Misunderstood - Robbie Williams

Seré malinterpretado,
Por lo bello y lo bueno de esta ciudad,
Nada de esto fue planeado,
Tómame de la mano,
No lo intentes y entiende


Ya en la limusina ambos guardaron silencio. Por teléfono, Relena habló con su madre quién se preocupó por su estado. La joven se excusó de retirarse del lugar por su seguridad, aseverando que estaba perfectamente luego del tiroteo y que al día siguiente la volvería a contactar para hablar más tranquilas. Heero solo escuchaba, notando el dejo de decepción en sus palabras.

La viceministra miraba por la ventana con el cuerpo inclinado hacia la puerta mostrando que seguía enfadada e ignorando a su acompañante. Por su mente pasaban montones de dudas ¿por qué no hicieron la detención antes de hacer un escándalo público? ¿Era el primer ministro de Dinamarca culpable?¿realmente Heero iba a decirle del procedimiento?. Estaba abrumada de tantos pensamientos que tuvo un dolor de cabeza que la hizo inclinarse y acariciar su frente por el cansancio. Tuvo el impulso de iniciar otra discusión, pero calló. Se mordió la lengua un par de veces para no volver a reclamar en el trayecto ya que eso no era parte de su espíritu, aunque en el fondo ardía de ganas de discutir del asunto, molesta por el continuo silencio de Heero.

- Sé que quieres aclarar cosas - irrumpió él para llamar su atención.

Relena le dirigió una mirada asesina de reojo. Ahí estaba esa ira que la dominaba otra vez. Viendo hacia el exterior como si estuviese muy concentrada en un punto fijo contestó cortante:

- Ya habrá tiempo para eso.

- El objetivo de la operación no era irrumpir en la fiesta, Rasmussen estaba inúbicable desde que se sospechó de él... - comenzó a explicar el piloto con insistencia para que ella lo escuchara.

- Heero suficiente.

- Y nos enteramos que aceptó asistir a la fiesta de tu madre. Lo detendríamos afuera, pero...

- ¡Heero lo veré con Une mañana! ¿esta bien? nada de lo que diga justifica tu omisión de contarme todo - contestó volviéndose molesta hacia él.

- Solo lo informo para tranquilizarte - dijo suavemente irónico. "¿O para que me dirija la palabra? pensó.

- ¡No me tranquiliza en lo absoluto! Ni la forma en que procedieron ni cómo utilizaron la fiesta de mi madre ni...

"Picó el anzuelo" pensó Heero "prefiero que me grite a que se quede callada". No le agradaba discutir con ella, pero había una especie de adicción al verla expresarse así. Si así eran como peleaban las parejas, entendía como muchas podían llegar a detestarse. Claro que no quería que Relena lo detestara, quería dar pie a que siguieran hablando de la situación y lograr que lo disculpara.

La viceministra seguía despotricando al aire. Por fortuna el chofer estaba aislado y no podía escuchar los bramidos.

- ...Para colmo no dices nada más - concluyó Relena cruzando los brazos - entonces ¿para que me acompañaste?

- Tú seguridad es importante.

- Vaya, ¡entonces no es porque te interese arreglar esto! ¿no?

- Parece que cualquier cosa que diga no tendrá validez. Sólo pido disculpas por mi error - dijo serio - el resto no me concierne directamente y como dijiste, prefieres que Une te lo aclare ¿no?

- ¡Entonces, disculpas aceptadas! - agregó indiferente para luego volver a concentrarse en la ventana.

Relena lo miró de soslayo para evaluarlo. El Heero atento, que fue por su abrigo antes, parecía haberse quedado abajo de la limusina porque veía como ahora se despegaba de la situación para volverse más apático. "Pero ¿Qué estoy haciendo? Vamos Relena tienes que ver esto con altura de mira" pensaba.

Cerró los ojos y suspiró para no tentarse a seguir reclamando.

La siguiente media hora de viaje fue un silencio sepulcral. Al bajar de la limusina, una Relena decidida cerró fuertemente la puerta del vehículo para ir a paso firme hacia las puertas de acceso del palacio de Bruselas, ignorando al piloto que la seguía detrás. Saludó bruscamente a los agentes de la entrada quienes resguardaban la seguridad del acceso. Entraron por el costado (entrada exclusiva para quienes se hospedaban en él por cuestiones de trabajo) y la chica cruzó el umbral sin darse cuenta que la puerta casi golpea a Heero en la cara, quien con sus reflejos la detuvo con su mano y con la otra mostraba la credencial preventiva a los guardias para entrar al interior de esa zona privada, la cual era reservada para altos políticos.

El interior de esa Ala del palacio estaba solitaria, solo una tenue luz venía de los corredores aledaños de las lámparas de cielo que se solían mantener encendidas tenuemente en las madrugadas. Relena cruzó un par de pasillos solitarios. Sus "clac" "clac" por los tacones rebotaban en las paredes de mármol para luego encontrarse frente a las escaleras secundarias que dirigían a los dormitorios. Sabía que él no podía subir si no lo autorizaba, por lo que Heero se quedó al pie del inicio de la escalinata esperando alguna reacción antes de perderla.

La viceministra subió unos cuantos peldaños levantando su vestido muy resuelta, pero se detuvo. Al girar, lo vio ahí, detenido en la oscuridad con su smokin negro que le quedaba perfectamente entallado, vigilándola. Heero se había disculpado antes en la limusina y eso le hacía ganar puntos. Ella había perdonado cosas terribles en el pasado "¿por qué ahora me cuesta tanto? - se preguntaba- "¿ego? ¿sensación de traición?" Sea lo que fuese, tampoco quería hacerlo sentir mal. Lo amaba demasiado para seguir torturándolo.

-Heero yo... - comenzó a decir apretando su pequeña cartera de mano - mi reacción fue visceral. Te pido disculpas por eso.

- Está bien Relena, puedes ir - respondió resignado para retirarse del lugar.

Ella asintió con su expresión altiva orgullosa de haber hecho lo correcto. Comenzó a subir por la escalinata hacia el siguiente descanso. Un nudo en su garganta empezó a formarse mientras avanzaba por el corredor del siguiente nivel en dirección a su cuarto. Al perderlo de vista, otra vez se detuvo. "¿En qué mierda estoy pensando?".

Dio la vuelta rápidamente para devolverse por el pasillo corriendo, ansiosa de lograr detenerlo antes que saliera del palacio de Bruselas. Comenzó a bajar los peldaños lo más veloz posible, levantando y arrugando su vestido.

Cuando llegó al descanso principal de la escalera de marmol, vio a Heero que aparecía por el corredor cercano apurado, al parecer con las mismas ganas de querer subir por la escalinata. Se miraron a los ojos por varios segundos entendiendo que ambos deseaban hablar

- Heero... - su voz se quebró.

- Relena...

Relena bajó los siguientes peldaños y él la recibió atrapándola entre sus brazos. En el momento la besó apasionadamente en los labios.

- Yo, lo siento - dijo él.

Le dio otro beso aún más largo. Juntaron sus lenguas enredando sus caricias el uno contra el otro. Se aprisionaron sin soltarse mientras entre medio de sus respiraciones agitadas, seguían disculpándose.

- Yo estaba dolida... y... -balbuceó Relena dándolo otro beso.

- Lo sé - aclaró Heero mientras la besaba en el rostro y nuevamente en los labios.

Desesperados por sus cuerpos, siguieron besándose hasta que Heero comenzó a morderla por el cuello. La empujó a subir arriba y para facilitar el desplazamiento la tomó por sus muslos y la levantó contra su corporalidad . Enloquecido por el aroma, los pechos de Relena contra su torso y las piernas abiertas aferradas a él, la arrinconó hasta la pared de la primera meseta de la escalera. Acarició por sobre su vestido sus senos, que notoriamente tenían sus pezones marcados y bajó su cabeza para llegar con su boca a esa zona corriendo la tela. La respiración de ella se agitó rápidamente aferrándose a él y haciendo presión con su mano para que siguiera lamiendo.

Relena buscó a tientas el cinturón del pantalón, metiendo la mano por esa zona para sacar el miembro viril al aire. Ahí estaba, grande y erecto para ella. Mientras Heero jugaba con sus mamas y succionada con su lengua, ella lo masturbó para aleonar aun más a su hombre que no dejaba de calentarla. No quería esperar, lo deseaba demasiado.

- Métemelo, ahora - murmuró a su oído muy caliente

- ¿De inmediato? - respondió Heero comenzando a acomodar el calzón de la viceministra

-¡Si! -

Heero obedeció. Corrió la parte delantera de las bragas de Relena, las cuales estaban muy mojadas por debajo de su vestido. No necesitaba preparación. Viéndola de frente, ubicó su arma frente a la entrada de ella. Sintió la punta de su falo tan caliente que no pudo penetrar lentamente. De forma bruta metió su verga hasta el fondo chocando con sus límites. Si esos límites no existieran le gustaría haber llegado aun más adentro. Fue brusco y estoico al sentirse al fondo de su vagina exclamando un sonido de fuerza.

-¡ Uhm!- se quejó Relena a su oído. Le dolió, pero lo disfrutó demasiado.

Heero la penetró duro otra vez. Ella entre el placer y el dolor murmuró "sigue". Como un desenfrenado metía su polla una y otra vez dándole placer mientras agarraba sus tetas, específicamente sus pezones causándole deleite. Relena seguía diciendo "más" "¡más!" a medida que el hombre aceleraba sus movimientos salvajes por debajo de la tela, levantándola cada vez que se introducía en ella.

Él estaba tan caliente que deseaba poder irse inmediatamente, incluso sentía el impulso de la cadera de Relena que se movía para llevarlo al clímax de forma más rápida. Pero quería aguantar, aguantar para verla poseída por más placer.

Los movimientos eran continuos y si seguían así, llegarían al orgasmo en cuestión de segundos. Relena entre su ardiente pasión, soltó algo que los llevó a bajar la intensidad.

- Heero, hazme un hijo, ahora.

Heero la miró al rostro aún con su miembro metido en ella. "¿Es verdad lo que estaba diciendo?" dudó. Pero, cual soldado fiel y obediente era capaz de hacerle el amor con esa intención. La tomó nuevamente por sus muslos sacando su glande de la zona acomodando su pantalón. Besándola en la mejilla le dijo "ven" al oído y de la mano la llevó a la segunda planta. Entre beso con beso fueron subiendo algunos escalones alfombrados, atrincherando sus corporalidades por los pasillos hasta llegar a la puerta del cuarto de la viceministra. La empujó adentro desesperado de volver a sentirla allá abajo.

Relena comenzó a sacarle su chaqueta elegante de forma desenfrenada. Heero bajó el cierre del vestido de la joven en medio de la oscuridad. Ella quedó completamente desnuda en frente, mientras el piloto se quitaba toda su ropa. La empujó hacia la cama, tirándola suavemente, sacándole la ropa interior inferior para contemplarla. La tenía completamente lista para volver a meter su arma. Ella abrió sus piernas esperando el roce de su miembro en su parte inferior.

-¿Lo quieres? - dijo Heero excitado.

- Si, Heero hazlo.

El volvió a meter su duro falo erecto mientras se abalanzó hasta su boca ¡Dios su labios son deliciosos! pensó.

-¡Aaamm! - exclamó con placer Relena al sentirlo duro entrar otra vez.

Ella comenzó a gemir fuerte cuando comenzó a moverse con suave frecuencia. Esta vez, no estaba como un loco sobre Relena, se metía al interior palpando cada roce de la cavidad en su punta. Estaba tan mojada que se calentaba al pensar que en cualquier momento podía explotar adentro de ella. La besaba una y otra vez en los labios, en su cuello, en su hombro donde de vez en cuando daba una mordida sabrosa aguantando sus ganas de reventar.

Relena lo tomó de su rostro mirando sus ojos azules prusianos cuando la penetraba de forma apasionada. Realmente deseaba todo de él, que la rompiera en el interior. La tenía abierta, húmeda, impregnada de su falo que duro la acariciaba. Quería mirar esos luceros que la protegieron tanto tiempo mientras la atravesaba.

Excitada comenzó a gemir más fuerte cuando este aceleró sus movimientos. De un momento a otro sintió que necesitaría que le taparan la boca para no hacer escándalo. Finalmente, no sé guardó nada, le gritó ardientemente "¡fóllame mas!" cuando sentía que llegaba al momento culmine. Sintió la tensión de su propio cuerpo y la presión fuerte de Heero en su inferior. La sensibilidad en aquella zona era máxima entre sus líquidos, la dureza de él y el roce que cada vez era más rápido.

Heero se acercó a su oído, desesperado lanzó un rugido de caliente que indicaba que estaba por venirse en ella. La miró a los ojos sin poder aguantarse metiendo hasta el fondo su erección que comenzaba a explotar. Otro bramido de él, la llevó al cielo en un segundo.

- ¡UHM! - gritó Relena al sentirse en el orgasmo más profundo, mientras percibía un líquido caliente correr por su parte íntima.

Relena recibió otra sacudida hasta su fondo, parecía que tenia aún más simiente que entregarle allá adentro. Lo recibió con gusto mientras Heero agarraba sus pezones con su boca.

Cuando Heero paró, este desplomó a su lado agitado, sudado, mirando el techo como si hubiese cometido el peor pecado a la mujer más hermosa del mundo. Como animal que sacia sus instintos se sintió completo, complacido hasta con ganas de volver atravesarla. La observó. Ella estaba mojada por todo su cuerpo, sus cabellos dorados pegados al sudor de su cuerpo solo la hacían ver más sexy. Era afortunado de que esa fuera la mujer de su vida, sin duda.

Relena, respirando hondo para volver en si también lo miró. Se acercó para acomodarse en su pecho y le diera calor. "Dios ¿que estaba pensando cuando le dije eso?" recordando la petición en la escalera del palacio. Ahora que no tomaba sus píldoras anticonceptivas, era altamente probable quedar...

De solo pensarlo, sonrió, pensando en que Heero no dudó ningún segundo en entregarle todo de si mismo en su interior. Sintió una caricia de él por su espalda que la llevó aún más hacia la corporalidad tonificada del joven. No sé había dado cuenta antes, pero tenía en su torso los parches que ocultaban las heridas de los disparos recientes. Definitivamente ERA INCREÍBLE.

Heero la besó en la frente acomodándose para dormir apoyado en el rostro de la viceministra. Al verla tiritar, tomó cartas en el asunto levantando el cubre camas metiéndose debajo de la colcha y abrazándola fuertemente. Le dio otro beso suave en los labios antes de cerrar los ojos.


Relena sintió su alarma sonar. Había olvidado silenciarla ese feriado. Estiró su mano apagándola y alejándose de Heero para lograr apagarla. Pero este notó su lejanía y tiró de ella al notar que se alejaba de su calor.

- Relena...- reprochó Heero abriendo los ojos.

- Lo siento cariño, sabes que debo trabajar excepcionalmente - aclaró acariciándolo apegados a la almohada.

- Hnm.

- Heero, nunca más quiero discutir como anoche.

- Si las discusiones terminarán en este cuarto, no las encuentro tan malas - comentó serio - Además...

Él la besó y la llevó contra el colchón dejándola sometida bajo su cuerpo. Se subió en ella.

-¡Heero! - lo llamó Relena con una risita juguetona - debo ir a la ducha, ¡quítate!.

- Podríamos asegurarnos que...

La besó la garganta.

-Tú pedido de anoche... - bajó por el hueso de su clávicula -

-Esté listo...

Relena se sonrojó cuando este seguía bajando por su abdomen. Sabía a que se refería con esa indirecta. En la excitación dijo cosas realmente comprometedoras y no se arrepentía. Lo amaba demasiado para saber que cualquier futuro a su lado sería perfecto. No le pareció mala idea volver a hacer la tarea y se entregó.

- ¡Esta bien! - gimió caliente entre cortada, ya que comenzaba a sentirse ardiente - solo...que sea... rápido - suspiró al sentirlo en su clítoris.

Cuando el piloto llegó abajo con su lengua, Relena lanzó un grito ahogado que la sacudió, pero la tenía tomada de su pelvis para evitar que escapase. Así estuvo varios minutos sintiendo la boca del joven introducirse en su cavidad. Levantó su columna inferior varias veces para empujarlo aún más adentro, ella con su mano tomó su cabello para dirigir los movimientos de arriba hacia abajo. No sabía dónde había aprendido saborear así esa zona pero ¡Era delicioso!. Gimió disfrutando su boca hasta que paró repentinamente.

De forma casi violenta, Heero la dio vuelta para que quedara en posición de cuatro. Mientras se masturbaba con una mano, con la otra entró con sus dedos por la vagina de Relena palpando que tan lubricada estaba. Ella sumisa se dejó tratar como una hembra que solo quería que la partieran en es e ó a sentir por su vulva que la penetraban lentamente y la tomaban de las caderas para controlar el empuje. Estaba lista para él.

Ella Sintió el choque varias veces contra su cóccix observando por el rabillo la fuerza de su amado. Sintió el roce en la profundidad casi como un dolor, pero lo aguantó. Como enajenado, Heero la utilizó para su satisfacción, si Relena quería que fuera rápido debería resistir su furia. Se movió detrás percibiendo el roce de su pene en esa suave concha que desfloró varias veces antes. Se sentía orgulloso de ser el único que había entrado por ahí y esperaba ser el hombre que se lo metiera por siempre. Se aseguraría de dejarla llena se su semen para marcar su terreno las veces que fuera necesario. Quería que fuese de él completamente.

Con ímpetu, el joven lanzó un bramido apurando su movimiento en la zona. Luego hizo otro esfuerzo para darse cuenta que no daba más, sentía adentro ese vigor caliente que comenzaba a tensar toda la ingle. Iba a estallar su eyaculación en cualquier momento. Relena percibió el final de ese placer, cálido y húmedo cuando la tomó empujándola fuertemente hasta el fondo. Y ahí estaba, nuevamente llena de secreción proveniente del interior de Heero Yuy.

El piloto gundam sacó su miembro de ella cual guerrero toma su espada y la guarda luego de haber cumplido su misión. Miró la cama que estaba completamente mojada en aquella zona. Ella Goteó todo la leche que salió afuera. Se acercó sobre Relena aun en la posición animal dándole un tierno beso en la mejilla.

- ¿Estás bien? - preguntó.

Ella asintió agitada . La había dejado exhausta y adolorida pensando en que si no quedaba preñada de él ante tanto simiente definitivamente sería una ofensa al sexo hecho con amor. Se dio la vuelta y lo besó en los labios mientras Heero se tiraba sobre su pecho a descansar. Lo acarició un par de minutos en su cabello.

- Relena, tienes que irte - susurró Heero.

-¡Cierto!

Se levantó apurada hacia su baño para encender la ducha cubriendo inútilmente con sus manos los pechos. Mientras el agua se calentaba comenzó recoger la ropa que estaba tirada en el suelo. Heero la siguió con la mirada apoyado en su codo cuando atravesaba la habitación. Su cuerpo esbelto era tan frágil y tonificado que se preguntó como lo había esculpido. La respuesta llegó a su mente recordando que el tipejo traidor la había entrenado. Frunció el ceño molesto y se levantó de la cama en dirección a ella. Antes de que Relena entrara a su baño, la tomó por detrás acariciándola por sus curvas y preguntó:

-¿Seguro no quieres otra ronda?

-¡Heero! - exclamó soltándose de sus brazos mientras él no quería soltar su mano.

Esbozó una sonrisa irónica antes de que la joven escapara cerrando la puerta del baño. Heero se quedó apoyado en la entrada por unos segundos con pinta de frustrado, hasta que Relena volvió a abrir. Lo tiró hacia adentro entre la humedad y el vapor.