CON TODA EL ALMA
Capítulo 39.
PUERTAS FALSAS
SARAH
En una tarde extremadamente fría y lluviosa Sarah Leegan tomaba la áspera aunque limpia manta para cubrirse, no encontraba acomodo en su cuerpo sobre esa cama pequeña y dura, el muñón de su muslo le provocaba picazón… aún no se acostumbraba a la falta de su pierna, con mucha rabia en su corazón recordó las circunstancias en que la perdió, su cerebro rememoraba a cada instante el fatal día en que todo eso sucedió, los recuerdos de su adolescencia la asaltaban una y otra vez por las noches reclamándole cada una de sus acciones y cada vez el rostro de su madre se desvanecía más… la estaba olvidando ¿o su madre se estaba alejando de ella? Y se aferraba más a ese minúsculo atisbo de recuerdo… la llamaba constantemente sin lograr que esa imagen llegara a su mente… solo veía a su padre tirado en el suelo con los ojos sin vida mirando el vacío de la oscuridad… su rostro estaba humedecido por las lágrimas ya no había sonido en su garganta que la delataran ante otros a causa de esa estúpida debilidad, el sonido de la puerta hizo que se sobresaltara.
Buenas tardes Sarah – una de las enfermeras se acercó a ella con una taza de té… la miró y volteó su rostro haciendo que la enfermera ignorara ese gesto con una sonrisa – he traído sus medicamentos – la ayudó a sentarse, le alisó el cabello peinándola hacia atrás – ¿Cómo se siente? – ella emitió un sonido parecido a un pujido - ¡Dios! Hace mucho frío – y se acercó a la chimenea a avivar el fuego y se dio cuenta que la leña estaba húmeda.
No… no la enciendas el fuego – la joven la miró extrañada.
No puedo permitir que pase frío – regresó a ella colocándole sobre sus hombros su propio reboso – haré que traigan más leña y una manta que la mantenga más abrigada.
¿Por qué lo haces? – le preguntó enojada, de pronto el recuerdo de Candy se coló en su cerebro… la recordó servicial y dispuesta a ayudar con una sonrisa.
Me place poder ayudar… y es mi trabajo… mi nombre es Anna… Anna Freud – se sentó en una silla frente a ella y le ofreció una taza de té – nada como un té para quitar el frío – le puso dos pastillas en la palma de su mano – tómelo… le ayudará a descansar – Sarah las tomó sin mostrar renuencia, minutos después el efecto la hizo dormitar – permítame – la abrazó de los hombros y la acostó – revisaré su pierna – y al descubrirla varías escoriaciones y llagas se revelaron - ¡Dios santo! – corrió hacia la puerta y momentos después regresó con material de curación.
¿sucede algo Srita Freud? – la alertó la voz del médico de guardia.
Dr… su pierna… se le está infectando.
¿es usted nueva verdad? – la joven asintió.
¿Por qué la tienen en éste cuarto frío?
Srita Freud… la señora Leegan es un caso especial… ella debería de estar recluida en una cárcel… y es precisamente la caridad que mostró la victima que la tiene aquí…
¿pero en éstas condiciones? – señalando su pierna
Enfermera Freud… conforme pasen los días usted irá conociendo a la Sra. Leegan… varias de sus compañeras enfermeras han tenido que dimitir a causa de su carácter y hasta donde sé… usted está como voluntaria… por lo tanto le voy a pedir que se abstenga de juzgar sin conocer la situación y el proceder de los médicos y enfermeras de ésta institución.
Dr pero yo…
Usted no es enfermera certificada… aplíquese y estoy seguro que tendrá un lugar… pero en lo que eso pasa… vea y aprenda, por cierto… la Sra. Leegan es quien insiste en mantener fría la habitación, supongo que su conciencia es la que hace que ella se flagele de esa manera – el médico negó con la cabeza mientras aplicaba una inyección en el muslo de la enferma, la joven solo asintió consiente que un error y eso implicaría estar fuera y eso no podía permitirlo… después de la guerra estaban luchando con otra mucho más letal la gripe española.
JAMES
Muchos años pasaron desde ese día que su familia perdió todo… y solo su orgullo quedaba anclado en su corazón escoces, ese orgullo necio que no le permitía rendirse jamás, sus ojos claros como el cielo circundaba el lugar que lo acogió hace 8 años y que a sus 28 años y llegado a esas tierras se prometió así mismo recuperar todo lo que les fue arrebatado… en un principio deseaba vengar a su familia y cuando supo quien era el patriarca de la familia Andley reconoció que era imposible que un hombre como él fuera capaz de cometer algo tan imperdonable… y se sintió tranquilo que con el paso del tiempo no halla actuado de manera insensata, recordó el día que el barco zarpó en Nueva York… su enojo hablaba por él y cuando llegó a Chicago a ofrecer sus servicios como contador, recién se había graduado con honores, su inteligencia fue puesta a prueba una y otra vez pero su juventud jugaba en contra de él y decidió que no sería en esos terrenos… que buscaría estar cerca y al mismo tiempo tan lejos… pero nunca se imaginó que precisamente en ese lugar encontraría la paz que lo haría olvidarse de todo incluso de sus padres y hermana. Le costó mucho adaptarse a un trabajo que nunca había realizado, a un clima que por meses era muy caliente y en otros extremadamente frío y con el pasar del tiempo demostró lo eficiente que podía llegar a ser, ocho años después se veía así mismo como un hombre totalmente cambiado por dentro y por fuera, ya no era el adolescente que llegó a América buscando venganza por que en realidad no había deudas que cobrar con los Andley más que agradecimiento y fue precisamente por eso que decidió pedir hablar personalmente con George y viajó a Chicago.
Sr. James… el señor Johnson le espera – caminó hacia un pequeño corredor que lo separaba de la recepción, tocó y cuando le dieron el pase entró, George lo miró dudando de alguna manera que se tratara de la misma persona que pidió hablar con él, después de todo y en ausencia de Albert todos los asuntos lo trataban directamente con él.
Buenas tardes Sr. ¿James?... disculpe pero creo que hay una confusión.
No Sr. Johnson – le tendió la mano – mi nombre es James McArthur… mi padre es James McArthur de Argyll, 2do. Integrante de la comisión de clanes en Escocia y Estados Unidos – George no salía de su asombro… todos esos años el administrador en jefe de las Tres Cruces era el heredero de los McArthur.
¿hijo de…? James tú padre cree que estás al frente – el joven inclinó la cabeza viéndose de pronto las manos y asintiendo con pena.
Sr. Johnson… las circunstancias me obligaron a separarme de mi familia… fui amenazado de muerte…
¿Cómo? ¡¿Por qué no recurriste a mi?! James… por años tu padre ha esperado una carta… una llamada… algo que le de el consuelo de que aún estás con vida… hace apenas algunos meses se le restituyó a tu familia todo lo que les fue arrebatado ¿Por qué hasta ahora?
Temí que lastimaran a mi familia… sabía que para papá era difícil toda ésta situación y todo lo que ganaba se los hacía llegar a través de un contacto… pero conociendo el orgullo que ostenta mi padre era más que una miseria – George se acercó a él apretando su hombro.
No James… eso los ayudó a sobrevivir – el joven McArthur le contó absolutamente todo incluso se sinceró acerca de sus sentimientos hacia Eliza.
¿y ella te corresponde? – él asintió tratando de evitar que viera su sonrojo – joven James… sabes las condiciones en la que la Srita Leegan llegó a México ¿verdad?
Lo sé señor Johnson… y le puedo asegurar que en todo este tiempo ella ha cambiado… su actitud es otra – George pasó su mano por la mandíbula negando con la cabeza.
No sé que decirte James… el caso es que la Srita Leegan estará bajo proceso por intento de asesinato… su madre Sarah Leegan se encuentra recluida en calidad de detenida en un hospital por el mismo delito… y Raymond está en la cárcel por robo, coacción, falsificación de documentos en agravio a tu padre y a otras familias – James buscó y recargó su brazo sobre una silla… sentía que su corazón se rompía en mil pedazos y la pesadez que sintió de repente sobre sus hombros le hicieron levantar la cabeza – James…
No renunciaré a ella…
Y yo no te sugeriría que lo hicieras… pero debes reconsiderarlo por tu familia… ahora que se le ha devuelto todo a tus padres… tu deber es pensar en ellos – James se sentó y tomó su cabeza entre sus manos – dimos con Sarah Leegan gracias a tu hermana… la señora Leegan le robó al hijo a la Sra. Candy, tu hermana amamantaba al pequeño Andley y por casualidades del destino di con ella y es como se pudo detener a la madre de señorita Eliza.
¿Dónde está? – preguntó serio.
James… no estarás pensando en abogar por ella – él negó con la cabeza.
Solo quiero asegurarme de que jamás esa mujer tenga contacto con ella… estoy seguro que Elizabeth actuaba bajo influencia de su madre… Sr. Johnson – se levantó de la silla y se plantó frente a él – amo a Elizabeth.
James… ¿haz platicado con la Srita Eliza del porque fue enviada a las Tres Cruces?
No… por mucho tiempo ella se negó siquiera a revelarse por estar en un lugar en medio de la nada… cuando llegó era una persona altanera, pero estar expuesta a personas desconocidas y al maltrato del cual les di a conocer a ustedes… ella se volvió una persona callada y cuando fue revelado su embarazo pocas veces cruzaba palabras conmigo o con Bertha … yo estaba dispuesto a acoger a su hijo como propio, pero después vino el ataque y al día de hoy estoy esperando una respuesta de quien pudo haberla agredido ese día al grado de provocarle que perdiera a su hijo.
James… tengo conocimiento de cada una de las respuestas que deseas escuchar… pero no soy yo quien deba revelarte la naturaleza de cada una de ellas… si de verdad estás dispuesto a cargar con el pasado de la Srita Eliza – suspiró – platica con ella y pídele que se sincere contigo.
ELIZA
Cada día luchaba con derribar las barreras que Eliza aún tenía levantadas alrededor suyo, pero se propuso tener paciencia, desde su regreso de Chicago pensó en todas las maneras posibles en que la abordaría, sabía que sería muy difícil llegar a ella aún cuando ya se había ganado su confianza.
Estaba esperándola al pie de la escalera cuando la vió que venía bajando, en su sencillez de sus ropas era indudable no darse cuenta de su porte fino y orgulloso que aún conservaba… cuando lo vió esperándola sus mejillas enrojecieron y eso le llenó de ternura su corazón, verla así le daba la seguridad de que ella sentía algo por él y por eso mismo haría lo posible por que ella le revelara todo.
Elizabeth – ofreciéndole su mano, ella se la tomó sintiendo en su tacto la calidez – he pedido que sirvan el desayuno en la terraza ¿me acompañas? – ella asintió, caminaron sin soltarse y mientras lo hacían ella pensaba y se preguntaba ¿Cuándo sintió algo similar? Y se aferró a su brazo apretándolo un poco más.
¿Cómo te ha ido en el viaje? – le preguntó para romper el silencio que por un momento los envolvió.
Precisamente de eso te quería hablar… pero… ¿Qué te parece si platicamos de eso cuando terminemos de desayunar? – ella asintió confundida, las pocas veces que comían juntos lo hacían en silencio, de alguna manera ella y sin proponérselo hacía lo que en el pasado Elroy Andley les exigía, y mientras lo hacían James la miraba admirando su belleza y pensaba en el futuro que deseaba tener con ella… cuando terminaron María llegó a recoger el servicio dejándoles una jarra de agua, corría el mes de mayo y el calor era sofocante durante el día.
¿Deseas caminar un rato? – ella asintió, se levantaron y caminaron en los corredores de la hacienda, la tomó de la mano colgándosela del brazo – Elizabeth… durante todo éste tiempo que haz estado aquí he querido preguntarte la razón por la que estás aquí – ella se soltó de su brazo y se dio la vuelta queriendo alejarse de él – ¡Elizabeth! es necesario para los dos… sé de algunas cosas pero quiero que seas tú quien me lo diga.
¿Por qué lo haces?
Porque te amo… y quiero un futuro contigo – ella abrió los ojos sorprendida – Elizabeth… no es un secreto para ti lo que siento – ella volteó a verlo a los ojos.
¿Y si para cuando termino de contarte todo cambias de opinión?
Necesitan arrancarme el corazón para dejar de hacerlo ¿quieres contarme? – ella bajó la mirada.
James… a éstas alturas es para mi muy vergonzoso lo que he hecho.
Cuéntame entonces… dime por favor… desahógate – volviéndola a tomar de las manos.
Hace muchos años… cuando yo era niña… papá llevó a una niña para que me hiciera compañía… ella era una huérfana del hogar de Pony… esa niña era Candy – y le contó absolutamente todo – si pudiera cambiar todo lo que hice… lo haría… en la fiesta de compromiso de Albert y Candy – agachó la cabeza tapándose el rostro con las manos, su voz se ahogó en su propio llanto, James se acercó para descubrírselo la tomó por las mejillas haciendo que ella lo mirara – él… él abusó de mi…
¿William? – ella negó con la cabeza ¿la persona que contrataste…? – ella asintió dándole la espalda – Elizabeth…
¡si! Si soy culpable de todo lo que hice… sé que actué mal… y soy consiente de las consecuencias que habrán por haber hecho lo que hice… ahora que ya sabes todo…
Elizabeth… te amo…
Pero yo no puedo… no debo…
Elizabeth… cásate conmigo – ella negó con la cabeza.
Antes de venir acá… la tía abuela me advirtió…
Entonces ven conmigo a Europa… donde podamos comenzar los dos...
Huyendo – lo dijo en su susurro – no James… debo asumir… no me sentiría tranquila.
¿estás dispuesta a sacrificarnos? ¿a dejar todo lo que te ofrezco?
James… tú mereces a alguien…
¡te amo a ti! ¡te quiero a ti!
¿después de todo lo que te dije? ¡intenté matar a Candy! – le gritó – no James – le dijo en voz baja – lo he pensado bien y no puedo hacer como que si no hubiera hecho algo malo… y por mucho que esté arrepentida y que mi conciencia me reclama cada segundo todo lo que hice… no mereces a alguien a medies – él acunó su rostro entre sus manos.
No Elizabeth… no puedo… y tampoco quiero – le decía llorando – Elizabeth… sea lo que sea y si decides enfrentar lo que viene… lo haré contigo… lo haré porque te amo.
EN EL HOSPITAL
Después de tanto tiempo y cuando esa caída le arrebató parte de ella ya no fue la misma… enfermeras entraban y salían del cuarto frío… el mismo que convirtió en algo tan sombrío como su propio cautiverio impuesto por ella misma… no había ni quería recibir consuelo… rechazó todo apoyo… el silencio era tan insoportable incluso para ella misma, quería saber pero no había respuesta y pensaba una y otra vez – es lo mejor – con dificultad se sentó en el pequeño camastro y sacando de debajo del colchón empuñando con su mano tomó el bisturí que tiempo atrás había logrado sustraer de una de las bandejas quirúrgicas que llevaba una enfermera… la tomó con firmeza provocándose dos heridas profundas una en cada muñeca… y mientras sentía que su regazo se humedecía con su sangre se recostó de nueva cuenta colocando sus manos sobre su estómago y los llamó.
Neal… Eliza.
Hola chicas… ya sé chicas que dije que el final se acercaba pero me es tan difícil dejar inconclusos que pasó con los personajes que aquí les presento parte de lo que ésta cabecita loca les ofrece… espero lo disfruten como yo lo hice escribiéndolo.
GRACIAS a cada una de ustedes por sus mensajes.
saryfan.
Loreley Ardley.
Krilu.
Sayuri.
Carol Aragón.
Dinoris.
Camila.
Hellen Alvarado.
Mia8111.
Guets1.
Ana Martinez.
Guets2
