Los personajes de Candy Candy le pertenecen a sus creadoras y autoras Misuki e Igarachi.
CON TODA EL ALMA
Capítulo 27
LUCES EN CAMINO
Con lágrimas en sus ojos mojando sus mejillas lavaba una pila de platos… en su vida jamás había hecho algo semejante, los demás sirvientes la miraban con curiosidad y si había algo que la enardecía era sentirse observada, ya no vestía aquellos elegantes vestidos que la hacían verse como una reina, ni perfumaba su piel con finas fragancias, su cabello ahora deslucido y en una sola trenza común la hacían sentirse ordinaria, pasaron cuatro escasos meses desde que Robert la violara y cada noche sentía un miedo inmenso de dormir, en otras circunstancias el haberlo disfrutado la haría sentir dichosa… pero no así… ahora todo lo que pensaba se lo callaba.
¡apúrate muchacha! Al paso que vas no terminarás hasta que se sirva la comida – Eliza solo asentía y aligeraba sus movimientos – terminando con los trastes ayudarás a Juana a desplumar las gallinas.
¿Cómo? Pero yo… yo nunca…
Tu no serás la primera muchacha… yo tampoco sabía hasta que mi madre me enseñó – se lo dijo con una sonrisa - ¿Qué? ¿acaso las muchachas de sociedad no hacen nada? ¡valientes holgazanas son ustedes!.
Momentos después se fue caminando a los gallineros… en todo momento y desde que amanecía había alguien vigilándola, volteaba su cabeza de un lado para otro buscando a Juana, llegó hasta ella y la mujer solo le señaló lo que debía hacer, Eliza en su ignorancia comenzó a desplumar cuando sintió que le daban un golpe en la cabeza… volteó a ver y era Juana quien se lo había dado.
¿por que…?
¡eres una estúpida inútil! – le quitó la gallina de las manos y la sumergió en agua caliente y con rapidez la desplumaba, agarró el animal y se lo aventó en la cara, sentía como el agua caliente le quemaba sus mejillas le escocía de ardor – apúrate que es para hoy – ella se la quedaba mirando sin comprender lo que decía hasta que se acercó el Sr. García.
Tienes que hacerlo rápido antes de que se enfríe el animal… Juana no es una persona paciente… ni yo tampoco.
Por favor… no quiero hacer esto – lo decía con lágrimas en los ojos.
Hazlo… que después tendrás que destazarlos – nada la había preparado para una experiencia como esa, sentía que su estómago se revolvía nada más de imaginar lo que haría y sin poder evitarlo comenzó a vomitar, pero lo hizo sobre las botas del hombre que tenía enfrente - ¡mira lo que haz hecho estúpida! – la tomó de la trenza propinándole una fuerte cachetada que la hizo caer sobre el suelo tragando polvo – ¡levántate y termina de hacer lo que te corresponde! – Eliza no paraba de llorar y como pudo terminó de desplumar las gallinas.
Lleva esto al lavadero chamaca – Eliza tomó la palangana con pollos y cuando iba caminando sentía que el suelo se le movía tirando por el camino los animales ya pelados… Juana se dio cuenta y cuando llegó a ella con intención de golpearla Eliza cayó al suelo desmayada, el Sr. García se acercó gritándole a la mujer que fuera a la casa.
¡trae a Bertha de prisa! – García no hizo el más mínimo esfuerzo por levantarla dejándola bajo los fuertes rayos del sol – valiente mujer… ¡ no sirven para nada! – a darle un punta pie iba cuando James llegó hasta ellos.
¡García! ¡que diablos…! Si mal no recuerdo tu trabajo es vigilarla… no maltratarla… aquí los castigos los impongo yo ¿entendido?
Si patrón – se agachó para tomarla entre sus brazos y se dio cuenta lo empolvada que estaba, su rostro tenía surcos de lágrimas y tierra, una de sus mejillas comenzaba a hincharse, muy molestó se levantó y la llevó a su cuarto - ¡María! ¡María!
Dígame señor
Dile a Bertha que venga y traes trapos y agua.
Si señor.
Esperó por Bertha y las dejó solas para que la atendiera hasta que ella salió.
No debiste dejar a García a cargo de la vigilancia de esa muchacha ¿te das cuenta como la ha dejado? – James agachó la cabeza asintiendo - ¿ya le has visto la espalda como la tiene? – el joven levantó la cabeza extrañado.
¿Qué quieres decir? – ambos volvieron a entrar, la mujer se acercó al pequeño camastro y aprovechando que Eliza estaba aún inconsciente la volteo enseñándole las marcas que tenía en toda la espalda.
Llama al médico Bertha
María ya fue por él – James salió del pequeño cuarto azotando la puerta… no le tomó mucho tiempo encontrarlo y cuando lo hizo lo golpeó como nunca lo había hecho.
Esto es para que entiendas de una vez por todas que aquí el que manda soy yo – más golpes – el que da las órdenes soy yo… quiero que desaparezcas de mi vista ¡Lucas! ¡Lucas!
Dígame patrón.
Llévate a éste con don Artemio… hoy salen a Zacatecas a la mina… que lo pongan a trabajar.
¡no patrón! ¡la mina no! – lo agarró del cuello de la camisa y con sus rostros muy juntos le gritó.
¡Tu trabajo era vigilarla mientras yo no estaba imbécil!
Es… es muy terca y contestona patrón – otro golpe en la cara que lo dejó inconsciente.
Levántenlo y llévenselo – y como alma que lleva el diablo se dirigió a la hacienda.
Se encerró en la biblioteca paseando de un lado para otro… no quería aceptar que algo se removió en él desde el día que la conoció pero también estaba al tanto de las atrocidades que había hecho a otras personas – ¿Cómo una persona puede ser tan malvada? – pensaba, se tomó dos tragos de tequila y se dirigió a los cuartos de servicio.
Disculpe patrón le iba a avisar que ya vino el doctor… está con Bertha y la muchacha esa.
Se llama Eliza… regresa a la cocina y ocúpate de la comida.
Si señor… compermiso – James esperaba afuera del cuarto hasta que vió que Bertha y el médico salieron.
Dr… buenas tardes ¿como se encuentra Eliza?
Ella está bien… las heridas que tiene en la espalda sanarán… le he dicho a Bertha que vaya al dispensario por unos ungüentos, es necesario que la joven se alimente debidamente está algo desnutrida – los ojos castaños de James miraron a Bertha – no es lo que piensas hijo, dado su estado…
¿su estado? – preguntó serio.
Ésta jovencita está embarazada.
¿Cómo? – James sintió un golpe a su conciencia dado por todo lo que ha hecho pasar a Eliza.
¿esa jovencita no es de por acá verdad hijo?
No – negó con la cabeza – viene del norte… de Michigan.
Ya decía yo hijo… ella no está acostumbrada a las labores que se hace aquí en la hacienda.
No se preocupe doctor… me ocuparé por hacerle saber al señor Andley su situación y con respecto a su estancia aquí en la hacienda… ella deberá al menos hacer algo que no implique esfuerzo.
Haces bien hijo
Horas después Eliza despertó con un fuerte dolor de cabeza… Bertha estaba a su lado sentada.
Tómate éste caldo muchacha… te caerá bien.
No quiero nada – dándole la espalda a la señora.
Bien… cuando te sientas mejor y hallas comido… el joven James te espera en la biblioteca – salió del pequeño cuarto cerrando la puerta escuchando el llanto de Eliza, fue hasta la cocina encontrándose con James.
¿ya despertó?
Si hijo… y no quiere comer…
Pero el médico dijo que debería hacerlo – le dijo indignado.
Pues si hijo… pero tampoco es una niña a quien se le deba obligar… y realmente no tengo paciencia para sus berrinches – James solo se la quedó viendo negando con la cabeza – ¿Qué haz hecho con ese hombre?
Lo que debí haber hecho desde un principio… sacarlo de la hacienda… ¿podrías decirle a Mario que venga? Necesito que lleve la correspondencia al pueblo hay que hacer de su conocimiento al Sr. Andley sobre la situación de su sobrina.
Dos días después Eliza se presentó en la biblioteca… tocó la puerta de roble y como no le contestaban volvió a tocar.
Adelante…
Me dijo Bertha que quiere hablar conmigo
Siéntate por favor – señalándole la silla - ¿Cómo te sientes?
Mi salud o lo que me pase no es de su incumbencia – le contestó fríamente.
En eso te equivocas Eliza… dada las circunstancias en las que llegaste a ésta hacienda y la situación en la que te encuentras en éste preciso momento es de mi incumbencia – la miró seriamente haciendo que Eliza agachara la cabeza.
¿Qué es lo que quiere? – alzó la cabeza y lo miró con desafío.
A partir de hoy tus tareas en la hacienda se modificarán… por órdenes mías Bertha se hará cargo de ti...
No quiero su estúpida lástima…
¿lástima? ¿crees que me inspiras eso? Déjame ponerte al tanto de tu situación jovencita y no hay otra manera más que siendo directo contigo… en tu estado no voy a permitir que hagas cosas pesadas que te pongan en peligro – Eliza lo miró extrañada
¿Mi estado? ¿Qué quiere decir?
Hace tres días el Dr. del pueblo nos confirmó que estás esperando un hijo – el rostro de Eliza palideció y como impulsada por un resorte se levantó de la silla… sus ojos se inundaron de lágrimas.
No… no pue… no puede ser… yo – cayó hincada sobre sus rodillas tapándose el rostro con sus manos – James corrió poniéndose de rodillas junto a ella tomándole de los hombros – ¡suéltame imbécil! – el joven la soltó de inmediato pero no se salió de donde estaba jaló una silla y se sentó esperando una reacción en ella… dejó que llorara hasta que se calmara, ella se puso de pie y se dirigió a la puerta cayendo una vez más desmayada James la levantó colocándola en un amplio sillón, cuando despertó volvió a entrar en crisis y esta vez se abrazó al cuello de James – por favor… no… no dejes…
Cálmate Eliza
Yo… yo no… no puedo tener… ¡no quiero a éste niño! – le decía desesperada temblando en los brazos de James, él la abrazó por la cintura con fuerza pegándola a su cuerpo hasta que sintió que las pequeñas convulsiones desaparecían… se separó lentamente de su cuerpo.
¿te sientes mejor? – ella solo asintió con la cabeza agachada – Eliza tienes que alimentarte bien.
Por favor… ayúdame…
¿Qué quieres que haga?
No puedo tener a éste niño… no quiero – James se separó de ella mirándola horrorizado.
Dios mío muchacha… ¿Qué pretendes hacer? – Eliza se hincó rogándole ayuda, James solo trataba de disuadirla - ¿te das cuenta del peligro que podrías correr si haces algo como eso? Santo cielo… ¿hasta donde eres capaz de llegar? Discúlpame Eliza pero no puedo ayudarte.
¡déjame ir entonces!
Lo siento… he enviado correspondencia para hacerle saber a tu familia tu situación – los ojos de Eliza brillaron con odio, se levantó del suelo y con la intención de darle una cachetada sintió como la mano de James se cerraba en su muñeca – ni se te ocurra hacerlo muchacha… no me va a importar tu estado para darte unos cuerazos – ella se soltó con furia de la mano de él y salió muy enojada.
Los días pasaban y muy dentro de ella odiaba su situación… nada lo había planeado de esa manera, algunas veces se soñaba en los brazos de William Andley pero en otras las pesadillas se hacían dueña de su tranquilidad… una tranquilidad que no sentía desde el día que planeó matar a Candy... para seguridad de ella James ordenó que durmiera en el cuarto anexo al suyo y como varias noches la escuchó llorar pero esa vez un grito lo hizo salir de la cama, entró como tromba, la lámpara de aceite apenas iluminaba la pequeña estancia, cuando se acercó a la cama la vió revolverse entre las sábanas llorando, su rostro mojado de sudor mostraba un rictus de dolor como si alguien la estuviera lastimando, él se sentó a su lado y trató de despertarla.
Eliza… Eliza despierta – y fue hasta que la sacudió suavemente por los hombros cuando ella abrió los ojos, aún no dejaba de llorar, se sentó en la cama mirando al frente en un solo punto, James la tomó suavemente del rostro e hizo que lo mirara, Eliza reaccionó pero no de la manera que él esperaba.
¡suéltame! – lo golpeó con los puños, trataba de separarse de él, gritaba lo más fuerte que podía hasta que sus fuerzas cedieron pues él no dejaba que lo siguiera golpeando – Por favor… no… me hagas daño – la puerta se volvió a abrir.
James… escuché unos gritos – cuando vió el rostro de Eliza comprendió que una vez más esa muchacha era perseguida por sus pesadillas – déjame con ella hijo… yo la atiendo – James la soltó pero se dio cuenta que ella aferraba con fuerza la camisa de su pijama, Bertha trató de abrir los dedos de las manos de Eliza para que lo soltara pero no lo logró.
Ve a descansar Bertha – soltó un suspiro – me quedaré con ella hasta que se tranquilice – Bertha salió volteando una vez más la vista hacia ellos y solo negó con la cabeza… algo estaba pasando con los sentimientos de ese muchacho y no le gustaba, cuando la mujer desapareció se dirigió a Eliza – dime que tienes… ¿Qué te ha pasado? – su llanto se agravó más y ya no siguió insistiendo.
Con el transcurrir de los días y aunque la actitud de Eliza era la misma había tristeza en su mirada, su semblante ya no era demacrado sus mejillas estaban constantemente arreboladas ya sea por el calor, el embarazo o por la presencia de James que la ponía nerviosa, él a su vez recibió órdenes de solo mantener vigilada a Eliza y aunque ya no tenía la obligación de servir ayudaba a Bertha a preparar los alimentos… de esa manera sentía que el tiempo era menos pesado y más ahora que el embarazo se le empezaba a notar, desde el momento que en que lo supo se dio cuenta que la presencia de su madre no le hacía mucho bien y aún así la extrañaba demasiado.
Un día Bertha mientras estaba en la cocina preparando el desayuno lo encaró antes de que se fuera para los viñedos.
Buenos días James…
Buenos días Bertha…
Antes de que te vayas quiero platicar contigo…
¿Pasa algo?
Espero que no… seré directa contigo hijo ¿Qué hay entre tú y la Srita Eliza? – él se la quedó mirando fijamente mientras se servía una taza de café.
No sé a que te refieres – le dijo ignorándola.
Por supuesto que si sabes… hijo esa joven…
Por favor Bertha… sabes que te aprecio…
Precisamente por eso hijo… mira… el tiempo que lleva esa joven en la hacienda me he dado cuenta que su embarazo no se dio en las mejores condiciones y yo no quisiera hijo verte involucrado y mucho menos que salgas lastimado… esa joven no es como trata de hacernos creer… quisiera estar equivocada pero sabes que tengo la razón – él hundió los hombros, sabía perfectamente bien el motivo por el cual Eliza se encontraba en Las Tres Cruces, sabía muy bien la clase de persona que es y estaba al tanto de ella desde el día en que llegó – sé que albergas sentimientos hacia ella – se paró frente a él haciendo que James desviara la mirada - ¿o estoy equivocada? – él negó con la cabeza.
Dime como le hago para no sentir esto – tocándose el pecho – desde que Leticia murió… jamás volví a sentir algo como esto… ella necesita de nuestro apoyo…
Y se lo vamos a dar si así lo deseas… pero ten mucho cuidado hijo…
Gracias Bertha – despidiéndose de ella y dándole un beso en la frente.
Tú no te vas hasta que desayunes… siéntate por favor… el doctor vino a verla ayer – él se envaró poniéndole atención – está bien hijo,,, ya entró al séptimo mes… ambos se encuentran bien.
EN ESCOCIA
3 meses antes…
Las nauseas no lo dejaban y siempre sentía ganas de dormir.
Amor… levántate… tienes que desayunar – le jalaba el brazo para sacarlo de la cama – Albert… ¡Albert!
¿Qué hora son?
Ya es tarde – le dijo seria – Albert tengo hambre – se dejó caer sobre la espalda de su esposo haciendo que éste sacara el aire, sus largos rizos le hacían cosquillas en la cara – bueno… yo bajaré sola – ya se estaba levantando cuando sintió que él la tomó de la cintura.
Anoche no me dejaste descansar mujer – su mejillas se pusieron bien rojitas haciendo que él le besara en cada una.
¡Já! Ahora yo soy la responsable de tus constantes desvelos… lo siento mi amor… es que no me puedo resistir a ti – besándole los labios.
No es una queja… solo es una observación… pidamos el desayuno aquí – ella se lo quedó viendo intensamente y con las manos en la cintura.
Albert… me prometiste que iríamos a la ciudad.
¿eso te prometí?
Si… anda ya levántate… que tengo mucha hambre y me muero.
No lo voy a permitir amor… ¿nos bañamos?
Aaaalbert – el sonrió, le encantaba cuando hacía sus berrinches, la acercó más a él y le besó con pasión los labios posando sus manos en los pechos.
Oye amor…
Mmmm
Soy yo… o tus pechos están más grandes.
Ya me va a venir mi periodo… es cuando más se hinchan…
Entonces vamos a aprovechar – besando su escote - ¡por que me encantan!
Amor… de verdad tengo mucha hambre… hasta siento que tengo un león en el estómago de tanto que me ruge – el soltó una carcajada.
Está bien… ¿me vas a esperar? – besando una vez más sus labios.
Sabes que siempre lo hacemos juntos.
Cuando llegaron al comedor Margareth interceptó a la pareja.
Buenos días Sra Candy
Solo Candy Margareth.
Bien… pasen a desayunar… Sr. William ha llegado correspondencia se la dejé en el escritorio una es con calidad de urgente.
Gracias Margareth… amor ¿por que no empiezas?
Ve amor… aquí te espero… Margareth ¿me acompañas con una taza de café?
¿Qué te parece una traza de té? - Candy arrugó la nariz – Sra… Candy – se corrigió – los he estado observando… a ambos… hija tú estás embarazada.
¿Cómo? – tiró el terrón de azúcar que le iba a poner a su té – no Margareth… he sangrado cada mes sin falta.
Yo sé lo que te digo hija… tus ojos brillan más y el corazón de tu hijo palpita en tu cuello – Candy se llevó una mano acariciándoselo.
¿tú crees que sea posible?
Si mi niña… estoy segura… las nauseas del Sr. William son un efecto de tu embarazo – Candy estaba anonadada se acariciaba su vientre.
Un hijo – y sin que se lo propusiera sus ojos se arrasaron de lágrimas, se levantó y abrazó a Margareth – por favor no se lo digas a Albert… quiero darle la sorpresa.
Ni una palabra… si me permites traeré el desayuno… en tu estado debes alimentarte muy bien – Albert regresó encontrándola llorosa.
¿amor? ¿Qué tienes?
No es nada –secándose sus lágrimas – ya sabes que soy muy llorona – abrazándolo por el cuello – anda siéntate ¿alguna novedad?
Eeeh si – se puso algo nervioso – Candy – la tomó de las manos – mi amor… ¿podemos dejar nuestro paseo para mañana?
Pero Albert…
George me a enviado unos papeles y necesito leerlos detenidamente – la mirada de Candy se suavizó y asintió con la cabeza.
En ese caso le pediré a Margareth que me acompañe…
¿y se puede saber a donde?
Bueno realmente yo la voy a acompañar, irá a hacer las compras de la semana…
Amor… me dijiste que dentro de dos semanas llegan la tía abuela… y pues quiero que encuentre a su disposición y a su gustó la mansión
¿Traerán las compras?
Bueno no… iremos con Pauline para que encarguemos todo – Albert guardó silencio por un rato – está bien pero que las acompañen dos de los trabajadores de confianza.
Gracias mi amor – besando sus mejillas en repetidas veces – le diré a Margareth que se prepare – salió corriendo a la cocina sin esperar respuesta de Albert.
Candy estaba muy nerviosa y emocionada a la vez esa mañana, como en otras ocasiones que salían a comer llevaron una canasta llena de frutos y bocadillos que a ambos le gustaban… buscaron un lugar acogedor cerca del lago y disfrutaron de su desayuno.
Amor… come otro bocado…
Ya estoy satisfecho cielo… pero si te voy a recibir otra taza de té… ¡vaya! Parece que hoy tendremos cielo nublado, arrebujándose un poco la gabardina.
¿Tienes frío? – el asintió
¿tu no?
Un poco… cierra los ojos – el la miró divertido – anda amor – le quitó la gabardina – no los abras.
Candy… ¿no crees que es un lugar…?
No es lo que piensas amor – enrolló la gabardina y la puso sobre la manta – acuéstate – lo miró y sonrió cuando vió las mejillas de Albert ruborizarse – ¿en que piensas? No abras los ojos aún – sacó una cobija de su bolsa y lo cubrió con ella recostándose junto a él abrazándolo por la cintura – ya puedes abrirlos, él los abrió y le miró el rostro se acercó a sus labios y la besó.
Ahora si estoy abrigado – miró la prenda levantándola con una mano – Candy – carraspeó un poco… sentía un gran nudo en la garganta – ¡Dios! ¿voy a ser papá? ¿tendremos nuestra propia familia? – con lágrimas en los ojos Candy asentía acariciando el rostro de Albert.
Si mi amor… Margareth me lo dijo hace una semana… Dios mío… ni yo me había dado cuenta – él la abrazó con ternura… con posesión… con infinito amor – no llores mi amor…
¡Dios Candy! ¡seremos padres!
Hola hola chicas… espero le guste éste capítulo ando algo inspirada… GRACIAS por hacerla su favorita, GRACIAS por sus mensajes, si Dios lo permite nos vemos hasta el próximo capitulo.
Miriam72
elbroche
Maryan
Camila
Guets 1
Ana Martínez
Elizabeth
Kecs
krilu
