Todos los créditos a sus autoras y creadoras de los personajes de Candy Candy a Misuki e Igarachi.

CON TODA EL ALAMA

Capítulo 25

RUMBO A LO DESCONOCIDO

Aún estaba oscuro cuando se vió aprisionada en el calor de sus brazos sintiendo la dureza de su erección rozándole las nalgas, se dio la vuelta para besar su mejilla, Albert reaccionó a la dulzura de esos labios en medio del duermevela que lo tuvo alerta casi toda la noche… pensar en ese hombre le estaba provocando una incomodidad y un sublime deseo de proteger a Candy, la pegó más a su cuerpo buscando con ansias sus labios, besándolos y saboreándolos como si fuera la primera vez, Candy se acomodó sobre él a horcajadas tomando su rostro sin dejar de besarlo… sus rizos les cubrían el rostro a ambos como una cortina de oro, él acariciaba sus nalgas estrujándolos de cuando en cuando subiendo sus manos por su estrecha cintura haciéndose camino a sus pechos, ambos se incorporaron y sentado como estaba le quitó el camisón de seda por la cabeza, atrayéndola más hacia él en un abrazo.

Candy… cielo…

Déjame hacerte el amor – le dijo con la voz ahogada por la pasión colocando sus pequeñas manos en los hombros empujándolo sobre la almohada… él la dejó tomar control sobre su cuerpo sin dejar de acariciar sus senos.

Dios mío Candy… me gustas – tomando su pene con una mano lo centro en su cavidad sintiendo la suave y resbalosa consistencia de su humedad… poco a poco Candy bajaba sus caderas sobre la virilidad de su marido, sentía la dura intromisión abriéndose paso por su vagina y entre más bajaba su cuerpo respondía de manera natural a desearlo y tenerlo dentro de ella, cuando logró llegar a la base del pene se inclinó hacia atrás colocando sus pequeñas manos sobre los muslos de él y marcando su propio paso y ritmo movía las caderas… Albert estaba extasiado y adolorido por partes iguales, quería poder acelerar el ritmo pero también pensaba en el deseo de su esposa, acariciaba y presionaba sus pezones y cuando sintió que Candy incrementaba sus movimientos la tomó en un abrazo de la cintura y con la otra mano atrajo su cabeza por la nuca besándole los labios, Candy se dejó guiar y bajo aquella intromisión de lujuria y amor aceleró sus embestidas con fuerza y pasión sin soltar a Candy… sus gemidos le permitían a sus sentidos mantenerse a ese ritmo, sabía que la estaba llevando al límite del deseo, ella se aferraba a sus hombros tratando de separarse de él… pero no la dejaba, Albert era quien tenía el control ahora, le besaba del cuello dedicándole palabras que enardecieran más su deseo, él sentía que los músculos vaginales de Candy apretaban su pene en un indicativo que ambos ya estaban en la cima de la pasión y en una fuerte embestida él dejó salir todo su ser en ella, las caderas y piernas de Candy temblaban sin control como una prueba de la culminación de sus propio deseo satisfecho.

Aaaaah… aaaaah – desmadejándose sobre el pecho de su esposo aún con él dentro de su vagina, Albert la dejó estar sobre él un momento más dejando que sus corazones volvieran a su ritmo… y en ese momento llegó un pensamiento a él haciéndolo sentirse miserable.

Amor… Candy – ella no respondía y abrazándola más a él sintió su respiración – Candy…

Mmm – ella estaba sumamente agotada, con pesar salió de ella colocándola a un costado de él, observó su rostro ruborizado y con gotas de sudor resbalando por sus sienes – te amo Albert – fue lo que él obtuvo como respuesta y con inmensa ternura la atrajo más hacia él besando su frente dejándose llevar junto con ella a los brazos del dios del sueño.

Fue hasta casi el medio día cuando él se despertó ella estaba acurrucada abrazada a él, y sentirla de esa manera hacía que su corazón se sintiera pleno de felicidad, a regañadientes la separó con ternura arropándola con sumo cuidado, se dirigió al baño y después de asearse bajó a la biblioteca no sin antes pedirle a Margareth que no molestaran a su esposa… ella asintió devolviéndole una sonrisa comprendiendo el porque de su petición.

Joven… ¿desea que se le lleve el desayuno a la biblioteca?

No… solo tráeme un café… esperaré a desayunar con Candy.

No tuvo que esperar demasiado, hora y media después Candy se encontraba tocando la puerta de la biblioteca.

Adelante – levantó la vista para ver quien entraba, la estancia y su vista se iluminaron al verla caminar hacia él – mi amor buenos días – se levantó para recibirla con los brazos abiertos - ¿como amaneciste? – ella dibujó una sonrisa amplia haciendo que sus mejillas enrojecieran.

Ya es más de la 1… así que ya es tarde – besándole los labios – te lo diré en éste orden – mirándole a los ojos – feliz… adolorida… satisfecha y agotada – besando sus labios por cada palabra que pronunciaba.

Siento haber sido demasiado… – no encontraba la palabra para describir lo que sintió al hacerle el amor.

Sea lo que sea… conocí el cielo contigo – tomo su rostro y parándose de puntitas beso de nueva cuenta sus labios – te amo Albert ¿ya desayunaste?

No… esperaba por ti – le tomó de las manos besándole los nudillos – en realidad ya no me veo haciéndolo solo… quiero estar junto a ti en cada momento de nuestras vidas.

Que así sea mi amor – ambos salieron tomados de la mano dirigiéndose al comedor.

Ya en la mesa ambos disfrutaban del desayuno bebiéndose en sus miradas y unos cuantos roces de sus manos.

Albert… ¿tienes planes para hoy?

Mi tiempo, mi voluntad están a tu disposición amor ¿Qué deseas hacer mi vida? – ella le sonrió y lo miró con ternura.

Vi que hay un lago atrás… podríamos ir ¿no crees?

Por supuesto que si Candy… ¿pero no prefieres que salgamos a pasear o ir al teatro? – ella sacudió la cabeza negativamente.

Quiero estar todo el tiempo que me sea posible junto a ti… pero antes quiero platicar con Margareth – él la miró extrañado – quiero agradecerle sus atenciones que tuvo cuando estuvimos en la cabaña.

Ya se las di por ti amor.

Pero no es lo mismo – dedicándole una sonrisa.

Como desees amor… no has tocado la comida, creí que tenías hambre.

Si… si la tengo pero me distraigo mucho si platico – sacudiendo ligeramente sus hombros conteniendo la risa.

En ese caso amor… come ¿estás segura querer ir al lago caminando? – se levantó y doblando una de sus rodillas se acercó a ella acariciándole sus mejillas – siento que fui demasiado rudo contigo hoy – agachó la cabeza - ¿te lastimé? – ella le levantó el rostro besando sus labios.

No Albert… no me lastimaste… Es solo que ¿Por qué no platicamos más al rato? – de repente se sintió acalorada, él solo sonrió.

Será como digas amor

Antes de salir de la casa Albert le pidió a Thomas que los fuera a traer antes de las 6… estarían cerca del lago.

¿lista amor? – pasándole sobre sus hombres una capa de lana – hace un poco de frío amor – ella se dejó consentir, como en todas las propiedades Andley ésta contaba con grandes extensiones de terrenos y bosques, tomados de la mano iban caminando admirando cada rincón de la propiedad.

¿Por qué no vamos bajo aquel árbol? – caminaron hasta llegar al sitio ella se sentó entre sus piernas mientras él apoyaba su espalda en el tronco del árbol cubriendo con sus brazos el cuerpo de su esposa.

Candy…

Mmmm

Quisiera preguntarte algo pero quiero que seas sincera con tu respuesta – ella se volteó mirándole a los ojos con el ceño fruncido.

¿Qué pasa Albert?

Es sobre tu salud – ella cruzó sus piernas para poder verle a la cara mientras platicaban apoyando su cabeza en su hombro

Dime…

¿haz sentido dolores en tu pecho?

Mmm no… cariño… estoy bien… me siento perfectamente bien ¿Por qué lo preguntas?

Hoy en la madrugada cuando terminamos de hacer el amor… te hablé y no me contestaste… Candy sé lo delicada que estuviste – ella lo interrumpió con un beso.

Estuve amor… pero me siento muy bien… no voy a negar que me hiciste el amor de esa manera…

¿Cómo?

Pues así… como lo hicimos – sus mejillas se tornaron rojas – sentía que me desintegraba en tus manos… pero tampoco quería que dejaras de hacerlo… porque una parte de mi estaba atada a ti… era como si volvieras a armarme y me dejabas mejor que antes de que lo hiciéramos… no sé si todos los cuerpos reaccionan de esa manera pero – le acarició la mejilla – contigo es… es así… mi amor – se hincó frente a él – después de lo que pasó en Lakewood… no quiero desperdiciar ningún segundo, disfruté y me hiciste feliz anoche… y lo de hoy para mi es tan inexplicable que deseo que se repita… porque tú me haces sentir así – le tomó el rostro con ambas manos y lo besó con pasión… pasión que el devolvió apretándola a su cuerpo.

Dios mío Candy… te amo tanto.

Y yo a ti mi amor… quiero amarte en todas formas posibles, porque aún con todo lo que siento por ti… siento que no me alcanza.

Mi amor – abrazándose a ella… aferrándose a su cuerpo – nunca me imagine que el amor que siento por ti sería una realidad… y escucharte – su voz se quebró al mismo tiempo que unas lágrimas resbalaban por sus mejillas, Candy las bebió con sus labios hasta llegar a los de él, se besaron con hambre, con pasión y con mucha ternura al mismo tiempo – Candy… te deseo tanto – ella se levantó el vestido tomando la mano de él y posándola en su sexo húmedo – no puedo más amor – se levantó y tomó la manta extendiéndola sobre el césped y fue por ella… no les importó el frío que hacía, el fuego que había en ellos era suficiente para calentarlos la colocó de espaldas inmovilizando sus manos sobre su cabeza, haciéndole el amor con besos descubriendo sus senos, su cuerpo temblaba debajo de él, lo necesitaba con urgencia… se necesitaban a tal grado de no importarles el lugar donde se encontraban.

Albert, por favor – él se deshizo del cinturón y sacando su pene erecto se hundió en ella, Candy se abrazó a él por el cuello gimiendo en su oído, sus penetraciones rápidas y profundas la hacían aferrarse más a él y cuando llegaron a su cúspide el pene de Albert se sacudió con fuerza liberando su esencia, ambos se quedaron quietos abrazados hasta que el frío de la tarde los hizo consientes del lugar en el que estaban, él se apoyó sobre sus brazos besando los labios hinchados de su esposa, sacándose un pañuelo de su saco, con cuidado se apartó de ella para para secarle su simiente, el vió que aún le temblaban las piernas y la cargó entre sus brazos sentándose una vez más apoyándose del tronco del árbol que como único y mudo testigo de su entrega los cobijó.

Te amo esposa mía… soy tan afortunado de tenerte en mi vida – acunándola entre sus brazos, ella solo embozó una tímida sonrisa mientras se arreglaba el vestido.

¿regresamos?

Podemos esperar a Thomas si quieres – besando la punta de su nariz.

No… me gusta caminar.

Tu gentileza… exige obediencia mi amor.

No más de lo que tú eres y significas para mí amor – se levantaron y caminaron por la orilla del lago por un largo rato mientras construían sueños y deseos.

LAKEWOOD

Sarah Leegan fue separada de su hija, la joven iba llorando durante todo el trayecto, y el hombre que la acompañaba en el auto solo la observaba.

¿Qué me miras idiota?

Pudo haber sido peor su castigo Elizabeth.

¡pero que igualado es usted! Para usted o para cualquiera son la Srita Eliza… no se tome atribuciones que no le corresponden.

Permítame dudar su estatus Elizabeth… porque desde el momento en que la entregaron en mis manos usted dejó de tener privilegios… cuando lleguemos a México usted será una más de las personas que sirven en la hacienda de la familia Andley… dígame Elizabeth ¿Qué sabe hacer? – ella lo miró con furia, sus lágrimas no dejaban de abrirse paso por sus mejillas, volteó su rostro y durante el largo camino lo ignoró hasta que se hizo de noche.

¿Por qué se detiene?

Tenemos que descansar… aún nos espera un largo camino, mañana al medio día llegaremos a un pueblo… puede bajarse si gusta – ella lo miró sorprendida – es para que haga sus necesidades.

¡que! ¿pretende que yo me levante la falda en medio de la nada para hacer mis necesidades?

Como le dije Elizabeth… no hay privilegios… Roy – llamó a uno de los hombres que iba con ellos – acompáñala y si trata de huir dispárale en una pierna.

Srita…

No gracias… me quedaré dentro del auto – en silencio y en medio de la quietud de esa noche lloró como nunca lo había hecho… recordó el motivo por el cual estaba en ese lugar y su corazón se llenó de odio, apenas pudo conciliar el sueño cuando ya se encontraban de nuevo sentada junto a su acompañante rumbo a un lugar que solo Dios sabía donde se encontraba… quince largos días tardaron para llegar a su destino, ella se sentía sucia, no estaba acostumbrada a estar con la misma ropa en un solo día, sentía que toda ella apestaba y viajar con tres desconocidos no se la ponían fácil.

Hemos llegado – bajó del auto para estirar sus piernas cuando una mujer robusta y de rostro serio los recibió.

James… esperábamos por ti la próxima semana.

Buenos días Bertha… lo sé pero me urgía ya llegar – volteó hacia el carro – baje y tome sus cosas.

Pe… pero ¿nadie me ayudará? – el hombre se carcajeó en su cara.

No vino usted de paseo Elizabeth… Bertha… llévala al ala de los sirvientes… hoy descansará y mañana a las 5 de la mañana la espero en la entrada – la mujer lo miró con dudas – la Sra. Elroy la manda como parte de la servidumbre.

Durante la cena una voz estridente los interrumpió, James se levantó para ver de que se trataba.

¿Que pasa aquí?

Disculpe joven James estoy tratando de llevar a ésta salvaje al patio…

¿salvaje? – de una fuerte cachetada hizo que el jovencito se tambaleara.

Mira chamaca estúpida – tomándola con fuerza del brazo – no estás en la mejor posición de exigir nada.

¡soy una Andley! – tratando de zafarse.

Me importa un rábano quien seas… a partir de mañana serás parte de la servidumbre – la llevó hasta un tronco donde se sentó y se la puso en las piernas levantándole las faldas - ¡Manuel! Pásame el cuero.

¿Qué me va hacer? ¡suélteme! Cuando lo sepa mi familia le va a ir muy mal – retorciendo su cuerpo

Déjeme que lo dude – le dio 5 azotes y en cada uno le recordaba las reglas de la hacienda.

¡Maldito animal! ¡es usted una bestia!

Espero que le haya quedado claro… en caso contrario avíseme y se lo recordaré de nuevo – en ese momento se juró así misma y en silencio salir de ese lugar a como diera lugar

La suerte de Sarah no era muy diferente uno de los gendarmes la acompañaban a su destino, y por mucho que rogó y lloró no logró mantener a Eliza a su lado y eso le dolía más… le dolía todo… pero sobre todo su corazón y muy dentro de ella se prometió que terminaría lo que debió haber hecho hace muchos años, para cuando llegaron al convento una mujer que vestía con hábitos de religiosa la recibió tomándola del brazo toscamente. La persona que la llevó, le entregó en sus manos un sobre.

¿Por cuánto tiempo la tendremos? – preguntó la religiosa.

Eso es lo que menos debería de preocuparla madre… tengo entendido que éste lugar – recorriéndolo con la mirada – alberga a personas en situaciones difíciles… por así decirlo.

Creí haberles dicho claramente que éste recinto solo recibe jovencitas.

Estoy seguro que de algo le va a servir madre… me retiro – cuando las puertas del edificio se cerraron la religiosa curvó una sonrisa.

Nos volvemos a ver Sarah – ambas se apretaron las manos con disimulo.

Hola chicas BUENAS TARDES espero disfruten de éste nuevo capítulo… GRACIAS una vez más por sus comentarios y acompañarme en ésta aventura.

Kecs

Marysolcha

Elbroche

Sandra Carreo

Hellen a

Guets

Claudia.

Nos leemos hasta la próxima si Dios lo permite.