Los personajes le pertenecen a sus autoras y creadoras Misuki e Igarachi… y solo los utilicé con el propósito de entretener.
CON TODA EL ALMA
Capítulo 31
DESPUES DE LA TORMENTA…
Mi amor… te encontré – salió con Candy en brazos y se sentó en las escaleras del castillo en ruinas… la sentía tan fría… tan lánguida – Dios – tocó su vientre vacío – y su llanto casi no lo dejaba respirar, la abrazaba consolando su propia pérdida y dolor, le acariciaba su cabello liberando su hermoso rostro de ellos, no encontraba la manera de sacar en un grito toda la rabia por no haberla sabido proteger, se sentía tan culpable… sin ninguna explicación el hermoso corcel negro se acercó piafando frente a ellos, acercando su hocico al rostro de Candy olisqueando a ambos, dobló sus patas para quedar a su altura, Albert se levantó y cubriendo a Candy con su tartán montó sobre el lomo colocándose en la silla y asegurarse que ella fuera cómoda, tomó con fuerza las riendas y una vez más alzándose sobre sus dos patas traseras Luz de luna galopó hasta el cansancio hasta llegar al castillo Andley, los débiles rayos del sol los alcanzaron cuando traspasó la entrada de su hogar mientras pedía a gritos las cosas que necesitaba que le subieran a sus aposentos. Elroy Andley al escuchar tal escándalo salió de su recámara y volvió a encontrarse con esa escena que apenas hace 10 meses pensó que jamás volvería a pasar.
¡Dios mío William! ¡Candy… hija! – cubriéndose la boca con una mano – Margareth… por favor manda a llamar a un médico.
Tía por favor que mantengan cálida ésta recámara – colocó a su esposa sobre la cama quitándole la ropa ajada, tomó un trapo y humedeciéndolo limpió cada parte del cuerpo de Candy, con lágrimas cayendo sobre ella retiraba todo resquicio de suciedad – mi amor ¿Qué te han hecho? – el vacío y la flacidez de su vientre era evidente, con sumo cuidado de no lastimarla más pasaba un paño en su torso y notando una marca que atravesaba su cintura… la volteó y no pudo evitar dar un grito de horror al ver su espalda lastimada.
Albert… ¡Albert! - volteó a ver a Margaret – déjame atenderla hijo… ya está en casa… ve a descansar.
No… no puedo – se negaba intensamente.
Hijo… ella te necesita… debes estar bien.
Margareth… su espalda – se levantó de la cama acercándose a la ventana arrojando un florero haciéndose añicos, golpeó la pared provocándose daño en los nudillos de su mano, caminó de un lado a otro mesándose el cabello.
William… Candy estará bien hijo… tienes que controlarte… para nadie es fácil ésta situación… ve a descansar – le decía Elroy Andley con una voz inusualmente suave posando su mano en el hombro
¿me avisarás cuando venga el médico? Dirigiéndose a Margareth
Si… te avisaré cuando el doctor halla terminado de revisarla – él se detuvo – estaré con ella en todo momento.
¿ya vino George?
Vino momentos después de ti…
Debo hablar con él – salió de la recámara y bajó al salón donde lo esperaban muchas de las personas que lo apoyaron en la búsqueda de Candy… se sintió conmovido y agradecido… no esperaba tal muestra de solidaridad, sus ojos luchaban con no liberar las lágrimas que contenía con dolor.
Señor…
Ella se pondrá bien Bruce… gra… gracias a todos… cualquier cosa los mantendré informados… Alfred – el viejo mayordomo se acercó hasta él – por favor encárgate de que desayunen… gracias a todos – sin hablarle a nadie en particular y dirigiéndose a Alfred – Margareth estará con mi esposa.
Como usted ordene señor.
George… por favor – ambos hombres entraron a la biblioteca privada y nada más cerrar la puerta todas las emociones contenidas se desbordaron… Albert cayó de rodillas.
Wi… Albert ¿Qué pasa? Creí que estarías feliz.
George… la han azotado hasta el cansancio… su espalda… Dios mío… toda su espalda está marcada… Candy dio a luz… Mi hijo… mi hija… la encontré sola… ella está inconsciente… no sé si fue niño o niña… George – se tapaba el rostro con las manos – ayúdame a buscar a mi bebé – lloraba sin poder controlarse – por favor George… no puedo dejar a Candy en esas condiciones… necesito y quiero estar a su lado.
Lo haré – lo tomó de los brazos y lo levantó – valor y fuerza muchacho – habían lágrimas en su ojos – sabes que debes descansar – Albert solo asintió – me retiro cada minuto que pasa… ahora no solo es ese hombre es tu hijo también Albert – se acercó a él dándole un fuerte abrazo – no se lo que tenga que hacer… pero traeré a tu hijo.
Gracias George… debes saber que eran dos personas más que estaban en ese lugar y una de ellas estoy seguro eran huellas de mujer… encontré tirado… – sacando un rosario de su bolsillo – y ésto solo lo utilizan los sacerdotes y monjas… asegúrate que cada persona que aborde un barco sea minuciosamente revisado.
Bien… ahora sé a quien debemos de buscar… hazme un favor.
Dime.
Descansa… no estaré tranquilo si no lo haces… sabiendo lo necio que eres y lo mucho que necesitas hacerlo.
No te preocupes… lo haré – parte de él se sentía tranquilo, pero también sentía un enorme vacío en su pecho y como un niño regañado se subió a una de las habitaciones para invitados y se puso a llorar desconsoladamente sobre la cama cayendo sin darse cuenta en un profundo sueño… eran pasadas de las 6 de la tarde cuando despertó y desorientado se levantó dirigiéndose a su propia recámara, no podía creer que halla dormido tantas horas entró como una tromba a la habitación encontrándose con Margareth poniéndole compresas y curando las heridas de la espalda a Candy.
Albert… no quise despertarte.
Debiste hacerlo ¿Qué dijo el médico? – en ese momento entró otra persona ambos voltearon a ver haciendo que Albert llegara hasta él - ¡Archie! ¿como?... ¿cuando? – abrazándose ambos hombres.
Queríamos darles una sorpresa… Albert… siento tanto lo que ha pasado… Albert… ha venido alguien más conmigo… no se porque – lo decía sollozando – nos encontramos a Mikael en el mismo barco en el que veníamos Annie y yo… él se dirigía a Francia el caso es que lo persuadí a que viniera a Escocia sin imaginarme que todo esto estuviera ocurriendo… días antes de nuestra partida a Nueva York se presentó en el corporativo y me pidió que trajéramos las últimas dosis del suero para que se le aplicara a Candy después… después... ¡Dios mío!… él ha estado atendiéndola – Albert en medio de tanta tristeza embozó una sonrisa.
¿pensaste que me molestaría?
Si… me refiero a que tú sabes los sentimientos de Mikael por Candy… Albert
No te preocupes Archie… lo único que deseo en estos momentos es que ella éste bien… daría lo que fuera Archie por verla sonreír… por verla con bien… no soporto… ¡Dios mío Archie!
¿sabes quien lo hizo? – él negó con la cabeza
Pero estoy seguro que fue Robert…
¿Que piensas hacer?
Ya hemos ido con las autoridades… ellos están haciendo su trabajo… sabes que no soy muy confiado en esas cuestiones… le he pedido ha George que movilice a otras dependencias… solo espero que no demoren en encontrar a esas personas – le contó absolutamente todo, Archie no salía de su asombro – necesito traer a mi hijo… Archie si no lo hago no podré perdonarme jamás el dolor de Candy… quiero pedirte un favor…
Dime
Saldré en la búsqueda de mi hijo…
Pero Albert… Candy te necesita…
¡y crees que no lo sé! ¡me parte el alma verla así! – señalándola – ¿pero que va a pasar cuando despierte? ¿¡eeeh!? – lo cuestionaba casi en un grito tratando de ser prudente al estar en su recámara – Ella… ella preguntará por nuestro bebé… no tengo idea si fue niño o niña… pero te juro por mi vida que no descansaré hasta encontrar a quien quiera que halla osado lastimar a mi familia – se dirigió de nueva cuenta a la ventana mirando el horizonte – no puedo quedarme aquí sin saber ni hacer nada ¿Qué clase se esposo sería? – contradiciéndose así mismo por lo que le había pedido a George horas antes.
Eres lo que ella necesita en éstos momentos Albert… dense la oportunidad de compartir el dolor que sienten – su voz sonaba como un consuelo y eso le hizo recordar a Anthony y lo volteó a ver – ella necesitará que tú la apoyes… la soportes… por que nadie más que tú tiene ese derecho… si te vas… ella se abandonará al dolor y a la desesperanza… no permitas que eso pase Albert…
¿y si ella espera que sea yo quien busque a nuestro bebé? – los ojos enrojecidos lo miraban con súplica.
Entonces… y solo entonces sabrán lo que tienen que hacer… pero hoy o mañana el primer rostro que necesitará ver Candy es el tuyo – Albert se encogió de hombros sacando el aire que aún sentía que lo ahogaba – Annie y yo estaremos para apoyarles en lo que necesiten… pero Candy no esperará que seamos nosotros… siempre serás tú – la puerta de la recámara se volvió a abrir y era Alice quien entraba con una bandeja.
Señor… el Dr. Bínett me ha pedido traer esto.
Gracias Alice… déjalo donde pueda estar a su alcance – la joven salió dando paso al joven médico.
Sr. Andley…
Albert por favor – extendiéndole la mano - ¿Cómo ésta Can…? – carraspeó dos veces – Candy – las emociones las tenía a flor de piel – Mikael…
Las heridas sanarán… han intentado envenenarla una vez más… el cianuro tiene un aroma muy particular y aunque tenue estoy seguro que eso fue lo que intentaron darle – Albert volteó a ver a Archie.
Por el último reporte que tenemos Eliza se encuentra en Zacatecas – Albert vió como el rostro de Archie de repente se puso pálido, sus gestos cambiaron – ¡Dios mío Albert!
¿Qué ha pasado Archie?
James nos informó que alguien atacó a Eliza… ella perdió al hijo de ese bastardo…
¿¡y por qué hasta ahora lo sé!? – tomándolo de las solapas del saco.
¡por favor caballeros! Si no pueden controlarse les voy a pedir que salgan en éste preciso momento – les dijo en voz baja tomando el brazo de Albert con fuerza – lo que menos necesita Candy es que le den más razones para alejarse… Albert – apretándole el brazo – por el momento Candy es lo más importante y te necesita… ella no necesitará a nadie más que a ti – Albert aflojó sus manos.
Por favor Archie… perdóname…
No hay nada que perdonar Albert… lo sabes.
Albert… auscultaré a Candy… requiero que estés presente.
Entre fiebres y gemidos de dolor Candy despertó tres días después de que Albert la rescatara… de que Albert la encontrara y sus brazos fueron el único lugar en donde Candy encontró consuelo y desahogo a todo su dolor… no hablaba ni respondía a cuestionamientos ni hacía caso a sugerencias, a cada momento que pasaba solo veía el rostro de su pequeño… a esa hermosa carita de ángel que la quemó a fuego en su mente y corazón.
Llora mi amor… desahógate y dime algo… grítame si quieres… pero por favor háblame – ella solo se abrazaba más a él – Candy… mi amor… prometimos compartirnos todo.
Era… es tan hermoso – y el llanto se hizo más violento… más desgarrador y Albert estuvo ahí para ser su apoyo.
Y con la tortura a cuestas de no saber nada conforme pasaban los días la tristeza y la depresión formaron parte de su vida, se dejaba poner y quitar tal cual como una muñeca que necesita reparación a algún desperfecto… pero solo había un lugar donde no podían llegar y ese era al dolor que sentía en su corazón, lloraba en silencio y optó por alejarse de todos, tenía un dolor físico que le recordaba a cada momento a su bebé, y con lágrimas en los Margareth le ayudaba a sacar la leche de sus pechos.
Esto aliviará un poco el dolor… hija – mientras le ponía paños de agua caliente ella le devolvió la mirada – te puedo hacer un té para que tus pechos dejen de producir leche – ella la miró asustada negando con su cabeza.
No… no quiero… mi hijo va a aparecer… y él necesitará de mi – Margareth la miraba comprensiva secándole con su delantal las lágrimas de esos hermosos ojos verdes.
Annie y Dorothy se turnaban para pasar tiempo con ella, pero su actitud impasible y poco cooperativa les provocaba unas inmensas ganas de llorar junto a ella pero sabían que debían de sacarla de esa tristeza y no sumergirla más de lo que se encontraba, ambas ideaban la manera de hacerla sonreír… de darle esperanzas…pero ella simplemente se mantenía ausente… no se molestaba por nada ni por nadie, Albert sentía que ella lo culpaba y a su vez ella se creó en su mente su propia responsabilidad, en ocasiones después de una ardua búsqueda y cuando tenían la oportunidad de comer juntos lo hacían en silencio y cuando él trataba de tener un contacto con sus manos ella sin darse cuenta las alejaba y esa distancia comenzaba a corroerlos… todas las noches y desde el día en que ella despertó las pesadillas regresaron para torturarla… se veía así misma con su hijo en brazos pero también lo veía esfumarse dejando sus brazos vacíos y en su propia inconciencia se levantaba de la cama hasta dirigirse al torreón del castillo, lloraba inconsolablemente llamándolo cada noche sintiendo con toda el alma el consuelo en los brazos de Albert.
Mamá y papá te esperan mi amor… mi pequeño Anthony… mi bebé – Albert la abrazaba regalándole su calor y tratando de arrancarle un poco de dolor.
Hola chicas… he aquí un nuevo capítulo, mil GRACIAS por sus mensajes, espero les sea de sus agrado, trato de tomar sus sugerencias.
Loreley Ardley
Maru Mend
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Carol Aragón
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