Cuando comencé a escribir este fanfic, al principio lo tenía planeado como solo un one-shot lemon, pero después me animé a escribirlo con más capítulos, que la verdad me costaron porque como dije tenía solo planeado un one-shot, pero ahora con forme voy sacando capítulos me va agradando como está quedando.

Disfruten de la lectura.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Parte Tres. Hablar.

Había soñado, desde pequeña, el día en que se enamoraría y casaría con el hombre de su vida, su compañero de cuerpo y alma, soñó con vivir feliz y amada, ser esposa y confidente. En ese entonces aún era pequeña para comprender lo que implicaban esos pensamientos que, para sus oídos, se recitaban tan bellos y románticos, pero cuando lo conoció a él supo que quería unir su vida a la de ese ser tan perfecto para ella, nunca dejarlo y serle fiel; aun recuerda los votos matrimoniales, votos que hoy le pesan demasiado. Esos votos que tanto atesoró, que si bien, eran solo unas cuantas palabras, tenían mucha importancia para ella.

Había hecho la promesa de ser fiel, ante todos y todo lo que creía, había prometido ser esposa fiel, respetar y amar en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separara.

Itachi Uchiha había cautivado su corazón, era un joven apuesto, caballeroso, responsable y completamente irresistible, lo conocía desde hace tiempo, más nunca pensó que se enamoraría de él y se casaría. Le había prometido fidelidad, y ahora...

¿Cómo había llegado a tal acto, como la infidelidad?

Sasuke era el hermano menor de Itachi, sabía de él, sabía que era considerado la oveja negra de la familia, era lo contrario a Itachi. Tenía la misma elegancia y sensualidad, pero diferente forma de actuar y pensar, a Sasuke le encantaba salir, ser el centro de atención y las mujeres, a Itachi ser relajado, trabajador y responsable. Eran dos seres diferentes, pero al igual que su esposo, Sasuke tenía ese atractivo que parecía peligroso y ella misma supo que debía cuidarse de aquello, la carga de atracción en Sasuke le resultaba algo... peligrosa. Pero nunca pensó que llegaría a cometer aquel pecado.

Había sido seducida, sus ojos habían mirado a otro hombre, había sentido atracción por otro y caído en la tentación. Sus sentimientos y emociones se volvieron confusos, sentía que estaba en una especie de laberinto en forma de espiral y sin salida.

Estás perdida, has mentido y faltado a todo lo que crees. Sus pensamientos comenzaron a susurrar, recordando el mal que ha hecho.

—¡Sakura!—La voz de su compañera de trabajo, Temari, la trajo a la realidad.—¿Podrías ayudarme con los niños?—

—Si, por supuesto.— Le dedicó una sonrisa a Temari y decidiendo no hacer caso a aquella voz, se concentró a cuidar de los niños que tenía a su tutela. Miró a los niños con sus pequeños uniformes, recordando que a esa edad, ella pensaba en lo romántico de estar casada. Ahora estaba confundida y con el arrepentimiento de su falta, siendo un dolor y nervios sin control.

Quería a Itachi, él era como un ángel dispuesto a ayudar a los demás, admiraba eso de él, Sasuke era el pecado en persona, tan seductor y como el fuego, que al estar cercano te quemarías. Sasuke era una invitación a los sentimientos más perversos, pero con todo y eso, él podía sentir amor, la amaba a ella y tanto que parecía no importarle que ella fuera la esposa de Itachi. ¿Y ella? La verdad no sabía que decir de ella misma, el amor que Itachi le entregó en sus manos, estaba ahora manchado, sentía la culpa y nuevos sentimientos que la volvían loca.

La campanilla de salida sonó, dándose cuenta que los niños ya estaban saliendo de las aulas, había pasado el día pensando en sus problemas y no lo había notado. Cuando los últimos niños dejaron el jardín, Temari y ella se quedaron uno minutos más, recogiendo los juguetes que algunos niños habían dejado.

—El día ha estado muy extraño hoy, ¿No lo crees?—Mencionó Temari, tratando de entablar una conversación, mientras recogía.

—Eso parece.—Respondió Sakura, en un pequeño susurro. Temía que Temari notara su estado emocional, pero al oírla hablar supo que ya había notado todo, la mujer de hebras doradas era muy observadora.

—¿Qué pasa?—. Temari la miró seria y sin torcer la mirada. —Normalmente estás atenta y jugando con los niños, pero hoy... estás distinta.— No tuvo respuesta de Sakura, aún así ella dijo:— Te pasa algo, la verdad no sé qué es como para que te tenga nerviosa, pero lo que te puedo decir es que puedes contar conmigo, sea lo que sea necesitas hablar y que alguien te escuche.—

Y la verdad lo necesitaba, necesitaba hablar pero sus labios no se movían. Dando un asentimiento, agradeció a Temari. Se despidió de la otra mujer, cuando vio su hora de regreso a casa. De camino, pensó seriamente en la propuesta de Temari, pero ¿Seria valiente para decirle lo que le sucedía? ¿Ella podría entender sus nuevos pensamientos? ¿Sus confusiones?

Oh, Dios, ¿Qué debería hacer?. Pensó Sakura, mirando el cielo, como si buscara ayuda desde lo más alto.

El corazón se le aceleró como si fuera a sufrir de un paro cardíaco, cuando llegó a su hogar.

En la puerta de entrada estaba él, esperándola.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Gracias a Tathuhime (disculpa si no escribí bien tu nombre de usuario) y a Adrith (disculpa también) por sus comentarios y a las demás personas por leer, les agradezco mucho. La verdad, sigo sin saber cuántos capítulos tendrá este fanfic y cómo terminará pero con forme voy escribiendo me voy dando ideas, jaja.

Gracias, de corazón, espero se estén cuidando mucho y estén bien de salud.