Declaración: Inuyasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi, los he tomado prestados para escribir una historia de mi propia autoría sin fines de lucro. Todas las situaciones médicas aquí descritas, tienen fundamento médico y científico, sin embargo son casos clínicos ficticios, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Este escrito contiene violencia explicítica e implícita, así como contenido sexual detallado, por lo que no es apto ni para menores de edad o personas sensibles a dichos temas.
KARE NO TAMASHī NO KAKE-RA
(Los fragmentos de su alma)
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CAPITULO 1
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Eran las once de la noche, la paz y el silencio eran constantemente interrumpidos en el lujoso recinto por los sonidos emitidos por la pareja que se encontraba ahí. Sonoros suspiros y gemidos eran emitidos constantemente; en ese lugar no había cabida para confesiones románticas ni declaraciones de amor, sólo el placer imperaba en el sitio; él lo sabía y ella también, ese acto era un acuerdo tácito entre ambos para obtener sólo placer y recreación, nada más, sólo la simple y llana satisfacción carnal demandada por los arranques hormonales.
La mujer siempre era un tanto "escandalosa" si se le quisiera poner un calificativo, conforme el placer se acrecentaba, ella siempre soltaba frases como "eres un dios", "dame más", "me enloqueces"; él en cambio, era un poco más silencioso, se limitaba a los escasos gemidos que solían escaparse de su boca, sobre todo una vez llegado al clímax, pero nada más.
Los cuerpos desnudos estaban inmersos en esa deliciosa batalla, en la que al final, ambos bandos ganaban. La mujer castaña se retorcía de placer ante el tacto de ese hombre, que conocía tan bien su cuerpo, y sabía cómo y en dónde tocar. El peliplateado, estaba sobre ella prodigándola de fuertes embestidas, al tiempo que con una de sus manos acariciaba ansiosamente uno de los glúteos de la chica, mientras que con la otra mano se encargaba de masajear uno de sus senos. La mujer disfrutaba enormemente de esos momentos, en los que sentía que la cima ya estaba cerca, sin embargo últimamente, sentía que algo le estaba faltando a esos encuentros; ella se estiró en un vano intento por capturar los labios perfectos y apetitosos del hombre, pero él de inmediato desvió su rostro, y posó sus labios en el hombro de ella, sin hacer el más mínimo intento por besar esa parte de la anatomía de la mujer, sólo pensó en esa forma de evadir los besos de la mujer de ojos carmesí. Él no se consideraba un "hombre de besos" y últimamente sólo la besaba lo mínimo indispensable, al menos en lo que a los labios se refería. Los besos que la mujer le prodigaba como parte del juego previo antes del acto en sí, los comenzaba a sentir demasiado… "cargados de sentimientos" y eso lo puso en alerta roja, no quería que la castaña se comenzara a involucrar sentimentalmente, de ser así, su acuerdo llegaría a término, así fueron las reglas del juego desde el inicio.
La cima se encontraba cerca y él quería ponerle término ya, por lo que dirigió su mano hacia el clítoris de ella, masajeando la zona y aumentando la velocidad de sus estocadas, y entonces ella llegó al tan ansiado orgasmo, él lo percibió y al final la acompañó, consumando así el acto.
Kagura se extrañó un poco, normalmente Sesshōmaru prolongaba más el momento final, y ella terminaba por tener orgasmos un poco más prolongados y más intensos, pero se dijo así misma que lo mejor sería no mencionar nada del asunto o lo haría enojar. Otra cosa que la descolocaba un poco, además, fue el hecho de que, de un par meses a la fecha, él insistiera en colocarse preservativo, a pesar de que ya tenían tiempo siendo compañeros de cama y de que ella tomara píldoras anticonceptivas; era lógico que al inicio él utilizara preservativo, cuando la confianza entre ellos creció y aclararon ciertos puntos, habían caído en un punto en el que él había dejado de utilizarlo. Para Kagura, todas esas situaciones también eran señales de "alarma".
Kagura se recostó en el lado derecho de la cama, se hizo a un lado e hizo un pequeño ademán con su mano, sutil, casi podría pasar desapercibido, pero no para él, quien era un experto en leer cada pequeño e insignificante detalle, y no sólo en lo concerniente a su compañera de cama, sino en general tenía esa capacidad de notar lo que otros no notaban; Sesshōmaru captó de inmediato la indirecta, la miró fijamente, sentado en la orilla de la cama, desde el lado izquierdo, le dedicó una fría mirada a la mujer y comenzó a vestirse.
—Sesshōmaru…
—Sabes de antemano que nunca me quedo, no pienso iniciar ahora.
—Lo sé, sólo creí que tal vez…
—Bueno, pues no "creas". Me voy. —Se levantó con parsimonia, tomó su abrigo y su bufanda y se retiró del pent-house, dejando a su compañera desnuda y sola. Al salir del pent-house, el peliplateado caminó hasta el elevador, presionó el botón, bajó hasta el sótano 3, y abordó su automóvil, un Audi A6 negro. Kagura siempre insistió en que podía utilizar el otro lugar asignado para los dueños el pent-house, y ahí aparcar su auto, pero él nunca quiso dejar el espacio de estacionamiento asignado para las visitas, puesto que eso era él, sólo un visitante ocasional, y a partir de ese momento, sus visitas serían cada vez más esporádicas, al parecer había llegado la hora en la cual ya no era conveniente continuar con aquel acuerdo.
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Las nueve de la mañana, ansiosa esperaba ese momento en el que pudiera por fin darse un tiempo para almorzar algo decentemente. El enorme nosocomio se encontraba a tope, con ocupación completa de todas sus camas censables, lo que solía poner a todo el personal en una situación por demás estresante. Rin Noto, anestesióloga, pertenecía al staff del hospital desde hacía tres años atrás, caminaba por el pasillo con rumbo a la cafetería, lucía cansada, llevaba consigo un café negro bastante cargado con la esperanza de que eso alejara un poco el sueño que la agobiaba, le dio un sorbo y continuó con lo suyo. Justo antes de entrar a la cafetería fue alcanzada por una de sus amigas.
—¡Rin! ¡Rin! Te he estado hablando desde que bajaste del elevador ¿No me escuchabas?
—¿Eh? ¡Sango! Que gusto verte, buenos días. Discúlpame por favor venía distraída.
—Rin, no serías tú, si no vinieras distraída.
—Eres mala, Sango —dijo la mujer al tiempo que reía por el comentario de su amiga.
—Sólo digo la verdad —comentó Sango mientras alzaba los hombros. —Y dime, ¿por qué tienes esa cara? ¿Acaso tu viernes por la noche estuvo interesante? —Sango sonrió con malicia, otorgándole un tono pícaro a su comentario.
—Si por "interesante", te refieres a pasar cuatro horas en quirófano con un paciente con shock hipovolémico (1) debido a que recibió un balazo que le destrozó el bazo (2) … entonces sí, tuve una noche "interesante" …
—¿En verdad te tocó pasar esa cirugía? Pero si la pasaron durante la madrugada ¿Por qué tú?
—Yo estaba de guardia anoche ¿recuerdas?
—Oh, es verdad. Bueno, si te sirve de consuelo, escuché decir a los de terapia intensiva que está estable, eso significa que usted hizo un excelente trabajo, señorita anestesióloga.
—Gracias, pero no todo el mérito es mío, los cirujanos se apresuraron para contener el sangrado, y claro, Kagome también hizo lo suyo, cuando lo recibió en urgencias.
—Sí es una excelente urgencióloga, una de las mejores. Pero Rin, no deberías pasar así tus noches del viernes, deberías salir, ir a algún bar, no sé… tener algo de vida fuera de este hospital… quizá salir con algún hombre apuesto…
—Sango… por favor.
—Lo sé, lo sé. No quiero agobiarte con mis cosas. Es sólo que… ya pasaron más de dos años desde… tú sabes.
—Desde que Kohaku decidió engañarme con una de sus residentes…
—No quería incomodarte.
—Lo siento, es sólo que… prefiero no tocar el tema, aún no estoy lista para tener citas con "hombres guapos" además, no he conocido a alguno que valga la pena… sin ofender a tu hermano es sólo que…
—No, no te preocupes, tienes razón, Kohaku fue un idiota, no debió portarse así contigo. No los entiendo, tienen a un buen partido, y van y buscan a las que no valen ni un peso…
—Bueno, tu hermano es cirujano, ellos tienen fama de mujeriegos, y es cirujano plástico, lo que lo convierte en un mujeriego a la décima potencia...
—¡Oye! Recuerda que soy cirujana también, y yo no soy así.
—Sí Sango, pero contigo no cuenta, eres oncóloga, y una muy buena, por cierto. Eso sólo suele aplicarse a los hombres. Creo que dejaré de salir con doctores, necesito nuevos aires. Tú eres afortunada, mira que casarte con un policía, Miroku es tan guapo, y se ve que te ama mucho.
—Lo sé, soy muy feliz con él. Aunque ahora que ya es detective, se le ha subido tanto a la cabeza, que no me deja olvidarlo. Pero recuerda que los policías también tienen fama de mujeriegos… y Miroku no se quedaba atrás… por eso tardé tanto en darle el "sí".
—Y vaya que lo hiciste sufrir…
—Y me divertí mucho en el proceso…
Se sentaron en una de las mesas que se ubicaba en la terraza del restaurante, Rin lo había preferido así, al menos de esa manera tendría un poco de contacto con el exterior. A los pocos minutos, se les acercó un mesero, tomó su orden y se retiró, no mucho tiempo después ambas doctoras se encontraban degustando su desayuno acompañado de una rica taza de café.
—Y dime, Rin, ¿vas a tener cirugía hoy?
—Sí, una colecistectomía (3) afortunadamente será rápida, el doctor Himoto es muy hábil, así que, a más tardar, a las doce del medio día ya seré libre por hoy, y por esta semana ya terminé con mis guardias nocturnas… —Soltó un sonoro suspiro, relajando el resto de su cuerpo —así que, al salir de aquí, me iré a casa a descansar… probablemente duerma el resto del día… o tal vez vea algunas películas… no sé…
—O… tal vez mueras de aburrimiento… ¡Rin! Es sábado, sal a cenar, vete a bailar, ve al cine, búscate un joven apuesto que te invite a salir ¡Haz algo! No te quedes encerrada ¡Por dios!
—Sango… tengo treinta años…
—¿Y? eres joven, hermosa…
—… estoy cansada…
—Bueno sí, pero puedes dormir y ya después salir…
—Sango…
—Está bien, no insistiré más. Es sólo que, tu siempre sueles ser muy alegre y sociable… y últimamente te ves un poco… apagada. Me preocupa…
—Sí, puede que tengas razón… pero hace un tiempo, no estaba peleando por tener un puesto fijo en este hospital… y quiero dar el cien porciento, de verdad quiero este trabajo.
—Te entiendo, hace un par de años yo estaba igual que tú. —dijo estas palabras con cierta nostalgia, sonrió sutilmente y después, esa sonrisa dio pie a una carcajada un poco más abierta. —Recuerdo que Miroku y yo reñíamos constantemente, el muy tonto, se sentía celoso de mi trabajo y del tiempo que le tuve que dedicar a este hospital para que me dieran el puesto que ahora tengo… pero bueno, no todo fue tan malo, las reconciliaciones en pareja suelen ser muy… divertidas…
—Ya lo creo que sí… quien hubiera dicho que las "reconciliaciones" de pareja podían dar interesantes frutos… como tus gemelas… —Sango se sonrojó por el comentario hecho por su amiga y Rin explotó en una sonora carcajada.
—¡Rin! —dijo Sango un poco alterada, mientras se tapaba el rostro con sus manos.
—¡¿Qué?! ¿de qué te avergüenzas? Si antes, en nuestras "noches de chicas" te encantaba presumir que tu esposo es todo un semental… un dios en la cama… ¿por qué ahora te da vergüenza?
—¡Ay! No lo sé… tal vez es porque ahora ya soy mamá y es… extraño.
—Ja, ja, ja. De acuerdo ya no diré más.
—Oye… ¿crees que Kagome venga a desayunar?
—No, no creo. Debe estar más cansada que yo, supe que su guardia estuvo bastante pesada, seguramente se fue directo a su departamento.
—Seguramente.
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Sesshōmaru, el joven prodigio, su fama era por demás conocida en la universidad —durante sus años de estudio—, su trayectoria estudiantil había sido cuidadosamente vigilada por aquellos a quienes no les pasó desapercibido el indudable talento que yacía en aquel joven. Su dedicación al estudio y su inteligencia, pronto lo llevaron a ser reconocido como el mejor alumno de su generación. Resultaba por todos sabido que su futuro en el mundo de las finanzas estaba asegurado —eso sin mencionar el hecho de que pertenecía a una de las familias más adineradas e influyentes del país—, y también era del conocimiento general, el hecho de que el joven poseía un temperamento fuerte, un gusto especial por la soledad y, se decía también, que tenía un corazón de hielo —o, dicho de otro modo, carecía de corazón—.
Era el hijo mayor del magnate y empresario Inu No Taisho; sus padres se divorciaron cuando él tenía a penas la edad de ocho años. Irasue, madre de Sesshōmaru, tenía el mismo carácter de su hijo, y las constantes discusiones que ella y su esposo tenían, terminaron por mermar su relación al punto de terminarla. Tiempo después del divorcio, se hizo del conocimiento público, que Inu No Taisho había mantenido una relación extramarital con una joven muy hermosa llamada Isayoi, madre de su segundo hijo y con quien contraería nupcias, tres años después de su divorcio. Esta situación, al parecer, afectó un poco el carácter del primogénito del patriarca Taisho, quien, a partir de ese momento, se volvió retraído y reservado, desarrollando a la par, un carácter especial y una tolerancia, prácticamente nula, hacia los demás, incluyendo a su madre.
En un sector de la ciudad apartado del hospital conocido como la zona financiera, un hombre descendía de su automóvil; en el último piso, el elevador del enorme y lujoso edificio se abría para dar paso al único ocupante, el vicepresidente de "Empresas Taisho". Sesshōmaru avanzó a pasos agigantados hasta llegar a su oficina, justo afuera, en la recepción, lo esperaban ya su asistente personal y su secretaria, quienes lo saludaron cortésmente, él sólo se limitó a asentir.
El edificio se encontraba prácticamente vacío, nadie solía ir a trabajar los fines de semana, sin embargo, era del dominio público el hecho de que, el hijo mayor de los Taishō era un caso especial, y siempre se le podía ver en el edificio a altas horas de la noche o en días de asueto; sus asistentes estaban acostumbrados a su ritmo de trabajo, de hecho, le tenían cierta veneración, por lo que ellos consideraban un honor el hecho de trabajar para él. Jaken Nagashima era su asistente personal, aunque se le consideraba más como un "empleado de confianza", hacía todo lo que su jefe le pedía, podría decirse que su trabajo consistía en complacerlo en todo; eran muy cercanos, al grado de que, el menudo hombre ya había aprendido a leer todos y cada uno de los gestos de su jefe, a veces sabía lo que pensaba y hacía las cosas sin que se las pidiera. Tan pronto vio a su jefe entrar a su oficina, supo que "algo" no andaba bien, tal vez las cosas con su amante se estaban poniendo "tensas", o quizá había tenido un nuevo pleito con su medio hermano, o alguna discusión con su madre, o quizá algún negocio no había salido como se planeó. Jaken conocía muy bien a su jefe y sabía que algo lo estaba perturbando.
—¡Jaken!
—Dígame señor Sesshōmaru
—Toma —le dijo al tiempo que le entregaba un juego de llaves —que uno de los mensajeros le entregue este juego de llaves a la señorita Kagura… —"Así que es eso, demonios, esto no le va a gustar nada a la señorita Kagura… y con lo temperamental que es" —asegúrate de que se las hagan llegar hoy mismo.
—Así se hará, señor. —Jaken hizo una reverencia y giró sobre sus talones, dispuesto a marcharse.
—Y otra cosa… —En ese instante detuvo su andar y se giró de nuevo para observar a su jefe.
—¿Sí?
—De ahora en adelante, cada vez que ella quiera visitarme, ya sea aquí o en mi casa, deberá pasar como visitante… igual que el resto de las personas… y el proceso de ingreso será el mismo, deberá registrarse y esperar a que yo dé mi autorización para que entre. ¿Te quedó claro?
—Sí señor Sesshōmaru, se hará como usted diga. —El asistente hizo una reverencia y se retiró del lugar. El hombre permaneció estático de pie frente al ventanal de su oficina contemplando el panorama, conservando ese gesto adusto que tanto lo caracterizaba. Se había sometido a un debate interno respecto a lo que haría con Kagura y la actitud "cariñosa" que estaba mostrando últimamente, y al final decidió que lo mejor sería ponerle fin a ese acuerdo que tenían desde hacía ya tres años.
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Las diez de la mañana, después de pasar una hora llenando partes de lesiones, declaraciones con los sujetos del ministerio público, hacer una muy detallada historia clínica de su paciente de la madrugada y pasar visita para la entrega de guardia, podía considerarse así misma libre por el resto del fin de semana. Le hubiera encantado pasar a saludar a sus amigas, Rin seguramente estaría igual de cansada que ella, pero siendo honesta consigo misma, no se sentía apta para llevar a cabo una comunicación coherente con sus amigas, prácticamente se encontraba en piloto automático.
Salió del hospital y caminó directamente hacia la estación del metro, cuando abordó el tren, se sintió tremendamente aliviada, al darse cuenta de que había varios asientos disponibles, nunca se dormía en el transporte público, pero después de la noche que había tenido, estaba segura de que no podría aguantar el trayecto hasta su departamento, estando de pie. En momentos como este, agradecía enormemente vivir relativamente cerca del hospital en el que trabajaba, en menos de veinte minutos ya estaba en casa.
Cuando Kagome entró a su departamento, se encontró con esta imagen que terminó por enternecerla, ahí en la cocina estaba su novio, Inyuasha, preparando el desayuno quien, tan pronto se percató de la presencia de su novia, dejó lo que estaba haciendo, y se aproximó a ella, le dio un rápido beso en los labios al tiempo que la sujetaba por la cintura aproximándola hacia sí y después le dio otro beso, más largo, que se intensificó de inmediato, Kagome abrazó a su novio colocando sus manos alrededor del cuello del joven, para después, gentilmente, apartarse un poco de él, sin embargo, el hombre se rehusaba a rendirse y decidió prestarle atención al delgado cuello de su novia, otorgándole pausados besos, que la hacían temblar, Inuyasha sabía perfectamente, que el cuello era uno de los puntos débiles de su novia.
—Inuyasha… detente por favor —le dijo con voz ronca, buscando desesperadamente sosegar el deseo que empezaba a despertarse en ella. —Ni siquiera tuve oportunidad de ducharme, no pude cenar, mi guardia estuvo extremadamente ¡mmm! Pe-pesada… —para ese momento el peliplateado estaba mordiendo el lóbulo de la oreja de su novia. —De acuerdo, detente ahí por favor… —Inuyasha se sintió descolocado por el rechazo de su novia, pero ella le dedicó una mirada tierna y le acarició la mejilla. —Inuyasha, anoche llegó un hombre al que hirieron con un arma de fuego, tenía una hemorragia intensa, de hecho, al tratar de explorarlo me manché con su sangre, una enfermera me consiguió esta filipina para que me pudiera cambiar, pero hubo mucho trabajo y no tuve oportunidad de bañarme; me limpié tan bien como pude, pero no como yo quisiera. Dame oportunidad de ducharme, no tardaré más de cinco minutos… y entonces… podremos terminar lo que empezaste… —le dio un beso en los labios y se encaminó con rumbo al baño. Inuyasha soltó un bufido, tenía una semana sin ver a su novia y de verdad deseaba hacerle el amor hasta desfallecer, pero en vista de que sus planes se vieron frustrados, decidió terminar de preparar el desayuno para que su novia no continuara con su prolongado ayuno.
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Las doce del mediodía, Rin estaba en el vestidor cambiándose, lista para abandonar el hospital y retirarse a su departamento para descansar el resto del fin de semana. Soltó un suspiro, se sentía un poco agobiada, internamente reconocía para sí, que algunas de las cosas que Sango le había dicho estaban en lo cierto, últimamente el hospital, se había convertido en su vida… y ella deseaba más, mucho más que eso.
Abandonó el nosocomio, con el cansancio a cuestas, se despidió de los compañeros con los que se topó de camino a la salida y tomó un taxi. Cuando llegó a su departamento, se fue directo a su recámara, tomó un baño relajante con agua caliente, y después de colocarse ropa más cómoda, se dispuso a tomar una merecida y reparadora siesta. Recostada sobre su cama, reflexionó un poco en lo que era su vida hasta el momento, se enorgullecía de sus logros, pero seguía sintiendo ese vacío que no había podido ser llenado con sus éxitos profesionales. Sango estaba en lo cierto, lo sabía… pero aún estaba un poco lejos de hacer algo al respecto, de momento sabía que sólo ansiaba por poder, por fin, tomar un descanso y dormir… y mucho.
Sin percatarse de ello, Rin durmió hasta entrada la noche, hasta que cerca de la una de la mañana abrió los ojos y se encontró así misma envuelta en una profunda oscuridad, no había encendido ni una sola de las luces, puesto que su intención inicial no había sido la de dormir por tan prolongado tiempo. Se sentó en su cama y prendió la luz de la lámpara ubicada sobre el buró, se puso en pie y se dirigió a la cocina para tomar un poco de agua y prepararse un emparedado para cenar, le resultaba inverosímil que a estas alturas de la noche tuviera hambre, pero así era. Terminó su alimento, se tomó un vaso con algo de leche fresca y retomó su camino rumbo a su recámara. Ya ahí, tomó uno de sus libros, Charlotte Brontë fue la elegida, le encantaba esa autora, y leyó por una hora, hasta que el sueño le venció de nuevo y cayó rendida en brazos de Morfeo. Si Sango supiera que se la había pasado dormida todo el sábado, seguro le hubiera gritado algo como "Que desperdicio de día" o tal vez "¿Ves que tengo razón? Deberías salir más" pero para fortuna de Rin, su amiga no lo sabría nunca.
El domingo temprano, a las ocho de la mañana, un extraño sonido la trajo de vuelta del mundo de los sueños, abrió los ojos con pereza, para de inmediato percatarse de que el sonido provenía de su celular, que a pesar de haberlo dejado en "modo vibrador" consiguió despertarla por el zumbido que emitía por el choque con el mueble. Se incorporó, tomó el móvil y tan pronto se percató de quién le llamaba, puso los ojos en blanco y respondió a la llamada.
—¿Sí?
—¡Buenos días! No me digas ¿aún estabas dormida? ¡Rin!
—Sango… ¡Es domingo! No todos tenemos pequeños despertadores ambulantes que lloran y te despiertan a las siete de la mañana.
—A las seis y media, de hecho, pero eso no importa. Hacía meses que no pasaba esto y este fin de semana las tres estamos libres… ¡Podemos ir a almorzar! Y tener una tarde de chicas. Vamos Rin, Kagome ya me dijo que sí.
—¿Y las gemelas…?
—Miroku cuidará de ellas, además, convenció a Innuyasha de venir a hacerle compañía. Así que ese asunto ya está arreglado. —Rin soltó un sonoro suspiro con algo de resignación, su amiga no hubiera arreglado este almuerzo sin tener todo ya solucionado.
—Está bien… nos veremos en el mismo lugar de siempre, supongo.
—Así es… nos vemos a las once. Adiós.
—Adiós Sango.
Cortó la llamada y se permitió cinco minutos más de descanso, recostada sobre su suave y confortante cama, antes de decidirse a levantarse y alistarse para su tarde de chicas. Tomó una ducha rápida y se preparó un café, pudiera decirse que entre su lista de "cosas por hacer todos los días", dentro de las primeras cinco, siempre estaba el tomarse —mínimo— dos tazas de café al día, aunque siempre tomaba más.
Se vistió con un atuendo casual, algo cómodo para poder pasear, y se mentalizó a que ese día, de seguro estarían deambulando por todo el centro comercial, luego de haber almorzado.
Salió de su departamento, y se encaminó a la salida del edificio, el descanso del día anterior le había resultado sumamente reparador, así que, caminaba con renovados bríos, se le veía feliz. El clima de ese día resultó noble, una mañana cálida, pero acompañada de una brisa refrescante que le dio el toque de perfección que podría describirse para esa mañana. La doctora Noto, caminó por tres cuadras y luego viró a la derecha avanzó un poco más hasta que dio con la estación del tren subterráneo, bajó por las escaleras y se dispuso a aguardar para abordar el tren. Por tercera vez, observó su reloj de muñeca, el tren se estaba demorando y para ese momento, seguro sus amigas ya deberían estar en el restaurante. En ocasiones como esta, se preguntaba a sí misma, si no sería mejor que hiciera un esfuerzo para comprarse un automóvil, aunque manejar no la emocionaba, reconocía que era un "mal necesario" en especial cuando estaba de guardia en el hospital y era requerida para alguna cirugía de urgencia por la madrugada.
Tomó el tren, y en quince minutos había llegado ya a la estación del tren en la que se tenía que bajar, al salir de la estación, caminó por dos cuadras más hasta cruzar la avenida principal y encontrarse con la entrada al enorme centro comercial. Rin avanzó a paso lento, tan pronto se acercó a la entrada, las puertas automáticas se abrieron de par en par y la joven se adentró. Cinco minutos más tarde, ya estaba en la entrada del pequeño restaurante, el frontis del lugar tenía una decoración minimalista, los colores blancos, contrastaban con los negros y rojos que le daban un toque de vida y elegancia, otorgándole un aire modernista a la fachada, la cual resaltaba en comparación con la decoración interior que estaba ricamente compuesta de muebles de un estilo retro evocando a los años 70's, conservando el toque austero y moderado, lo que resultaba ser la cereza del pastel en aquel lugar.
Kagome y Sango ya estaban en el restorán, y para el momento en el que Rin tomó asiento con ellas, se dio cuenta de que ya estaban en medio de una plática bastante interesante, y extrañamente se tocó un tema tabú… un tema tabú para Kagome e Inuyasha.
Kagome tenía algún tiempo ya de haberse ido a vivir con su novio, Inuyasha; llevaban ya cerca de ocho años de novios y hacía tres años habían tomado la decisión de vivir juntos. La situación había resultado un tanto cómica, pues el que ella y su novio compartieran el departamento en el que ahora vivían, había sido el resultado de un arranque de celos por parte de Inuyasha. En cierta ocasión, Koga, uno de los paramédicos —el paramédico en jefe—, luego de entregarle paciente a Kagome, estando en el área de urgencias, tuvo la desfachatez de insinuársele a la doctora e invitarla a salir, enfrente de todo el personal, y, pese a que Kagome fue bastante enérgica al negarse a aceptar semejante invitación, Koga no se dio por vencido, por el contrario, no perdía oportunidad, y hacía todo lo que estaba en sus manos, para pasar el tiempo que le fuera posible en el área de urgencias, y continuar con sus infructuosos intentos de conquista. Cierta ocasión, hubo necesidad de contactar a la policía, esto debido a la naturaleza de las lesiones del paciente que había sido llevado al hospital por parte de Koga y de su equipo de paramédicos; tan pronto arribó al hospital, Inuyasha, preguntó por su novia, mientras que Miroku se encargaba de hacer las averiguaciones pertinentes; una de las enfermeras en turno, le indicó que la doctora se encontraba tomando un café en el descanso médico y le dio indicaciones para llegar al lugar mencionado. Cuando llegó a la sala de médicos, Inuyasha se quedó petrificado, al descubrir a su novia sentada en un pequeño sillón al tiempo que daba sorbos a su café, mientras era acosada por el mencionado paramédico, quien justo en ese momento, la estaba invitando a salir, de nuevo. Kagome no alcanzó a responder, pues fue súbitamente interrumpida por un muy sonoro carraspeo proveniente de la entrada a la sala de descanso y en concreto, del detective de cabellos plateados; en cuanto vio a Inuyasha, el rostro de la doctora se iluminó por completo, se puso de pie y corrió hacia él, lo abrazó rodeándolo por el cuello, y lo besó sin pudor alguno, dejando bien en claro quién era su "dueño". Esa misma tarde, cuando el detective peliplateado fue a visitar a su novia, no mostró retraimiento alguno, al externarle que quería que se fueran a vivir juntos, y cuanto antes mejor, Kagome aceptó sin hesitar.
—Ah vaya, así que hoy es "ese" día —dijo Sango con cautela, midiendo sus palabras en todo momento, Kagome sólo se limitó a asentir y le dio un sorbo a su té.
—¡Hola! perdón por la tardanza, el subterráneo tardó un poco en pasar, no sé qué problema hubo con la corriente… ¿De qué hablan? —Ambas jóvenes se miraron fijamente por unos segundos, que parecieron una eternidad, guardando un silencio sepulcral que comenzó a volverse un tanto incómodo. Sango lanzó la muda interrogante a Kagome, quien con un suave gesto le dio permiso para compartir el asunto del diálogo mantenido entre las dos amigas, antes del arribo de Rin.
—No te preocupes Rin, no esperamos por mucho tiempo… hablábamos de hoy… de lo que ocurrió hoy hace tres años…
—Ah, entiendo… ¿del asunto de Kikyō?
—Sí… de eso…
—Lo lamento Kagome, de haber sabido no hubiera preguntado… aunque no estoy muy familiarizada con todo ese asunto, sé lo mucho que te incomoda hablar de ello…
—Tal vez es momento de que Rin sepa todo ¿no lo crees Kagome? Después de todo, es nuestra amiga, y le será mejor entender… ya sabes… todo.
—Sango… está bien, no es necesario, si Kagome prefiere no hablara de ello, yo entiendo perfecto…
—No. Creo que lo mejor será que te cuente todo, prefiero que lo sepas —dijo Kagome con un tono que revelaba un poco de tristeza, y con un intento de sonrisa dibujada en su faz soltó un suspiro. —Pero hablaremos después de comer, tomando un café, como se debe hacer… no es fácil para mí hablar de esto… es un tema, el único tema de hecho, que no puedo tocar con Inuyasha y hay ocasiones en que me siento tremendamente agobiada, en especial cuando se acerca esta fecha. Me alegro que hayamos decidido venir a pasar un rato juntas, y también me da gusto que Inuyasha no esté solo, y que Miroku lo acompañe… sé lo difícil que sigue siendo para él a pesar del tiempo que ya pasó… supongo que algo como eso es… imposible de olvidar. —Sango le tomó la mano a su amiga mostrándose solidaria con ella y Rin asintió en respuesta a lo que Kagome le dijo.
—Bueno, pues… ¿qué esperamos? Ordenemos de una vez —dijo Sango tratando de quitar hierro al asunto.
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—Supongo que lo más sencillo, será contarte todo conforme se fueron dando los eventos… Inuyasha… bueno, él siempre se mostró un tanto renuente a seguir con el "legado Taisho" nunca mostró interés en continuar con los negocios de su padre, además el que se lleve mal con su medio hermano no ayuda, aunque su relación ha mejorado bastante, ahora por lo menos pueden estar en la misma habitación sin intentar matarse entre ellos. —comentó Kagome al tiempo que una casi imperceptible sonrisa se le formaba en sus labios —Inuyasha siempre quiso abrirse camino por su cuenta, y el mundo de los negocios nunca fue lo suyo, por ese motivo, en cuanto le fue posible, entró a la academia de policía. Por ese tiempo, conoció a Kikyō, ella estaba iniciando sus estudios en psicología, la verdad es que no tengo muy claro el cómo fue que se conocieron, pero no tardaron mucho en iniciar una relación. Salieron por casi cuatro años, y cuando Inuyasha planeaba pedirle matrimonio, justo antes de que ambos terminaran sus estudios, Kikyō lo dejó, sin más, sin darle explicaciones… eso lo destrozó, pero lo que terminó por hundirlo más, fue el hecho de enterarse que, seis meses después de su rompimiento, Kikyō se casó con un magnate, un extranjero adinerado diez años mayor que ella, así que Inuyasha sospechó que en algún punto, Kikyō le engañaba con él. —Rin miró sorprendida a Kagome, nunca imaginó que la historia que el novio de su amiga compartía con Kikyō hubiera llegado a término de esa manera tan desagradable.
—Vaya, sí que debió haber sido duro para Inuyasha —Kagome asintió, pero pronto su semblante se tornó oscuro y sus ojos perdieron el brillo que tanto los caracterizaba.
—Sí, lo fue… pero lo que le siguió no se le compara. —Rin abrió los ojos tanto como le fue posible, sorprendida por el comentario hecho por Kagome.
—¿A qué te refieres? ¿Qué fue lo qué pasó? —interrogó, intrigada sobremanera.
—Inuyasha se dedicó en cuerpo y alma a su trabajo, nada parecía importarle más, parecía que sólo eso le daba un poco de paz… tres años después de su rompimiento con Kikyō, nos conocimos… fue un tanto gracioso, yo estaba por terminar mi primer año de residencia(4), él resultó herido en un operativo, y fue llevado al hospital en el que yo estaba destinada, a mí me tocó suturar su herida, por un momento dijo que se sorprendió bastante, al parecer tengo cierto parecido físico con Kikyō, pero en esencia somos muy distintas. Después de eso, me buscó por mucho tiempo, hasta que accedí a salir con él. Todo iba bien entre nosotros… pero cuando llevábamos tres años juntos, pasó "eso" … —Kagome hizo una pausa, respiró hondo un par de veces y le dio un sorbo a su café, como buscando encontrar el valor necesario para continuar con su relato —Inuyasha solicitó hacer el examen para ascender de puesto y convertirse en detective, trabajó muy duro por ello, y cuando lo consiguió, ambos estábamos muy felices, y nos fuimos a celebrar. Dos días después, le indicaron que sería asignado al área de homicidios, era un área un tanto "conflictiva" el trabajo se acumulaba, los casos sin resolver iban en aumento y se necesitaba gente "nueva" para ayudar con todo, él aceptó sin dudar y quedó bajo las órdenes del comandante Myoga Ogata… Cuando, tenía un mes en el puesto, los mandaron llamar, porque habían reportado el hallazgo de un cuerpo; sin embargo, había algo extraño en torno al comportamiento de los policías que encontraron el cuerpo, e Inuyasha no entendía muy bien, el por qué se comportaban así de extraño, ver un cuerpo abandonado en medio de la nada no es algo agradable, pero de algún modo ellos suelen estar habituados a ver tales cosas. Al llegar al lugar, entendió todo… era Kikyō… —Rin se cubrió la boca con su mano y ahogó un pequeño grito, producto de su estado anonadado, no podía creerlo, no sabía que Kikyō había muerto.
—¿Ki-kikyō? —Kagome asintió
—Kikyō había sido asesinada, y encontraron su cuerpo abandonado detrás de unas bodegas ubicadas en las afueras de la ciudad. Inuyasha enloqueció, por poco contamina la escena, lo tuvieron que sujetar entre varios de sus compañeros y lo llevaron al hospital para que lo internaran y se le aplicara un tranquilizante… lo llevaron al hospital en el que yo estaba empezando a trabajar… fue muy doloroso para mí verlo en ese estado. Debido a lo acontecido le dieron una semana de licencia y valorarían si es que estaba apto para regresar a laborar de nuevo como detective, de lo contrario, sería cambiado de área. No me imagino el dolor que sintió al ver el cuerpo destrozado de la mujer que en algún momento amó tanto… era más que obvio que la muerte de Kikyō había sido lenta y muy dolorosa, tenía huellas de tortura por todo su cuerpo… fue horrible.
—¡Qué horror! Pobre Kikyō, nadie merece una muerte tan atroz.
—Al término de la licencia, Inuyasha volvió al trabajo, y de nuevo al área de homicidios, pero se obsesionó con el trabajo, su mente sólo estaba en capturar al asesino de Kikyō y yo… trataba de entenderlo y apoyarlo, en verdad, pero era tal su obsesión, que prácticamente me volví invisible para él… —Kagome hizo una pausa, aquello aún pesaba, un gran nudo se formó en su garganta y le impedía hablar, soltó un sonoro suspiro y continuó —… así que luego de intentar hablar con él, de hacer lo posible por arreglar las cosas, y ver que nada funcionaba, decidí terminar mi relación con Inuyasha y lo dejé. Él al principio se mostró indignado conmigo y no quiso saber nada de mí, pero luego de dos semanas, me buscó. Yo no quería saber nada de él, me resultaba bastante doloroso, y no estaba dispuesta a vivir a la sombra de una exnovia que además de todo ya había fallecido, en ese momento pensé: "contra eso nada se puede hacer". Pero Inuyasha es obstinado, nadie le gana en eso, e insistió hasta que me convenció de volver con él, además, entendió que no era buena idea que él siguiera involucrado en el caso de Kikyō, su lazo emocional, lo hacía perder objetividad, así que le encargaron el caso a alguien más. Miroku ha estado con él apoyándolo en todo, y eso ayudó a que viera las cosas desde otro ángulo. Nuestra relación ha estado bien desde entonces, pero esta fecha se le quedó grabada en la cabeza y en el corazón… no ha olvidado aún que, un día como hoy, hace cinco años, encontró el cuerpo de Kikyo destrozado… y aunque no me dice nada, sé que cuenta los años, y sé que seguirá recordando esta fecha y que seguirá reviviendo aquello, año con año, y de manera dolorosa, al menos, hasta que atrapen al culpable. Por el bien de nuestra relación y nuestra convivencia, yo prefiero darle su espacio y no hacer preguntas ni comentarios…
—Por kami-sama… nunca imaginé que… —Rin se quedó sin palabras, no supo qué decir o cómo decirlo… o si es que había algo qué decir… Kagome pudo leer en su expresión todo lo que su boca no fue capaz de pronunciar y le dedicó una suave sonrisa.
—Lo sé Rin… no tienes que decir nada… esto se ha ido quedando en el pasado, pero no hemos perdido la esperanza de que algún día el asesino caerá, e Inuyasha podrá cerrar ese capítulo de su vida.
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Domingo al medio día, el hombre heredero del imperio Taisho, se encontraba en su oficina, observando todo el panorama que su puesto privilegiado le obsequiaba. Su oficina, tenía uno de las mejores vistas del lugar, y contemplar el paisaje le resultaba por demás relajante, era una de las pocas aficiones que tenía y que, además, nada tenía que ver con el trabajo o los negocios. De más está el decir que, el edificio se encontraba prácticamente vacío, salvo por los guardias de seguridad, y una que otra persona de intendencia, y todos y cada uno de ellos, tenían la específica orden de que no se le debe molestar al señor Seshōmaru mientras esté en su oficina, sin importar qué.
Su mente, era constantemente bombardeada por cientos… por miles, de pensamientos, que se negaban a darle tregua alguna, exigiéndose a sí mismo la capacidad necesaria para darle pronta solución a todos los pendientes que tenía. Su próximo viaje al extranjero, para visitar una de las constructoras, recientemente adquiridas, le estaba generando más estrés del habitual, fue por eso que, dos noches atrás, había decidido visitar a Kagura, sin embargo, no había obtenido el resultado deseado. Anteriormente, el disfrutar de una buena sesión de sexo con ella, le obsequiaba el beneficio de liberar estrés y lo hacía caer en un estado de plena relajación; pero últimamente, la mujer de ojos carmesí, se estaba volviendo más demandante y necesitada de lo habitual, lo que sólo sumó más estrés a su agitada vida. Su rutina se limitaba única y exclusivamente al trabajo, a dar lo mejor de sí y hacer crecer el patrimonio Taishō. Si bien admitía que, durante su adolescencia y juventud, su relación con su padre de vió bastante deteriorada, actualmente, habían descubierto un punto en común que, terminó por unirlos y lograr que las rencillas entre ambos disminuyeran al grado de poder llevar un buena relación padre-hijo y presidente-vicepresidente; ambos compartían la misma pasión por los negocios, y ambos eran excelentes empresarios.
Sesshōmaru, seguía sumido en sus cavilaciones, haciendo una lista mental de lo que le encargaría a su secretaria y a su asistente Jaken, el día siguiente a primera hora, cuando súbitamente un olor conocido puso su mente en blanco y lo sacó por completo de su ensimismado estado; flores… flores silvestres, eso fue lo que percibió, en ese momento y con movimientos un tanto bruscos, giró sobre sus talones y caminó a lo largo de su oficina para salir al pasillo, cruzó el área de recepción de su secretaria personal y pasó de largo por el despacho de Jaken, continuó su camino hacia el elevador, siguiendo a su olfato, que le exigía encontrar la fuente de dicho aroma, avanzó hasta llegar a la estancia común, la cual se conformaba de un escritorio y una enorme sala modular en piel color chocolate, lugar en donde estaba siempre una joven recepcionista que se encargaba de atender a ambos Taishō en lo concerniente a las tareas menores; y fue ahí que se topó con una mujer, una intendente de mediana edad, seguro no pasaba de los cuarenta o cincuenta años, de cabellos color castaño oscuro y mirada dulce, quien de manera desinteresada, se encontraba colocando, sobre la mesa de centro de la estancia, un florero coronado por bellas flores: Camelias, Violetas, Sakuras y Crisantemos. Todas en conjunto formaban un adorno completamente armonioso y le otorgaron al lugar un aroma exquisito.
Sesshōmaru observó fijamente el florero y después le dirigió a la mujer su mirada, permaneciendo con un gesto adusto en su faz, la mujer tragó en seco y después hizo una reverencia, disculpándose con su jefe, si por algo lo había perturbado con su presencia.
—Señor Taishō perdone mi atrevimiento, no imaginé que mi presencia lo fuera a perturbar, nunca tuve la intención de molestarlo, ni mucho menos consideré el entrar a su oficina, sólo subí hasta aquí para traer este florero, pero ya iba de salida…
—No te disculpes, no tienes por qué… esas flores ¿de dónde salieron?
—De uno de los viveros de la señora Izayoi, llegué de paso, cuando venía para acá, y pensé que sería buena idea decorar un poco el lugar… lo siento… si le molestan, las puedo retirar de inmediato, yo…
—¡No!... déjalas… es más, quiero que lleves estas flores a mi oficina, y quiero que todos los días haya un florero con las mismas flores que colocaste aquí, en mi oficina, sin falta. —la mujer le dedicó una mirada de desconcierto al primogénito de los Taishō, pero asintió, acatando al pie de la letra la orden, y mientras cargaba el florero con rumbo a la oficina, Sesshōmaru le dio una nueva indicación —pero asegúrate de que NO compren esas flores en el vivero de esa… mujer, que los traigan de otro vivero —la mujer volvió a asentir. Cuando la mujer se retiró de la oficina del heredero Taishō, el hombre se acercó al florero y se dedicó a disfrutar del embriagante aroma y de inmediato fue transportado a esa etapa de su vida en la que pudo decir, que tuvo un pequeño resquicio de paz, esa pequeña etapa en la que estuvo en contacto con ella, extrañamente esa pequeña niña, lo comprendía como nadie, inesperadamente logró despertar en él un instinto de protección que nunca pensó poseer y le otorgaba eso que tanto anhelaba: paz. Y ese aroma, era su aroma, flores silvestres, a eso olía siempre, así olía Rin.
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N/A:
Heme aquí con esta nueva historia, desde hace un año ha estado rondando en mi cabeza, rogándome por salir y que por fin pudiera ver la luz, y desde que comencé a armarla, supe que debía ser de otro de mis animés favoritos: Inuyasha. A diferencia de la otra historia que estoy escribiendo (la cual no he abandonado y espero ya pronto subir el siguiente capítulo, ya va bastante avanzado), esta será una historia un tanto oscura, pero tendrá sus toques de romance, aunque no será el tema central de la misma. Será un Sessh+Rin aunque sin dejar de lado a las otras parejas (sí, soy súper fan de esa pareja). Y bueno, poco a poco se irá desentrañando el misterio hasta descubrir qué fue lo que en realidad le ocurrió a Kikyo y por qué. Espero la disfruten, tanto como yo lo estoy haciendo al escribirla.
Se desarrollará (en parte) dentro de un entorno médico, como escribí al inicio del capítulo, todas las situaciones médicas descritas, se harán con total fundamento científico, sin embargo, trataré de no caer en demasiados tecnicismos, y procuraré hacer las aclaraciones pertinentes al respecto, si quedara alguna duda, háganmelo saber y con gusto la aclaro.
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ACLARACIONES:
(1) Shock ó choque hipovolémico: A menudo llamado también shock hemorrágico, es un síndrome complejo que se desarrolla cuando el volumen sanguíneo circulante baja a tal punto que el corazón se vuelve incapaz de bombear suficiente sangre al cuerpo. Es un estado clínico en el cual, la cantidad de sangre que llega a las células es insuficiente para que estas puedan realizar sus funciones. Este tipo de choque puede hacer que muchos órganos dejen de funcionar, por lo tanto se le considera una Emergencia Médica. A muy muy groso modo, esta es su definición, y como mencioné anteriormente, no quise caer en demasiados tecnicismos, pues es una entidad compleja que se caracteriza por respuestas sistémicas y celulares complejas y no viene al caso ahondar más en el tema.
(2) Bazo: Es un órgano presente en casi todos los vertebrados. Forma parte del sistema linfático y el centro de actividad del sistema inmune, facilita la destrucción de glóbulos rojos y plaquetas viejos o cáducos y durante el período fetal participa en la producción de hematíes nuevos. Es aplanado y tiene forma ovalada, se encuentra en el cuadrante superior izquierdo del abdomen, próximo al páncreas, el diafragma y el riñón izquierdo; esta sumamente vascularizado, por lo que una lesión a este órgano puede incurrir en hemorragias severas y de no corregirse o extirparse a tiempo, puede desencadenar choque hipovolémico o incluso la muerte.
(3) Colecistectomía: Es la intervención quirúrgica que se realiza para extraer una vesícula biliar enferma: ya sea por infección, obstrucción o por contener cálculos biliares. Esta cirugía se puede llevar a cabo mediante Extracción Abierta, haciendo una incisión en el lado derecho del abdomen justo debajo del borde de las costillas; o por Cirugía Laparoscópica, en la cual se realizan pequeñas incisiones, se inyecta CO2 en la cavidad abdominal, y a través de las incisiones se introduce una cámara y los instrumentos necesarios para llevar a cabo la cirugía (érroneamente se le menciona como cirugía "láser" pero no es correcto).
(4) Primer año de Residencia: En mi país (México), una Residencia Médica es el período durante el cual se lleva a cabo el estudio y adiestramiento necesario para convertirse en médico especialista, entiéndase que los Residentes, no son "practicantes" puesto que ya son Médicos Generales titulados quienes, para poder ingresar, tuvieron que realizar un examen conocido como ENARM (Examen Nacional para Residencia Médica), y competir a nivel Nacional por una plaza de hospital para llevar a cabo ese estudio. Comúnmente, en el gremio médico se refieren a los Residentes como "R" y se le agrega el año en el que están cursando, ejemplo: Kagome estaba en su primer año de Residencia en Urgencias, cuando conoció a Inuyasha, por lo que sería una R1 de Urgencias. La duración de la Residencia, depende de la especialidad que se elija, y si se desea o no, hacer subespecialidad, por lo que un Residente, podría estudiar desde dos años hasta doce o quince años más, además de los que conlleva el estudiar medicina general (entr años, dependiendo de la universidad).
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Y bueno, creo que son todas las aclaraciones que debía hacer, si hay alguna duda, háganmelo saber y las responderé a la brevedad.
¡Hasta Pronto!
