"Nunca piensas que pueda pasarte a ti..."

Toda su vida habían esperado demasiado de ella, desde que nació esperaban que fuera amable, educada, cortes y bien portada. Un sinfín de modales propios de una dama.

Pero ella no quería eso.

Ella quería decidir por sí misma, quería tener voz y voto sobre su futuro, elegir que vestir, que decir, como actuar. Pero no se lo permitían. La sociedad no se lo permitía, su madre aún menos. Pero su padre... su padre la adoraba y fruto de esa debilidad a su hija menor la había consentido con conocimiento, le permitía leer libros de ciencia y economía, tenía conocimientos de equitación y también tenía habilidad con las armas.

Era una dama, si. Pero también iba a defenderse, anteponiendo su opinión frente a los hombres y siendo parte del chisme de las mujeres de la ciudad. No le importaba en lo absoluto, de hecho le sorprendía saber cosas de ella misma que ni sabia.

Y en medio de una noche de baile y opulencia, salió al balcón a respirar aire fresco. El ostentoso vestido color perla le pesaba, con un abanico intentaba enfriar los músculos de su cuello, intento respirar tanto con el ajustado corsé se lo permitía.

—Una dama solitaria, ¿Requiere compañía?

Y ahí estaba, aquella persona de la que quería descansar. El Barón Yamcha, quien siempre buscaba la forma de acorralar a la joven de cabellos azulados e incomodarla con sus obvias pretensiones hacia su persona.

Pretensiones que Bulma siempre debía rechazar con un insulto o un alboroto.

—Me temo que no. —Respondió Bulma con soltura, se alejó lo más que pudo del Barón y se encaminó de regreso al salón de baile, pero fue detenida por el agarre de aquel caballero que tanto intentaba evitar.

—¿Acaso es una manera de provocarme, mi Lady? —Los ojos oscuros de aquel sujeto la alertaron, junto con el tono de voz tan opresivo que intentaban doblegarla.

—No veo porque tendría que provocarlo señor. Sólo soy una dama que vino a tomar aire. —Con lentitud liberó su brazo del firme agarre que ejercía el Barón. —Que pase una buena velada, Barón...

Despacio se alejaba cada vez más y cuando lo perdió de vista, corrió hacia el otro extremo de la fiesta en dirección a los jardines, mientras más distancia pusiera entre aquel caballero y ella, sería perfecto. A la mitad de su camino fue llamada por la única persona que de verdad quería ver.

Su flamante mejor amiga y felizmente casada: Milk.

—Bulma creí que no te encontraría. —La bella joven de cabellos y ojos negros, había elegido un hermoso vestido azul y llevaba unas hermosas perlas adornando su cuello que resaltaban su piel.

—Creí que no vendrías. —Admitió la joven de ojos azules —Ya sabes, ahora estas casada...

—Por muy casada que este aún sigo siendo yo. —Con voz altiva, muy propio del carácter de su amiga continuó: —Además de que tu eres la que debería pensar en casarse. Ya tienes casi la edad de las solteronas.

—Ver tu matrimonio me motiva, pero al ver el de los demás prefiero atarme a mi caballo y que me arrastre hasta la muerte.

—¡Bulma! —le callo la pelinegra aguantando una risita ante las ocurrencias de su amiga.

—¿Viniste sola acaso? —Pregunto Bulma para cambiar de tema.

—¿En serio crees que vendría sola?

—No, pero pregunto por educación.

—Goku fue a saludar a sus entrañables amigos. —Informaba Milk con tranquilidad. —Debe presentar sus saludos como buen Marqués.

—¿Y tú ya lo hiciste?

—Lo hice en cuanto llegue, tener un título como Marquesa es muy cansado. Debo estar siempre a la altura.

《Como odio esa frase》 pensaba la peliazul, si bien su amiga era una mujer de carácter, por el título que al casarse había recibido, debía aprender a medir más meticulosamente su comportamiento. Cuando estaban a solas, ambas mujeres demostraban lo fuertes que eran, pero en sociedad debían guardar las apariencias. Bulma aún podía comportarse como quería pero Milk había madurado un poco mas después de la llegada de su hijo Gohan.

Aún mantenían su amistad, pero ya no estaban en la misma sintonía como antes. La peliazul iba a decir algo al respecto pero calló al ver que cierto Marqués se acercaba.

Buscando, sin duda, a su esposa.

—Un gusto de verte Bulma —Saludo el pelinegro, quien llevaba un traje de color oscuro, muy elegante y formal.

—Igualmente Marqués. —Arrugo su falda e hizo una leve inclinación.

Conocía a Goku desde niños, eran prácticamente mejores amigos, Hasta que tuvo que ir al exterior a terminar sus estudios y regresando como todo un hombre maduro y serio, que había caído rendido ante Milk. La única hija del Conde Ox Satan.

—Lamento interrumpirlas.

—Claro que no, es más. Deberías llevar a Milk a la pista de baile. —Bulma, algo imprudente empujó a su amiga para que se colocará junto a su esposo.

Aunque su amigo era alguien muy inteligente, a veces necesitaba una pequeña ayuda para darse cuenta de varias cosas. Los detalles como bailar con su esposa por ejemplo.

—¿Es lo que quieres? —Goku, tan caballeroso siempre se encargaba de cerciorarse que su esposa tuviera lo que quisiera.

—P-Pues... —Milk, a pesar del tiempo de matrimonio, seguía tan tímida como si fuera una novicia.

—Entiendo... —Con un tono de voz suave cual terciopelo, que sentías como acariciaba cada palabra, Goku agarró a su amada esposa de la cintura atrayendola más cerca de él y con delicadeza la llevo hacia el salón de baile para iniciar una danza junto a ella.

Bulma no podía más que sentir felicidad por su amiga, pero no iba a negar que los celos le picaban tras su cuello. Por que si, en cuanto su amigo de la infancia había llegado, deslumbrando a media sociedad y alborotando a todas las jóvenes casaderas, la peliazul también había caído en ese trance.

Suspirando por perder algo que nunca fue suyo, Bulma volvió a emprender camino hacia los jardines, necesitaba espabilarse. Sola de nuevo, en la quietud de la noche, con la música que sonaba apagada a lo lejos, se relajó en lo que podía, ya que podía escuchar los susurros y risillas de aquellos amantes que buscaban ocultar sus fechorías bajo la oscuridad de la noche y la poca luz de luna.

—Hermosa noche, ¿No cree?

—Lo era, hasta que usted llegó. —La respuesta más descortes de Bulma, era reservada solamente para una persona: el Vizconde Zarbon.

Que a diferencia del Barón que sólo la incomodaba, este otro sujeto la alertaba, eran muchas las veces que la había acorralado buscando ponerla en una situación indecorosa para comprometerla en sociedad y con su familia.

Era la peor forma en la que alguien podía buscar esposa, de forma escandalosa. Pero al Vizconde Zarbon poco parecía importarle, iba como la mayoría, tras su título.

¿Algúna vez alguien la querría por algo más que sólo su nombre? Tal vez si, o tal vez no... no lo sabía.

—Sus palabras son tan fieras como siempre, pero no son indomables.

—Bulma no entendía las frases que le decía, pero su instinto le decía que eran muy malas.

—No comprendo nada de lo que sale de su boca, así que para evitar más confusiones me retiro. —Las palabras salían de ella con obvias intenciones de insultarlo, pero con los eufenismos necesarios para no hacerlo enfadar.

—¿Quisiera comprender las palabras de mi boca?

—¿De qué habla...? —pero antes de que Bulma pudiera terminar la pregunta, fue agarrada del brazo por segunda vez en la noche pero con una fuerza más terrible. —¡¿Qué hace?! ¡Suelteme!

Pero ignorando sus quejas y golpes que daba, la peliazul se vio arrastrada hacia el laberinto sin poder zafarse. Quería llorar al ver lo oscuro de los pasillos de matorrales, intento gritar pero fue callada por una mano callosa y dura, sentía las palpitaciones de su corazón que pulsaban su pecho hasta lastimar sus costillas, no podía respirar y en su desesperación logró elevar la palma para estrellarla contra la mejilla del Vizconde, y aprovechando que la había soltado por la impresión del golpe emprendió su huida. Huida que fue interrumpida de la peor manera.

—¿A dónde vas, furcia?

—El Vizconde Zarbon, la jalo de aquel cabello tan azul para después empujados con toda rabia contra el frío césped.

—¡Alejese de mi!—Imploraba la joven, sentía sus mejillas húmedas por las lágrimas, sus manos luchaban por liberarse de aquel sujeto que se había colocado sobre ella y trataba de unir sus labios secos y asperos, con los suaves de ella. Como podía giraba su cabeza evitando aquel contacto.

—¡Esto te enseñará! —Bulma sólo logró ver como la mano de aquel horrible sujeto impactaba contra su rostro, el lado izquierdo de su mejilla quemaba y ardía. —¡Este es tu lugar!

La joven peliazul ya no luchaba, no se oponía, había dejado de patalear y perdiendo poco a poco la lucidez, sentía las manos de aquel hombre ultrajandola, elevando la pesada falda, rompiendo su corsé. Aquel vestido de perla estaba siendo destruido de la peor forma.

—Por favor... —Suplico Bulma con lo poco de fuerza que le quedaba y todo se volvió oscuro.

"Nunca piensas que pueda pasarte a ti, pero cuando menos lo esperas puedes ser tú"