Los cálidos rayos de la luz del alba se filtraban a través de las cortinas, iluminando una ostentosa cama de dosel que se encontraba vacía y con las sábanas revueltas más de lo normal, tras una noche de insomnio en que pesadillas acosaban a la joven de cabellos azules, que recostada en un sillón abrazada a sus rodillas y la cabeza inclinada, esperaba que el sol saliera completamente.
Llevaba días sin poder tener una noche completa de sueño, en medio de la oscuridad, las pesadillas de aquella noche la perseguían atormentando su descanso y su vida.
—Querida... —Con golpecitos tras la puerta de su habitación para anunciar su ingreso, su hermana Tights iba a despertarla como cada mañana. Su hermana mayor que era un alma libre quién renunciando a su título hace muchos años, había llegado días antes para apoyar a su hermana.
Dos semanas exactas habían pasado desde el incidente en el laberinto, cuando había sido atacada en plena fiesta, que de no ser por Raditz, el hermano mayor del Marqués, alertado por el bullicio había encontrado una escena deplorable golpeando a su agresor y arrancando a la joven de las manos de su predador.
Hasta donde Bulma pudo recordar, su vestido estaba raido y hecho jirones, su hermoso peinado deshecho y el cuerpo le dolía. No había llegado al punto de herir su honor permanentemente, pero si había herido su alma y espíritu. En todo caso sentía lo mismo.
Era una pesadilla constante.
—¿Dormiste bien?
Bulma quiso bufar ante tal pregunta. Todos en su casa lo sabían, ella ya no dormía bien, ya no comía bien y no, no estaba "Bien".
—No. —Fue la única respuesta que la joven formuló antes de volver a la seguridad de su cama, tapándose con la rueda colcha y tratar de dormir un poco.
—Bulma... —La pena azotaba a Tights, no sabía que decir para ayudar a su hermana. —Baja a desayunar. Por favor. —No hubo respuesta alguna. —Tienes que levantarte llevas dos semanas encerrada, debes salir, cabalgar y enfurecer a mamá con tus ideas locas.
Silencio...
Como cada mañana que intentaba animar a Bulma fallaba, está no había sido distinta. Le dolía ver a su hermana que normalmente era activa, jovial, sonriente y tan impertinente, convertida en un manojo de tristeza, sin poder hacer nada para ayudarla. Con un suspiro Tights abandonó ma habitación dejando a Bulma sola.
Para la tarde Bulma dormía más tranquila, con los rayos del sol y sintiéndose protegida con su luz. Dormir de día era más tranquilizante que con el manto de la noche asediandola con sus pesadillas. Pero Tights tenía razón, no podía quedarse encerrada y de eso se iba a encargar su madre: Bunny, que a paso rápido ingreso en la habitación de su hija gritando: —¡Te levantarás, ahora!
Al ser un grito inesperado, Bulma dio un brinco antes de gritar: —¡Mamá!
Perturbada por el ruido repentino, Bulma se levantó de un salto provocando que sus cobijas cayeran al piso alfombrado. ¿Qué pensaba su madre al entrar a su alcoba de esa forma?
—¡Casi me matas del susto! —frotando su pecho para controlar su respiración y con un humor terrible Bulma exigió: —¿Qué haces aquí?
Ignorando los gritos de su hija, la rubia señora empezó a husmear el armario de su hija. Bulma que no entendía nada y quería descansar siguió cuestionando:
—¿Qué estás haciendo? ¡Mamá!—No recibió respuesta alguna, sólo veía como su madre lanzaba un vestido color arena a la cama, al igual que un corsé y varias enaguas de seda. —¿Qué es todo esto?
—Bulma, vamos tener una reunión familiar. Y no puedes asistir así. —Finalmente hablo Bunny, pero lo que dijo no le agradaba para nada a su hija, quien hizo una mueca.
Ahora mismo no quería asistir y no lo haría. No obedecería aunque el rey asistiera a la reunión misma y exigiera su presencia.
—Pueden tener la reunión sin mi. Soy prescindible.—Declaró con descaro para botar la ropa que ocupaba espacio en su cama y recostarse nuevamente, pero su escondite no funcionó, su madre estiró las sábanas para sacarla de su improvisada cueva de colchas.
—¡Irás! —Ordenó su madre, llamando a la servidumbre. —Debemos hablar sobre ti, sobre tu futuro...
Claro, ahora que estaba mancillada debían hablar sobre su futuro. Pese a todo, ningún asistente de la fiesta se había percatado de lo sucedido, por lo que nadie sabía que ella casi... Aún era elegible como esposa, una muy codiciada, ante la sociedad, su reputación se mantenía, lo que había desaparecido era ella misma.
Su futuro no estaba arruinado antes los ojos de la sociedad, pero cuando se miraba al espejo ella misma se sentía quebrada.
—No necesito nada de esto. Voy a estar bien, sólo necesito tiempo. —Era una mentira, cada palabra que usaba para darle poca importancia a su situación era una vil mentira. —No tengo nada, sólo no puedo dormir es todo.
¿Acaso la veían como un pobre criatura herida? Estaba herida si, pero no quería compasión. No la de ellos, no de su padre, de su madre, de su hermana. ¿Acaso ella les traía esa desgracia? ¿Lo que había pasado era su culpa? Tal vez, finalmente todos esos desplantes habían rendido fruto, uno muy amargo y duro de digerir.
《Tal vez, si sólo hubiera cedido como cualquier joven casadera y sonreído como boba, eso no habría pasado. No a ella.》 Ese pensamiento abarcaba su ser. Lo empujó lejos de su mente, para usar su raciocinio: 《Que un hombre no entienda que no, es No. No es mi culpa.》
Era como dos personalidades luchando por dominar, aquella que asumía una culpa y aquella que imponía su albedrío.
—¿Van a mandarme a la Iglesia? ¿Seré monja acaso? ¿Mi nuevo hogar será un convento? —Su actitud de respuesta imprudente se había despertado después de tanto tiempo adormecida.
—Me alegra ver que tienes energías para quejarte. —Bunny, poco consciente del estado anímico de su hija, abrió la puerta para dejar entrar a dos doncellas que traían lociones y jabón para bañarla. —¡Ve a bañarte! O en serio consideraré mandarte a un convento.
《¿Ella en hábitos? ¡Jamás!》
Tenía que defender su futuro, así que con fatiga y sintiendo el cuerpo pesado, se levantó arrastrando sus pies y con ayuda de las doncellas ingreso al baño donde una bañera la esperaba con agua caliente, limpiaron su cuerpo, lavaron su cabello y aromatizaron todo el ambiente. Se sentía flotar y estaba relajada, ajena a todo lo que le acosaba.
Pero cuando abrió sus ojos azules, las mismas doncellas parecían mirarla con pena. Bulma se enfadó, no tenían derecho a mirarla así, pero no podía reñirlas, después de todo ella misma se había encerrado como animalillo asustadizo. Y no, ya no estaba asustada, estaba furiosa, iba a vengarse. ¿Como se había perdido tanto en su desgracia? Ella no iba a demostrar cuanto le afectaba esa situación, impuso su voluntad y orgullo sobre todo, desplazando ese sentir de dolor. Todas aquellas personas que hablaban de ella, inventaban cosas sobre su actitud imprudente "nada propio de una dama" a sus espaldas, que siempre la juzgaban por ser rebelde y tener pensamiento propio.
Con fuerzas recuperadas se vistió, con el pesado vestido y las capas de enaguas de tul, decidió dejar su cabello suelto pero con medio moño para agarrarlo. De nuevo sintiéndose un poco como ella misma camino hacia el despacho de su padre donde su familia estaba reunida.
La estancia era elegante y sencilla, amplia y con varios estantes repletos de libros que Bulma disfrutaba de leer a escondidas de su madre y con el consentimiento de su padre. Las libertades que le habían brindado la volvieron avispada y con un sentido de agudeza que finalmente la habían llevado a desembocar en su actual situación. Alejando ese pensamiento entró.
—Me alegra verte levantada —El señor Brief, un hombre de naturaleza amable pero que tras lo sucedido con su hija, fue quien indignado y vengativo se encargó de destruir la poca riqueza del vizconde dejándolo en la miseria por lo que aquel sujeto había hecho con su hija, . Aún así era un castigo mínimo considerando lo que había provocado en su hija, su niña de ojos azules se había quedado de forma permanente con la peor parte.
—Con el torbellino rubio que es mamá, cualquiera se levantaria.—Corrió Bulma a abrazar a su padre, que estaba sentado en un sillón de cuero tras un escritorio de caoba tallado, lo había extrañado, ir a cabalgar con él, inspeccionar las tierras, leer junto a la chimenea...
Bulma pensó en hacer una broma pero dedujo, por el ambiente tan pesado que recién sentía, que algo le estaban ocultando...
Las miradas esquivas de todos los presentes se lo confirmaron. Algo ocultaban...
—¿Qué está pasando? —Preguntó suspicaz la peliazul, pero miro a su padre a los ojos. No quería mentiras.
—Hija, ven siéntate.. —Dulcemente, como intentando acunar a un bebé para que no llore, Bunny llamó a Bulma señalando el lugar junto a ella en ese sillón acolchado.
Silenciosa Bulma hizo caso, sentándose junto a su madre esperando ansiosa aquella noticia que parecía podría arruinar su vida en cualquiera momento. Arruinarla aún más..
Tal ves si la enviarían a un convento después de todo.
—Debemos hablar, sobre tu futuro... —empezó el patriarca, su voz grave imponiendo oír, atenta Bulma ante su tono profundo escuchaba atenta. —Sabes hija que yo jamás te obligaría a nada, pero esta vez pienso que la petición sobrepasa por mucho mi posición.
—¿Petición? ¿Cuál petición? —Sin entender la joven empezaba a perder la paciencia. Le hablaban como su fuera una niña.
—Bulma, escucha... —Pidió su hermana.
—¿Acaso...? —Levantándose del sillón Bulma encaró a los presentes si poder creerlo. —¿Quieren enviarme a un convento?
—¡¿Qué?! —Horrorizada por tal pregunta Bunny elevó la voz.—¿Mi hija? ¿Una monja? ¡Claro que no! ¡Confío en ti para tener nietos!
—¿Cómo llegaste a esa conclusión? —Pregunto su padre sorprendido por tales palabras.
—¡Es obvio! Después de lo que me pasó. Quieren que pase a ser una religiosa remilgada uniendome a la iglesia ¿Verdad? ¡No! ¡Me niego! —Cruzandose de brazos en una actitud muy infantil, les dio la espalda, no escucharía nada de eso.
—Esta vez estoy en desacuerdo, apoyo a tu madre. Tu no tienes madera de monja hija. —Sonriendo levemente bajo ese bigote, el señor Brief continuó: —Pero me temo que la noticia que debo darte, no será mejor en ningún sentido.
—¿Qué tan malo podría ser para mi? Créeme papá ya me paso lo peor... pienso que voy a estar bien.
Un silencio sepulcral se instaló en toda la estancia, Bunny sintió su corazón partirse ante tales palabras, Tights fruncido los labios sin poder articular palabra alguna que brindará consuelo a su hermana y el señor Brief con fuerza cerraba sus manos en puño por la impotencia y la ira, aún así con diplomacia carraspeo la garganta para darle la noticia a su hija.
—Debes casarte. —Declaró como si fuese una sentencia.
Y si lo era, al menos para Bulma, quien sintió frio por su espalda que recorría hasta sus entrañas, quería vomitar pero su estómago estaba vacío, la sola idea la sobrepasaba y con una presión de vacío en el pecho quiso gritar pero las palabras no surgían.
¿Ella? ¿Casada? ¿Como esposa?
—¿Casarme? —Con pesar susurro Bulma. —¿Por qué? ¡No!
Descontrolada por lo que había escuchado. No iba a aceptar, no se casaría, no lo haría por nada ni por nadie.
—No es decisión mía. Es un acuerdo diplomático. —Intento razonar su padre.
—¿Entonces a eso he sido reducida? ¿Soy parte de una moneda de cambio? —Impotente y sintiendo el pulso acelerado, Bulma defendió su libertad. No negociaría su libertad.
—Es un forma muy fría de decirlo, querida. —Su madre al rescate, intento calmarla masajeando sus hombros y con voz conciliadora dijo: —Son acuerdos que benefician a naciones. Están fuera de nuestras manos, pero son parte de nuestras responsabilidades.
—¿Y por qué yo? Tights también es elegible. —Sin pensar en nada mas que salir de aquel lío, señaló a su hermana mayor quien también ejercía como mujer casadera.
—Me temo que no.
—¿Por qué, papá?
—Tights renunció a su título y huyó de casa, fue descartada desde ese momento.
—¡Entonces yo renunció a mi título! —Chillo fuera de sí negándose a escuchar. —¡Ese título me ha traído solo desgracias! ¡Prefiero vivir despreciada por la sociedad a ser la oveja de sacrificio del reino!
—¡Por su puesto que no! —Bunny no podía creer lo que oía. —Aceptaras el compromiso de buena gana. ¡Es una orden!
Finalmente comprendió, su familia poseía un título de peso podían darse el lujo de negarse a un compromiso y hasta a un negocio, si su padre con su posición de Conde no podía negarse eso significaba otra cosa.
Razonó Bulma: no le permitían negarse porque el prometido debía ser alguien importante...
—¿Quién es? —Levemente pregunto.
—El príncipe. —Contesto su padre y todo tuvo sentido. Por supuesto, negarse a tal compromiso sería estúpido, los títulos, el estatus, la elevación social, todo se perdería si Bulma se negaba.
Intentando procesar todo lo ocurrido, supo que preferiría con mucho ir a un convento a estar casada.
《¡Con el príncipe!》
Y llegó a la conclusión que las pesadillas nocturnas eras mejores que estar comprometida...
Continuará...
Enagua: Hecho de seda o tul, eran delgadas vestiduras para volver pomposo el vestido de las damas.
