CON TODA EL ALMA

Capitulo 37

NO TE VAYAS… TE NECESITO.

Si alguien le hubiera dicho que precisamente ese día les perseguirían los fantasmas del pasado… hubiera hecho lo posible por protegerlas… fue una fracción de confianza lo que les hizo bajar la guardia y cuan arrepentido se sentía.

El día amaneció inusualmente soleado… la calidez del clima los despertó con un huésped más en la cama matrimonial… el pequeño Anthony ya caminaba, corría de arriba para abajo poniendo en los labios de sus padres una oración distinta con tal de que no le pasara nada en su aventura de conocerlo todo, de tocarlo todo… se abrazaba al cuello de su madre depositando besos en su rostro.

Mami… mami – chupando su dedito pulgar… al no haber respuesta se paró sobre la cama dejándose caer sobre el cuerpo de su padre, un dolor agudo lo hizo despertarse encogiendo sus piernas y quedó así hasta que logró desvanecerlo.

Candy… Candy – se sentó sobre la cama abrazando a su hijo – y tú caballerito… buenos días mi amor – el niño reía a carcajadas ajeno al dolor que había causado, al igual que a Candy el niño se abrazó al cuello de Albert y éste lo dejó sobre la cama y se puso unos calzoncillos y la pijama - ¿Qué haces afuera de tu cuna eh?

Mami…

Primero hay que quitar ese pañal mi niño… después vendremos con mami – cuando entraron a la recámara contigua la joven que cuidaba de Anthony daba vueltas nerviosa y cuando los vió se puso pálida.

Disculpe señor el niño…

No te preocupes Nelly… yo me ocuparé de él.

Aquí le dejo el cambio de ropa señor… el baño del niño ya está listo.

Gracias – padre e hijo entraron al baño y lo puso dentro de la bañera… el niño reía y chapoteaba mojándolo todo… observaba a su hijo y pensaba que en otra vida en la que sus obligaciones lo absorbían quizá nunca estaría viviendo a plenitud de la mejor mujer que su corazón pudo haber escogido y de esa pequeña extensión que representaba su hijo, era todo lo que necesitaba… era todo lo que siempre había anhelado tener… una familia… una familia en la que él ya no pudiera sentirse solo, lo sacó del agua abrazándolo con todo su amor, lo secó y cambió dejándolo más que preparado para un nuevo día, llamó a Nelly y al momento la joven se apareció.

Dele su desayuno… después su madre y yo iremos a traerlo.

Como ordene señor.

Regresó donde estaba su esposa metiéndose a la cama abrazando el pequeño cuerpo de Candy… ella se estremeció al sentirlo un poco fresco y se dio la vuelta para estar frente a él.

Hola mi amor… buenos días – con voz velada por los rastros de sueño que aún sentía – te haz bañado sin mí – haciendo un puchero con los labios.

Jamás me perdería un baño contigo – besando su cuello – después de hacerte mía una vez más – se puso sobre ella cubriéndola con su cuerpo, tomó una de sus piernas e hizo que le abrazara las caderas – te amo Candy… te amo tanto.

¿siempre será así? – preguntó ella tomándolo del rostro.

Eso espero – ambos sonrieron y él simplemente hizo que ese momento superara al encuentro anterior, ambos eran afines en todos los aspectos, se entendían y se complementaban, besó su cuello hasta bajar a su pecho, ella arqueaba su espalda al sentir como él prensaba con sus dientes sus pezones, aún habían rastros rojizos en su piel blanca.

Te amo Albert – halándolo de los cabellos… tenerlo así en la divinidad de sus caricias la hacía sentir única, el bajaba con sus besos al sur de su anatomía reclamándola toda hasta que llegó a ese triangulo de rizos rebeldes que lo enloquecían, le abrió las piernas y poniéndose de rodillas la elevó junto con él hundiéndose en su hendidura torturando, amando y dando placer de la manera en que a ella le gustaba – Albert – su voz se ahogaba cada vez que él rozaba con su lengua el clítoris hinchado, entraba y salía con su lengua cerrando en un abrazo sus caderas hasta hacerla estremecer, los gemidos de ella lo animaban a perseverar en su objetivo… hacerla disfrutar de su sexualidad… cuando lo logró las piernas de Candy se abrazaban a su cuello temblorosas gozándose de ese frenesí tan placentero… aún así y con los rastros del orgasmo Albert entró en ella sorprendiéndola con envestidas gloriosas que a esas alturas ninguno de los dos podían dejar de disfrutar terminando en una entrega que al unísono ambos expresaron con palabras de amor… y quedándose tan quieto como su cuerpo le pedía descansó sobre el pecho de Candy.

Dentro del castillo todo era una faena de preparativos, ese día se celebraría la presentación de Anthony como heredero y próximo representante del clan Andley… Tal y como quedaron hace exactamente un año, cumpliría con lo que la comisión le pedía, bajaron tomados de la mano y su familia los esperaba en el comedor, la tía abuela ya se abstenía de hacer comentarios con respecto a las costumbres de esos dos… pero verlos con esa cara de felicidad era el pago que ella solo quería obtener, como siempre y mientras Elroy Andley estuviera presente los horarios de comida se hacían en el más absoluto silencio, era algo con lo que ella no podía ceder y que al final todos terminaron por acostumbrarse, el postre llegó y fue como si el mutismo anterior se hubiera desactivado para empezar con una alegre charla.

Nos da gusto que hallas decidido venir a Escocia Paty esperamos que puedas quedarte por más tiempo – tomando de la mano a Candy.

Gracias Albert… gracias a todos – dijo conmovida

Cuando terminaron Albert se dirigió a la biblioteca junto con George, era imperativo y dada las circunstancias arreglar todo el desastre en el que se le había involucrado a él y al consorcio Andley.

Aquí tienes William… son todos los traspasos que Leegan se adjudicó para despojar a la familia McArthur – Albert solo negaba con la cabeza.

¿Sabes quien lo autorizó? – tomando los papeles y hojeando uno por uno, George le entregó la última parte.

Tú – Albert levantó de golpe la cabeza arrebatándole los papeles de la mano.

¡ésta no es mi firma! – le dijo gritando agitando los papeles en su cara.

Cálmate hombre… alguien falsificó tu firma

¿alguien más que esté involucrado?

¿de los 12? Tres y con Leegan cuatro… me tomé la molestia en tu nombre de hacer una investigación… ya están tras las rejas… aquí tienes todos los títulos de propiedad que arrebataron bajo la cobertura del consorcio Andley.

George… ¿puedo pedirte un favor?

Sabes que lo haré.

He invitado personalmente a los McArthur para que vengan… después de todo James es parte y representante consultivo del comité de clanes ¿podrías personarte para que sean recibidos? Ésta es una muy buena oportunidad para que le sea restituido todo lo que le fue arrebatado… quiero que le quede claro a la comisión el poder que tendrá James a partir de hoy.

Se hará todo como tú lo ordenes William.

Los invitados llegaron ataviados con la mejor de sus galas escocesas, los colores y broches hacían distinción al honor de pertenecer a los diferentes clanes que circundaban parte de los Highlands… Albert y Candy encabezaban la procesión hasta las afueras del castillo en donde se llevaría a cabo la ceremonia y a voz en grito y como cómplice el viento llevó las palabras de los Lairds hasta al invitado más alejado… Albert y Candy se veían simplemente despampanantes, el cabello suelto de Candy era como un segundo sol que iluminaba el recinto adaptado para recibir a los invitados, cada uno portaba el broche de los Andley que los distinguía como representantes supremos de una de las herencias más antiguas de escocia, Elroy Andley no podía disimular el orgullo que sentía ver materializado el sueño de su hermano, sus ojos azules anegados en lágrimas de emoción proferían lo que por años habían esperado después de que Albert fuera presentado en su tiempo, poco a poco una nueva generación fue cerrando el círculo para respaldar al patriarca Andley, hacía años y después de la muerte de Stear los padres de Archie no habían hecho presencia a un acto tan solemne como el que estaban presenciando y a la edad que tenía Anthony parecía que lograba entender todo pero como cualquier otro niño su ímpetu infantil hacía que los ojos de la familia estuvieran sobre él.

Posterior a eso Albert personalmente restituyó delante de toda su gente el título que le fue arrebatado a la familia McArthur y con la emoción a flor de piel el Laird James McArthur recibió el sello de su casa… se declaró non grato a Raymond Leegan y a las otras tres personas involucradas por el delito de fraude y robo, los dos días posteriores a la ceremonia y presentación fueron para inaugurar los juegos que antaño fueron prohibidos por la monarquía Inglesa y ante esto muchos de los miembros del clan Andley representaron con orgullo y dignidad.

Ya entraba la tarde del tercer día de fiestas y aprovechando que los pocos invitados que quedaban en el castillo descansaban Candy salió junto con su hijo con la confianza de sentirse protegida por los guardias, se sentó bajo la sombra de un árbol mientras ella jugaba con Anthony en sus piernas, el niño tomaba con sus manitas la piedra que le regalara Albert unos días antes de su compromiso.

Algún día se la darás a tu esposa mi amor – el niño le sonreía con su dedito pulgar en su boca – pero eso será dentro de muchos años – lo acostó sobre sus piernas besándole su pancita mientras el niño reía a carcajadas – por que ahorita eres ¡mío!.

Margareth llegó momentos después para llevarles agua fresca y frutillas, el pequeño Anthony al verla corrió hacia ella a encontrarla abrazando sus piernas, Candy salió tras él para evitar que la tirara.

¡ven acá niño! – cargándolo y dándole vueltas.

Albert te estaba buscando… uno de los guardias mencionó que estabas aquí… así que te traje algo de comer.

Siempre tan atenta Margareth – se acercó a ella dándole un beso en la mejilla, el niño se abalanzó queriendo hacer lo mismo – quédate un rato con nosotros – le pidió Candy mientras caminaban hacia la sombra del árbol.

Hay invitados en el castillo…

Y también sabes que hay más personas que los atiendan… anda… siéntate – ofreciéndole un vaso de agua – y dime ¿Cómo era Albert cuando tenía la edad de Anthony?

No veo ninguna diferencia entre tú hijo y tú esposo… son tan idénticos… a excepción de esas pecas – mientras le acariciaba la mejilla al niño – eres muy afortunada Candy… aunque no me está permitido decirlo… Albert es como un hijo para mi – los ojos de Candy se humedecieron recordando una plática que tuvo con Albert.

Y para él eres lo más cercano a una madre – Margareth levantó su rostro regalándole una sonrisa llena de ilusión – ¿de verdad?

No tengo por que mentirte… ¿has visto como Anthony te busca? Y es por que él también te ama.

Detrás de un montículo de piedras cobijado por un tartán falso, Robert cortaba cartucho a un rifle de largo alcance que adquirió cuando llegó a Inglaterra… se lo compró a un ex soldado que a causa de la guerra se encontraba mendigando presumiendo la única posesión valiosa que tenía en sus manos ¡y vaya que era valiosa!.

Un estruendo cruzó los cielos la tranquilidad del cielo azul y dos pares de ojos se cerraron uno con la satisfacción de cegar una vida y otros que ante el golpe de dolor que provocó en su pecho nublaron por completo aquellos ojos verdes… todo era una confusión los guardias dieron la alerta de un ataque y un segundo estruendo ensordecedor se dejó escuchar… Albert levantó la vista hacia las almenas del castillo y siguió el brazo de uno de los guardias y en ese momento corrió con el corazón golpeando su alma.

¡Caaaandyyy! – sacó fuerzas hasta llegar donde sabía se encontraba su esposa y lo que vió hizo que todo él se viniera en pedazos… el llanto de Anthony era copioso y desesperado estaba salpicado de sangre en su carita y ropa, lo cargó y acariciaba su espalda para que se calmara… y a un lado de donde estuviera el niño estaba Candy y muy cerca de ella Margareth, había sangre en ambos cuerpos.

¡Albert! – Archie llegó y se paró de golpe cuando vió toda esa escena… quitándole al niño de sus brazos él se acercó a Candy y la tomó entre los brazos… la acunaba con tanta ternura llorando todo su amor y dolor, escondiendo su rostro en el cuello de ella, levantó su rostro una vez más para observar su hermoso rostro y puso su mano sobre su pecho… había un agujero en su ropa pero no salía sangre y la volvió a recostar sobre el pasto y rompió el corpiño que aprisionaban sus pechos y ahí estaba la piedra de los Andley con un proyectil incrustado entre el oro… con cuidado lo quitó y en ese momento el aire llegó a los pulmones de Candy y sus ojos se abrieron desorbitados tratando de inhalar oxigeno.

¡respira mi amor! Respira – volteó a ver Margareth y vió como George se agachaba y le tomaba el pulso – Archie… lleva a mi hijo…

Albert… Marg… – trataba de hablar entre sollozos - ¡mi hijo!

Amor… George te llevará… él está bien mi amor… está muy asustado – ella asentía – yo llevaré a Margareth…

Por favor – dejándose cargar por los brazos de George…observaba como Albert levantaba con sumo cuidado el cuerpo desmadejado de Margareth.

Entraron al castillo y fue directamente a la recámara de Margareth y la colocó sobre la cama y se sentó junto a ella sosteniéndole la mano.

Ma… mamá… no te vayas… te necesito – besaba el dorso de las manos de la mujer que por tantos años lo consoló en su soledad, lo guio en sus primeros pasos y le enseñó a amar y ser justo con los menos afortunados.

Señor William… permítanos por favor – Albert se levantó sin quitar los ojos de la mujer que lo vió crecer dándole paso a un hombre entrado en años – soy el Dr. Andrew

Por favor doctor… sálvela – dándole un poco de privacidad cuando en ese momento entró la Sra. Elroy – tía…

Ve con Candy hijo… yo estaré con Margareth – la mujer llegó a la cabecera de la cama haciendo notar su presencia, vió como el médico le pedía a la enfermera que lo asistía a que le pasara lo que pedía y se movió de ahí hasta que el médico salió junto con ella – Dr… ¿Cómo está?

Ha perdido sangre… pero estará bien… la bala atravesó su hombro, en caso de fiebre le he aplicado penicilina para descartar alguna infección.

En la biblioteca Albert luchaba con controlar su enojo llamándoles la atención a los guardias.

¿se dan cuenta lo que pudo haber pasado por la ineptitud de ustedes? – Candy desde donde estaba se mantenía frente a la chimenea con su hijo en sus piernas

Albert…

Retírense por favor – y fue hasta donde ella estaba y se puso de cuclillas - ¿Qué pasa amor?

Fue… fue mi culpa… yo salí – el acunó entre sus manos su rostro.

Amor – unos golpes en la puerta los interrumpieron – adelante – era George quien entraba.

William… – carraspeó tratando de aclarar su garganta – la persona que disparó era Robert… Mortimer Schiff.

¿Cómo?

Y está muerto.

Hola chicas casi nos acercamos a la recta final… espero disfruten de éste capítulo… GRACIAS por el apoyo y mensajes.

Ana Martínez.

Krilu.

Carol Aragón.

Hellen Alvarado.

Sayuri1707.

elbroche.

Camila.

Matty78.

Guets1.

Dinoris.

saryfan.

chidamami.

Lucy D Alberto