Un nuevo capítulo para ustedes chicas… espero que lo disfruten al fin y al cabo solo es un poco de distracción

CON TODA EL ALMA

Capítulo 32

ENCUENTROS INESPERADOS

22 de diciembre

A vísperas de las fiestas de navidad todo se sentía tan triste… las botas colgadas en la chimenea esperaban ser tomadas por sus propietarios, las galletas de jengibre que con tanto entusiasmo Elroy hizo aún se encontraban en su fuente intactas, los regalos abajo del gran árbol esperaban ser abiertos con entusiasmo… pero todo eso era insignificante y superfluo para Candy, no habían razones para celebrar una fecha tan esperada si tenía sus brazos vacíos… Elroy Andley oraba, confiaba y esperaba en Dios que todo sería como antes, que el dolor y ausencia que hoy sentía la familia sería reemplazado por un poco de alegría, no podía siquiera permitir que esa chiquilla necia se hundiera en su depresión, y desde el día que pasó esa desgracia supo que algo se tenía que hacer.

¿Candice? – llegó hasta la ventana y abrió las cortinas permitiendo que en pleno invierno los débiles rayos del sol entraran, ya era más del medio día caminó hasta la cama y sentándose junto a ella acarició su mejilla, observaba en silencio y sonreía para si misma, había una inocencia en su rostro… una inocencia que no la quería abandonar y que aún no le ha sido arrebatada, su cabello ensortijado regado como hebras de oro sobre la almohada le daban un aire angelical – Candice – sacudiendo suavemente su hombro – niña… tienes que despertar – Candy entreabrió sus ojos sacudiendo sus largas pestañas, habían tenues ojeras oscureciendo sus párpados y una línea rojiza e hinchada circundaba sus ojos verdes.

¿tía Elroy? – preguntó sorprendida

Si hija… yo ¿piensas quedarte otra vez encerrada? Porque déjame decirte antes de que me contestes que no pienso permitirlo…

Tía… yo – comenzando a sollozar – no puedo.

Entonces dime de una buena vez ¿Cómo quieres que te ayudemos? – le preguntó desesperada - ¿sabes las posibilidades que hay de que tu hijo no…?

¡NO! ¡MI HIJO ESTÁ VIVO! – levantándose de la cama enojada – lo puedo sentir tía – sacudía sus manos señalándose – ¿es tan difícil de entender? ¡TIENE QUE ESTAR VIVO! – comenzó a llorar desesperada, dejándose caer sobre sus rodillas al suelo, Albert entró angustiado y corriendo en esos momentos al escuchar lo gritos desde el corredor.

¿Amor?… tía ¿Qué pasa?

Por favor William… déjame a solas con Candice…

Pero tía – la anciana le devolvió una mirada dura y con determinación – acerca ese sillón hasta donde ella está – y así lo hizo – ahora retírate hijo – esperó hasta que él cerró la puerta y tomó asiento – hija… Candice – se acercó hasta donde ella estaba y tomó su rostro e hizo que la mirara – jamás tendré idea por lo que estás pasando hija… porque nunca tuve hijos y talvez creas tú que el no haberlos tenido no sienta dolor por todo lo que haz tenido que pasar…pero de algo si estoy segura… todos estamos sufriendo… y me duele verte así… estoy enojada conmigo porque no encuentro la manera de ayudarte… pero también no puedo entender el por que no quieres dejar que te ayudemos… ¿haz volteado a ver siquiera a William cuando regresa cada día tratando de buscar a tú hijo? – ella negaba y lloraba por partes iguales – compártele tú dolor hija… él sale a ciegas y con muchas esperanzas y cada vez que regresa solo veo que se está cayendo en pedazos.

Per… perdóname tía…

Hija de mi corazón – haciendo que Candy se acercara a ella estrechándola entre sus brazos – no tengo nada que perdonarte… solo quiero que estés bien… y si Dios así lo permite tú hijo también lo esté… pero necesitas… debes estar cambiar tu actitud hija… tienes que sobreponerte a todo lo que te lastima, hija… tú eres enfermera y estoy segura que durante el tiempo que ejerciste tu carrera viste más de una vez la posibilidad de que las personas que más amamos… ya no regresarán – Candy iba a contestarle – déjame terminar… conserva tú fe hija, pero también sé consiente de todas las posibilidades y una de ellas dada las circunstancias en las que nació tú hijo – Candy negaba con su cabeza tratando de ahogar el llanto tapándose la boca – es solo una posibilidad hija… no te aferres al dolor hija… no te pido que me lo prometas… hazlo por ti hija… por Albert… por tu hijo… quiero tener la fe que tienes al creer que tú hijo sigue con vida… y si lo está ¿crees que es justo para él que lo alimentes de dolor? Por favor hija… déjanos ayudarte… permítenos aligerar tu carga – la separó de ella tomando su rostro – levántate hija y mientras lo haces cúrate porque estoy segura que lo harás… vive intensamente intensamente y disfrútalo, tienes a tu lado a un hombre que te ama y que ha hecho lo posible por que seas feliz y que en estos días ha sufrido tanto como tú… ¿te esperamos para comer hija?… yo misma he preparado todo para ti… para la familia – ella asintió

Gracias tía – y una vez más Candy desahogó su corazón en brazos de Elroy Andley hasta que se calmó.

Me retiro hija… me esperan en la cocina para planear la cena de mañana – haciendo sonreír a Candy.

Y ahí en el suelo Candy se levantó motivada por las duras palabras de Elroy - ¡cuán egoísta había sido al pensar que solo ella sufría! – pensó con pesar, dirigiéndose al baño preparó la tina llenándola de agua, se quitó el camisón y se sumergió a las tibias aguas que le permitieron quitar la tensión que la mantenía en ese estado, se lavó su largo cabello tomándose un buen tiempo para asear su cuerpo, cuando terminó y salió del baño Alice se encontraba ya preparándole su ropa.

Sra. Candy… debió esperar a que yo la atendiera…

Gracias Alice – tomándola de las manos – gracias por todo – la joven solo asintió con la cabeza.

Permítame ayudarla

Cuando salió de la recámara se sentía renovada y extraña a la vez, después de más de diez días sin salir veía que cada rincón del castillo estaba bellamente adornado, se sentía bienvenida cuando escuchó que una puerta se abría… era Dorothy que salía de su habitación.

¡Candy! – ambas jóvenes se abrazaron sin decirse nada más, no podía haber reproches porque dentro de todo lo que ha pasado ellas sabían la intensidad del dolor que provocó su ausencia – ¿vas al comedor?

No… ¿sabes donde está Albert? – la joven castaña la tomó del brazo bajando juntas las escaleras.

Está con George en la biblioteca.

Bien…

Déjame ayudarte a llegar…

Estoy bien…

Lo sé Candy… pero no te haz alimentado como se debe y empiezas a ponerte pálida – cuando llegaron Candy tocó la puerta y fue un sorprendido George quien le abrió.

Sra. Candy – ella lo miró con reproche

Por favor George – se abrazó a él – no he tenido la oportunidad de agradecer todo lo que haz hecho… gracias George… no sé que haríamos sin ti.

La dejó entrar y cerrando tras de si vió la amplia espalda de Albert sentado frente a la chimenea y caminó hacia él, sentía la boca seca y aclarando su garganta carraspeó haciendo que Albert volteara, él se levantó impulsado como un resorte, su mente era un remolino de interrogantes… se acercó a ella y la tomó de los hombros.

Candy… mi amor…

Albert – compartiendo y arropando ese cuerpo que tanto amaba con sus brazos – perdóname Albert…

No mi amor…

Por favor Albert… déjame… déjame tenerte así – levantó su rostro para mirarlo a los ojos – Albert… Sarah Leegan tiene a nuestro hijo… ella me quitó – y nuevamente sus emociones se liaron en su contra porque el llanto no la dejaba hablar, se soltó de sus brazos y vió el rostro desencajado de su esposo – quería disculparme contigo… porque si yo no hubiera…

No Candy… no hay nada que disculpar… en todo caso yo fallé también – y la volvió a abrazar – ven – pero ella ya no lo escuchaba porque se desvaneció, inmediatamente él llamó a Margareth.

Por favor trae las sales y que le preparen un té – él la atendió con todo el amor del que era capaz y cuando llegó Margareth Candy ya se encontraba despierta.

Toma hija… te caerá bien – ella negó con la cabeza – es chocolate… no te haz alimentado como es debido – y por fin se dejó atender

Te llevaré a la recámara…

No… ya me siento mejor.

Amor… espérame un momento… necesito alcanzar a George

En ese caso les traeré sopa caliente… ambos tienen que alimentarse – Albert y Candy asintieron y no fue mucho lo que tardó el rubio en regresar y así como estaban sentados y abrazados uno junto al otro Margareth les acondicionó la mesilla tentándolos a comer los diferentes platillos que les llevó, cuando terminaron Candy sacó de su corazón todo el peso que cargaba, ambos se pidieron perdón por causas que estuvieron fuera del alcance de sus manos.

Albert ¿tu si me crees verdad?

Por supuesto que si mi amor… y es por eso que todos los días salgo a buscarlo…

Albert… ¿podrías llevarme la próxima vez?

Mi amor – negaba con la cabeza – no quiero exponerte – ahuecando con sus manos el rostro de Candy

Por favor… necesito encontrarlo – le decía llorando.

Amor – tratando de tranquilizarla – amor… ¿prometes no separarte de mí? – ella asentía fervientemente abrazándose a él sin poder decir nada – saldremos a Edimburgo mañana temprano… y para entonces debes alimentarte bien ¿de acuerdo?

¡gracias mi amor!.

Cerca de los muelles en un modesto hostal Robert entró azotando la puerta haciendo que Sarah se sobresaltara.

Partimos el 26, me costó convencer a un par de ancianas para que me vendieran sus tickets pero lo logré… tú y esa mujer saldrán a las 11.

Pero… ¿no vendrás con nosotras?

No… debo terminar un trabajo que ya me fue pagado.

¡no voy a permitir que me dejes sola en esto!

¿y que harás? ¿obligarme? – en ese momento el bebé que estaba en brazos de Sarah comenzó a llorar a causa de los gritos – ¿¡Podrías callar a ese niño de una sola vez!? – era una tortura para Robert escuchar el llanto del pequeño angelito que se removía incómodo.

Al menos podrías hacer algo útil y ayudar… no haz parado de quejarte.

Dime Sarah… ¿Qué ganamos con tener a ese niño?

Tú nada… yo… la culminación de mi venganza – mientras envolvía al niño en una frazada – a falta de su madre…

¿tan segura estás que haz matado a su madre? – sonrió con burla y a Sarah no le pasó desapercibido esa mueca.

No hay posibilidades de que esté viva… Pero su padre si – se levantó de su asiento – éste niño me devolverá lo que nos fue quitado – Robert solo negó con la cabeza carcajeándose, en esos momentos una joven llegó – me pareció haberte dicho que te quería a primera hora.

Me retiro… tengo que hacer algunas rondas… necesitamos salir de aquí querida – le dijo Robert a solas

Lo siento madame… tenía que alimentar a mi hijo – le decía nerviosa

¿Trajiste lo que te pedí? – ella asentía – retírate… toma a mi nieto báñalo y aliméntalo – la joven con inmensa ternura cargó al bebé y comenzó a quitarle las escasas ropas que tenía y después de un baño tibio y con ropas limpias y nuevas se sentó junto con él en sus brazos en una mecedora ofreciéndole su pecho, el pequeño hipando a causa del llanto se aferraba y succionaba con hambre, le sacó el aire y lo acostó sobre la cama.

Duerme angelito – salió del cuarto para salir y hablar con Sarah encontrándola en el pequeño recibidor dejándole en la mesilla un sobre amarillo que días antes le había dado.

¿Qué significa esto?

Sra. Brown… le devuelvo el dinero que me dio… no puedo irme con usted…

¿Qué dices? ¡teníamos un acuerdo!

Lo siento… pero no puedo abandonar a mi bebé – el cerebro de Sarah Leegan trabajó a mil por segundo en ese momento.

¿y quien te dijo que lo vas a abandonar? – una idea siniestra llegó a su mente – te ofrecí un trabajo y te voy a pagar muy bien…

Pero mis padres…

Tus padres se beneficiarán de ello… anda toma el dinero cómprales una buena cena y lo que necesiten… te quiero aquí en dos horas – la joven convencida de que era una buena persona tomó de nueva cuenta el dinero y agradeciendo al cielo la bienaventuranza se dispuso a comprar víveres para llenar la alacena de sus padres… se encontraba en un mercadillo cuando un hombre la interceptó.

Buenos días madame – la joven al ver que se dirigía a ella retrocedió un paso – quisiera pedirle me permita un momento de su tiempo…

Lo siento… yo… yo a usted no lo conozco

Mil disculpas… mi nombre es George Johnson – extendiendo su mano a modo de saludo, haciendo que la joven tomara a bien esa amabilidad.

Usted dirá – al momento George se dio cuenta que en la forma en la que la joven correspondió al saludo y que a pesar de su vestido viejo y usado había una educación vedada por la miseria.

¿con quien tengo el gusto? – la cuestionó.

Mi nombre es Caroline McArthur – lo dijo con orgullo.

Verá… ando buscando a una persona y quisiera saber si por algún momento usted lo ha visto – George sacó una fotografía mostrándosela a la joven.

Oooh si… es Monsieur Newton – el rostro de George se iluminó ¡por fin tenía una respuesta después de tantos días!.

¿podrías decirme donde localizarlo? – era tanto su entusiasmo que no se dio cuenta que casi la estaba lastimando de los hombros al querer una respuesta – ¡por favor es importante! – Caroline se asustó tratando de zafarse – Srita McArthur…

Por favor… no me lastime – él la soltó

Disculpe… no era mi intensión.

Lo siento pero tengo prisa… debo llevarle a mis padres la despensa que madame Brown tan amablemente me ha permitido comprar

¿madame Brown?

Si… la suegra del Monsieur Newton… ella muy amablemente me ha dado trabajo de nodriza para su nieto – George utilizó esa información y sacó otra fotografía de su saco.

¿es ella? – y sabiendo que era cuestión de tiempo haría lo que fuera para no perderla de vista.

Si… una señora muy amable

En ese caso permítame Srita… perdón Sra. McArthur acompañarla para llevarla a casa de sus padres… lleva muchas cosas y estoy seguro que le va a ser muy difícil tomar un carruaje y me parece que necesita volver a su trabajo.

Es usted muy amable Sr. Johnson – cuando llegaron la ayudó a bajar cargando un cesto con las provisiones que había comprado.

¿Me permite acompañarla hasta el interior de su casa?

Eeeh… no… no creo que sea correcto… ya ha hecho mucho por mi Sr. Johnson.

No es molestia… no puedo permitir que cargue con semejante peso.

Uno se acostumbra Sr. Johnson… pero aceptaré su amabilidad – ambos entraron a la pequeña estancia algo desvencijada… un hombre ya entrado en años los recibió y tal fue la sorpresa que George no pudo evitar ocultarlo.

¿James McArthur? – el padre de Caroline lo miró con desconfianza.

¿Quién… quien es usted? – tomando con fuerza el único apoyo que tenía en su mano

¿no me recuerdas James? Soy George… trabajo para los Andley – el hombre casi cae sobre sus rodillas pero la oportuna intervención de George evitó que se golpeara.

¿ustedes se conocen? – preguntó Caroline.

Desconocidas son las casualidades y más extraños son sus resultados… sin buscar ni pretender el destino una vez más obraba en favor de la justicia aunque ésta no llegara de la manera esperada.

¿Qué creen ustedes que pasará con Sarah Leegan?

Las leo chicas…

GRACIAS por el apoyo y sus mensajes así como también para aquellas personas que hacen su favorita ésta historia porque éstos realmente me motivan para seguir escribiendo, … que tengan una excelente noche.

Carol Aragón

Ana Martínez

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