero... tómalo antes del desayuno – Candy lo miró con un poco de enfado bebiendo la medicina a regañadientes – hoy podrás comer carne – los ojos de Candy se alegraron y abrazó con fuerza a Albert.

Gracias Albert… hoy realmente me sentiré consentida – la levantó hasta que sus rostros quedaran de frente y sus cuerpos pegados uno al otro.

¿nada más hoy? – mirándola con ternura y acercándose a sus labios, la saboreó quedamente hasta sentir que ella correspondía a sus besos, Candy enredó sus dedos en su corto cabello y encontró en los labios de Albert acallar la ansiedad que sentía, sentirse plena y amada por él… mas sin embargo… habían recuerdos que llegaban y se difuminaban de la misma manera… recuerdos tan reales que le lastimaban el corazón… rompió el beso regalándole una sonrisa – hay que desayunar y luego pasearemos un rato ¿Qué te parece?

Mejor no lo pudiste haber planeado… gracias.

Él bebía con agrado la imagen de Candy saboreando la comida, le placía ver el avance que tenía… por fin era ella… su Candy.

Candy mastica más despacio… tenemos toda la mañana

Esto está delicioso Albert… ¿puedo servirme más?

No cielo… ya son dos platos que comes – no pudo evitar reír ante el puchero de ella – y dime… ¿Qué quieres comer en la tarde? Te tengo una sorpresa – Candy brincó de la silla aplaudiendo por la emoción.

¿Qué es? – sus ojitos verdes brillaban.

Si te digo ya no será sorpresa – guiñándole un ojo - ¿lista para nuestro paseo?

Oh si… si… ¿me esperas? – se levantó y desocupó la mesa para llevar los trastes al pequeño fregadero.

Déjalos ahí cuando regresemos me ocupo de ellos – Candy solo le sonrió y subió corriendo las escaleras… ambos salieron tomados de las manos.

¿Qué llevas ahí? – señalándole la mochila.

Algunos bocadillos y agua

Siempre piensas en todo Albert – recargándose en su hombro.

Nada me impide cuidarte amor – momentos después entre pláticas llegaron a un pequeño claro donde Albert extendió una manta sobre el pasto ¿Qué te parece el lugar?

Hermoso… todo es bello cuando estoy contigo – Albert tomó su rostro entre sus manos y depositó un beso en sus labios

¿Cómo te sientes? – ese eras el momento se dijo – ven… sentémonos… hay lago que quiero platicar contigo – Candy lo miró con extrañeza frunciendo el seño

¿Qué pasa Albert?

Candy… desde hace días he querido decirte esto… pero primero quiero asegurarme de que estás bien… necesito que me escuches primero y cuando termine si tienes alguna pregunta hazla con toda la libertad de saber lo que desees… Candy ¿Qué es lo que recuerdas? – ella lo miró con seriedad.

¿Qué tengo que recordar Albert?

Cariño mírame… hace unos días pasó algo terrible en la mansión – Candy tuvo la intención de preguntar pero Albert la silencio con un dedo en sus labios – escúchame primero Candy – le conto absolutamente todo, él veía como las facciones de Candy cambiaban conforme le iba contando desde el asombro hasta el llanto cuando supo lo que le pasó a Eliza – ese día saliste montada sobre uno de los caballos y tuviste un accidente… cielo – tomándola de las manos – daría lo que fuera por que no hubiera pasado eso… en éstos momentos ya estaríamos casados… Candy… yo te amo… y no soportaba verte postrada en la cama sin que pudieras despertar… la razón por la cual estamos aquí es porque me arriesgue a no perderte… lo eres todo para mi Candy… y el que no recuerdes lo que pasó me pone en desventaja porque no sé lo que piensas… de noche tienes pesadillas y cuando te pregunto no recuerdas nada… Candy… dime que sientes… que piensas – estaban sentados frente a frente, ella se tomaba la cabeza tratando de forzar algún recuerdo, pero simplemente no llegaban – el Dr. Martin me sugirió que tuviéramos esta plática confiando en que solucionaremos lo que sea necesario – Candy se puso de pie y a paso veloz tomó el camino de regreso, Albert la alcanzó y abrazándola cerró sus brazos a su cintura, Candy lloraba y con los puños golpeaba su cabeza – no amor no hagas eso… no te lastimes… no huyas de mi por favor – había súplica en sus palabras, el llanto convulso de Candy hacía que ambos temblaran ella se dio la vuelta para abrazarlo.

Albert… yo – no podía hablar… él como en otras ocasiones acariciaba su espalda para que encontrara un poco de tranquilidad – no recuerdo… Dios – y se desvaneció entre sus brazos momentos después se encontró junto a él protegida a su lado y un tanto confundida miró a su alrededor – Albert – el se incorporó al llamado de ella.

¿Qué pasa amor?

Co… ¿Cómo está Eliza… Neal?

Ellos se encuentran en la mansión… no sabría decirte como están porque desde hace una semana estamos aquí y George se ha limitado en no darme mucha información esperando que te encuentres del todo bien – las lágrimas volvieron a asomarse a sus ojos, él la atrajo a su cuerpo y la sentó sobre su regazo – aquí estoy amor – ella se abrazó a él escondiendo su rostro en el cuello – no voy a dejar que nada ni nadie te lastime.

¿Albert?

Dime amor…

¿Qué más ha pasado? Debo… necesito saberlo…

Han pasado muchas cosas… pero también quiero que tomes con calma lo que hace unos momentos te dije – agarró una de las ánforas de agua y se la ofreció… hasta ese momento se dio cuenta que moría de ser - ¿recuerdas cuando vivíamos en el magnolia? – ella asintió - ¿recuerdas lo desesperante que era para mi no tener información de quien era siquiera? Amor… quiero evitar que pases por eso… pero también quiero que seas consiente que no puedo darte más información de la que hoy te he dado ¿lo entiendes verdad?

Si pero…

¿quieres regresar a la cabaña? – ella negó con la cabeza.

Solo quiero estar así contigo

Mi pequeña tramposa – ella abrió grandes sus ojos y el solo atrapó sus labios con un apasionado beso – te amo Candy… te amo como jamás amaré a alguien que no seas tú – ella confiada se entregó a ese beso sintiendo que su cuerpo temblaba.

Te amo