Capítulo 4

Correcciones


La forma en la que huyó Bulma atrajo la mirada de muchas personas, sobre todo las de su propia familia, quienes veían extrañados y alarmados la repentina y escandalosa carrera que Bulma había propiciado, alejándose montada en un corcel cabalgando a gran velocidad, la figura de la fugitiva iba perdiéndose en la oscuridad de la noche. El sonrojo de pena se instaló en el rostro de los Brief, Bulma había cometido una impertinencia frente al príncipe.

Intentando salvar un poco de sus modales, el patriarca de los Brief procedió a disculparse por el alboroto y la descortesía de su hija, luego tuvo una charla más discreta y privada con el príncipe, para así resarcir la ofensa de Bulma.

Mientras eso sucedía, Bulma avanzaba a gran velocidad con el viento cortando su rostro y el frío era notable con el vaho que expulsaba por su respiración agitada.

《¡¿Acaso eres una salvaje?!》

Casi podía escuchar los gritos molestos de su madre rompiendo sus tímpanos, pero la peliazul prefería que le sangren los oídos por sus sermones a tener que enfrentar a ese "Príncipe fastidioso" por segunda vez.

No sólo se había burlado de ella, sino que la había ofendido en su ignorancia, en su ingenuidad de no saber su título o su nombre o quien era. Porque era obvio.

El príncipe sabía que ella era su prometida, lo sabía y se había aprovechado de la nula información de ella.

《¡Me las va a pagar!》

Claro que en cuanto hubo llegado a casa, bajo los murmullos chismosos de los sirvientes, se encerró en su alcoba y tranco la puerta para que nadie pudiese entrar. Y así sola, como pudo, se quitó el pesado vestido y trato de dormir. Después de tantas vueltas en su cama rememorando una y otra vez la escena de ella y el príncipe, finalmente logró descansar.

El silencio de la mañana fue deshecho por el sonido intenso y constante de una palma chocando contra la puerta de madera, que aturdieron el sueño de la joven de cabellos azules, para luego escuchar un grito severo:

—¡Bulma, baja al comedor! —Era su madre, quien frenada por el seguro de la puerta, empezó a tocar la puerta para que su hija saliera y así proceder a regañarla por el papelón que había hecho en la fiesta, frente a toda la sociedad y frente a su prometido.—¡Ahora!

Contra todo pronóstico la noche anterior Bulma había sido el foco de atención que alumbró también a su familia, quienes abochornados, decidieron retirarse de la velada con las debidas disculpas. En especial hacia el príncipe, quien también se vio envuelto entre aquellas habladurías, y para compensar el actuar de Bulma decidieron invitarlo a almorzar al día siguiente.

Claro que Bulma no sabía eso.

Una vez que se hubo vestido lo más rápido y ligero posible, salió de la seguridad de su cuarto a enfrentar su destino : Un severo regaño y tal vez un castigo. Aunque si era sincera, ya había sido castigada con un compromiso que no quería, y ese era un castigo de por vida. Así pues llegó al comedor donde todos ya la esperaban para desayunar, su estómago gruñó un poco ya que la noche anterior apenas y había probado bocado.

—¡Hasta que te dignas en aparecer! —Escucho algo que normalmente su madre le diría.

—Querida, es temprano. No la agobies. —Su padre siempre abogando a su favor salió en su defensa. Aunque eso no le garantizaba que él también no fuera a darle una reprimenda en privado.

—Ella debe conocer las consecuencias de sus actos. —Severa, como era habitual en Bunny, continuó ignorando las palabras de su esposo. —Causaste un... ¡Escándalo! Frente al nuevo Duque, ofendiste... ¡Al príncipe! Y nos dejaste a todos en ridículo.

—A mí me pareció divertido...

—Tights, silencio.

Bulma miro a su madre, ¿De verdad esperaba que se sienta culpable cuando la ofendida era ella? No, está vez no se disculparía. No había razón para hacerlo, ella había sido la insultada.

—Espero corrijas tu error. —Hablo la rubia mayor. —No tolerare otra falta de tu parte, eres la prometida del príncipe. Debes estar a la altura.

—¿Acaso yo elegí este compromiso, madre?

—Bulma, déjalo ya y desayuna. —Previendo lo que se avecinaba, el conde hablo para serenar el ambiente y calmar a madre e hija.

Y para no enfadar más a su padre, Bulma calló. Pero por dentro la furia contenida le quemaba las entrañas, quería gritar que prefería con mucho saltar de un carruaje en movimiento y quedar tan desfigurada para que así nadie la viera como prospecto de novia. Estaba furiosa porque le obligaban a aceptar un compromiso que obviamente no quería, pero no podía negarse porque debía mantener el orgullo de su título y su familia.

¡Odiaba está situación!

El desayuno se terminó en silencio, nadie tenía ánimos de seguir una conversación amena, a pesar de los intentos de Tights de alegrar la mesa. Fue así que cuando el Conde procedió a retirarse a su despacho llamó a su hija menor para que lo acompañara.

—Ven a mi despacho, Bulma. —Ordenó calmado. —Hablemos.

Bajo la mirada de su familia y varios sirvientes, la joven de cabellos azules se levantó con gracia y siguió a su padre. Una vez en el despacho, su padre se sentó tras el escritorio y ella se sentó frente a el, se observaron por unos momentos, el Conde siempre supo que su hija era un espíritu libre, lista, ingeniosa pero imprudente. Y sus impulsos como la noche anterior no iban a ser tolerados por su futura familia.

Bulma debía aprender.

—Hiciste mal, Bulma. Sé que estas consciente de ello...

—Esta vez no, padre. —Respondió Bulma rápido y sin un ápice de duda. —No voy a disculparme porque un completo desconocido criticó y amedrentó mi forma de ser. Yo no se lo pedí, yo no lo busqué y por lo mismo me defendí.

Razonar con Bulma no era fácil, lograba que todas sus acciones tuvieran sentido, como ahora. Pero esta vez el problema no era algo que se pudiera pasar por alto y hacer la vista gorda.

—Saliste huyendo, porque sabes que hiciste algo mal. Ya sea que para ti no, a los ojos de la sociedad esa explicación no les es de interés. —Los años que el Conde Brief llevaba con su título, lo habían vuelto un hombre tranquilo y maduro. Es por ello que quería que su hija notará que su forma de ser era buena más no iba a ser aceptada por la sociedad, al menos no fácilmente. —Las personas se alimentan de las malinterpretaciones, de los chismes y de las habladurías. Y tú impulsividad puede resultar en una jugosa fruta para esta gente.

Cabizbaja Bulma comprendió que su actuar era un detonante, la sociedad la descalificaría por actos que podían o no tener justificación, pero eso no la salvaría. Su padre nunca le había pedido cambiar, la había educado como era ahora y la quería por ser ella misma, por eso nunca le pedía que se comportara o que fuera una dama tonta e insulsa, aún así la personalidad sumamente autoritaria de Bulma requerían una regulación y una guía.

Su padre podía calmar los aires de Bulma con palabras sencillas y lograba guiar su comportamiento de la forma correcta.

—Lo siento, no debí hacer tal desplante. —Reconoció su error, aún para ella había mayores autoridades: La corona era una de ellas. Por más que se negara a aceptarlo, debía respetar esa jerarquía.

—Me alegra ver que lo entiendes. Es por eso que tienes que arreglar lo que pasó. —Continuó el Conde. —Eres la prometida del príncipe, no es tu elección, pero por desgracia llevas el peso de la familia sobre tus hombros.

Aquella frase hizo que se sintiera mal, su madre tenía razón, ahora nadie sabía de su compromiso, pero cuando la sociedad en general lo supiera el ojo público buscaría la manera de desacreditarla... No sólo era su libertad en juego, sino también el honor de su familia...

《¿Qué hago?》 Pensó Bulma, 《Si rechazó al príncipe mi familia tendrá consecuencias y si el príncipe me rechaza...》

Su plan original tambaleó.

¿Cómo iba a salir airosa de ese compromiso?

Todo se le había complicado.

—Es por eso que hoy invite al príncipe a almorzar.

—¿Qué?—Estaba perpleja. Admitía su error pero no iba a corregirlo, no quería.

—Escuchaste bien Bulma, usa esta oportunidad para enmendar tu acción. —Sugirió el mayor.—Intenta demostrarle que no eres como la gente murmura.

—No lo soy.

—Confío en tu buen juicio. —Y con esas palabras la despidió.

Una vez fuera Bulma quería hacer una rabieta. Con un puchero instalado en su boca, salió a los jardines para buscar algo de tranquilidad antes de enfrentar a su "Prometido" y ahí en una banqueta de piedra, alrededor de las flores, encontró a Tights.

Envidiaba como su hermana mayor podía relajarse con tanta tranquilidad, claro, no estaba comprometida con un extraño.

—Mamá ordenó un gran banquete. —Le comento cuando se hubo acercado a ella.

—Espero que "Su Alteza" este complacido. —Respondió Bulma, con mordacidad.

—Vaya Bulma, debo decir que para que sientas esa molestia hacia "Su Alteza" debió haberte cerrado la boca con elegancia. Normalmente te burlas de esas personas.

—Cállate Tights.

—¿A dónde vas?

Tights, curiosa por la reacción de su hermana, la siguió sólo para ver como Bulma llegaba a su árbol favorito del cual colgaba un rústico columpio. Con poco ánimo se sentó y empezó a balancearse sola.

—¿Aún estás segura de seguir con este matrimonio? —Su rubia hermana le pregunto.

—¿Qué puedo hacer? —Suspiro Bulma con una fingida resignación. Su plan se había visto truncado pero su meta no había cambiado: No sería la esposa de nadie y la princesa de nada.

—Quisiera ayudarte, pero mamá me confiscó mis papeles de salida. —Confesó Tights —Sin eso huir sería imposible.

—Huir sólo traerá desgracias. —Era una parte sincera de Bulma. —Llevo todo el peso de la familia...

—Lamento lo que está pasando. Todo esto se habria resuelto de ser yo quien llevará el título. —Estaba apenada,su hermana mayor vivía bajo sus reglas porque no debía cargar el título de heredera. La historia con Bulma era distinta, como heredera del título tenía que lidiar con lo que ello traería consigo, en este caso: Un matrimonio. —Aún así siempre supe que tú serías más adecuada para ello, demuestras gran fortaleza. No huyes cobardemente como yo.

—No digas esas cosas hermana. Además ayer no actúe tan valiente como piensas, creo que no viste la escena de mi triste huida.

Una suave carcajada se instaló en los labios de la rubia, recordó divertida como Bulma había vuelto a ser el centro de la noche, apagando con mucho al recién nombrado Duque. Sabía que Goku no se molestaría, odiaba la atención innecesaria, pero Milk tuvo que llevar la velada de regreso a su cauce.

—Bulma, aún eres joven. Es normal que actúes por impulso o por orgullo. —Por haber renunciado a su título Tights iba y venía según su capricho, pero en sus cortas estadías en casa Bulma apreciaba todas y cada una de las palabras que le brindaba. Tenía un pensamiento distinto, extranjero y más libre.

Aunque aún no olvidaba su pequeña broma, respecto a: Sus deberes de esposa.

Eso era una cruel broma de Tights, estaba segura.

—Ahora, deberías estar en la bañera para recibir a tu... prometido. —El pequeño momento fue alterado por el recuerdo del invitado que llegaría.

—Aprecio tanto tu ayuda, hermana.

—Es mejor que te lo diga yo o sino mamá...

—¡Bulma!

Y ahí estaba, Bunny caminando con rapidez atravesando los jardines para ordenar que su hija fuera a prepararse.

Resoplando Bulma obedeció. No sin antes hacer una nota mental de hablar con Tights a solas, la peliazul aún no olvidaba las palabras de aquella mujer Lazuli sobre su hermana.

Necesitaba varias respuestas...


—¡No puedo respirar!

—Deja de quejarte, debes estar presentable.

Bulma bufo como pudo, el corsé le apretaba el torso y los pulmones, ya no sentía el aire fluir hacia ella. Quiso gritar que ya no quería usar esa cosa, pero pensó que si hacia el mínimo esfuerzo se desmayaria por la falta de oxígeno. Luego de la tortura le colocaron un vestido de tono amarillo claro, un tono pastel, que tenía las mangas cortas y la falda abultada.

¿Era necesario para un almuerzo?

Por como le apretaba el torso aquella cosa no podría tragar sin miedo a pensar que al primer bocado estallaría aquel corsé.

Y en silencio se dejó arreglar el cabello, que su madre decidió dejar medio suelto para favorecer el color tan inusual del cabello de Bulma. Nerviosa, como estaba, empezó a arañar sus brazos como si sintiera una alergia.

—Deja de hacer eso. —Le ordenó su madre, pero Bulma hizo caso omiso y continuó. —¡Mira como los dejaste!

Su piel clara ahora estaba rojiza por los constantes rasguños de las uñas hacia sus brazos.

—¡Bulma!

Bunny decidió ocultar aquellas marcas en los brazos su hija con unos guantes de seda hasta el codo, una vez Bulma estuvo lista se miro al espejo. Se veía hermosa, pero no se sentía así. No era tonta, desde niña supo que su único deber era casarse y preservar el título de su familia, pero una parte minúscula y codiciososa de ella misma quería amor, un hombre que la quisiera a ella por quien era ahora y por quien pudiese ser en el futuro.

La única que había logrado ese sueño era Milk, que ni siquiera lo había buscado. Milk siempre había sido tranquila, una dama a toda regla que esperaba su destino sin rechistar, en cambio Bulma siempre se opuso al pensamiento social, pero cuando Goku regresó se fijó en la tranquila Milk tan rápido que Bulma apenas pudo notarlo.

Se odio por sentir envidia de Milk, otra vez...

—Espera aquí hasta que llegue tu prometido, quiero que vea lo hermosa que te pusiste sólo para él. —Con una voz cantarina, Bunny casi dio saltitos mientras salía de la alcoba de Bulma.

Una vez sola, Bulma vio su pequeño libro de jardinería, de todos los árboles que le gustaban las Glicinias eran sus favoritas. Su aroma era espectacular y su color malva azulado tan intenso le daban una belleza sin igual, casi sentía una conexión especial con aquel árbol...

Como si fuera un sueño y pudiese escapar de aquella realidad...

—Señorita, su madre le llama.

Había llegado la hora, con pasos lentos atravesó el pasillo y llegó a las escaleras, su estómago empezó a revolverse inquieto, inseguro, no se atrevió a subir la mirada, sus ojos buscarían a su prometido y eso podría ocasionar que tropezara, bajo sujetando su vestido con demasiada fuerza y cuando llegó finalmente a la seguridad de la planta baja elevó la mirada: Buscando una ruta de escape.

—¡Bulma, querida!

Era tarde.

—Saluda a tu prometido, el príncipe Vegeta. —Su madre con la mirada le obligó a acercarse.

Y lo vió, si en algo estaba de acuerdo era que ningún traje le hacia justicia a ese hombre tan estúpidamente atractivo, sus ojos eran tan afilados como los recordaba (vagamente) y su semblante era serio. Dejo de respirar, era casi irreal, y una nueva parte de ella que recientemente había descubierto, quería ir y saber si sus labios eran tan suaves como se veían.

《¿Qué estás pensando, tonta?》

—Mucho gusto en... conocerlo. —Se obligó a decir Bulma, sentía un nudo en la garganta impidiendole articular palabra.

El príncipe le sonrió de lado y pensó que tal vez la boda, no era tan mala idea...

—Aunque ya tuvimos el gusto, si no me equivoco. Aunque me impresionó sus dotes de jinete.

Aquella ensoñación que tenía se esfumó tan rápido como llegó la respuesta de Vegeta, no iba a aguantar a ese hombre, por muy príncipe que fuera.

—Me temo que las circunstancias no fueron favorables para ninguno. —Intervino su madre conociendo el temperamento guerrero de Bulma. —Pasemos al comedor.

Trago su furia y siguió a su familia hacia el comedor, aquel príncipe era un engreído, apenas había llegado y ya estaba burlándose de ella. Estaba furiosa y lo peor es que no podía decir nada...

—Espero le agrade el menú. —Con una diplomacia inesperada, Tights inicio una conversación con Vegeta en lo que esperaban el almuerzo. —Mi madre puso mucho esmero en que todos los platillos salieran exquisitos.

—Tights, no obligues al invitado a comer todo lo que se sirva en la mesa. —Hablo el Conde y se dirigió al príncipe. —Espero que su viaje hasta aquí fuera tranquilo.

—Lo fue. —Respondió el príncipe. —Debo decir que ver las haciendas de los nobles es un respiro de las paredes amurallada del Castillo.

《Ahógate en tu castillo》 pensaba Bulma.

—El castillo es espléndido, debo decir que la decoración de la reina es selecto. —Como siempre su madre se desviaba a asuntos que a nadie le importaba.

—Le haré llegar ese cumplido.

Con una forma cortés, frenó la lluvia de palabras que Bunny pensaba decir en cuanto al aspecto del Castillo del Rey.

La mesa fue puesta con diferentes platillos, cremas y carnes, que olían delicioso y sabían muy bien al paladar. El almuerzo empezó con tranquilidad, pero la incomodidad de Bulma era... perceptible.

—Bulma, estas un poco callada ¿No crees? —Esta vez Bunny atacó directamente a su hija. Aún no la había regañado por su desplante de la noche anterior.

—No quisiera atosigarlo con preguntas, madre. —Respondió Bulma, regresando a su comida.

—Por favor, pregunte. —La invitación estaba hecha, el príncipe quería saber que preguntas tendría aquella joven que parecía que volvería a huir en cualquier momento. Le daba curiosidad... —No reprima su curiosidad, está con su familia.

La peliazul se aguanto de hacer un puchero como si fuera una infante.

—Bien, en vista que se me ha otorgado el permiso, formularé mi pregunta. —Una sonrisa peligrosa se formó en el rostro de la joven y su madre se arrepintió al instante de hacer picado a su hija. —Cuando sea rey ¿Qué hará para ayudar a las personas que viven de su trabajo y no de su título? ¿Piensa que es justo que los obreros y trabajadores que tienen menos riqueza deben pagar tributo? ¿La educación debe ser sólo para los nobles o puede un simple sembrador acceder a ella?

—Bulma... —Su padre le miro para que retire sus preguntas, era un advertencia silenciosa a que se callara.

—¿Estuvo mal? —Fingiendo una falsa culpabilidad dijo: —No tiene que responder señor, si quiere le haré una pregunta más... sencilla.

—No se trata de eso. —Dijo con rapidez Vegeta. —Simplemente son preguntas inadecuadas para el lugar. ¿No le parece?

Bulma se mordió la lengua, tenía razón, los temas que buscaba tratar eran delicados para un simple almuerzo familiar.

—Por otra parte, pienso que cuando llegue mi momento de reinar, tendré que velar por todas las personas incluyendo nobles y obreros, de acuerdo a la capacidad del Reino. —Contesto con total seguridad. —Ahora mismo me es imposible saber el estado actual de la corona ya que sólo soy un príncipe.

Era una respuesta poco informativa pero sumamente tajante, cortaba todas las respuestas en una vaga frase que no se podía refutar.

—Gracias por su flexibilidad con la actitud audaz de mi hija. Mi señor. —Apresuro a cambiar de tema, Bunny, quien miro a Bulma ordenándole callar su boca. —Suele tener demasiado interés en esos temas.

—Es agradable saber eso, que mi futura esposa se preocupe por su posición en el Reino me es... gratificante.

Bulma casi escupe su sopa.

—Me alegra que piense así, su Alteza. —Dijo el Conde.

—Ya verá que mi hija es muy buena dama y muy preparada para ser su esposa.

Tights se atragantó con el vino cuando escucho aquella frase de su madre, que disimulo muy poco con una tos, la risa que tuvo que aguantar fue obvia para Bulma. Era un sarcasmo e ironía a la vez.

—En ese caso yo le haré una pregunta. —Comentó nuevamente Vegeta, insatisfecho por como estaban sucediendo las cosas. —¿Usted que haría cuando sea la Reina?

—Pensé que no habrían más preguntas de ese tipo. —Se negó a responder la peliazul.

—Sólo es curiosidad, no lo tome como una evaluación hacia su persona.

Estaba en aprietos, siempre había pensado en que haría si tuviera ese poder, pero ahora no se le ocurría nada en lo absoluto, y la mirada tan intensa que el príncipe le dedicaba la descolocaba totalmente.

¿Qué haría ella?

Justamente ahora se negaba a pensar en ser princesa y debía asumir que algún día bajo ese matrimonio sería reina inevitablemente.

—Pues... —Su respuesta fue dubitativa, y el que las miradas de su familia y algunos sirvientes estuvieran al tanto de lo que dijera la puso nerviosa. —Yo...

—Entiendo. —Sin dejarle formular una respuesta, Vegeta zanjó el tema. Era normal la reacción de ella a una pregunta de ese calibre, el mismo tenía las mismas dudas sobre ser Rey. —Continuemos con la comida.

Bulma quería echarse a llorar, había quedado en ridículo nuevamente, lo peor era que sabía muy bien que debía plantearse esa idea si iba a ser su esposa. Había quedado expuesta su falta de interés hacia la corona...

Y lo pensó mejor en un segundo, eso podía significar que tal vez no sería la indicada...

Era perfecto, ahora el príncipe sólo debía regresar al Palacio y comunicar su descontento con su prometida y problema arreglado.

Aún así quería recuperar parte de su orgullo, por ello cuando llegó el postre dijo: —No obligaría a mis hijos a casarse con desconocidos, sólo porque así lo indica la norma social.

—¡Bulma! —Le grito su madre horrorizada por esa respuesta tan fuera de lugar.

—Ahora disfruten del postre, yo me retiro. —Lanzando la servilleta a la mesa con su rabia contenida salió del comedor hacia el jardín.

Ignorando los gritos de su madre, llegó hasta el árbol donde reposaba su columpio y para que no la encuentren, escaló. Se le hizo algo complicado, ya que la vestimenta que llevaba le impedía algunos movimientos y aún así llegó a la copa del árbol. A esa altura las vistas del amplio jardín eran un bello paisaje y el viento suave elevaba sus faldas sólo un poco, casi sentía que podría volar lejos de todo. De su familia, de su madre, del rey, de su compromiso...

Un avecilla que abre sus alas para alejarse de su jaula y ser libre.

—Debo preguntar ¿Es usted acaso un mono, señorita?

Perdió la estabilidad y Bulma casi cae.

No podía estar pasando...

El príncipe debió estar viendo el espectáculo de ella escalando un árbol en silencio y cubriendo sus interiores con la falda como pudo gritó: —¡¿Qué hace aquí?!

—La seguí porque pensé que hubo una confusión. —Explico Vegeta, mirando a la joven que le causaba aún más curiosidad.

Cada mueca que mostraba,cada palabra que decía, cada habilidad que descubría sobre su prometida, le causaba más interés. Aquella mujer de azulado cabello lo dejaba atónito, era un enigma total.

—¿Confusión de que? —Preguntó Bulma, sin entender el carácter y proceder de aquel hombre.

—Vine a conocerla, no quiero obligarla en ningún aspecto. —Explico Vegeta escogiendo bien las palabras. —Vamos a casarnos, debemos conocernos para saber llevar bien el matrimonio.

La madurez con la que hablaba era demasiado para Bulma, quien no se resignaba a ser esposa de nadie. Sería una tortura para ella.

—Veo que usted ya asimilo la idea de la boda, pero me temo que yo aún pienso que es un disparate. —Confesó Bulma, elevando la voz un poco para que pudiera oír lo que decía.

—Soy un noble, y al igual que usted tengo responsabilidades. —Continuó el príncipe. —La diferencia entre usted y yo, es que mis decisiones afectan a todo un reino, en cambio las suyas sólo afectan a su familia. No tengo tiempo para pensar en lo que quiero, sino en lo que beneficie a los habitantes de este lugar, es lo que esperan de mi.

Era demasiado, Bulma no podía. La presión era tal que le dolía la cabeza, el pensamiento tan real de aquella persona era más noble que su egoísmo por conservar su libertad. Si tan sólo fuera otra la situación estaba segura que podría llegar a gustarle aquel príncipe, a pesar de su forma pretenciosa de ser, pero si la obligaban...

No quería algo así, y se sentía tonta por pensarlo siquiera.

—Hay muchas mujeres con mayor prospecto y riqueza que yo. —Atribuyó a decirle eso, finalmente tenía curiosidad en saberlo. Y si quería una respuesta a esas preguntas sería mirándolo a la cara. —Voy a bajar, así que le pido que no mire.

—No espere que lo cumpla cuando la vista es perfecta.

—¡No lo haga! ¡Cierre los ojos!

—De acuerdo.

Cerciorandose de que no la miraba, Bulma empezó a descender. Si la subida era difícil la bajada se le complicó, las ramas se enganchaban en su vestido y las apartaba como podía. ¡Era una tonta! ¿Cómo se le ocurrió subir? Cuando ya casi estaba por saltar de regreso al suelo, el taco de su zapato se atasco en un hueco del tronco, sin poder zafarse intento quitárselo pero se desequilibró y empujada por la gravedad su cuerpo se precipitó hacia el césped.

Cayó, sintió el viento silbar en sus oídos, la nada iba a golpearla y chocaría contra el suelo, pero fue atrapada a tiempo por dos fuertes brazos.

Los brazos de su prometido.

La escena era caótica y reprochable en muchos sentidos, pero su pulso se aceleró, sintió partes de ella que quemaban de forma especial las zonas que tocaban directamente el cuerpo del príncipe. Y viéndolo de cerca, la preocupación en sus ojos le daban un aire más heroico casi de novelas. Se quedó atrapada no sólo en sus brazos sino en sus ojos, esos ojos tan oscuros, tal vez en sus ojis se reflejaría una noche sin estrellas pero para Bulma le parecieron como dos vacíos infinitos.

Un color onix perfecto.

—¿Qué decía? —Le pregunto el príncipe refiriéndose a lo que Bulma le había dicho mientras estaba en la copa del árbol.

Aquella voz grave y algo ronca denotaban una preocupación genuina por el reciente accidente, pero la joven en sus brazos estaba hipnotizada por el movimiento de aquellos labios que parecían invitarla...

—P-pues... —Titubeó Bulma sin despegar su mirada del rostro de Vegeta. —Hay muchas... muchas mujeres con mayor posibilidad de ser su esposa...

—Así es. —Confirmo con orgullo el príncipe.

—¿Por qué yo? —Molesta por aquella afirmación de su prometido, que rompió el curso de sus sentimientos encontrados, cuestionó alejándose de él.—¿Por qué me escogería a mí?

—¿Quiere saber, por que?

—Así es.

—Bien, —El rostro del príncipe, que ya de por sí estaba cerca por la forma en que sus brazos la sostenían, se acercó aún más que Bulma sólo pudo mover su cara para evitar cualquier contacto que irónicamente anhelaba. Pero muy lejos de su objetivo, Vegeta le susurro en su oído: —Es un secreto...

—¿Qué? —No podía creerlo, había sido acorralada de esa forma y casi le da un ataque por esa respuesta.

—Ya se lo dije, es un secreto.

—Suélteme —Se zafo Bulma alterada por lo que su cuerpo producía por si mismo y sin su permiso. —Es usted un... ¡Patán!.

—Y usted es una escandalosa y maleducada, la salve de caer y no lo agradeció. ¿No es descortes de su parte?

La peliazul apretó los dientes tan fuerte que le crujieron, así evitó soltar cualquier ofensa que estaba pensando contra del príncipe.

—Puede mandarme a la horca, su Alteza. —Con mofa en sus palabras Bulma siguió. —Prefiero morir a ser su esposa.

—No creo que la horca pueda con una garganta tan dura como la suya. —Y haciendo un gesto de tomar vino, rememoró la vez en que se conocieron. —¿Recuerda?

—¡Usted es un...!

—Además la necesito viva, si quiero la corona debo casarme. —Siguió Vegeta, como si la indignación de Bulma fuese inexistente. —Así podré cambiar esas normas que tanto le molestan. ¿Qué le parece?

—No lo haré.

—Ya veremos. —Respondió con una sonrisa y dejó a Bulma sola con su frustración.

《¡Era un pedante hipócrita!》


Tights estaba internamente agradecida con su hermana pequeña, el caos de su huida logró apaciguar aquellas habladurías sobre ella. La sociedad descalificaba su comportamiento aún más estrictamente que con Bulma, su chisme brotaba de acuerdo a la memoria y ellos parecían no olvidar las acciones de la rubia.

Ella tampoco lo hacía.

Así fue que mientras caminaba por las calles de la ciudad los recuerdos llegaban a ella como lluvia constante e intensa, empapandola por completo, pero contradictoriamente el sol brillaba como cualquier día despejado y sin nubes. Casi podía volver a sentirse joven y risueña, días tan brillantes y llenos de color que ahora le parecían grises, invocando una historia que había enterrado dentro de ella.

Raditz y ella habían crecido juntos, buenos amigos desde siempre, confidentes como nadie y haciendo todo acompañados, la razón en un inicio era obvia: Un compromiso inevitable a la larga. El Conde Brief lo acepto sin mucho alboroto, no buscaba grandes conexiones y tampoco poder, sólo quería vivir en tranquilidad. Nunca obligaría a su hija a nada que no quisiera y no lo hizo.

El tiempo que pasó demostró todo lo contrario, Tights con rebeldía se encaminaba a ser una dama y esposa, por su parte Raditz debía prepararse para heredar el título y las responsabilidades del mismo. La belleza de su rubia amiga impresionaba cada vez más al caballero en que Raditz se estaba convirtiendo, el amor creció naturalmente y los planes de su esperada boda comenzaron. Pero por la forma tan real en que se conocían ambos habían llegado a un mutuo acuerdo: Abdicar antes de la boda.

Acuerdo que finalmente acabo con todo, especialmente con ellos.

Aquellas memorias torturaban a Tights, cada día que pasaba cerca de Raditz, sentía que no podía respirar. Pero tampoco podía dejar más cabos sueltos respecto a su pasado, necesitaba respuestas y un final para poder empezar de nuevo. Miro aquella puerta de madera pulida y supo que tocarla marcaría el conteo del reloj interno antes de que ella misma terminará estallando.

Espero paciente a que le atendieran y le abrió un ama de llaves ya anciana que la reconoció de inmediato.

—Buenas tardes señorita Brief, ¿La están esperando?

—Creo que no... Pero...

《¿Cómo olvidé anunciar mi visita?》Se reprendió a sí misma, pensando una posible razón para que la señora de la casa la recibiera. Cuando ya estaba por darse por vencida una mujer se acercó curiosa porque su ama de llaves estuviera aún en la puerta.

—¿Quién es...? —Pero se quedó muda al ver a la rubia frente a su puerta.

Había pasado mucho tiempo y aún así no olvidaría el rostro de su amiga. Su mejor amiga.

—Tights...

La nombrada le devolvió la mirada, ahí estaba frente a ella la mujer que le debía una explicación, o una disculpa en cualquier caso.

Finalmente, ya que su mejor amiga la había traicionado hace años y ahora venía a saber el porqué.

—Ha pasado mucho tiempo, Agisa.

Continuará...


Agisa: Es el OC que cree para la historia "Un sendero de flores" su nombre viene del juego de palabras en japonés que significan amarillo claro.