Los personajes le pertenecen de Candy Candy le pertenecen a Misuki e Igarachi… todos los créditos a la creadora y autor .

CON TODA EL ALMA

CAPÍTULO 24

SIEMPRE MÍA

MOMENTOS ANTES DE LA BODA

Para Albert era confuso llegar a la vieja cabaña y encontrar a un pequeño ejército de personas caminando con prisa de un lado a otro, George lo recibió con un abrazo.

¿Qué significa todo esto? – preguntó con curiosidad – pensé que tendríamos una comida para 8.

Mi querido amigo – abrazándolo por los hombros – el día es hoy… o no será nunca – George y Archie lo miraban en complicidad.

¿George?

William – separándolo de Archie y Terry – no habrá momento más propicio que éste para que por fin Candy y tú se casen – Albert lo miraba con seriedad – no pongas esa cara hombre… todo está preparado.

Pero Candy… ella debe de saberlo…

Lo sabrá cuando ella llegue… por suerte no tendremos que hacer anuncios ni despedidas… lo siento William – dándose cuenta del error.

No tienes por que disculparte… si bien es algo que no quiero ni recordar… es un error que no pienso volver a cometer – Archie y Terry se acercaron.

Entonces que Albert ¿estás dispuesto al sacrificio de hoy? – se lo preguntó con su clásica sonrisa de lado.

Sabes que si Terry… no tengo duda alguna.

No esperaba que te negaras… pero por si acaso ya traía mis votos anotados en un papel – ante ese comentario todos rieron a carcajadas – que les parece si entramos, tenemos menos de tres horas para que las chicas vengan… y tú tienes que arréglate.

Cuando entraron el Dr. Martin, el Dr. Bínett y algunos invitados como el Sr. McGregor, Sr. McLaren, Sr Mackenzie y el Sr. McDonald los recibieron, Albert saludó a cada uno de ellos con su acostumbrada cortesía y educación.

Sabes que no es la celebración que se espera tenga el patriarca ¿no lo crees así William? – Albert solo afirmaba con la cabeza – pero dado los acontecimientos venimos a darte nuestro apoyo como parte de la comisión y consejo de clanes… con respecto a la directiva del consorcio… no tienes que preocuparte… el Sr. Johnson nos ha dado a conocer la parte legal de tu retiro – se acercó a él el Sr. McGregor y palmeándole el hombro le confió el deseo que alguna vez William Andley le dijo – tu padre y yo nos conocíamos desde que éramos niños y estoy seguro que de estar aquí él avalaría tu decisión… para él la familia era muy importante… y estoy seguro que no tiene que ser diferente contigo.

Gracias a todos.

Pero bueno… no es un día para estar nostálgicos… ¿Por qué mejor no probamos la legendaria colección de whisky de nuestra querida Elroy? escuché de muy buena fuente que nos hará el honor de compartirlo – todos se unieron a carcajadas – y tú hijo – dirigiéndose a Albert – será mejor que empieces a arréglate ¿no querrás que la novia te encuentre así verdad?

Por supuesto que no Mr. McLaren – y se despidió de todos llamado a Archie con la mirada – ¿podrías acompañar al Dr. Martin… no quisiera que se sintiera incómodo.

Me aseguraré que se sienta como en casa.

Y por favor… discretamente pídele al Dr. Bínett que vaya al privado… necesito hablar con él.

¿Qué pasa Albert? Y no me digas que nada serio… de repente tu cara cambió nada más mencionaste al Dr.

Solo quiero asegurarme que Candy esté bien… hoy mismo la llevaré a chicago.

Pero Albert…

Primero es su salud Archie… necesito saber que está bien.

Entiendo.

En el privado.

¿Estás seguro Albert?

Si… ¿podrías acompañarnos?… como médico sabes lo que procede.

¿ha tenido dolores de cabeza?

No… pero si mareos y vómito… ella trata de ocultármelo – en su rostro había angustia.

¿Cuándo nos iríamos?

George ha comprado los boletos para hoy en la noche… entre más rápido lleguemos al hospital será mejor… no quisiera que la condición de Candy se agravara por no tomar una decisión a tiempo.

Bien… ¿te será posible que llames al hospital Santa Juana para que la reciban cuando llegue?

Ya lo ha hecho George… de verdad aprecio tu apoyo – ofreciéndole su mano.

Sabes bien que no me negaría… aprecio mucho a Candy – apretando su mano – y me da mucho gusto saber que en tus manos ella estará más que segura – había sinceridad en sus palabras.

Dentro de la recámara que fuera de sus padres Albert tomó una de las mancuernillas de oro que estaban encima del tocador… sabía cuan importantes eran y el significado que tenían, una lágrima rodó por su mejilla al recordarlo – la puerta se abrió y de reojo vió que George entraba y tratando de disimular secó su lagrimas.

Es de hombres llorar también William – carraspeó tratando de aclarar sus garganta – sé lo mucho que los añoras – caminó y poniéndose de frente a él puso sus manos sobre sus hombros – jamás volverás a estar solo… ha llegado a ti la oportunidad de formar tu propia familia hijo… no puedes imaginarte lo orgulloso y feliz que me hace saber que tú también lo serás.

Gracias George… gracias por todo – dándose un fuerte abrazo.

Se lo prometí a tus padres y a la Sra. Rosemary… y no descansaré hasta que lo logres… hice traer tu traje – señalando la cama.

Cuando lo vi… me hizo recordar la primera vez que vi a Candy… gracias George… está perfecto.

George terminó haciéndole el nudo de la corbata… pues por más que intentaba no lograba que ésta quedara perfecta.

¡Dios! No sé que me pasa – una de las mancuernillas no se abría.

Tranquilo William – quitándole el objeto de la mano y logrando abrocharla al puño de la camisa – listo ¿deseas un whisky? Es para calmar tus nervios.

Por favor… nunca pensé que me sentiría así.

Creo que en eso no sabría decirte… pues nunca he estado casado y desconozco esa sensación "antes de" – tomando de un solo sorbo el contenido de su copa.

¿Cuánto falta para que venga Candy y las chicas? – George le devolvió una sonrisa intuyendo los nervios de Albert.

Yo voy a ir a traerlas… falta menos de media hora… así que no te preocupes no es mucho el tiempo que se lleva llegar a la cabaña… ¿Por qué no bajamos y te unes a los invitados?

Creo que sería lo más sensato… Archie y Terry están más que dispuestos a hacer bromas a mi costa.

Por cierto William… se me olvido decirte que en la mayoría de todo esto el joven Grandchester tuvo mucho que ver para que se realizara tu boda.

¿de verdad?

No se te olvide agradecerle… hace algunos días me confió algunos de sus temores que tiene con respecto al hombre que violentó a la Srita. Leegan y hay algo que me hizo apoyarlo y acelerar todo.

¿Qué es?

La Srita Candy – Albert se inquietó al escucharlo – es por su protección muchacho… mientras ese hombre siga suelto no podemos bajar la guardia y desprotegerla… sabiendo que tú eres quien corre más o igual peligro que ella.

¿sabes como van las investigaciones?

No sabemos nada de él… su padre desconoce su paradero… me apenó mucho haber ido pero era necesario hacer un cerco de protección… pero confío en que pronto todo esto va a terminar… no quiero que te preocupes por nada… tú y Candy tendrán protección las 24 horas del día.

Gracias George.

Salgamos de aquí antes de que madame Elroy venga a traernos… dirígete al jardín y empieza a contar tengo que ir por una novia.

En la boda

Todo ha sido hermoso Albert… gracias – él solo sonrió.

No es a mi a quien debes agradecer Sra. Candice Andley – ella lo miro haciendo un puchero con la boca – ¿no te gusta lo de Sra. Andley? – Candy comenzó a jugar con las solapas del saco mirándolo de cuando en cuando a los ojos.

Sabes que si… pero es la primera vez que me dices Candice – su sonrisa se amplió en su rostro abrazándola un poco más mientras bailaban.

¿Qué te parece si vamos con Terry? – ella lo miró confundida – Terry es el autor intelectual de que nuestra boda se haya realizado… él y tía Elroy, y nada más por eso les debo mi felicidad – ella abría y cerraba la boca sorprendida.

¿de verdad? – el asintió mientras besaba la frente de su esposa

Si George me lo dijo mientras me peleaba con las mancuernillas.

¡es maravilloso! – sus ojos se humedecieron a causa de las lágrimas, no podía evitar sentirse emocionada – ¿te has dado cuenta de algo?

¿de que mi amor? – mientras le colocaba un mechón de su pelo atrás de la oreja.

Terry nos regaló la boda que siempre quisimos… siempre soñé que fuera así… con las personas que amamos, algo tan íntimo… nunca podré olvidar cada detalle de todo esto.

Ni yo amor… todo ha sido perfecto… ¿me acompañas a buscar a Terry? Sería imperdonable de mi parte no agradecerle que tú y yo estemos casados.

Claro que si – salieron de la pista tomados de la mano y deteniéndose con algunos invitados hasta que poco después pudieron dar con Terry, que se encontraba solo frente a la cabaña.

Pensé que la fiesta estaba en el jardín – le dijo Candy

Hola pecosa…

Terry… ¿podrías parar con eso?

Lo siento pecas… ven aquí… déjame abrasarte – volteó a ver a Albert - ¿puedo?

No podría negarle a mi mejor amigo que felicite a mi esposa que haya encontrado un buen marido – los tres se rieron con ganas – los dejo un momento para que platiquen – Candy y Terry asintieron.

Deseo que seas muy feliz Candy…

Gracias Terry… gracias por hacerme tan feliz – se abrasaron sabiendo que la historia de amor que alguna vez ilusionaron llegaba a su fin… la abrazó invirtiendo en ella su propia energía para que fuera feliz… sabiendo que jamás sería suya… que su corazón ya no le pertenecía, su cuerpo convulsionaba a causa de su llanto – no llores pecosa… de hoy en adelante tienes que ser feliz – se separó de ella acunando con sus manos el rostro de Candy – ¿me lo prometes? – ella asentía sin poder evitar que sus lágrimas mojaran sus mejillas – cálmate Sra. Pecas – ella le dio un ligero empujón y riéndose de sus palabras.

No… no tienes remedio… Terry… gracias por la boda… me haz regalado la boda que siempre soñé con Albert.

¿siempre?

Cuando él recobró la memoria… me abandonó creyendo que hacía lo mejor… y desde ese momento supe que estoy enamorada de Albert… lo estuve desde niña… pero fue apenas casi 3 años que reveló su identidad… cuando él me pidió ser su novia soñé tener una boda como ésta… gracias – abrazándolo de nuevo – Terry…

Dime

¿tratarás de buscar también tu felicidad?

Eso estoy intentando…

Dime que sientes por Patty

Solo sé… que me dueles menos y que con ella las posibilidades de que sea feliz por el momento son buenas… aunque cada día me la pone más difícil.

Terry… si de verdad te importa y quieres algo serio con ella no te desanimes… pero si no estás seguro de lo que sientes… no la ilusiones.

Ya no tengo 17 Candy… estoy muy lejos de ser esa persona que por mi egoísmo perdió lo que más amaba, y el haberte perdido me ha hecho valorar lo que deseo para mi vida.

Estoy segura que lo encontrarás.

Eso espero Candy… Vamos… allá está Albert deseando saber lo que estamos platicando – ofreciéndole su brazo… para cuando llegaron Terry tomó la mano de Candy para dársela a Albert – hazla feliz hermano… renuncié a ella sabiendo que jamás me amará como te ama a ti.

Lo haré Terry… gracias ha sido un excelente regalo lo que haz preparado para nosotros – Terry hizo un ademán restándole importancia

Bueno si algún día el negocio del teatro no funciona… creo que como organizador de bodas no me iría mal – los tres rieron – antes de que me retire ¿me permitirías bailar con la Sra. Pecas? – Candy le dio un codazo.

Cerca de las 8 de la noche Albert y Candy se retiraron de la fiesta, entre abrazos y algunas lágrimas se despidieron de su familia y amigos.

William… ¿me harás saber como se encuentra Candy cuando lleguen a Chicago?

Usted sabe que si tía… no pretendo ocultarle nada… antes de que lleguemos le haré saber a Candy el motivo por el cual nuestra luna de miel tiene que esperar?

Me quedo tranquila hijo… por favor cuídense… y cualquier cosa llama por favor – en ese momento se acercó Candy para darle un abrazo – hija – acunó su rostro entre sus manos – no te haz ido y ya te extraño.

¿está segura que no quiere venir con nosotros?

No hija… en unos días estaremos Dorothy y yo en Chicago… talvez nos encontremos.

Claro que si tía… gracias por todo – Albert la tomó con cariño por el codo avisándole que ya debían de marcharse.

En el vagón del tren Candy se acomodaba en uno de los lujosos camastros, sentía que todo su cuerpo le reclamaba un poco de descanso, los mareos no le daban tregua cuando en ese momento llegó Albert.

¿Cómo te sientes? – rosando su mejilla con sus dedos.

Rendida… pero muy feliz – regalándole una sonrisa.

Cariño…

¿Qué pasa Albert?

Amor… – le tomó una de sus manos para depositar un beso – cuando lleguemos a Chicago iremos directamente al hospital – se sentó de golpe con una mirada incrédula.

Pero…

Candy… se que no te sientes bien… amor mírame – tomando su rostro con sus manos – solo es para que te revisen amor… hoy casi te desvaneces en dos o tres ocasiones – Candy lo miraba molesta

¿Y lo decidiste sin consultarme?

Amor… es mi deber cuidar de ti… ¿si te lo hubiera propuesto habrías aceptado ir por voluntad?

No pero…

Ya esta decidido amor… Mikael pedirá que se te hagan los exámenes que necesites… Candy… te amo – ella lo miró fijamente a los ojos devolviéndole una sonrisa amplia.

Me gusta sentirme protegida por ti – le tomó una de sus grandes manos acariciando la palma – pero hay veces en el que siento que soy una carga.

Amor… jamás serás una carga para mi… eres lo que más amo en la vida y haría lo que fuera necesario para que estés bien.

¿me perdonas? – habían lágrimas en sus ojos, Albert la tomó en brazos y la sentó en sus piernas.

Dime amor… ¿Qué quieres que te perdone? – mirándola a los ojos, ella lo abrazó escondiendo su cara en el cuello de su esposo – no tengo nada que perdonarte cariño – la colocó en la cama y se acostó junto a ella abrazándola hasta que el sueño les llegó a ambos – te amo Candy.

En el hospital.

Sr. Sra. Andley les presento al Dr. Hans Berger… es nuestro médico especialista en todo lo que se refiere al cerebro humano… el Dr. Bínett nos ha hecho llegar el archivo el cual se lo hemos entregado al Dr. Berger… cualquier duda o pregunta él es el más indicado – llamó a una de las enfermeras – enfermera Hamilton acompañe a la Sra. Andley para que entre a consulta.

Dentro del consultorio y en compañía de Albert y el Dr. Bínett Candy fue auscultada minuciosamente, ella hacía todo lo que el médico le pedía.

Le voy a hacer algunas preguntas pero quiero que me las conteste con sinceridad pues de ello depende lo que procede hacer… bien aquí dice que el accidente fue hace aproximadamente un mes… Dr. Bínett ¿usted estuvo presente el día del accidente?

Si Dr ahí detallo todo el protocolo de primeros auxilios que se le aplicaron a la paciente, así como también los sucesos que se derivaron del accidente.

Bien – dirigiéndose a Candy – Sra. Andley ¿ha tenido usted dolores de cabeza, mareos, nauseas, sangrados?

Si… bueno solo mareos y nauseas – frotándose las manos.

Quiero que siga la punta de mi dedo – moviéndolo de izquierda a derecha y de arriba para abajo - ¿recuerda usted como fue el accidente? – ella negó con la cabeza – voy a revisarle la cabeza… si en algún momento siente dolor hágalo saber ¿de acuerdo?

Si doctor – el médico empezó a hacerle masajes en las sienes y de poco a poco se iba adentrando hasta cubrir toda su cabeza.

Bien… enfermera Hamilton lleve a la Sra. Andley al vestidor… caballeros acompáñenme a la oficina.

Dr… ¿es grave lo que tiene mi esposa?

De acuerdo a la revisión que se le hizo no… ella mantiene sus funciones cerebrales acorde a las peticiones que se le hacen, su conocimiento de espacio y tiempo así como lateralidad están en funciones óptimas – en ese momento llegó Candy y se sentó a lado de Albert tomándole la mano – hay una pequeña protuberancia subcutánea, que estoy seguro que se trata de un coágulo de sangre, no hay daño o fractura al cráneo y es muy posible que en el momento del impacto sobre el suelo usted se haya lastimado el hipocampo provocando la falta de memoria a corto plazo o lo que medicamente le llamamos amnesia anterógrada… ¿Cuántos años tiene usted Sra. Andley?

Voy a cumplir 18...

¿ha tenido usted algún problema de embarazo? – el rostro de Candy se enrojeció de la pena, Albert iba a contestar cuando Mikael lo tocó del hombro.

No doctor hace apenas 4 días nos casamos.

Vaya… felicidades… en ese caso ¿tienen algún inconveniente para que hoy se le haga una pequeña cirugía a la Sra. Andley? – Candy volteó asustada para ver a Albert.

Cariño… cálmate.

Me gusta ser directo con los procedimientos pero dada la ocasión permítanme explicarles… ¿me permite llamarla por su nombre? – Candy asintió – bien… soy muy optimista y suelo reconocer con exactitud cuando un paciente está en graves problemas y usted Candy tiene un golpe debajo de la piel que no representa ningún peligro… será una incisión ambulatoria pero si gusta puede quedar internada por el tiempo que usted guste, no se preocupe éste tipo de cirugías son más comunes de lo que usted cree… los avances de la ciencia nos favorecen Sra. Andley

¿puedo platicarlo con mi esposo?

Por supuesto… tómense su tiempo.

Para las 5 de la tarde de ese mismo día Candy fue intervenida

Todo salió bien sr. Andley… en una hora aproximadamente su esposa despertará y si gusta se la podrá llevar a casa.

Gracias Dr… ¿alguna recomendación?

Yo recomiendo que la deje al menos el día de hoy… es para descartar cualquier eventualidad… llámese fiebre o algún tipo de dolor… en casa no traten de forzarla para que recuerde… en éstos casos el tiempo y la paciencia serán sus mejores aliados… en cuanto a los mareos y nauseas no creo que vuelvan… aún así pasen al consultorio cuando se retiren para que les de medicamentos para contrarrestarlos…

Dos semanas después…

¡feliz cumpleaños a ti! – beso – ¡feliz cumpleaños a ti! – con cada estrofa Albert despertaba con besos a Candy y cuando logró su cometido besó sus párpados – feliz cumpleaños mi amor – Candy se estiraba como un gatito entre sus brazos.

Gracias mi amor… pero es muy temprano – abrazándolo por la cintura – aún no sale el sol…18 años – dijo suspirando

Y que sean muchos más mi amor… Candy… – ella levantó su cabeza para mirarlo – tenemos que ir con el Dr. Berger – ella se desplomó suavemente sobre su pecho.

¿tenemos que ir?... yo ya me siento perfectamente bien.

Lo sé mi vida… es solo rutina… hoy salimos a Nueva York

Por fin… se me hicieron tan largos los días… ya preparé todo… por si tenías alguna duda.

Tenemos que levantarnos… tía Elroy nos espera para el desayuno – la levantó entre sus brazos besándole la boca, Candy se removió quedando de pie sobre el piso.

Si… pero primero tenemos que bañarnos ¿me acompañas? – le dijo de manera sugestiva,

Pensé que no me invitarías.

Ambos iban caminado tomados de la mano hasta que llegaron a un pequeño parque.

¿eres feliz conmigo?

¿Por qué lo preguntas?

Solo quiero saberlo.

Sabiéndote a mi lado… si… siempre – le tomó de las mejillas para besarle los labios dando un suspiro profundo… no muy lejos de ahí alguien los observaba – ¿a que hora debemos tomar el tren?

A las tres… tía Elroy nos estará esperando en la estación para despedirnos – sintió un cosquilleo en la nuca y disimuladamente volteó, estaba seguro que alguien los perseguía.

Pero Albert… tengo que cambiarme de ropa.

¿Por qué mejor no me acompañas a comer? Muero de hambre – tratando de controlarse.

Si pero tía Elroy nos retará.

No tiene por que hacerlo… ahora somos tú y yo ¿sabes? Quiero una vida como la que teníamos en el magnolia… jamás nos preocupábamos por las cosas que hacíamos… ni como vestíamos… he decidido cederle temporalmente la gerencia a Archie…

¿estás seguro?

Nunca me he sentido más seguro como ahora… y sabiéndote sana – dándole un beso en los labios mientras caminaban – quiero que seamos tú y yo Candy… cuando vivíamos en el magnolia… fue cuando más feliz me sentía – se pararon en la acera y tomándole el rostro con sus manos y viéndola a los ojos.

Albert… tengo hambre – interrumpió a Albert haciendo que éste se riera a carcajadas.

Es lo mismo que te iba a decir… aún tenemos tiempo Sra. Andley… creo que no debí haberte permitido convivir tanto tiempo con tía Elroy – mientras sonreía.

¿Por qué dices eso?

Es que ahora eres… muy formal

Es lo que tía Elroy espera de mí – agachando la mirada.

Precisamente mi amor – llegaron a un pequeño restaurante y guiados por un mesero se sentaron en una esquina donde pudieran tener un poco más de intimidad.

¿Qué van a ordenar señor Andley? – pasándole la carta.

¿se te antoja algo en especial mi amor? – acercándose un poco más a ella… Candy se sonrojó al escucharlo, mientras el mesero esperaba.

Una pasta… tiene años que no pruebo una – le dijo al oído.

Ok… una pasta para mi esposa – mientras leía – y para mi un corte de carne termino medio con verduras y una botella de vino tinto.

Joven… ¿la salsa marinara me la puede traer aparte por favor?

Por supuesto señora ¿algún aperitivo?

El que tengan a la carta por favor.

Ambos se tomaron el tiempo para comer con tranquilidad, de cuando en cuando Candy le daba de su pasta en la boca a Albert y él más que complacido lo recibía.

Todo estuvo delicioso ¿y si caminamos un rato?

No mi amor… tenemos el tiempo justo para llegar a la estación – mientras miraba de un lado a otro

Albert… ni siquiera tenemos que hacer fila para entrar al vagón – sin darse cuenta de la reacción su esposo.

Tía Elroy estará esperándonos…

Cuando entraron al vagón habían jarrones con dulce Candy y eso le emocionó a ella.

Están preciosas Albert - abrazándolo por el cuello.

Al fin solos y oficialmente de luna de miel – le beso los labios con ternura aumentando la intensidad de éstos – te amo Candy – cuando dos toques a la puerta los hicieron separarse – adelante.

Servicio a vagón señor – cuando se fue el joven ambos se doblaron de la risa.

Me parece sr. Andley… que aquí tampoco tendremos intimidad – él levantó las cejas y agachó los hombros con resignación – poniéndole seguro a la puerta.

Ven – la tomó de la mano.

¿A dónde vamos?

Ya lo verás

Cuando salieron del vagón principal llegaron a otro más pequeño pero acondicionado como terraza – ¿te gusta? – los ojos de Candy miraban con asombro toda la preciosidad que tenían alrededor – tiene todos los servicios, mira la tina… así no tendremos que esperar a llegar a otra estación

¡está hermoso Albert! Siempre piensas en todo… pero…

Tú eres la razón mi amor… Lo compré para ambos… ven sentémonos aquí mientras miramos el cielo – él sentado en el camastro y ella sobre sus piernas recostada en su pecho acariciándolo con ternura – ¿en que nos quedamos Sra. Andley? – ella levantó la cabeza y acercándose a él le beso sus labios – él la tomó de la cintura y levantándole la falda la sentó a horcajadas sobre sus caderas, ella un poco cohibida se dejó llevar, sentía que su cuerpo se derretía, sus pequeñas manos temblorosas le tomaban el rostro besando con hambre sus labios carnosos.

Albert – lo llamaba apenas con aliento.

Mmmm – besaba su cuello

Al… alguien puede venir – enderezándose sobre él.

No amor… cerré con seguro la puerta – ella le rodeo el cuello con sus brazos y el acariciaba sus nalgas - ¡Dios mío Candy! ¡te deseo tanto! Déjame probarte una vez más… quiero hacerte el amor… pero no aquí mi cielo – con paciencia y entre risas ambos se quitaban la ropa, el buscó con sus labios los generosos pechos de ella, con cuidado la recostó en el camastro besando cada centímetro de su piel – te amo Candy – le decía con voz ahogada por el deseo. Ella arqueaba su espalda ante las sensaciones que su cuerpo le proporcionaba, sentir sus manos grandes acariciando su talle la hacían estremecerse, sentía que su vientre dominaba sus pensamientos, quería sentirlo… su cuerpo lo reclamaba… su cuerpo se doblegaba a la entrega, la voz de él la sentía como una melodía que la invitaba a no dar marcha atrás, su lengua dibujaba surcos marcando como suyo cada milímetro de piel, sentir su boca en sus pezones le daba el mayor de los placeres y ella moldeándose a su reclamo amoroso se dejaba enseñar, le tomo sus muñecas con una sola mano mientras subía por su cuello mordiendo suavemente el lóbulo de sus orejas y él embriagado en la suave textura de su piel blanca la besaba y acariciaba con infinita pasión y ternura al mismo tiempo, los gemidos de ella se incrementaban conforme el avanzaba hacia el sur de su anatomía sus pequeñas manos tomaban el cabello de él haciendo presión en su agarre, sentía que cada beso que le daba era un paso a una cúspide desconocida donde no había un paracaídas que le permitiera amortiguar toda la pasión que estaba acumulando, y como en otras veces aferrarse a una parte de él le permitía dar a mismas proporciones las atenciones que a ella de daba, besaba su vientre masajeando con suavidad sus pezones erectos.

¡Dios mío Albert!.

Te amo Candy… eres mía – mientras se abría paso en sus labios buscando el punto exacto para excitarla, el cuerpo de ella se arqueaba dándole a él el mejor de los espectáculos, la piel de ambos transpiraba entre ese ambiente de pasión que se estaban regalando, veía como Candy se mordía el labio inferior mientras el trataba de alargar el momento de llevarla a la cumbre y bajar juntos a la quietud de su amor, sintió que las piernas de su pequeña aprisionaban su cabeza mientras él chupaba y succionaba con su lengua el clítoris.

¡Albert! – sintió como una marea tibia se liberaba de su vagina, mientras el bebía con ímpetu su néctar… cuando sintió que el cuerpo de ella se relajaba, subió a su labios besándolos con hambre compartiendo así su esencia… ambos quedaron abrazados en el pequeño camastro regalándole a sus ojos el panorama de un cielo claro bajo ese techo de grueso cristal.

¿te gustó? – le preguntaba Albert acariciando su espalda.

Como si fuera la primera vez – él se paró y tomándola entre sus brazos la llevó a la tina metiéndose ambos - ¿Cómo lo hiciste?

¿Qué cosa amor?

Esto – señalando el vagón.

Era parte de un proyecto que rondó por mi cabeza por mucho tiempo… pero viéndolo bien… me permitiré solo compartirlo contigo… somos unos pasajeros más en éste tren… pero con la ventaja de que éstos dos vagones son exclusivamente nuestros – la acercó un poco más a su cuerpo rodeándola con sus brazos – no hay nada imposible que no pueda darte – ella se volteó para mirarle a los ojos besando sus labios.

Solo te quiero a ti…

Llegaron a la mansión con la alegría de saberse solos… los recibieron algunos miembros del personal doméstico.

señor… todo está dispuesto como usted lo ordenó – le dijo Alfred el mayordomo.

Gracias… solo estaremos unos cuantos días.

¿necesita algo más señor?

Solo lleven el equipaje a nuestra recámara.

Compermiso señor – haciéndole señas a Margareth y a Alice para que se retiraran.

Bienvenida a tu casa mi amor –levantándola en brazos, ambos se miraron a los ojos – hay que seguir la tradición – mientras la besaba de los labios.

Traspasaron la puerta de la entrada bajándola de sus brazos

¿tienes hambre?

No – mientras se abrazaba a él sonriendo.

Bien… entonces dime que quieres que hagamos… desde hoy estoy a tu disposición – ella levantó la cabeza

Tengo sueño… ¿te molestaría si duermo un rato?

¡por supuesto que no mi amor! ¿Por qué pensaste que me molestaría?

No sé… talvez tienes planes.

Tus planes son los míos cariño.

Cerca de las 7 de la noche Candy despertó y se dio cuenta que no se había quitado el vestido, se levantó de la cama y se percató que toda su ropa estaba doblada impecablemente en el closet, cuando sintió que Albert la abrazaba por atrás provocando que ella brincara del susto.

¡Cielo santo amor! Me asustaste – dibujando una sonrisa en su rostro mientras el besaba su cuello – creo que tardé horas dormida… ¿tenemos tiempo para bajar a cenar? – el seguía besándola

He pedido que nos suban la cena.

En ese caso tomaré un baño caliente – se volteó quedando de frente a su esposo – ¿me acompañas?

Soy todo tuyo amor – la abrazó de la cintura aprisionándola contra su pecho buscando besar sus labios rojos – te amo Candy – sus grandes manos se hacían camino con quietud quitando cada prenda haciendo que Candy tuviera escalofríos recorriéndole la espalda, ambos comenzaron su propia danza quitándose la ropa hasta que quedaron desnudos, la levantó en brazos y regalándose besos entraron al baño, todo en la mansión era de grandes dimensiones y hasta ese momento Candy se dio cuenta del tamaño de esa habitación, la sentó en un love seat mientras el llenaba la tina.

¿te ayudo? – preguntó muy sugerente acercándose a él besando su espalda.

No… pero ya que estás aquí entremos en lo que se llena la tina – ambos lavaron sus cuerpos con delicadeza lavó su cascada de oro tomando cada hebra y llevarlo a sus labios – eres muy bella Candy – él no dejaba de besar y admirar la figura de su esposa, besaba y bebía de la blancura de sus pechos – Candy…

Mmmm – ella a horcajadas sobre las piernas de Albert.

Quiero hacerte el amor…

¿Qué te lo impide esposo mío?

Pienso en que podría lastimarte – ella pasó sus manos abrazándolo por el cuello.

Tía Elroy se encargo de ilustrarme – besando sus labios, abrió su boca para recibir la lengua de Albert confrontándolo a un encuentro erótico que hizo que ambos se gimieran de placer.

¿tienes hambre? – tomando su rostro entre sus manos

Si…de ti – provocando que su rubor se quedara en sus mejillas.

Él se levantó primero ofreciéndole un espectáculo a su esposa de su generoso trasero, tomó una toalla y se la envolvió en la cadera regresando a ella con una bata y una toalla.

Ven… quiero consentirte – secó su cabello frotando suavemente, lo mismo hizo con su cuerpo secando con vehemencia la humedad que aún tenía, reverenciando cada centímetro de piel, la llevó en brazos a la recámara y la colocó en la cama, ambos tenían la mirada fija en el otro, se separó de ella para cerrar la puerta y cuando regresó la piel blanca de Candy le regalaba destellos dorados a causa del fuego de la chimenea – jamás mi hermana – besando sus labios.

Siempre mi amante – la puso de pie para quitarle la bata y la toalla.

El amor de mi vida – besó sus labios con ansiedad pidiéndolo todo acariciando su espalda, la tomó de las nalgas para cargarla haciendo que sus piernas lo abrazaran por la cadera, se sentó en la cama, ella sentía la erección de él rosando su vagina y se movía provocando que su cuerpo respondiera a esa caricia, sentía que su vientre se convulsionaba haciendo que ella moviera sus caderas, él la recostó sobre el colchón y tomando sus labios le acariciaba el cuerpo con sus manos, aventurándose a llegar hasta su vagina y pudo comprobar que estaba más que lista para hacerse uno – te amo Candy – instintivamente al encontrarse bajo el cuerpo de Albert ella abrió las piernas – Dios mío Candy – tomó su pene guiándolo a la abertura frotando suavemente su clítoris – ella estaba extasiada bajo ese cúmulo de sensaciones – mírame cielo – sus grandes y hermosos ojos estaban oscurecidos por la pasión, su pene se adentró abriéndose camino entre la suavidad de la vagina, el la tomó del rostro apoyando su codo sobre la cama – te amo Candy… perdóname si te lastimo – poco a poco invadía ese territorio desconocido para él, su pene inhiesto conquistaba lo que por amor le correspondía, los gemidos de ella se acompasaban a la penetración, se irguió para verla desde su atura apoyando sus manos a cada lado y cuando sintió que el cuerpo de Candy se tensaba de una sola estocada entró provocando que ella gritara de dolor… a besos se bebió sus gritos manteniéndose quieto sobre su hermoso cuerpo – no te muevas mi vida… deja que tu cuerpo se acostumbre al mi – las lágrimas en sus ojos le tocaron lo más sensible de su corazón limpiándolos a besos, cuando él sintió que Candy se relajaba retomó su ritmo para entrar y salir de ella, en cada embestida sentía que se le iba el aliento y la vida… ya no era dolor, era una pasión desbordándose de dos cuerpos que se entregaban con el más puro amor que alguien pudiera recibir, los gritos de Candy lo animaban a hacer más constantes sus movimientos acompañándola hasta el orgasmo desplomándose sobre el cuerpo de su esposa, cuando se iba a hacer a un lado Candy lo retuvo abrazada a él.

No… quédate así como estás – besándole el hombro.

¿te lastimé? – saliendo con mucho cuidado de ella.

Un poco – alzando los hombros – supongo que así tenía que ser – acercando su rostro para besarle los labios – me ha gustado – logrando que él sonriera desvaneciendo la culpa que sentía, poco a poco se fue separando de ella hasta que logró levantarse y dirigirse al baño, Candy desde donde estaba escuchó el agua del grifo y al sentarse se dio cuenta que las sábanas blancas estaban manchadas de su sangre, por un momento el pánico se hizo de ella y sin darse cuenta Albert estaba a su lado.

¿Qué pasa amor? – ella se estremeció cuando escuchó su voz – Candy esa sangre prueba que soy el primero y seré el último en nuestras vidas… ven – cargándola en sus brazos – he preparado la tina… es necesario que te laves – su rostro adquirió un color casi escarlata – estás conmigo Candy… no sientas vergüenza porque ahora nos pertenecemos… te amo mi cielo – ambos desnudos se metieron a la tina y con una infinita ternura el le ayudó a lavarse.

Albert…

Dime amor – mientras le enjuagaba el cabello.

¿tenemos que hacerlo otra vez?

No amor… al menos no ésta noche… estas muy sensible.

Gracias – le dijo abrazándolo y recargando su cabeza en su hombro – tengo hambre – él la apretó contra su pecho ahogando una carcajada en su cuello.

Bien entonces salgamos.

Nooo…. Aún quiero seguir aquí – haciéndole un puchero amaba sus gestos, amaba todo de ella regresó y la sacó a regañadientes de la tina.

Mañana podrás disponer de la tina el tiempo que desees amor – secándole el cuerpo

Mientras sea contigo me harás muy feliz.

Que así sea entonces – besándole sus labios aún hinchados.

Cuando entraron de nueva cuenta a la recamara las sabanas fueron reemplazadas por otras.

Albert… ¿Quién…?

La servidumbre amor… te dije que nos traerían la cena.

Dios mío… que pena.

No te preocupes amor – la tomó de la mano y ya que terminaron de cenar durmieron juntos abrazados hasta que el sol de un nuevo día los alcanzó otra vez.

Hola chic s les dejo un nuevo capítulo espero lo disfruten… ¿Cómo la están pasando en ésta cuarentena? Espero que bien.

GRACIAS por acompañarme y hacer favorita ésta historia

Guets 1

Guets 2

Elbroche

Hellen

Kecs

Marysolcha

Guets 3