CON TODA EL ALMA
Capítulo 36.
UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA ELIZA
A dos mes de que perdiera a su hijo Eliza estaba sumida en una profunda depresión… todos los días pensaba que era el precio que estaba pagando por todo lo que había hecho no hace mucho, le entristeció darse cuenta que solo fue una marioneta más dirigida por los hilos de su madre, y esa era una constante para sentirse entristecida, todo lo que tuviera que hacer en la hacienda lo hacía sin replicar y eso le preocupaba a James y a Bertha… habían ocasiones en los que prefería la dura mirada de todos los que habitaban en Las Tres Cruces cuando recién llegó… pero ahora había empatía y hasta cierta compasión y eso representaba una tortura más grande que sentirse rechazada… hacía sus deberes en silencio, no contestaba cuando se le llamaba la atención, siempre buscaba algo con que ocupar su tiempo y cuando llegaba la noche su propia conciencia la perseguía convirtiéndola en una animal nocturno… unas noches antes tocó la puerta de la biblioteca.
Adelante – una ronca voz le respondió, ella entró sin hacer ruido - ¿Qué pasa Bertha? – sin levantar la vista de los libros contables.
No… no soy Bertha – retorciéndose las manos y con la cabeza agachada, hacía tiempo y desde que llegó que esa sensación era la que le provocaba el joven encargado de la hacienda.
¡Elizabeth! – él se levantó rápido y fue hacia ella pero se paró en seco cuando vió que retrocedía unos pasos - ¿Qué pasa Elizabeth?
Yo… nada – se dio la vuelta para retirarse cuando sintió la mano de James cerrándose en su brazo.
Por favor Elizabeth – ella aún le daba la espalda negando con la cabeza.
Es… es solo una tontería – se zafó con suavidad de la mano de James y se retiró dejándolo suspirando con las manos metidas en los pantalones y regresó al escritorio sintiéndose incómodo, con el tiempo aprendió a no pasar la raya… a darle su espacio… solo esperaba que algún día ella… se volvió a levantar y se sirvió un tequila, cada día que pasaba le era más difícil no pensar en ella
Un día Bertha la mando a buscar unos manteles y al sacarlos se dio cuenta que muchos de ellos estaban maltrechos… a escondidas los tomó y los llevó a su recámara y desde ese día aprovechaba su insomnio para arreglar el desperfecto que tenían bajo el cobijo de la luz de la vela… habían ocasiones que el canto de los gallos le anunciaba la llegada de un nuevo día y muy a pesar de ella descansaba dos o tres horas, su aspecto demacrado y su cuerpo más delgado le daban cuenta de todo el pesar que tenía a cuestas y pese a eso James y Bertha no decían nada … ella no les cedía ni un ápice de terreno desde el día que perdió a su hijo, muchas veces veía su pequeño rostro y aunque no lo conoció pensaba como pudo en algún momento pensar en interrumpir su embarazo y eso le pesaba mucho a su conciencia.
PASADO
Bajó del caballo con el cuerpo de Eliza en sus brazos subiendo los pocos escalones para llegar a la entrada de la hacienda.
¡Bertha! ¡Bertha! – desde las cocinas la apresurada mujer llegó hasta él persiguiendo la voz de urgencia.
¡por Dios muchacho! ¿Qué ha pasado? – entraron a la recámara de Eliza y la colocó sobre la cama.
Por favor Bertha… creo – tratando de tomar aire – creo que va a tener a su hijo.
¿¡como!? ¡pero aún no es tiempo! – se acercó a Eliza – por favor James… retírate y haz que venga el médico inmediatamente y regresa hay que hacer que ésta muchacha recobre el conocimiento – James asintió corriendo hacia la puerta.
Horas después llegó el médico, entró a la recámara y quitándose el saco se arremangó la camisa.
No puedo hacer nada si ésta jovencita no recobra el conocimiento… Bertha… haz que entre James.
Pero doctor…
Haz lo que te digo… y tráeme las sales de magnesio
¿Cuáles?
El frasco café… dentro de mi maletín – buscó y encontró lo4 que le pidieron y presurosa se lo dio al médico – ve por James ¡rápido! – lo encontró caminando en el pasillo.
James… el doctor pide que entres – el joven no terminó de escucharla cuando entró.
James… ayúdame a levantarla y ponle varios almohadones en su espalda ¡deprisa! – cuando lograron despertarla Eliza apenas tenía fuerza – retírate hijo…
Puedo ayudar…
Sabes que no es correcto… haz hecho demasiado – muy a su pesar salió y una vez más se dio la vuelta.
Bertha… por favor…
Ella estará bien hijo… el doctor hará lo posible.
Dentro de la recámara el médico, Bertha y María hacían lo posible por mantener lúcida a Eliza.
Puja hija – Eliza escuchaba muy lejos la voz, pero aún en su inconciencia tomó aire y con fuerza pujó sintiendo como su hijo salía de ella… no escuchó nada y su voluntad se iba apagando también.
Puja otra vez Eliza… ¡Eliza! – hizo un último esfuerzo y se perdió en la oscuridad.
Doctor…
Si hija… él niño ha nacido muerto… hay que limpiarla y cambiarla de ropa… recomiendo que quemen todo la ropa ensangrentada.
Como usted ordene doctor.
HOY
En una de esas noches y con la oscuridad siendo su único testigo y como guía la luz de la vela bajó con algunos manteles ya terminados de reparar y oliendo a limpio para guardarlos… tomó otros y se entretuvo observando los desperfectos que tenían, pensó en las horas tan interminables que la madre Grey la hizo pasar en bordado, costura, tejido y embozó una sonrisa, pensó en regresar a su recámara pero vió que no tenía caso, tomó un mantel y buscando hilo y aguja comenzó a costurar la tela, el tiempo que pasaba le era tan poco que apenas era consciente de las horas, estaba tan ensimismada en cada puntada que no se dio cuenta de que alguien la observaba y eso le dio una idea.
No verlo en la hacienda durante dos semana la hizo extrañarlo cada día… por mucho que quisiera negárselo se sentía casi abandonada, los días se le hacían más largos e interminables y se arrepintió cada minuto no haberlo acompañado y recordó la decepción que vió en sus ojos, algo había cambiado en ella porque pensar en un pasado ese tipo de gestos le hubieran provocado carcajadas de burla… y en los días que más ocupada quería estar se autoanalizaba así misma y pensaba si siempre había sido así o ya había nacido corrompida por la envidia, el egoísmo y el enojo.
DOS SEMANAS ANTES DE VIAJE.
Bertha… ¿podrías decirle a Elizabeth que la espero en la biblioteca? – la mujer solo asintió y mientras caminaba pensaba que debía de dejar en paz a James con ese tema... solo esperaba que él no saliera lastimado.
Eliza se encontraba desgranando maíz cuando Bertha llegó a ella.
Muchacha ¿pero que estás haciendo?... eso les corresponde a los trabajadores hacerlo – ella la miró pero no hubo reacción alguna – el joven James te espera en la biblioteca… será mejor que no lo hagas esperar – se paró y se sacudió el delantal.
Gracias – fue la única respuesta que le dio… la mujer deseaba por momentos que esa chica la desafiara como lo hacía cuando recién llegó y se dispuso a seguirla hasta dentro de la hacienda.
Permíteme quitarte esto – iba a desatar el nudo cuando Eliza se dio la vuelta.
Yo puedo Bertha… gracias – le dijo con un educado rechazo… a la mujer no le gustaba esa barrera que ella había levantado y lo único que lograba que sintiera era un profundo pesar, tocó la puerta y tras escuchar la voz de James entró a la biblioteca.
Te he mandado a llamar por que quiero que me acompañes a Río Grande – ella solo negó con la cabeza y se dio la vuelta - ¿eso es lo único que sabes hacer? ¡Elizabeth te estoy hablando! – estaba tratando de controlar su voz, se levantó y fue tras ella la tomó del brazo haciéndola voltear – ¡dime que quieres! – la sacudía por los hombros. – Eliza lo miraba con lágrimas en los ojos – per… perdóname Elizabeth – la soltó y caminó hacia la ventana – puedes retirarte.
El día de su regreso ella estaba recolectando leña, su eterno aire sombrío la acompañaba más que nunca y solo estando ocupada la hacía sentir solo un poco más ligera, el frío por momentos la asfixiaba y calaba hasta los huesos pronto sería navidad pero aún así no se permitía esa debilidad y lloraba hasta que sus ojos se quedaban secos… el cielo ya empezaba a oscurecerse cuando ella iba de regreso y fue atrás de la cocina donde se colocaba la leña y empezó a apilarla, entró se lavó las manos y subió a su recámara, las manos le escocían debido a las ampollas que le provocaban el arduo trabajo al que se sometía, se quitó la ropa y entró al baño a asearse, últimamente Bertha le insistía hasta la necedad que debía alimentarse pero a decir verdad y si por ella fuera dejaría de hacerlo con tal de que ese hueco que sentía en el corazón desapareciera poco a poco, bajó para ir al comedor y al alisarse el cabello se dio cuenta que no lo había amarrado regresó a la recámara y con un poco de dificultad se hizo una trenza, cuando llegó su corazón dio un vuelco al escuchar la voz de James – ¿desde que horas habrá llegado?… "en otras ocasiones le pedía que no se lastimara trabajando duro" y ella solo lo ignoraba "se rindió después de ignorarlo tantas veces" pensó – entró como si nada saludando a Bertha y a James.
Buenas noches Elizabeth – ella se sentó y se sirvió un poco de sopa – deberías de servirte más.
Con esto es suficiente… gracias – y hasta ahí llegó su conversación Bertha se retiró dejándolos solos y eso le extrañó a Eliza.
¿Gustas tomar vino? – le ofreció cuando terminaron de cenar y ella negó
Prefiero tomar leche si no te importa – le dijo algo apenada… el no se sorprendió cada día le era grato conocer sus gustos nuevos.
¿me acompañas a la biblioteca? – ella frunció el ceño.
Verás… estoy un poco cansada y no quisiera…
Solo será un momento – se levantó y le ofreció una mano, ella se sentía hipnotizada por él y se la dio… cuando sintió su tacto la retiró rápidamente al sentir el dolor que le producía - ¿sucede algo?
No… vayamos a la biblioteca – él le dio el pase y cuando llegaron a la puerta se la abrió – y bien… ¿Qué es lo que deseas?
Hace unas semanas… estaba yo trabajando aquí… y al salir te vi junto a la chimenea costurando uno de los manteles… por favor no lo vayas a malinterpretar pero he observado que hacerlo calma esa tristeza que hay en ti – el vió que ella tenía intención de irse pero no se lo permitió – Elizabeth… dame la oportunidad de quitar un poco de ese dolor – la atrajo hacia él aprisionándola entre sus brazos… ella quiso zafarse empujándolo pero no lo lograba – mírame Elizabeth – ella negaba con la cabeza y al ver su renuencia con un brazo la encerró por la cintura y con la otra mano le levantó con suavidad el rostro, observó sus ojos amielados y algo muy superior a él le hicieron besarlos bebiéndose las lágrimas de Eliza, aflojó el brazo y acunó su rostro con ambas manos besándole ambas mejillas… ella mantenía los ojos cerrados, no quería separarse de él y colocó sus manos sobre su pecho… cuando sintió sus labios en los de él ambos se entregaban a ese beso… fue un beso suave… que la consolaba y la enaltecía al mismo tiempo, en el pasado dio muchos besos… pero éste era tan diferente – Elizabeth – le limpió las lágrimas con los pulgares – por favor no llores… no lo soporto – y la encerró en sus brazos una vez más – te amo Elizabeth… no puedo seguir negándome a esto que siento por ti.
No puedo… yo estoy dañada.
Date la oportunidad… y dame la oportunidad de sanarte… de conquistar tu corazón – y sin dejar de abrazarla acariciaba su cabeza, ella se zafó de sus brazos y él se sintió tan vacío, se dio la vuelta y se acercó a una caja y al ver la intención de ella de retirarse la alcanzó – Elizabeth… te traje esto – ella lo miró perpleja – espero que te guste.
Yo… yo no puedo recibirlo
Hazlo por favor… no es nada que pueda comprometerte… espero que te gusten… me costó conseguirlos – ella se acercó y abrió la caja que él aún sostenía y sus ojos se iluminaron.
Dios mío James – con sus dedos lastimados acarició la suavidad de los hilos.
¿te gustan?
Son… son tan hermosos – no paraba de llorar.
¿los recibirás? – ella asintió varias veces tomando la caja entre sus manos.
Gra… gracias
Permíteme – le quitó la caja – Elizabeth…
No digas nada James… hace mucho que me conquistaste – y su corazón latió de alegría… algo cambió en ella que el peso que sentía se desvaneció dando paso a un poco de esperanza… se abrazaron sin querer soltarse.
Elizabeth – la tomó de las manos y observó sus manos lastimadas – ya no lo hagas por favor – depositando varios besos en ellas – te amo demasiado como para ver como te destruyes… lo que pasó con tu hijo… no es culpa tuya… Elizabeth – le juntó la manos colocándoselas en el pecho – permíteme aligerar tu carga – los ojos de ambos estaban más que humedecidos por las lágrimas - ¿quieres ser mi novia? – ella le sostuvo la mirada embozando una amplia sonrisa asintiendo con la cabeza y así como estaba se abrazaron.
Te amo James – le dijo en un susurro.
Hola chicas… les traigo un nuevo capitulo… de verdad espero lo estén disfrutando así como yo lo hago escribiendo… quiero hacer una pequeña aclaración con respecto a éste capítulo y hago referencia a cuando Eliza perdió a su bebé… ES UNA HISTORIA FICTICIA bien puedo revivir o matar personajes y en ésta ocasión decidí no hacerlo con Eliza, aún sabiendo que en la vida real ella hubiera estirado la pata al momento que tuvo el aborto dada a las circunstancias de esa época… dicho lo anterior espero que les agrade el capítulo… leo sus mensajes.
Mil GRACIAS
Carol Aragón.
saryfan.
Krilu.
sayuri1707.
Dinoris.
Yagui.
Guets1.
Matty78.
elbroche.
Ana Martínez.
Hellen Alvarado.
chidamami.
Lili.
