Los personajes son de la autoría de Misuki e Igarachi yo solo los tomé prestados con el único propósito de Crear una historia Y entretener.
CON TODA EL ALMA
Capítulo 30
LOS ENCONTRARÉ MI AMOR
¡Despierta mocosa! – arrojando un balde de agua fría en la cara, Candy despertó sintiendo entumida la piel de su rostro y un frío siniestro que le calaba lo huesos.
¿Sarah? – Candy volteaba por todos lados tratando de reconocer el lugar donde se encontraba… se levantó y apoyándose en una de las paredes tratando de aclarar su mente – ¿Dónde estoy?
No te preocupes por saber donde estás… si hay un lugar en donde no te buscarían sería éste – señalando con un dedo el lugar – estamos en el castillo de Urquhart… es una ruina… ruina que compartirás tú cuando ya estés ¡muerta!
Sarah… ¿Por qué…?
¡¿Creíste que nunca te encontraría?! – PLAF una cachetada más a su hermoso rostro haciendo que cayera sobre unos fardos de paja y la respuesta a su pregunta – pagarás muy caro el haber llegado a nuestras vidas Candice White.
Por… por favor Sarah… déjame ir.
¿y negarme el gusto de destruir todo lo que eres? ¡jamás Candice!
Candy se levantó lentamente cubriendo su vientre con una mano encontrando un poco de valor en si misma para enfrentar a la que una vez creyó que podría ser su madre.
¡¿Qué te hice para que me odies tanto?! – Le gritó
¿Qué me hiciste? ¡¿qué me hiciste?! – haciendo que los gritos taladraran sus propios oídos, se acercó hasta ella tomándola de los cabellos haciendo que su cabeza se inclinara hacia atrás – te apareciste y desde entonces arruinaste todo lo que me pertenecía a mi y a mis hijos… arruinaste mi vida… mis planes – Candy la miró con determinación… muy dentro de ella se negaba a doblegarse ante esa mujer
¡suéltame! – le gritó Candy
Jajajaja – se reía Sarah – vaya vaya vaya… la gatita ha sacado sus uñas – se alejó dos pasos de ella dándole la espalda y se volteó y mirándola con el odio más puro del que se puede ser capaz – pero no lo suficiente ¡estúpida! – otra cachetada impactó en su mejilla pero ésta vez Candy la confrontó.
¡jamás…!
¡¿jamás que huérfana del demonio?! – la volvió a tomar de los cabellos tirándola de nueva cuenta en el piso – no eres nadie… si no hubiera sido por el imbécil de Raymond ¡jamás! Habrías pisado mi casa.
¡ya es suficiente! – una voz atronadora hizo que Sarah se detuviera por un momento
¡lárgate de aquí Robert!... ésto es entre ésta estúpida y yo… demasiado me debes Candy – se alejó unos metros de ella y cuando regresó tenía un fuete golpeándose la palma de las manos.
Por… por favor Robert ayúdame – le decía con lágrimas en los ojos.
Te haré lo mismo que le hicieron a mi Eliza – golpeando al aire que a tiempo esquivó Candy escuchando el zumbido a un lado de ella.
Sarah… no lo hagas… mi bebé – su llanto arreció cuando la veía acercarse a ella.
¿sabías que Eliza quedó embarazada gracias a ese idiota? – señalando a Robert… él ignoró a Sarah riendo a carcajadas y saliendo de ese lugar en ruinas – mi hija desterrada ¡por tu culpa! – un golpe en la espalda la hizo acurrucarse protegiendo su vientre, sus labios no pudieron reprimir los gritos que el dolor y ardor la hacía sentir… y ese momento lo aprovechó Sarah para cortar con una daga su vestido y descubrirle la espalda - ¿duele Candy? – Candy trató de levantarse y Sarah se lo impidió dándole otro golpe – le robaste todo… a Anthony – otro golpe más - por tu maldita adopción ella siempre estaba muy debajo de ti… le robaste la posibilidad de ser duquesa… ella debió casarse con William ¡y no tú!... mi hija tenía las esperanzas de que William Andley la hiciera su esposa – en cada recordatorio la azotaba, Candy con todas sus fuerza y en medio del dolor trataba de ser fuerte… no quería sucumbir en ese momento… solo pensaba en su bebé que se movía con energía a modo de protesta… pero sus conocimientos como enfermera le decían lo contrario y trataba de controlarse para evitarlo – la violaron… mi hija ha quedado deshonrada… señalada… manchada ¡y todo por tu causa! – tres azotes más y los gritos de Candy los ahogaba la lluvia que en ese momento caía - ¡grita todo lo que quieras! ¡nadie te escuchará! – las carcajadas resonaban en lo que parecía fue un gran salón antaño y Candy apenas con energía se arrastraba hacia la puerta cuando un dolor laceró sus caderas… sin siquiera desearlo y con el miedo bullendo en todo su ser los dolores comenzaron a incrementarse – la azotaron y humillaron sin piedad – dos azotes más le impidieron moverse - ¿y sabes quien fue? ¡García! El mismo hombre que te llevaría a esa hacienda donde ahora está recluida mi hija…
Por favor Sarah – en casi un susurro pero suficientemente alto para que ella escuchara – necesito a Margareth – Sarah se acercó al rostro de Candy con una mirada desquiciada
No querida – otro grito y dolor más fuerte que el anterior la hicieron separar las piernas y con una de sus manos se palpó sintiendo la cabecita de su bebé, Candy se asustó mucho tomándola de la falda del hábito que vestía.
Por… favor…
Respira y exhala… ya todo pasará – alejándose de ella y viendo desde donde estaba como Candy se asistía así misma en el nacimiento de su bebé, pujaba y respiraba por lapsos cortos conforme los dolores se presentaban.
Sarah… ayúdame – vió como la mujer curvaba una sonrisa y negando con la cabeza, se inclinó sobre su vientre y sintiendo la cabeza de su bebé fuera de su vagina lo tomó y jalándolo con mucho cuidado y firmeza a la vez lo sacó hasta los hombros… tomó una bocanada de aire y pujó lo más fuerte que pudo y su bebé salió hasta la cintura… Candy volvió a inclinarse más y pasando sus manos debajo de los bracitos lo sacó completamente posándolo sobre su pecho… se quitó uno de los listones que aun tenía en su cabello y amarró el cordón umbilical y pujando una vez más expulsó la placenta.
En esos momentos su amor fue muchos más grande que su dolor y con su propio fondo limpió a su bebé era un hermoso niño y con su capa lo arropó besándole su rostro y su pequeño cuerpecito, sus lágrimas caían sobre esa carita de ángel y con gran ternura terminaba de limpiarlo, posando sus labios sobre la boquita de sus bebé aspiró los fluidos y lo escupió a un lado, un pequeño gorgoreo seguido por un copioso llanto la hizo descubrirse y ofrecerle el pecho para que su hijo se alimentara, en un principio fue doloroso y no encontraba la manera de que el niño succionara pero ya después de unos minutos el bebé se aferraba a la fuente de vida que le ofrecían… su pequeño ángel dejó de llorar al sentir el tibio consuelo que le daba la leche de su madre y con sus ojitos tan azules como los de Albert se regalaron el inmenso amor que ella sentía y sentiría desde ese momento hasta su propio final – eres tan hermoso mi amor… mi corazón – el eco de unos pasos acercarse la hicieron abrazar a su hijo y con la daga en mano Sarah se agachó y cortó el cordón.
Dámelo Candice
¿Cómo? – los enormes ojos verdes de Candy la miraban asustada – ¡es mi hijo! – Candy negaba con la cabeza fervientemente
No querida… una vida por otra – arrebatándoselo de sus brazos – antes de que mueras… quiero que sepas que este niño será el hijo que perdió Eliza.
Sarah… mi bebé.
Jamás debiste atravesarte en mi camino… y hoy terminaré lo que hace mucho comencé… Robert – llamándolo con voz imperiosa – sostenlo y espérame en el carruaje – el hombre cubriéndolo a su vez con su capa salió sin siquiera sentir un ápice de remordimiento por esa bella mujer que en alguna ocasión lo impresionó, arreglándose el cabello Sarah se retiró por unos segundos y regresó con un vaso de metal – tómate esto – Candy negó una vez más con la cabeza – ¡que te lo tomes estúpida! – la agarró por la fuerza enredando su mano en su cabello haciendo que Candy tomara y se atragantara con lo que bebía.
¿Qué es?
Te liberará de todo dolor ¡muérete Candice White! – se dio la vuelta y se marchó… mientras Candy vomitaba el agua que había tomado.
Tres largos días habían pasado desde ese fatídico día y no había un solo segundo en el que el magnate y poderoso William Andley descansara o se rindiera en el intento por encontrar a Candy sana y salva… toda la comunidad se volcó en la búsqueda de la esposa de su protector… nadie cegaba en su intento por encontrarla, llegaron a otra de las posadas que circundaban el castillo Andley y simplemente no habían noticias que lo hicieran salir de ese momento tan doloroso, la desesperación, sus ropas, su cuerpo y todo él daban cuenta de todo lo que su corazón sentía… no había un norte o brújula que la guiara a ella… solo confiaba como en veces anteriores en que su amor lo llevaría a ella.
Mi amor… ¿Dónde estás? – saliendo de la posada aún de madrugada y mirando el oscuro cielo tachonado de estrellas escondidas tras las nubes
William… Albert… tienes que descansar.
No puedo George… tengo que encontrarla – quebrándosele la voz – ¿Cómo está Dorothy?
Inconsolable… y recuperándose del golpe… estaba pensando en enviarla de regreso a América pero se ha negado rotundamente… William…
Mi cuerpo no puede descansar si no la tengo a mi lado… por favor coordina la búsqueda… yo iré por mi cuenta… necesito que mantengan vigilados los puertos… embarcaderos – sus ojos antes límpidos se veían rojos y con ojeras que lo circundaban en los párpados subió sobre su corcel y partió sin mirar atrás y una vez más miró al cielo – los encontraré mi amor – George desde donde se encontraba veía como la espalda ancha de Albert desaparecía en la negrura de la noche.
Sin una pista que seguir dejó que su caballo lo guiara, ya había agotado todas las vías y caminos de búsqueda, esperaba con todo su corazón que el cielo obrara con un milagro, los tonos violáceos del cielo le aclaraban un poco el camino conforme pasaban las horas y se vió en un sendero, con sus hombros caídos a causa del cansancio… una y otra vez desde el día de su desaparición no podía sacar de su mente la idea de que era Robert quien estaba detrás de todo eso, buscaba una explicación lógica de que no pudieran encontrar aun a su esposa, y volvió a observar el sendero… al ser un camino solitario le extrañó de alguna manera que hubieran huellas de carruajes jalados por caballos, tuvo la sensación de algo atrayéndolo a adentrarse a ese camino cuando a lo lejos se erigió la fortaleza de un castillo en ruinas… un castillo que por muchos años solía visitar junto con George cuando era adolescente y al llegar a la entrada vió tirada sobre unos matorrales la capa, bajó del caballo y adentrándose entre ese matorral se dio cuenta que eran flores de cardo, las espinas de sus vainas lo arañaban pero aun así llegó hasta alcanzarla y se dio cuenta que era de Candy, subió una vez más a su caballo y lo azuzó más para que se adentrara y al llegar a la puerta la abrió con fuerza, un olor hierro oxidado y a humedad le dio la bienvenida, se adentró con cuidado y desconfianza sintiendo que su corazón podía salírsele del pecho, el amanecer aún no llegaba y sin nada que alumbrar el lugar dejó la puerta abierta caminó a tientas y algo lo hizo tropezar… era el cuerpo de Candy.
Hola chicas… un nuevo capítulo les dejo a petición de Mary Huerta Ortigoza ¡estás de suerte! GRACIAS una vez más por sus comentarios las leo y tomo en cuenta sus ideas… GRACIAS mil que lo disfruten.
Carol Aragón
Camila
Ana Martinez
Guets1
Sayuri1707
Guets2
elbroche
Lili
